Epítome de las Historias filipícas de Pompeyo Trogo: Libro segundo

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Libro Segundo

En el cuento de las cosas hechas por los escitas: las cuales fueron harto esclarecidas y magníficas, me pareciera bien hacer su principio, desde el primer origen: porque no fueron menos ilustres en los principios que después lo fueron en los sucesos del imperio, ni menos claros, por la virtud de las mujeres que de los varones: porque ellas establecieron el señorío de los Partos y Bactrianos, ellas principiaron y fundaron el señorío de las Amazonas, que después sucesivamente se hicieron muy amplificados reinos. De manera que quien bien quisiere considerar los hechos de las mujeres con las de los varones no se sabrá determinar: cuales hayan sido más notables e insignes.

Esta gente de los Escitas fue tenida siempre por muy antigua: aunque muchos días hubo contienda entre ellos y los Egipcios, sobre la antigüedad del linaje: pretendiendo cada una de estas naciones hacerse los unos más antiguos que los otros: porque los Egipcios decían que en el principio del mundo unas tierras ardían con grandes calores, y otras eran cubiertas de hielos


y nieves, y por consiguiente muy frías: y que por tanto ni las unas ni las otras eran convenientes para la generación de los hombres, ni para la habitación tampoco: hasta que después con el proceso del tiempo se hallaron por la industria e ingenio humano las vestiduras y atavíos con que defender los cuerpos, y así mismo las casas y edificios: para con ellos mitigar los vicios que las tierras de su naturaleza tienen de semejantes injurias: y que Egipto por el contrario era en sí tan templada que en ella ni se sentían los fríos excesivos del invierno, ni los desordenados calores del verano: y además de esto que la tierra era fértil, y tanto que ninguna otra también como ella produce los frutos a la humana vida necesarios: y que era verosímil y conforme a toda razón: pensar los hombres haber nacido primero en aquella parte donde se pudieron mejor criar y sustentar.

Los Escitas en contra alegan que la templanza del aire, no se había de tener por argumento ni señal de antigüedad: porque decían (y conforme a razón) muy bien que la naturaleza que distinguió las regiones así por frío y calor también creó los animales aptos y convenientes para cada una de ellas para que bien y sin muy grande dificultad pudiesen sustentar y sufrir las pasiones que en ellas hubiese: y que ni más ni menos habían sido diversificadas las simientes y árboles según la diversidad de las tierras, y en su favor hacían un argumento, diciendo en esta forma. Cuanto el aire en la Escitia es más recio y áspero, tanto son los hombres de ella:


así en los cuerpos como los ingenios más recios para poderlo tolerar: y que si estas partes del mundo que ahora están divididas en algún tiempo fueron una misma cosa: y esto ahora fuese por agua, ahora por fuego, que según diversos filósofos fueron principio de todas las cosas del mundo: el universo del cual estaba todo ocupado antes de la creación: por cualquiera de estas vías, los Escitas habían sido primero: porque si fuego fue el primero que al principio poseyó el mundo, y de él todas las cosas se hicieron: no hubo parte que primero se descubriese que la septentrional, por causa de su frialdad: y que Egipto y todo el Oriente se había muy tarde descubierto y templado pues aún ahora parecen arder aquellas partes y tener excesivo calor. Y por el contrario si todo fue agua: ninguna parte principal se descubrió que la Escitia por ser tierra más alta y donde las aguas pueden mejor correr para lo bajo y que en los bajos duro el agua mucho más tiempo: por donde claro parece constar que tanto cuanto cada una tierra antes se secó, tanto antes que en las otras, en ella se engendraron los animales. Y allende de todo lo dicho la Escitia es cierto ser harto más alta que todas las tierras que vemos: y la razón por donde consta ser esto así, es porque todos los ríos y fuentes que en ella nacen, van a parar a la laguna Meótide y de allí al Mar de Ponto: y después al de Egipto. Al contrario experimentamos de Egipto, que con muchas dificultades, gastos y trabajos de reyes y súbditos, haciendo continuos pertrechos,


municiones y amparos apenas se han podido ni pueden defender, de las inundaciones y diluvios de las aguas que en ella de cada día concurren: ni se pudo ni se podría habitar, si con arte e industria, el Nilo hubiesen echado y echasen cada hora por fuerza, por ciertos canales: mayormente que aquella tierra parecía recién fundada del cieno que el Nilo cada año trae: y de los amontonamientos y valladares que los reyes de tierra hacían. Con estos argumentos vencidos los Egipcios siempre los Escitas fueron juzgados más antiguos.

