Historia IV (Versión para imprimir)

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Autor: Charles Seignobos[editar]

El Renacimiento[editar]



Los pintores, los escultores, los escritores, habían perfeccionado desde el siglo XIV su arte tratando de imitar a los antiguos. A principios del siglo XVI, llegaron a producir obras perfectas que jamás han sido sobrepujadas. A este momento de perfección se ha llamado, en el siglo XIX, Renacimiento. No tuvo lugar a un mismo tiempo en todos los países. El Renacimiento se produjo primero en Italia a fines del siglo XV — luego en Alemania y en Francia en la primera mitad del XVI,— en Inglaterra a fines de la misma centuria. Italia y Francia solamente tuvieron a la vez pintores, escultores, arquitectos y escritores.

Los pintores y los escultores habían sido hasta entonces obreros reunidos en gremios y sometidos a reglamentos, como los sastres y los zapateros. Como las restantes profesiones, tenían maestros, compañeros y aprendices. Los aprendices machacaban los colores, los compañeros ayudaban a los maestros a pintar.

En un libro escrito en Italia con destino a los pintores, el autor, dirigiéndose al aprendiz, le dice: "Deberás primeramente aprender a dibujar en tablillas, luego entrarás en el taller de un maestro... Empezarás por machacar los colores, calentar la cola, amasar el yeso, preparar las tablas, pulimentarlas, dorarlas, y para esto necesitarás seis años. Luego aprenderás a dar el color, a hacer paños de oro, a pintar en las paredes, y esto te ocupará otros seis años".

Los artistas trabajaban para satisfacer encargos. Un obispo, un abad, un cura les encargaba un cuadro, una estatua, o esculturas para el altar de una iglesia. Los señores y los burgueses ricos les encargaban cuadros de devoción, en que el donante se hacía representar con su familia arrodillados delante del santo, su patrono. No se trabajaba casi más que para las iglesias, para unos cuantos grandes señores o para los burgueses ricos de algunas ciudades, únicos que en aquella época tenían dinero para poder gastar en objetos de arte.


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A fines del siglo XV se verificó un cambio en Italia. Algunos príncipes tuvieron afición a las artes y empezaron a interesarse personalmente por los artistas. Hiciéronlos venir a su Corte, hablaron familiarmente con ellos y los trataron, no ya como a artesanos, sino como trataban a los escritores.

Lorenzo de Médicis (apellidado el Magnífico), que gobernaba Florencia, estableció en sus jardines una escuela de jóvenes escultores, que comían en su mesa y vivían familiarmente con su hijo. El Papa León X, de la familia de los Médicis, hizo ir a su Corte a pintores y escultores.

Para retener a su lado a los artistas, los príncipes les daban pensiones. Pero como los habían tomado a su servicio, los obligaban a desempeñar toda clase de oficios. El pintor había de preparar decoraciones para las fiestas, pintar escudos, divisas, en ocasiones hasta arneses.

Los artistas no llegaron nunca a igualarse a los nobles, pero se elevó su posición social. En Italia, los más célebres fueron objeto, por parte de los príncipes, de distinciones que dieron a entender a las gentes que se les trataba con consideración.

Lo mismo ocurrió en Francia. Desde el Renacimiento se aplicó a los pintores y a los escultores el nombre italiano de artista, que en dicho idioma significa "artesano", y que en francés tuvo nuevo significado.

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Los pintores en Italia

Los pintores en Italia[editar]



Los tres pintores italianos más célebres aparecieron antes de finalizar el siglo XV, en el centro de Italia, en las comarcas que ya en la Edad Media habían producido grandes artistas del mismo género. Dos eran de Florencio, Leonardo de Vinci y Miguel Angel, que fué al propio tiempo el escultor más grande del Renacimiento; el tercero, Rafael, nació en Umbría. Su historia da idea de lo que era entonces la vida de un gran artista.


Leonardo, nacido en 1452 en Vinci, aldea de Toscana, era hijo de un rico burgués de Florencia, propietario de un castillo. Aprendió siendo niño la geometría, la mecánica y la música. Luego su padre le puso de aprendiz en el taller de un pintor en Florencia. Pronto fué conocido como pintor. Marchó a establecerse a Milán para entrar al servicio del duque. Había aprendido también el arte del ingeniero. Escribió al duque enumerándole todo lo que sabía hacer, puentes, cañones, minas, máquinas de guerras, navío, edificios, acueductos, esculturas en mármol y en bronce, pintura, arquitectura.


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Leonardo no se alababa en vano, porque, a más de sus cuadros y un número muy grande de dibujos, dejó manuscritos que tratan de mecánica, ingeniería militar, ciencias naturales, ilustrados con dibujos que representan sus inventos, y en ellos se han encontrado descritos los principios de descubrimientos que no se han realizado hasta nuestros días.

Pero Leonardo era difícil de contentar y emprendía tantas cosas que nunca lograba llevarlas a término. El duque le encargó un monumento con la estatua a caballo de su predecesor, Sforza. Leonardo trabajó dieciséis años sin poder terminarle. El duque le empleó también como arquitecto para construir edificios, como decorador para organizar fiestas, hacer dibujos de trajes, erigir arcos de triunfo.

