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Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores/La culebra y el labrador

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Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores: arregladas a la última ortografía de la academia, mejoradas y añadidas en esta nueva edición (1845)
de Esopo
La culebra y el labrador

La Culebra y el labrador.

Un labrador iba á sembrar un campo, y pasando por un camino, pisó una culebra, la cual dijo: ó mal hombre, por qué me has lesiado y pisado, no habiéndote yo hecho daño? no te fies, te digo, de quien hiciste mal. El labrador no hizo caso de estas palabras, y continuó su camino. El año siguiente, yendo el labrador por la misma senda, hablóle la culebra otra vez, y dijole: dónde vas, amigo? El cual respondió: voy á sembrar el campo. Dijo entonces la culebra: guárdate no siembres en tierra de regadío, porque este será año de muchas aguas, y ahogará la semilla; pero tú no ereas á quien hiciste mal. Y fuése el labrador pensando que le engañaba, y sembró en tierra de regadío. En efecto hubo aquel año muchas lluvias, y se perdieron los trigos; y así no cogió aquel hombre cosa alguna. El año siguiente pasando el labrador por el mismo camino, yendo á sembrar el campo, preguntóle la culebra: dónde vas, amigo? Dijo el labrador, á sembrar. Le amonestó la culebra que no sembrase en lugar seco, porque aquel año habria gran sequedad, y se perderia cuanto se sembrase en lugar seco, y dijo en fin: pero tú no creas á quien hiciste mal. El labrador pensando que quería engañarle, no hizo caso de lo que decia, y sembró en tierra de secano, y aconteció aquel año que hubo mucha sequedad, de manera que se secó todo el campo, y todos los trigos se perdieron. El tercer año pasando el labrador por donde estaba la culebra, le dijo ella: dónde vas, hombre? El respondió: voy á sembrar mis campos. Y le dijo la culebra: si quieres cojer pan este año, siembra en tierras comunes, que no sean ni muay húmedas, ni muy secas, sino templadas; pero vuélvote á decir, que no dés crédito á quien hiciste mal. El labrador hizo aquel año lo que la culebra le aconsejó, y cogió mucho trigo. Volviendo el buen hombre cierto dia de sus campos, díjole la calebra: amigo, has visto como las cosas te han sucedido como yo te habia dicho? Respondió él: es verdad, así han acontecido como tú digiste, por lo que te estoy muy agradecido. La culebra le dijo que le hiciese una gracia. El labrador le dijo que galardon pides de mí? la culebra respondió: no te pido otra cosa, sino que mañana me envies á tu hijo único con una olla de leche, y mostróle un agujero en donde la habia de poner, y añadió: cuidado con lo que te he dicho muchas veces, que no dés crédito, á quien mal hiciste. Con esto se fué el buen hombre para su casa, y el dia siguiente envió á su hijo único con la leche á la montaña, segun lo habia prometido á la culebra; y llegando al lugar que el padre le habia mostrado, puso la leche en el agujero, y lunego saliendo la culebra saltó en el mozo y le mordió de manera que murió. El labrador contristado por la muerte de su hijo, se fué á encontrar la culebra, y hablóle así: ó máldita culebra, tú me engañaste, diciéndome que te enviase á mi hijo, y le has muerto traidoramente. La culebra desde una peña le respondió: yo niego eso que tú dices, pues yo no te he engañado: tú me pisaste y me heriste mal: ¿no te dije muchas veces, que no creyeses á quien mal habías hecho?

Ten memoria, y no lo olvides, que nunca es perfecto amigo el que te ha sido enemigo. A quien ofendiste alguna vez, procura pedirle perdon, y hacerle todo el bien que puedas; pero atiende siempre al refran, que dice: nunca la casa le abras, ni cures de sus palabras.