Historia III (Versión para imprimir)

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Autor: Charles Seignobos[editar]

Las especias y los metales preciosos[editar]



En el siglo XV, los pueblos cristianos de Europa no conocían aún más que una pequeña parte de la tierra, Europa, el Norte de África, parte de Asia. Se sabía vagamente por los relatos de Marco Polo, viajero veneciano del siglo XIII, que al Este de Asia se encontraba un gran Imperio rico y poblado de donde venía la seda, y una gran isla fértil que se llamaba Cipango (el Japón). Pero se ignoraba lo que había entre África y Asia. Se imaginaba que la costa de África daba vuelta el Este en dirección al Asia, y que el Océano Índico era un mar interior encerrado entre las costas de Asia y de África. No se sabía nada de América, ni del Océano Pacífico, ni de Oceanía, ni de las islas de la Sonda.

No se tenía entonces el interés que hoy en poseer conocimientos exactos acerca del globo terráqueo para hacer la geografía del mismo; pero interesaban los países lejanos cuando de ellos venían mercancías de gran precio. Las gentes de la Edad Media eran muy aficionadas a poner, ya en el vino, ya en la comida, condimentos de sabor fuerte, que llamaban especias. Eran la pimienta, la moscada, el clavo, el jengibre y la canela. Las plantas que producen estos artículos no se encuentran más que en los países cálidos. La moscada y el clavo no se dan aún más que en un sitio del globo: en las islitas volcánicas que hay a Oriente del archipiélago de la Sonda. La pimienta venía, sobre todo, de la India; la canela, de Ceilán.

Como las especias pesaban muy poco y se vendían muy caras, podían transportarse por mar a distancias muy considerables. Se recogían en los puertos de la India, a donde la moscada y el calvo llegaban por el estrecho de Malaca. Navíos árabes iban a buscarlas a la India y las llevaban a Egipto por el mar Rojo. Allí eran desembarcadas las especias, y, por tierra, enviadas a Alejandría, donde los marinos de Europa, sobre todo los italianos, acudían a comprarlas. Los árabes se las vendían tres veces más caras que las habían pagado en la India.

De la India venían otros artículos muy buscados, las piedras preciosas, el marfil, las perlas finas que producen las ostras del Océano Índico, las telas de algodón, que se llamaban indianas, las maderas preciosas, el sándalo, el ébano.

Al mismo tiempo el oro y la plata escaseaban cada vez más en Europa. El oro casi no se encontraba, las antiguas minas de plata estaban agotadas, las nuevas no daban lo bastante para el consumo.

De esta suerte los europeos deseaban vivamente descubrir nuevos países donde se encontraran metales preciosos. Querían proporcionarse las especias a menor precio, yendo a recogerlas directamente a los países productores. En su afán de tener especias y de encontrar metales preciosos, los europeos descubrieron el camino del Asia y todos los países que se han denominado Nuevo Mundo.

Descubrimiento de la costa de África[editar]



El descubrimiento empezó por el África occidental y partió de Portugal. Los marinos italianos y los del mar del Norte iban, desde el siglo XIV, a encontrarse en Lisboa. Los portugueses aprendieron de esta suerte a navegar y empezaron a tener barcos. Pero sus marinos no sabían servirse de la brújula y navegaban no perdiendo de vista la costa.

Un hijo del rey de Portugal, el príncipe Enrique, inició las expediciones de descubrimiento. Había mandado hacer un castillo en Sagres, a orillas del Océano, cerca del cabo San Vicente. Allí había establecido un observatorio astronómico y un arsenal marítimo, y pasaba la vida preparando expediciones marítimas.

Se hablaba entonces de una comarca del África donde el oro se encontraba en abundancia. Ese país, llamado Guinea, estaba indicado en un mapa español, en el que se veía un negro con un cetro en la mano y escrito: "Este rey es el más rico señor de toda esta comarca por la abundancia de oro que se recoge en sus tierras". Se hablaba también de un príncipe cristiano muy poderoso, apellidado "el preste Juan", que reinaba al otro lado del África. El príncipe Enrique confiaba en la astrología, y los astrólogos le habían dicho que, según su horóscopo, estaba llamado a "buscar las cosas ocultas a los otros hombres". Quiso descubrir la Guinea y entrar en relaciones con el preste Juan. Empleó sus recursos en equipar barcos y envió dos o tres cada año al descubrimiento de los países desconocidos. Le costó trabajo al principio encontrar tripulaciones, pues los marinos portugueses no querían correr aventuras.

El año 1420 se descubrió una isla poblada de árboles, que se llamo Madera. Se prendió fuego al bosque y en el suelo fértil se plantaron vides que dieron un vino que pronto adquirió celebridad. El año 1431 fueron descubiertas las islas Azores, que se poblaron de portugueses.

Se tardo mucho en descubrir la costa de África. Se tenía miedo de los arrecifes que se extienden bordeando toda esa costa y en los que rompe la ola espumosa. Se dudaba en pasar del cabo Bojador, pues se creía, siguiendo la opinión de Aristóteles, que al Sur del Trópico empezaba una zona tórrida, en la que el calor era tan grande que el hombre no podía vivir.

Por último, el año 1434, el cabo Bojador fué doblado y se avanzó poco a poco hasta el cabo Verde. Se traficó entonces con los naturales de la costa de África, a que se dió el nombre de Guinea. Se les compraba goma, huevos de avestruz, esclavos negros y polvo de oro que los negros traían del interior. Se apellidó a aquel país Costa de Oro.

Los portugueses habían aprendido así a navegar apartándose de las cotas, y sabían que no hay zona tórrida. Habían visto que los países tropicales estaban cubiertos de una hermosa vegetación y habitados por poblaciones numerosas. Las expediciones empezaron a reportar algunos beneficios. No obstante, cuando el príncipe Enrique murió en 1460, dejaba todavía deudas.

