Historia V (Versión para imprimir)

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Autor: Charles Seignobos[editar]

Peticiones de reforma[editar]



En todos los países cristianos había quejas, desde el siglo XV, de que una parte del clero no se conducía conforme a las reglas de la Iglesia. Los obispos y abades tenían enormes dominios, en Alemania la tercera parte de las tierras. La mayor parte, hijos de señores, habían obtenido el nombramiento para gozar una nueva posición. Seguían viviendo como grandes señores, vestían como caballeros, cazaban, iban a la guerra, daban grandes fiestas. En los conventos muy ricos, los monjes o los religiosos eran hijos de familias nobles a quienes sus padres habían hecho profesar sin saber si tenían vocación. Las religiosas se vestían como las señoritas nobles, y hasta les ocurría bailar.

Los sacerdotes, por el contrario, apenas tenían con qué mantenerse. La mayor parte de los curatos pertenecían a grandes propietarios que se reservaban las rentas. Los curas no tenían para vivir casi más que lo que sus feligreses les pagaban por los bautismos, casamientos y entierros. Eran pobres gentes que apenas sabían leer, iban a las tabernas, se emborrachaban y jugaban a juegos de azar.

Había quejas de los tribunales de los obispos a los que los seglares se veían obligados a remitir sus causas, lo cual era un medio de sacarles dinero. Había quejas, sobre todo en Alemania, de que se pagaba demasiado dinero a la Curia romana, y se censuraba al Papa por dar muchos buenos puestos a italianos.

En todos los países se reclamaba la reforma de la Iglesia. Esta palabra significaba, no que se quisieran cambiar las antiguas reglas, sino, por el contrario, restaurarlas. (Reformare quiere decir en latín "devolver su antigua forma".) Ni se deseaba suprimir la autoridad del Papa o de los obispos, ni cerrar los conventos, y todavía menos cambiar las creencias o el culto. Tratábase solamente de variar el género de vida de los eclesiásticos y de derogar los procedimientos por los cuales la Curia romana sacaba dinero de los otros pueblos. Los dos grandes Concilios reunidos en el siglo XV para hacer la reforma se habían separado sin haberla hecho. Se hizo en el siglo XVI, en formas muy distintas, en los diferentes países.

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Lutero

La reforma protestante - Lutero[editar]



Martín Lutero, nacido en 1483, era hijo de un aldeano de la Turingia que se había hecho minero. De niño fué muy mal tratado, su madre le pegaba muchas veces y también su maestro de escuela, según costumbre de la época. Le ocurrió recibir en una ocasión hasta quince palizas en una sola tarde.

Sus padres le enviaron a una escuela donde aprendía latín. Como los estudiantes pobres de su tiempo, mendigaba cantando para proporcionarse medios de subsistencia. Entró luego en una Universidad porque su padre quería hacerle estudiar Derecho.

Lutero era entonces un alegre estudiante aficionado a la música. Cambió de vida de pronto. Uno de sus amigos fué muerto en duelo, y él, sorprendido por una violenta tempestad, vió caer el rayo muy cerca y se creyó perdido. Hizo entonces un voto: "Ven en mi auxilio, querida Santa Ana, dijo, y me haré fraile". Reunió a sus amigos y les anunció que renunciaba al mundo. Sus padres deseaban verle seguir una carrera en la que hubiera podido ganar dinero y ayudarlos; pero entró en un convento de agustinos (1505).


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Ya fraile, atormentó a Lutero el temor de ser condenado. Intentó primeramente calmar la cólera de Dios mediante mortificaciones; ayunaba, predicaba, velaba, se encerraba a meditar. Permaneció una semana entera sin dormir. Pero, en vez de tranquilizarse, era mayor cada día su desesperación, se sentía abandonado de Dios. "Me había hecho, dijo más tarde, tan enemigo de Cristo, que, cuando veía su imagen en la cruz, me daba miedo hasta el punto de que cerraba los ojos, y habría preferido ver al diablo". Un superior le aconsejó pensar en Jesús y le dijo que la penitencia debía empezar, no por el temor de Dios, sino por al amor a Dios. Lutero estudió la Sagrada Escritura y a San Agustín y empezó a tranquilizarse.

Sus superiores le enviaron a la Universidad de Wittemberg, en el electorado de Sajonia, para que estudiase Teología. Entonces dió con una explicación que le tranquilizo eternamente y le llenó de alegría. El hombre es naturalmente pecador e incapaz por sus acciones de merecer la salvación. Pero la justicia de Dios, de que habla la Sagrada Escritura, no significa que Dios es justo y castiga a los pecadores, quiere decir que Dios tiene piedad de ellos y perdona sus pecados cuando tienen fe, es decir, confianza en sus promesas. El cristiano se salva, no porque merezca salvarse, sino porque Cristo le ha salvado obteniendo para él la misericordia de Dios.

Lutero hizo sus exámenes, adquirió el título de doctor (1512) y fué profesor en la Universidad de Wittemberg. Empezó a decir que las prácticas religiosas no sirven para conseguir la salvación y que la piedad consiste en tener confianza en el poder de Cristo. Era la cuestión que más interesaba a los cristianos de aquel tiempo. Todos tenían miedo de ser condenados y deseaban vivamente saber por qué medio podrían librarse del Infierno.

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Ruptura de Lutero con el Papa

Ruptura de Lutero con el Papa[editar]



El Papa León X tenía entonces necesidad de dinero para construir la Iglesia de San Pedro. Cedió al arzobispo de Maguncia por ocho años el derecho de predicar una indulgencia, a condición de obtener la mitad de los beneficios. Los peregrinos que iban a visitar la tumba de San Pedro en Roma obtenían el perdón de la penitencia que les había sido impuesta por la absolución de sus pecados, y este favor, concedido para el Papa, se llamaba indulgencia. León X prometía a los fieles que dieran dinero para la construcción de San Pedro, la misma indulgencia que hubieran obtenido yendo a Roma.

Un monje dominico, Tetzel, fué a predicar la indulgencia a Alemania del Norte. Decía a los alemanes que podían, sin moverse, pagando una suma proporcionada a sus recursos, librarse, no solamente de las penitencias por los pecados en esta vida, sino de las penas del Purgatorio después de muertos. Podía obtenerse hasta el perdón de las penas de los parientes ya difuntos. "En cuando el dinero ha sonado en la caja, decía, el alma sale del Purgatorio".

Lutero predicó contra esta manera de comprender el perdón de los pecados. Luego, según la costumbre de la época, escribió una lista de noventa y cinco proposiciones acerca de la cuestión de la penitencia, la puso en la puerta de la iglesia del castillo de Wittemberg y se manifestó dispuesto a sostenerlas en discusión pública. Luego las envió a su obispo (1518). Tetzel replicó; algunos teólogos de la Universidad de Leipzig le acusaron de herejía.

La Curia papal, informada de aquella disputa, mandó a Lutero ir a Roma y ordenó a sus superiores que le prendieran. Pero el Elector de Sajonia, Federico, fundador de la Universidad de Wittemberg, se interesaba por sus profesores y defendió a Lutero. Después de largas negociaciones, para no indisponerse con el príncipe, el Papa consintió en no perseguir a Lutero.

