Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores/La sentencia de una casa
La sentencia de una Casa.
Un hombre estando cercano á la muerte dejó á su hijo en el testamento una sola casa que tenia. El hijo vivia de su trabajo, y algunas veces padecia hambre; pero nunca queria vender su casa por tener una memoria de su padre. Un vecino suyo, que era rico y codicioso, procuraba todos los medios para poseer dicha casa, pero conociendo el mozo sus astucias y engaños, huia de su compañia para que no lo engañase. Un dia el vecino llegóse al mozo, y le dijo: supuesto que tú no me quieres vender la casa, á lo menos te pido que me alquiles una parte de ella, para tener allí diez toneles de aceite, y tú me los guardarás. El mozo no temiendo ningun engaño, alquilóle una cámara de su casa, y se fué á trabajar. Mientras él estaba fuera de su casa, entró el vecino en ella cinco toneles llenos de aceite, y otros cinco medio llenos, y cuando el mozo llegó, le entregó las llaves de la cámara, y díjole: á tí te encomiendo estos diez toneles llenos de aceite, guárdalos bien, saludóle, y se fué. El mozo creyó que todos los diez toneles estaban llenos, porque no pensaba que un hombre le engañase. Pasado algun tiempo, cuando el aceite se vendia muy caro, dijo el vecino al mozo: saquemos el aceite que está en tu casa para venderlo, y te pagaré el alquiler. Fueron los dos á sacar el aceite, y hallando cinco toneles llenos y cinco medio llenos, dijo el vecino al mozo tú me has robado el aceite que te encomendé. El mozo dijo entonces: señor, yo no he robado el aceite. Oyendo esto el vecino, le acusó ante el juez. El mozo respondió á la acusacion, y dijo: que no negaba haber recibido los diez toneles de aceite; pero que él era inocente, y que pedia tiempo para responder y probar su inocencia. El juez le concedió la dilacion precisa; y durante este tiempo fué á pedir consejo á un filósofo hombre de bien y abogado de los pobres, y declarándole toda la verdad del hecho, afirmóle con juramento que era injustamente acusado. El filósofo conociendo la sencillez y verdad del mozo, movido de compasion, díjole: hijo, confia, que yo te ayudaré; pues la verdad debe ser preferida al engaño, y se fué con él ante el rey, el cual habiendo oido una y otra parte, dijo el rey al filósofo: te cometo esta causa para que tú dés una sentencia justa. El filósofo obedeciendo el mandamiento del rey, dijo de esta manera: el vecino es hombre rico y de buena fama, y no podemos pensar que pida una cosa injusta; pero tampoco podemos creer que este mozo de quien no hemos oido jamas cosa mala, haya robado el aceite. Así pues para que se evidencie la verdad, véase la cantidad de heces que hay en los cinco toneles llenos, y las que hay en los cinco medio llenos. Si las cantidades son iguales, seguramente el mozo habrá robado el aceite; si son desiguales no habrá nunca habido en los medios llenos tanto aceite como dice el vecino, y así habrá engaño sin dada de parte del vecino. Se hizo la prueba, y se hallaron dobladas heces en los toneles llenos que en los otros medio llenos. Entónces reprendieron al vecino y dando muchas gracias al filósofo dejaron en paz al mozo.
Cuando no tengas razon, no reine en tu pensamiento algun loco atrevimiento.