Histórica relación del Reyno de Chile/Libro Sexto/X
CAPITVLO X.
Tiene el Gouernador vna buena victoria en Tucapel, reuelanse los Araucanos, y acaua D Alonso de Sotomayor su gouierno.
EL generoso coraçon, y alentado Espiritu del famoso, y gran Sotomaior, no cabia dentro dela esfera delas buenas suertes, que Dios le iua dando contra sus enemigos en aquel Reyno de Chile; y con el desseo, y ansias, que tenia de verle ya sugeto todo asu Magestad, y ala de su Rey, para aumento de sus coronas, y gloria dela fee; no quiso aguardar el socorro del Perù, para entrar en Tucapel, que era lo que entonces daua mayor cuydado; sino que dexando sufficiente fuerça en el castillo de Arauco, y por castellano del, y Gouernador delas armas al Capitan Francisco de Riueros (de cuyo valor pudo hazer la confiança, que de si mesmo) se resoluio de sacar docientos Españoles, y juntando con ellos los Araucanos, que hauia de paz, hazer vna entrada, como la hizo, en aquel Valle. no pudo ser esta resolucion tan secreta, que no llegasse a entenderla Pailaeco, Señor de aquella tierra; el qual luego al punto embio sus mensajeros a Ongolmo, Ylicura, Pelmayquen, Puren, y Mareguano, a pedir socorro para su defensa; pero a penas se hauian juntado algunos en Pailàtaro, que era el lugar señalado para la junta, quando llegaron varios mensajeros, que Leuo, aunque hauia dado la paz, les despachò a gran priessa, paraque les auisassen dela que lleuaua el Gouernador, para sus tierras, a donde llegaria muy presto.
No hauia llegado a Pailataro toda la gente, que se esperaua, pero sin embargo mostrandose muy en si Pailacco, y sin turbacion ninguna, dio en este ardid: apartò de entre toda su gente, solos cien soldados, y hizo, que se emboscassen en vna montaña todos los demas, para que quando los Españoles llegassen, pensassen, que estauan descuydados, y oluidados dela guerra; assi lo hizieron, y viendo, que se acercaua ya el campo Español, hizo tocar arebato, como quien se hallaua sin prevencion, para aquel lance; juntò sus cien hombres, formò con ellos su esquadron; y assi espero a pie quedo alos Españoles; los quales viendo tan poca gente, teniendola ya por suya, acometieron a ellos, no como quien llega atrabar batalla; sino como quien llegaua amaniatarlos como a cautiuos, porque no pudieron llegar a entender nada dela emboscada; pero Pailaeco, que tenia seguras las espaldas, haziendo resistencia alos primeros encuentros; se fue retirando con su gente hazia el monte, como quien se iua a reparar, y a defender de su aspereza; los Españoles, que pensauan, que estos huyan, embestian con mas fuerça, para cogerlos, antes que se valiessen del bosque. Llegauan ya junto a el, quando dos Indios delos ciento, que estauan prevenidos para el intento, se apartaron del esquadron, como quien huye, pero ala verdad para dar auiso alos compañeros, y hazer, que saliessen para hazer su hecho.
Lleuando pues de vencida los Espanoles alos Tucapeles, salieron del monte, como fieras, sus compañeros, y como quien venia de refresco embistieron con tan grande furia, que bastaran a aterrar al valor mas audaz, y valeroso pecho; pero aunque era tan grande el que sacò Tucapel del bosque, y soto, donde estaua escondido, era en fin Mayor el que hallò para su resistencia, y total ruina. Porque el gran sotomaior sin alterarse vn punto con tan inopinado successo, como el que veia antes con increible reportacion, juzgando, que era peligroso, oponerse a aquel impetu, que era como Rio, que sale de madre; valiendose dela mesma astucia del enemigo, hizo, que su gente se retirasse, como quien huia del furor del enemigo; el qual juzgando que verdaderamente huian, y que no era industria, y arte, para sacarlos, y apartarlos dela montaña; los seguia a gran priessa, por alcançarlos. Huian los Españoles tanto mas veloces, quanto lo eran los Tucapeles en su seguimiento, y alcançe; pero quando los vieron ya en lo llano, y a buena distancia delos montes, reuoluieron sobre ellos con tal resolucion y gallardia, que quedaron asustados, como quien no esperaua, ni temia tal successo; con esto començaron atrabar batalla, mostrando de entrambas partes los acostumbrados animos, y valor. Derramauase mucha sangre, porque eran ya muchos los heridos, apellidauan estos victoria por su parte, y aquellos hazian lo mesmo por la suya, quando parece Pailaeco todo cubierto en sangre, y tan mal herido, que dentro de muy poco cayò muerto, con otros nueue Capitanes, que andauan con el; con que dandose su gente por vencida, por verse sin su cabeza; se retirò a vn pantano, donde se defendio delos Españoles, hasta que por ponerse el Sol, y viniendo la noche; no pudieron estos seguir mas la victoria; y assi se baxaron al llano, donde arruynaron, y destruyeron las casas, y los sembrados de los Indios; y de alli se retiraron al fuerte, victoriosos, dando a Dios gracias, por tan buena suerte, como la que les hauia dado de sus enemigos.