La disputa volvió a empezar muy pronto por una discusión en la Universidad de Leipzig (1519). Allí, Lutero manifestó que sólo la palabra de Dios es infalible. Sus adversarios mostraron que era esta doctrina de Juan Hus, condenada por el Concilio de Constanza. Lutero replicó: "Es cierto que entre las proposiciones de Juan Hus las hay enteramente cristianas y que la Iglesia universal no puede condenar".

Lutero, acusado de herejía, se acostumbró a la idea de que era la Iglesia la que se había engañado. De donde llegó a considerar al Papa, no como cabeza de la Iglesia, sino como enemigo de Dios, el Anticristo. Hasta entonces Lutero no había escrito más que en latín, y solamente se dirigía a los teólogos. Empezó a tener esperanza de que los príncipes y los nobles alemanes iban a librar a la Iglesia de Alemania de la dominación de los italianos de Roma. Publicó entonces, en alemán, un llamamiento: "A la nobleza cristiana de nacionalidad alemana". Decía en él que los eclesiásticos no son superiores a los otros cristianos y no deben tener el privilegio de explicar solos la Sagrada Escritura, que los seglares también pueden juzgar acerca de lo que es verdadero. Pedía la reunión de un libre concilio, sin el Papa, para librar a Alemania del "régimen diabólico de los romanos", organizando una Iglesia alemana que no enviase más dinero alemán a Italia.

Lutero fué muy pronto el hombre más conocido de Alemania. Tuvo partidarios sobre todo entre los caballeros nobles de los campos y los artesanos de las ciudades.

El Papa ordenó quemar los escritos de Lutero y le intimó para que se retractase antes de dos meses (junio de 1520). La bula de condenación fué enviada a los territorios de Alemania. Pero la Universidad de Wittemberg y el príncipe se negaron a hacerla pública. Lutero, seguido de los estudiantes de la Universidad, fué a la puerta de la ciudad y quemó la bula del Papa ceremonialmente (diciembre de 1520). El Papa excomulgó a Lutero y envió un legado para pedir a los príncipes alemanes que le castigaran.

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Condenación de Lutero

Condenación de Lutero[editar]



El nuevo emperador Carlos V mandó quemar los escritos de Lutero en sus Estados. Luego reunió la asamblea de los príncipes del Imperio en Worms, para tomar medidas contra él (1521). El elector de Sajonia pidió que Lutero fuera oído. El emperador consintió en enviarle un salvoconducto para que se presentase ante los príncipes, prometiendo dejarle volver libre. Pero un legado del Papa se presentó a la asamblea de los príncipes a reclamar que se ejecutase la sentencia contra Lutero.

Lutero sabía que Juan Hus había perecido en la hoguera a pesar de tener un salvoconducto, pero, no obstante, parió para Worms. En el camino supo que el emperador había enviado orden de entregar todos sus escritos para destruirlos. Manifestó que iría a Worms "aun cuando hubiera en la ciudad tantos diablos como tejas". En Worms fué recibido con aclamaciones de sus partidarios. Apareció ante la asamblea de los príncipes, le fueron presentados sus escritos y se le preguntó si quería retractarse de las proposiciones condenadas. Lutero, intimado por la presencia de aquellos grandes personajes, habló en voz baja y pidió un plazo para responder.

Al día siguiente había recobrado valor. Manifestó que no podía retractarse de nada, a menos que no le fuera demostrado su error con pasajes de la Sagrada Escritura. Un teólogo le preguntó si no quería retractarse de los errores condenados por el Concilio de Constanza. Respondió que no creía en el Papa ni en el Concilio de Constanza, el cual estaba en contradicción con la Sagrada Escritura. El emperador, indignado, se levantó y prohibió seguir discutiendo. Hubo agitación entre los asistentes, y entre el ruido que se armó, Lutero dijo: "No puedo hacer otra cosa. Dios me ayude. Amén".

Al día siguiente Carlos V manifestó que dejaría partir a Lutero puesto que le había dado salvoconducto, pero que le consideraba hereje, y le concedió tres semanas para volver a Sajonia. Esperó a que el Elector hubiera salido de Worms, y mandó leer ante los príncipes un edicto que declaraba a Lutero fuera de la ley y ordenaba entregar sus partidarios al emperador y confiscar sus bienes.

Lutero, condenado por el Papa y el emperador, parecía perdido. Pero su protector, el Elector de Sajonia, le salvó. Algunos caballeros al servicio del Elector cogieron a Lutero en el camino y le llevaron a un castillo de su señor, en el Wartburgo, donde permaneció oculto por espacio de dos años. Nadie sabía su nombre, se le llamaba "el caballero Jorge". El elector mismo había querido ignorar en cuál de sus castillos estaba oculto, para poder decir que no sabía dónde se hallaba.

Lutero, bien guardado, trabajó en la redacción de escritos que se propagaron por toda Alemania. Empezó a traducir al alemán el Nuevo Testamento.

Formación de las iglesias luteranas[editar]



En Wittemberg los discípulos de Lutero empezaron a predicar contra el Papa. Quitaron las imágenes de los santos y cambiaron algunos de los usos de la Iglesia. Monjes agustinos salieron de su convento y adoptaron un oficio. Predicadores quisieron llegar a suprimir el bautismo. Lutero volvió entonces para hablar contra ellos y reanudó sus predicaciones (1522).

Poco a poco Lutero cambió la manera de celebrar el culto. Mandó hacer una parte del servicio religioso en alemán, suprimió las misas rezadas y las dedicadas a las almas del Purgatorio. Dió la comunión con la hostia y con el cáliz. Luego publicó una colección de cánticos en alemán. Suprimió la confirmación, la extremaunción y la confesión.

En algunas ciudades se hizo lo mismo. Fué lo que se llamó "hacer la Reforma". Los partidarios de Lutero, denominados luteranos, manifestaban predicar "el Evangelio puro" y acusaban al Papa "de haber alterado las reglas de la Iglesia mediante adiciones humanas".

El emperador, ocupado en la guerra con el rey de Francia, pidió a los príncipes y a las ciudades de Alemania que ejecutasen el edicto contra los luteranos. La mayoría de la Dieta manifestó que no era posible aplicarlo, porque sería escandaloso ahogar "la verdad evangélica" y mantener los abusos. El emperador reclamó, pero la asamblea pidió un concilio para hacer la reforma (1524). Mientras tanto, cada príncipe hizo lo que quiso en sus dominios.

Hubo en Alemania muchas agitaciones. Bandas de aldeanos se sublevaron a la vez contra los señores y contra los obispos. Pedían juntamente la abolición de las rentas y el derecho de los municipios de designar sus sacerdotes, a fin de hacer "predicar el Evangelio puro." La guerra de los aldeanos se extendió a toda Alemania del Sur y duró más de dos años (1522-25).

Exasperó a Lutero aquel levantamiento, que irritaba a los príncipes en contra de la Reforma. En un escrito dirigido a los aldeanos, decía: "Los súbditos no deben nunca sublevarse. Aun cuando los de arriba sean malos e injustos, ello no excusa una sublevación, porque no toca a cada cual castigar la maldad, sólo corresponde a la autoridad que tiene la espada por orden de Dios". Luego Lutero excitó a los príncipes contra los aldeanos: "Debéis herirlos, destriparlos, abrirlos en canal, como debe matarse a un perro rabioso, porque no hay nada más venenoso, que ofrezca mayor peligro, más diabólico que un hombre sublevado". Los príncipes y la nobleza atacaron a los aldeanos rebeldes, los dispersaron y pasaron a cuchillo.