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El cabo de Buena Esperanza

El cabo de Buena Esperanza[editar]



El rey de Portugal Juan II, después de 1481, reanudó las grandes expediciones. Tomó el título de señor de Guinea e hizo que el Papa le diese la propiedad de todos los países que descubriera en África.

Una expedición, enviada con víveres para tres años, descubrió la desembocadura del Congo y tomó posesión de la costa en nombre del rey. Plantó en tres sitios un pilar de piedra con una inscripción en latín y en portugués.

Otra expedición, formada por dos pequeños barcos de 50 toneladas y un navío cargado de víveres, bordeó la costa siguiendo en dirección Sur. Una tempestad la sorprendió. Los portugueses, para no ser arrojados contra la costa, salieron a alta mar, y así permanecieron trece días. Cuando la tempestad se hubo calmado, la expedición emprendió otra vez la ruta al Este y no encontró la costa. Volvió al Norte y llegó a una bahía en la que encontró indígenas hotentotes con una vacada. Sin saberlo, los portugueses habían llegado al Sur de África (1486). La tripulación no quiso seguir adelante.

Volvieron a Portugal al cabo de dieciocho meses, habiendo descubierto 350 leguas de costa. Díaz, que mandaba la expedición, había llamado a la punta meridional de África cabo de las Tormentas. El rey no quiso conservar un nombre de mal agüero y la llamó Cabo de Buena Esperanza. Se sabía entonces que era posible dar vuelta al África por el Sur, y de esta suerte se esperaba llegar a la India.


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Cristóbal Colón

Cristóbal Colón[editar]



No era conocida aún la forma de la tierra. Casi todos la creían plana, pero ya algunos sabios pensaban que tiene forma esférica. Se pensó que, atravesando el Atlántico del lado de Occidente, se podría dar vuelta a la tierra y llegar a la India. Pero había que lanzase a la ventura en el Océano, sin saber a qué distancia se encontraría tierra firme. Cristóbal Colón se atrevió a hacerlo, y de aquí su celebridad.

Cristóbal Colón, nacido en la comarca de Génova (por el año 1446), hijo de un tejedor pobre, sólo había recibido muy escasa instrucción en la escuela de los tejedores de Génova. No aprendió matemáticas ni astronomía, no sabía siquiera marcar el punto, es decir, determinar la posición de un navío en el mar. Trabajó al principio contra su gusto en el oficio de su padre. Luego consiguió embarcar en un barco mercante, se hizo marino y fué a establecerse a Portugal. Allí oculto su origen, se hizo pasar por hijo de caballero educado para marino, y refirió viajes que no había realizado.

En Portugal, Colón concibió la idea de ir a las Indias por la costa de Occidente. Los marinos portugueses contaban haber encontrado en el Océano trozos de madera esculpida, troncos de árboles de una especie desconocida. Se había encontrado un bambú tan grueso que entre dos nudos de la caña podía contener nueve garrafas de vino, y de todo esto se deducía que había alguna tierra a Occidente. Creíase a la tierra más pequeña de lo que es, y el Asia mucho más grande; se observaba que había elefantes, a la vez, en la India y en África, y se juzgaba que ambas regiones no estaban muy distantes. Quizá también Colón concibió su idea por una carta de un astrónomo italiano, Toscanelli (que se ha encontrado entre los papeles de su hijo).

Colón propuso al rey de Portugal ir a la India por Occidente, y el rey consultó a algunos sabios, que juzgaron el proyecto falto de fundamento. Colón se marchó a España, donde vivió miserablemente, vendiendo libros y mapas. Por último, logro persuadir a un gran señor español, que obtuvo para Colón una audiencia de la reina Isabel (1486). La reina le dió con que vivir durante algunos años. Pero estaba ocupada en la guerra de Granada, y Colón, desalentado, iba a marcharse a Francia cuando acertó a pasar por un convento de franciscanos. Encontró allí a un antiguo confesor de la reina, el cual envió un mensaje a Isabel al campamento de Granada, y la soberana ordenó a Colón que se presentase allí.

Isabel le prometió tres barcos para su expedición. Colón exigió que la reina le prometiera de antemano la dignidad de almirante para él y para sus hijos, la nobleza, el virreinato de todos los países que descubriera y la décima de todas las rentas comerciales de ellos. Estas proposiciones parecían exorbitantes por parte de un aventurero miserable, e Isabel no las aceptó, pero Colón no quiso ceder lo más mínimo. Se marchaba ya a Francia cuando Isabel le mandó llamar, firmando el contrato que exigía.

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Descubrimiento de América

Descubrimiento de América[editar]



La reina no tenía dinero y tomó a préstamo 5.300 ducados. Un armador del puertecito de Palos, Pinzón, entró a formar parte de la empresa. Se equiparon tres pequeños barcos (carabelas). La mayor, la Santa María, era de 120 toneladas; la Pinta, de 100; la Niña, de 80: Llevaban un total de 120 hombres, que había costado trabajo alistar para ir a lo desconocido.

La expedición partió de Palos el 3 de agosto de 1492, pasó por las islas Canarias, que pertenecían a España, y el 6 de septiembre se internó en el Océano con rumbo al Oeste.

Todos los días Colón indicada a sus gentes la distancia que calculaba haber recorrido y siempre les decía menos, para no asustarles anunciándoles aquélla a que en realidad se encontraban de tierra. Navegaron por espacio de treinta y cinco días en mar libre. Los barcos, impulsados por buen viento del Este, hacían mucho camino.

Los marinos españoles se inquietaban al no ver aparecer la tierra y les irritaba ir mandados por un extranjero al que juzgaban insolente y mal marino. Pero no se sublevaron, como se ha referido más tarde.

Al fin se vieron bandadas de aves que parecían venir de tierra. Luego se recogió una caña, un pedazo de madera esculpida y restos de plantas. Un atardecer, Colón creyó ver una luz. Al día siguiente se dió vista a un isla verde.