Los monjes de un convento de Milán le encargaron que pintase la Sagrada Cena en la pared de su refectorio. Leonardo empleó mucho tiempo en este trabajo. Francisco I, que vió aquella obra todavía en buen estado, quedó maravillado. Pero la pared era húmeda, el color fué atacado por detrás, y hoy es difícil representarse lo que era la pintura cuando estaba fresca.

No se pagaba a Leonardo el sueldo que se le había prometido y tenía deudas. Luego el ejército francés invadió el Milanesado (1499). Leonardo anduvo errante algún tiempo y entró al servicio de César Borgia. Volvió a Florencia. El gobierno de la ciudad le envió al campamento delante de Pisa, que los florentinos sitiaban, para que hallase medio de desviar el curso de río.

El Consejo decidió hacer pintar, en las paredes de una gran sala, las victorias de Florencia. Dióse el encargo de representar una a Leonardo. Estudió mucho tiempo las crónicas e hizo estudios de caballos. Ensayó una pintura con cera caliente, que no obtuvo resultado; luego otra con aceite de nuez, que dejaba transparentarse el estuco dado sobre la pared. Entonces se disgustó y se fué a Roma.


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Permaneció algunos años en Roma, donde el Papa le dió sueldo. Volvía a veces a Florencia. Entonces hizo el célebre retrato de Mona Lisa, que se denomina "La Gioconda" (Museo del Louvre), en el que trabajó cuatro años.

Volvió a Milán por tres meses, y Leonardo obtuvo el título de "pintor de Su Majestad Luis XII". Siguió sus trabajos de ingeniero e hizo canales y esclusas.

Cuando Francisco I entró en Pavía, Leonardo le presentó un león automático que andaba. Al llegar cerca del rey, el pecho del león se abrió y dejó caer flores de lis. Francisco I dió a Leonardo un sueldo grande para la época y le llevó consigo a Francia. Le alojó en un pequeño castillo cerca de Amboise. Allí escribió el italiano tratados acerca de la anatomía del hombre, huesos, músculos, nervios, venas, que conocía admirablemente. Sus dibujos son a la vez obras científicas y obras de arte.


Rafael Sanzio, nacido en 1483 en Urbino, pequeña población de la montaña, era hijo de un artista que pintaba cuadros de santos. Tenía nueve años cuando murió su padre. Entró de aprendiz en el taller de un célebre pintor de Perusa denominado "el Perugino", y le ayudó a hacer pinturas para retablos. Luego fué a Florencia, pintó varios cuadros de Santas Vírgenes (que en Italia se llaman Madonas). El duque de Urbino, su ciudad natal, le protegía.

Cuando el duque hubo muerte, el Papa Julio II llamó a Rafael a Roma y le tomó a su servicio. Se había mandado hacer nuevas habitaciones y quería que se pintasen frescos en las paredes. Rafael emprendió la obra de los famosos frescos de las Stanze -la Poesía, la Filosofía , la Justicia-, representadas en forma de mujeres, y los grandes cuadros inspirados en la Sagrada Escritura: el Juicio de Salomón, Adán y Eva. Trabajó en esto tres años. El Papa le dió luego otra sala en la que pintó grandes escenas.


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Habiendo muerto Julio II, el nuevo Papa León X, de la familia de los Médicis, trató a Rafael de manera muy honrosa. Pero, en vez de dejarle pintar, le encargó de dirigir la construcción de la iglesia de San Pedro, cuyo arquitecto había muerto. Rafael empezó a estudiar las obras del arquitecto romano Vitruvio y a dibujar los monumentos antiguos de Roma. Hizo también el plano de una casa de campo para un cardenal y dibujó platos de lujo para un gran banquete.


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Como el Papa quisiera tener lindos tapices con que cubrir las paredes de la capilla Sixtina, Rafael dibujó los cartones y los tapices fueron tejidos en Bruselas.

Pintó también, para un convento de Plasencia, un cuadro de altar que representa a la Virgen. Es la famosa "Madona de San Sixto", al presente en el Museo de Dresde.

Para agradar al rey de Francia, Rafael, por mandato del Papa, pintó un San Miguel y una Sagrada Familia. Estas obras fueron confiadas a un ayudante de Rafael, que las acompañó hasta Fontainebleau (1518). Figuran hoy en el Museo del Louvre.


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De todos lados los príncipes extranjeros le enviaban a pedir cuadros. Rafael, que tenía demasiados encargos, no tenía tiempo más que para dar unas pinceladas y confiaba el trabajo a sus discípulos. El Papa le encargó decorar la galería exterior del palacio del Vaticano, denominada las Logias. Rafael dirigió el trabajo, que fué ejecutado por sus discípulos.

Debido a exceso de trabajo, cayó enfermo de melancolía. Fué acometido por la fiebre cuando dirigía excavaciones en la campiña malsana, y murió el año 1520, teniendo no más que treinta y siete años. Dejaba, a más de las dos series de frescos del palacio de Julio II y del Vaticano, una cantidad enorme de cuadros, sobre todo Madonas, que se consideran las obras maestras de los pintores italianos.


