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Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores/La raposa y el lobo pescador

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Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores: arregladas a la última ortografía de la academia, mejoradas y añadidas en esta nueva edición (1845)
de Esopo
La raposa y el lobo pescador

La Raposa y el Lobo pescador.

Estando la raposa comiendo un pescado cerca de un rio, llegó un lobo con hambre, y pidió que le diese parte del pescado que comia. La raposa le dijo: señor, no me hables de esto, porque no te seria muy decoroso, que tú comieses de las sobras de mi mesa; no quiera el cielo, que te abandones en tanto grado; pero quiero darte un consejo. Tráeme aquí una cesta, y te enseñaré á pescar: de manera, que cuando te faltare de comer, á lo ménos no te faltará pescado para alimentarte. Oyendo estas razones el lobo, se fué al primer lugar, y hurtó una cesta bien grande, y trájola á la raposa, la cual la ató á la cola del lobo, y díjole: entra en el agua, y anda tú adelante con tu cesta arrastrando, y yo iré detras moviendo los peces, y así sabrás pescar, como tambien sabes cazar. El lobo creyendo á la raposa, entró en el rio con su cesta atada al rabo, y la raposa iba detras echando piedras dentro de la cesta; y estando ya llena la cesta de piedras, dijo el lobo: qué es esto, cómo está tan llena la cesta que no puedo moverla? Respondió la raposa: amigo, doy gracias á los cielos, porque has salido buen pescador: espera un poco, mientras voy á buscar quien nos ayude á sacar este pescado. Entonces se fué la raposa al lugar, y dijo á los hombres: ó hombres, qué haceis aquí? Yo vengo á traeros una buena nueva, y es que el lobo, que os come vuestros ganados, no contento de ello, aun saca los peces de vuestro rio. Oyendo esto fueron todos con los perros, lanzas y palos al rio á encontrar al lobo. Así que le vieron de aquella manera, le hirieron de muerte, y uno de ellos, queriendo darle una cuchillada, erró el golpe y le cortó la cola. Entónces viéndose el lobo libre y sin cola, escapó medio muerto, y se refugió en la montaña. En este tiempo acaeció, que el leon se hallaba en aquellas montañas muy enfermo, al cual iban á visitar todas las bestias. Fué tambien el lobo desrabado y pescador, el cual dijo al leon: mi señor y mi rey, yo he andado hasta ahora buscando medicina para tu salad, y no la he hallado; pero he sabido que hay en esta provincia una raposa de particular virtud para curar toda suerte de enfermedades, llámala y quítale el pellejo, de manera que quede viva, y envuélvete el vientre y el estómago con él, y luego estarás sano. La raposa tenia la cueva allí cerca donde moraba el leon, y oyó todas estas palabras, y cuando el lobo salió de la cueva, se cubrió toda de lodo y estiércol, y se fué á encontrar el leon, y díjole: señor, suplícote, que no me hagas daño. No tengas miedo, dijo el leon, pero llégate mas acá, que te quiero buscar y decirte un secreto. La raposa le dijo: ya ves, señor, que con la priesa que he venido á visitarte no he tenido tiempo de limpiarme y estoy llena de lodo y porquería, y me da vergüenza el acercarme á tí, y temo causarte enojo y hastió. Mira, yo me limpiaré primero, y despues vendré á tí, y me dirás lo que quieres, pero antes que me vaya, te quiero decir la causa de haber venido con tanta priesa. Yo he andado casi por todo el mundo buscando medicina para curar tu dolencia, y me ha dicho un físico griego de Atenas, que en esta provincia hay un lobo sin cola, grande y muy gordo, al cual quitaron la cola para cierta medicina, que dicen tiene particular virtud para curar toda suerte de enfermedades. Así puedes tú llamarlo, y cuando le tengas en tu presencia, puedes quitarle el cuero dejándole vivo; con la advertencia que le dejes la cabeza y los pies por desollar porque me han prevenido que estas partes eran ponzoñosas, y con su cuero envuelve tu vientre, y luego estarás sano y alegre: y dichas estas palabras se partió. Poco despues vino el lobo, y acercándose al leon, este le cogió, le quitó el cuero, y caliente se lo aplicó al vientre, conforme la raposa le habia dicho. El lobo así desnudo y sin pellejo, se fué á la montaña, luego las abispas y moscas comenzaron á picarle, y á morderle bárbaramente, y huia sin saber á donde iba. La raposa que estaba en una peña alta, llamándole con gran risa, le decia: ¿Quién eres tú, que vas con el sombrero en la cabeza y guantes en las manos en tiempo tan caloroso, y huyes sin saber lo que te haces? Escucha esto que te digo: Cuando estuvieres en casa, habla bien de tu amo y señor; y cuando fueres á la corte, dí bien de todos, y si no quieres decir bien, no digas mal.

Nunca la venganza es permitida. Cuando alguno te ha injuriado, y no puedes remediarlo, lo mejor es olvidarlo.