Era una islita del archipiélago de las Bahamas. La expedición desembarcó en ella (12 de octubre de 1492). Encontró indígenas de color atezado casi desnudos, pero que llevaban adornos de oro. Colón, creyendo haber llegado a las costas de la India, llamó a aquellos indígenas indios, y este nombre ha quedado para todos los habitantes de América. Tomó posesión del país en nombre de la reina de Castilla y se hizo proclamar virrey por sus hombres.

Pocos días después descubrió la gran isla de Cuba, luego una isla, más grande todavía, que llamó la Española (Haití). Los indígenas llevaban adornos de oro. Volvió a embarcar inmediatamente para Europa llevando consigo algunos salvajes. Desembarcó en España siete meses más tarde. La reina, que a la sazón estaba en Barcelona, le recibió como a un triunfador.

El año siguiente (1493), Colón partió de nuevo. Se le habían dado 17 navíos y más de 1.500 hombres; volvió a la Española y fundó una ciudad; pero no encontró allí el oro que esperaba. Siempre en busca del país del oro, el almirante acabó de descubrir las Antillas. Los españoles habían creído llegar a países ricos, resultaron muy descontentos y enviaron a España acusaciones contra el virrey. Colón volvió a partir para la Península y fué a justificarse cerca de la reina (1496).

Volvió a América e hizo una tercera expedición (1498). Navegando siempre con rumbo Sur, descubrió la desembocadura del Orinoco, deduciendo que había llegado cerca del Paraíso (1500).

De vuelta a Santo Domingo encontró a los españoles divididos en dos bandos y dispuestos a batirse, y pidió a la reina de España que enviase un comisario para restablecer el orden. El comisario, al llegar a las Antillas, encontró a los españoles irritados, mandó prender a Colón y a sus hermanos, que les cargaran de cadenas, y los envió a España. La reina libertó a Colón, pero ya no quiso que fuese único señor del país lejano.

Colón hizo una expedición final (1502), buscando un paso para ir a la India, donde sabía que Vasco de Gama acababa de arribar por el Este. Encontró la costa de América central y la siguió durante varios meses. Perdió sus barcos y volvió enfermo a España (1504). La reina Isabel, que le había protegido, acababa de morir, y ya no interesaban a nadie aquellas expediciones que costaban dinero. Colón murió (1506) creyendo siempre que había descubierto la India.

No había publicado ninguna relación de sus descubrimientos, pues trataba de mantenerlos secretos para evitar competidores. Un italiano, nacido en Florencia, Américo Vespuccio, fué el primero que relató un viaje que había hecho en 1499 bordeando la costa de América, y anunció a Europa que se acababa de descubrir un nuevo continente. En un principio se llamó a este continente Nuevo Mundo, más tarde América (1507), y éste es el nombre que le ha quedado.

Los portugueses habían sido hasta entonces los únicos en hacer descubrimientos. El Papa había reconocido al rey de Portugal el derecho de comercio exclusivo en la India. Después del viaje de Cristóbal Colón, los soberanos de España hicieron que el Papa les concediese todos los países que se descubrieran al Oeste. Se trazó una línea de Norte a Sur, que dividió el mundo en dos partes. Todos los países situados al Este quedaban en poder de los portugueses, los del Oeste habían de pertenecer a los españoles. La línea divisoria pasaba 370 leguas a Occidente del cabo Verde (1495).

Descubrimiento del camino de las Indias[editar]



Los portugueses se apresuraron entonces a buscar el camino de la India por el Este. Un caballero portugués, enviado por el rey a Egipto, había ido a la India en un navío árabe. Había hecho saber que se encontrarían en la costa oriental de África ciudades árabes cuyos barcos traficaban con la costa de la India. Ya no se trataba más que de llegar a esas ciudades árabes doblando el cabo de Buena Esperanza.

Un joven noble, Vasco de Gama, fué encargado por el rey del mando de una expedición. Partió de Lisboa (julio de 1497) con cuatro navíos y 150 hombres. Llevaba una docena de condenados a muerte, que había de enviar a tierra para desempeñar las misiones peligrosas.

Vasco de Gama, para evitar los vientos contrarios, se apartó mucho de la costa de África, buscando la zona donde soplan los vientos regulares. Al llegar cerca del Sur de África se acercó a la orilla, y, bordeándola, dió vuelta al cabo de Buena Esperanza.

En la costa Oriental encontró primeramente hotentotes salvajes, luego llegó a un país habitado por negros armados con arcos y jabalinas, que cultivaban el mijo y vivían en chozas de paja.


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El 2 de marzo de 1498 se llegó a la costa de Mozambique, donde vivían árabes que hacían el comercio con la India. El gobernador árabe recibió bien a los portugueses, tomábalos por turcos musulmanes; pero, cuando hubo reconocido que era cristianos, trato de apoderarse de sus barcos. Vasco, a quien se avisó, se hizo a la mar. Detúvose en otro puerto árabe, en Mombasa, donde también se intento sorprenderlo. Por último, más al Norte, en Mélinde, encontró un jefe árabe que le proporcionó un piloto de la misma nacionalidad que le condujera a la India.

La expedición, impulsada por el viento del Sudoeste (el monzón), que sopla siempre en dicha época, atravesó el Océano Índico en veintitrés días y llegó a la costa de la India, a Calicut, el gran puerto comercial adonde los árabes iban a buscar las especias venidas de Malaca, la canela de Ceilán, la pimienta de la India, el alcanfor de Sumatra. El príncipe era indio, pero los musulmanes tenían un barrio con casas de piedra y mezquitas.

Uno de los condenados a muerte portugueses fué enviado a tierra, y en el barrio de los extranjeros encontró dos musulmanes de Túnez que hablaban español e italiano. Uno de ellos le dijo en español: "¡El diablo te lleve! ¿Quién te ha traído aquí?" El portugués respondió. "Venimos para buscar especias y cristianos". (Se creía que parte de los habitantes de la India eran cristianos.)

