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Exploración del seno de Reloncaví/II

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Esploracion del seno de Reloncaví: lago de Llanquihue i rio Puelo. Practicada por órden del supremo gobierno bajo la direccion de Don Francisco Vidal Gormaz (1872)
de Francisco Vidal Gormaz y Comisión exploradora del Llanquihue
Esploración del río Puelo
ESPLORACION DEL RIO PUELO.


El dia 10 de enero de este año amaneció ventando del norte i con chubascos de lluvia; no obstante, a las 11h 30m del dia, dejó a Calbuco con destino a la isla Huar.

Pero antes de embarcarme se me avisó que uno de los bogadores de mi bote armaba un complot entre los demás a fin de no seguir adelante i frustrar mis proyectos, a menos que no se les diese un sobresueldo. Una vez apercibido de quién era el revoltoso, lo hice asegurar en la guardia de Calbuco mientras terminábamos nuestros aprestos, cortando así la propaganda i manifestando al resto de la jente lo que podian esperar si en el momento de la partida manifestaban sus torpes instintos. Mas esto no fué suficiente. Llegado el momento de salir, ordené al contumaz se embarcase; pero no solo se negó a ello, sino que llegó al mas alto grado de insubordinacion, patrocinado a la vez por otro bogador de la segunda chalupa. Tal estado de cosas no era posible tolerar i ordené al resto de los bogadores el embarcarlos por fuerza: éstos tambien desobedecieron, manifestando así una insubordinacion completa, i, hasta cierto punto, acuerdo unánime para frustrar nuestro viaje.

Impuesto ya personalmente del estado de cosas que nos rodeaban, era necesario recurrir al recurso estremo; el palo. Tomo un vechero i lo descargo sobre el insolente tantas veces como fué necesario para que obedeciese. Esta triste leccion sirvió al resto de la jente para lo sucesivo, evitándonos durante nuestros trabajos toda clase de disgustos i de contrariedades. Talvez se dirá que este incidente hubiera debido relegarlo al olvido por interés propio; pero estoi convencido de que para los que como nosotros se hallan a merced de jentes desconocidas, un palo dado con justicia, en tales casos, vale mas que un curso de moral.

Seguimos nuestro viaje, i al llegar al paso de Tautil, el norte refrescó mucho i la lluvia aumentó de intensidad, obligándonos a alojar en la casa Mita de San Agustin, alojamiento que ya habíamos ocupado en otras ocasiones.

El 11 a las 10h30supm de la mañana, habiendo mejorado el tiempo, dejamos el alojamiento dirijiéndonos a Quetrulauquen de Huar, siendo, durante el viaje, bien atormentados por granizadas i gruesos chubascos de lluvia.

Una vez en la isla, se hicieron las dilijencias para arrendar un botecito con cuatro vogadores isleños, para que nos ausiliasen en el rio Puelo; pues los huarunos son los únicos que conocen parte del rio, siendo a la vez los hombres afamados para las luchas cuerpo a cuerpo con que desafian las torrentosas aguas de los rios de cordillera.

El 12, como dia de grandes mareas, dejé a Quetru, mui de mañana, dirijiéndome al banco Pucari para su reconocimiento i estudio. Al llegar a él lo abordamos por su estremo occidental, i después de haber fijado ese punto, se formó el plano de la parte que seca con los reflujos de las mareas, sondando, además, sus contornos hasta fijar la parte somera de su bojeo.

El Pucari se encuentra una milla al SE. ¼S. de punta Blanca i su centro se levanta 3 metros sobre el nivel de baja mar escorada. La parte oeste del banco es formada de guijo redondeado i menudo, i la oriental de guijo grueso con algunas rocas erráticas de mediano tamaño, que no asoman sobre las aguas con las mareas ordinarias. La estension que seca del banco alcanza a 500 metros de ONO. a ESE., con un ancho variable de 150 a 200 de NNE. a SSO. Segun esto, el banco difiere algo del marcado en las cartas comunes de navegacion, tanto en su tamaño como en su distancia a la isla Huar; quizá por haber sido estudiado en aquellos tiempos con marea desfavorable o mui a la lijera. Por esta vez nuestro estudio ha sido prolijo i completo, i, aunque no fué posible continuar con la sonda de su rejion SE. en busca del otro banco denominado Rosario, que marcan las cartas inglesas, apoyándonos en la opinion de las jentes conocedoras del local, dicho banco no existe.

El Pucari, a mas de la naturalesa de su formacion, se encuentra cubierto de una asombrosa cantidad de marisco de várias clases, lo que hace se le considere por los isleños vecinos como una despensa inagotable que nada cuesta proveer. I, en efecto, al abordarlo nosotros habia a su contorno siete grandes lanchas i algunos botes que montaban mas de cien personas de ambos sexos, ocupadas todas de mariscar, i con una actividad tal como hasta ese momento no habíamos visto desplegar en tales operaciones.

Los hombres con sus fizgas o candeleros sacaban cholgas antes o después del momento de baja mar para no perder tiempo, operacion que con la baja pueden hacer a la mano. Las mujeres por su parte se ocupaban de desenterrar tacas con el palde o de romper piures con el troncúe, alzando su saya a medio muslo o mas, para no mojar sus ropas i tener libertad para arrancar del fondo de las aguas el marisco apetecido, gastando en todo esto una naturalidad tal i una tal soltura que decian mucho respecto de a sencillez de sus costumbres.

Mas de una vez, durante el curso de nuestro trabajo, se nos presentaron de improviso hermosas cariátides de esbelta figura i de juveniles años, sosteniendo con su mano izquierda i sobre la cadera los pliegues de su saya i con la diestra el proporcionado sesto de marisco que conducian sobre la cabeza. Un escultor habria hallado en Pucari bellos tipos de costumbres para ensayar su cincel.

A mas de los mariscos citados abundan sobre manera los grandes i delicados picos, de los cuales hicimos abundante cosecha, muchos erizos, ostras, chapes, locos, caracoles i culeghes; todo en exorbitante cantidad i difícil de agotar en muchos años.

Terminado el estudio del banco Pucari, regresamos a Quetrulauquen, i a mediodía entramos a la poza de Quetru para terminar su mensura, comenzada el año próximo pasado. En esta ocasion nos fueron útil por primera vez los botecitos de gutapercha.

El estero de Quetru termina en una lagunita mas o menos circular i con un diámetro de medio quilómetro. Sus aguas son saladas por comunicarse con el mar en los momentos de marea llena. Su desagüe es el mismo estero de Quetru, que tiene en esta parte 20 metros de anchura i está obstruido por numerosos corrales de pescar, formados con grandes piedras i en los cuales cojen con exceso pejereyes i robalos, que bajan al desagüe al comenzar la vaciante. Lobos i toninas suelen penetrar en la laguna a merced de las grandes mareas persiguiendo al pescado, que sube con el reflujo del mar.

Los contornos de la laguna se encuentran limitados por suaves, colinas bien cultivadas i sobre las que descuellan algunas casas de agricultores. La laguna queda separada del estero de Colhue por una angosta faja de tierra de 400 metros de anchura i en forma de otero, de manera que la parte norte de Huar es una península bien pronunciada.

A nuestro regreso encontramos que nos esperaban la jente i el botecito que habíamos alquilado para el viaje. Don Manuel Oyarzun, que piloteaba la embarcacion, habia elejido lajente i nos prometia un buen éxito, no obstante la fuerte oposicion promovida por algun vecino de Huar i cuya validez no alcanzó a alterar nuestros propósitos.

El 13 amaneció soplando viento sur mui fuerte i nuestros pequeños botes se encontraban tan cargarlos con los víveres i equipajes, que no era posible aventurar el atravieso del golfo en tales circunstancias. En esta virtud, me dirijí a la lagunita de las Cuervos situada a espaldas de la punta de su nombre, o sea, en el estremo nordeste de la isla Huar. Esta pequeña laguna se encuentra a 7m,7 sobre el nivel de las altas mareas; corre de este a oeste por 518 metros, con una anchura média por su centro que apenas llega a 200. Sus aguas son dulces i cristalinas, i sus riberas, húmedas en parte, tienen suaves colinas cubiertas de cultivos entre los que campean algunas casas de labradores. Esta corta rejion es una de las mas hermosas de la isla Huar.

La laguna desagua por su estremo oriental, poniendo en movimiento con su emisario, un molinito para harina tostada, artículo de que hacen tanto uso los pobladores de esta isla. La distancia entre el mar i la laguna apenas llega a 200 metros.

A nuestro paso por la punta Cuervos, se midió su altitud, resultando elevarse sobre el nivel de alta marea, 36m,6. La altura de las barrancas occidentales de la isla, llamadas el Pedregal, se elevan 75m,88; pero creo que el centro de Huar pasa de 85 metros de altitud.

El resto del dia se destinó a herborizar i a colectar objetos de historia natural de los que se hizo abundante cosecha. En seguida se continuó con los preparativos de viaje para el rio Puelo, ese misterioso rio que tanto interés ofrece a los habitantes de Huar.

El 14 amaneció nublado i con lijera llovizna; no obstante, el viento sur continuaba con alguna fuerza. Sin embargo, a las 5h30m A. M. nos pusimos en marcha i a las 6h de la mañana, colocados en punta Redonda, nos botamos al golfo de Reloncaví. Los botes, aunque mui cargados i pequeños, sufrian bien, a pesar de ser de cuando en cuando mui atormentados por los escarceos de la marea vaciante en pugna con el viento sur, que les era del todo opuesto.

