Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores/La raposa y el lobo
La Raposa y el Lobo.
Una raposa con su hijo fué á encontrar al lobo, y y le habló de esta manera: mi señor lobo, pídote por merced, que quieras criar á mi hijo, y enseñarle aquellas artes que tú sabes. El lobo convino en esto, y entonces la raposa dejó su hijo, y volvió a su cueva. Una noche tomando al hijo de la raposa el lobo, se fué á unos corrales de ovejas, para robar alguna de ellas; pero fué sentido de los perros, y no pudo tomar nada. Al amanecer subió á lo alto de un monte, y dijo á su ahijado: ya sabes que á noche fuimos al corral de las ovejas, y que trabajé mucho para pillar alguna de ellas, pero en vano; ahora estoy cansado fatigado; tú vela un poco mientras yo duermo; y mira cuando salieren las bestias del lugar á pacer, y me dispertarás para ver si puedo tomar alguna. Durmióse el lobo, y á la mañana despertóle el ahijado, llamándole: señor, señor. El lobo le dijo: ¿qué quieres, ahijado? El cual respondió: señor, ya salen los puercos. Díjole el lobo: no hago caso de este ganado, porque son animales sucios, y sus sedas y cerdas mae lastiman el gaznate cuando las como, y durmióse otra vez. Pasada una hora llamóle otra vez el ahijado: señor, señor. Respondió el lobo: ¿qué quieres? Dijo él: mira que salen las vacas á pacer. Dijo el lobo: no quiero tomar ninguna de ellas, porque los pastores que las guardan son fuertes y crueles, y los mastines que traen, malos y bravos, los cuales luego que me sienten, ladran y me persiguen hasta matarme; y se durmió otra vez. Despues pasada una hora, el ahijado llamó al lobo señor, señor, ya salen las yeguas. Díjole el lobo mira á que parte van. El ahijado miró donde iban, y volvió diciendo: señor, han entrado en un prado cerca de la montaña donde hay muchos álamos. Oyendo esto el lobo, se levantó, y se fué con cautela, y llegó escondidamente hasta el prado, donde estaban las yeguas: tomó una de las gruesas por las narices, y la ahogó, despues se la llevó, y se la comió con su ahijado. Viéndose harto el raposillo, llegó al lobo, y saludándolo, dijo: señor, si alguna cosa mandas, yo la cumpliré con gusto; y supuesto que yo ya sé lo suficiente, y lo que me basta para buscar la vida, pídote licencia para ir á vivir con mi madre. El lobo respondió: hijo, no quiero que te vayas, porque yo sé que te pesará si te fueres tan poco instruido. Respondió el ahijado: pues sé lo que me basta, no estaré mas aquí. Y viendo el lobo que absolutamente queria irse, díjole: véte en paz, pero vuélvote á decir que te pesará de ello ántes de poco tiempo, y supuesto que te quieres ir, darás muchas memorias á mi comadre. El raposillo se fué para su madre, la cual viéndole, díjole: ¿por qué te vienes tan pronto de tu escuela? Respondióle el raposillo: véngome, porque me hallo bastante instruido, y he aprendido tanto, que yo podré mantener á tus hijos sin trabajo alguno. Preguntóle la madre: hijo, ¿cómo has aprendido tan pronto? Respondió él: no puedo satisfacerte con razones, la práctica te lo dirá levántate y sígueme, y verás como he salido buen maestro.
La madre, aunque no confiaba en que su hijo se hubiese instruido tan presto, no obstante para complacerle y darle gusto, le siguió. Hizo entonces el raposillo lo mismo que vió hacer al lobo; se fué de noche á las ovejas para tomar una de ellas, y como no pudo, se subió á un monte cerca de un lugar, y dijo á la madre: ya sabes que estoy cansado y fatigado, y así me dormiré un poco. Tú velarás esta noche, y mira cuando salieren las bestias á pacer, y cuando las vieres, despiértame, y tú verás entonces lo que yo sé, y lo que he aprendido. Cerca de la mañana llama la raposa á su hijo, el cual respondió: ¿qué quieres, madre? Ella dijo: mira que salen los puercos á pacer. Respondió su hijo: no hagamos caso de ellos; porque son sucios y fastidiosos, y con sus cerdas dañan al gaznate cuando se comen. Una hora despues llamó otra vez la madre á su hijo. Y él respondió: ¿por qué no me dejas dormir un poco, pues sabes que estoy cansado? Ella le dijo: las vacas salen del lugar. Respondió el raposillo no hagamos caso de ellas, madre mia, porque sus pastores son muy vigilantes y las guardan muy bien, los perros que llevan son muy feroces y muy fuertes. Apenas hubo pasado una hora, que llamó otra vez la madre á su hijo, diciéndole que se levantase. El raposillo dijo: ¿qué es esto, madre mia? Ella respondió: las yeguas que salen á pacer. A esto respondió el raposillo con mucha alegría: mira, madre, á donde irán. Dijo la raposa: hijo, han entrado en un prado cerca del monte. Entonces se levantó el raposillo, y dijo á la madre: ahora verás lo que he aprendido, quédate aquí, y mira lo que haré. Se fué el raposillo, y llegó al lugar donde las yeguas pacian, y envistió á una de las mas gordas tomándola por las narices para ahogarla y matarla como lo hizo el lobo; pero la yegua no sintiendo el peso del raposillo, comenzó de correr hacia los pastores, llevándolo colgado de sus narices, donde tenia sus dientes hincados. Viendo esto la raposa desde lo alto del monte, comenzó á gritar: ó hijo mio, suelta la yegua, y vuélvete acá; mas no pudiendo el raposillo sacar los dientes, que tenia bien clavados en las narices de la yegua, le arrastraba la yegua por fuerza. Y cuando vió la raposa que los pastores iban corriendo á matar á su hijo, se puso á gritar llorando: ¡ay de tí, hijo mio! ¿por qué te saliste tan presto de la escuela? ¿Por qué no te quedaste mas tiempo con tu maestro el lobo? Ahora morirás, y dejarás á tu madre sin consuelo. Estando en estos sentimientos la raposa, llegaron los pastores, y con palos y piedras mataron al raposillo.
El necio piensa que todo lo sabe, y el atrevido al cabo lo paga. De saber mucho no te precies, y aunque en ciencia crezcas, jamas tú te ensoberbezcas. Es muy propio de los sabios, el pensar que nada saben.