Historia General del Perú (1800): 18

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Historia General del Perú, o Comentarios Reales de los Incas (1800) de Inca Garcilaso de la Vega
En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


CAPÍTULO XV.

Origen de los Incas Reyes del Perú.


Viviendo ó muriendo aquellas gentes de la manera que hemos visto, permitió Dios nuestro señor que de ellos mismos saliese un lucero del alva, que en aquellas oscurísimas tinieblas les diese alguna noticia de la ley natural y de la urbanidad y respetos que los hombres debían tenerse unos a otros, y que los descendientes de aquél, procediendo de bien en mejor, cultivasen aquellas fieras y las convirtiesen en hombres, haciéndoles capaces de razón y de cualquiera buena doctrina; para que cuando ese mismo Dios, sol de justicia, tuviese por bien de enviar la luz de sus divinos rayos a aquellos idólatras, los hallase no tan salvajes, sino más dóciles para recibir la fe católica y la enseñanza y doctrina de nuestra sancta madre Iglesia Romana, como despues acá la han recebido, según se verá lo uno y lo otro en el discurso desta historia. Que por experiencia muy clara se ha notado, quanto mas prontos y ágiles estaban para recibir el evangelio los Indios que los Reyes Incas sujetaron, gobernaron y enseñáron, que no las demás naciones comarcanas, donde aún no habia llegado la enseñanza de los Incas: muchas de las quales se están hoy tan bárbaras y brutas como antes se estaban, con haber setenta y un años que los Españoles entráron en el Perú. Y pues estamos á la puerta de este gran laberinto, será bien pasémos adelante á dar noticia de lo que en él habia.

Despues de haber dado muchas trazas, y tomado muchos caminos para entrar á dar cuenta del orígen y principio de los Incas, Reyes naturales que fueron del Perú, me pareció que la mejor traza, y el camino mas fácil y llano, era contar lo que en mis niñeces oi muchas veces á mi madre, hermanos y tios, y á otros sus mayores, acerca de este orígen y principio: porque todo lo que por otras vias se dice de él, viene á reducirse en lo mismo que nosotros dirémos, y será mejor que se sepa por las propias palabras que los Incas lo cuentan que no por las de otros autores estraños. Es asi que residiendo mi madre en el Coxco su pátria, venian á visitarla casi cada semana los pocos parientes y parientas que de las crueldades y tiranías de Atagualpa (como en su vida contarémos) escaparon; en las quales visitas siempre sus mas ordinarias pláticas eran tratar del origen de sus Reyes, de la magestad de ellos, de la grandeza de su Imperio, de sus conquistas y hazañas, del gobierno que en paz y en guerra tenían, de las leyes que tan en provecho y favor de sus vasallos ordenaban. En suma, no dexaban cosa de las prósperas que entre ellos hubiese acaecido que no la traxesen á cuenta.

De las grandezas y prosperidades pasadas venian a las cosas presentes: lloraban sus Reyes muertos, enagenado su Imperio y acabada su república, &c. Estas y otras semejantes pláticas tenian los Incas y Pallas en sus visitas, y con la memoria del bien perdido, siempre acababan su conversacion en lágrimas y llanto, diciendo: trocósenos el reynar en vasallage, &c. En estas pláticas yo como muchacho entraba y salia muchas veces donde ellos estaban, y me holgaba de las oir, como huelgan los tales de oir fábulas. Pasando, pues, dias, meses y años, siendo ya yo de diez y seis ó diez y siete años acaeció, que estando mis parientes un dia en esta su conversion hablando de sus reyes y antiguallas, al mas anciano que era el que daba cuenta de ellas, le dixe: Inca, tio, pues no hay escritura entre vosotros, que es la que guarda la memoria de las cosas pasadas; ¿qué noticias teneis del orígen y principio de nuestros Reyes! porque allá los Españoles y las otras naciones sus comarcanas, como tienen historias divinas y humanas, saben por ellas quando empezáron a reynar sus Reyes y los agenos, y el trocarse unos Imperios en otros, hasta saber quantos mil años há que Dios crió el cielo y la tierra, que todo esto y mucho mas, saben por sus libros. Empero vosotros que careceis de ellos ¿qué memoria teneis de vuestras antiguallas? ¿Quién fué el primero de nuestros Incas? ¿cómo se llamó? ¿qué orígen tuvo su linage? ¿de qué manera empezó á reynar? ¿con qué gente y armas conquistó este grande Imperio? ¿qué orígen tuviéron nuestras hazañas?