Los términos de la Escitia son estos. Ella se extiende bien hacia el oriente y de la una se encierra con el mar de Ponto: de otra con los Montes Ripeos, y por la otra se termina con la Asia y el río Fasis: ocupa mucha parte de tierra así en amplitud y anchura, como en largueza. Los habitantes de ella entre si no tienen términos: porque no labran la tierra ni menos tienen casas ni habitaciones ciertas. Todos son pastores de ganados, con los cuales se andan apacentandolos por las soledades y desiertos donde haya mejores hierbas: y consigo llevan los hijos y mujeres en unos carros cubiertos con cueros y pellejos de animales: de los cuales carros usan en lugar de casas para guardarse de las lluvias y otras injurias del demasiado sol y aire. Son gente que mantiene mucha justicia, y esto más por su condición y buen natural, que no por leyes. Ninguna maldad hay entre ellos que sea mayor que el hurtar: porque como no tienen casas ni lugares donde guardar sus haciendas: no


podrían vivir si el hurtar entre ellos se permitiese usar. El oro y la plata tanto lo menosprecian, como nosotros lo deseamos. Se sustentan con leche y miel: no saben los usos de la lana ni de las ropas que de ella se hacen: aunque más frío haga. Continuo solamente se visten de pellejos de bestias fieras y de ratones. De aquí procede que por ser tan constantes en sus usos aumentan en tanto grado la justicia y rectitud en que viven: porque no desean nada de lo ajeno. La codicia de las riquezas no la hay sino donde hay el uso de ellas: y placiese a dios que todos los hombres tuviesen la misma templanza y abstinencia de lo ajeno: porque la codicia de las riquezas sacadas de entre los hombres en la verdad no habría tanta muchedumbre de guerras como de continuo tenemos, ni morirá como mueren más hombres a cuchillo que por muerte natural o condición de los hados. Y por cierto que parece cosa digna de mucha admiración haberles a ellos naturalmente concedido aquello que a los griegos con toda la doctrina de los sabios y preceptos de filósofos no pudieron alcanzar. Y que las costumbres de las gentes tan ejercitadas en las artes y filosofía sean vencidas por comparación de la inculta barbarie: PORQUE MUCHO MÁS APROVECHA ENTRE AQUELLAS GENTES LA IGNORANCIA DE LOS VICIOS, QUE ENTRE ESTOS OTROS LA NOTICIA Y CONOCIMIENTO DE LA VIRTUD. Pero dejaremos ahora está por


tornar a el cuento de estos Escitas, los cuales tres veces intentaron y acometieron de poseer y ocupar todo el imperio de la Asia quedando ellos siempre, o sin recibir daño o a lo menos nunca vencidos según les vino ahora con Darío rey de los Persas que lo alcanzaron lejos de su tierra e hicieron tornar atrás con muy fea huida, y a Ciro antes habían muerto con todo su ejército. Ni más ni menos hicieron a Zapirón capitán de Alejandro Magno, el cual algún tiempo después fue desbaratado su ejército y muerto él y todos los que consigo traía. Las armas de los romanos aunque las oyeron y conocieron por fama nunca las experimentaron. Allende de esto ellos fundaron y dieron principio al reino de los Partos y los Bactrianos que son en si gente áspera y recia, para los trabajos y cosas de guerras alcanzan demasiada fuerza de miembros, ninguna cosa intentan que piensan no salir con ella: en las guerras no quieren ni desean otra cosa sino salir con la honra de la victoria.

El primero que contra los Escitas movió guerra fue Vexores rey de Egipto: el cual antes que en la tierra de ellos entrase envió sus embajadores para que les denunciase y requiriese si le querían obedecer sin guerra. Pero los Escitas siendo ya primero avisados de su venida por los comarcanos respondieron a los embajadores: que por cierto un tan gran capitán y señor de pueblos tan ricos no había hecho cuerdamente en mover guerra contra unas gentes tan pobres como los Escitas: los cuales el antes debería de temer y aun


huir: porque la fortuna de la guerra era muy variable: y el cuento y cabo incierto: los premios o provechos ningunos: los daños y pérdidas muy conocidos. Por tanto que no esperarían a que el viniese por no darle tanto trabajo, y también porque él traía consigo cosas más de desear que no lo eran las que ellos tenían y que por todas estas causas era razón de salirle a recibir y que así lo harían: y no hubo tardanza ni dilación en la obra de cumplirlo: porque así como lo habían dicho luego con mucha celeridad lo pusieron por obra y partieron para aquella parte por donde supieron que venía Vexores. Oída la presa que ellos traían no osando esperarles a la hora convirtió en huida el denuedo y osadía con que había pedido la obediencia: y dejando todo el ejército con todo el aparato de guerra muy temeroso y amedrentado se retrajo hasta su reino: donde los Escitas también procuraron llegar y aun de entrar sino que las muchas lagunas los impidieron.

