Gramática teórica y práctica de la lengua castellana: Parte primera. Sección primera. Capítulo II

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CAPÍTULO II.
Del nombre sustantivo.

62. Ya se dijo en el párrafo 29 qué se entiende por nombre sustantivo.

63. Por razón de su extensión se divide en genérico, colectivo, individual, común y propio.

64. El nombre genérico expresa toda una clase de individuos, la cual puede ser género ó especie. La especie es una multitud indefinida de individuos que convienen en alguna propiedad característica. Género es el conjunto de dos ó más especies que tieneh una propiedad común. Animal es un nombre genérico y lo son igualmente árbol y casa.

65. El nombre colectivo expresa siempre un conjunto de individuos de la misma especie. A diferencia del genérico no puede aplicarse á un individuo de la colección. Con igual propiedad se dice: "el hombre es racional" que "este hombre es racional" ó bien "este individuo es hombre" pero el colectivo ejército no puede aplicarse á uno solo de los individuos que lo forman; y así no podrá decirse: este soldado es ejército; de aquí se infiere que lo que se afirme de la colección como tal, no puede afirmarse de cualquier individuo de ella.

Esto no obstante, los colectivos también son genéricos, siempre que puedan afirmarse en el mismo sentido de varios conjuntos ó colecciones; y así ejército es nombre genérico, puesto que hay muchos ejércitos.

66. El colectivo se divide en determinado en cuanto al número, como docena; determinado en cuanto á la especie, como concilio, congreso, gente. Este último también puede significar individuos. En este sentido dijo Bretón de los Herreros en una de sus comedias: "aquí no nos comemos á las gentes" El mismo plural lo empleó como colectivo Amador de los Ríos, en la acepción de pueblos ó naciones.

Determinado en cuanto al número y en cuanto á la especie como quincena, espacio de quince días, y finalmente indeterminado en cuanto á una y otra cosa, como multitud, muchedumbre é infinidad.

67. Se llama nombre individual el que sirve para designar individuos solamente, y de ninguna manera clases de objetos ó de personas, ya sean esas clases géneros ó especies; tales son Antonio, Juan y Francisco. El nombre individual es propio, si conviene á un solo individuo, y común, si conviene á más de uno.

68. Se infiere de aquí que no son propios, nombres tan comunes como Antonio, Juan y Francisco; tampoco son genéricos, porque no sirven para nombrar ningún género ni especie. Son, pues, individuales, puesto que por ellos designamos individuos, y comunes, porque convienen á muchos.

69. Se ve asimismo, que así como se distingue el nombre individual del propio, del mismo modo son cosas distintas el nombre común y el genérico. Todo nombre genérico es común; pero no todo nombre común es genérico. Acabamos de ver cómo los nombres individuales Antonio, Juan y Francisco son comunes á muchos individuos, y no obstante, no son genéricos.

Adviértase además que los nombres propios de personas constan casi siempre de varias palabras, como Miguel de Cervantes Saavedra, pues todas ellas son necesarias para designar á determinada persona, sin riesgo de confundirla con alguna otra.

70. Divídese también el nombre sustantivo en abstracto y concreto; en connotativo y no connotativo.

71. Sustantivo abstracto es el nombre de una cualidad ó de un conjunto de cualidades; v.g.: fuerza, virtud, blancura, redondez, animalidad y racionalidad.

72. Los nombres abstractos son también genéricos, cuando denotan una clase de cualidades, como color y fuerza que comprenden variedad de colores y de fuerzas; y así color es el género, y blanco, rojo y azul son las especies; así también atracción, inercia, gravedad, cohesión son especies contenidas en el género fuerza.

73. No son genéricos, sino individuales, los nombres de cualidades que no contienen especies, ni consienten grados; sino que son únicas; tales son infinidad, inmutabilidad, identidad y otras más.

Algunos lógicos consideran también como individuales los nombres de substancias; v. g.: oxígeno, hidrógeno, ázoe.

74. Los adjetivos calificativos que expresan la cualidad como inherente á la substancia, son términos concretos; v. gr.; blanco, justo, hermoso.

76. Nombre no connotativo es el que solamente designa un sujeto ó solamente significa un atributo.

Conforme á estas definiciones Roma, París y Cicerón son nombres no connotativos, porque sólo denotan sujetos; blancura, redondez y humanidad también lo son, porque sólo expresan cualidades abstractas que no incluyen la idea de sujeto.

76. Nombre connotativo es el que designa un sujeto é implica un atributo, tales son hermoso, blanco y redondo, los cuales se refieren á cosas que poseen las cualidades de hermosura, blancura y redondez.

77. En el Tratado de Morfología se darán á conocer las desinencias propias de los nombres colectivos y las que corresponden á los abstractos.

78. Hecha ya la enumeración de las diversas especies de nombres que se distinguen á causa de su extensión y de su comprensión, conviene recordar para mayor claridad lo dicho en el párrafo 27.

79. Los nombres por razón de su estructura y modo de formación, se dividen en primitivos, derivados, simples, compuestos y yuxtapuestos.

Los primitivos no toman origen de ninguna otra palabra castellana; v. g.: pan; los derivados proceden de alguna voz de nuestro idioma. Pueden tomar su origen de otro nombre, como maestría de maestro; de un adjetivo, como hermosura de hermoso; de un pronombre, como tuteo de tú; de un verbo como bendición de bendecir; de un adverbio como cercanía y lejanía de cerca y lejos.

Se distinguen en general dos clases de derivados: los gramaticales y los ideológicos. Los derivados gramaticales modifican en fuerza de su terminación los accidentes y propiedades gramaticales del primitivo; los derivados ideológicos modifican en virtud de su terminación el significado del primitivo, sin alterar en muchos casos los accidentes gramaticales. El plural, por ejemplo, es derivado gramatical del singular, y un nombre abstracto es derivado ideológico de un concreto, como grandeza de grande.

Entre los nombres derivados deben tomarse en consideración los patronímicos, los diminutivos, aumentativos y despectivos y los verbales.

80. Los patronímicos son apellidos derivados que denotan filiación. Les corresponden las terminaciones az, ez, iz, oz, es, is. Sirvan de ejemplo Díaz, Martínez, Ruiz, Muñiz, Muñoz, Peris y Garcés. La final ez es la de uso más frecuente.

Díaz es hijo de Diago y Diago es igual á Santiago. Esto se entendorá fácilmente si se recuerda que el nombre del santo apóstol era en español iago; precedido de la forma anticuada sant resultó Santiago y precedido de la letra D inicial del latín Divus (santo), se convirtió en Diago.

Los patronímicos castellanos son algunas veces formas alteradas de genitivos latinos. (Véase la Gramática de la Beal Academia Española. Parte I, Cap. III)

De los nombres diminutivos, aumentativos y despectivos.

81. Los nombres diminutivos son derivados que en virtud de su terminación denotan que disminuye el tamaño de la cosa ó persona significada por el primitivo; v. g.: librito y casita diminutivos de libro y de casa. Algunos diminutivos denotan desprecio, como vegete; otros confianza, como viejecillo y otros finalmente sirven para demostrar cariño; v. g.: viejecito.

82. Los despectivos son derivados que en virtud de su terminación denotan que es despreciable la persona ó cosa significada por el primitivo; v. g.: poetastro, casuca, villorio.

83. Los aumentativos denotan por razón de su terminación que la cosa ó persona expresada por ellos es de mayor tamaño que la denotada por el primitivo; v. g.: hombrón, hombronazo.

Los aumentativos juntan á veces alguna otra idea á la de aumento que les corresponde de suyo significar; ventarrón, por ejemplo, denota un viento fuerte y repentino; poblachón, pueblo grande y destartalado; pedrejón, piedra grande y suelta.

En la Morfología se expondrá lo relativo á las terminaciones y modo de formación de todos estos derivados.

84. Son sustantivos verbales los nombres derivados de verbos. Su significado depende en parte del elemento radical, y en parte de la terminación.

Filólogos de primer orden consideran al infinitivo como nombre verbal; otros sostienen que es voz intermedia entre el nombre y el verbo, y muchos lo clasifican entre los verbos. En otra parte de este libro se tratará de este punto, que como luego se advierte, es de grande importancia en Gramática.