El emperador habría querido reunir un Concilio para arreglar los asuntos religiosos en toda Alemania a la vez, pero el Papa se oponía a tal idea. El emperador habría querido asimismo que, entre tanto, no se variasen en nada los usos de la Iglesia, pero los príncipes pretendían tener el derecho de arreglar la organización de la Iglesia cada uno en su territorio.

Varios príncipes hicieron lo que llamaban la Reforma. Se incautaron para ello de los bienes raíces de las iglesias, cerraron los lugares de peregrinación, mandaron quitar las imágenes de lo santos, nombraron predicadores luteranos, permitieron que los monjes y las religiosas salieran de sus conventos. Los nuevos eclesiásticos cambiaron el culto. Suprimieron la liturgia en latín y la sustituyeron con oraciones y cantos en alemán. Muchos se casaron. Lutero se casó con una religiosa pobre.

Los príncipes dejaron de reconocer la autoridad de los obispos, y cada uno se condujo como cabeza de la Iglesia en su territorio. Nombraron inspectores que recorrieron las iglesias del país para introducir en ellas los nuevos usos. Lutero escribió par aun príncipe una liturgia, luego un catecismo en alemán que los otros príncipes adoptaron poco a poco.

Carlos V, a quien ocupaban sus guerras, había dejado correr las cosas, pero, una vez que hubo hecho paces con el rey de Francia, su hermano Fernando que gobernaba Alemania en nombre de él, intentó oponerse a la Reforma. La asamblea de los príncipes, reunida en Spira, ordenó devolver a los obispos sus bienes y su poder, y prohibió variar nada en el culto hasta que se hubiera reunido el Concilio. Los príncipes que habían hecho la Reforma en sus territorios protestaron en la Dieta de Spira contra esta decisión. Desde aquel momento los partidarios de la Reforma llevaron el nombre de protestantes (1529).

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Los anabaptistas

Los anabaptistas[editar]



Otros reformadores querían hacer una reforma más radical.

Un cura suizo, Zwinglio, había logrado que el Consejo que regía Zurich aceptase una reforma semejante a la de Lutero, reforma que adoptaron varias ciudades de Suiza y de Alemania, pero Zwinglio estaba en desacuerdo con Lutero acerca de la manera de explicar la Cena, y los dos partidos no pudieron entenderse. Los suizos montañeses, que habían permanecido católicos, fueron a atacar Zurich. Zwinglio fue muerto (1530) y sus iglesias acabaron haciéndose luteranas.

Otros reformadores querían volver la Iglesia al estado en que se hallaba en la época apostólica. Decían que los verdaderos cristianos debían apartarse del mundo. Formaron pequeñas iglesias que elegían cada una su pastor y en las que todos los bienes debían hacerse comunes. No querían usar más que vestidos ordinarios, y anchos sombreros grises. Consideraban una impiedad que se bautizase a los niños y bautizaban ellos mismos a sus fieles metiéndolos en agua, según costumbre de los antiguos cristianos. Se llamaron "baptistas", pero sus adversarios les llamaban anabaptistas (es decir, "rebautizadores"). Sus discípulos fueron sobre todo artesanos pobres de las ciudades, tejedores, sastres, al principio en Sajonia y en Suiza. Luego enviaron misioneros a las ciudades de Alemania, de Austria y de Holanda.

Todos los Gobiernos prohibieron, amenazando con la muerte, que se bautizara a los adultos, y ordenaron la ejecución de cuantos anabaptistas pudieron coger. El duque de Baviera manifestó: "El que se retracte será decapitado, el que no se retracte morirá en la hoguera".

Los anabaptistas fueron exterminados en Alemania, se retiraron a Holanda, y, en este país, fundaron iglesias. Uno de sus "profetas" pasó desde Holanda con su discípulo, un sastre llamado Juan de Leyden, a la ciudad alemana de Munster, que pertenecía a un obispo. Los artesanos, sublevados, habían obligado a los burgueses ricos a salir de la ciudad y se habían apoderado del gobierno. Los anabaptistas llegaron a ser dueños de Munster, la organizaron en comunidad regida por doce ancianos, a ejemplo de Israel. Luego, para imitar a los Patriarcas, establecieron la poligamia. Juan de Leyden se hizo coronar rey, como David, y tomó varias mujeres. El obispo de Munster, con la ayuda de los príncipes alemanes, sitió la ciudad. Los sitiados se defendieron largo tiempo, a pesar del hambre. Por último, Munster fué tomada por asalto. Juan fué hecho pedazos con tenazas calentadas al rojo, y sus restos, colocados en una jaula de hierro, se colgaron en el campanario (1535). No quedaron anabaptistas más que en Holanda.

El luteranismo hasta la paz de Ausburgo[editar]

Capítulo 5 – La crisis religiosa en el siglo XVI
El luteranismo hasta la paz de Ausburgo

de Charles Seignobos



Carlos V, vencedor en Italia, volvió a Alemania, después de nueve años de ausencia, para arreglar definitivamente los asuntos religiosos. Convocó la Dieta de Ausburgo. Llegó allí con fuerte escolta de nobles españoles e hizo una gran procesión en la catedral. Los príncipes protestantes no se atrevieron a hacer franca resistencia. Presentaron al emperador su profesión de fe, redactada por Melanchton, un erudito amigo de Lutero. Manifestaban que seguían siendo miembros de la Iglesia católica y que querían solamente acabar con los abusos contrarios a la Sagrada Escritura. Tal fué "la confesión de Ausburgo" (1530). Ha sido adoptada más tarde por las iglesias luteranas; los luteranos se denominan todavía afiliados a la confesión de Ausburgo. Los teólogos católicos presentaron inmediatamente una refutación. El emperador la mandó leer en la asamblea, manifestó que los luteranos estaban refutados y les ordenó someterse.

Los príncipes luteranos amenazados se pusieron de acuerdo. El Elector de Sajonia reunió en su castillo de Schmalkalden a los enviados de los príncipes y de las ciudades luteranas y constituyeron un a liga (1531) para defenderse del que quisiera "apartarles por la fuerza de la palabra de Dios".

Carlos V, por hallarse en guerra con los turcos que habían invadido Austria, necesitaba de los príncipes. No se atrevió a emplear la fuerza contra ellos y les prometió no encausar a nadie por motivos religiosos hasta que se celebrase Concilio (1532). Los luteranos habían logrado la tolerancia provisional.

La gran mayoría de los países de Alemania había, en un principio, permanecido católica. Pero, a medida que iban muriendo los viejos príncipes católicos, sus sucesores se hacían partidarios de la Reforma. En 1540, casi todos los príncipes y las ciudades independientes de Alemania habían establecido iglesias luteranas. Ya no había católicos casi más que en los territorios de los soberanos obispos y de las dinastías de Baviera y de Austria.

Al mismo tiempo, el rey de Suecia y el de Dinamarca y Noruega se incautaban de los bienes de las iglesias e implantaban la reforma luterana en los países escandinavos. Los alemanes de las ciudades de Polonia y de Hungría adoptaron las doctrinas de Lutero y fundaron iglesias luteranas.

