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Francisco de Goya (Muther)/IV

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CAPITULO IV

Goya como grabador

Lo que no llegó á expresar como pintor lo expresó como grabador: esto es lo que siempre acontece cuando un artista de imaginación poderosa empuña el buril.

El lento procedimiento del pincel no les satisface: necesitan un medio que les permita exteriorizar sus impresiones con mayor facilidad y más directamente. Y Goya comprendió que el grabado es una poderosa arma ofensiva. Así, pues, si bien al principio sólo lo empleó para reproducir los cuadros de Velázquez, pronto hizo que se convirtiera en sus manos en un dardo emponzoñado que clavaba en donde quería. Entonces fué cuando hizo aquellas célebres planchas, gracias a las cuales se extendió su fama por todo el mundo, que ya había aprendido á conocerle y á apreciarle como pintor; aquellas planchas, en las que derramó toda su bilis, en las que manifestó todos los

DUENDECITOS
(Agua fuerte de los Caprichos)

deseos y aspiraciones de su alma, en las que expresó todo el desprecio que le inspiraban los hombres que veía en torno suyo. Lo mismo que el toro que embiste en cuanto ve delante un trapo rojo, Goya arremete contra todo lo que le indigna con la frenética furia del toro. La primera colección de estas obras, que apareció en 1797, titúlase Los Caprichos. Difícil es explicarse lo que quiso significar con este nombre. Porque Goya no tiene nada de común con los moralistas que aparecieron en todo el mundo á fines del siglo XVIII. En Francia, Greuze trabajó cuanto pudo por mostrar á aquella corrompida aristocracia las bellezas de la virtud y la fealdad del vicio. En Inglaterra, Hogarth tenía constantemente levantado sobre el alcohólico proletariado el inflexible látigo de la moralidad, y consideraba cumplida su misión si con sus obras conseguía llevar al buen camino á alguna muchacha extraviada, ó convertir á algún devoto del aguardiente en un elocuente defensor de la templanza. Sé honrado y casto. No hagas mal á tu prójimo. No traiciones á tu amigo; tal es la doctrina contenida en sus obras. Los trabajos de Goya también son una violenta sátira contra las costumbres sociales, políticas y religiosas de su época. Sus fustazos van contra la presunción y el libertinaje, contra el servilismo de los cortesanos y la venalidad de los empleados, contra la hipocresía y la estupidez del pueblo.

¡Pero cuánto se diferencia de Greuze y de Hogarth como artista y como pensador! Las obras de éstos son verdaderos sermones de moral. Con ellas pretenden probar la conveniencia de que los matrimonios vivan en santa paz, de que los hombres se arrepientan de sus pecados y de que todo el mundo honre á sus padres. La verdad es que nosotros debíamos agradecerles mucho estos consejos; pero hace mucho tiempo que sabemos todo esto, porque está muy bien explicado en los Mandamientos.

Los aguafuertes de Goya están inspirados en un espíritu completamente distinto. Goya no quiere encerrar á la humanidad en la estrecha jaula de una moral mezquina. No, su buril no sigue el camino trazado por Freedom. Es el precursor de Nietzche que nos habla con energía, que lucha con valor, que ataca atrevidamente los cimientos del formulismo existente.

Son asombrosos esos aguafuertes en los que presenta beatas é hipócritas devotos que adoran con ridículos visajes una imagen horrible, ó frailes que recitan entre dientes, con estúpida indiferencía, las oraciones cotidianas.

El más extraño, el más fantástico de todos estos aguafuertes es seguramente aquel en el que un cadáver se incorpora en su tumba para escribir con sus yertos dedos la palabra Nada.

Y sin embargo, Goya tuvo el atrevimiento de dedicar esta colección á Carlos IV; — delicada manera de burlarse de la estupidez del rey, incapaz de comprender el sentido de aquellas planchas. Y para que todo sea singular en este artista, su arte no afecta jamás el enfadoso carácter didáctico. Goya llama á estos trabajos Colección de Caprichos; y con efecto, en estos aguafuertes no se limita á dar áridas lecciones de moralista, sino que hace alarde de una imaginación poderosísima. Así, pues, aun cuando no se comprenda el significado de algunos de ellos, no hay más remedio que admirar la prodigiosa maestría con que están tratados los asuntos, de tal manera, que lo más monstruoso presenta un aspecto artístico, lo más extravagante, lo más grotesco parece mágica evocación de la realidad. Todas estas formas se agitan, desfilan ante nosotros como las sombras de temerosa pesadilla, de tétrico espectáculo; y lo que contribuye á aumentar nuestra ilusión es el absoluto dominio que de la técnica del grabado posee el artista. Porque mezclando con la punta seca el aguatinta enriqueció el grabado con un nuevo medio de expresión y dió al clarobscuro una mágia que el mismo Rembrandt difícilmente puede desplegar.

YA VAN DESPLUMADOS
(Agua fuerte de los Caprichos).