Cuando ya los Escitas se vieron fuera de su tierra porque no pareciese que se volvían sin hacer alguna cosa notable, comenzaron a entrar conquistando por medio de la Asia: en donde venciendo batallas y ganando pueblos, hicieron muchas gentes sus súbditas y tributarias: aunque los tributos eran pequeños y más por título y nombre de victoria e imperio que no por premio ni pago del vencimiento. En pacificar las tierras que ganaron y componer y ordenar las cosas de ellas se detuvieron XV años enteros: al cabo de los cuales fueron llamados de su tierra


por sus mujeres: las cuales enviados mensajeros les denunciaron, si no quisiesen volver que ellas procurarian de haber generación de los pueblos vecinos y comarcanos: porque no querían que el linaje de los Escitas por parte de las mujeres para adelante se perdiese.

Pues a estos Escitas fue la Asia tributaria bien mil quinientos años: hasta que vino Nino rey de los Asirios: el cual la exento y libro de la sujeción que tenían a gentes extrañas: y puso fin en aquel pagar de tributo.

En este medio tiempo hubo dos mancebos de sangre real el uno llamado Plinos y el otro Escolopito, los cuales desterrados de su tierra por ciertos bandos y disensiones que se rescresieron entre los grandes y principales llevaron consigo grande muchedumbre de mancebos e hicieron su asiento junto al río Termodonte en la tierra de Capadocia, y también ocuparon los campos temisterios que estaban en lo bajo y allí vivieron muchos años usando siempre robar y despojar a sus vecinos. Pero al fin hecha la conspiración y conjuración de los pueblos, ellos fueron por cautela y engaño muertos.

Sus mujeres de estos Escitas por esta manera muertos viendo que sobre el destierro de los maridos les había sobrevenido otro mayor mal que era quedar viudas: y que ya no tenían quien las ampararse ni favoreciese, fueron puestas en necesidad y determinación de tomar armas por si: y al principio defendían su tierra lo mejor que podían: y después andando el tiempo no contentas con esto haciéndose ejercitadas en el uso de las armas y


batallas acostumbradas y cebadas en el deleite de señorear y vencer de nuevo cobraron ánimo y atrevimiento para salir a conquistar la ajena. Y allende de esto perdieron la gana y deseo que hasta allí había tenido de juntarse ni casarse con varones diciendo ser aquel un género de servidumbre introducido debajo de este título y nombre de matrimonio: y de esta manera dieron de sí singular ejemplo, y dejaron memoria para todos los siglos venideros: porque no sólo acrecentaron su república sin varones: pero aun sin miedo y con menosprecio de ellos la defendieron. Verdad es que no todos los varones de su tierra habían sido muertos, que algunos de ellos habían quedado en sus casas: pero por que no pareciese que entre ellas algunas había de más privilegio ni mejor librada que las otras: para que todas fuesen iguales, de común parecer y consentimiento acordaron de matar todos aquellos que en sus casas habían quedado: y luego pusieron por obra: y así mismo se pusieron en vengar la muerte de sus maridos con el vencimiento y destrucción de sus comarcanos: y sobre todo el daño que hicieron después tornada a alcanzar la paz por fuerza de las armas: porque su generación no se perdiese acordaron de juntarse en ciertos tiempos con los vecinos para de ellos concebir y poder multiplicarse: y si de este concúbito o juntamiento nacían varones, a la hora luego los mataban: y si hembras las criaban según sus costumbres con mucha diligencia ejercitandolas, no en hilar ni labrar como las otras mujeres, sino en hechos y cosas de guerra y armas.