Miguel Angel que ya conoceremos como escultor, se vió obligado, contra su voluntad, a hacerse pintor. El Papa Julio II, que le había tomado a su servicio, le encargó pintar frescos en el techo de una sala de su palacio. Miguel Angel trabajó en este encargo, a su pesar, cuatro años y medio. "No estoy en mi verdadero lugar, no soy pintor de frescos". Le desesperaron en un principio las manchas de humedad, se cansaba de estar todo el día subido en un andamiaje, con la cabeza echada hacia atrás, el rostro embadurnado con la pintura que goteaba. Pintó en los ángulos los profetas y las sibilas, y en medio las escenas del Antiguo Testamento desde la Creación. Representó personajes de cuerpo vigoroso, semejantes a las estatuas antiguas.

El Papa Paulo III encargó a Miguel Angel que pintase dos paredes de la Capilla Sixtina. Miguel Angel pintó el gran fresco del Juicio Final. Le comenzó en 1535 y trabajó en él ocho años. Representa los elegidos subiendo al Cielo y a los condenados precipitados en el Infierno, con cuerpos desnudos imitados de lo antiguo.

Los tres grandes pintores tuvieron cada uno discípulos que imitaron su manera de pintar. Leonardo de Vinci, establecido en Milán, fundó la escuela lombarda; Rafael, establecido en Roma, la escuela romana, y los discípulos de Miguel Angel formaron la escuela florentina.

Un pintor muy grande, que no pertenecía a ninguna escuela, fué Allegri, apellidado el Corregio, nacido en Parma (1494 - 1534). Pintó sobre todo escenas religiosas y cuadros mitológicos. Hacía figuras muy graciosas en una luz muy suave. Sus obras principales están en Parma y en Dresde. El Louvre posee dos -una escena mitológica, el Antíope-, una escena religiosa, el Matrimonio místico de Santa Catalina.


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En el siglo XVI, lo mismo que en el XV, Venecia siguió siendo un centro pictórico importante. Los venecianos no imitaban a los grandes maestros de Florencia, como hacían los otros pintores de Italia. Pintaban directamente copiando de la naturaleza y trataban de representar sobre todo el color y la luz. Se les ha llamado coloristas.

El más antiguo y el más célebre, Tiziano (nacido por el año 1490), fué en un principio discípulo de Giorgione. Siguió haciendo progresos hasta el final de su vida. Pintó escenas mitológicas y algunos cuadros de santos. Representó siempre la naturaleza con gran intensidad de vida y de alegría, y hasta sus vírgenes son muchachas de su tiempo, de frescas carnes. Tiziano fué célebre también como pintor de retratos. Retrató a los grandes soberanos de su tiempo, Carlos V y Francisco I.

Venecia siguió teniendo grandes pintores, cuando la pintura estaba en decadencia en todo el resto de Italia. En la segunda mitad del siglo XVI aparecieron en Venecia pintores ilustres, que se ha convenido en reunir bajo la denominación de escuela veneciana.


Robusti (1518 - 1594), apellidado el Tintoreto, a causa de la viveza de sus colores, quería, son sus manifestaciones, unir el dibujo de Miguel Angel al color del Tiziano. Pintó sobre todo grandes frescos en las paredes de las iglesias y de los palacios, 56 cuadros en el Palacio de los dogos, y un Paraíso y un Juicio final gigantescos. Pero sus cuadros se han ennegrecidos y no se juzga bien de lo que valió como colorista.


Caliari, apellidado Veronese (1528 - 1588), nacido en Verona y establecido en Venecia, pintó sobre todo grandes escenas religiosas. Pero en ellas puso personajes de su época con trajes venecianos. Su obra más conocida, Las bodas de Canaán (hoy en el Museo del Louvre), había sido encargada para un convento. Representa señores con trajes de seda y oro, en una galería magnífica que sostienen columnas.

La última escuela italiana fué creada en Bolonia en el siglo XVII por los Carracho, fundadores de una Academia. Enseñaron a sus discípulos que había que tomar de cada pintor lo mejor que tenía. Los pintores de Bolonia no estudiaban ya la naturaleza, imitaban a los maestros del siglo XVI. Crearon el tipo de la pintura del siglo XVII, que representa figuras siempre sonrientes, en una luz suave, sin ninguna originalidad.

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Los escultores en Italia

Los escultores en Italia[editar]



Miguel Angel Buonarroti, nacido en 1475, era hijo de un señor de Florencia. Fué primeramente a la escuela de latín. Como ya dibujaba muy bien, quiso ser pintor. Su padre se opuso en un principio, luego le puso de aprendiz en el taller de un artista célebre. El joven mostró pronto dotes extraordinarias para reproducir la naturaleza. Lorenzo de Médicis, que gobernaba Florencia, reunía en su palacio jóvenes para enseñarles la escultura. Miguel Angel fué enviado a esta escuela por su maestro. Vivía en el palacio, comiendo con los hijos del duque, educado por el preceptor de éstos. A los quince años hizo en mármol una cabeza de viejo fauno.

Cuando murió Lorenzo, Miguel Angel volvió a casa de su padre. Desde ese momento trató de imitar a los antiguos. Compró un bloque de mármol y con él hizo un Hércules. Hizo luego un Amor, tan bien imitado, que alguien le aconsejó venderlo como estatua antigua auténtica que acababa de descubrirse. Le llevó a un comerciante, y éste le vendió como antigüedad a un cardenal. El cardenal descubrió el engaño, pero tanto le admiró Miguel Angel que le mandó llamar a Roma.