Corriendo la línea que va de punta Redonda hacia los farellones de Caicura, no pudimos notar el banco que se ha supuesto existir sobre ese rumbo, a pesar de haber surcado la última parte de la referida línea con toda baja mar escorada. Mui cerca de los farellones, fuertes marejadas quebraban por efecto de la mayor intensidad de la marea, lo que nos obligó a rodear por el sur i penetrar al puertecito de Caicura por entre los islotes pequeños del oriente. Con este motivo pudimos admirar la inmensidad de cholgas i de quilmahues que quedan en descubierto con las grandes mareas, i entre ellos un hermoso mytilus que creemos no ha sido aun clasificado.

Una vez en tierra se mandó mariscar para economizar en parte nuestros víveres, i se envió la chalupa al continente i al punto denominado Manihueico para obtener algunos corderos a fin da llevar carne fresca a la campaña. El señor Tellez se encargó de esta dilijencia i el señor Rogers de tomar algunos azimutes magnéticos desde aquel punto. Mientras tanto el que suscribe se dírijió a la parte mas alta de la isla Caicura para arrumbar los objetos bien remarcables; mas, como desde aquel punto no era posible verificar tales operaciones sin abatir previamente muchos árboles, hubo que descender hácia los barrancos occidentales para alcanzar algún resultado; operacion que el año próximo pasado no se pudo ejecutar por la lluvia continua que esperimentamos durante nuestra residencia en aquellos farellones.

Aunque en mi memoria anterior describí los farellones, debo agregar aquí que tanto Caicura como los islotes de Piren son unas inmensas moles dioríticas, de testura mui uniforme, lo que esplica, segun los jeólogos, que su existencia la deben a un solevantamiento. Sus contornos son excesivamente acantilados i al parecer sin punto alguno de contacto con el continente, a causa de hallarse separados por una hondura de 220 brazas de la costa firme del oriente. La parte superior del farellón grande o de Caicura, se encuentra cubierta por una delgada capa de tierra vejetal interrumpida a trechos por farellones graníticos. Esta vez no habia cultivos en él i apenas se notaban los surcos de los sembrados que habia el año próximo pasado; pero en cambio pastaban en Caicura algunos representantes de la raza bovina, grandes i robustos.

A las 4h P. M. el aspecto del tiempo parecia amenazante; i como el barómetro confirmaba el cáriz con un rápido descenso del mercurio, a la vez de ser la temperatura algo elevada relativamente, resolví, recordando el percance del año próximo pasado, abandonar aquellas rocas i dirijirme al estero de Reloncaví a fin de vivaquear en la cala del Cajon. Al llegar a este punto, después de ser corridos por una abundante lluvia, encontramos el puerto ocupado por siete lanchas, lo que no dejaba lugar para nuestros pequeños botes. Hubo, pues, que seguir estero adentro hasta las oraciones que llegamos a Chilco, estableciendo nuestras carpas frente al hermoso volcan Yate i teniéndolo tan solo canal por medio.

En Chilco encontramos tambien algunas embarcaciones madereras i mucha jente que se ocupaba de la labranza de durmientes i de tablillas de alerce. Ya a nuestra entrada en Reloncaví pudimos notar que los astilleros [1] de Llaguepe, Chaparano, Cuitúe, el Cajon, Chilco i Llecumó, se encontraban bien concurridos de jente i de embarcaciones.

La formacion del estero, a juzgar por sus agrios ribazos i los acarreos que conducen los torrentes, es de la misma naturaleza que Caicura, aunque la traquita aparece entre el Cajon i Chilco, como igualmente otro pilon reducido al norte de San Luis. Las Costas del sur i del oriente son tambien de formacion diorítica.

Durante la noche llovió en adundancia, perjudicando nuestros equipajes.

El 15 amaneció nublado i con viento firme por el SO. Algunas horas después el cielo aclaró un tanto i el viento adquirió, dentro del estero, la fuerza de temporal. Como la marea vaciaba no nos permitió seguir viaje hácia el rio Puelo, a acausa de que nuestras embarcaciones no eran a propósito para luchar contra tales elementos. Tuvimos, pues, que esperar que la corriente perdiera su fuerza para seguir la marcha.

Alas 10h de la mañana emprendimos viaje; i, aunque bien atormentados por las olas i el viento, a las 12h 15m, embocábamos el rio Puelo. Durante el viaje pudimos notar la gran cantidad de nieve que cubria las cordilleras de ambos lados del estero, cosa que no nos fué posible ver en igual fecha el ano próximo pasado. El rio Blanco, por otra parte, habia cambiado su curso; abandonando su antiguo lecho, se echaba al estero média milla mas al oeste i por sobre el peladero que habia labrado el ano último.

En la boca del Puelo hubo necesidad de hacer una espera para dar lugar a que creciese mas la marea, porque no es posible ascenderlo sin mucho trabajo antes del último tercio del flujo. Mientras permanecíamos en la boca pude observar, al recorrer el ribazo izquierdo, que todo el rio está formado por fragmentos de lavas i de escorias volcánicas; haciéndose notar particularmente una corriente que muere en la misma márjen del rio i que las aguas han cortado para darse paso. Esta corriente es pequeña i sus vecindades son tambien formadas por la misma materia, acarreada por las aguas. Esto probablemente no es mui viejo, pues el terreno vecino contiene a la vista maderas podridas o mal conservadas a 1, 2 i 3 metros bajo el nivel del suelo, cargadas con una aglomeracion de sustancias volcánicas. No siendo posible aumentar nuestra carga, tomé tan solo dos pequeños fragmentos de la corriente aludida, esperando tener tiempo de arrancar mayores cuando viniéramos de vuelta de la esploracion del Puelo.

A las 2h 30m P. M. dejamos la boca i dos horas después llegamos a las Hualas, término de la parte cómoda del rio i principio al mismo tiempo de las dificultades que encierra para la navegacion, ocupándonos en las últimas horas de la tarde en disponer lo conveniente para bregar a la madrugada del siguiente dia. La noche fué bastante lluviosa.

A las 5 de la mañana del 16, con una densa niebla producida por la mayor temperatura de las aguas del rio respecto al aire ambiente, abandonamos las Hualas i comenzamos nuestras aventuras, algo multiplicadas a causa de que la arrastrada neblina nos ocultaba los objetos vecinos. Una hora después se disipó del todo. Era tambien el momento de mar lleno, circunstancia que hacia sentir su influencia hasta este punto, amortiguando en parte la primera correntada, no obstante la grande abundancia de agua del rio ocasionada por las continuas lluvias de los dias anteriores.

Después de dos horas de bregar contra las corrientes i de inútiles tentativas, pudimos salvar la carrera o rápido de José Miguel, cuya corriente no puede bajar de 9 millas por hora, formando grandes penachos espumosos con sus raudas aguas. En el centro del punto donde mas carga la correntada hai una roca encubierta que es necesario barajar al hacer la cruzada para buscar la reveza. La gradiente en este punto es mayor del cinco por ciento.

Desde la parte norte de la isla José Miguel se divisa el abra del rio en direccion SE. Por el NE. i N. se ven cordilleras nevadas, ramales de la montana llamada la Ballena, cuyas rápidas laderas llegan a lamer las aguas del Puelo. Los cerros están cubiertos de espeso bosque, descollando en su parte superior hermosos bosques de alerce que se hacen mui característicos por lo ceniciento de sus troncos puestos a plomo i coronados por un oscuro i cónico follaje. La cordillera de las Hualas se inclina hácia el sur, barrancosa por el oriente, cubierta de espeso arbolado i rocallosa en su cima, con lijeras estrias de nieve.

Dos horas mas tarde, esto es, a las 9h 15m habíamos salvado la carrera de Don Basilio, nombre dado por los isleños de Huar con motivo de que un Don Basilio, que primero intento la subida de esta parte del Puelo, no pudiendo realizarla declaró la correntada como insuperable. Como un recuerdo espiatorio a su dogmatismo le han conservado su nombre. I, efectivamente, parece un caldero hirviendo cuyas aguas corren 11 o mas millas por hora. Solo por medio de la sirga es posible salvar tales torrentes i gracias a que la ribera se presta para ello.

A las 10h 30m llegamos a otra correntada, recia como las dos anteriores; i, aunque en apariencia mas suave, era superior en rapidez a la de Don Basilio. Nuestro práctico, don Manuel Oyarzun, la calificó de finjida por cuanto encubre las dificultades que presenta al sirgar los botes sobre ella. Como nos gustase la exactitud del calificativo, la denominamos carrera Finjida por no tener nombre i sernos necesario para designarla en nuestro plano.

A las 11h 30m A. M., después de haber salvado otra correntada, arribamos al punto denominado las Islas, para dar descanso a la jente i preparar el almuerzo de los espedicionarios. Una vez en tierra, noté que el reumatismo que me aquejaba hacia algún tiempo tomaba mayores proporciones, i que, complicado con otros males, no me permitia proseguir en la vida ajitada que llevaba. Estos motivos i lo bajo del barómetro, que pronosticaba mal tiempo, me indujo a hacer estacion en las Islas por algunos dias mientras recobraba la salud; pero, como al mismo tiempo era sensible paralizar la esploracion consumiendo los víveres en la inaccion, comisioné al guardia-marina Rogers, que me acompañaba, para que, en union del señor Tellez i del señor Oyarzun, continuase el reconocimiento del rio sin detenerse. Al efecto, se le dieron la mejor jente, el bote de Huar, quince dias de víveres, un bote de guta-percha i los instrumentos adecuados para el lleno de su cometido.