En este tiempo los Araucanos, como no estauan criados en sugecion; Viuian impacientes de baxo del yugo, que veian sobre si, obligados a seruir alos Españoles; y assi no pensauan en otra cosa, que en restituirse asu libertad; traçando, para esto, varios modos; sin reparar en el peligro, en que se ponian; y teniales tan ciegos esta passion, que sin embargo de varios castigos, que se hazian en los que hallauan culpados en las reueliones, que intentauan; cortandoles las manos, y colgandoselas al cuello, y otros atroces escarmientos, que les hazian; quedauan tan en sus treze, y sin mostrar sentimiento, como si fueran del todo insensibles; muchos de ellos pagauan con la vida, otros en dura prission, su atreuimiento, y la libertad, y descompostura, con que se portauan con los Españoles; hasta que vltimamente descubierto el animo, y intento, que tenian de reuelarse (lo qual descubrio vno de ellos, que estando para ser justiciado, pidio el baptismo, y antes de morir declaro todo lo que passaua) se leuantaron de hecho, y se fueron alos montes, de donde los Españoles los perseguian con perpetuas malocas, y entradas, que hazian prendiendo, y cautiuando muchos de los principales.
Entre otros, que prendieron, fue vn moço de gallarda disposicion, que examinado, quien era? no pudo en cubrir, ser hijo primogenito del viejo Colocolo y heredero de su estado; el qual era de buena inclinacion; y assi viendose presso y cautiuo, con su muger; ofrecio alos Españoles, que queria tomar la mano con su gente, y hazer que de vna vez diessen la paz, con animo sincero, y de coraçon para no romperla mas; para esto embio vn mensajero, que de su parte hablasse asus vasallos, asegurandoles, que sino venian en lo que les proponia; no le hauian demirar ya como a Señor, sino como a verdugo, y cruel açote, que hauia de ser de todos ellos en fauor delos christianos. Partio el mensajero; pero hallando gran resistencia en los Indios, no pudo negociar nada con ellos. Tardaua ya mas delo que convenia, lo qual considerando Millayene muger de Colocolo, temiendo como muger, y que amaua, el graue daño, que dela tardança, o mal despacho del mensajero, se podia seguir asu marido, y de recudida a ella, que estaua con el en la mesma prission; se llegò a el, y lastimada de verle en la cadena, le pidio licencia, para ir en persona, a ablandar el duro pueblo, que estaua empedernido y obstinado en su rebeldia; y si con mis raçones, dixo, no se ablandare, yo sere la primera que me buelua contra ellos, pues estiman mas su libertad, que la de su Señor; pondreme de parte delos christianos, y sere la guia de su exercito, para castigar la deslealtad, y desobediencia que han mostrado nuestros basallos.
A penas acabaua Millayene su raçonamiento, quando llega el mensajero, haziendo verdad todo lo que se sospechaua, y temia; porque el pueblo belicoso respondio, que no tenia remedio; que primero querian perder las vidas, que la libertad; que pues la desdichada suerte de su Señor lo hauia puesto en tan dura prission, como dezian, mostrasse en ella valor, y sufrimiento, como cosa tan propria de su sangre, en semejantes golpes de fortuna; que lo que ellos harian, como leales vasallos suyos, seria, no perdonar trabajo, ni peligro hasta perder las vidas, por la vengança del mal, que le hiziessen. Hauiendo entendido esto Colocolo, instigado de su muger, y de su sentimiento, y dolor, se voluio de parte delos christianos, prometiendo al gouernador de ser cuchillo, y açote delos suyos en cumplimiento dela palabra, que le daua de asistirle, y guiar su exercito, para los mayores aciertos delo que pretendia; y assi lo cumplio, siendo de alli adelante fielissimo amigo delos Españoles, y ayudandolos a conseguir muchas victorias, que no refiero en particular, porque bastan las referidas, para, que de ellas se colija el valor indecible de esta gente, y el de el gouernador Don Alonso, que tan superior se mostrò a todos ellos, poniendoles el yugo al cuello y teniendolos arraya, por mas que bramauan y crujian los dientes de baxo dela fuerça, y poder de su invicto braço; el qual no contento de tenerlos destruidos, y arrinconados ya; y desterrados por los montes alos que quedauan; passò a Tucapel con intento de hazer alli lo mesmo; pero atajole Dios los passos por entonces, embiando vna cruel peste de viruelas, que fue muy general en toda la tierra, con que huuieron de cessar las armas dela vna y otra parte, atendiendo cada qual asu remedio, si es que la muerte, que lo barria todo, les daua lugar a ello.