En la Morfología se dirá lo relativo á las terminaciones y modo de formación de los verbales.

85. Son nombres simples los que constan de una sola voz; v. g.: pan.

86. Los nombres compuestos se forman de una voz simple y de una preposición propia ó impropia; v. g.: condiscípulo, antesala, desconfianza. A veces pueden constar de dos y aun de tres prefijos; v. g.: indisposición, desarrevuelto (anticuado). También pueden considerarse como nombres compuestos los sustantivos formados de una voz simple y de una preposición griega ó latina. En la Morfología se hallará una lista de nombres de esta clase. 87. Los yuxtapuestos se forman de toda especie de palabras; excepto la interjección, la preposición y el artículo. Las voces de que se componen los yuxtapuestos pueden ser castellanas ó bien pertenecientes á otros idiomas. Algunas veces se conservan íntegros los elementos componentes; mientras en otros casos sufren alteración.

De todo ello se hablará en la Morfología.

Los yuxtapuestos no consienten verdaderos prefijos y en esto se distinguen de los compuestos. Quitaipón, v. g., es yuxtapuesto; indigno y preclaro son compuestos.

88. Acaece que en los compuestos varía la significación del prefijo, según varía la índole gramatical del simple; por ejemplo: re aumenta y encarece el significado del simple antes de un adjetivo, como en reviejo, y lo disminuye antes de un sustantivo como en redolor que significa dolorcillo tenue y sordo.

Del género de los nombres.

89. Ya se dijo en los párrafos 60 y 61 qué se entiende por género, y cuántos y cuáles son los géneros de los nombres sustantivos. Toca ahora definir cada uno de ellos.

90. El género masculino corresponde á los nombres de hombres y de animales machos, y á los que por su terminación el uso ha reducido á este género; v. g.: soldado, caballo, fusil.

91. El género femenino conviene á los nombres de mujeres y de animales hembras y á los que por su terminación el uso ha reducido á este género; v. g.: niña, flor y paloma.

92. El género neutro conviene á voces y locuciones cuyo sentido es indefinido; v. g.: esto, eso, aquello, lo bueno, lo malo, etc.

93. El género común de dos corresponde á los nombres que con una sola terminación convienen á individuos de uno ó de otro sexo, y concuerdan con adjetivos ya de terminación masculina, ya de terminación femenina; v. g.: el reo y la reo.

94. El género epiceno corresponde á los nombres que con una sola terininación convienen á individuos, ya de uno, ya de otro sexo; pero sólo pueden concertar con una terminación del adjetivo; v. g.: liebre que con la terminación femenina conviene al macho y á la hembra.

Según las definiciones dadas, son del género común de dos el joven y la joven; el reo y la reo; el testigo y la testigo. En lo antiguo se usó el femenino rea. Tigre es también del género común de dos; D. Juan Valora en sus Cartas Literarias, dice: "la tigre virgen en celo, está magistralmente pintada, y mejor aún acaso el galán y robusto". Ercilla, Hartzenbusch, Menéndez Pelayo y otros escritores de nota dan á tigre el género común de dos.

Son asimismo del género común de dos, muchos nombres terminados en a que se aplican ya al hombre ya á la mujer y se construyen con artículo masculino ó femenino. A este número pertenecen artista, corista, pianista, dentista, electricista, y en general todos los terminados en ista, ya denoten al que ejerce una profesión como los anteriores, ó ya al que sigue alguna religión, partido ó escuela, como anabaptista, monoteísta, juarista, positivista, etc.

Son también del género común de dos patriota, compatriota, paria y los adjetivos sustantivados indígena é hipócrita.

Son epicenos llama y milano. Persona también lo es, puesto que con una sola terminación y artículo se aplica así á los hombres como á las mujeres. El mismo género corresponde á criatura, cuando significa niño de tierna edad.

95. El género ambiguo conviene á los nombres que se usan indistintamente como masculinos ó como femeninos; v. g.: el mar y la mar; el dote y la dote.

96. Los nombres de cosas animadas tienen el género que corresponde á la persona ó animal que significan; los de cosas inanimadas tienen el género que el uso les ha señalado, según su terminación.

Reglas del género de los nombres por razón de su significado.

97. Regla 1ª De los nombres con que se designa al Ser Supremo, algunos son masculinos como Dios y Jehová, y otros femeninos como Divinidad y Providencia.

98. Regla 2ª Los nombres de ángeles son masculinos.

99. Regla 3ª El sustantivo hombre es masculino en el significado de varón. Mas si comprende á todo el género humano, tendrá el género de los nombres que con una sola terminación y artículo se aplican á individuos de uno ó de otro sexo. Individualmente tomado sólo puede ser masculino.

Dueño sin variar de terminación y con sólo el artículo masculino, se aplica al hombre y á la mujer, "La hice dueño de mi voluntad" (Quijote, Cervantes). "Lo que gustes, hija dueño eres de tu voluntad" (Tamayo y Baus). También admite la final a cuando se aplica á una mujer; v. g.: "Hoy dueña de tu albedrío gozarás del bien supremo" (Meléndez).

100. Por regla general los nombres de personas y animales bajo la terminación masculina, comprenden también á individuos del sexo femenino; y así cuando decimos nuestros hijos, nuestros padres, nuestros abuelos ó bien los Reyes Católicos, los Duques de Guisa, hablamos de hombres y mujeres juntamente. En Bretón se lee: "Y lo demás se lo doy á dos sobrinos que tengo; uno hembra, otro varón." [Una Vieja.]

En las locuciones el perro es fiel; el caballo es útil; perro y caballo comprenden al macho y á la hembra. Sin embargo, oveja, gallina y paloma femeninos por su terminación comprenden á toda la especie. (Véase la Gramática de Bello, Cap. VII.)

101. Muchos sustantivos varían de terminación, según cambian do género, como emperador, emperatriz; czar ó zar, czarina ó zarina; barón, baronesa; varón, varona (anticuado), varonesa; príncipe, princesa; rey, reina; poeta, poetisa; héroe, heroína; diablo, diabla, diablesa; canónigo, canonesa; diácono, diaconisa; sacerdote, sacerdotisa; abad, abadesa; profeta, profetisa; alcalde, alcaldesa; alcaide, alcaidesa; cantor, cantora; cantarín, cantarina, cantatriz; actor, actriz; institutor, institutora; prior, priora, prioresa; jefe, jefa; gigante, giganta; comediante, comedianta; regordete, regordeta; hotentote, hotentota; pariente, parienta.

102. Por regla general los verbales en ante, ente, iente ó yente no cambian de terminación por razón del género, ya se usen como participios, como adjetivos sustantivados ó como adjetivos; y así se dice: el amante niño, la niña amante; el amante y la amante; el oyente y la oyente; el obediente y la obediente. Penitente y confidente procedentes de verbos latinos no mudan su terminación al pasar al género femenino; si bien buenos escritores han dicho confidenta, "la confidenta y acompañanta" (D. Juan Valera, Ilus. del Doct. Faust.).

103. Según uso de buenos escritores, los participios en ante, ente, iente, yente que admiten por excepción la terminación femenina a, por este mismo hecho pierden el carácter de tales participios, y se usan como nombres; y así la princesa que rige á una nación se llama princesa ó reina regente; al paso que la mujer del regente es la regenta.

Presidenta, sin embargo, significa la que preside y también la mujer del presidente. Se hallan en el caso de la observación hecha al principio de este párrafo los siguientes nombres verbales: asistente, asistenta; congregante, congreganta; danzante, danzanta; figurante, figuranta; sobresaliente, sobresalienta; mendigante, mendiganta; pretendiente, pretendienta; sirviente, sirvienta; recitante, recitanta (anticuado); representante, representanta; acompañante, acompañanta (Valera); preguntante, preguntanta (Cervantes; Quijote).

Entre los adjetivos verbales mencionados, algunos han caído en desuso; tales son recitanta, representanta, preguntante y preguntanta. Acompañanta es de poco uso.

104. En lo antiguo los apellidos cambiaban de determinación, cuando se aplicaban á las mujeres, y así se decía la Calderona y la Pacheca.