Mientras se hacian los preparativos i se disponía un frugal almuerzo, dí las instrucciones al señor Rogers sobre la manera de proseguir el reconocimiento, como asimismo le indiqué los puntos que deberian llamar con preferencia su atención; conviniendo, por último, en que, si no me fuese posible continuar subiendo el rio a causa de mi salud, lo esperaria en las Islas hasta consumir el último día de víveres, debiendo juntarnos en los primeros astilleros de Reloncaví. En seguida se compararon los barómetros i termómetros que debian servir para las observaciones simultáneas i el cálculo de las altitudes.

A las 3h de la tarde salió el bote en prosecución de la esploracion, salvando las correntadas a fuerza de mañas. Hasta esa hora hice observaciones barométricas, interrumpiéndolas en seguida porque no me era posible permanecer en pié, no obstante mi decidido empeño por el trabajo.

La partida del bote i con él la de mis compañeros, no pudo menos que causarme una viva impresion de sentimiento. Un cariñoso adiós enviado desde el centro de un rápido en circunstancias que debian estar atentos a sus acciones i al trabajo, me probó que ellos también sentian el abandono forzoso a que quedaba obligado, como asimismo el entusiasmo i valor con que proseguian. Algunos minutos después no escuchaba ya los varoniles ecos de animacion lanzados a los valientes bogadores que rompian a puros remos las torrentosas aguas; habian cruzado el rápido, dejándome tan solo el cadencioso murmullo de las corrientes, murmullo mil veces mas triste cuanto que era el último sonido que dejaban tras sí entusiastas i valientes compañeros de trabajo.

El vivac tuvo que instalarse a un metro sobre las aguas del rio i en un pedregal de guijos dioríticos mui angulosos. El bosque vecino era húmedo, mui enmarañado i de todo punto insano. Mas al interior seguian las cordilleras tajadas a escarpe i sin ofrecer un trecho capaz de soportar una carpa para cuatro hombres. Es imposible concebir un peor alojamiento en tan vastas comarcas.

La caja del rio; viva imájen de un monstruoso canal abierto al través de elevadas montanas, ocupa una angosta quebrada de los Andes invadida por torrentosas aguas. Solo sus muchas sinuosidades i la manera especial del curso del rio hacen que el Puelo pueda ser surcado por medio de embarcaciones menores. Cada serpenteo imprime un rápido con 9 a 10 millas de carrera por hora; pero al lado opuesto del torrente i debido al mismo ímpetu de las aguas, hai un remanso o contra-corriente que permite salvar aquéllas. Cuando la correntada es uniforme i abarca toda la caja del rio, sobre la cuerda del arco del serpenteo hai costa guijarrosa que permite el uso de la sirga, descargando las embarcaciones. Pero el que esto suceda no importa una comodidad real para remontar el rio: es tan solo un arbitrio que puede utilizar un ojo esperto i una calma inmutable a la vista del peligro; porque para poder utilizar esos puntos hai necesidad de cruzar lo mas recio de los rápidos i calcular mui bien el punto en que debe abordarse, so pena de correr serios peligros. Confieso sinceramente que sin la cooperacion del intelijente práctico don Manuel Oyarzun, que quiso agregársenos en la condicion de marinero a fin de podernos acompañar i sernos útil en nuestros trabajos, talvez no habríamos podido pasar del punto en que mis dolencias me obligó a abandonar el viaje.

Unos pocos hijos de la isla de Huar son los que viajan por el Puelo desde pocos años a esta fecha. Otros individuos que, entusiasmados por el aliciente del ciprés que abunda a orillas del rio, intentaron remontarlo, tuvieron que sufrir lamentables desgracias i abandonaron definitivamente su atrevida empresa, dejándola como dominio esclusivo de los huarunos. Estos habitantes tienen el privilejio de disponer de una calma asombrosa en los peligros; son valientes e intelijentes en jeneral; tienen conciencia de sí mismos, i al tratarlos se nota en ellos soltura i naturalidad, que disimulan esa suspicacia tan pronunciada en los habitantes de las demás islas. Se les acusa, sin embargo, de alta da rectitud en sus relaciones mercantiles; pero los discípulos de una escuela viciosa tienen que participar en parte de los principios aceptados por los maestros. Citaré, además, un incidente que ocurrió en la isla de Huar cuando se contrataron los cuatro hombres i el botecito que debian acompañarnos al rio Puelo.

Ciertos individuos que se creen, talvez con razón, los domadores del rio, fastidiados porque no los ocupábamos a ellos i viendo que perdian un salario de cuatro pesos diarios por cabeza, tarifa que habian querido imponerme el año próximo pasado i en que persistian todavía, bautizaron nuestra jente con el epíteto de ratones, quizá por la corta estatura de la mayoría de ellos; pero, no contentos con esto, aseguraban que no llegaríarmos a Caicura con tal jente.

Sin embargo, no obstante el despecho de los señores gatos, los pequeños ratones se les perdieron al tercer dia en su propia casa, a pesar de que les seguian la pista gozosos de jugar con ellos. El jeneroso Puelo les habia abierto sus brazos i conducido a incógnitas rejiones donde no cabia la arrogancia felina. Esto habrá probado a los primeros que para darse el calificativo de que se precian necesitan de mas cordura o de mayor viveza; so pena de identificarse con los ratones de su propia isla.

Al mencionar la ocurrencia anterior he querido hacer presente que al lado de una desmedida arrogancia hemos encontrado la valiente modestia, fuerte en el trabajo, serena en el peligro. Damos las gracias a los modestos obreros de Huar por su cumplida conducta i por el entusiasmo con que cooperaron al desempeño de nuestro difícil cometido.

El 17 amaneció lloviendo a torrentes con viento regular del norte. Durante la noche, truenos, relámpagos i copiosa lluvia.

El 18, como el anterior, pero con mejor cáriz. Monté los instrumentos meteorológicos para hacer observaciones horarias. La lluvia continuó noche i dia.

El 19 lluvia i viento norte. El rio, sin embargo de las abundantes lluvias, solo esperimentó lijeros cambios de nivel apenas perceptibles. Entrada la noche, el norte soplaba de temporal. Cada golpe de éste se nos anunciaba por un ruido como de trueno cuyos ecos llegaban a nosotros repercutiendo por las quebradas, hasta que el jemir de la selva vecina lo confundia con sus lamentos, abrumándonos en seguida con los acordes mas fúnebres imajinables. El abatirse árboles seculares, el chicotear continuo del follaje, el cadencioso trueno de las avalanchas desprendidas de los hielos eternos, i el silbido del viento, formaban el conjunto mas vivo de destruccion de que son capaces los elementos.

Las nubes superiores, débilmente iluminadas por la luna, corrian aceleradamente en el sentido de las quebradas: unas al este, otras al norte i muchas al sud-este. Solo los grandes golpes de viento que se descargaban de las altas cordilleras i que llegaban hasta nosotros, acusaban el predominio del norte. A las 8 me vi obligado a guardar los instrumentos meteorolójicos para ponerlos a salvo, pues los chicotazos que los árboles daban a la carpa hacian que ésta no pudiese garantirlos. La lluvia, que habia cesado un tanto, se descargó a torrentes desde la diez de la noche para adelante.

El 20, cielo cargado i lluvioso. El rio, tan crecido como el primer dia, i sus aguas puras i verdosas parecían que reflejaban los diversos matices del bosque que tapiza la falda de las montañas. En la tarde cesó la lluvia i aclaró el cielo, prometiéndonos los primeros momentos de bonanza para el dia siguiente.

El 21 amaneció un tiempo hermosísimo. El puelche [2] soplaba con suavidad siguiendo las inflexiones del rio. Se sacaron los víveres i equipajes al sol para secarlos, porque con la excesiva humedad de los dias anteriores, aparte de los percances del rio, comenzaban a azumagarse.

Por mi parte, después de seis dias de encierro, pude también abandonar la carpa i hacer cortas escursiones por las orillas del rio, notando desde luego que éste arrastra abundante piedra pómez, pero en fragmentos tan pequeños que los mayores apenas propasaban el volúmen de una avellana. En el resto de sus acarreos no fué posible encontrar otras sustancias volcánicas [3].

A las 10 de la mañana mandé dos hombres a talar una senda que condujese a la alta cordillera, buscando pasos accesibles i procurando dominar el volcan Yate i la laguna que sigue inmediatamente al S. E. de las Islas; encargando asimismo muestras de cuantas plantas encontrasen a su paso. A las 4 de la tarde estuvieron de vuelta: todo era despeñadero apenas accesible para hombres como los mandados. Sin embargo, habian llegado al alerzal i al canto de los barrancos que miran hácia el rio. Nada útil trajeron para el herbario; solo grande admiracion i entusiasmo por la hermosura de los alerces i la grande estension de su plantel, imposible de ser beneficiado por lo fragoso de la senda que conduce a esas rejiones.

El 22 amaneció con una densa niebla arrastrada que ocultaba del todo la vista. A las 6h A. M., siendo la temperatura del aire ambiente 8° 4 C.; el agua del rio marcaba 12° 2, lo que esplicó desde luego el fenómeno de las frecuentes nieblas. Por otra parte, una temperatura tan elevada en el agua anunciaba que las fuentes del rio no eran simplemente los deshielos de la cordillera, sino que, estancándose las aguas en algún gran recipiente, son recalentadas por los rayos del sol i elevada su temperatura.