En todos los países luteranos se clausuraban los conventos, se derogaba la autoridad de los obispos, se suprimía la misa, las indulgencias, el culto de las reliquias, las imágenes de los santos. El Gobierno confiscaba los bienes de la Iglesia y se encargaba de dirigir la religión. Los pastores tenían derecho a casarse, celebraban el culto en lengua vulgar, daban la comunión con la hostia y con el cáliz.

Cuando Carlos V hubo hecho la paz con Francia, aprovechó el desacuerdo que había entre los príncipes luteranos, guerreó con ellos e hizo prisionero al Elector de Sajonia (1547). Impuso luego a los Estados luteranos de Alemania un arreglo que les obligaba a restablecer el culto católico mientras no hubiera decisión del Concilio. Pero el Papa se indispuso con el emperador, y los luteranos amenazados se entendieron con el rey de Francia (véase capítulo II). Carlos V se vió obligado a huir a Italia (1552). Le ocupó entonces de tal manera la guerra con Francia, que ya no quiso atender a los asuntos de Alemania. Su hermano hizo con los príncipes luteranos la paz de Ausburgo (1555).

Se renunció a esperar la reforma por el Concilio y a restablecer la unidad de religión. Todos los príncipes y las ciudades "que se habían adherido a la confesión de Ausburgo (es decir, luteranos), tuvieron el derecho de arreglar a su gusto la religión en su territorio. No se estableció la libertad religiosa; cada príncipe tenía el derecho de imponer su religión a todos sus súbditos. Pero los príncipes que habían permanecido católicos no debían condenar a sus súbditos como herejes, podían solamente expulsarlos del territorio sin confiscarles los bienes. Alemania quedó dividida entre los católicos y los luteranos.

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Calvino

Calvino[editar]



En tanto se creaba en Alemania una Iglesia luterana independiente del Papa, un francés, Calvino, iniciaba otra reforma.

Calvino, nacido el año 1509 en Noyon (Picardía), era hijo de un empleado del tribunal del obispo. Fué colocado en un colegio de París. Quería luego estudiar Teología, y, estaba ya tonsurado, cuando su padre le obligó a ir a estudiar Derecho a la Universidad de Orleans, luego a Bourges. Allí aprendió el griego y oyó hablar de las doctrinas de Lutero. Era estudiante trabajador y piadoso, de buena conducta, apasionado por las cuestiones religiosas. Fué a la Universidad de París (1531) y comenzó a preocuparse de la manera de conseguir su salvación.

Había ya, en algunas ciudades de Francia, hombres que reclamaban una reforma y leían las Sagradas Escrituras para buscar en ellas la verdad cristiana. Varios de ellos vivían en Meaux, protegidos por el obispo Briçonnet, un erudito amigo del rey y de su hermana. Otro erudito, Lefèvre d'Etaples, había traducido al francés los Evangelios. La Facultad de Teología de parís había condenado las doctrinas de Lutero y se había hecho perecer en la hoguera a algunos luteranos.

Los partidarios de la Reforma eran sobre todo gentes de las ciudades, artesanos, libreros, algunos monjes. Los más violentos hablaban contra las imágenes, y aun un día, en París, fué mutilada una imagen de la Virgen. Francisco I, irritado, mandó prender y procesar a los herejes. Calvino huyó de París, vagó algún tiempo por el Mediodía de Francia y luego se refugió en Basilea.


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Mientras tanto, fueron fijados en el palacio del rey pasquines en que la misa era tratada de idolatría. Furioso Francisco I, mandó prender a todos los luteranos y los anabaptistas de París, de los que fueron quemados más de cuarenta colgándolos sobre las llamas (1534). Calvino escribió entonces un tratado en latín, la Institución cristiana, con un prólogo dedicado a Francisco I. Decía que habría considerado el silencio como una traición, y que quería dar a conocer al rey la doctrina contra la cual se procedía a sangre y fuego.

Calvino, como Lutero, creía al hombre corrompido por el pecado e incapaz de hacer el bien. El pecador no puede salvarse sino por la gracia de Dios, y Dios concede su gracia a quien quiere. Todo hombre, aun antes de nacer, está de antemano predestinado a la salvación o a la condenación. Dios ha elegido a los que quiere salvar, "los elegidos", y a los que quiere perder, "los réprobos". Haga el hombre lo que quiera, su suerte está decidida de antemano por voluntad divina, nosotros no podemos comprenderla y debemos someternos alabando su sabiduría. Tal es la doctrina de la predestinación.

Calvino, como Lutero, condenaba las prácticas religiosas por las cuales los hombres esperan obtener su salvación, y todos los usos que no le parecían establecidos por la Sagrada Escritura, el poder del Papa y de los obispos, el ayuno, el Purgatorio, los santos, la misa y casi todos los sacramentos.

No pudiendo ya permanecer en Francia, anduvo errante algún tiempo. Un día, yendo a Estrasburgo, pasó pro Ginebra. Era una pequeña ciudad que había expulsado a su obispo (1526) y se gobernaba como una república. Se había aliado a dos ciudades suizas, Berna y Friburgo, llamadas en alemán Eidgenossen (confederadas)[1]. Luego, los partidarios de la Reforma habían expulsado a los católicos y un joven predicador francés, Farel, había hecho abolir la misa y adoptar un culto en francés. Se predicaba un sermón cada día y se daba la comunión con par ordinario.

Farel fué a visitar a Calvino a su posada y le pidió que se quedase en Ginebra para ayudarle. Calvino no accedió, se veía demasiado tímido y enfermizo, necesitaba tranquilidad para sus estudios. Farel le dijo que, si negaba su ayuda, Dios maldeciría sus estudios y su reposo. Calvino se resignó. Fue nombrado predicador de Ginebra (1536).


  1. De aquí el sobrenombre de higuenaux o huguenots (hugonotes), que se dió en Francia a los calvinistas.
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La Reforma Calvinista

La Reforma calvinista[editar]



Calvino intentó organizar la Iglesia de Ginebra según el modelo de la Iglesia de los santos. Quería expulsar de ella a "todos los réprobos", que reconocía por no hacer vida perfectamente santa. A petición suya, el Consejo que gobernaba Ginebra prohibió el juego, la danza, los juramentos y las diversiones, y ordenó asistir al sermón y al catecismo. Todos los habitantes debían prometer obediencia o salir de la ciudad.

Los ginebrinos se resistieron al principio. Los moradores de una calle manifestaron que habían comprado su libertad bastante cara y que no querían someterse ni irse. El Consejo se indispuso con Calvino y Farel a propósito de la manera de celebrar la comunión, fueron éstos destituídos y abandonaron Ginebra (1538). Pero sus adversarios no pudieron ponerse de acuerdo y el Consejo los llamó de nuevo.

Calvino decidió entonces a los ginebrinos a adoptar su reforma. Se creó un Consejo, la Venerable Compañía formada por todos los pastores encargados de celebrar el culto y de predicar. Se nombró un Consistorio, formado por doce ancianos seglares y seis pastores, para sustituir al antiguo tribunal del obispo. El Consistorio citaba a todo fiel sospechoso de profesar falsa doctrina o de observar mala conducta, le interrogaba, le hacía recitar sus oraciones y luego le castigaba con una reprimenda, penitencia o aun excomunión. Se condenaba por haber rezado en latín, por haber bailado o cantado, por haberse emborrachado, por no haber asistido al sermón, por no creer en la predestinación o en el diablo.