El Inca, como que holgándose de haber oído las preguntas por el gusto que recibia de dar cuenta de ellas, se volvió á mi, que yá otras muchas veces le habia oído, mas ninguna con la atencion que entónces, y me dixo: sobrino, yo te las diré de muy buena gana, a ti te conviene oirlas y guardarlas en el corazon, es frase de ellos por decir en la memoria. Sabrás que en los siglos antiguos, toda esta region de tierra que ves, eran unos grandes montes y breñales, y las gentes en aquellos tiempos vivian como fieras y animates brutos, sin religion, ni policía, sin pueblo, ni casa, sin cultivar, ni sembrar la tierra, sin vestir, ni cubrir sus carnes, porque no sabian labrar algodon ni lana para hacer de vestir. Vivian de dos en dos, y de tres en tres como acertaban á juntarse en las cuevas y resquicios de peñas, y cabernas de la tierra: comian como bestias yerbas del campo, raíces de árboles, y la fruta inculta que ellos daban de suyo, y carne humana. Cubrian sus carnes con hojas y cortezas de árboles y pieles de animales; otros andaban en cueros. En suma vivian como venados y salvaginas, y aun en las mugeres se habian como los brutos, porque no supieron tenerlas propias y conocidas.

Adviertase, porque no enfade el repetir cantas veces estas palabras, nuestro padre el sol, que era lenguage de los Incas, y manera de veneracion y acatamiento decirlas siempre que nombraban al sol, porque se preciaban descender de él, y al que no era Inca no le era lícito tomarlas en la boca, que fuera blasfemia y lo apedrearan. Dixo el Inca: nuestro padre el sol, viendo los hombres tales como te he dicho, se apiadó y hubo lástima de ellos, y envió del cielo á la tierra un hijo y una hija de los suyos, para que los doctrinasen en el conocimiento de nuestro padre el sol, para que lo adorasen y tuviesen por su dios, y para que les diesen preceptos y leyes en que viviesen como hombres, en razon y urbanidad; para que habitasen en casas y pueblos poblados; supiesen labrar las tierras, cultivar las plantas y mieses, criar los ganados y gozar de ellos y de los frutos de la tierra, como hombres racionales y no como bestias. Con esta órden y mandato puso nuestro padre el sol estos dos hijos suyos en la laguna Titicaca, que está ochenta leguas de aquí, y les dixo que fuesen por do quisiesen, y do quiera que parasen á comer ó á dormir, procurasen hincar en el suelo una barrilla de oro de media vara en largo y dos dedos en grueso, que les dió para señal y muestra, que donde aquella barra se les hundiese, con solo un golpe que con ella diesen en tierra, allí queria el sol nuestro padre que parasen é hiciesen su asiento y corte. A lo último les dixo: quando hayais reducido esas gentes a nuestro servicio, los mantendreis en razon y justicia, con piedad, clemencia y mansedumbre, haciendo en todo oficio de padre piadoso para con sus hijos tiernos y amados, á imitacion y semejanza mia, que á todo el mundo hago bien, que les doy mi luz y claridad para que vean y hagan sus haciendas, y les caliento quando han frio, y crio sus pastos y sementeras, hago frutificar sus árboles, y multiplico sus ganados, lluevo y sereno á sus tiempos, y tengo cuidado de dar una vuelta cada dia al mundo, por ver las necesidades que en la tierra se ofrecen, para las proveer y socorrer, como sustentador y bienhechor de las gentes, quiero que vosotros imiteis este exemplo como hijos mios enviados á la tierra solo para la doctrina y beneficio de esos hombres que viven como bestias. Y desde luego os constituyo y nombro por reyes y señores de todas las gentes que asi doctrinaredes con vuestras buenas razones, obras y gobierno. Habiendo declarado su voluntad nuestro padre el sol á sus dos hijos los despidió de sí. Ellos salieron de Titicaca, caminaron al Septentrion, y por todo el camino, do quiera que paraban, tentaban hincar la barra de oro, y nunca se les hundió. Asé entraron en una venta ó dormitorio pequeño que está siete ó ocho leguas al mediodia de esta ciudad que hoy llaman Pacarec Tampu, que quiere decir venta ó dormida que amanece. Púsole este nombre el Inca porque salió de aquella dormida al tiempo que amanecia. Es uno de las pueblos que este príncipe mandó poblar despues; y sus moradores se jactan hoy grandemente del nombre porque lo impuso nuestro Inca: de allí llegaron él y su muger nuestra reyna á este valle del Cozco, que entonces todo él estaba hecho montaña brava.


◄   Capítulo XIV