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Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores/El lobo echando un pedo

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Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores: arregladas a la última ortografía de la academia, mejoradas y añadidas en esta nueva edición (1845)
de Esopo
El lobo echando un pedo

El Lobo echando un pedo.

Cierto dia levantándose el lobo muy de mañana, echó un pedo por detras, y dijo: esto es muy buena señal. Doy gracias á los cielos, pues hoy me hartaré á mi gusto, y comeré muchas viandas, segun me ha mostrado ahora el trasero que me ha sonado. Y así se fué á buscar aventuras. Halló en el camino mucha manteca de puerco, que se cayó á unos arrieros, y volviéndola y revolviéndola de una y otra parte, la olió muchas veces, y dijo: no comeré hoy de tí, porque sueles descomponerme el vientre, y estoy cierto que hoy tendré mejores viandas, segun lo que esta mañana me ha indicado el trasero. Un poco mas adelante halló un tocino salado y seco, al cual revolviéndolo, dijo: no comeré hoy de tí, pues estoy cierto, que hoy he de hartarme de buenas viandas, segun me anunció mi trasero. Bajando despues á un valle, halló una yegua con un hijo, y dijo entre sí: gracias al cielo, ya sabia yo que hoy habia de hartarme de buenas comidas; y llegándose á la yegua, díjole: Hermana, yo vengo muy cansado, tengo hambre, y me habrás de dar á tu hijo, para que le coma. La yegua respondió, ház lo que te gustare; pero, señor, ayer caminando, se me hincó una espina en este pié, ruégote, que pues eres cirujano afamado, que me la saques, y cures primero, y despues comerás á un hijo. Creyendo esto el lobo, se llegó al pié de la yegua para sacarle la espina, y ella le dió tan grande coz á la frente, de manera que dió con él en el suelo, y así se escapó del lobo, y con su hijo se fué á la montaña. El lobo recobrando los sentidos y volviendo en sí, dijo: no hbago caso de esta injuria, pues que hoy espero hartarme, y continuó su camino. Apenas hubo andado cuatro pasos, halló dos carneros, que pacian en el prado, y dijo entre sí: ahora sí que comeré á mi gusto, y llegando á los carneros los saludó, y les dijo: hermanos, aparejaos, pues he de comer á uno de vosotros. Respondió el uno: haz lo que gustares, pero te suplicamos, que primero dés una sentencia justa en el pleito que tenemos sobre este prado, que fué de nuestro padre, y no sabemos como partirlo entre los dos, y por esto reñimos todos los dias; por tanto ház la particion justa de él, y despues harás de nosotros lo que tú quisieres. Respondió el lobo yo haré con mucho gusto lo que me suplicáis; pero quisiera que me dijeseis, en qué modo quereis que lo parta? Entónces dijo el otro carnero: señor, ya que pides el modo, á mí me parece que no debes partirlo; sino que tú te pondrás en medio del prado, y nosotros estarémos uno en cada estremo, y correremos ámbos á un tiempo, y aquel que llegáre á tí primero le darás el prado; y el otro te lo comerás tú cuando quieras. Dijo el lobo: hágase de esta manera, que me parece buen modo. Y así se fueron los carneros cada uno á su estremo, y corriendo con gran priesa é ímpetu al centro del prado donde estaba el lobo, le dieron los dos á un tiempo tan fiero golpe, que el lobo cayó en el suelo, quebrantadas las costillas y medio muerto; pero poco despues volvió en sí, y dijo: ni aun, lobo, hacer caso de esta otra injuria, pues yo he de hartarme hoy, segun me lo anunció el trasero. Llegando á una ribera halló una puerca con sus hijos, que pacia en el prado, y dijo: bendito sea este dia, ya sabia yo que hoy habia de hartarme de buenas viandas, y dijo á la puerca: hermana, hoy quiero comer á tus hijos. Respondió ella: señor, como tú mandáres, pero deben lavarse y limpiarse primero, segun nuestra costumbre lo requiere. Por tanto te ruego, pues la fortuna te ha traido aquí, que tú mismo los laves, y despues escoge de ellos los mas te agradaren. El lobo le dijo que le mostrase la fuente ó rio; y estando ya sobre una peña, tomó el lobo un lechon para meterlo en el agua y lavarlo; la puerca se llegó á él, dióle un gran golpe con el hocico, y le echó dentro del agua, y la fuerza del rio arrebató y se llevó el lobo y cayó en un molino, de donde salió muy lastimado. Huyendo de aquel peligro, dijo: no es mucho el dolor que me ha causado este infortunio, ni debe retraerme de mi esperanza, pues segun ha solfeado esta mañana mi trasero, he de hallar muchas viandas en este dia. Y razonando de esta manera, pasó cerca de un lugar donde vió unas cabras que estaban encima de un horno, y dijo: ahora veo una vianda que mucho codicio, y fuése hácia ellas. Al instante que ellas vieron al lobo, escondiéronse dentro del horno. Estando el lobo enfrente del horno, las saludó, y díjoles: hermanas, el cielo os guarde, yo he venido á visitaros y á comer alguna de vosotras. Dijeron ellas: señor, óyenos, y despues ház de nosotras lo que gustares. Nosotras no venimos aquí, sino á oir lo que tú cantas, pues nos gusta mucho tu voz. Canta un poco, y despues ház de nosotras lo que quieras. El lobo que presumia mucho de cantar, comenzó á ahullar y á dar muy grandes voces. Los aldeanos oyendo las voces y ahullidos del lobo, salieron todos con armas y perros, y le dieron tantos golpes, que quedó casi muerto. En fin pudo librarse de los perros, y cansado de correr se puso debajo de un árbol á descansar, entonces comenzó á quejarse de esta manera: ó cielos, cuántos males me han sobrevenido! cuántos infortunios he padecido hoy! Pero yo tengo la culpa de todo, pues quién me hizo despreciar la manteca de puerco que hallé en el camino, y desechar asimismo la carne salada, sino mi soberbia y vanidad? Si yo no he aprendido jamas medicina, de donde me habia de venir el querer curar á la yegua? Si yo no he estudiado leyes y en mi vida he sido juez, quién me metió á juzgar el pleito de los carneros? Si yo no he sido jamas comadre ni lavandera, por qué quise lavar en el rio los cochinos? Ó Júpiter, tira desde tu trono un cuchillo sobre mi cabeza! En esta sazon habia un hombre encima de un árbol, limpiando y cortando algunas ramas, el cual oyó las palabras del lobo, y luego le tiró la hacha con que limpiaba el árbol, é hirió al lobo en el espinazo, que le hizo caer en tierra, y levantándose y mirando al cielo y al árbol, dijo: ó Júpiter, qué presto me has castigado y has oido mis súplicas! Se fué así, escarmentado de su soberbia y presuncion, y humillado y abatido, á los montes de donde habia salido tan soberbio y tan lleno de vanidad.

Lo que muestra el agüero, no es verdadero. Tú que crees en prestigios, mírate en este espejo, toma de mi este consejo. Si tienes alguna esperanza, mira bien que no te empines, que son dudosos los fines.