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Histórica relación del Reyno de Chile/Libro Quinto/XXIII

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CAPITVLO XXIII.
Nueuos successos dela guerra, conversion, y muerte de Caupolican.

PRoseguia Caupolican sus intentos; pero bregando al parecer con la fortuna, cansada ya de asistirle, porque en las batallas, o salia vencido, y destroçado, o quando tenia la victoria por suya, sela quitaua delas manos la confiança, y seguro delos vencedores, o otro accidente inopinado, que al tiempo de lograr la victoria, se la daua alos contrarios; con esto començaron, adesganarse sus soldados, y el vulgo, censor delos que mandan, aculparle de detenido, y que la ambicion demandar, y conseruarse en el gouierno del exercito, le hazia menos solicito abuscar, y prevenir las ocasiones delos riesgos, y peligros, para adelantar las armas Araucanas, como debia entendida de Caupolican esta murmuracion del pueblo; hizo nueua junta, y propuso en ella nueuos medios para lleuar adelante el intento començado de restituir al estado, ya toda la tierra a su antigua libertad, en que consintieron de nueuo todos, con resolucion de no tomar reposo hasta verlo cumplido. Die) ronse varios medios, y salieron de la junta resueltos todos a executarlos hasta morir, o vencer, lo qual entendido por el Gouernador Don Garcia Hurtado de Mendoça, que como vimos, hauia ido ala Ciud ad dela Ymperial a repararla, y fortalezerla, despachò luego al punto al fuerte, competente socorro, y auisò de todo lo que passaua.

Entre otros medios, que Caupolican dispuso para su intento, fue el primero, de vna estratagema, y traza, con que pretendio coger alos Españoles descuydados en su fortaleza, y sin ser sentido dar en ellos, quando menos pensassen, y ganarsela: no vinieron en este parecer los famosos Capitanes Rengo, Orompello, Tucapel y otros, que eran los que siempre en las batallas iuan en la vanguardia, abriendo el passo alos buenos successos, y victorias; y assi dexaron ir solo esta vez con su exercito a Caupolican, juzgando caso de menos valer, y vitoria singloria la que se alcanzasse del enemigo con fraude, y cogiendole descuydado, y desprevenido. partio Caupolican con su exercito, y tres leguas de la fortaleza delos Españoles, hizo alto; y dio traça de espiarlos, y saber la disposicion, que tenian, para hazer mejor su hecho. Eligio para esto vn Capitan de mucho nombre, llamado Pran, hombre astuto, y sagaz, prudente, y de buena traça, y maña: este se disfraçò, y poniendose vn vestido ordinario, se fue solo, y desarmado, como persona particular ala fortaleza delos Españoles; llegò a ella desconocido de todos los Indios amigos, con quien conmençò a trabar conversacion, entrando, y saliendo de vna parte a otra, con tan buen disimulo, que no huuo hombre, que sospechasse del lo que traçaua, vio nuestro campo, reconocio nuestras fuerças, y obseruò, que la hora, en que los soldados estauan mas seguros, y descuidados, era a medio dia, quando se retirauan a dormir, para restaurar el sueño, que perdian de noche, por estar en perpetua guarda, y centinela.

Hauia en nuestro campo entre otros, no vn Lautaro (en quien prevalecio el a mor dela patria, y delos suyos sobre la lealtad, que debia a su Señor, siendo causa de su muerte) sino otro Indio, llamado Andresillo, criado de vn Español, y muy aficionado a todos los demas; hauia trabado Pran amistad con este, y saliendo vn dia los dos al campo, abuscar comida, como lo acostumbrauan, discurriendo de vna raçon en otra, vino vltimamente Pran a descubrir su pecho a su amigo Andres, persuadiendole, que le ayudasse a poner en execucion su intento, pues dependia del la comun libertad dela patria: Andres, que no era menas prudente, y sagaz, que Pran, le prometio, con buen disimulo de asistirle, y ayudarle en todo. Para esto traçaron de que cada vno se voluiesse asu campo, y que el dia siguiente voluiesse Andres aun puesto señalado, donde le aguardaria Pran, paraguiarle al aloxamiento de Caupolican, y disponer con el, el modo, y traça de ganar la fortaleza, con lo qual se despartieron, a hazer cada vno lo que le tocaua. Pran voluio a su Real, goçoso de hauer salido, como pensaua con su intento. Dio cuenta a Caupolican de todo, mientras Andres la daua al Capitan Reynoso, que era cabo dela fortaleza Española, dela maraña de Pran, y de todo lo que le hauia dicho: en que estuuo el remedio, delos Españoles; que es por demas, si fallò Dios, y ha de morir el enfermo; que la triaca se convierte en ponçoña, y la medicina de suyo mas presta, y saludable, le mata. Assi lo permitio Dios en esta ocassion, queriendo librar alos Españoles de tan manifiesto peligro; pues el mesmo Araucano Andres, que hauia de ponerse de parte delos suyos, fue su cuchillo bastando el solo a convertirles en lastimosa tragedia la victoria, que Caupolican, y Pran contauan ya por tan suya.