105. No es desusado que los nombres de animales hembras tengan distinta raíz que los de animales machos; sirvan de ejemplo los siguientes: vaca y toro; oveja y carnero; yegua y caballo.

106. Los nombres de ríos son masculinos, por referirse al nombre genérico río; y así se dice: el Sena, el Danubio, el Amazonas; se usan como femeninos Esgueva y Huerva.

107. Los nombres de volcanes, montañas y cordilleras son masculinos; v. g.: el Etna, el Vesubio, los Andes, los Alpes, los Pirineos.

108. Los nombres de ciudades son femeninos, cuando se refieren al nombre genérico ciudad; pero otras veces siguen el género de su terminación.

109. Los nombres de letras son femeninos. Delta es masculino cuando significa isla triangular formada en la desembocadura de algún río.

110. Son también femeninos los nombres de figuras de Gramática y de Retórica; v. g.: Aféresis, Epéntesis, Elipsis, Silepsis, Apócope, Sinécdoque, Metáfora, Metonimia, etc.

Por excepción son masculinos los nombres siguientes: Hipérbaton, Asíndeton, Polisíndeton, Pleonasmo, Metaplasmo y algunos más.

111. Los infinitivos usados como nombres sustantivos son masculinos, como lo comprueban los ejemplos siguientes: "el dulce lamentar de dos pastores" (Garcilaso); "el poco comer que comemos" (Cervantes); "un vago interminable buscar" (Cutanda); "el bien obrar" (Silvela Fºº); "el vivir humano" (D. Juan Valera).

112. No obstante la regla anterior, los infinitivos se reproducen por el neutro lo, como se observa en este ejemplo: "El general había resuelto partir, pero la gota se lo impidió,"

113. Son del género masculino las palabras tomadas simplemente como elementos del lenguaje, sin tener en cuenta ni su significado, ni su índole gramatical. Cuervo en nota al párrafo 357 de sus Apuntaciones Críticas, dice: "Más adelante hallará el lector algunos comentarios sobre este china"

114. Si uno una se sustantivan, se tomará la terminación masculina, cuando aquello de que se trata, se puede afirmar así de hombres como de mujeres, y así, aun cuando sea mujer la que habla, deberá decir: "No sabe uno cuando ha de morir."

115. Si uno una se refieren á la persona que habla, se usará la terminación masculina, si esa persona es hombre, y la femenina, si es mujer. Aclaran y confirman esta doctrina, los ejemplos siguientes: "Qué empeño de mortificarle á uno" (Tamayo y Baus); uno está en vez de la primera persona gramatical, que en el caso del ejemplo es hombre. "Lo que lisonjea y enamora es que la quieran á una, aunque sea pobre, y no por ser rica" (D. Juan Valera).

Juana, Juanilla, será
Verdad que al fin te recobro?
Verdad es ¿Qué ha de hacer una?

(Tamayo y Baus La Bola de Nieve.)

Finalmente, si aquello de que se trata sólo puede afirmarse de una mujer, se tomará la terminación femenina del artículo, como lo comprueban las siguientes autoridades: "Quedarse una arrebolada y sin visita; quedarse aderezada y compuesta y sin novio" (Diccionario de la Academia). "Porque una hable con dulzura | y á ciertas galanterías | dando su justo valor | no muerda al que se las dice" (Bretón de los Herreros). "Muy tonta sería una en casarse con un tendero, pudiendo casarse lo menos con un Ministro" (Trueba).

116. En el párrafo 92 quedó ya dicho qué se entiende por género neutro. Toca ahora señalar cuáles son los nombres y locuciones que tienen este género.

117. El género neutro conviene á los sustantivos de sentido indefinido, como esto, eso, aquello, ello, lo, algo, mucho, poco, uno, otro, tanto, tal, cual y que.

Todas estas voces tomadas en sentido indefinido no concuerdan con ningún sustantivo expreso ó tácito, y por otra parte, subsisten por sí solas en la oración, de donde infieren gramáticos de primer orden que son verdaderos sustantivos neutros.

118. Mucho conviene coinprobar esta doctrina con el uso de los más reputados hablistas. "Todas las (penas) desta miserable vida juntas y amontonadas en uno, si son cotejadas con ellas, no son más que una sombra ó sueño de penas" [P. Rivadeneyra].

"Si uno fuese la vida intelectual de un pueblo, y otro su lengua y expresión...." (Núñez de Arenas, Discurso académico). "No lo acierta á mi juicio Clemencín" (Gramática de Bello); "uno dice la lengua y otro el corazón" (Trabajos de Persiles, Cervantes).

"Si estoy descargado de lo en que por el fiscal soy acusado" (Fr. Luis de León). "Quédese esto aquí" (Quij. t. IV. p. 86).

"Mejor.... lo entendía el Rey Católico D. Fernando" (Cuervo, Apunt.) "Todo esto fuera flores de cantueso" (Quij. t. IV. p. 87). ".... si mi señor D. Quijote quisiere darme alguna ínsula.... recibiré mucha merced en ello" (Cervantes, Quijote). "....uno es escribir como poeta, y otro como historiador" (Cervantes, Quijote).

"E ved non fallezcan á tal ocasión | Lorigas, paveses é todo lo al" (L. Moralín). "Y no porque sea ello así" (Cervantes). ¿Cuál es más resucitar á un muerto ó matar á un gigante?"

119. También han de mirarse como sustantivos neutros, los adjetivos que se usan como sustantivos abstractos; tales son grandioso y bello en locuciones como las que siguen: Nada hay de grandioso en este templo, pero sí mucho de bello; grandioso vale lo mismo que grandiosidad y bello equivale á belleza.

120. Las palabras ó locuciones á que atribuyen los gramáticos él género neutro, significan á veces conjunto ó reunión de cosas, frecuentemente heterogéneas, como si decimos: "nada de esto me agrada," refiriéndonos á varios objetos.

Cuando afirmamos que "lo bueno es preferible á lo bello;" lo bueno significa todo aquello que tiene bondad y lo bello todo aquello que tiene belleza. Bueno y bello son en tales locuciones adjetivos que califican al sustantivo neutro lo.

121. Por el neutro lo se reproducen sustantivos y adjetivos de terminación masculina ó femenina, singular ó plural, infinitivos y oraciones enteras, como lo prueban los ejemplos que siguen: "....creó un alguacil de pobres para que los examinasen si lo eran" (Quijote, Cervantes); lo reproduce al adjetivo pobres. "....ni todos los que se llaman caballeros, lo son de todo en todo" (Quijote); lo reproduce al sustantivo caballeros. "Felipe III hubiera sido un gran príncipe, si para serlo, bastara la recta intención" (Clemencín); lo está en lugar de gran príncipe. "Así como las bestias espantadizas huyen de algunas cosas por imaginar que son peligrosas, no lo siendo," etc. (Fr. Luis de Granada); lo se halla en lugar de peligrosas. "Si me holgué con el hallazgo, no hay para qué decirlo" (Quijote); aquí lo reproduce la oración me holgué con el hallazgo. "Fué precisamente á su genio filosófico á lo que Bello debió el poder presentar el estudio gramatical más acabado" (Marco Fidel Suárez); lo reproduce á genio filosófico.

122. Aunque las oraciones enteras, así como los infinitivos, se reproducen por el neutro lo, se construyen con el artículo masculino el; v. g.: "El que temamos á Dios con temor filial, no quita que también le amemos." "El contento que nace del gastar las riquezas (Fr. Luis de León). "Este encerramiento y este negarme el salir de casa (Quijote). "El vivir humano es más serio, más digno que todo eso" (D. Juan Valera).

123. Ocurre á veces que adjetivos singulares ó plurales de terminación femenina, faltos de sustantivo expreso ó tácito con el cual concuerden, forman con otras palabras locuciones de sentido indefinido.