El Consejo que regía Ginebra castigaba a los indicados por el Consistorio, y ordenaba la ejecución de los herejes y los ateos. Un español, llamado Miguel Servet, refugiado en Francia, había escrito un tratado en el que rechazaba el dogma de la Trinidad. Calvino le denunció a la Inquisición católica en Lyon. Miguel Servet fué preso, huyó de la prisión y pasó por Ginebra. Calvino le mandó prender e insistió para hacerle condenar. Miguel Servet pereció en la hoguera (1553).

El Gobierno mandó cerrar los teatros y casi todas las posadas. Prohibió el baile y los juegos de cartas, y hasta reglamentó el modo de vestirse y de comer.

Las familias antiguas de Ginebra no querían este régimen y formaron el partido de los libertinos (liberales). Calvino tuvo de su parte a los refugiados venidos de Francia y de Italia. Los ginebrinos maldecían de aquellos extranjeros. Un ginebrino fué perseguido por haber dicho: "Esos franceses, esos pillos, son causa de que seamos esclavos, y ese Calvino ha encontrado medio de que haya que ir a contarle nuestros pecados y hacerle reverencias". El gobierno sostuvo a Calvino. Luego mandó prender a los jefes del partido opuesto, so pretexto de conspiración, y dió orden de someterlos a tormentos y cortarles la cabeza (1555). Hubo en cinco años sesenta y ocho ejecuciones, en una población de 20.000 almas.

Las antiguas familias de Ginebra fueron expulsadas, y la ciudad vino a ser una colonia de emigrados partidarios de Calvino. Fué una ciudad enteramente sometida a los pastores, en que la austeridad de conducta llegó a ser obligatoria.

Calvino consideraba idólatras todos los usos católicos. Redujo el culto a los oficios del domingo. Consistía este culto en un sermón, oraciones, salmos entonados en francés, y la comunión cuatro veces al año. La comunión se daba con pan y con vino.

Calvino sostenía correspondencia con los príncipes y los grandes personajes de Alemania, Francia, Inglaterra, Escocia y los Países Bajos. Cuando murió (1564) era ya jefe de una Iglesia. Sus discípulos se llamaban calvinistas. La Iglesia de Ginebra iba a servir de modelo a las otras Iglesias. Se la apellida "la Roma de la herejía".

Había fundado la Academia de Ginebra, una escuela donde se enseñaba la teología calvinista. A ella acudían estudiantes de todas nacionalidades que volvían luego a sus países en calidad de predicadores y extendían la doctrina calvinista.

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El calvinismo en Francia

El calvinismo en Francia[editar]



Era el calvinismo la forma francesa del protestantismo, el francés era su lengua. Se extendió en Francia mucho más deprisa que el luteranismo. Los que le predicaban fueron en un principio sacerdotes y frailes franceses, descontentos de los abusos de la Iglesia. Luego Calvino envió de Suiza pastores para fundar iglesias reformadas en Francia. Entraban ocultamente por Lyon, o por la Champaña. Tenían reuniones secretas en los arrabales apartados o en las bodegas de las casas. Predicaban contra los abusos del clero. El Concilio de Trento se había disuelto sin terminar las cuestiones y se empezaba a desesperar de ver a la Iglesia reformarse ella misma. Se constituyeron grupos de calvinistas en muchas ciudades de Francia.

El Parlamento de París (1547) creó un tribunal especial, la Cámara ardiente, para juzgar a los herejes. En dos años dictó 500 sentencias. El rey, por un edicto general, ordenó a los tribunales que persiguieran a todos los individuos sospechosos de herejía. El que no los denunciase podía ser condenado como hereje. El denunciante percibía un tercio de los bienes del que hacía condenar. Estaba prohibido a los iletrados hablar de ninguna cuestión religiosa, -prohibido, bajo pena de muerte, introducir libros de los países heréticos, o imprimir o leer un libro prohibido por la autoridad eclesiástica (1551).

Los protestantes detenidos eran tratados como criminales. Todo el que resultaba convicto de haber pronunciado palabras heréticas o de haber asistido a una reunión de este carácter, era condenado a hacer honrosa enmienda, es decir, a pedir públicamente perdón, y, si se negaba, era condenado a perecer en la hoguera.

Durante la guerra con España (1555-57), los calvinistas llegaron a ser mucho más numerosos. Varios grandes señores eran favorables a la Reforma. Los calvinistas se atrevieron entonces a cantar salmos en París, en el paseo del Pré-aux-Clercs. En el Parlamento de París varios jueces se negaron a condenar a muerte a los herejes.

En varias ciudades de Francia los calvinistas tenían ya su pequeña iglesia y su pastor. Los delegados de aquellas iglesias tuvieron en París (mayo de 1559) una reunión secreta que duró tres días. En ella se organizó la Iglesia de Francia como lo estaba la de Ginebra.

Enrique II, inquieto por los progresos del calvinismo, hizo la paz con España para dedicarse al exterminio de la herejía. Decía: "Purgaré de ella mi reino". Fué personalmente al Parlamento y mandó prender a los jueces que no querían condenar a los herejes. Calvino escribió: "Parece que todo debe haberse perdido". Pero en una fiesta matrimonial, el rey, que justaba en un torneo, fué herido por una astilla de lanza en un ojo y murió de resultas.

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La Reforma anglicana

La Reforma anglicana[editar]



Enrique VIII, rey de Inglaterra (desde 1509), era omnipotente en su reino. Elegía todos los obispos y no les permitía discutir sus órdenes. Había hecho nombrar a su ministro favorito, Wolsey, cardenal y legado del Papa en Inglaterra.

Enrique VIII se alababa de haber estudiado teología. Escribió un tratado refutando a Lutero. El Papa le felicitó y le dió el título de "defensor de la fe".

Rompióse el acuerdo entre el rey y el Papa con motivo de un asunto particular. Enrique se había casado con Catalina de Aragón, tía de Carlos V. Era viuda de su hermano, y se había casado con dispensa del Papa. Se enamoró el rey de una dama joven de su Corte, Ana Bolena, y quiso casarse con ella, para lo que pidió al Papa que anulase su matrimonio con Catalina (1527). El Papa Clemente VII, queriendo contentar a la vez a Carlos V y a Enrique VIII, dió largas al asunto y acabó por declarar que había de verse en Roma.

Enrique se decidió a obrar solo. Reunió en asamblea a los obispos ingleses y les obligó a declarar al rey "único jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra" (1531). Enrique repudió a Catalina, casó secretamente con Ana Bolena (1533) y nombró a un arzobispo que declaró nulo su primer matrimonio. Catalina acudió al Papa, el cual anuló el casamiento de Ana Bolena.


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Entonces Enrique rompió definitivamente con el Papa. El Parlamento —que aprobaba entonces todo cuanto el rey le pedía— abolió los impuestos que se pagaban al Papa y declaró que "el obispo de Roma" (el Papa) no tenía ningún poder en Inglaterra. Las apelaciones de los tribunales eclesiásticos ingleses habían de ser juzgadas por los magistrados reales. Una ley, llamada acta de supremacía resolvió que el rey había de ser llamado "jefe superior de la Iglesia de Inglaterra". Era un crimen negarle este título, crimen capital negarse a reconocer a la reina (Ana) y a sus herederos, o llamar al rey hereje o cismático.