Tomaron también por uso de quemarse la tetilla derecha luego de nacer, porque no les fuese impedimento después para el bracear y poder tirar sus lanzas o flechas. Y de aquí también principalmente tomaron este nombre de Amazonas que en lengua griega quiere decir mujeres sin tetas. Dos reinas hubo entre ellas muy señaladas de quien principalmente se hace mención, Marpesia y Lampedo: las cuales partida entre sí la gente y después de haberse hecho ricas y poderosas hacían guerras a tiempos, ahora la una, y después la otra con mucha solicitud y cuidado defendiendo sus términos. Y por engrandecer más y que no carecieran de autoridad sus hechos ni pudiesen venir a ser tenidas en poco, y para sublimar y hacer más magnífico su nacimiento, hicieron que se publicase entre las gentes que eran hijas del dios Marte.

Estas sujetaron la mayor parte de la Europa y entraron dentro de la Asia: donde tomaron algunas ciudades, y fundaron la ciudad de Éfeso, y otras algunas: desde allí enviaron una parte de ellas a su tierra con gran presa y despojos de lo que en las guerras habían ganado, quedando las otras para defender lo que de la Asia habían conquistado. Más no pasó despues mucho tiempo que las que quedaron hecho con curso de los Bárbaros no fueron todas muertas juntamente con Marpesia su reina que también murió allí. En su lugar sucedio despues en el reino Oritía hija suya: aunque otros quieren decir que no se llamó sino Otrera que fue una doncella de todas las otras muy estimada y acatada


así por su maravillosa industria y saber en la guerra, como por su virtuosa constancia: la cual sobre todo guardo en nunca quebrantar ni corromper la integridad de su casta y limpia virginidad: en el cual estado se conservó por toda la vida. Por sus virtudes y buenas costumbres de esta Oritía se aumentó tanta fama y gloria a las gentes de las Amazonas: que Euristeo rey de Micenas ciudad de Acaya debajo de cuyo imperio y mando Hércules estaba y por cuyo mandado iba a conquistar con las fieras y probar y hacer grandes experiencias de su virtud como en sus doce trabajos se cuenta entre las cuales fue este uno que le pidió, le trajese las armas de la reina de las Amazonas: juzgando ser cosa imposible poderla nadie despojar de ellas. En esta demanda y conquista se partió Hércules acompañado de los más principales mancebos de Grecia en una armada de nueve naos: y llegados en la provincia donde habitaban las tomo desapercibidas y sin pensamiento ni recelo de tal cosa. Reinaban a la razón entre las Amazonas de cuatro hermanas que eran las dos las cuales eran Antíope y Oritía, o por otro nombre Otrera: y esta Oritía a la sazón no se halló allí: porque andaba haciendo guerra fuera de sus reinos: y como con ella fuesen idas la mayor parte de las mujeres de guerra cuando Hércules vino a tomar puerto en su rivera, hallándose muy pocas con Antíope: y esas desapercibidas, porque no se recelaba en aquel tiempo de ningunos enemigos: aunque no por eso perdieron el ánimo, más antes luego en oyendo


decir como Hércules venía todas las que allí se hallaron armándose muy de prisa como en cosa de arrebato se acostumbra, acudieron al puerto donde por ser pocas y no apercibidas muy fácilmente y sin ningun trabajo fueron vencidas y muertas muchas de ellas y otras cautivas. Entre las prisioneras fueron halladas dos hermanas de Antíope, la una llamada Menalipa y esta fue tomada por Hércules, la otra llamada Hipólita por mano de Teseo: de las cuales Teseo tomó la suya casi como en premio y galardón de la batalla: y tomándola por mujer engendró en ella un hijo llamado Hipólito.

Hercules alcanzada la victoria de la batalla restituyo a Menalipa tomando en cambio y rescate las armas de la reina en cuya demanda había venido: y por esta manera cumplido el mandamiento del rey Euristeo se volvió a su tierra.

Como Oritía después supo el hecho de esta guerra y como le habían llevado a Hipólita su hermana y como el que la tenía era Teseo rey de Atenas, luego comenzó a inducir y amonestar a sus compañeras para que junto con ella quisieran vengar aquella injuria, diciéndoles cuán poco fruto ni honra se les figura de haber vencido y hecho señoras de Ponto y de la Asia, si los griegos se fuesen jactando de haberse atrevido a venir en su tierra: y no tanto por hacerles la guerra y vencerlas como por robarlas.