Conforme alo acordado, partio Andres el dia siguiente, y llegando al puesto señalado, y hallando en el a su amigo Pran, que hecho vn Argos, le estaua esperando. fueron juntos a verse con Caupolican, el qual quando vio a Andres, no supo, que cortesias, hazerle, mostrole el campo, y toda la fuerça de su exercito, y hauiendo acordado de dar el asalto a medio dia del siguiente, voluio Andres a la fortaleza delos Españoles, a esperar a Caupolican, como el pensaua, pero en la verdad, a auisarles de todo lo que passaua, como lo hizo, con lo qual dispufo el Capitan Reynoso toda su gente, y armas de manera, que viniendo Caupolican al dia, y tiempo señalado, y dexando entrar en la fortaleza los mas, que pudieron, al tiempo, que iuan ya a dar el asalto sobre los Españoles, que se hazian dormidos; haziendo señal, y tocando al arma, se leuantaron como leones, y jugando las armas de fuego, y saliendo por de fuera la caualleria, para dar en los que por que dar mas atras, no pudieron entrar dentro; mataron gran suma de Indios, escapandose, muy pocos, sin que les bastasse para su defensa su gran valor, porque ocupado dela turbacion de tan inopinado successo a penas les quedò sentido, para retirarse de esta refriega. Entre estos fue Caupolican, que con diez soldados, desmintiendo caminos, se puso en cobro, sin que bastassen a dar con el en muchos dias, extraordinarias diligencias, que se hizieron para ello, porque los Indios, que se cogian, lo negauan, sin poderles sacar rastro del; ni por temores, y amenazas, que les hazian, ni por premios, o dadiuas, con que procurauan obligarlos.

Pero como es difficil cosa, que entre muchos leales, falte vn traidor, porfiando los Españoles en buscar a Caupolican prendieron entre otros vno de sus soldados, que estaua menos contento de su gouierno, y por ventura quexoso de verse atrasado, como acontece a otros: por esta causa, o porque era este el medio que la diuina predestinacion hauia previsto, para la saluacion de este hasta entonces invicto Capitan; le descubrio este su enemigo, y traidor; y guiando alos Epfañoles por vn sendero desvsado, por donde no pudieron ser sentidos, los puso ala vista de vn aspero, y espeso bosque , nueue millas de Ongolmo, donde en vna quebrada, que està al despeñadero de vn Rio, se hauia recogido este valiente, para asegurarse mientras se hazia tiempo de rehazer el exercito, y proseguir con su pretension. Llegaron aqui los Españoles, y hallandole descuidado con los demas, que le assistian le cogieron, sin que le valiesse el vltimo esfuerço, que hizo, para defenderse; de que hauia mucho que dezir, y delos baldones, que le dio su muger, viendole preso y atadas las manos, y que lleuauan cautiuo al que poco antes blasonaua con animo, y alientos de poner asu pies el poder y nombre Español. Dexò todo esto, como menos importante, porque me permita el piadoso letor dar sin a este capitulo, haziendo vna ponderacion algo mas estendida, y dilatada delo ordinario, sobre la muerte de este valeroso Araucano, y su conversion.

Conversion, y muerte de Caupolican.