Los monjes mendicantes se negaron a reconocer el matrimonio, y algunos de ellos fueron ejecutados. El prior dijo: "No por espíritu de rebeldía desobedezco al rey, sino porque nuestra Santa Madre la Iglesia ha decidido otra cosa de lo que el rey y el Parlamento han ordenado".

El Papa excomulgó a Enrique y desligó a sus súbditos del juramento de fidelidad (1535). Enrique respondió suprimiendo los conventos, empezando por los más pequeños (1536). Los habitantes del Norte de Inglaterra se sublevaron y pidieron el restablecimiento de los conventos y que fuera restaurada la autoridad del Papa. Enrique prometió una amnistía a los sublevados. Cuando estuvieron dispersos, los mandó ejecutar. Luego acusó a los abades de los grandes conventos de haber incitado a la rebelión y los obligó a ceder sus conventos. Todas las tierras de las abadías fueron confiscadas. El clero secular de Inglaterra (obispos y curas) conservó sus tierras, y hoy todavía las disfruta.

Enrique, a pesar de su rompimiento con el Papa, pretendía seguir siendo católico. Hacía decapitar a los católicos como criminales porque no reconocían su autoridad, pero mandaba quemar a los luteranos porque eran herejes. Una ley (1539) ordenó condenar a prisión perpetua al que no admitiera la confesión, la misa y el celibato de los sacerdotes.

Pero, desde que el rey había roto con el Papa, eran numerosos los partidarios de una reforma completa. Los mismos ministros del rey hacían traducir al inglés algunas partes de la misa (1544).

Enrique VIII se había cansado pronto de Ana Bolena y la había hecho decapitar (1536). Había tenido otras cuatro mujeres. La tercera murió, se divorció de la cuarta y a la quinta la mandó cortar la cabeza.

Su sucesor (1547) fué el hijo que había tenido de su tercera mujer, Eduardo VI, que contaba diez años. El tío del joven gobernó en su lugar y se puso de acuerdo con los partidarios de la Reforma. Mandó romper las vidrieras de las iglesias y las imágenes de los santos y suprimió las procesiones. Entonces se escribió una liturgia en inglés, y se permitió casarse a los sacerdotes.

Los partidarios del antiguo culto se sublevaron, y el Gobierno envió contra ellos soldados alemanes e italianos. El joven rey, educado por predicadores protestantes, se declaró favorable al calvinismo. Mandó hacer una nueva liturgia que abolía los usos católicos (1552), y ordenó dar la comunión con pan ordinario, "como el que se come a la mesa". Se hizo una nueva confesión de fe que admitía toda la doctrina de Calvino.


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Eduardo murió pronto (1553). Su hermana María, hija de Catalina de Aragón, le sucedió. Era católica y casó con su primo el rey de España, Felipe II. Derogó las leyes de Enrique VIII, reconoció el poder del Papa y restableció las leyes contra los herejes. Los eclesiásticos que habían dirigido la reforma fueron decapitados o perecieron en la hoguera. Inglaterra volvió a ser católica.

María murió pronto sin dejar sucesión (1558), Isabel, hija de Ana Bolena, fué reina. No tenía afición a los calvinistas, pero no podía ponerse de acuerdo con los católicos, que no aceptaban el matrimonio de su madre ni la reconocían como reina legítima. Hizo una reforma que se creía posible aceptaran todos los partidos (véase capítulo VII).

Conservó los obispos con sus poderes y sus tierras. Conservó los crucifijos, los órganos, la sobrepelliz de los sacerdotes católicos. Pero adoptó la liturgia en inglés y la doctrina calvinista. Así se creó la Iglesia anglicana.

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La Reforma presbiteriana

La Reforma presbiteriana[editar]



Calvino no admitía la institución de los obispos, que creía invención humana, sólo aceptaba los sacerdotes (presbyteri), y diáconos y los ancianos. Había creado en Ginebra un Consejo formado por los pastores de la ciudad y ancianos seglares, y le había conferido la autoridad sobre la iglesia. Este Consejo tenía la facultad de nombrar y destituir a los pastores, y el derecho de vigilar a los fieles para asegurarse de que sus creencias eran conformes a las doctrinas de Calvino y de que su conducta era buena. Todos los pastores eran de igual categoría, ninguno tenía poder sobre otro. Cada iglesia se regía independientemente. Tal fué el régimen presbiteriano (en que dirige el presbyterium).

Cuando el calvinismo fué adoptado en otros países, las iglesias presbiterianas se pusieron de acuerdo para mantener las mismas creencias, la misma liturgia y las mismas reglas de organización. Los delegados de varias iglesias se reunían para formar un coloquio, o un sínodo provincial. Las asambleas enviaban delegados a un sínodo general que redactaba la confesión de fe y fijaba las reglas de la disciplina para todo el país. Así se hizo en Francia, en Escocia, en los Países bajos, en Polonia, en Hungría.

Escocia tenía por reina a una niña, María Estuardo. Su madre, que gobernaba en su nombre, era una princesa extranjera, hermana del duque de Guisa. Había permanecido católica y mandaba prender a los luteranos. Algunos nobles protestantes se sublevaron y se refugiaron en el castillo de San Andrés. Con ellos estaba Knox, notario que se había hecho preceptor de los hijos de un noble. Knox empezó a predicar en la capilla del castillo contra el Papa y contra la misa, que calificaba de "idolatría abominable". La regente envió una tropa para sitiar el castillo y los defensores capitularon. Knox fué conducido prisionero a Francia (1547). Cuando se le dió libertad, se fué a Inglaterra y se hizo capellán del rey Eduardo. Cuando Inglaterra pasó a manos de una reina católica, Knox huyó a Francia, luego a Alemania. Volvió a Escocia (1555) y predicó a los nobles, muchos de los cuales se adhirieron a la reforma.

Fué a Ginebra, donde se hizo discípulo de Calvino. A su vuelta de Escocia, varios nobles escoceses juraron "emplear vida y hacienda en restablecer la santa palabra de Dios". A esto se llamó Covenant (convención). Hicieron guerra a la regente católica, que se alió con los franceses. Los nobles pidieron auxilio a la reina de Inglaterra. Un pequeño ejército inglés entro en Escocia y rechazó a los católicos. Los nobles, que habían seguido siendo dueños del país, reunieron un Parlamento. Fué abolida la autoridad del Papa en Escocia. Knox escribió una liturgia semejante a la de Ginebra. Suprimió todas las fiestas, excepto la del domingo; no se conservó la cruz, ni imágenes, ni órganos, ni velas.

Knox propuso se consagrasen las rentas de los bienes de la Iglesia Católica al mantenimiento de los pastores, a la creación de escuelas y al sostenimiento de los ancianos. Pero los nobles prefirieron guardárselas. La Iglesia de Escocia, no teniendo con qué pagar a sus pastores, se organizó muy lentamente. Cada comunidad tuvo sus pastores, sus ancianos, sus diáconos, y también su tribunal encargado de juzgar las culpas de los seglares. Como en Ginebra, se hacía comparecer al que no iba al sermón, trabajaba en domingo, bebía, bailaba o cantaba. Para los asuntos comunes, se reunía una asamblea general de delegados de todas las iglesias de Escocia.