En Roma encontró el artista protectores e hizo para el embajador francés un grupo célebre, La Pietà, que representa a la Virgen que tiene a Cristo muerto en su regazo. Al contrario de lo que era tradición, representó a la Virgen joven para que resultase más linda.

Habiéndose arruinado su padre, Miguel Angel trabajó para sostener a su familia. Volvió a Florencia y cinceló figuras para capillas. El gobierno de Florencia le mandó hacer un David que fué puesto delante del palacio.

El Papa Julio II le hizo ir a Roma para que construyera su tumba. Miguel Angel fué a Carrara a comprar bloques de mármol, pues quería hacer un monumento de dos pisos. Pero el Papa cambió de idea. Miguel Angel le oyó decir un día "que no daría un sueldo más por piedras grandes o pequeñas". Acudió varios días seguidos a pedir que le pagasen el dinero que había adelantado y no fué recibido. Desesperado, vendió todo lo que tenía y salió con dirección a Florencia. El Papa envió un mensajero para traerle. Miguel Angel respondió al principio que no volvería, que no había merecido ser arrojado como un mísero, que "si el Papa no quería tumba, estaba desligado de su compromiso".


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Julio II pidió al Gobierno de Florencia que le enviase al fugitivo. Miguel Angel acabó por volver al lado del Papa y por recuperar su favor. Trabajó un año haciendo la estatua de bronce de Julio II, pero el fundidor la quebró. Miguel Angel ya no tenía dinero y volvió a Florencia. Más tarde fué de nuevo a Roma y el Papa le obligó a hacerse pintor como se ha dicho.


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Habiendo muerto Julio II en 1513, el nuevo Papa León X, de la familia de los Médicis, que había sido camarada de Miguel Angel en Florencia, le nombró su arquitecto. Los herederos de Julio II hicieron un trato con él para que construyera la tumba del Papa difunto en diez años. Miguel Angel la empezó, pero adelantaba muy poco y no hizo más que una parte muy pequeña, los Cautivos y el Moisés.


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El Papa Clemente VII, también de la familia de los Médicis, fué amigo de Miguel Angel y le pasó sueldo regular. Pero la tumba de Julio II no se había terminado y los herederos amenazaron con un pleito. Miguel Angel les ofreció devolverles todo el dinero que había recibido.


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Roma fué entonces saqueada por las tropas de Carlos V (1527). Miguel Angel volvió a Florencia y fué nombrado "inspector de fortificaciones". Hizo reparar los fosos y los bastiones de Florencia. Cuando llegó el ejército imperial, fué desterrado de la ciudad. Volvió después de la guerra y trabajó la tumba de la familia de los Médicis. Pero, habiendo muerto Clemente VII (1534), Miguel Angel no se consideró ya seguro en Florencia; la dejó para siempre y abandonó las tumbas de los Médicis.

El nuevo Papa Paulo III le tomó a su servicio y le hizo trabajar todavía en la pintura de los frescos del Juicio Final. Miguel Angel, establecido en Roma, se hizo rico y se vió rodeado de discípulos. Terminó al fin la tumba de Julio II. Trabajó como arquitecto en la gran iglesia de San Pedro del Vaticano. Murió en 1564, a los ochenta y nueve años de edad.

Fué el único gran escultor de Italia en el siglo XVI. La mayor parte de los escultores italianos no hicieron más que imitarle. El más conocido fué un florentino, Benvenuto Cellini, orfebre y cincelador, a quien Francisco I llamó a Francia.

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Los arquitectos en Italia

Los arquitectos en Italia[editar]

Capítulo 4 – El Renacimiento
Los arquitectos en Italia

de Charles Seignobos



En el siglo XV, los italianos se habían puesto a estudiar las obras de los antiguos, sobre todo el Tratado de Arquitectura de Vitruvio. Empezaron a menospreciar la arquitectura francesa, que llamaron gótica, y pronto no quisieron más que formas imitadas de los romanos.

Bramante, florentino, primeramente al servicio del duque de Milán, se estableció en Roma y llegó a ser arquitecto del Papa Julio II. Se dedicó a medir y dibujar los restos de los monumentos antiguos y trazó los planos de la nueva iglesia de San Pedro. Quería hacer un edificio enorme en forma de cruz griega, coronada en medio por alta cúpula que rodeaban otras cuatro cúpulas más pequeñas.

Después de su muerte (1514), la dirección de las obras pasó primero a manos de Rafael, que murió cuando apenas había empezado (1521) — luego a las de otro arquitecto, — por último (1540) a las de Miguel Angel, que en ellas se ocupó hasta su muerte y no tuvo tiempo de terminarlas. Siguió el plano de Bramante, pero añadiendo en la fachada una columnata. Ya muerto él, la iglesia fué coronada con una cúpula de 135 metros de altura.

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Los artistas en Alemania

Los artistas en Alemania[editar]



Los artistas alemanes de la Edad Media habían sido sobre todo arquitectos que imitaban los monumentos góticos de Francia, y escultores cuyas obras más bellas eran estatuas y relieves de madera que adornaban las iglesias. En el siglo XV, imitaron a los flamencos. En el XVI, apareció en Alemania un arte original que se denomina Renacimiento alemán.