EL que despacio, y atento se pone a considerar los varios efectos dela diuina predestinacion, y los diuersos caminos, por donde trae Dios a su predestinados, hasta ponerlos en la segura possession del summo bien; hallarà sin duda entre motiuos de alabanças de aquel Señor, que es admirable en sus santos, y escogidos, otros de temor, y desconfiança desi mismo, viendo a vnos arrebatarlos su infeliz suerte delos braços, y cariñoso regaço dela Yglesia, y entregarlos alos sangrientos lobos dela impiedad, y carniceria del infierno, quando al contrario libra la poderosa, y diuina mano de sus gargantas a otros, que agornizauan ya entre sus dientes, para ser tragados, y sepultados en el: nacen aquellos, y se crian ala luz, y calor dela gracia, y mueren en la sombra fria, y tenebrosa noche de la culpa; quando a estos amenece el sol de justicia al vltimo aliento de su vida, hauiendola passado toda en las tinieblas de su errores y gentilismo. Son excluidos dela gloria, como esttraños, los que tuuieron derecho a ella como hijos por la diuina gracia en que algun tiempo viuieron; y en vn punto se hallan herederos del cielo, y entrar en su possession los que en toda su primera vida, no dieron vn passo por alcançarlo. terrible dolor, desdicha sin consuelo; que vn barbaro gentil pise las estrellas, no hauiendo puesto sus pies en la Iglesia, ni asomado jamas a sus vmbrales, hasta la vltima linea de su malograda vida; y que vn christiano, criado dentro de sus puertas, en el camarin de sus hijos, principe jurado por la gracia, para la herencia del Reyno dela gloria secondene? muchos casos se ven en las historias, que dan suficiente fundamento a esta admiracion; y no le dà menos el famoso caudillo, y general del Araucano exercito Caupolican, varon verdaderamente grande, y de tanta estimacion entre los Indios, que en la junta de diez y seis Caciques, soberanos Señores que concurrieron para leuantar cabeça del exercito, que se hazia contra el Español, fue electo por su caudillo, sugetandosele todos los demas. Este fue el que con el ardid delos ochenta soldados, ganò el castillo de Arauco, y vencio al Español en la sangrienta batalla, que tuuo con el, fuera de sus murallas. Este el que esperando en campaña rasa al gouernador Pedro de Valdiuia con su exercito, no solo le desbaratò, pero le dio vna rota tal, que no quedò Español viuo, hauiendo peleado como vnos Hectores, y hecho en esta batalla hazañosos prodigios. Este, el que desmantelò a Puren, y hizo el famoso saco en la ciudad de Penco, no dexandola piedra sobre piedra, hauiendo antes con sola la fama y nueua de su venida obligado alos Españoles, que desamparassen la ciudad, y se la dexassen libre a su disposicion. Este el que tantas veces se opuso al Español, tantas le acometio, y presentò batallas, en que salio vencedor, y triunfante, o por lo menos dio muestras de su valentia, y gran valor, sin voluer jamas el pie atras por cobardia, valiendose de su militar prudencia para disponer como Capitan su exercito, y meneando las manos en la ocassion con no menos aliento, y osadia que el mas arriscado soldado delos suyos. Este (o voluble rueda de la fortuna) a sus competidores invencible, no pudo serlo al traidor, que le vendio alos Españoles, y aunque tan soberbio, y altiuo en su prosperidad, que se las juraua al mesmo cielo, pareciendole inferior al suyo todo el poder dela tierra; aora cautiuo, y rendito alos pies del Español, su competidor, si bien graue y seuero, sin perder, aunque prisionero, de su autoridad en su semblante, le pide la vida, prometiendo en recomensa, la sugecion del estado todo a entrambas magestades, de Dios, y del Rey, y que haria que reciuiessen todos la fee de Christo. mira, dixo, hablando con el Capitan Reynoso, que lo puedo hazer, pues sabes la sugecion, respeto, y reuerencia, que todos me tienen, y de no hazerlo assi, no remedias nada, porque por vna cabeça, que me quites, naceran tantos Caupolicanes en su vengança, que no haga falta el que tienes a tu disposicion rendido. no me des libertad; quedarè prisionero enrehenes de mi fee, y de mi promessa, la vida te pido, no puedo offrecer nada equivalente a su retorno: mas tepido, que lo que puedo darte, pero mas te importa darme lo que tepido, que negarmelo: mi negocio hago, rogando te por mi vida; pero mira, que hago juntamente el de tu Dios, y tu Rey; desde oy quiero ser suyo, no niegues a sus coronas tantos basallos quantos sabes sugetaran su cuello asu cetro, si ven rendido el mio y sugeto a su poder, como prometo, No valieron a Caupolican estas, y otras muchas raçones, con que pretendio evitar su muerte; danle sentencia publica de que muera empalado, y assaeteado, para escarmiento del enemigo; aunque no siruio sino de encender mas el fuego, y enconar la llaga, como lo mostrò despues el tiempo, y los efectos, que sehan experimentado. Lleganle a notificar la dura sentencia, que le han dado, oyela sin turbacion, sin mostrar differencia, ni alteracion en el semblante. Tratan luego de executarla, y el cielo (o poder, y clemencia del crucificado) de aparejar las fiestas, por la conversion, y penitencia de este sanguinolento pecador; raya el fol de justicia en su entendimiento, y despidiendo la tenebrosa noche dela infidelidad, y derritiendo el yelo frio de su obstinacion, le resuelue en ternuras, y amorosos affectos, con que comiença a pedir con grandes ansias el baptismo; acuden luego los sacerdotes, catequizan lo, y instruyenlo en las cosas necessarias de nuestra fee, segun el tiempo dio lugar, y hallandole sufficientemente dispuesto, con el arrepentimiento de sus pecados, y conversion a su criador tan tarde conocido, y tan felizmente hallado, reciuio la santa ablucion, y el caracter de christiano, y tras el la execucion dela sentencia; a que salio con gran denuedo, sin que le hiziessen embaraço las prissiones, dexando a vnos lastimados con su muerte, y a otros embidiosos dela dicha, que tuuo en aquel vltimo transe de verse labado con la sangre del cordero, el que hauia derramado tanta delos christianos, dexando nos tan grandes esperanças de su predestinacion, como motiuos de alabar la clemencia de aquel Señor, que tan barato dà, y de valde lo que tanto le costò.