Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos: Capítulo XX

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418 (202). Llamo derivados verbales ciertas especies de nombres y de adverbios que se derivan inmediatamente de algún verbo y que le imitan en el modo de construirse con otras palabras. No hay más derivados verbales que el infinitivo, el participio y el gerundio.


Infinitivo

419 (203). El infinitivo es un derivado verbal sustantivo, que termina constantemente en ar, er o ir: así de compro sale comprar, de vendo, vender, de parto, partir.

420 (a). Aseméjase en su significación a los sustantivos abstractos. Temer y temor, por ejemplo, expresan una misma idea; como comprar y compra, correr y carrera, ir e ida, venir y venida. El infinitivo conserva el significado del verbo, despojado de las indicaciones de número y persona; si denota atributo, no es el del sujeto de la proposición; y si da algún indicio de tiempos, lo hace de otra manera que el verbo, como luego veremos.

421 (b). El infinitivo ejerce todos los oficios del sustantivo, sirviendo ya de sujeto, ya de predicado, ya de complemento, ya de término. «Cosa muy agria parece a los malos comprar bienes futuros con daños presentes» (Granada): el sujeto es comprar, especificado por los dos complementos bienes futuros y con daños presentes. «El reino de Dios no es comer ni beber, sino paz y justicia» (Granada): comer y beber predicados, que modifican al verbo es no de otra manera que lo son paz y justicia, ligados a los dos precedentes por la conjunción sino; el sujeto es el reino de Dios.

«Quiero imitar al pueblo en el vestido, En las costumbres sólo a los mejores».

(Rioja)

Imitar, modificado por las palabras que siguen, es complemento acusativo de quiero; «Los mal intencionados tomaron las armas para echar a los buenos de la villa» (Coloma): echar, término de la preposición para.

422 (c). Finalmente, aunque el infinitivo, mientras conserva el carácter de tal, se construya con adjetivos precedentes a la manera de los sustantivos ordinarios, como antes (§ 188) se ha observado, en todas sus otras construcciones imita al verbo de que se deriva. Las construcciones características del verbo y que sólo le son comunes con los derivados verbales, consisten en llevar sujeto, complemento acusativo y afijos o enclíticos; verbigracia, «Informado el general de estar ya a poca distancia los enemigos, mandó reforzar las avanzadas»: enemigos es el sujeto de estar, como lo sería de estaban si se dijese de que los enemigos estaban a poca distancia; y las avanzadas es complemento acusativo de reforzar, como lo sería de reforzó si se sustituyese este verbo a la expresión mandó reforzar. Pónganse otros sustantivos en lugar de los infinitivos, y será preciso variar la construcción: «Sabiendo el general la aproximación de los enemigos, ordenó el refuerzo de las avanzadas»; y si antes se hubiese hablado de avanzadas, se diría, mandó reforzarlas. Diferénciase asimismo el infinitivo de los otros sustantivos en que se construye con adverbios: «Para administrar bien los intereses de la sociedad, es preciso conocerlos perfectamente»; sustitúyase a los infinitivos otra especie de sustantivos, y diremos: «Para la buena administración de los intereses sociales, es necesario el conocimiento perfecto de ellos»: bien pasa a bueno, los intereses a de los intereses, los a de ellos y perfectamente a perfecto, porque no es propio de los sustantivos que no son derivados verbales al construirse con adverbios o complementos acusativos ni con afijos o enclíticos.

423 (d). Con todo, el construirse con adverbios no es propiedad tan peculiar del infinitivo entre los nombres sustantivos, que no lo hagan de cuando en cuando otros nombres de la misma clase, que nacen de verbos, y conservan su significación en abstracto: «Su residencia lejos de la patria»; «Mi detención allí».

424 (e). El infinitivo en estas construcciones verbales participa de la naturaleza del verbo: «Estar ya a poca distancia los enemigos» es una forma abstracta que damos a la proposición «estaban ya a poca distancia los enemigos»; y en esta forma abstracta el infinitivo es a un mismo tiempo sustantivo y atributo; pero sólo es atributo de su peculiar sujeto (los enemigos), no precisamente del sujeto de la proposición.

425 (f). La proposición trasformada así deja de serlo en cuanto pierde su relación de tiempo con el acto de la palabra, como es propio de todas las proposiciones en castellano. El infinitivo, a la verdad, significa presente o futuro, pero no, como el verbo, respecto del momento en que se habla, sino respecto del verbo a que está asociado en la proposición: presente, como en le veo salir, le vi salir, le veré salir, porque el salir coexiste con el ver; futuro, como en pienso salir, pensé salir, pensaré salir, porque el salir es necesariamente posterior al pensar; y por estos ejemplos se manifiesta que el denotar unas veces presente y otras futuro, depende de la significación del verbo a que se refiere.

426 (g). Nos valemos del infinitivo para designar el verbo de que se deriva: así amar, aunque no es verbo, es el nombre con que señalamos al verbo amo, amas, ama, prescindiendo de sus formas particulares de persona, número, etc.