Tales locuciones por su sentido, pudieran considerarse del género neutro. Ejemplificaremos todo ello con algunas autoridades. En Cervantes se lee: "Andaban tan á una sus voluntades que no había concertado reloj que así lo anduviese." "Desfallecen á una cuerpo y espíritu" (D. Gumersindo Laverde). "A la continua" (Amador de los Ríos). En escritores notoriamente correctos y castizos se leen frases como las siguientes: "Nos las prometemos felices" (D. Juan Valera). "En donde las dan las toman." "No tenerlas todas consigo." "Andar á malas, á derechas ó á las bonicas." Obrar á tontas y á locas. Tenerse en buenas. Yéase el cap. III de la Sintaxis de la Gramática publicada por Salvá, quien presenta allí grande acopio de esta clase de locuciones.

124. En construcciones parecidas á las citadas se usó en lo antiguo y aun se emplea ahora la terminación neutra. Son prueba de ello los ejemplos siguientes tomados de la Gramática Latina de los señores Caro y Cuervo. "Sabiendo que lo habían con gente arrebatada," pudo también decirse "que se las habían con gente arrebatada." "¡Sancho! ¡Sancho! mejor te lo hagan tus hijos que tú contra mí lo has hecho." "Allá se lo haya con su amarga suerte" (Valbuena). También se dice: "Allá se las avenga con su mala suerte."

La equivalencia que se advierte entre unas y otras locuciones, prueba que la terminación femenina, aun usada en el número plral, tiene en algunos casos el sentido indefinido de la neutra.

125. Las locuciones neutras lo bueno, lo bello, y otras dé la misma especie, significan lo mismo que los nombres femeninos abstractos bondad, belleza, etc., en construcciones como estas: lo bello del jardín, lo alto de la torre, equivalentes á estas otras: la belleza del jardín, la altura de la torre.

126. En algunos casos suele dársele género masculino al adjetivo sustantivado empleado con significación abstracta, y así se dice: el sublime en Literatura; el parecido del retrato; "el sumo posible de la perfección" (D. Marco Fidel Suárez). También es de uso corriente esta frase: "el ridículo es arma muy temible." Este uso fué más frecuente en lo antiguo: en Cervantes se lee; "el roto pudiera ser," por "lo roto, pudiera ser." "Todo el blanco no es harina," por lo blanco. (Refrán que se halla en el Cancionero de Sevilla). ¿Quién vos dice aquí el contrario? (Torres Naharro), por lo contrario.

Del género de los nombres por razón de su terminación.

127. Regla 1ª Los nombres terminados en a son femeninos; v. g.: mesa, tabla, casa.

Se exceptúan por masculinos los nombres terminados en ma de origen griego; v. g.: dilema, problema, teorema, anagrama, programa, sofisma, y otros más.

Son asimismo masculinos los terminados en a acentuada, como sofá, maná, farfalá. Los nombres de las notas musicales la y fa, y lo son también alarma y día. Alarma se ve usado como femenino por buenos escritores: "..... sin alarma alguna de conciencia" (D. Leopoldo Cueto).

Son ambiguos albalá, cisma, centinela y neuma en la segunda acepción que le da la Academia, en la primera es masculino.

Reuma es masculino en la acepción de reumatismo, y femenino cuando significa corrimiento. Atalaya, torre es femenino; hombre que atalaya es masculino. Guia, persona que encamina, conduce y enseña á otra el camino, es común de dos. Guía si significa lo que en sentido figurado dirige ó encamina, según el Diccionario de la Academia, es femenino. Sin embargo, escritores y hablistas de nota le dan el género masculino. "El uso erudito fué el guía que se propuso seguir" (D. Marco Fidel Suárez, Estudios Gramaticales). "El poeta no debe tener más.... que un guía: la verdad" (Menéndez Pelayo). Finalmente guía, sargento ó cabo que se coloca convenientemente para la mejor alineación de la tropa, es masculino. Trompeta y corneta son del género masculino, cuando denotan la persona que toca esos instrumentos, y son femeninos cuando significan el instrumento mismo. Espía según la Academia es masculino y femenino. Cervantes le da género femenino en la expresión ocultas espías (Quijote). Guardia, conjunto de soldados es femenino; guardia, soldado es masculino. Guarda, persona que tiene á su cargo y cuidado la conservación de una cosa, es común de dos; guarda, por observancia de una ley ó estatuto, es femenino. Guarda, espía y centinela se usaron antiguamente como femeninos. Camarada es masculino. Escritores muy distinguidos lo hicieron femenino. Una camarada; la cual cantarada (Quijote).

Por mi vida que me agrada | La camarada, sobrino (Lope de Vega). También se usa con genero femenino en el Pícaro Guzmán de Alfarache y en el Escudero Marcos de Obregón; mas en el Diablo Cojuelo de Luis Vélez de Guevara, impreso en 1641, se lee los dos camaradas.

El cántico malamente llamado la magnífica es Magnificat y tiene género masculino.

Contra por concepto opuesto, es masculino; por dificultad ó inconveniente es femenino.

Cólera por ira ó enojo es femenino; cólera, enfermedad es masculino.

Fantasma, espantajo es femenino, en las demás acepciones es masculino; barba es femenino, cuando significa una parte del rostro; y masculino, cuando por esta palabra designamos al que hace papel de viejo en las representaciones escénicas. Cometa, cuerpo celeste, es masculino; y femenino cuando os el nombre de un juguete. Papa, sumo pontífice, es masculino; papa, nombre con que se designa el alimento que se da á los niños de corta edad, es femenino. Cura, por párroco es masculino; en las otras acepciones, femenino.

De los nombres terminados en e.

128. Los sustantivos terminados en e son masculinos; se exceptúan por femeninos muchos sustantivos de origen griego, como esferoide, paraboloide, elipsoide, hemorroide, estacte, isagoge, paragoge y otros más.

Son también femeninos varios nombres terminados en bre, dre y gre; por ejemplo: hambre, urdimbre, techumbre, pesadumrbre, herrumhre, fiebre, cumbre, certidumbre, legumbre, podredumbre, podre, mugre y otros.

Arte es ambiguo; pero en singular se usa más comunmente como masculino, y en plural siempre es femenino. En singular puede concertar con adjetivo de terminación femenina, aun cuando esté precedido de artículo masculino; v. g.: el arte poética; el arte cabalística (Menéndez y Pelayo); el mismo autor ha escrito: esta arte hermosísima; el arte simbólico. El Diccionario de la Academia trae la expresión: algún arte bella.

Frente por una parte del rostro es femenino, y masculino por la parte anterior ó delantera de un objeto cualquiera, y así se dice: el frente de un edificio; el frente de un ejército. Según la Academia, en esta última acepción es nombre ambiguo. Dote por el caudal que lleva la mujer al claustro ó al matrimonio, es ambiguo, también son ambiguos lente, estambre, pringue, puente, tilde, tizne, trípode, herpe, linde y tal vez algunos más. Se usan más frecuentemente como masculinos estambre, puente y linde. El plural dotes en la acepción de buenas cualidades más comunmente es femenino; si bien algunos le dan el género masculino.

Tigre es común de dos, puesto que se construye con las dos terminaciones masculina y femenina del adjetivo y del artículo. "La tigre por cimera de su yelmo" (Menéndez y Pelayo). "Herida tigre hircana" (Ercilla); "el tigre" (Valera), Asimismo es común hereje. En lo antiguo se dijo hereja.

Son epicenos los nombres de aninrmles que con la letra final e comprenden al macho y á la hembra, y se construyen con una sola terminación del artículo ó del adjetivo; sirvan de ejemplo: liebre, chinche, sierpe, serpiente.

Son femeninos los esdrújulos en ide de origen griego como píxide, clámide, pirámide y cúspide. También son de este género los terminados en el diptongo ie precedido de sílaba acentuada; v. g.: sanie, intemperie, superficie.

Fuera de los nombres contenidos en estas reglas excepcionales, hay otros muchos femeninos de los cuales dan noticia los diccionarios.

129. Los terminados en i son masculinos, como bisturí, zaquizamí, maravedí; se exceptúan por femeninos diócesi, metrópoli, diesi, espicanardi y palmacristi.

130. Los en o son masculinos; se exceptúan por femeninos mano, nao y seo. Pro, según la Academia, es ambiguo. Testigo y reo son del género común de dos.

131. Los acabados en u son masculinos; v. g.: alajú, espíritu, tisú y otros. Tribu es femenino.

132. Los nombres terminados en consonante, en su mayor parte, son masculinos, como se deduce de las reglas que á con- tinuación se exponen.