Añadiose a este trabajo otro, no de poca consideracion, y fue, de hauerse pegado fuego al fuerte, y castillo de Arauco tan terrible, que lo consumio; pero hauiendole reedificado el Gouernador trabajando en persona con los demas Capitanes, y soldados, baxò ala ciudad de Santiago; donde, aunque el Maesse de campo hauia buelto ya del Perù con vn buen socorro de gente, que importò harto para las buenas suertes, que tuuo en Arauco; no le parecio conveniente hazer nueuas entradas; considerando el estrago, que hauia hecho la peste; en el exercito, y la poca fuerça, que le quedaua, para proseguir con sus empressas; particularmente la dela conquista de Tucapel; que es la que entonces le daua mas cuydado; con esta consideracion, juntando toda la ciudad acabildo abierto, les propuso el pensamiento, que tenia de bajar en persona al Perù, para solicitar con su presencia vn buen socorro, con que voluer para sugetar a Tucapel, y lo demas, que en Chile quedaua por conquistar. Huuo varios pareceres sobre lo propuesto; y vltimamente se resoluio a ir, como de hecho fue; pero llegando al Callao, y auisando de su llegada el Virrey, le embio orden su excelencia que sin saltar en tierra, se voluiesse luego a Chile, donde tan necessaria era su persona, y presencia; y que si tenia algo, que informar; lo hiziesse por escrito. Assi lo hizo, dando en vn papel raçon del Reyno de Chile, del estado, en que lo dexaua, y los motiuos, y fin de su venida.
Quedò el Virrey tan convencido, y pagado dela cordura, prudencia, y eficacia, que el Gouernador mostrò en su escrito, que al punto embio orden, no solo paraque se desembarcasse, sino paraque se le hiziesse vn grande receuimiento, saliendo a ello la Ciudad, y cabildo: llegò el Gouernador a palacio, y antes, que se apeasse del cauallo, salio su excelencia hasta la puerta a receuirle como lo merecia por su persona, y puesto; hizole extraordinarias honrras, como quien sabia bien por experencia, por hauerlo tocado con las manos, los quilates delos seruicios delos Gouernadores de Chile, y delos demas, que siruen en aquella milicia; y lo mucho que valen, y deben estimarse; pues demas de los peligros dela vida, que son comunes en qualquiera guerra; han sido muy particulares en la de aquel Reyno, los trabajos, y incomodidades en el vestir, dormir, y comer, o por mejor dezir, en la desnudez y hambre, que han padecido los soldados, de que se pudieran hazer muy largas, y lastimosas relaciones, porque es cosa increible lo que han padecido, y aun padecen hasta oy aquellos fielissimos basallos de su Magestad, acrisolando su valor, y sufrimiento con la perpetuidad, y larga duracion de sus penalidades, porque los que vna vez assientan plaça en aquella milicia; es para embejezerse, o morir en ella. Siempre que me viene ala pluma este punto, la detengo con violencia, y dificultad, por la dilatada esfera, que esta materia le offrece; porque lo he visto con mis ojos, y tocado con mis manos, y lastimadome muchas veces de ver seruicios de tanta fineza, y lealtad; y que pocas vezes tendran exemplares en las historias, con tan improporcionado premio, por estar tan lexos, y apartados de donde se reparten, pero remitamos esto aquien toca, y vamos adelante, con la historia.
Hauiendo hallado el Gouarnador el buen despacho, que desseaua, y tratando ya de hazer gente, y aprestar todo lo necessario, para su buelta a Chile, llegò nueua del successor, que su Magestad le embiaua, y que a el le llamaua, para honrrarle, como merecian sus grandes seruicios, empleandole en otros puestos, que requerian su gran valor, y experiencia. y con esto entregò el baston a Don Martin Garcia Oñez, y Loyola, de quien hablaremos en el capitulo siguiente. gouernò a Chile en la ausencia, que hizo Don Alonso de Sotomayor, el licenciado Pedro de Viscarra, aquien el mesmo dexò nombrado para ello; el qual acudio ala obligacion de su oficio con la satisfaccion, que se esperaua; aunque no tengo noticia por menor delas cosas, que en su tiempo succedieron, y assi es fuerça remitirme en esto, como lo he hecho, y lo harè en muchas otras cosas, a quien las escreuira con mayor acierto, por estar donde se hallaran largas relaciones, y informaciones de todo.