Participio

427 (204). El participio es un derivado verbal adjetivo, que tiene variedad de terminaciones para los números y géneros; las cuales son siempre en o, a, os, as, y comúnmente en ado, ada, ados, adas, o ido, ida, idos, idas. Así de los verbos compro, vendo, parto, pongo, escribo, salen los participios que figuran en estos ejemplos: fue comprado el jardín, tengo vendida la casa, los terrenos comprados, las heredades vendidas, partida entre los hijos la hacienda; puestos en almoneda los bienes, escritas las declaraciones.

428 (205). El significado del verbo experimenta a menudo en el participio adjetivo una inversión notable. Una casa, término de complemento acusativo en edificar una casa, se hace sustantivo del participio en una casa edificada; edificar representa una acción, edificada una cualidad producida por ella; en otros términos, edificar tiene un sentido activo, edificada un sentido pasivo.

429 (206). Sucede también que el que era sujeto del verbo pasa a complemento del participio con la preposición por o de: yo edifico una casa, una casa es edificada por mí; todos entienden eso, eso es entendido de todos.

430 (207). Las construcciones en que el verbo tiene un complemento acusativo, se llaman activas. Si este complemento pasa a sujeto, y el participio que se deriva del mismo verbo invierte su significado y concierta con el sujeto, la construcción es pasiva. Los circunstantes oyeron el discurso, construcción activa; El discurso fue oído por los circunstantes, construcción pasiva.

431 (a). El participio, si invierte el significado del verbo, no puede construirse como él, sino en cuanto esa inversión lo permita. No admite, pues, como el infinitivo, el sujeto de su verbo, ni complemento alguno acusativo. Pero conserva el complemento dativo: «Os entregaron la carta»; «Os fue entregada la carta». «Reveláronme el secreto»; «Fueme revelado el secreto». Los afijos y enclíticos, según se ve en estos ejemplos, no van con el participio adjetivo, sino con el verbo de la proposición.

432 (208). Hay participios adjetivos en que no se invierte la acción del verbo; de manera que siendo pasivos por su forma, por su significado no lo son. Deponen, pues, la significación pasiva, y pueden llamarse deponentes. Nacido, nacida, muerto, muerta, son participios deponentes, porque decimos nacida la niña, muertos los padres, siendo la niña la que nació y los padres los que murieron. Los verbos que, como nacer, morir, y otros muchos, no se prestan regularmente a la inversión pasiva, no pueden tener sino participios deponentes.

433 (a). Pero aunque el verbo admita la inversión pasiva, puede suceder que el participio en ciertas circunstancias la deponga. Comparando estas dos oraciones, yo agradecí tus beneficios y tus beneficios fueron agradecidos por mí, se echa de ver que en agradecidos se invierte el significado de agradecer: la primera construcción es activa; la segunda pasiva. Pero cuando se dice yo quedé muy agradecido a tus beneficios, no hay tal inversión: el agradecido soy yo, es decir, la persona misma que agradece.

434 (209). El participio se sustantiva cuando se construye con el verbo haber, y entonces no sólo toma el significado de su verbo, sin invertirlo, sino que además admite todas sus construcciones de cualquiera especie que sean; y así se dice: «Les he referido el suceso y no me lo han creído; habrales parecido inverosímil». Les en la primera proposición es un dativo afijo; me en la segunda dativo, y lo acusativo, ambos afijos; y en la tercera les dativo enclítico. Todos estos casos complementarios van con el verbo, y no con el participio, sin embargo de ser modificaciones del participio y no del verbo, cuyo significado radical es siempre uno mismo.

435 (a). Díjose antiguamente he leída tu carta, he comprados algunos libros, de la misma manera que hoy se dice tengo leída tu carta, tengo comprados algunos libros; cosa sumamente natural, supuesto que haber significaba, como hoy significa, lo mismo que tener.

436 (b). Pero hace ya siglos que el participio combinado con las varias inflexiones de haber lleva una terminación invariable, que es la masculina de singular: «He visto una bella comedia»; «Habíamos experimentado grandes contratiempos»; «Hubieras evitado muchas pesadumbres, si hubieses reprimido la mala conducta de tus hijos».

437 (210). De esta manera se hizo el participio independiente del acusativo, y combinándose con las inflexiones de haber sirvió solamente para dar nuevas formas a la conjugación de los otros verbos. Fue entonces natural que se usase sin acusativo alguno, como en he comido, han escrito; y que se diese participio aun a verbos que no llevan acusativo, sino en circunstancias excepcionales, o nunca, como ser, permanecer: «Habrías sido feliz si hubieses permanecido en tu patria».

438 (211). Reconoceremos, pues, dos especies de participio: el que para diferenciarlo llamaremos participio adjetivo, y el participio sustantivado, que es el que se emplea con el verbo haber. Este segundo es en grado eminente un participio, porque participa de la naturaleza verbal, acomodándose a todas las construcciones del verbo de que nace.