Nombres terminados en d.

133. Son femeninos por regla general; v. g.: verdad, bondad, salud, etc.

Se exceptúan por masculinos los siguientes: alud, ataud, talud, almud, ardid, césped, sud, efod, talmud.

134. Los terminados en j son masculinos como boj, reloj . Es femenino troj.

135. Los terminados en I son masculinos como árbol, abril, facistol; se exceptúan por femeninos col, col, sal, miel, hiel, cárcel, capital por ciudad principal, canal en las ocho primeras acepciones que le da el Diccionario de la Academia, señal, pastoral especie de drama bucólico; moral por ciencia de las cos- tumbres.

136. Los acabados en n son masculinos, como almacén, pan, bastón, hollín, etc.; se exceptúan por femeninos los verbales en ón y en ión, como quemazón, prohibición, donación. explicación y otros muchos. Son igualmente femeninos varios sustantivos en ón y en ión procedentes del latín, como complexión, condición, religión, jurisdicción, ocasión, razón y otros.

Según la regla general son masculinos, no obstante proceder de verbos, los nombres que siguen: limpión, apretón, empujón, encontrón, forcejón, resbalón, trasquilón, reventón, salpicón, envión.

Son femeninos comezón, sartén, arrumazón, clin ó crin, imagen, sien.

Margen es ambiguo.

Orden, por precepto ó mandato es femenino; por concierto, regularidad, buena disposición de las cosas, es masculino; si significa uno de los sacramentos de la Iglesia ó instituto monástico es ambiguo; pues se dice: el orden sacerdotal; las sagradas órdenes; el Orden de Predicadores y la Tercera Orden de San Francisco. Finalmente cuando sirve para nombrar algún instituto militar ó de caballería es femenino; v. g.: la Orden de Calatrava.

137. Los acabados en r son masculinos, como albur, ámbar, collar, eter, honor, temor; se exceptúan por femeninos flor, segur, labor, zoster. Mar en singular es ambiguo; en plural es masculino; en singular también es masculino cuando va acompañado de algún adjetivo que forma con él nombre propio; y así se dice, el Mar Muerto, el Mar Mediterráneo, el Mar Caspio, Son femeninos los compuestos bajamar y pleamar; también es mar del género femenino en las expresiones larga mar y alta mar. Azúcar es ambiguo; en plural prevalece el género masculino. Color casi siempre se usa como masculino; sin embargo aún quedan vestigios del género femenino, que también tuvo en lo antiguo. Menéndez y Pelayo hablando de un caballo dijo: "erguida la cabeza, ancha la nariz, blanca la color." ¿Por qué pierdes la color?" (Arango y Escandón). La Academia Española reconoce en su Diccionario que todavía se usa como femenino.

138. Los nombres acabados en s son masculinos, como mes, anís, obús, lunes y otros; se exceptúan por femeninos, colapiscis, lis, litis, macis, mies, bilis, onoquiles, res, tos. Venus, nombre de un planeta es masculino; en las demás acepciones es femenino.

Los términos técnicos de Gramática y de Retórica acabados en is son también femeninos; sirvan de ejemplo los que siguen: Sintaxis, elipsis, silepsis, diéresis, sinéresis, anagnórisis, antítesis.

Análisis es ambiguo; también lo es cutis.

139. Los acabados en t son masculinos; v. g.: azimut, zenit. Estos nombres, sin excepción siguen la regla general dada en el párrafo 132.

140. Se ajustan á la misma regla los acabados en x, como carcax, fénix y ónix.

Esta última voz tiene también las formas ónice y ónique; ónice es masculino y ónique femenino según el Diccionario de la Academia; mientras que según la docta Corporación, sardónice es femenino y sardónique es masculino.

141. La Gramática de la Real Academia enseña que la mayor parte de los nombres terminados en z son femeninos; v. g.: altivez, sensatez y los demás abstractos terminados en ez.

Son asimismo femeninos cerviz, codorniz, cruz, luz, faz, paz, etc. Se exceptúan por masculinos albornoz, alcuzcuz, almez, almirez, altramuz, antifaz, arroz, barniz, capuz, haz (por el de leña), matiz, orozuz, pez (animal), regaliz, tamariz, terliz, testuz y otros.

Prez es ambiguo. Doblez muda de género, al cambiar de significado: en el sentido recto es masculino; en el figurado es ambiguo. La mayor parte de esta regla es de la Real Academia.
Del género de los nombres yuxtapuestos.

142. Hay en castellano tendencia muy marcada á usar como masculinos los nombres yuxtapuestos que llevan un verbo en su primera parte, ya sea. masculino ó femenino, singular ó plural el sustantivo que forma la segunda. Comprueban esta observación los siguientes nombres de género masculino.

Guardaguas, Guardacartuchos, Guardasol,
Guardacuños, Guardaaguja, Limpiachimeneas,
Guardalmacén, Guardafrenos, Limpiauñas,
Guardafuego, Guardabosque, Quitaguas,
Guardabrazo, Guardainfante, Quitapesares,
Guardajoyas, Guardahumo, Portapliegos,
Guardamatoriales, Guardacantón, Tapaboca,
Guardapapo, Guardapiés, Tapaagujeros,
Guardatimón, Guardavela, Tragahombres,
Cubrepán, Limpiabotas, Sacabocados,
Limpiadientes, Limpiaplumas, Sacatapón,
Portaalmizcle, Mamacallos Sacabalas,
Quitamanchas, Quitasol, Sacabotas,
Portaestandarte, Portaguión, Sacapelotas,
Tragaluz, Guardacostas, Matamuertos,
Calaluz, Guardadamas, Sacacorchos
Pasamano, Guardabrisa, Sacasillas,
Pasacalle, Guardamano, Sacabuche,
Guardapolvo, Guardamonte, Vendehumos.

143. Entre los nombres yuxtapuestos que se apartan de la regla establecida, tenemos los siguientes: portapaz, ambiguo; sacabala, femenino; tapafunda, femenino; portabandera, femenino cuando significa una especie de cinturón con una bolsa delante en que apoya el regatón de la bandera; guardarropa, femenino cuando significa oficina destinada en establecimientos públicos, para tener en custodia la ropa. En las otras acepciones es masculino. Asimismo es femenino portacarabina; son del género común de dos guardacabras, portanuevas, tragaldabas, tragamallas, tragaleguas.

144. Los yuxtapuestos que constan de un infinitivo en su segunda parte son masculinos; sirvan de ejemplo bienestar, malestar, hazmerreir.

145. Los sustantivos que no admiten verbos en su composición y constan en su segunda parte de un nombre, tienen por lo común el género que corresponde á éste; conforme á esta regla son femeninos los nombres siguientes: malacuenda, malaestanza (anticuado), bienandanza, malaventura, buenaventura, contramalla, contramarea, contramina, contramuralla, contraorden, contrapilastra y otros muchos.

146. Se exceptúan de la regla dada los siguientes nombres, que son masculinos, á pesar de ser femeninos los sustantivos que en ellos van pospuestos: contrapeste, contraquilla, trasluz y algunos otros.

147. Los yuxtapuestos que se forman de dos ó más verbos son masculinos, como quitaipón, vaivén, ganapierde. Hazmerreir y correvedile son del común de dos según la Academia.

Son masculinos, por serlo el nombre que va pospuesto, los que á continuación se ponen: malcoraje, malcorte, ferrocarril, contrafuerte, contraveneno, contramaestre, contramuro, contrapeso, contrapaso y otros más.

No ha sido mi propósito apurar todas las excepciones correspondientes á cada regla. Entiendo que mencionarlas todas atañe á un libro de consulta como el Diccionario de la Lengua.

Del número de los nombres.

148. Dos son los números del nombre: el singular y el plural. El primero denota una sola persona ó cosa; el segundo expresa más de una. (Véase el párrafo 57.)

149. El plural se forma del singular conforme á las reglas siguientes:

Regla 1ª Los nombres terminados en vocal no acentuada se pluralizan tomando una s, y así libros y mesas son plurales de libro y mesa.