Demas de esto pidió ayuda a Sagilo rey de los Escitas contándole muy por extenso el daño que habían recibido, la necesidad en que estaban, y la causa por la cual emprendía aquel hecho,


añadiendo también y trayendo a la memoria como ellas eran del linaje de los Escitas por cuya causa y razón eran obligados a defenderse y favorecerse los unos a los otros: y especialmente los Escitas les eran en mucha obligación a las Amazonas viendo como por su virtud ellas siendo mujeres habían sido bastantes y poderosas a hacer notorio a todas las otras naciones que entre los Escitas no fuesen tenidas en menos ni por de menor ánimo y fuerzas las mujeres que los hombres. Con estas razones y otras muchas de esta calidad, fue tan bastante esta señora: que bastó a inducir y traer a Sagilo a que le diese su favor y socorro. Movido a hacerlo por parecerle que aquella era gloria para su nación y tierra: y así envió con ella a su hijo Panaságoro con mucha gente de a caballo para que la favorecieran, en caso que poco fruto ni utilidad les hizo esta ayuda: porque después estando sobre Atenas en los reales, nacida disensión entre los Escitas y las Amazonas, antes de dar la batalla las desampararon: y quedando ellas solas muy fácilmente fueron vencidas y sobrepasadas por los Atenienses. La verdad es que todavía los Escitas las favorecieron y aprovecharon: porque recogidas a su real de ellos con su ayuda ser favorecidas se defendieron tan bien que sin recibir daño ninguno se volvieron todas a su tierra, en la cual murió Oritía.

A esta sucedio despues en el reino Pentesilea la cual en la guerra troyana venida en favor del rey Príamo contra los Griegos hizo muy señalados hechos, y dio de si grandes muestras


de virtud entre aquellos fortísimos varones donde murió perdida la mayor parte de su ejército: y las pocas que quedaron teniendo harto que hacer en defenderse de sus vecinos enemigos: se sostuvieron hasta la edad de Alejandro Magno en cuyo tiempo Minitia, o según otros Talestris salió al encuentro a este Alejandro: y pidiéndole su amor o concúbito le alcanzó: y teniendo su ajuntamiento con él, estuvieron juntos por espacio de catorce días continuos deseando esta reina mucho haber generación de tal padre: y después vuelta a su tierra en muy breve tiempo hizo fin, pereciendo en ella toda la memoria y nombre de las Amazonas.

Mas volviendo a las cosas de los Escitas, ellos hicieron otra tercera expedición en la Asia donde se detuvieron largos días estando ausentes de sus mujeres e hijos en el espacio de siete años donde después sucedió que al tiempo que volvieron a sus casas fueron recibidos con guerra de sus esclavos. Porque las mujeres hartas de esperar después de tan larga ausencia: creyendo que ya no se detenían en guerra sino que eran todos muertos o perdidos se juntaron con otros nuevos maridos: y estos fueron los esclavos y criados que ellos habían dejado para guarda de sus ganados. Los cuales viendo volver a sus señores con victoria: como tuviesen en la memoria el hierro y traición que contra ellos habían cometido: temerosos de su mal determinaron resistirlos. Y así los salieron a recibir, y no como a señores, sino como a extraños defendiendoles la entrada de la tierra, y así pelearon


los unos contra los otros diversas veces y con diversos sucesos y acontecimientos vacilando la victoria ahora a la una parte ahora a la otra.

Hasta tanto que determinaron los Escitas de mudar el género y manera de pelear: porque no faltó entre ellos alguno que los amonesto lo hiciesen así: trayendoles a la memoria que no lo habían con enemigos sino con esclavos: los cuales no se habían de vencer por la virtud de las armas, sino con la fuerza del dominio y señorío que sobre ellos tenían: y que por tanto habían de llevar a la batalla de allí adelante, no lanzas, ni espadas, ni otras armas ningunas: sino solo los azotes y palos con que los solían castigar: y todos los otros instrumentos que más los esclavos suelen temer. Así que aprobado este consejo y parecer por todos, cada uno se apercibe en la forma y manera acordada como les fue mandado: y como vinieron a confrontar con sus enemigos tomandolos de súbito, y a deshora les mostraron los azotes amenazandolos con ellos y diciéndoles palabras de que los señores suelen usar cuando acostumbran a castigar a sus siervos. De la cual cosa los esclavos que estaban descuidados se vieron tan turbados: que lo que las armas no habían podido acabar, lo acabo muy presto el temor de los azotes: porque a la hora fueron vencidos y volvieron a las espadas no como enemigos vencidos, sino como esclavos fugitivos. De los cuales cuantos pudieron ser presos y habidos a las manos, todos fueron ahorcados y puestos en sus palos. Las mujeres viendo también el aleve y maldad que contra sus