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Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores/La sentencia justa

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Fábulas de Esopo, filósofo moral, y de otros famosos autores: arregladas a la última ortografía de la academia, mejoradas y añadidas en esta nueva edición (1845)
de Esopo
La sentencia justa

La Sentencia justa.

Un rico mercader perdió una bolsa con mil florines en una calle. Un hombre pobre la halló, la llevó á su casa, y la dió á su muger para que la guardase. La cual dijo con mucha alegría: no tegas miedo que los dé á nadie; si el Señor nos dió estos bienes, guardémolos. Otro dia se pregonó por la ciudad, que un hombre habia perdido mil florines, y que prometia cien florines de hallazgo al que se los restituyese.

El hombre que los halló, dijo á su muger: volvamos estos mil florines, y tendrémos los cien que nos dan de hallazgo, los cuales nos aprovecharán mas que los mil, pues los retendríamos injustamente, y los dieron al que los habia perdido. El mercader asi que los vió, dijo al pobre: aun no me has vuelto lo que hallaste, pues faltan aquí cuatrocientos. El pobre decia que no habia hallado mas de los mil. Estando en esta contienda se fueron ante el juez, en cuyo poder depositaron los mil florines. Mandó el juez que un filósofo decidiese la cuestion. El filósofo dijo al pobre amigo, díme la verdad, ¿hallaste mas de los mil florines? Respondió el pobre: sabe Dios que restituí todo cuanto hallé. Entónces dijo el filósofo este hombre es rico, de buen crédito, y muchos testigos trae, no es de creer que pida sino lo justo, y aquello que realmente perdió. Este pobre tambien tiene buena fama, al cual no menos se debe creer, mayormente habiendo vuelto estos mil florines que habia hallado en la calle, los cuales pudiera retener, si quisiera, y dice haber vuelto todo lo que halló. Por tanto mi sentencia es que se den cien florines al pobre, porque ha entregado los mil, y que se pongan en depósito los restantes; porque segun parece no son los que perdió el mercader, pues dice que perdió mil cuatrocientos, y cuando parezcan se le darán. Esta sentencia gustó á todos los que estaban allí presentes. El mercader dijo entónces: señor, yo confieso mi culpa, y voy á deciros la verdad. Estos mil florines son mios, pues yo queria defraudar á este pobre los cien florines que le habia prometido. El juez por un efecto de su clemencia, mandó que se volviesen los mil florines, descontando los cien que habian dado al pobre.

Cumple siempre la palabra, aunque la dés á un moro, pues es un precioso tesoro. Guárdate de prometer; mas si prometer quisieres, cumple lo que prometieres.