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No había en Alemania, como en Italia, príncipes o burgueses ricos que hicieran encargos a los artistas. El único príncipe alemán que se interesara por las artes fué el emperador Maximiliano, que mandó hacer las estatuas de bronce de su sepulcro en la iglesia de Innsbruck. Pero los alemanes habían inventado el grabado en madera, y el grabado en cobre, que permitían reproducir una misma obra en gran número de ejemplares y venderlos a poco precio. Podían, por tanto, hacer obras de arte para un público menos rico y más numeroso. Los pintores alemanes fueron al mismo tiempo grabadores.

El centro principal del arte alemán fué la rica ciudad de Nuremberg, la más poblada de Alemania, que estaba con relaciones de comercio con Italia. Allí trabajaron los dos más grandes tallistas de la época, y el gran escultor en bronce Vischer, un calderero que, ayudado de sus cinco hijos, hizo el relicario de San Sebaldo.

El más ilustre de todos los pintores alemanes, Alberto Durero (1471 - 1528), era hijo de un platero de Nuremberg. Hizo su aprendizaje en Venecia, donde conoció las obras de los italianos, y, de vuelta a Nuremberg, estableció un taller de pintura en el que trabajaba con sus discípulos. Era amigo de algunos humanistas a los cuales retrató. Hizo un viaje a Bélgica (1521), y a su vuelta fué cuando ejecutó sus más hermosos cuadros. No pintó frescos en las paredes como hacían los italianos; las iglesias góticas de Alemania no se prestaban a este género de trabajo; hizo retratos y algunos cuadros de altar.

Desde niño, Alberto Durero hacía dibujos de un realismo admirable. Indicó a uno de sus discípulos su manera de trabajar en los consejos siguientes: "Observa atentamente la naturaleza y no te apartes de ella, imaginando que tú hallarás cosa mejor" — "No pienses hacer algo mejor que lo que Dios ha hecho".

Alberto Durero no fué solamente pintor. Sus obras más intensas son grabados en madera, de los que se tiraron varios miles de ejemplares, la mayor parte ilustraciones para el Apocalipsis. Algunos son composiciones alegóricas, El caballero de la Muerte, La Melancolía, que pasa por ser una de las obras más profundas del Renacimiento. Representa al Angel de la ciencia humana rodeado de instrumentos de ciencia y de arte, compases, pinceles, alambiques, lira. Por encima se cierne un ave que lleva una cartela con la palabra Melancolía.


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El otro centro del Renacimiento alemán fué una rica ciudad mercantil, Ausburgo, en el camino de Italia. Allí nació el gran pintor Holbein (1497 - 1545), hijo de un pintor de talento. Viajó mucho, se estableció en Basilea, luego fué llamado a Inglaterra por el rey Enrique VIII para hacer el retrato de la familia real. Holbein se hizo célebre por sus retratos, de una verdad y una fuerza de expresión excepcionales. — Había pintado en los muros de un cementerio de Basilea frescos que han sido destruídos.— La Madona de Holbein (conservada en Darmstadt), que representa a una familia burguesa de rodillas delante de la Virgen, es una de las obras maestras del Renacimiento.


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Los artistas en Francia

Los artistas en Francia[editar]



Hasta el siglo XV, los escultores franceses, que eran llamados tallistas de imágenes, hacían sobre todo estatuas de piedra para adornar las iglesias. En el siglo XVI emplearon el mármol y el bronce, y ya no fueron artífices sometidos a los reglamentos del oficio. Algunos se hicieron criados de la cámara del rey.


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A partir de fines del siglo XV, cuando los reyes de Francia hubieron llegado a conocer las artes de Italia, llamaron a su Corte escultores italianos, que introdujeron en Francia los adornos imitados de lo antiguo. Pero los escultores franceses siguieron imitando la naturaleza.

Un bretón establecido en Tours, Miguel Colombe, se inspiró a la vez en los flamencos y en los italianos. Hizo la tumba del duque de Bretaña (Francisco II), en la iglesia de Nantes, una de las obras más inspiradas del Renacimiento. Las cuatro mujeres que representan las Virtudes, en los cuatro ángulos del monumento, tienen mucha gracia y aire enteramente francés.

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Las grandes obras de escultura de esta época son los sepulcros. El de Luis XII y Ana de Bretaña es obra de la familia de los Juste, que parecen haber trabajado con auxiliares italianos. Representa al rey y a la reina en diferentes posiciones; en el sepulcro están tendidos; encima, están arrodillados. El sepulcro de Francisco I está adornado con relieves que representan batallas. Se ven jinetes e infantes con trajes de la época, y ciudades fortificadas en el fondo.

Después de 1530 se fundó una escuela que trató de imitar a los antiguos y a Miguel Angel. Desde entonces los escultores franceses, sin dejar de reproducir la naturaleza, adoptaron las formas de la escultura antigua. Juan Goujon, normando establecido en Paris, hizo las figuras de la Fuente de los Inocentes. Sus Ninfas, semimodernas, semiantiguas, figuran entre las obras más graciosas del Renacimiento.