Después de la abdicación de María Estuardo en 1567 (véase capítulo VII), se prohibió el culto católico, que se llamaba "la idolatría". Fueron conservados los obispos, pero no ejercían poder.

El presbiterianismo fué adoptado por los protestantes en Francia, Escocia, Holanda y Hungría y a las colonias inglesas. Hoy es la forma más extendida del protestantismo.

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San Ignacio de Loyola

San Ignacio de Loyola[editar]



La Reforma Católica


Lutero, Calvino, los anglicanos, los presbiterianos, habían hecho la Reforma rompiendo con el Papa y cambiando la doctrina y los usos de la Iglesia. Las iglesias así reformadas se separaron de la Iglesia Católica. Otros reformadores intentaron hacer la Reforma como se había entendido en el siglo XV restaurando las reglas de la Iglesia y conservando la autoridad del Papa y los usos de la Edad Media. Varios de estos "reformadores católicos" fueron italianos; pero el más célebre fué un español.

Ignacio de Loyola, nacido en 1491 en país vasco, era el menor de los trece hijos de una familia noble. Fué primeramente paje en la corte del rey Fernando y tuvo pasión por los libros de caballería. Nombrado oficial, resultó con una pierna rota defendiendo una brecha en Pamplona, y le cuidaron tan mal que quedó cojo (1521). Cuando estaba en curación en casa de su padre, no teniendo otra cosa que leer, leyó la Vida de los Santos y se decidió a imitarlos. Supuesto que ya no podía combatir en el ejército, quiso hacerse "soldado de Cristo y de la Virgen". Fué en calidad de peregrino a visitar la imagen milagrosa de la Virgen del convento de Montserrat en Cataluña. Colgó sus armas en el altar de la Virgen, dió sus vestidos a los pobres y tomó el hábito de peregrino.

Se retiró al convento de dominicos de Manresa. Allí hizo ejercicios de devoción. Rezaba de rodillas siete horas seguidas, se disciplinaba tres veces al día, se privaba de dormir, vivía con pan y agua. Pero desesperaba de su salvación, a causa de sus pecados, y lloraba sin cesar.

Luego tuvo visiones que le consolaron. Veía a Jesús y a la Virgen, y entonces se tornó tranquilo y confiado. Renunció a mortificarse y empleó otro método. Como el soldado se ejercita en las armas, se ejercitó para dirigir su imaginación y su voluntad, e inventó poco a poco los ejercicios espirituales.

Partió para Jerusalén, pero fué mal recibido por los monjes de Oriente. Volvió a España mendigando y se dedicó a predicar. Entonces se sintió ignorante y comprendió la necesidad de instruirse. Aun cuando tenía ya treinta años, fué a la escuela de muchachos, luego a la Universidad de Salamanca para estudiar Filosofía. Predicaba en las calles, y por dos veces le prendieron como hereje y le encerraron en prisión. Se le dejó en libertad mandándole que fuera a estudiar Teología antes de predicar.

Fué a Paris a pie y entró en un colegio (1528). Allí agrupó algunos estudiantes pobres, españoles, Lainez, Francisco Javier y un campesino saboyano, y los habituó a practicar los ejercicios espirituales que había imaginado.

Un día se reunieron todos (1534), en una capillita en Montmartre, comulgaron e hicieron juramento de partir en "cruzada espiritual" a Palestina. Habían de convertir a los musulmanes, y, si no lo lograban, ir a ponerse al servicio del Papa.[1]

Fueron a embarcarse a Venecia (1537); pero la guerra que había con los turcos les impidió partir. Se resignaron entonces a permanecer en Europa para predicar contra la herejía.


  1. En memoria de esta reunión se ha edificado en París la iglesia del Sagrado Corazón de Montmartre.
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La Compañía de Jesús

La Compañía de Jesús[editar]



Ignacio fué a Roma. Agradó al Papa y obtuvo de él permiso para fundar una Orden religiosa (1539). La dió un nombre militar, Compañía de Jesús. «No creo, decía, haber dejado el servicio militar, le he trasferido a Dios». La Compañía había de ser «una cohorte» para combatir «a los enemigos espirituales» (los herejes). Los miembros juraban, a más de los tres votos ordinarios de los monjes (pobreza, celibato, obediencia), consagrar su vida al servicio del Papa. La Compañía era dirigida por un general, que elegían de por vida sus compañeros. Los miembros fueron llamados jesuítas.

El primer general fué Ignacio de Loyola. Se estableció en Roma y dió reglas a sus compañeros. Impuso a todos los ejercicios espirituales que él mismo había practicado. El que pide entrar en la Compañía debe permanecer dos años como novicio. Hace entonces los ejercicios durante un mes al menos. Ha de encerrarse de modo que no pueda entrar la luz del día, y tratar de representarse, por la imaginación, las cosas religiosas, con tanta intensidad como si las viera. Considera un tema fijado de antemano: el pecado, la pasión de Cristo, el Infierno. Debe representárselo metódicamente por los cinco sentidos; por ejemplo, imagina por la vista las llamas del Infierno, por el oído los lamentos de los condenados, por el olfato el olor infecto, por el tacto el calor. La regla indica en qué momentos debe orar, llorar, suspirar. La disciplina es militar; el jesuíta debe obedecer siempre las órdenes de su superior. Debe «dejarse llevar como su fuera un muerto», o «como el bastón en manos de un viejo, que le sirve para todo aquello en que quiere emplearlo».

Ignacio de Loyola acogía con preferencia jóvenes para poder formarlos. Los envió primeramente a estudiar a las Universidades, sobre todo a la de París. Luego fundó el Colegio romano, en el que se enseñaba a hablar y escribir en latín, y que servía para instruir a los jóvenes jesuítas. Pero fueron admitidos también, gratuitamente, alumnos seglares.

Ignacio comprendió entonces el poder que los colegios podían dar a su Compañía, y los creó para los seglares. Tuvieron al principio externos gratuitos, más tarde fueron internados de pago. Se enseñaba a los alumnos a hablar en latín, a hacer discursos y versos latinos, que entonces estaban de moda. Sobre todo, se le habituaba a la práctica de la religión católica, se les obligaba a confesar una vez por semana y a comulgar frecuentemente. La disciplina era menos severa que en los colegios de la época. Ignacio había dictado la regla de que el jesuíta no debía pegar al alumno. Se encargaba a los discípulos buenos vigilar a los otros.

Pronto la Compañía no dispuso de miembros suficientes para tener profesores en sus colegios. Creáronse auxiliares (coadjutores) que no hacían más que los tres votos ordinarios. No eran miembros de la "Congregación" que elegía al general. La gente llamaba a todos jesuitas, pero los únicos miembros verdaderos de la Compañía eran los profesos que habían hecho los cuatro votos.

Los jesuitas vestían traje sacerdotal, y tenían facultad para predicar y confesar. Ignacio había prohibido a sus compañeros que aceptasen ningún cargo, y la Compañía de Jesús no ha permitido nunca que un jesuíta sea obispo. Pero cuando hubo príncipes que pidieron para confesarse un jesuíta, no les fué negado. Más tarde aún, los jesuítas vinieron a ser confesores de los príncipes para inducirles a adoptar medidas contra los herejes.

El número de jesuítas aumentó rápidamente. A la muerte de San Ignacio (1556), había ya cerca de 1.000 establecidos en cien casas repartidas en doce provincias. La Compañía siguió creciendo muy rápidamente, sobre todo en Italia, en España y en Portugal.