Vasco de Gama pidió audiencia al príncipe de Calicut, que le recibió tendido en un lecho de terciopelo verde, debajo de un baldaquino dorado. Díjole que el rey de Portugal trataba de establecer con su país relaciones comerciales. Llevaba, en calidad de presentes regios, los productos de Portugal, telas, azúcar, aceite de oliva y miel. Sus regalos parecieron miserables, las gentes del príncipe manifestaron que querían oro. Los comerciantes árabes, irritados contra aquellos extranjeros que venían a hacerles competencia, aconsejaron al príncipe que se desembarazara de los portugueses.

Como hubiera ido unos personajes indios a bordo de su barco, Vasco de Gama los guardó en calidad de prisioneros. El príncipe entonces se decidió por la paz, y envió a Vasco una carta escrita en una hoja de palma para el rey de Portugal: "Vasco de Gama, noble de vuestra corte, has venido a mi país, de lo que me he regocijado. En mi país hay mucha canela, mucho clavo, jengibre y piedras preciosas. Lo que deseo de vosotros es oro, plata, coral y escarlata".

El príncipe permitió a los portugueses tener un almacén en Calicut, y algunos hombres se quedaron guardándole. La expedición volvió a hacerse a la mar, esta vez con viento contrario, y tardó tres meses en llegar a África. Más de treinta hombres murieron de escorbuto, casi todos los restantes estaban enfermos. Cuando se llegó, por último, a Portugal (septiembre de 1499), no quedaban más que 35 hombres.

Establecimientos de los portugueses[editar]



En lo sucesivo salió todos los años de Portugal una expedición para la India, de modo que llegara en la estación del viento Sudoeste.

La primera fué arrastrada en el Atlántico por las corrientes, y llegó, sin quererlo, a una costa desconocida que se tomó por una isla. El jefe de la expedición, Alvarez Cabral, tomó posesión de ella en nombre del rey de Portugal (1500). Como el país no producía nada que pudiera venderse, los portugueses tardaron mucho en establecerse en él. Iban a cortar árboles tintoreos y llamaron al país Brasil (madera encarnada). Más tarde plantaron caña de azúcar, y el Brasil llegó a ser la colonia más grande de Portugal.

Los portugueses querían tener la exclusiva del comercio de la India. Enviaron barcos de guerra armados con cañones para expulsar a los árabes. Los navíos árabes, no tan bien armados, mucho menos veloces, con velas malas de esterilla, maniobraban con más lentitud y no podían librarse de los portugueses.

Una expedición, mandada por Vasco de Gama, salió el año 1502 para dar caza a los navíos árabes. Capturó un barco de peregrinos musulmanes que iban a la Meca. Vasco de Gamma se apoderó de las mercancías y mandó prender fuego al barco con todos los pasajeros, las mujeres y los niños. Llegó ante Calicut e intimó al príncipe para que expulsase a todos los árabes, a lo que el soberano se negó. Vasco de Gama ordenó apoderarse de los pescadores indios que regresaban con sus barcos y los mandó colgar de las vergas de sus naves. Por la tarde mandó que les cortaran cabezas, manos y pies, y con una barca envió despojos y una carta al príncipe llena de injurias. Luego bombardeó la ciudad. Volvió a Portugal con un cargamento tan enorme de especias que la pimienta bajó en Europa a la mitad de lo que valía. El rey de Portugal se reservó todas las perlas, las piedras preciosas, el oro y la mitad de las especias.

Los portugueses no tuvieron al principio en los puertos de la India más que un almacén que regentaban unos cuantos empleados llamados factores, y a los almacenes iban todos los años los barcos en busca de las mercancías. Pero, cuando los barcos se marchaban, los empleados quedaban indefensos, y se dió varias veces el caso de que el príncipe de Calicut intentase degollarlos. El año 1505, el rey de Portugal envió 1.500 hombres en 29 naves, la mitad de los cuales solamente había de volver, y la otra, quedó en la India a las órdenes de un virrey para defender los almacenes. Los portugueses empezaron a levantar fortalezas en las costas de la India. Entonces ya no permitieron el acceso al país más que a los barcos provistos de autorización, y no dejaron navegar por aquellos mares más que a los portugueses. El rey de Portugal tomó el título de "Señor de la navegación y del comercio con Etiopía, Arabia, Persia y la India". No volvió a presentarse en la India ningún navío árabe.

El segundo virrey de la India, Alburquerque, adoptó un nuevo sistema. "Dominación fundamentada solamente en una flota, decía, no puede durar". Trató de conquistar los puntos más importantes de las costas y de fundar en ellos poblaciones capaces de defenderse. Apoderóse primero, al Norte de la India, de Goa, en una isla fácil de defender, y allí se defendió, a pesar de sus oficiales que querían retirarse. Luego fundó arsenales y astilleros, juntó una flota de 50 navíos, e hizo de Goa la capital del gobierno. En la punta de la Indo-China se apoderó por sorpresa de Malaca, que dominaba el estrecho por donde pasaban entonces todas las especias, y levantó una fortaleza en dicho lugar. Al otro extremo del océano Indico, en el golfo Pérsico, se hizo dueño de la ciudad árabe llamada Ormuz, a la entrada de la ruta de Persia (1515).

Los portugueses se establecieron en la costa de Ceylán; donde se encontraba canela y marfil, y fundaron varias ciudades fortificadas.

Desde Malaca enviaron expediciones a las islas Molucas para buscar clavo, y levantaron una fortaleza en Ternate (1522).

Fueron a comerciar a la China y obtuvieron licencia para establecerse en la islita de Macao.