A las diez de la mañana mande tres hombres para que abriesen una senda por la orilla del rio a fin de trabajar aquella parte del Puelo comprendida entre las Islas i el lago próximo, que los madereros llaman impropiamente la Poza. Una hora después aparecieron dos botecitos marinados por once hombres. Eran los gatos de Huar. Su destino: el corte de durmientes de ciprés. La jente, efectivamente, era granada i los botes, manejados con admirable destreza, surcaban las corrientes con facilidad i hasta pudiera decirse con elegancia.

Una vez que abordaron la ribera, los consulté sobre si se atrevian a pasar mi chalupa hasta el lago o poza próxima. No pusieron inconveniente; pero me manifestaron que la embarcacion no podia soportar los encontrones inevitables contra las piedras i palos, i que podria hacerse pedazos antes de llegar a su destino. Convencido por esperiencia propia del alto descuido con que esa jente trata a sus botes, no me resolví a pasar la chalupa, concluyendo por arrendarles uno de sus botecitos, por tres dias, con su dotacion completa de bogadores i su patrón, por la corta suma de diez pesos.

A las 12h 30m pasó otro gran bote de seis remos i con siete tripulantes. Su destino era el mismo de los anteriores: trabajar durmientes de ciprés. Minutos después apareció un cuarto bote con seis hombres, i a la una un quinto tripulado por ocho personas. Parecia que todos los labradores del Puelo se hubiesen dado cita para aquel dia. Los tres últimos botes, si bien diestramente manejados por ser sus patrones mui conocedores del rio, no lo eran a mi juicio como los dos primeros: jente i embarcaciones eran superiores en éstos. Habian, pues, remontado el Puelo 32 gatos huarunos i nuestros ratones solo eran siete, pero que les llevaban igual número ele dias de ventaja para que los pudiesen arrear.

A las 4h 30m de la tarde llegaron mis taladores sin haber cumplido debidamente su mision, por lo que quedaba obligado a realizar una nueva tala a fin de seguir la senda conveniente. En la tarde se dejó todo listo para la marcha i mui especialmente abundantes víveres para asistir al señor Rogers i su jente en caso de encontrarlos escasos, lo que podria ser mui posible atendiendo al mal tiempo i a los frecuentes siniestros que ocasionan los rios torrentosos.

En efecto, el 23, después de la observacion de las seis de la mañana, emprendimos la marcha orillando el rio, pero por encima del ribazo i al través de la tupida selva que lo cubre. A las 11h 30m, después de una marcha forzada durante la cual hubo que sufrir odiosas peripecias aparte de la necesidad de balsearnos en algunos brazos del rio principal i en el de la apretura, llegamos al principio del lago Tagua-Tagua. Durante la marcha salvamos i aun propasamos las últimas correntadas del rio, las mas odiosas de la primera parte del Puelo.

A mediodía, cansados ya de buscar el botecito que habia arrendado i en circunstancias que desesperaba, pensando volver atrás, creyendo me hubiesen engañado, sentimos un eco mui sostenido, como grito de vaquero, que me hizo suponer habíamos llegado al punto convenido; pero, como el silencio de las selvas hace perceptible los sonidos desde mui lejos, i el eco que habia escuchado no nos habia permitido en el primer momento precisar el punto de donde habia partido, repartí la jente para que, gritando a su turno, reconociesen los contornos en busca de la persona que llamaba. Un momento después dimos con los tripulantes del botecito, notando con harto desagrado nuestro, que los habíamos dejado mui atrás i que estábamos obligados a talar nuevamente para llegar hasta nuestro bote. Éste se hallaba en una reveza situada precisamente al lado opuesto del gran rápido denominado el primer Salto.

El Salto es una correntada cuya gradiente alcanza a 3 metros en 40 de estension; i no seria tan respetable el quebradero de sus aguas si éstas no fuesen a estrellarse contra un muro escarpado de la cordillera, motivo único por el cual creo no podrá ser usado para descender el caudaloso Puelo. A la parte norte del Salto, hai un gran banco motivado por los acarreos del rio de la Apretura, cuyo oríjen parece ser de la cordillera de Cochamó i talvez de alguna laguna, pues para su corto curso, el caudal de sus aguas es demasiado crecido. Éste es el punto por donde suben sus botecitos los labradores del ciprés. Repechar el Salto no es posible, tanto por lo correntoso como por faltar una playa adecuada para el uso de la sirga, aparte de lo dificultoso que es salvar gradientes tan fuertes.

El rio de la Apretura tributa sus aguas al Puelo por sobre su ribera derecha. Su caudal es bien notable i mui torrentoso. Su temperatura es un poco mas fria que la del Puelo, por lo que parece venir de algun lago andino. Sus acarreos son todos de grandes piedras dioríticas i en tal cantidad que han ocasionado, como hemos dicho, el banco del Salto i las numerosas islas que se encuentran en la primera parte del Puelo. Las aguas arrastran tambien, i en abundancia, piedra pómez, cuyas menudas muestras se encuentran en su afluencia con el principal i en las riberas de éste hasta vaciarse en el mar. Del rio Apretura para adelante, el Puelo no ofrece nada que pueda hacer sospechar la proximidad de algun volcan.

A la una del dia tomé el botecito i comenzamos la ascension del rio orillando la ribera izquierda, que es por donde la corriente es menos fuerte. Inmediatamente arriba del Salto, se estrecha mucho encajonándose entre muros de roca mui elevados, motivo por el cual se ha apellidado a este trecho con el nombre de la Apretura. La anchura del rio en esta parte varia entre 30 i 20 metros, sobre una estension de 200. Pasado este punto, el rio vuelve a ensancharse i da principio a la Poza o sea el lago Tagua-Tagua, que se prolonga hácia el SE. por cerca de siete millas. El lago es profundo i la primera parte llamada Poza de las Islas, por contener en su centro una isla pajiza i otra menor de piedra, tiene una anchura de 400 metros por 3 quilómetros de lonjitud, bien respaldada por elevados cerros. En su estremo oriental se estrecha a 120 i 150 metros por una estension de 300, trecho que se denomina carrera del Barraco i que encierra un rápido cuya gradiente es de mas de 1 metro en 50 de lonjitud. La correntada de las aguas es fuerte i solo pueden vencerla los botes por medio de la sirga, orillando el banco de guijo que tiene sobre su ribera derecha. Nosotros, gacias a una recia brisa del norte, la salvamos a remo i vela, con algún trabajo.

Pasada la correntada del Barraco, se cae en un lago mayor que el primero, que se denominó Tagua-Tagua con motivo de ser la tagua el ave mas comun que abrigan las aguas. Por otra parte, los huarunos, únicos que conocen esa rejion, no le dan nombre alguno, conviniendo ellos mismos en bautizar al lago con el nombre que le asignamos, llamando laguna de las Islas la parte occidental, olvidando el calificativo de Poza con que designaban antes a esa gran masa de aguas estancadas.

La primera parte del Tagua-Tagua la hicimos a la vela e impelidos por un ventarrón del NE.; i no queriendo el patron tomar el rizo a su vela, no obstante de habérselo indicado por tres veces, desarbolamos antes de abordar la playa blanca del oeste. Es increible la vela que esas jentes hacen sufrir a sus embarcaciones. Los rizos son una mera fórmula o un aparato vergonzozo: no los toman jamás i solo en casos mui apurados arrian la vela a medio palo o mas, corriendo de esta manera peligrosísima hasta encontrar un abrigo.

Poco después de las 2 de la tarde abordamos la playa occidental del lago con el objeto de medir una base que se prestara para la formacion del plano, pues el fuerte oleaje del lago no nos permitía continuar la marcha. Por otra parte, era necesario enmendar el aparejo del bote, componer la vela que se habia rifado, i, finalmente, pensar en un alojamiento adecuado para pasar la noche.

Una vez en tierra pudimos contemplar las rizadas hondas del Tagua-Tagua, cuyas verdosas aguas, cobijadas por un manto espumoso, parecía reflejar los diversos tintes de la vejetacion de los montes. Esta circunstancia nos hizo comparar al lago con el Cayutúe i el Todos los Santos, por la igualdad de sus aguas. Parece que el color verde fuese el tipo característico de los lagos andinos.

Desde la parte occidental del Tagua-Tagua, se ve descender a los Andes rápidamente, notándose tan solo por el SE. ¼ E. un cordon bajo, algo rocoso en su parte superior i lijeramente estriado de nieve. Solo una cumbre, de aspecto cilíndrico en su cima i cuya altitud no pasa de 1500 metros, ofrece un manchon de nieve por el oeste.

Las cordilleras que circundan al lago son mui boscosas, dejando ver de cuando en cuando uno que otro picacho rocalloso. Las montañas del norte no ofrecen alerce ni ciprés; pero las del sur abundan en el primero aunque de difícil esplotacion, por lo pendiente de las laderas de los cerros. Al oeste del lago se apoya la cordillera de las Hualas, tan acantilada i rocosa que parece se la hubiese labrado de intento a pique, por lo cual acepta mui poca vejetacion.

El ciprés que labran los huarunos en esta rejion lo cortan algunas millas mas adelante del estremo oriental del lago; pero se poco abundante. En los dos años pasados solo beneficiaban los palos arrastrados por las creces del Puelo i que se encuentran depositados en las riberas suaves i locales de revezas. Hace, pues, tres años que penetra jente a estas rejiones, luchando con mil dificultades para alcanzar un reducido producto.