Más tarde, Germán Pilon, burgués de París, escultor del rey Carlos IX, fundó un taller en el que trabajaron sus hijos. Su obra principal, el sepulcro de Enrique II y de Catalina de Médicis, está todavía dispuesto como los sepulcros de la época precedente. Pero las mujeres de los cuatro ángulos — La Fe, la Prudencia, la Templanza, la Justicia — parecen estatuas antiguas. El rey y la reina, tendidos debajo de la plataforma, se representan desnudos a la manera antigua.

Los pintores franceses más conocidos del siglo XVI eran de origen flamenco. El más célebre, Clouet, fué a establecerse a Francia y llegó a ser pintor de Cámara. Su hijo le sucedió, y ya no fué conocido más que por el sobrenombre de Jeannet. Fueron sobre todo retratistas, que representaban a los señores y a las damas de la Corte.

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Arquitectura francesa

Arquitectura francesa[editar]



Los arquitectos franceses siguieron durante mucho tiempo edificando castillos en el estilo francés (apellidado gótico), e imitando solamente algunos pormenores de los monumentos antiguos. Los hermosos castillos del Loire, el de Amboise, el de Chenonceaux, el hotel de Cluny, en París, son castillos franceses. Tienen techos altos, grandes chimeneas adornadas, ventanas cruzadas. En el piso superior torrecillas y lucernas con adornos. El Palacio de Justicia de Rouen y la Torre Saint-Jacques, de París, son también monumentos góticos.

Los reyes de Francia, en sus expediciones, admiraron los monumentos de Italia y tomaron a su servicio arquitectos italianos. Francisco I mandó edificar el castillo de Fontainebleau con techos altos y chimeneas a la moda francesa; pero, para decorar el interior, mandó llamar italianos que no pintaron más que escenas antiguas (Alejandro y César, Venus y Marte), y su gusto vino a ser, poco a poco, el de los señores franceses.

Las construcciones siguieron siendo durante mucho tiempo medio francesas. El castillo de Chambord, empezado en 1519, terminado con posterioridad a 1554, tiene todavía torres, fosos, techos y chimeneas del estilo francés; sólo hay de antiguo algunos adornos, los capiteles y los medallones. La casa Ayuntamiento de París, empezada en 1533, tiene también ventanas, chimeneas y techos franceses. Fué, sin embargo, construída bajo la dirección de un arquitecto italiano que hacía mucho tiempo vivía en Francia.

En la segunda mitad del siglo XVI, los arquitectos franceses adoptaron los principios de los monumentos romanos. Ya no construyeron castillos, sino palacios, con frontones que adornaban columnas. Imitaron las columnas antiguas y sus distintas clases de capiteles. Admiraron la cúpula de San Pedro y no hicieron ya más que iglesias coronadas por una cúpula. Un italiano, Primatice, fué el arquitecto de Catalina de Médicis, luego superintendente de los edificios reales.


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Sin embargo, a un francés, Pedro Lescot, hijo de un rico magistrado de París, se le encargó de dirigir las obras del Louvre. Mandó demoler el antiguo castillo de Carlos V y levantó en su lugar un palacio formado por tres edificios alrededor de un patio cuadrado. Estos edificios tenían aún techos franceses, pero adornaban la fachada columnas pegadas al muro, según las reglas de la arquitectura antigua, y coronadas por arquerías de medio punto a la manera romana.

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Los humanistas del Renacimiento

Los humanistas del Renacimiento[editar]

Capítulo 4 – El Renacimiento
Los humanistas del Renacimiento

de Charles Seignobos



El movimiento humanista, iniciado en el siglo XV en Italia se continuó en Europa durante todo el siglo XVI.

En Italia se empezaron a publicar colecciones impresas de obras literarias en latín. En las ceremonias solemnes, fué costumbre pronunciar un discurso en latín. Los poetas escribían poemas épicos, elegías, epígramas en latín.

Pero en el siglo XVI, los principales humanistas fueron los de Alemania y Francia. El más célebre de todos, un holandés, Didier —que, según costumbre de la época, había traducido su nombre al griego y se llamaba Erasmo—, publicó una edición del Nuevo Testamento en griego, que le hizo admirar en toda Europa. Fué llamado a Inglaterra por el arzobispo de Cantorbéry, jefe de la Iglesia de Inglaterra. Publicó en latín el Elogio de la esculticia, sátira contra la ignorancia y la superstición de los monjes y la pedantería de los doctores de las Universidades.

En Alemania, los humanistas fueron sobre todo profesores de Universidad. Admiraban a los antiguos y menospreciaban su lengua materna. Traducían sus nombres alemanes al latín o al griego: Schwarzerde se hacía llamar "Melanchton"; Hausschein, "Ecolampadio". Se burlaban de los escolásticos y de sus discusiones en mal latín, se llamaban ellos mismos poetas y manifestaban no querer seguir más que a los antiguos.

El más conocido de los humanistas alemanes, Reuchlin, había estudiado la Biblia en hebreo, lo cual le valió una acusación de herejía, pero el Papa se puso de su parte. Fué sostenido también por los "poetas" que escribían versos latinos. Dió el ejemplo de que se estudiase el griego en las Universidades alemanas. Hizo un diccionario griego y tradujo algunos autores griegos al latín.