Fundó casas en Alemania, y en Roma un Colegio germánico para preparar a los alemanes.

En Francia, el clero y el Parlamento desconfiaron durante mucho tiempo de los jesuítas, que no consiguieron establecerse hasta el siglo XVII.

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Concilio de Trento

Concilio de Trento[editar]



Desde el siglo XV, los pueblos cristianos pedían la reunión de un Concilio para reformar la Iglesia; pero el Papa era el único que podía hacer la convocatoria y vacilaba. Carlos V, que deseaba el Concilio para contener la reforma de Lutero, estaba en guerra con el rey de Francia. Por fin, el Papa Paulo III prometió reunir el Concilio. Se convocó en Italia, en Mantua, el año 1536. Pero el Papa se indispuso con el emperador, y por tres veces aplazó la reunión. Mientras tanto, los príncipes alemanes hicieron la reforma luterana, y el rey de Inglaterra comenzó la reforma anglicana.

El Concilio no se reunió hasta 1545, en Trento, ciudad italiana que dependía del Imperio. No acudieron a él casi más que obispos italianos y españoles. Contendieron unos con otros, pero estuvieron de acuerdo en condenar las doctrinas de los luteranos.

Pronto el Papa estuvo a mal con el emperador y trasladó el concilio a Italia, a Bolonia. Sólo los italianos acudieron, y el Concilio fué interrumpido (1547). Hubo de esta suerte tres reuniones, separadas por largos intervalos, la primera de 1545 a 1547, la segunda de 1551 a 1552, la tercera de 1562 a 1563.

El año 1551, Carlos V obtuvo de un nuevo Papa la reunión del Concilio para atraer a los príncipes luteranos que acababa de vencer; pero estaba en guerra con el rey de Francia y no acudieron más que los obispos súbditos del emperador. Cuando el ejército de los príncipes alemanes llegó al Tirol para sorprender a Carlos V, el Concilio se disolvió (1552). En seguida aumentó rápidamente en Francia y en los Países Bajos el número de calvinistas.

El Papa Pío IV, para contener la Reforma calvinista, volvió a abrir el Concilio en enero de 1562. Convocó a todos los príncipes cristianos, pero ni Inglaterra ni los príncipes luteranos respondieron, y sólo hubo obispos de cuatro naciones, Italia, España, Francia y Alemania.

Los italianos por sí solos estaban en mayoría, pero no se habría osado adoptar una resolución sin el consentimiento del rey de España, del de Francia y del emperador, cada uno de los cuales estaba representado por enviados (que se llamaban oradores).

El Papa y los soberanos no consiguieron en un principio ponerse de acuerdo. El emperador Fernando y el cardenal de Lorena, enviado del rey de Francia, pedían reformas en el culto para satisfacer a los descontentos; los franceses querían la liturgia en francés, los alemanes pedían el matrimonio de los sacerdotes y el derecho de dar la comunión a los seglares con el cáliz. Así trascurrieron diez meses sin adoptar ninguna decisión.

Por último, los italianos convencieron al cardenal de Lorena para que cediera, y prometieron al emperador conceder la comunión con el cáliz una ver terminado el Concilio. Este aprobó entonces con rapidez las decisiones que se habían preparado y se separó (diciembre de 1563).

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La obra del Concilio de Trento

La obra del Concilio de Trento[editar]



El Concilio de Trento hizo la reforma por decretos que ordenaban aplicar las antiguas reglas. La hizo conservando toda la organización, las prácticas y los dogmas de la Iglesia Católica. Condenó, mediante cánones, todas las doctrinas y las innovaciones de los reformadores protestantes y formuló la doctrina obligatoria para todos los católicos.

Los protestantes no admitían más que las doctrinas que encontraban en la Sagrada Escritura. El Concilio manifestó que la doctrina católica está fundada, no solamente en la Escritura, sino en la tradición oral, "recogida de labios de Cristo por los Apóstoles por dictado del Espíritu Santo y que, trasmitida de mano en mano, ha llegado hasta nosotros".

Los protestantes no aceptaban más que el texto hebreo del Antiguo Testamento, el texto griego del Nuevo, y reconocían a los fieles el derecho de leer los libros santos. El Concilio declaró que el texto reconocido por comprobación como auténtico era la traducción latina (la Vulgata) y que sólo la Iglesia tiene derecho a interpretar la Escritura.

Lutero y Calvino decían que el hombre, habiendo nacido pecador, no puede ser salvado sino por la fe y la gracia de Dios, y que las obras no sirven para la salvación. El Concilio dijo que la fe "es el principio de la justificación", pero que las obras sirven para merecer la vida eterna.

Los protestantes habían rechazado todas las prácticas que les parecían establecidas con posterioridad al tiempo de los Apóstoles, no conservaban sino dos sacramentos, el bautismo y la comunión, no admitían que el sacrificio de la misa trasforme el pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo. El Concilio mantuvo los siete sacramentos. Dijo que Cristo está realmente en la hostia. Conservó la misa, no solamente para los vivos, sino para los muertos. Conservó el Purgatorio, las indulgencias, el culto de los santos, el de las reliquias.

Los protestantes habían adoptado el culto en la lengua de los diversos países. El Concilio mantuvo en todas partes el culto en latín.

Los protestantes habían trastornado la organización de la Iglesia rechazando la autoridad del Papa y de los obispos, cerrando los conventos, permitiendo el matrimonio de los sacerdotes. El Concilio conservó toda la jerarquía eclesiástica, obispos, canónigos, curas. Mantuvo las Órdenes religiosas y el celibato de los sacerdotes. Restableció el poder del obispo sobre todo el clero de su diócesis, los canónigos, los abades, los monjes.

El Concilio hizo también la reforma de las costumbres. Ordenó a los sacerdotes no usar otro traje que los hábitos, residir siempre en su parroquia, predicar al menos una vez a la semana, enseñar el catecismo a los niños. Cada obispo hubo de establecer en su diócesis un seminario (vivero), en el que los jóvenes destinados a la carrera eclesiástica habían de hacer estudios antes de recibir las órdenes.

El Papa mandó publicar el Índice (lista) de los libros que estaba prohibido leer a los católicos. En él se consignaron los nombres de los autores y de los impresores heréticos de los que estaba prohibido leer nada. Se creó una "Congregación del Índice" —que todavía existe, y que sigue incluyendo en la lista los libros nuevos prohibidos a los católicos.

Se hizo imposible la reconciliación entre los partidarios de la reforma protestante y los de la reforma católica. El clero, ya más disciplinado, volvió a tener confianza y emprendió la lucha contra los protestantes adversarios del Papa. Entonces empezó una lucha que duró más de medio siglo y que se llamó la Contra-Reforma. Cada uno de los dos partidos, en los países en que dominaba, prohibía al otro el ejercicio del culto y condenaba a sus partidarios como criminales. Los países del Mediodía, Italia y España, que habían seguido siendo católicos, continuaron llevando a la hoguera a los protestantes en calidad de herejes. Los países del Norte, Inglaterra, Suecia y Dinamarca, convertidos al protestantismo, condenaron a los católicos por rebeldes e idólatras. En los países del centro, ninguno de los dos partidos pudo acabar con el otro y se peleó a mano armada. Tal fueron las guerras de religión.