Labrados los palos o hechos cuadrados del tamaño que dan, arman balsas que conducen a remolque hasta el Salto. En este punto desbaratan las balsas, mientras un bote sigue aguas abajo i se estaciona en la correntada Remolineadora situada inmediatamente abajo de las Islas. En seguida comienzan a largar los palos uno a uno, i al llegar a la Remolineadora, se detiene i comienza a jirar en la reveza. El bote de estacion sale a remolcarlo i conducirlo a la playa. Cuando han concluido de botar los palos, arman nueva balsa en la Remolineadora i desde aquí las conducen a remolque hasta la boca del rio Puelo, varando las balsas en el llano para aserrar los palos i reducirlos a durmientes.

En la tarde hice las observaciones siguientes, a las 3h 30m P. M.: el aire libre señalaba 18° 62, siendo la temperatura de las aguas del lago 16° 37.

A las 6 de la tarde, el aire marcaba 15°, 87 i el agua 13°, 06; i a las 5h A. M. del dia 24, el aire 11° 12 i el agua 11° 94. Por esto puede colejirse la sospecha antes manifestada, de que las fuentes del Puelo deben ser un gran lago; pues no de otra manera podrian tener las aguas del rio una temperatura tan elevada i siempre mayor a la temperatura média del aire de los Andes.

Al amanecer del dia 24 todo era nuevo para nosotros. El armonioso canto de los pájaros era en el lago una monotonía que concluiria por fastidiar si hubiera de permanecerse largo tiempo en esos parajes. Los tonos de la plegaria del alba eran enteramente nuevos i discordantes, pareciendo los cantantes mui poco ejercitados en la armonía. Parece que en esas rejiones hai aves diversas de las que se pueden notar en la parte sub-andina.

Amaneció con niebla alta i espesa, que no nos permitió seguir la triangulacion por ocultarnos los picachos de los cerros, únicos puntos de que nos era dado disponer para la mensura del lago. Contrariados así i notando que el viento comenzaba con fuerza, a las 6h de la mañana abandonamos el vivac i nos dirijimos hácia la playa blanca del oriente, denominada playa de San Miguel.

En la medianía del lago i cuando sus aguas comenzaban a florecerse a impulsos del viento, encontramos el botecito que mandaba el señor Rogers, volviendo de su esploracion del Puelo, sin víveres, careciendo de todo recurso i estenuados por las fatigas consiguientes a los penosos trabajos. Les ordené seguir mis aguas para proporcionarles víveres i otros útiles i para que me ayudasen a concluir la mensura del Tagua-Tagua.

Una vez en tierra i después de haber suplido las necesidades de mis cansados compañeros, recorrí el terreno, herborizando en una rejion rica i variada. Se montaron los instrumentos metereolójicos para hacer observaciones horarias. A las 3h P. M. se dió principio a la mensura de la parte oriental del lago; mas el viento era tan recio que solo permitió avanzar mui poco en el trabajo, ligando sin embargo ambos estremos del lago.

A las 2h de la tarde, hora en que se efectuó el máximo de temperatura, que llegó a ser de 19° 6 C., las aguas del Tagua-Tagua, en su superficie, marcaron 17°, nueva prueba que justifica el aserto anterior que ha sido probado por el señor Rogers i los prácticos, señores Oyarzun i Tellez, que tuvieron la suerte de divisar las aguas del lago Puelo, oríjen del rio de su nombre.

En la playa de San Miguel se cojió en abundancia una variedad de la Cicindela Vidali, nueva especie hallada el año pasado en los arenales del rio Petrohué, i asimismo el Centrinus Vergaræ, Reed, nueva especie. En este mismo punto se abatió un ciprés para tomar muestra de su madera, por ser igual a los que se encuentran mas al interior i del cual se tenian buenas muestras en el herbario [4].

Al sur de la plaza de San Miguel i desde los cerros que bordan el lago, se precipita una hermosa cascada como de 25 metros de altura, que parece ser el desagüe de alguna laguna pequeña, a juzgar por la hondonada dedonde vienen las aguas.

En la tarde, habiendo amainado el viento, dejamos la playa blanca, i continuando con la mensura, alojamos en el puertecito denominado de la Arena, situado precisamente al norte de la cascada. Desde este punto pudimos notar el ramal de cordillera que, naciendo en las Hualas, corre hácia el SE. limitando por el sur el lago i el cauce del rio.

Desde la Arena se ven dos abras que se miran al S. 55° O. i al S. 27 E. i que presentan dos magníficas vistas de los Andes, cubiertas por cortinajes vejetales mui cercanos. Las cordilleras en estas rejiones, aun cuando no fué posible medir sus altitudes, creemos no se elevan mas de 1400 a 1600 metros. Sus laderas australes i del oriente se notan cubiertas de nieve; mas, las occidentales i del noroeste carecen por completo de ella. Una que otra cumbre presenta delgadas estrias de nieve que desaparecen en el verano.

Pero antes de seguir adelante, citaré aquí íntegramente la memoria que me pasó el guardia-marina Rogers, respecto a su esploracion de la parte superior del Puelo. Dice así:

"En virtud de las instrucciones de Ud., el 16 a las 3h 15m P. M. dejé la correntada Remolineadora acompañado de don Manuel Tellez i de don Manuel Oyarzun, como prácticos, en un pequeño bote de cuatro remos para continuar la esploracion del rio Puelo.

"Principiamos la subida venciendo con felicidad la peligrosa carrera de la Remolineadora, continuando por el canal que ofrece el rio hácia su lado sur, usando con frecuencia de la sirga a causa de la rapidez de la corriente, descargando i aun pasando a pulso el bote sobre alguno de los numerosos bancos de piedra que entorpecen la marcha de las aguas en esta parte; tomando alojamiento después de dos horas i média de trabajo, empleadas en salvar las dificultades anteriores, i por tener en perspectiva la carrera mas larga i respetable de la parte conocida del rio.

"Miércoles 17.—Amaneció soplando norte i amenazando lluvia; no obstante, se continuó la subida por tener un mal alojamiento, esperando conseguir otro mejor mas arriba.

"Como lo habíamos previsto, poco rato después de haber dado comienzo a nuestras tareas i tratando de vencer la carrera llamada del Salto, por poseer una gradiente de 3 a 4 metros en 50 de estension, comenzó una copiosa lluvia que, unida a lo pesado del trabajo, la hacia harto penosa; sobre todo, para los bogadores, quienes tuvieron que trabajar por tres horas, tiempo que tardamos en pasar el Salto, con el agua a medio cuerpo.

"Una circunstancia casi fatal durante el curso del trabajo, nos hizo ser precavidos en el resto de nuestro viaje. Tal fué el percance ocurrido a nuestro práctico Oyarzun quien, en medio de una veloz corriente, viendo un peligro que era necesario salvar inmediatamente, se arroja al agua para palanquear el bote con su cuerpo; i consiguiendo su objeto i al procurar embarcarse, lo arrebata la corriente, alcanzando felizmente a cojerse de un tolete, después de haber luchado algún trecho contra el torrente.

"La carrera del Salto es formada por un estrecho de 20 metros de ancho que recibe las aguas, por cerros acantilados, repartiéndose en seguida por entre gran número de islas pequeñas i bancos de piedras, uno de los cuales forma el Salto, i todos ellos rápidos i carreras que hacen mui difícil el acceso del rio. Pasado éste, por el lado norte desemboca un rio que viene al parecer de un nevado cerro lleno de estrias, por cuya razón se lo denominó el Estriado. Siguióse después a sirga un espacio de 500 metros, continuando a remo en una poza que luego encontramos, tomando alojamiento a las 4h 30m P. M., por tener nuestras personas, víveres i equipajes completamente mojados. En seguida se procedió a preparar un gran fuego para secarnos. La noche se pasó bajo una improvisada carpa confeccionada con la vela del bote, que con sus numerosos agujeros resguardaba algo mal de la lluvia, i dejando a sus moradores a completa merced del fuerte norte.

"Jueves 18.— Amaneció soplando norte i lloviendo, lo que nos imposibilitaba para continuar, hasta que, habiendo amainado el mal tiempo, pudimos seguir, a las 12h 20m, i salvar la correntada denominada del Barraco, hasta llegar a un gran lago de 5 millas de largo por 1 de anchura, i que los madereros llaman la Poza. Cruzamos este lago sin mas molestia que la lluvia que se habia propuesto acompañarnos sin tregua. Mientras cruzábamos el lago, pudimos notar lo mucho que habia nevado en la noche anterior; pues los cerros se encontraban blancos hasta ocultar parte de la selva superior.

"En la tarde alojamos en la parte oriental del lago i en el punto denominado puerto la Arena. Durante nuestro viaje nos fué posible notar que la costa sur del lago estaba cubierta de bosque quemado, incendio que fué hecho por Santos Uribe en 1851.

"La noche se pasó, como la anterior, a completa merced del viento i de la lluvia.

"Viernes 19.—Continuó lloviendo hasta las 10h A. M., hora a que seguimos viaje con mas felicidad, por no ser el rio ya tan correntoso, pudiendo avanzarse bastante bien con solo los remos, salvo pequeñas partes. El terreno a ambos lados del rio es bajo hasta unos 800 o 1000 metros, en que se encuentran las cordilleras, las que se notan ser mas bajas i poco nevadas, notándose tambien que el rio crece en invierno hasta 8 i 10 metros sobre el nivel de verano; pues sobre los árboles a esa altura, se encuentran palos i aun otros árboles, acarreados por el mismo rio.