Los establecimientos de los portugueses no eran más que una línea de plazas fuertes aisladas y diseminadas en las costas del océano Índico desde el Sur de África hasta la extremidad de las islas de la Sonda. Pero esto bastaba para hacerles dueño del comercio de la India. Todas las especias llegaban en barcos portugueses a Lisboa, a donde los europeos de todos los países iban a recogerlas.

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Primera vuelta al mundo

Primera vuelta al mundo[editar]



Cristóbal Colón contaba llegar a la India por el Atlántico, pero América le había impedido el paso. Cuando se hubo visto que América era un continente nuevo, se pensó en rodearla para avanzar hasta la India.

Un hidalgo portugués criado en la corte del rey, Magallanes (Malgalhaes), que había pasado varios años en la India, había concebido la idea de buscar un camino por el Oeste, para llegar a las Molucas, las islas de las especias. De vuelto a Lisboa y nombrado escudero del rey tuvo motivos para quejarse de su señor, abandonó Portugal y se naturalizó en España. Ofreció a Carlos V, rey de España, ir a descubrir las Molucas.

A pesar de las envidias de los españoles, Carlos V encargó a Magallanes del mando de una expedición. Le concedió en recompensa el título de virrey, y, caso de descubrir más de seis islas, el derecho de elegir dos, le prometió el quinto de los beneficios de su viaje y la vigésima parte de las rentas de los países que descubriera.

Magallanes partió con cinco navíos y 250 hombres, españoles, franceses y flamencos. No había manifestado su plan, para no asustar a los tripulantes. La expedición pasó por el Brasil, luego bordeó la costa de América del Sur. Llegado el invierno se detuvo, durante cinco meses, en una costa donde encontró indios de gran estatura, cubiertos con pieles de animales y armados con arcos. Fueron llamados patagones.


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Los tripulantes habrían querido volverse. Magallanes dijo que no faltaban víveres y que moriría antes que dar la vuelta. Los capitanes de los barcos, que eran españoles, descontentos de obedecer a un portugués, tramaron un complot para matar a Magallanes. Pero éste los mandó prender.

Pasado el invierno, la expedición partió de nuevo. Al cabo de dos meses, siempre bordeando la costa hacia el Sur, a pesar de los vientos furiosos, la expedición llegó a un desfiladero estrecho entre montañas altas y cubiertas de nueve. Fué lo que se llamó estrecho de Magallanes.

En doce días la expedición atravesó el estrecho, por el que hoy día ya no se aventuran los barcos de vela, y penetró en el océano que Magallanes denominó Pacífico (noviembre de 1520). Se alejó inmediatamente de la costa y emprendió rumbo al Noroeste, empujado por un viento regular. Permaneció en el mar tres meses y veinte días. La tripulación ya no tenía para comer más que galleta convertida en polvo por los gusanos y corrompida por la orina de los ratones; no había más que agua podrida, por lo que casi todos los marineros fueron atacados de escorbuto y murieron 19 de esta enfermedad.

Se llegó por fin a unas islas pequeñas habitadas por salvajes, las islas Marianas, luego al archipiélago de las Filipinas, donde se encontraron pueblos malayos. En un combate con los indígenas Magallanes fué muerto. La expedición llegó a las Molucas. Los portugueses acababan de arribar a ellas y retuvieron prisioneros a los tripulantes de uno de los barcos.

Volvióse a partir en dirección al cabo de Buena Esperanza, manteniéndose al Sur de los parajes por donde navegaban los portugueses. Cuando se llegó por último a las islas de Cabo Verde, hubo buen cuidado de no decir de dónde se venía [1]. Ya no quedaba más que un barco, y hacía agua. Volvió a España tres años después de la salida, no llevando más que 18 hombres (1522). Era la vez primera que se había dado la vuelta al mundo.


  1. Al llegar a las islas de Cabo Verde, los españoles quedaron muy sorprendidos de oir decir que era jueves, porque habían llevado exactamente cuenta de los días desde el momento de la partida y creían estar en miércoles. Se comprendió más tarde que la expedición, habiendo dado vuelta al mundo en sentido contrario al movimiento de rotación de la tierra, se había retrasado un día.
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Conquista de Méjico

Conquista de Méjico[editar]



Los españoles habían ocupado primeramente las islas de las Antillas, donde buscaban oro en los ríos, y luego se establecieron en el continente que hay frente a ellas, cerca de Panamá. Un aventurero español, Vasco Núñez de Balboa, oyó hablar de un gran mar a pocas jornadas de marcha al sur. Partió con 190 españoles, cargadores y guías indios, atravesó bosques espesos y descubrió el océano que Magallanes iba pronto a dominar Pacífico (1513)

Los indígenas de la costa notificaron a los españoles que en el interior habitaban pueblos ricos y poderosos que tenían grandes ciudades. Un pueblo guerrero, los Aztecas, había sometido a los pueblos vecinos y fundado en las montañas un gran reino. Eran hombres altos y vigorosos, de tinte aceitunado, barba clara y mucho pelo. Cubríanse con telas de algodón y se engalanaban con plumas, oro y piedras preciosas. No tenían ganado, porque no existía en la América del Norte ningún animal doméstico. Cultivaban el maíz y el algodón. Regaban sus huertos por medio de canales. Su capital, Méjico, se alzaba en una isla, enclavada en una laguna, y estaba rodeada de un recinto de piedra y cortada por canales por los que se transitaban en barca. Tenía calles muy anchas, plazas, jardines y palacios de piedra, y ancha calzada la unía a tierra firme. Se iba desde la capital a las otras ciudades por grandes caminos y puentes de piedras. Aquellos pueblos sabían dibujar y pintaban en telas de algodón, pieles y aun hojas de árbol, una especie de escritura que les servía para perpetuar la historia de sus reyes.