En Francia, los humanistas fueron eruditos. Trabajaron menos en imitar a los autores antiguos que en comprenderlos. Francisco I se dejó convencer para la creación en París de una escuela dedicada al estudio de los antiguos, de otro modo que lo hacían los escolásticos de las Universidades. La llamó "Colegio real", más tarde Colegio de Francia. Los profesores tenían el título de "lector real". Pero como no supo encontrar dinero, no creó más que algunas cátedras. Cuando murió sólo quedaban tres profesores de hebreo, tres de griego, dos de matemáticas, uno de latín, uno de Filosofía; la mayor parte franceses. Dieron el ejemplo de estudiar los escritores clásicos para conocerlos más que para imitarlos.

Los eruditos franceses trabajaron para hacer ediciones de los autores latinos y griegos, y diccionarios de las lenguas antiguas.

Los libros ya no fueron solamente incómodos infolios. Se empezó a imprimir libros en tamaños pequeños, y comenzaron a ser leídos en otros lugares que en las Universidades. Se tradujeron los autores latinos y griegos. Las obras de los clásicos fueron leídas desde este momento, no ya solamente por los profesores, sino por los nobles, los burgueses instruídos y aun por algunas señoras. Se leía, sobre todo, la traducción hecha por Amyot de Las vidas paralelas de Plutarco.

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Los escritores en Italia

Los escritores en Italia[editar]



Hubo a fines del siglo XV un nuevo Renacimiento de la literatura en Italia. En Florencia apareció el prosista italiano más grande, Maquiavelo (1469 - 1527). Estuvo primeramente empleado al servicio del Gobierno de Florencia, que le envió como legado cerca de los príncipes italianos. Después de haberse retirado del servicio, estudió la Historia romana y publicó el libro que le hizo célebre en toda Europa, El Príncipe. Escribió en el idioma que se hablaba entonces en Florencia, y su libro ha venido a ser modelo de la prosa italiana.

Ariosto (1474 - 1533), que había entrado al servicio del duque de Ferrara, escribió un gran poema épico en cuarenta cantos, el Orlando Furioso, cuyo protagonista es el progenitor de la familia de Este, a la que pertenecía el duque.

Más tarde, El Tasso (1544 - 1595), que fué también a la Corte de Ferrara, escribió el último gran poema épico, la Jerusalén libertada. El héroe es Godofredo de Bouillon, que capitaneó la primera Cruzada. El Tasso escribió también una novela pastoril, la Aminta, cuyos personajes son pastores que hablan como señores y damas de la Corte. Tuvo escrúpulos religiosos y envió su obra a Roma, a que la examinaran los cardenales. Se le reprochó haber empleado expresiones paganas, se volvió loco y permaneció recluído siete años.

Desde fines del siglo XVI, los italianos, no produjeron más que parodias y églogas. Estas obras, que hoy no se leen ya, tuvieron mucha fama en toda Europa y fueron imitadas en Inglaterra y en Francia.

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Capítulo 4 – El Renacimiento
Los escritores en Francia

de Charles Seignobos



Durante toda la Edad Media, no se había dejado en Francia de escribir obras en francés. En el siglo XV habían aparecido aún obras verdaderamente originales, las Poesías de Villon y la Farsa de Maestre Patelin. En el siglo XVI se siguieron escribiendo novelas nuevas y versos en francés. Se conocían los autores antiguos, pero se les imitaba poco.

Los dos escritores más grandes de la primera mitad del siglo XVI trabajaron en géneros enteramente franceses.

Marot (1495 - 1544), ayuda de cámara del rey, protegido de Francisco I, escribió gran número de pequeñas composiciones ligeras en que aparecían las gentes de su tiempo y describía el campo con amor. Convertido al protestantismo, publicó una traducción en verso de los Salmos que fué adoptada por los calvinistas franceses.

Rabelais (1495 - 1553), hijo de un burgués acomodado de Chinon, se hizo sacerdote, luego doctor en Medicina. Vivió en Montpellier y en Lyon, fué protegido por Francisco I y nombrado cura de Meudon. Su gran obra, Gargantúa y Pantagruel, es una novela satírica en que, bajo la denominación de los gigantes, representó a las gentes de su tiempo, colocando las escenas en su país natal. Pero conocía bien los autores de la antigüedad y los admiraba mucho. Los cita con frecuencia, y menosprecia el sistema de instrucción de la Edad Media, que llama "la niebla gótica".

A partir de Enrique II, los escritores franceses tuvieron por la antigüedad tanto entusiasmo que aspiraron a imitarla. Varios jóvenes residentes en París formaron entonces un grupo que denominaron la Pléyade. Eran nobles, magistrados, funcionarios, burgueses ricos que tenían medios de vida. No se vendían aún bastantes libros para que el oficio de escritor pudiera subvenir a las necesidades de nadie.

Uno de ellos, Du Bellay, publicó en 1549 la Defensa e ilustración de la lengua francesa. Recomendaba que se escribiera en francés, pero quería que el francés tomase del latín y del griego las expresiones que le faltaban. Era lo que llamaba "saquear a los autores antiguos para enriquecer la literatura francesa". Hacía, pues, entrar en el francés palabras tomadas del latín o del griego, con lo cual resultaba incomprensible para el pueblo. Quería escribir, no para el público en general, sino para algunas gentes cultas. Du Bellay rechazaba los géneros poéticos de la Edad Media y aconsejaba imitar las formas de las obras antiguas. Proponía hacer como los antiguos poemas épicos, u odas. Quería que, en lugar de tomar los asuntos de la vida corriente, se hiciera aparecer personajes históricos.