439 (a). Conviene atender a las relaciones de tiempo indicadas por el participio, ya adjetivo, ya sustantivado. Generalmente significa anterioridad al tiempo del verbo con el cual se construye, cualquiera que sea la relación de tiempo en que se halle este verbo respecto del acto de la palabra, es decir, respecto del momento en que lo proferimos. Por ejemplo: «El palacio está destruido», indica que el hecho de destrucción ha sido anterior al momento en que esto se dice; pero es porque se construye con está, que coexiste con ese momento; al paso que «El palacio estará destruido antes de poco» señala el hecho de la destrucción como anterior a cierta época futura, porque estará significa futuro. De la misma manera, «El palacio, cuando yo lo visité, estaba destruido», hace mirar ese hecho como anterior a una época ya pasada, porque estaba denota una época coexistente con el tiempo de mi visita, que es cosa pasada.

440. Cuando el participio adjetivo se junta con el verbo ser, no es así: el participio significa entonces coexistencia con la época significada por este verbo. Así en la casa es edificada, el hecho de edificar es presente; en será edificada, futuro, y en fue edificada, pretérito.

441 (b). El participio se sustantiva algunas veces combinándose con las varias inflexiones del verbo tener, mas para ello se necesita que envuelva una significación pasiva, y que haya un acusativo tácito indeterminado a que mentalmente se refiera; porque, si lo hubiese expreso, concertaría con él como otro cualquiera adjetivo. Cuando se dice, verbigracia «Les tengo escrito largamente sobre esa materia», sin expresar la cosa o cosas escritas, se suple mentalmente lo que era menester, lo que convenía, o cosa semejante. De que se sigue que no es admisible esta especie de participio sustantivado, cuando el verbo de que nace el participio no suele regir acusativo, o por lo menos no lo pide en las circunstancias del caso. No podría, pues, decirse «tengo sido cónsul en Hamburgo», o «Tenían adolecido de la epidemia reinante», o «El enfermo tiene comido con apetito». El participio combinado con inflexiones del verbo tener, y sustantivado del modo dicho, no es el participio sustantivado propiamente tal, que combinado con inflexiones de haber, nunca se toma en sentido pasivo, y admite todas las construcciones de su verbo, sin excepción alguna; al paso que el participio combinado con el verbo tener y sustantivado del modo dicho, no sufre otras que las de dativo y las demás que son compatibles con la inversión de su significado, como se ve en el primer ejemplo.


Gerundio

442 (212). El gerundio es un derivado verbal que hace el oficio de adverbio, y termina siempre en ando, endo, como comprando de comprar, vendiendo de vender, partiendo de partir; terminaciones que los participios no toman nunca.

443 (a). Su significado es como el del infinitivo, por cuanto representa la acción del verbo en abstracto; pero su oficio es diverso, por cuanto modifica al verbo de la misma manera que lo hacen los adverbios y complementos, significando un modo, una condición, una causa, una circunstancia. «Andando los caballeros lo más de su vida por florestas y despoblados, su más ordinaria comida sería de viandas rústicas»: el primer miembro de esta frase indica la causa de lo que se dice en el segundo, de la misma manera que un complemento lo haría: «La más ordinaria comida de los caballeros era de viandas rústicas, por la costumbre que tenían de andar», etc. Andando tiene sujeto, los caballeros, que es el mismo que daríamos a su verbo, diciendo: Los caballeros andaban lo más de su vida, etc.

«Los cabreros, tendiendo por el suelo unas pieles de ovejas, aderezaron su rústica cena». Tendiendo lleva el acusativo unas pieles de ovejas.

«Faltándoles absolutamente los víveres, se rindieron a discreción». El gerundio, además de construirse con un sujeto peculiar suyo, los víveres, es modificado por un adverbio y por un caso complementario dativo; exactamente como lo sería el verbo de que nace si dijéramos: Faltáronles absolutamente los víveres.

444 (b). Sirve, pues, el gerundio para dar a una proposición la forma y oficio de adverbio. Participa de la naturaleza del verbo, sin serlo verdaderamente, porque, si bien significa un atributo de la proposición que en cierto modo lleva envuelta, no significa el atributo de la proposición expresa en que figura. En el ejemplo anterior el sujeto es ellos, subentendido; y todas las palabras expresas, incluso el mismo gerundio, componen el atributo de la verdadera proposición; el gerundio modifica la frase verbal tuvieron que rendirse a discreción, denotando una circunstancia, una causa.

445 (c). El gerundio puede ser término de la preposición en: «en amaneciendo, saldré».

446 (d). El tiempo significado por el gerundio coexiste con el del verbo a que se refiere, o es inmediatamente anterior a él. Así en los ejemplos precedentes, el andar los caballeros por despoblado coexiste con el ser su comida de viandas rústicas, y el tender las pieles precede inmediatamente al aderezar la cena. Esto último es lo que siempre sucede cuando el gerundio es término de la preposición en.

447 (e). Los gerundios toman a veces la inflexión y significado de diminutivos: corriendito, callandito. Dejan entonces el carácter de derivados verbales, y se hacen simples adverbios, que no admiten las construcciones peculiares del verbo.