El rey, considerado descendiente del dios sol, habitaba en un gran palacio. Al lado se alzaba un gran templo en forma de pirámide, terminado en una plataforma, a la que se llegaba por una escalera de 114 escalones. En la plataforma, dentro de una torre, había ídolos de piedra que representaban a los dioses. Los días de fiesta les eran llevadas víctimas humanas, un sacerdote abría con un cuchillo de piedra al cuerpo de la víctima, arrancaba el corazón y, sangrado, lo acercaba a los labios del ídolo. El santuario estaba rojo de sangre.

El gobernador de Cuba envió una expedición en busca de los tesoros de oro y plata que se decía amontonados en aquella capital. Púsola a las órdenes de su secretario Hernán Cortés, hidalgo llegado a América en 1504.

La expedición, formada por 400 españoles, 200 indios, 16 caballos y 14 cañones, desembarco en la costa del continente (1519). Encontró un pueblo de guerreros armados con arcos y lanzas, valientes y dispuestos a la lucha; pero, después de un primer combate, no intentaron seguir resistiendo.

Una profecía aseguraba que el dios del viento y del sol había prometido antaño a su pueblo volver atravesando el Océano. Los españoles venían del mar en grandes barcos de madera. Aparecían cubiertos con armaduras de hierro, montados en animales desconocidos, los caballos; lanzaban el rayo por la boca de sus cañones, y así los indios los tomaron por dioses.

El rey de Méjico, Montezuma, ordenó recibirlos con respeto y mandó darles oro, plata y adornos de pluma. Hernán Cortés le envió a decir que era mandado por un gran rey para entregarle un mensaje. Para asegurarse él los beneficios de la expedición, envió a España los presentes de Montezuma y pidió el puesto de gobernador del país que iba a conquistar. Para obligar a sus hombres a seguirle, dijo que sus barcos ya no podían navegar y mandó arrimarlos a tierra y quemarlos.

La expedición se internó en Méjico, acompañada de una tropa numerosa de indígenas, atravesó las montañas y llegó a la capital. Montezuma recibió a los españoles con respeto y los alojó en un palacio de su padre. Hernán Cortés le indujo a hacerse cristiano y a reconocerse súbdito de Carlos V. Montezuma no quiso cambiar de religión, pero se manifestó dispuesto a pagar al soberano de España un tributo de oro.

Hernán Cortés supo más tarde que los indios habían atacado a los españoles que quedaron en la costa. Fué a prender a Montezuma dentro de su palacio, le llevó a donde estaban los españoles y le trató como prisionero. Desde ese momento se consideró dueño del país.

Pero el gobernador de Cuba, Velázquez, no quería dejar escapar un asunto tan bueno. Envió 800 hombres y 80 jinetes, con orden al jefe de que destituyese a Cortés del mando. El conquistador, dejando una guarnición en Méjico, bajó con el resto de sus hombres al encuentro de la tropa enviada contra él. Una noche oscura la sorprendió en su campamento e hizo prisionero a su jefe. Casi todos los soldados le siguieron.

Mientras tenía lugar esta expedición de los españoles, la guarnición que quedara en Méjico había degollado a unos nobles del país, y los indios, irritados, la habían cercado en la ciudad. Hernán Cortés llego en su auxilio, pero, a su vez, se encontró bloqueado. Los guerreros indígenas no tenían para combatir más que lanzas con punta de cobre, venablos y hondas, y sólo protegían su cuerpo con túnicas de algodón y pequeños escudos de junco; pero constituían una masa enorme y parecían decididos a dejarse matar todos para concluir con los invasores. Hernán Cortés trató de servirse de Montezuma. El rey subió a la azotea y dijo que ordenaba a sus súbditos que dejasen marchar a los españoles. Los sitiadores, furiosos, le tiraron piedras, fué herido y murió.

Hernán Cortés intentó hacer salir sus tropas por la calzada que atravesaba el lago. Los indígenas, tripulando canoas hechas con troncos de árboles, lanzaron una lluvia de piedras y venablos. Los españoles, presa del pánico, llegaron a un sitio donde el dique estaba cortado. Los que iban delante se ahogaron, los otros, pasando por encima de los cadáveres, llegaron en desorden a tierra firme. Habían perdido los dos tercios de su gente, todos los cañones, la mayor parte de los arcabuces y de los caballos y todo su oro. La expedición evacuó el reino (1520).

Volvió en 1521 y atacó la ciudad, tardando cerca de diez semanas en apoderarse de las casas una por una.


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Hernán Cortés mandó reedificar Méjico y tomó el título de virrey. Sus compañeros ocuparon poco a poco todo el país, que se llamó Nueva España (más tarde Méjico). Los españoles, llamados conquistadores, sustituyeron a los cabecillas. Fué cada uno un señor y vivió en un gran dominio que cultivaban los indígenas.

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Descubrimiento del Perú

Descubrimiento del Perú[editar]



Los españoles, que se habían establecido en el continente cerca del Panamá, oyeron a los indígenas hablar de un país, por la parte del Sur, donde el oro eran tan abundante que se utilizaba para la vajilla. Tres aventureros se asociaron para ir en busca de aquel país.

Pizarro, que en España había empezado siendo porquero, había hecho ya expediciones en América y tenía experiencia, pero no dinero. Almagro había reunido una banda de aventureros. Luque, sacerdote de la iglesia de Panamá, aportaba dinero y la protección del gobernador. Debía percibir en cambio un tercio de las tierras, de los tesoros y de los esclavos.

Pizarro y Almagro partieron con 160 hombres en dos barcos (1526) y bordearon la costa del Pacífico. Tuvieron noticia de que en las montañas había ciudades y tesoros, pero los guerreros indígenas les interceptaban el camino. Pizarro fué a España (1528) e hizo que el rey le diera el privilegio de descubrir el país que se denominaba Perú, del cual había de ser gobernador. Alistó 250 hombres y volvió a Panamá.

Pizarro y Almagro partieron en tres barcos (1532), desembarcaron en la costa y dejaron allí 50 hombres en una fortaleza. Internáronse con 120 infantes y 67 jinetes.