"A las 5h P. M. alojamos en la isla Enredadera, baustizada así por haberse hallado en ella una hermosa planta trepadora i que colectamos para el herbario. Durante todo el dia i parte de la noche hubo lluvia molesta.

"Por el lado norte desemboca un rio cuya abra se dirije próximamente hácia el NNE. i al que denominamos Manso por lo poco correntoso de sus aguas. Por esta abra i al parecer formando orilla con el rio, se encuentra una cordillera que posee un regular cipresal. La formacion del terreno es la misma que la de Reloncaví. A las orillas del rio i en los lugares que forma recodos, hai muchos cipreses secos arrastrados por los aluviones del invierno.

"Sábado 20.—Continúa lloviendo i soplando norte, mejorando a las 9h 30m, hora en que continuamos viaje, pasando varios rápidos i peligrosas correntadas que se salvaron por medio de la sirga, previo el descargo del botecito, i carreras cubiertas de troncos de árboles. La formacion del terreno es en partes aluvial.

"A las 5½ tomamos alojamiento en otra isla la que llevó el nombre de Frutillar, por, poseer muchas matas de esta agradable fruta.

"Domingo 21.—Amaneció un hermoso dia que permitió dar principio al trabajo a las 6h A. M., tomando por el lado sur de la isla con la esperanza de que fuera brazo del Puelo, i alhagados, creyendo por otra parte que salvávamos un gran trabajo, pues el brazo del norte tenia muchos troncos siendo a la vez mui rápido, al paso que el del sur ofrecía mayores facilidades. Pero después de haber avanzado algunos quilómetros por éste e imposibilitados para poder seguirlo, se procedió a un exámen por tierra, el que dió por resultado que no tenia ninguna conexion con el Puelo, afirmándonos en esta idea lo frio de sus aguas, que, para espresarlo nuestra jente, decia "que casi les cortaba las canillas," cosa que no sucede con el Puelo, cuyas aguas son de una temperatura bastante subida; como asimismo el no poseer ciprés como el otro, aunque sí algunas muestras de alerce algo distantes. En vista de esto, le dimos la espalda efectuando en 15 minutos lo que costaba tres i média horas de trabajo.

"Por habernos hecho desviar nuestro viaje i héchonos perder un hermoso tiempo en seguirlo equivocadamente, lo denominamos Traidor.

"Después de un descanso en la isla Frutilla, seguimos por el lado norte de ella venciendo la corriente por medio de la sirga i a grandes trechos, merced a que ofrecian las riberas playas de arena accesibles para este fin.

"A las 5 llegamos a un lugar donde parecia que brotaban las aguas de la tierra, pues se hallaban en continuo hervidero i remolinos. Pero vimos al acercarnos a su fin i con harta sorpresa, un hermoso i estrecho paso de 10 a 15 metros de ancho formado por acantilados cerros que, elevándose de 50 a 80 metros de altura, formaban una apretura rocallosa de imponente aspecto i que denominamos el Porton del Puelo.

"A las 6h P. M. tomamos alojamiento, después de haber salvado aquel paso, en una pequeña playa de arena sobre la cual encontramos un palo completamente podrido con señales de haber sido hacheado mucho tiempo há. Supusimos hubiese sido cortado por don Luis Tellez, abuelo de nuestro compañero, quien ahora cien años esploró este rio por tierra, i que, como los antiguos esploradores de estos lugares, guardó en completo silencio el resultado de su viaje, no queriéndolo comunicar a sus parientes mas cercanos ni aun a la hora de la muerte.

"Encontramos tambien señales mui frescas de leones i una inmensa plaga de incómodos insectos que no nos permitian un momento de tranquilidad.

"Las orillas del rio desde el Porton son cerros a pique de 80 metros de altura i de una formacion igual a la del estero de Eeloncaví.

"Lunes 22.—Á las 6h 10m A. M. continuamos nuestro viaje con un hermoso dia, pero acompañados de una gran cantidad de insectos mui molestos. Se trabajó hasta las 4h P. M. con pequeños intervalos en que era necesario dar descanso a la jente, encontrando, durante todo el trayecto, el rio encajonado por cerros a pique de 80 a 100 metros de altura, cubiertos de vejetacion i con solo mui pequeñas playas de arena, que permitian sirgar el bote en rápidos trechos.

"El majestuoso bullicio de las aguas al pasar rápidamente por este profundo i hermoso canal, que varia entre 20 i 70 metros de ancho, unido al de várias cascadas, le dan un precioso a la vez que respetable aspecto.

"Habiendo avanzado algunos quilómetros, nos encontramos con una veloz carrera de 13 a 15 millas por hora, formada por una isla, la cual nos era imposible vencer por el lamentable estado a que habia quedado reducida nuestra jente, quienes, con el continuado uso de la sirga, tenian sus manos hechas pedazos, aparte de encontrarse rendidos por el continuo i pesado trabajo. En vista de esto i teniendo al oriente un cerro de 600 metros, de altura que tapaba el abra del rio, i viendo a mas lo bajo i mui poco nevado de las cordilleras, resolví continuar por tierra acompañado de Tellez i Oyarzun, provisto de un dia de víveres (últimas provisiones de que disponíamos). Dimos principio por talar una espesa vejetacion al paso que ascendíamos una áspera montaña, pasando peligrosísimos cuicuyes naturales i tomando alojamiento a las 7h P. M. a orillas de un riachuelo que viene del este i desemboca en el Puelo. Una vez mas notamos la diferencia de temperatura de estas aguas. Las del riachuelo eran sumamente heladas, mientras las del Puelo eran casi tibias.

"La noche se pasó sobre un lecho de ramas i a orillas de un gran fuego.

"Martes 23.—Al amanecer continuamos nuestra tala, trepando i bajando otra montana cortada por otro riachuelo que tambien tributa al Puelo. La misma diferencia de temperatura existe entre las aguas de éste i las del rio principal.

"Estando en la cumbre de uno de estos cerros, los compañeros Tellez i Oyarzun treparon un elevado árbol alcanzando a ver un trecho de 600 metros mas o menos de playa, indudablemente de un lago; pues al oriente solo se divisaba cielo azulado, haciéndose notar el término de las cordilleras a una distancia de 5 a 6 quilómetros de donde nos encontrábamos. Contentísimos con esto i alentados con la esperanza de poder trepar el cerro ya dicho, continuamos; pero la quebrada montaña con sus espesos bosques solo permitia avanzar mui lentamente, de manera que para llegar al objeto deseado necesitábamos tres dias a lo menos. Visto esto i la escasez de nuestros víveres, con sumo pesar dimos la vuelta, orillando el rio, desde donde vimos otro salto mayor que el ya pasado, antes del lago Tagua-Tagua, pero poseyendo por el lado sur de él una pequeña playa de arena sobre la cual podia pasarse el bote. A las 2h P. M. i después de várias milagrosas salvadas en hondos precipicios a la orilla del rio, llegamos al lugar donde se encontraba nuestra embarcacion.

"En resumen, el oríjen del rio no puede ser otro que un gran lago, del que una pequeña parte ha sido visto, confirmándolo lo bajo i poco nevado de las cordilleras, que es de todo punto imposible den alimento a un rio tan caudaloso. La temperatura de sus aguas, que es mucho mayor que la de los riachuelos de cordillera que fluyen al Puelo, como asimismo el seguir el curso del rio bandadas de cuervos, los que necesariamente proceden de un lago, no me dejan duda alguna sobre la naturaleza del oríjen del rio Puelo.

"A las 2h 30m, dióse principio a la bajada del rio, con suma rapidez por las continuas carreras de aguas, llegando al lago Tagua-Tagua en 2h 13m, es decir, a razón de 18 a 20 quilómetros por hora. Poco antes de llegar a este lago, encontramos cuatro botes que subian para el corte de maderas. Tuvimos con ellos un rato de conversacion, siéndoles difícil creer que hubiésemos subido tanto.

"Increible es que personas arriesguen así sus vidas tan frecuentemente, como sucede en este rio, por la miserable paga del cortador de maderas.

"La madera que se halla en todo el Puelo i que atrae a los labradores, es de árboles secos de ciprés acarreados por el mismo rio; salvo una que otra muestra en sus riberas. Alerce no hai.

"Con motivo del fuerte viento sur que soplaba al llegar al lago de Tagua-Tagua, que nos impedia cruzarlo con nuestra estenuada jente, alojé en el puertecito de la Arena.

"Miércoles 24.—Al amanecer, continuando mi viaje, nos encontramos con Ud. en medio del lago, motivo por el cual creo innecesario entrar en otros pormenores sobre la rejion del Tagua-Tagua.

"Adjunto a Ud. el croquis i demás antecedentes necesarios para la formacion del plano del Puelo, previniéndole que muchos trechos del referido rio han sido medidos por aproximacion a causa de la absoluta dificultad para proceder rigorosamente. Le incluyo tambien un cuadro que contiene las observaciones meteorológicas hechas en las horas de descanso i en los diferentes lugares en que alojamos.

"Pongo, además, a su disposicion i en cumplimiento de sus instrucciones, una coleccion de piedras que dará alguna idea sobre la formacion jeolójica de la rejion andina recorrida por el Puelo; e igualmente el herbario con las plantas que encontramos sobre nuestro camino.

"Al terminar, me es mui grato poder decir a Ud. que a la incesante cooperacion de los señores Tellez i Oyarzun se debe en gran parte el buen éxito del trabajo que Ud. se sirvió encomendarme."


