Fábulas de la vida del sabio y clarísimo fabulador Esopo/Del Rustico, de la Raposa, y del Queso
FABULA IX.
Del Rustico, de la Raposa, y del Queso.
Las cosas ciertas no son de dexar, por esperanza de las inciertas, como el lobo hizo; y as mismo no debe hombre poner sus negocios en poler de Juez falso: porque los malos Jucces con poca cosa se corrompen, como el raposo aqui, de lo cual habla esre exemplo. Era un Labrador que tenia unos bueyes, los cuales con gran traba o hacía arar derechamente: muehas veces decia: Aora vos comiesen los lobos, porque no quereis andar sino tuertamente. Un lobo, ovendo esto, estuvo todo un dia esperando cuando se los daria el labrador; mas como vino la noche, vió el lobo que en valde havia esperado; que el labrador desuñó los bueyes, y los embió para su casa Y asi dixo al labrador: Pues tantas veces me has prometido los bueyes, este dia cumple lo que prometiste, y yo estoy presto para los recib r. Respondió el Labrador: por palabra general te los prometí, la cual no me obliga, pues no afirme con juramento. Al cual dice el lobo No te partir s de aqui, si la fé no me guardas, sobre lo cual contendieron largamente: mas en fin acordaron, á que su cuestion se viese por Jucces arbitrtos Ellos, yendo buscando sus Jueces, encontraron una raposa, la cual les preguntó: Donde es, amigos, vuestro viage: Por los cuales fue todo el hecho, y cuestion recontado por extenso y ella les dice: Para esto no debeis buscar Jueces, por cuanto yo misma juzgaré entre vosotros muy bien: y porque yo sea mejor informada, y determine mejor y mas brevemente la euestion vuestra, quiero hablar con cada uno de vosotros apartadamente; y si esto vos placera, otorgadlo, donde no, ahi vos quedad, que busqueis despues otro Juez. Respondieron ellos que eran contentos. La raposa comenzó a hablar primero con el labrador, al cual dice: Tú me dar s un par de gallinas para mí, y yo haré que tus baeyes sean seguros, y tu quedes salvo del prometimiento Y como el la: brador consintiese esto, dixo al lobo, apartate: Oyeme, amigo, porque yo soy encargo á ti, por las buenas obras que de ti he recibido en tiempo pasado: yo he trabajado con el labrador, y lo he inducido á que te haya de dar un queso, porque te desistas de la accion que has contra el sobre los bueyes, y lo dexes en paz; á la cual no menos otorgó el lobo, agradeciendoselo mucho. La raposa, mandando al labrador ir con sus bueyes, dixo al lobo: irás conmigo, y llevartehe a un lugar, donde hallarás el queso; y asi llevó al lobo por acá, y por aculla, en tanto que la Luna saliese; y salida la Luna, lo llevó á un pozo, donde le mostró la sombra de la Luna dentro del agua, y dixcle: Amigo, cata aqui un buen queso grande, y escogido, deciende por él, y sacalo contigo. Respondió el lobo: O hermana, tú me debes presentar el queso en mi poder, por donde desciende tú, y si no pudieres con él subir, yo te ayudaré La raposa consintiendo en esto con engaño, estaban sobre el pozo dos herradas atadas en una soga, con que sacaban agua, de tal modo, que cuando la una baxaba, la otra subia. Y como la raposa entró en la herrada, descendió en ella dentro en el pozo, y alli estuvo buen espacio, á la cual preguntó el lobo: Dime, amiga, por qué tardas tanto, y no sacas el queso? Y sospechaba que la raposa sola quisiese comer el queso, al cual ella responde: Tan grande es, que no le puedo sacar sola, por donde cumple que entres en la otra herrada, y deciendas acá para me ayudar. El lobo, entrando en la errada, comenzó de abaxar; y porque era mas pesado que la raposa, hizo subir la otra herrada con la ra- [ posa; y desde que se vió ella á la boca del pozo, con mucho gozo saltó donde, dexando al lobo dentro en el pozo. Y asi el lobo dexó d bien presente, por el venidero, y incierto, creyendo al falso medianero, perdió los bueyes, y el queso no alcanzó. Por donde no quieras dexar lo cierto por lo incierto, y no pongas tus hechos en poder de los malos Jueces, y medianeros.