150. Regla 2ª Los nombres agudos terminados en las vocales a, i, o, u se pluralizan, según la Real Academia, tomando la sílaba es, como se advierte en bajaes, alelíes, rondoes y tisúes plurales de bajá, alelí, rondó y tisú.

Parece sin embargo más conforme con el uso actual añadir nada más s a las voces agudas de más de una sílaba terminadas en ó ó en ú, de suerte que los plurales de landó y tisú serán en este caso landós y tisús. Los plurales de mamá, papá, sofá, bisturí y zaquizamí son mamás, papás, sofás, bisturís y zaquizamís. Maravedí tiene en plural las formas maravedíes, maravedís y maravedises. No además de noes consiente el plural nones en la expresión "decir nones."

151. Regla 3ª Los nombres agudos acabados en e forman su plural tomando una s, y así de café, pie, canapé, salen cafés, pies y canapés. Los plurales de las vocales a, e, i, o, u, son aes, ees, íes, oes, úes.

162. Regla 4ª Los nombres terminados en y, se vuelven plurales, tomando después de sí la sílaba es como leyes y reyes, plurales de ley y rey. Según el Diccionario de la Academia el plural de estay es estais; Lope dice estayes.

153. Regla 5ª Los nombres terminados en consonante forman su plural tomando la sílaba es, como ardid, ardides y afán afanes.

El plural de lord es lores y el de muslín es también muslimes.

154. Regla 6ª Por regla ortográfica los nombres terminados en z, la convierten en c al pasar al número plural.

155. Regla 7ª No cambian de terminación al pasar del singular al plural los nombres de más de una sílaba, acabados en s que no son agudos, como atlas, lunes, brindis, Carlos y ómnibus. Tampoco cambian de terminación los patronímicos en az y en ez, como Díaz, Martínez, González. Aunque Cervantes y Lope alguna vez dijeron alférez en plural, es más usado alféreces.

156. Regla 8ª Los nombres compuestos de dos palabras, por regla general, sólo pluralizan la segunda. Á esta regla se ajustan aquellos cuya primera parte es un adverbio; v. g.: reciencasado, bienvenida; un verbo; v. g.: portabandera; un sustantivo alterado; v. g.: ferrocarril, ó alguna palabra griega ó latina; v. g.: cronómetro, omnipotente.

157. Regla 9ª Toman la forma plural en los dos elementos componentes los siguientes nombres: 'ricohombre, ricahembra, gentilhombre, casaquinta y granguardia. No falta escritor de mérito que autorice el plural sordosmudos. Según Rivodó el plural de mediacaña es mediascañas.

De aquí no se ha de inferir que el plural de mediopupilo sea mediospupilos, porque medio en esta voz y en otras semejantes no es adjetivo, sino adverbio.

158. Regla 10ª Los nombres compuestos de dos adjetivos ó de sustantivo y adjetivo, llevan también la forma plural sólo en su segunda parte; por ejemplo: montepío, sacrosanto y críticoburlesco son en plural montepíos, sacrosantos y críticoburlescos. Esta regla se extiende á las palabras compuestas de voces griegas, como monosílabo cuyo plural es monosílabos. En igual caso se hallan las que se componen de voces latinas, como avemaría y paternoster. Cervantes, por ejemplo, dijo: sendos paternostres y avemarías (Quijote). El plural de padrenuestro es padrenuestros; "....los padrenuestros son de oro de martillo" (Cervantes).

Según la regla 7ª del párrafo 155, el plural de viacrucis es igual al singular.

159. No cambian de terminación al pasar del singular al plural los yuxtapuestos, cuya segunda parte es un nombre plural; V. g.: sacabotas, limpiadientes, ciempies ó cientopies, aguavientos y otros.

160. Carecen de plural por razón de su significado, todos aquellos nombres que denotan alguna cosa única en su linea, como el caos y la nada.

161. Tampoco consienten número plural los nombres propios de personas, de lugares, de ciencias, de artes, de virtudes, de vicios y de edades; v. g.: Julio Cesar, Francia, Medicina, Arquitectura, Caridad, Prudencia, Orgullo, Infancia y Juventud.

Si algunos de los nombres comprendidos en esta regla convienen á más de una persona ó cosa, por esto mismo dejan de ser propios y consienten el número plural; y así se dice: las Américas, las dos Castillas, las dos Físicas, la experimental y la matemática; los Dibujos, de ornato, lineal, natural y topográfico.

162. Los nombres bautismales como Juan, Antonio y Francisco admiten número plural; y así se dice: los Antonios y los Franciscos abundan mucho.

La razón de ello es porque estos nombres, si bien son individuales, no son propios, sino al contrario comunes según queda expuesto en los párrafos 67 y 68.

163. Los apellidos por regla general han de pluralizarse, cuando se refieren á dos ó más personas; y así deberá decirse los Mendozas, los Ávilas, los Pardos, y de ninguna manera se dirá los señores Mendoza, los Ávila, los Pardo.

164. Como se halla muy extendida la opinión de los que piensan no ser lícita la pluralización de los apellidos, es indispensable exponer con algún detenimiento los fundamentos en que descansa la doctrina opuesta.

Es notorio que los apellidos convienen á más de un individuo, como que son nombres de familia, y aun es frecuente que muchas familias lleven el mismo apellido. Lejos, pues, de ser nombres propios, son en realidad nombres comunes, y por lo mismo consienten el número plural. Se hallan en el mismo caso que los nombres bautismales, y ya hemos visto, cómo éstos admiten ese número.

165. Gramáticos insignes enseñan que los apellidos deben pluralizarse.

D. Miguel Antonio Caro hizo extensiva esta doctrina aun á los nombres extranjeros. "Los nombres extranjeros, dice, cuya terminación se acomoda á nuestra eufonía, forman el plural según las reglas castellanas, y así debe decirse los Masillones, los Racines (Ort. de Bello, Nota de Caro).

Capmany llevó mucho más lejos esta doctrina, pluralizando apellidos como Bousset, contra lo que pide la índole del castellano, que no da plural á voces terminadas en t como accessit.

Sicilia se produce así: "....ven que se les va adulterando poco á poco aquel metal exquisito con el cual trabajaron los Herreras, los Mendozas, los Argensolas, los Vegas, los Leones y tantos otros" (Sicilia, Ortología).

D. Andrés Bello también extiende la pluralización de los apellidos aun á los de procedencia extraña, con tal de que no conserven su forma nativa; do donde se infiere que según él, no se veda en otros casos dar plural aun á los apellidos extranjeros, como cuando su terminación, dice Bello, es de las familiares al castellano y los pronunciamos como si fueran palabras castellanas (Bello, Gramática, Edición de París, párrafo 115, pág. 29).

D. Marco Fidel Suárez, en sus Estudios Gramaticales, enseña que "los apellidos son nombres que se acomodan á las reglas generales en la formación del plural; es por tanto muy errónea y censurable la práctica de aquellos que, creyendo hablar con mucha propiedad, los usan casi siempre en singular."

El sabio filólogo D. Rufino José Cuervo se produce en los siguientes términos: "Los apellidos son nombres apelativos, supuesto que se aplican á todos los individuos do una familia, y por tanto deben estar sujetos á los cánones gramaticales concernientes á los vocablos de su clase.

La práctica constante de la lengua desde los tiempos más remotos hasta hoy, establece que llegado el caso, se dé á los apellidos la inflexión plural, cuando su estructura lo comporte". (Apuntaciones Críticas sobre el Lenguaje Bogotano).

La Gramática de la Real Academia Española no trata de propósito este punto; pero de algunas de sus doctrinas se colige claramente que admite y da por constante el uso de pluralizar los apellidos.

En la parte I, cap. III, establece esta regla excepcional; "Los apellidos patronímicos acabados en z, y cuyo acento carga sobre la penúltima ó antepenúltima vocal, como Sánchez, Pérez, Martínez, Álvarez, no consienten alteración alguna en el plural." Si, por lo visto, la excepción es que los apellidos descritos no consientan alteración alguna en el plural, la regla general será que la admitan.

En el mismo capítulo enseña la docta Corporación lo siguiente: "Los nombres de pueblos que se componen de dos palabras, sólo hacen plural en su segunda parte...."