El más célebre escritor de la Pléyade, Ronsard (1524 - 1585), noble de la comarca de Vendôme, no permaneció más que seis meses en el colegio y pasó a ser paje en la Corte del rey. Reanudó más tarde sus estudios y publicó primeramente Odas, luego Sonetos. Intentó aún escribir un poema épico, la Franciada, que no terminó. Creó palabras nuevas tomadas del latín y del griego para enriquecer la lengua francesa. Inventó nuevas rimas poéticas. Sus poesías, llenas de palabras desconocidas, no resultaban siempre claras para el público, pero contienen muchos pasajes escritos en un francés sencillo y poético.

Durante las guerras de religión, el prosista más célebre fué un católico, Miguel de Montaigne. Su padre era un comerciante rico de Burdeos, Eyquem, que había comprado el castillo de Montaigne, y del castillo había tomado el nombre; su madre era de familia judía. Fué magistrado y alcalde de Burdeos, pero se retiró a su castillo para vivir tranquilo en su biblioteca. Escribió pequeños tratados de un género original que llamó Ensayos (1580-1588). En ellos expresa su opinión acerca de toda clase de cosas en un lenguaje familiar, lleno de citas de los autores griegos y latinos, que admiraba mucho. Expresó sus ideas sin orden, como le ocurrían, en forma muy original. Detestaba las discusiones teológicas que dividían a los hombres de su época, y resumió su pensamiento en la siguiente pregunta: "¿Qué sé yo?".

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Los escritores en Inglaterra[editar]

Capítulo 4 – El Renacimiento
Los escritores en Inglaterra

de Charles Seignobos



Inglaterra había tenido algunos humanistas, pero escribían en latín. El más célebre fué el canciller More, conocido con el nombre latino de Morus, autor de la Utopía.

Los grandes escritores en inglés no aparecieron hasta fines del siglo XVI, en el reinado de Isabel. Los poetas Sydney y Spenser, que tuvieron gran fama en su tiempo, no son leídos hoy. El teatro es lo que ha hecho grande a la literatura inglesa.

Los ingleses eran entonces muy aficionados a las representaciones teatrales. Se hacían con frecuencia, en las ciudades de Inglaterra, fiestas, con ocasión de las cuales cortejos con trajes brillantes atravesaban la ciudad formando cabalgata. Se habían formado varias compañías de comediantes. La burguesía los tenían en mal concepto; el Municipio de Londres no permitió establecer un teatro en la ciudad. Pero se les dejaba dar representaciones en los arrabales. Hacían sus comedias en una posada o en algún viejo convento abandonado, pero en ocasiones la reina los mandaba llamar para que representasen en su presencia. Los jóvenes señores, que eran aficionados al teatro, los protegían e impedían que fueran prohibidas sus representaciones.

La masa del público ocupaba el patio y las galerías. Eran obreros, marinos, lacayos, aventureros que comían y bebían en la sala. Se divertían, sobre todo, con las bufonadas de los payasos que aparecían en los entreactos. Los jóvenes nobles se sentaban en el escenario, y eran aficionados, por el contrario, a las tiradas de versos en rebuscado estilo, a la manera italiana.

Aquellas compañías de comediantes no tenían dinero para montar decoraciones. Por lo común se limitaban a poner un cartel para decir a los espectadores: "La escena tiene lugar en un jardín", o "La escena representa un palacio". Un actor embadurnado de yeso representaba una pared; otro, que llevaba una linterna, indicaba al pasar que la luna había salido.

El público quería comedias nuevas. El director de la compañía las encargaba a los autores que las escribían con apresuramiento, copiándose muchas veces unos a otros. Las comedias quedaban manuscritas, y así la mayor parte han desaparecido y no se sabe quiénes fueron sus autores.

Uno de aquellos, Marlowe, que murió antes de cumplir los treinta años, dejó tragedias, uno de las cuales, Fausto, ha conservado celebridad.

El más célebre de todos, Shakespeare (1574 - 1637) se considera ser uno de los más grandes poetas que el mundo ha producido. Nació en familia de la clase media en una pequeña ciudad. Habiendo perdido a su padre, vivió pobremente, se alistó como soldado, se hizo actor, luego autor. Escribió un número muy grande de obras dramáticas que no se imprimieron hasta después de su muerte. Eran comedias o historias, es decir, dramas trágicos cuyo asunto estaba tomado, ya de la historia de Inglaterra, ya de las leyendas de la Edad Media, ya de la misma antigüedad.

Shakespeare había estudiado mucho a Plutarco en la traducción francesa, y a Montaigne, pero no había hecho estudios regulares. Situaba la acción de sus obras en todos los países, sin preocuparse de las épocas. Ponía Bohemia a orillas del mar, cerca de la selva de las Ardenas. Representaba la ciudad griega de Efeso gobernada por un duque y en ella hacía aparecer un convento. Lo que le preocupaba, sobre todo, era representar personajes animados de grandes pasiones.

Como trabajaba a la vez para el público del patio y para los jóvenes señores, mezclaba bufonadas con escenas trágicas.