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Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores/El labrador y la avecilla

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Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores: arregladas a la última ortografía de la academia, mejoradas y añadidas en esta nueva edición (1845)
de Esopo
El labrador y la avecilla

El Labrador y la Avecilla.

Un labrador iba todas las mañanas á una huerta que tenia para divertirse con el canto de las aves. Se sentaba debajo de un árbol, en el cual se ponia siempre una avecilla, cuyo canto le gustaba mas que el de las otras. No contento de esto determinó el buen hombre prenderla para llevarla á su casa, pensando que allí le divertiria mas. En efecto le armó un lazo, y la prendió. La avecilla viéndose presa dijo al hombre: ¿por qué me has prendido? Respondió el labrador: yo te he prendido por tu canto dulce y suave, que alegra mi corazon. Dijo la avecilla: en vano has trabajado, pues yo no cantaré. El labrador le dijo entónces: si no cantas, yo te mataré, y despues te comeré. Preguntó la avecilla: ¿de qué manera me comerás: Si me cueces con agua, el bocado será pequeño: si me asas, será mucho menor; y así dáme libertad, que yo te enseñaré tres cosas que te serán de mas provecho. Entonces el labrador creyéndose hacerse rico con lo que le enseñaria la avecilla, la soltó de sus manos, y ella puesta en libertad, díjole así: la primera cosa que te quiero enseñar, es esta: que no creas todas las palabras que oyeres, en especial aquellas que no parecen verdaderas. La segunda, que guardes lo que es ya tuyo, y que te contentes con ello. La tercera, que no te duelas de las cosas perdidas, las cuales no puedes cobrar.

Dichas estas palabras, cantó dulcemente el ave esta cancion: bendito sea el Señor, que ha permitido que este labrador me diese libertad. Pero si este hubiese sabido, que yo llevo en mis entrañas una piedra preciosa, llamada jacinto, ciertamente no me habria soltado, y me habria muerto, para poseer este tesoro. Al oir esto el labrador lleno de dolor y llorando dijo: ¡ó desventurado de mi! Por qué creí las palabras de la la avecilla, diciéndome que la soltase; pues yo me habria enriquecido! Al cual respondió ella: ó loco! por qué te atormentas? Presto has olvidado la doctrina que te dí. ¿Tú crees que una ave tan pequeña como yo, puede traer en sus entrañas una piedra que pese una onza? No te acuerdas que te dije, que no creyeses todas las palabras? Ademas si era tuya, pues me prendiste, ¿porqué no me guardaste? Finalmente, si tú perdiste la tal piedra; supuesto que ahora no la puedes cobrar, ¿por qué te dueles de ella? Bien conozco que tú no te acuerdas de las tres doctrinas que te dí: dicho esto la avecilla se fué, quedando el hombre muy descontento.

Ninguna cosa hay mas rica en esta vida de viento, como el hombre estar contento.