"La misma regla siguen estos nombres cuando se emplean como apellidos; v. g.: ilustraron las armas y las letras en el siglo XVI los Villafrancas y los Villaviciosas."

166. La pluralización de los apellidos enseñada teórica y prácticamente por filólogos eminentes, recibe además plena confirmación del uso, como lo certifican las siguientes autoridades:

"El linaje, prosapia y alcurnia queríamos saber, replicó Vivaldo. Á lo cual respondió D. Quijote: no es de los antiguos Curcios, Gayos y Cipiones romanos, ni de los Moneadas y Requesenes de Cataluña: ni menos de los Rebellas y Villanovas de Valencia: Palafojes, Nuzas, Rocabertes, Corellas, Lunas, Alagones, Urreas, Foces y Gurreas de Aragón: Cerdas, Manriques, Mendozas y Guzmanes de Castilla: Alencastres, Pallas y Meneses de Portugal; pero es de los del Toboso de la Mancha" (Cervantes).

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Los hechos, las victorias, las enseñas
De Yargas, de Castillas y de Hurtados
Luzones y Eamírez celebrados?" (Lope).

"La habla de los Saavedras y Leones" (Forner).

"Los Ursinos, familia ilustre romana, enemiga y rival de los Colonnas" (Quintana).

".... Los nombres venerandos
De Laras, Tellos, Haros y Girones
¿Qué se hicieron?

(Jovellanos, citado por Cuervo).

"Primero hubo Guevaras en Santillana que reyes en Castilla" (Guevara, obispo de Mondoñedo).

"Los Listas, Eeinosos y demás escritores que han ilustrado la

literatura,patria" (D. Pedro Felipe Monlau).

"...y la lengua no era ya el habla hermosa y noble de los Garcilasos, Herreras, Leones y Granadas" (Gil de Zarate).

"Los Mendozas" (D. Juan V alera, Ilus. del Dr. Faustino).

"Este Fr. Rogerio sí que es de la madera de los Vives, de los Telesios, de los Galileos" (Menéndez y Pelayo).

"Y vosotros guerreros de Castilla
Honor de sus más ínclitos solares,
Nobles condes de Cabra y de Tendilla,
Merlos, Téllez, Girones y Aguilares,
Cárdenas y Manriques de Sevilla
Mendozas de alta prez, Portocarreros

Y Ponces de León"
(Zorrilla, cit. por Cuervo).

"....¿quién de todos los hombres cultos podría ver con menosprecio el (idioma) que hablaron los Alfonsos, los Marianas, los Cervantes, los Granadas, los Leones, los Riojas y los Herreras, los Moratines, los Jovellanos y los Meléndez" (D. Clemente de Jesús Munguía); "Imitaron en Castilla Garcilasos y Valbuenas (Bretón de los Herreros, María y Leonor).

167. A las razones y autoridades aducidas en favor de la pluralización de los apellidos, hay que añadir que nada justifica la falta de concordancia que se advierte en locuciones como estas: los Mendoza; los Peralta; pues no es admisible la elipsis, en virtud de la cual se omiten, según quieren algunos, estas ó semejantes palabras: los señores cuyo apellido es Mendoza. Tal elipsis justificaría también solecismos como éste: los ropero, es decir, los muebles que se designan con el nombre de ropero.

168. Tampoco vale decir que la forma plural altera y desfigura el apellido; pues la desinencia que determina á este número sólo denota el cambio ó mudanza de accidente gramatical; sin que sea lícito suponer que de tales desinencias resulte un nuevo apellido distinto del usado en número singular: Mendozas no expresa un apellido distinto de Mendoza; sino el mismo en número plural.

169. No consienten la forma plural los apellidos patronímicos terminados en az y en ez que son voces graves ó esdrújulas como Díaz, Álvarez y Martínez.

170. Tampoco es bien pluralizar un apellido, si el plural ya es otro apellido distinto, pues si decimos los señores Reyes, no puede saberse si se habla de varios individuos que llevan el apellido singular Rey ó el plural Reyes.

171. Asimismo es imposible dar terminación plural á los que de suyo tienen ya este número, como Corrientes y Trasloceros.

172. Si el apellido plural lleva como parte suya integrante algún complemento ó caso regido, tampoco podrá pluralizarse; según esta regla Montes de Oca no varía al pasar al plural.

172 (bis). Tampoco admiten variación alguna aquellos apellidos que vienen á ser un nombre en genitivo regido de la preposición de de precedido de artículo: no podrán por consiguiente pluralizarse los apellidos de la Torre y de la Peña; sino que habrá que decir los señores de la Torre y de la Peña; pero sí podrá pluralizarse el apellido Peña, si no forma parte suya la preposición de.

173. Rehusan también la forma plural los apellidos extranjeros cuya terminación, conforme á la índole de nuestra lengua, debe permanecer invariable. Autoriza esta regla la Real Academia Española, que en un dictamen suyo dice así: "Si hoy vivieran la considerarían como ciencia histórica y estarían de fijo al lado de.... los Curtius."

174. Los apellidos formados de un nombre regente en singular y un nombre regido en el mismo número, pluralizan sólo la primera parte; v. g.: el plural de Ponce de León es Ponces de León; véase el verso de Zorrilla citado en el párrafo 166.

Mas si la primera parte del apellido no consiente plural, todo el apellido permanece invariable, y así se dirá los Pérez de Lara y el Sr. Pérez de Lara; el Sr. Pérez de León y los Sres. Pérez de León.

175. Carecen de plural los nombres abstractos; por ejemplo: gravedad, posibilidad, sagacidad, avaricia, liberalidad y otros. Sin embargo, si los nombres de cualidades además de ser abstractos son también genéricos, por denotar un género de propiedades ó cualidades, admitirán sin duda el plural; tales son fuerza y color; puesto que hay varias especies de fuerzas y de colores que se contienen en los géneros expresados por los singulares fuerza y color. En este caso el plural denota las especies comprendidas en el género, y el singular denota el género.

176. También se pluralizan los nombres abstractos, que perdiendo su significado se vuelven concretos; y así liberalidad tiene plural, cuando no significa la virtud, sino los actos que de ella proceden. Esta transición del significado abstracto al concreto, mediante la pluralización del sustantivo, es de uso frecuente en los escritores modernos: "..... echo de menos no ya las desoladas tristezas de Leopardi" (Menéndez y Pelayo); tristezas vale aquí: manifestaciones de tristeza.

177. De aquí se infiere que muchos nombres mudan de significado al mudar de número.

Patente está la diferencia entre el arte y las artes; la ciencia y las ciencias; la religión y las religiones.

178. Rehusan el plural los nombres de sustancias, como oxígeno, hidrógeno; pero lo consienten cuando son genéricos como sal y metal.

179. Carecen de plural los nombres que significan religión, secta, partido, escuela, sistema; v. g.: cristianismo, protestantismo, liberalismo, escolasticismo, positivismo.

180. No pueden recibir el número plural los nombres que de- notan un genero superior, puesto que en cada orden de cosas, el género superior es único. Si se dice, por ejemplo: Pedro bebe mucho vino, vino significa en general el licor alcohólico que se hace del zumo de la uva, y en esta acepción carece de plural; pero si se dice: Pedro bebe muchos vinos, vinos significa especies de vino.

181. Según la regla que veda pluralizar los nombres abstractos, serán frases muy incorrectas las siguientes: Padre ó hijo son muy estimables por sus honradeces en vez de honradez; las gravedades de los cuerpos, en lugar de la gravedad de los cuerpos; las sensateces de los hombres provectos, por la sensatez, etc. Véase lo dicho en los párrafos 175 y 176.

182. Mil adjetivo no tiene plural; pero si se usa como sustantivo, en la acepción de millar, sí le exige, y así se dice: mil pesos y miles de pesos.

183. Los adjetivos empleados á manera de adverbios rehusan la forma plural; deberá decirse "cayeron medio muertos de puro cansados, y de ninguna manera medios muertos de puros rendidos:" También la excusan los adjetivos que forman la primera parte de un compuesto, si la segunda es otro adjetivo; conforme á esta regla hay que decir escritos críticoburlescos; pueblos hispanoamericanos.

