Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores/El padre, el hijo y el asno
El Padre, el Hijo y el Asno.
Un padre a padre y un hijo iban á una feria á vender un asno, y le llevaban delante, solo y sin carga alguna. Encontraron en el camino á unos hombres que les dijeron: ¡ó tontos é insensatos! ¿de qué os sirve el dar de comer al asno? ¿Por qué no montais en él, y no os cansaréis tanto, ni romperéis tanto los zapatos? No se cansará el asno por esto, pues el llevar carga es su oficio, y ha nacido para el trabajo. Ademas está bastante gordo y fuerte para sufrir la carga. El padre oidas estas palabras, hizo montar al hijo en el asno, caminando él á pié. A poco rato encontraron á otros que venian de la ciudad, y les dijeron: ¡ó que grande locura es esta! El hijo que es jóven, fuerte y robusto, va descansado en el asno, y el padre viejo y flaco, que casi no puede mover los pies, va á pié. ¡Qué mala crianza da el padre al hijo! Esto le hará perezoso y holgazan. El padre conociendo que tenían razon, mandó bajar al hijo, y subió él en el asno, siguiendo el hijo atras á pié. Luego que los vieron otros caminantes, les reprehendieron de esta manera: ¡ó qué cruel y duro de corazon es este padre! Parece que tiene mas lástima del asno que de su hijo; pues permite que el hijo ande á pié con estos calores, pudiendo el asno, que es bastante fuerte, llevar á los dos á un tiempo. Oyendo el padre estas razones hizo subir al hijo llevando el asno á los dos á un tiempo. Encontraron á otros caminantes que dijeron mirad aquí á dos hombres sobre un pobre jumento; bien podemos decir, que esta es carga de Portugal, dos bestias sobre un animal. El pobre asno no se puede tener sobre sus piernas, y se caerá muerto del peso; por cierto mejor seria que ellos llevasen el asno en hombros, si no quieren verle muerto luego. El padre al oir estas palabras, dijo: bien me parece lo que han dicho estos hombres. Sigamos pues su consejo para que no se nos muera el asno. Atémosle de pies y manos con una soga, y atravesando un palo le llevarémos en hombros hasta la ciudad. Llevando ellos el asno de esta manera atado de pies y manos en hombros, encontraron á anos que riéndose, dijeron: ¡qué necedad! ¡qué tontería! ¿quién ha visto jamas tal disparate? Dos hombres llevan á un asno á cuestas; pudiendo el asno llevar á los dos á un tiempo, pues tiene fuerzas bastantes para todo. ¿Quién lo ha visto jamas? Mejor seria que pues no se sirven de él conforme deben, que le matasen, y quitándole el pellejo se aprovechasen de él, y no ir cargados con todo un asno á cuestas; pues al entrar en la ciudad todos se han de burlar de ellos. Entonces el padre enfadado tomó el palo con que llevaban el asno, y dióle un gran golpe en la cabeza, de manera que el asno cayó muerto, y empezando á desollarlo decia: ¡ó cuántas injurias hemos hoy sufrido por este asno! Ahora creo que tendrán fin nuestras reprehensiones. Acabado de desollarlo, tomó el pellejo y se lo puso al hombro, para llevarlo á la ciudad para venderlo. Luego que llegó, se fué á la plaza donde habia la feria. Las muchachos viendo aquel hombre ensangrentado y puerco con el pellejo del asno en los hombros, empezaron á burlarse de él, y tomándole el pellejo unos por una parte, y otros por otra, se vió el buen viejo en muchos apuros; y al último tuvo que soltar el pellejo, y así llegó á perder la hacienda por dar crédito á las palabras del vulgo.
Muéstranos esta fábula, que no hay hombre en el mando, grande ni pequeño, de cualquier estado ó condicion, que no sea por otro reprehendido, infamado é injuriado en sus hechos y acciones, pues lo que unos alaban, otros vituperan en una misma persona: pero por eso no debe el hombre dejar de seguir la razon por complacer á todos; pues debe considerar cual sea la reprehension ó murmuracion, si justa ó injusta; y si es injusta, no hacer caso de ella; porque como todos seamos diferentes en las voluntades é inclinacion, á unos agrada una cosa, y á otros desagrada. Tambien disgustarán á algunos estas fábulas; pero serán no obstante del agrado de otros. Si el docto encuentra en su narracion un estilo pueril y algunas alusiones necias, afectadas ó escesivas, ú otros defectos en el estilo, es preciso advertir que están escritas mayormente para la gente sencilla, para que con estos ejemplos aborrezca el vicio y ame la virtud, y así es preciso hablarles en este lenguage, siguiendo en esto el consejo de Lope de Vega, que dice:
El vulgo es necio, y por aquesto es justo
Hablarle en necio para darle gusto.