Cruzando la cordillera de los Andes, se llega a una meseta muy alta (de 3.000 a 4.000 metros), cuyo clima es suave y sano. Allí había fundado un poderoso reino indígena la familia de los Incas. Sus súbditos les obedecían considerándolos descendientes del dios Sol. Cultivaban el maíz y las patatas (es el país de origen de esta planta) y daban a los Incas y al dios Sol los dos tercios de sus cosechas. Los grandes rebaños de llamas que pacían en las montañas eran asimismo de los Incas. Sus servidores esquilaban la lana y la distribuían entre los habitantes para tejer telas. Al Inca iba a parar también el oro y la plata recogidos en el país, y aplicaba estos metales al adorno de los palacios y de los templos. En la capital, Cuzco, el templo del Sol tenía las paredes cubiertas con planchas de oro, y los cadáveres embalsamados de los Incas estaban sentados en tronos de oro.

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Conquista del Perú

Conquista del Perú[editar]



El Inca podía reunir gran número de guerreros. Pero en aquel momento el reino era disputado entre dos hermanos que acababan de hacerse la guerra. El vencedor, Atahualpa, tenía a su hermano prisionero. Pizarro, con su pequeña tropa, fué directamente al campamento del Inca. Le encontró con su ejército cerca de una ciudad que se había dejado desierta. Los españoles llegaron y se instalaron en la ciudad. Pizarro envió unos cuantos jinetes al campamento para rogar al Inca que fuese a visitar a los españoles. Atahualpa, sorprendido de ver caballos, prometió su visita para el día siguiente.

Pizarro preparó una emboscada. Mandó esconderse a todos sus hombres en las grandes salas que rodeaban la plaza del mercado, y no conservó a su lado más que veinte de ellos. El Inca, llevado en una litera, salió de su campamento con gran escolta, entró en la ciudad desierta y llegó a la plaza del mercado. Un monje español se adelantó, el Evangelio en la mano, con dos indígenas que servían de intérpretes. Dijo al Inca que el Papa, representante de Dios en la tierra, había dado al rey de España todo el país, y le indujo a convertirse y a someterse al rey. El Inca preguntó al fraile en nombre de quién hablaba. El fraile respondió: "En nombre de este libro". El Inca cogió el Evangelio, le hojeó y, no comprendiendo nada, le arrojó al suelo. El fraile lanzó un grito, que era una señal. Los dos cañones colocados en el mercado dispararon. Los jinetes, ocultos cerca de sus caballos, saltaron a la silla y se lanzaron sobre la escolta del Inca. Mataron a los portadores de la litera, el Inca cayó y fué hecho prisionero. Después de lo cual los españoles atacaron el campamento, dispersaron a los guerreros sorprendidos y se llevaron rebaños de llamas y mucho oro y piedras preciosas. Pizarro era dueño del reino de los Incas.

Atahualpa, viendo a los españoles ávidos de oro, intentó pagarles rescate. Les ofreció, si querían dejarle libre, hacer llenar de oro hasta donde alcanzaba su mano la habitación en que estaba recluído. Pizarro se avino. El Inca ordenó traer de todas partes el oro de los palacios y de los templos. Los españoles se repartieron aquellos tesoros, obteniendo Pizarro más de 300.000 ducados, y cada caballero cerca de 12.000. Pero Atahualpa no fué libertado. Para impedir que los españoles se sirvieran contra el de su hermano prisionero, había ordenado darle muerte. Pizarro aprovechó la circunstancia para hacer juzgar a Atahualpa como asesino y le mandó ejecutar. Fué virrey del Perú y fundó una ciudad nueva, que pronto se llamó Lima.

Almagro, llegado más tarde, reclamó su parte, obteniendo una negativa. Fuese al Sur y sometió al país que se denominó más tarde Bolivia. Pero aquel país era frío y no tenía alimentos. Atravesó la cadena de los Andes, bajó a la costa, la bordeó y descubrió el país que se denominó Chile. Pero en él no encontró oro y volvió al Perú (1535). Fué nombrado gobernador de una provincia. Se indispuso entonces con Pizarro y los dos asociados se batieron. Almagro hizo prisionero a Pizarro y a su hermano. Cuando Pizarro recobró la libertad atacó a Almagro, le hizo prisionero y le mandó ejecutar. El hijo de Almagro sorprendió a Pizarro y le dió muerte.

Una expedición, enviada desde el Perú a través de las montañas, descendió por la vertiente oriental de los Andes y descubrió un afluente del río de las Amazonas. Se hizo una gran barca, en la que un destacamento siguió adelante. Pero, en lugar de esperar a los expedicionarios, el jefe del destacamento, Orellana, bajó hasta el río, luego se aventuró por el río mismo de las Amazonas y le siguió hasta el océano Atlántico, cruzando de esta suerte todo el continente.

Descubrimiento de América del Norte[editar]



Se había tenido la idea de ir a la India pasando por el Noroeste, por donde se creía encontrar un mar libre. Marinos Italianos, los Cabot, al servicio del rey de Inglaterra, partieron de la costa inglesa, atravesaron el Atlántico y descubrieron una tierra (1497), que era quizá el Labrador. Hicieron una segunda expedición (1498) y bordearon la costa hacia el norte, buscando un paso para ir a la India. Pero encontraron hielos que les impidieron pasar.

Un portugués descubrió (1500) la isla de Terranova, cerca de lo cual pasan bancos enormes bacalaos. Los barcos de Inglaterra y de Francia empezaron a acudir todos los años, durante varios meses, a hacer la pesca del bacalao.

El rey de Francia envió luego expediciones en busca del paso del Noroeste. La primera, mandada por el italiano Verazzano, descubrió a lo largo de la costa del Atlántico el país que más tarde se llamó Nueva Inglaterra, donde se fundaron las colonias inglesas que han formado los Estados Unidos (1524). Otra expedición, mandada por un marino de Saint Malo, Jacobo Cartier, descubrió el río San Lorenzo (1534) y le remontó (1535). Así comenzó la Nueva Francia, llamada más tarde Canadá.