184. Por razón de su estructura carecen de plural los nombres tomados del latín y que terminan en um ó en t, como ultimatum, desideratum, accessit, fiat y déficit. Se exceptúa álbum cuyo plural, según la Academia, es álbumes.

185. Martínez de la Rosa forma el plural de club añadiéndole una s: "Tal es la índole de los clubs ó sociedades populares;" "nuestros clubs" (Bretón de los Herreros, El Editor Responsable).

El plural de querub es querubes; estas formas son propias de la poesía.

Frac admite en singular la forma fraque, y su plural es fraques; "pero ese frac tiene motas" (Bretón de los Herreros). "Hace ademán de quitarse el fraque" (Bretón de los Herreros, El Amigo Mártir); bloc según la Academia es bloque en singular; por lo mismo el plural es bloques; en esta forma lo usa Menóndez y Pelayo. Estos casos descubren la tendencia de nuestra lengua á convertir en que la c final de algunos vocablos.

186. Si algún nombre genérico se aplica en sentido distributivo á dos ó más personas ó cosas, se usará en número singular; v. g.: "Pedro y sus hijos están enfermos del corazón," y no de los corazones.

"Interrogados por el juez, todos contestaron afirmativamente con la cabeza," y no con las cabezas. El sentido en estos ejemplos es distributivo, porque cada una de las personas mencionadas padece del corazón y cada una contestó con la cabeza.

187. Varios nombres geográficos tienen aparentemente la forma plural; pero son singulares por su significado; como el Amazonas, Buenos Aires, Cien Pozuelos, Las Navas de Tolosa, etc.

188. Se advierten faltos de singular varios nombres propios do cordilleras como los Alpes, los Andes, los Pirineos.

Lo mismo ha de decirse de algunos nombres de grupos de islas, como las Azores, las Baleares, las Cicladas y las Antillas. En poesía se leen los singulares Pirene y Alpe.

Todavía es de recibo usar el singular de los gentilicios en vez del plural, y decir el francés, el inglés, el turco, por los franceses, los ingleses ó los turcos. "Los negocios de España, las alteraciones de los saboyanos y el recelo de que el turco molestase las costas de Napóles y Sicilia, agitaban el pensamiento de Quevedo" (D. Aureliano Fernández Guerra).

189. Hay además muchos nombres comunes que sólo se usan en plural, forman parte de ellos los que constan en la siguiente lista:

albricias, dimisorias, completas,
absolvedoras, andaderas, manes,
adivas, calendas, mientes,
afueras (ambiguo), calzas, modales,
aguaderas, carnestolendas, nupcias,
aguajas (ajuagas), esponsales, pandectas,
alcamonías, esposas (grillos) parias,
alicates, exequias, penates,
alrededores, fasces, pinzas,
ambages, fauces, preces,
andurriales, se usa gafas, tinieblas,
también horas (canónicas), trébedes,
andurrial, honras, veras,
anexidades, ínfulas, víveres,
angarillas, largas, creederas,
antiparras, lares, dolamas ó
añicos, parrilas (Úsase también en singular), dolames,
aproches, maitines, efemérides
enaguas, arras, pertrechos,
enseres, vísperas, nupcias,
cosquillas, laudes, entendederas

El singular enagua fué usado por Calderón.

190. Hay algunos nombres que tienen significación distinta, según que se usan en el número plural ó en el singular. Entre ellos se cuentan los que siguen: esposas, manillas de hierro; y esposa, mujer que ha contraído esponsales ó que ya es casada; grillos, cierto género de prisión con que se asegura á los reos, y grillo, cierto insecto; panes, sinónimo de mieses y pan, masa de harina; vísperas hora canónica, y víspera día inmediatamente anterior á otro.

191. Por la ley de la asimilación es de uso constante que unas partes de la oración hagan los oficios de otras y se conviertan en ellas.

En virtud de esta ley las partes de la oración precedidas de

articulo, se convierten en nombres sustantivos, como se advierte en los ejemplos que siguen: el justo, el sabio, el obediente, el saber, el poder, el yo, el pro, el contra, el sí, el como, el cuando, el ay.

192. El adjetivo puede sustantivarse de varios modos:

a.] Por la omisión ó elipsis del sustantivo con el cual concuerda. Cuando decimos los sabios, los justos, los mortales, se calla el sustantivo hombres que fácilmente se sobreentiende. Tales adjetivos usados en plural resultan sustantivados, aun cuando no los acompañe artículo, como sucede en esta frase: Justos y pecadores todos son mortales.

b.] Algunos adjetivos singulares, de terminación masculina, regidos de preposición tienen el significado de sustantivos abstractos; cuando se dice: "en este templo nada hay de grandioso; pero sí mucho de bello; grandioso y bello valen lo mismo que grandiosidad y belleza. En esta frase de Cervantes: "Conviértalas en otras cosas que me sean de más cómodo;" cómodo está en lugar del nombre abstracto comodidad.

c.] Se sustantivan también los adjetivos determinativos uno y otro, cuando se usan en sentido indefinido, sin concertar con ningún sustantivo expreso ó callado; v. g.: "{Uno es escribir como poeta y otro como historiador" (Quijote).

d.] Se convierten en sustantivos algunos adjetivos por la anteposición del artículo masculino el, y así se dice: "nada es más temible que el ridiculo." En este caso el adjetivo sustantivado tiene significación abstracta, puesto que expresa la cualidad de ridículo. "No son peores las medicinas que tienen del picante y del amargo" (frase citada por Orbe y Guerra).

Con mucho mayor frecuencia tiene significación concreta el adjetivo sustantivado por el artículo singular masculino el ó por un pronombre posesivo, como se echa de ver en los siguientes ejemplos:

"El nombre del Magnífico temido
De serafines en el alto coro."

(Menéndez y Pelayo.)


"El nombre del Perfecto bendecido" (Menéndez y Pelayo).


"Diérame mi amado
Antes que se fuese
Zarcillos dorados
Hoy hace tres meses
Perdílos lavando,
¿Qué dirá mi ausente"

Romance antiguo.


"Y con ello el atento y advertido echará de ver la senda de la sola y única posible felicidad" (Nocedal).

Los adjetivos sustantivados por el artículo pueden concertar con algún adjetivo, como lo comprueban los ejemplos que á continuación se leen:

"¿Y tú rompiendo el puro
Aire te vas al inmortal seguro?"

(Fr. Luis de León).

"Ven conmigo al bosque ameno
Y al apacible sombrío
De olorosas flores lleno"

(Gil Polo).

e.) Poco, poca, pocos, pocas se sustantivan cuando van precedidos del artículo uno una y seguidos de un complemento. Autorizan esta construcción los ejemplos siguientes: "Un poco de ciencia, un poco de vana curiosidad" (D. Juan Valora).

"Una mujer por devoción recogió del suelo un poco de la sangre de dicho santo" (Fr. Luis de Granada).

"Un poco de agua y de pan" (Sra. Pardo Bazán).

Por atracción puede el adjetivo sustantivado poco tomar el género del nombre que le sigue. Una poca de sal (Bello).

"Una poca de agua perenne" (Alzate, cit. por García Icazbalceta).

"Unos pocos de soldados" (Bello, Gramática).

f.] Los adjetivos algo, poco, mucho, tal se sustantivan cuando se usan en sentido indefinido sin concordar con ningún sustantivo expreso ó callado; ".... algo de Historia y mucho de Año Cristiano" (D. Juan Valera).

"A mí me engaña María

¿Hay tal?" (Tamayo y Baus).

g.] Los participios activos terminados en ante, ente, iente ó yente, se sustantivan cuando toman la terminación femenina. En este caso se hallan sirvienta, congreganta y otros.

Se sustantivan verbos y locuciones enteras en los casos que luego se expresan:

a.] Cuando el verbo se toma como palabra invariable y hace oficio de sujeto de la oración; sirvan de ejemplo estos conocidos versos : "Pasó pudiste;

f.] El infinitivo precedido de artículo definido ó indefinido, ó regido de preposición; v. g.:

"A mí un sólo dar me agrada
Que es el dar en no dar nada."

(Quevedo).