El 25 mui temprano dejamos el puertecito de la Arena, con los dos botes, dirijiéndonos al lado occidental i continuando la mensura; mas, como el viento sur habia comenzado con gran fuerza, nos obligaba a tomar las llepuimas como llamaba nuestra jente a las ensenadas de la costa que prestaban abrigo contra el oleaje i el viento. Éste era sur; pero soplaba en el lago en el sentido de noroeste, pues siempre sigue las inflexiones de las montañas.

Se hicieron algunas marcaciones desde los puntos mas dominantes para redondear la mensura, i a las 7h de la mañana abordamos el estremo oeste del Tagua-Tagua. En este punto i mientras se preparaba el almuerzo, se terminó la triangulacion hasta el rápido denominado carrera del Barraco.

La profundidad del lago no fué posible averiguarla durante el corto tiempo que permanecimos en él, debido a lo recio del viento i a las otras ocupaciones preferentes a que teníamos que dedicarnos. No obstante, se puede asegurar con fundamento que la hondura debe ser mui crecida, tanto por lo acantilado de las riberas i las escarpadas montañas que las respaldan, como por el puro i hermoso verde de las aguas.

La laguna de las Islas es tan solo una prolongacion del lago Tagua-Tagua, sirviendo a éste como primer emisario antes de dar oríjen al desagüe. Éste, como ya se ha dicho, es formado por una estrechura de la cordillera, cortada a plomo i cuya anchura no puede pasar de 20 metros. Éste punto se llama la Apretura. En seguida se ensancha i forma el gran rápido denominado el Salto. El desbordamiento de las aguas i los acarreos del rio de la Apretura han formado un gran banco que determina el mencionado Salto al constreñir las aguas contra los muros dioríticos de la ribera izquierda, i un gran número de islas sobre el lecho del rio.

Sobre el banco pasan sus balsas los madereros. En este punto devolví el botecito que habia arrendado i descargamos él nuestro a fin de que pudiese seguir el descenso del rio por entre los bancos. El que suscribe, el señor Tellez i algunos hombres continuamos por tierra conduciendo el exceso de la carga i terminando la mensura de las Islas.

A la 1h 30m llegamos a nuestra carpa abajo de las Islas i al punto denominado correntada Remolineadora, solemnizando nuestro feliz arribo con el repuesto de víveres depositados en aquel local, preparando a la vez los botes para continuar el descenso a causa de que el estado atmosférico presentaba mui mal aspecto. El trabajo de esploracion del Puelo estaba terminado i nada nos quedaba que hacer en tan difíciles como arriesgadas rejiones.

En efecto, a las 4h 15m P. M. nos largamos rio abajo con la precaucion de llevar los botes a alguna distancia uno del otro para prevenir conflictos, llegando a las Hualas en 25 minutos i al Puelo Chico en una hora, viaje velocísimo realizado por en medio de espantosas correntadas, cuyas aguas borbotaban formando inmensos penachos que caian a bordo sin poderse evitar. La bajada por el centro de los rápidos seria la navegacion mas bella si no la enturbiasen los serios peligros ocasionados por las aguas rebatadas que, en su choque, se levantan cubriendo las embarcaciones i llenándolas con el espumoso líquido. Hubo momentos, durante nuestro descenso, que no nos era dado ver a los bogadores de proa de nuestra pequeña embarcacion, por encontrarse envueltos por los penachos de las aguas que cruzaban de un lado al otro del bote. Si aquellos rápidos tuviesen una gran lonjitud, serian intransitables i sumerjirian a las embarcaciones en pocos minutos.

La lluvia, por otra parte, se habia descolgado en abundancia antes de nuestra partida; pero como la escasez de víveres aguijoneaba, era necesario abandonar tan solitarias rejiones i sufrir con resignacion las consecuencias del rio i del continuo llorar de la atmosfera. Por otra parte, era tambien necesario echar en olvido nuestras comodidades para ver con indiferencia como nadaban dentro de las embarcaciones los equipajes i los últimos repulgues de las provisiones de boca. En fin, a las 5h 15m P. M. llegamos al rio Puelo Chico, donde tomamos posesion de una casa abandonada para esperar la bonanza i pasar la noche.

Después de haber navegado muchos de los rios de Chile, siendo alguno de ellos de los mas difíciles, como el Maule, el Tolten, el Calle-Calle en su parte superior, el Quinchilca, el Maullin i otros, estoi convencido de que el Puelo es el mas peligroso, mas rápido, i, por consiguiente, mas difícil de ascender. Cada una de sus correntadas es un verdadero rápido que envuelve un serio peligro. Un fracaso en tales puntos, si se logra salvar de las aguas, se cae en un bosque impenetrable donde reina la mas completa soledad. Las playas, si tales pueden llamarse unos guijarrales angulosos i de grueso volumen, son tan reducidas que mas desconsuelan por su naturaleza i la dificultad de andar por ellas, quedan esperanza o alegría al contemplar sus pequeños horizontes. Solo turba el silencio el monótono chasquido de las aguas, con mucho mas abrumador que el continuado paleteo de la rueda de un molino hidráulico.

Contentos de haber salvado sin contratiempo alguno las mil dificultades del Puelo, olvidábamos la triste circunstancia de no tener nada seco para pasar la noche, después de tantos dias de privaciones i de penosos trabajos. La lluvia que caia a torrentes no nos inquetaba ya, las creces del rio nada podian hacernos, i en vez del bullicioso Puelo, que nos abrumaba aun durante el sueño, el suave arrullo de la lluvia nos disponia a la alegría.

El 26 amaneció nublado i soplando viento del N. O. u O., que en el punto en donde nos hallábamos no era posible definir su direccion. A las 7h aclaró la atmósfera con señales de bonanza, i salimos a recorrer los campos vecinos para herborizar. Al recorrer la ribera derecha del Puelo Chico, notamos que sus acarreos contienen muchos trozos de lavas volcánicas arrastradas desde el volcan Yate.

A las 9h 30m dejamos el Chico dirigiéndonos rio abajo con destino al llano del Yate, para esperar allí el momento oportuno de abandonar el estero de Reloncaví. En la boca del Puelo notamos el gran ventarrón del SO. que soplaba en el estero; no obstante, seguimos viaje, logrando granjear una milla en hora i média de boga, arribando sobre la costa para dar descanso a nuestra trabajada jente i esperar el momento oportuno para seguir nuestra retirada.

Entre el punto a que arribamos i la boca del Puelo, la costa se encuentra sembrada de grandes rocas sueltas, verdaderas morainas de los ventisqueros orientales del Yate, siendo de notar que todas son lavas, resaltando una de ellas por medir 600 metros cúbicos de volúmen. Las demás miden tan solo de 250 a 300 metros.

La vega denominada de Yate es formada por acarreos del rio Blanco, siendo toda ella de naturaleza volcánica, i el único punto tambien que se presta ventajosamente para la agricultura a orillas del estero de Reloncaví. Dentro del Puelo son útiles los terrenos desde su boca hasta las Hualas, no obstante de ser innundados por las creces del invierno todos los lugares bajos. De las Hualas para adelante, no vimos campos que se pudiesen prestar para la agricultura.

En la vega del Yate encontramos dos chocitas de los moradores que se ocupan en labrar durmientes de ciprés, al pié de los cerros situados entre el Puelo Chico i el rio Blanco, distante como 4 quilómetros de la marina. La madera es abundante, i como me asegurasen que el ciprés de esa rejion era del todo distinto al que se halló en la rejion superior del Puelo, mandé dos hombres para que trajesen muestras de madera i ramas para el herbario.

A las 3h P. M. llegaron del astillero los labradores dueños de las chozas, trayendo su correspondiente carga de durmientes. Esta jente, sabiendo que nos hacian falta algunos artículos de víveres, nos vendieron algo de lo que necesitábamos, por lo que les quedamos mui agradecidos; pues es preciso tener en cuenta, aparte de la voluntad, que al despojarse de sus víveres, disminuian sus recursos para la estacion de su labranza. Con la jente llegaron tambien nuestros hombres trayendo las muestras pedidas, algunas plantas i piedras volcánicas arrojadas por los derrumbes de los cerros en que se encontraba el ciprés [5].

El cipresal que se trabaja es nuevo i no mui abundante para halagar por largo tiempo a los labradores. Este plantel se encuentra a solo 10 metros, próximamente, sobre el mar, i creemos sea el único de estas rejiones que alcance tan corta altura.

El trabajo que se imponen los madereros es bien pesado. El punto de la labranza, si bien no dista mas de 4 quilómetros, el sendero que conduce al astillero es mui húmedo i cubierto de tepuales en su último trecho [6]. Labrada la pieza, la conducen a hombro hasta el puerto, i si atendemos a que cada durmiente verde de ciprés pesa 35 o mas quilógramos, no deja de admirar cuando se les ve bajar dos piezas a la vez. Hemos visto niños de 14 años que hacian tres viajes diarios al astillero conduciendo los durmientes que labraban sus padres. De la misma manera, un viejecito de 65 años hacia tambien sus viajes cargando los durmientes con la misma soltura que los muchachos.