Españoles vendidos de las Antillas habían descubierto la península de la Florida (1512), donde más tarde se fundó una colonia española. Luego expediciones españolas bordearon la costa del golfo de Méjico y llegaron al Missisipí. Buscaban el país del oro (El Dorado); pero no encontraron más que vastas llanuras desiertas en que no intentaron establecerse.

Establecimientos de los españoles[editar]



Los españoles habían empezado por ocupar las Antillas. Cristóbal Colón fué al principio gobernador único. Cuando se hubo descubierto el continente, el rey de España nombró en cada país un gobernador, que era llamado en los puestos más importantes virrey, en los otros capitán general. A medida que fueron ocupándose territorios nuevos, se crearon nuevas colonias.

La reina Isabel había ordenado convertir los indígenas a la religión católica. Mandó poner en libertad a los que Colón había conducido esclavos a España, recomendó a sus herederos tratar a los indios como a sus propios súbditos y convertirlos. Pero los aventureros españoles, que habían ido a América para enriquecerse, querían tener esclavos para que les buscasen oro. Lograron que los indígenas fuesen repartidos entre ellos (los llamadosrepartimientos). Los trataban como esclavos, los hacían trabajar con exceso, los alimentaban mal y hasta los mataban como a fieras para divertirse. Un fraile refirió al rey Fernando que había visto a dos españoles divertirse en ahogar a un niño de dos años como si hubiera sido un gato pequeño.

Los sacerdotes intentaron impedir estas destrucciones. El padre Las Casas, que llegó a ser obispo, pasó toda la vida reclamando en favor de los indígenas. Contaba haber visto a españoles cortar las manos, las narices, las orejas a hombres y mujeres por puro capricho. En un libro aparecido en 1524 decía: "A un oficial del rey le fueron entregados un día 300 indios. Al cabo de tres meses no le quedaban más que 30. Hizo que le dieran otros 300 y los dejó perecer. Se le dieron más hasta que murió y se le llevó el demonio".

Los indígenas perecían o huían a las selvas, y pronto ya no quedaron casi en las Antillas. Los españoles fueron entonces a caza de los naturales en el Continente.

Cuando ya no se encontró más oro, el gobierno trató de sacar partido de las colonias, haciendo plantar caña de azúcar. Para ahorrar indios, el padre Las Casas, nombrado obispo, decidió al gobernador a que permitiese la trata de negros. Se empezó a hacer venir de África esclavos negros.

En los antiguos reinos indios conquistados por los españoles -Méjico y el Perú-, los indígenas no perecieron. Los españoles conquistadores ocuparon el lugar de los antiguos cabecillas, se hicieron señores y destinaron a los indígenas al cultivo de sus tierras.

Durante el siglo XVI, los españoles siguieron ocupando las diferentes partes de América. Se habían establecido primeramente en la América central frente a las Antillas, en el país que se llamó más tarde Guatemala.

Conquistaron luego el reino de los Aztecas, que vino a ser la Nueva España (Méjico), y el reino de los Incas, que se llamó Nueva Castilla (más tarde Perú). Se descubrieron minas de plata muy ricas en El Potosí (1545), y las "minas del Perú" se hicieron proverbiales. En Méjico se explotaron minas nuevas. Méjico y el Perú fueron las dos colonias más importantes, las que daban más dinero al rey de España.

En América del Sur, los españoles se establecieron en la costa Norte del Atlántico, y poco a poco ocuparon los territorios fértiles de las montañas. En ellas encontraron un reino indígena rico en oro. Dedicáronse a registrar las tumbas en que los muertos estaban enterrados con adornos de oro. Así se crearon Nueva Granada y Nueva Andalucía, llamada más tarde Venezuela.

Por la parte del Sudoeste los españoles ocuparon la costa entre los Andes y el océano Pacífico. Fué llamada el principio Nueva Toledo, luego Chile.

Por la parte del Sudeste descubrieron la desembocadura del gran río que llamaron El Plata, porque en él se encontraba ese metal. Hoy se denomina este país la Argentina. Unos cuantos caballos llevados por los españoles fueron origen de la enorme cantidad de estos animales que pueblan las extensas llanuras (pampas) de esta región. Una tropa española avanzó en el interior, se estableció, y por uniones con las mujeres indígenas, creó un pueblo nuevo y fundó la colonia de Paraguay.

Antes de terminar el siglo XV, los españoles poseían toda la América del Sur, excepto el Brasil.

Estas colonias siguieron siendo propiedad del rey de Castilla. Nombraba éste a todos los gobernadores y los funcionarios, no dejaba establecerse en las colonias más que a sus súbditos y era dueño de todo el comercio. Creóse en Sevilla una "Cámara de Comercio" (Casa de contratación), encargada de inspeccionar y recibir todas las mercancías de las colonias. Los barcos que de éstas venían no podían arribar más que al puerto de Sevilla. Los españoles establecidos en América, no debían comprar sino los artículos europeos llevados por naves que eran enviadas desde Sevilla una vez al año. Estaba prohibido a cualquier otro barco llevar mercancías a una colonia.

América enviaba todos los años, en navíos llamados galeones, cantidades enormes de dinero. El rey de España, siempre cargado de deudas, las empleaba en pagar a sus acreedores. El dinero no quedaba en España, se repartía por Europa; llegó a ser mucho más abundante y disminuyó su valor, lo cual hizo subir el precio de las cosas y dió mayores facilidades para el comercio y la industria.

De América vinieron plantas que se aclimataron en el resto del mundo, el maíz, el tabaco, la patata, el cacao, con el que se hizo el chocolate, la vainilla, el platano, la chufa, la dalia (de Méjico), la capuchina (del Perú).