El ciprés no es abundante en el estero de Reloncaví; pero hai localidades reducidas donde se encuentran manchas de él dignas de esplotacion. Aparte de la ya mensionada se encuentran en Cuitúe, Chaica, Contao, San Luis, Cajon, Reloncaví i otros puntos, ocupando siempre la zona de los alerces i entremezclados con ellos. El ciprés prefiere siempre los llanos i especialmente las rejiones húmedas. Las costas de Huelmo, Ilque i otras de la parte continental del occidente, tienen tambien ciprés aunque no abundante i cerca de la marina. El alerce de esas costas se encuentra mas internado que el ciprés.

Cuando el ciprés se encuentra mezclado con el alerce, lo que suele ser comun, se les distingue fácilmente por ser mas blanquecinos sus troncos i mucho mas pelados i compactos. Por otra parte, el color de su follaje es tambien mas claro que el del alerce. Por lo demás, la fisonomía de las plantas es idéntica i solo el esperimentado ojo del maderero pueden distinguirla sin error.

El 27 al amanecer dejamos el puertecito en que habíamos vivaqueado dirijiéndonos estero afuera. El viento sur no tardó en salimos por la proa, obligándonos a entrar al caleton denominado Cajon, para esperar la bonanza. Contrariado así por el viento, me acompañé del señor Tellez i nos encaminamos por la senda de los madereros que conduce al alerzal. La senda era pésima i compuesta de continuados cuicuyes colocados siempre sobre planos mui inclinados i a veces formando escalerillas sobre las laderas, camino imposible para otras personas que los tableros. Anduvimos poco mas de un cantotun, i durante la odiosa marcha, vimos bajar algunos hombres con uno o dos durmientes a cuesta, que pesan cada uno de 22 a 30 quilógramos, todos ellos a ese paso que les es característico i que puede llamarse de trote.

Durante el corto rato de observacion en que permanecimos, pudimos ver a una jóven como de 20 a 22 años, que a un paso con mucho mas veloz que el llevado por los hombres, descendia la escabrosa senda conduciendo su durmiente i sin revelar en su fisonomía la menor expresion de cansancio. La sorpresa que nos causó tal cargador nos hizo entrar en algunas averiguaciones, resultando que era comun el que las mujeres acarreasen su carga diaria, pero que nadie habia mas rápida en su marcha que la joven aludida, i que no habia hombre alguno que pudiese andar a la par con ella.

Es condicion bien triste la de algunas mujeres en aquellas rejiones. Ellas, aparte de las mil gabelas que le son privativas, acarrean la madera que labra su padre o hermanos en la cordillera, i hasta derriban palos i asierran con la misma soltura que los hombres.

La joven huaruna, mujer de hercúleas formas i de agradable fisonomía, llamaba la atencion de todos provocando a la vez respeto i consideiaciones de todo jénero. Era, en fin, una de las cariátides del banco Pucari, de que ya hemos hablado, que trasladándose a las cordilleras, trasportaba el durmiente en incultas rejiones para que sirviera de cama a uno de los elementos mas poderosos de la civilizacion moderna.

El astillero del Cajon dista poco mas de una legua de la marina por difícil senda, i en el dia que nosotros llegamos al caleton, no habia menos de cien almas ocupadas del corte de durmientes de alerce, con siete lanchas para el trasporte de ellos a Puerto-Montt, puerto por donde se esportan para el estranjero. La tabla de vitola se trabaja tambien, pero en corta cantidad.

El caserio del puerto lo formaban siete casitas que llaman cuarteles, techadas con paja i con paredes de durmientes. El ajuar de ellas consistía en el fogon, dos baúles, algunos útiles de cocina, i finalmente, las cujas eran tambien de durmientes labrados, sobre las cuales se veian modestas camas arrolladas; tal era el menaje de cada una de las casitas. El cielo de éstas se encontraba cubierto de chiguas de papas; sacas de cuero llenas de arina tostada, marisco seco i carne ahumada, formaban sus provisiones o el bastimento.

Con motivo de ser dia sábado, la mayor parte de los trabajadores bajaron temprano a fin de darse mayor tiempo de descanso, pues solo los domingos dan tregua a sus penosas tareas. No obstante lo dicho, muchos hombres bajaron con su carga a puestas de sol, lo que daba motivo a los demás para dirijirles algunas bromas i suponerlos atrazados por haber sido detenidos por el chucao [7]: bromas festivas i variadas a que se entregan libremente para olvidar el cansancio del dia i sus rudas penalidades. A esa misma hora el puertecito estaba alegre i lleno de movimiento. Las cocinas en actividad preparaban el cocinado único del tablero; las vihuelas se tañian en los cuarteles tocando alegres bailes populares con notable gusto; dos lanchas cargaban durmientes a fin de emprender viaje, i en fin, todo era alegría, actividad. No parecía que durante la semana última hubiesen estado entregados al mas penoso e incesante trabajo.

A las oraciones, habiendo calmado el viento sur, dejamos el encierro del Cajon, siguiendo estero afuera, llegando después de las diez de la noche a Manihuico, lo que nos dejaba en franquía para atravesar el golfo con cualquier tiempo.

El 28 mui temprano seguimos viaje hácia Puerto-Montt, donde llegamos a las doce del dia, después de seis horas i média de boga continua.

Es cosa bien sirgular el carácter de los vientos del sur en estas rejiones. Mientras nosotros esperimentábamos temporales en el estero de Reloncaví los dos dias últimos, sin darnos tregua, en el seno del mismo nombre i en Puerto-Montt reinaba una calma perfecta, segun fuimos informados a nuestro arribo, i este fenómeno es bien común.

En otras ocasiones sopla recio el sur en el seno, i en el estero reina calma chicha. Hai mas aun, i es lo ordinario. El sur comienza primero por la costa de las islas o sea al occidente del seno; al medio reina calma hasta la costa de la rejion subandina, al paso que en el estero sopla con fuerza terrible. Cuando estábamos detenidos en el estero, preguntábamos a las jentes de los astilleros su opinion sobre el tiempo; pero siempre nos contestaban que era casi imposible prever los vientos, pues que el seno i el estero de Reloncaví, aunque tan próximos, son de condiciones mui caprichosas.

Los dias 29, 30 i 31 fueron de lluvia i de viento norte, que no permitia trabajos sobre el terreno. En consecuencia, fueron ocupados en operaciones de gabinete, que bien lo habíamos menester.

El 1.° de febrero salió el ayudante de la Comision don Carlos Juliet para dar principio a su esploracion del volcan Calbuco. El tiempo seguia inconstante i con chubascos de lluvia. El 2 de igual manera.

Notas
  1. Llaman astilleros a las rejiones donde esplotan o ejercen la labranza del alerce.
  2. Así denominan en las provincias australes al viento del este.
  3. Durante las escursiones se encontró un hermoso ejemplar del Lestroderes superbus, Ph. M. S., i otro del nuevo rincóforo Stenocerus Vidali, Reed; algunas muestras de Unio chilensis, una variedad de Bulimus.
  4. Es curioso encontrar en esta rejion el Libocedrus chilensis. Hasta hora asolo se sabia que existia a orillas del lago Nahuelhuapi, segun muestras traidas por el Dr. Fonck. Es de suponer que el cedro visto en el rio Palena sea el mismo libocedrus que, desde las cordilleras de Santiago, avanza hasta aquella rejion.
  5. El ciprés de aquel punto es el libocedrus tetragona, Endl, que difiere mucho en su follaje i bondad de su madera con el libocedrus chilensis del rio Puelo.
  6. El tepu, tepualia stipularis, es un árbol ramoso i tortuoso que nace en las rejiones húmedas, i el tepual es el plural o sea el bosque formado por tales árboles. Un tepual es ordinariamente uno de los peores bosques.
  7. El Chucao o Chucau (Pteroptochus rubecula), del cual se han ocupado algunos viajeros, es una avecita pequeña i de color café tostado que solo habita los solitarios bosques. Aparte de las propiedades que le atribuyen las jentes del sur, es el acompañante inseparable del viajero en el bosque i el único viviente que hace oir sus monótonos i bruscos ecos, en la espesa selva. Los madereros le suponen nueve cantos diversos: algunos de ellos nos fué posible precisar, durante nuestras largas peregrinaciones.

    Algunos de sus cantos producen efectos desagradables en el tablero, que los manifiesta por medio de imprecaciones súbitas i simultáneas a los ecos del Chucao. Otros son de júbilo, por predecirles felicidad, buen viaje, buen tiempo, etc.; en fin, otros son de indiferencia. No obstante, sus nueve tonos son escuchados por el viajero, i el frecuente cantor produce impresiones diversas segun el acento que ejercita.

    Algunos creen que el Chucao tiene tales fuerzas que puede detener a un robusto maderero en medio de la montaña i hasta conducir la carga del viajero; por lo que es comun oir decir a aquellas jentes, elojiando la agudeza i poderío de la pequeña avecita: «Bien haya el poder que Dios le ha dado.—».«El Chucao cantó bien, no hai cuidado, adelante.—!» «Qué mal cantó el hij...........»! «Tendremos mal viaje o mal tiempo.»

    Durante la esploracion del rio Puelo, la jente tenia mas fe en el canto del Chucao que en las indicaciones del barómetro metálico que llevábamos con nosotros; pero a la larga creyeron observar que éste i aquél acusaban igualmente los pronósticos del tiempo, por lo que en breve se hizo refran entre ellos de que «el Chucao anda pala a pala con el sistema métrico,» nombre con que habian calificado al aneroide. Tales preocupaciones las aceptan por falta de otros sucesos: pocos creen de buena fé al agorero de los bosques; pero lo escuchan como un medio de alterar la monotonía selvática, i para producirse impresiones varias en medio de la vida salvaje de los bosques.