Historia XVIII (Versión para imprimir)

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Autor: Charles Seignobos

Formación de la Ciencia



Las Ciencias


El Renacimiento había consistido en imitar o comentar a los escritores antiguos. La Reforma había producido teólogos ocupados en estudiar la Sagrada Escritura. En el siglo XVII se empezó a crear la Ciencia.

Los que se dedicaban a las Ciencias eran todavía muy pocos en número. Las Universidades no se interesaban casi más que por las lenguas antiguas, por la Teología y el Derecho. Los profesores, habituados a la escolástica, no querían adoptar los métodos nuevos de trabajo. El clero vigilaba todas las enseñanzas y desconfiaba de cualquier novedad, considerándola una herejía. Pero algunos particulares trabajaban por gusto en pro de la Ciencia y comunicaban sus trabajos a unos cuantos amigos. La Ciencia estaba aún bastante poco adelantada para que un hombre, aun trabajando solo, pudiera aprender todo lo que se sabía útil. Bastábale conocer el latín para leer todas las obras relativas a estas materias, porque los libros científicos estaban escritos en latín. Los sabios del siglo XVII fueron, pues, casi todos aficionados. Se ocuparon, sobre todo, de Matemáticas, de Física y de Ciencias naturales. Húbolos sobre todo en los países de Europa occidental, preparados por el Renacimiento y la Reforma.

Empezáronse a fundar algunas instituciones que hicieron posible la labor científica. Interesaba la observación de los astros, porque se creía aún en la Astrología, y se imaginaba que el destino de cada persona depende del astro que se ha encontrado en cierto punto del cielo en el momento de nacer él. Un noble danés, Tycho Brahé, obtuvo del rey una islita, donde se edificó un castillo en el que trabajó veinte años (1597). Fué luego a Praga, al lado del emperador Rodolfo, que se ocupaba de Astrología. Los Gobiernos empezaron a ver los resultados prácticos que se podían obtener de la Astronomía, por permitir reconocer la posición de un barco en el mar libre, y fundaron observatorios oficiales, a fin de estudiar el cielo. Colbert mandó crear en Francia el Observatorio de París (1667-1671), al cual hizo venir a un italiano, Cassini. En Inglaterra se construyó, próximo a Londres, el Observatorio de Greenwich (1667).

Para el estudio de los animales y de las plantas, se crearon en Italia jardines botánicos en algunas Universidades, en Padua, en Pisa. —Se plantó uno en Holanda, en Leyden.— Enrique IV mandó hacer un jardín en el Louvre, y más tarde se hizo en París un Jardín de Plantas (1626).

Se puso de moda tener gabinetes de Historia Natural en que se reunían plantas y minerales curiosos. Se empezaron a crear establecimientos llamados museos, el más célebre de los cuales fué el British Museum de Londres. Se reunieron también herbarios; es decir, colecciones de plantas desecadas. Los viajeros empezaron a traer plantas de las lejanas tierras de América y de las islas de la Sonda.

Los que de ciencias se ocupaban estuvieron en un principio aislados. Las Universidades les eran hostiles, y las Academias fundadas en Italia no se ocuparon más que de literatura hasta mediados del siglo XVII. Colbert fundó en Francia una Academia de Ciencias, en la que ingresaron sabios extranjeros que él había llamado a Francia. Contaba servirse de ellos, sobre todo para hacer el mapa de Francia y para perfeccionar los oficios. De esta suerte los académicos no se eligieron entre los profesores, lo cual les permitió trabajar según otros métodos que las Universidades. En Inglaterra, un grupo de aficionados fundó en Londres una Sociedad que el rey Carlos II tomó bajo su protección, y que vino a ser la Sociedad real. Se ocupaba de Filosofía y sobre todo de Ciencias, y pronto se hizo célebre por los trabajos de Newton.

Para comunicarse sus observaciones, los sabios empezaron a fundar los periódicos científicos. En Francia, Colbert autorizó la publicación del Journal des Bavants (1665). Una revista análoga se fundó en Leipzig (1682). Otras, en Holanda, fueron escritas principalmente por protestantes franceses emigrados.

Los hombres de Ciencia adoptaron entonces una manera enteramente nueva de trabajar. En vez de estudiar los libros para buscar en ellos el saber de los antepasadas, empezaron a observar los hechos. Así empezó la Ciencia fundada en la experiencia, cuya teoría formuló Bacon (véase esta página).

Esta ciencia nueva no se dirigía ya a las gentes de las Universidades. Para hacerla accesible al público, los sabios empezaron a escribir en el idioma del país. Galileo escribió la mayor parte de sus obras en italiano. La Ciencia se desligó a la vez de la autoridad de la tradición y del uso tradicional del latín, y se hizo moderna por el idioma como por el espíritu.


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La Astronomía

La Astronomía



La Ciencia que se constituyó primero fué la Astronomía. El danés Tycho Brahé, trabajando sin anteojo, había hecho un catálogo de mil estrellas. Su adjunto en Praga, un alemán pobre, Kepler, astrónomo del emperador Rodolfo, que le pagaba muy mal, concibió la idea de que el mundo está constituido según una armonía misteriosa. Creía en la Astrología. Reprodujo el sistema expuesto en el siglo XVI por el polaco Copérnico.

Se admitía entonces el «sistema de Ptolomeo», formulado por los griegos. Se pensaba que la Tierra está en el centro del mundo y que el Sol y las estrellas giran alrededor de ella. Kepler llegó a formular tres proposiciones matemáticas —llamadas las leyes de Kepler—, que explicaban los movimientos de los planetas admitiendo que giran alrededor del Sol. Este descubrimiento no fué verdaderamente comprendido sino a fines del siglo XVII.

Un italiano de Toscana, profesor de matemáticas en la Universidad de Padua, Galilea (1564-1642), supo que se acababa de inventar en Holanda un medio de hacer anteojos que aumentaban mucho las cosas. Galileo construyó uno, e inmediatamente descubrió las montañas de la luna, la naturaleza de la Vía láctea, los satélites de Júpiter y muchas estrellas que no se percibían a simple vista. El gran duque de Toscana le dió una pensión.

No creía que la Tierra estuviera inmóvil en el centro del mundo. Imaginó entonces la teoría de la gravedad, y escribió que la Tierra es la que da vueltas alrededor del Sol. Los partidarios del sistema de Aristóteles, irritados, se dirigieron a la Congregación del Índice (véase capítulo V), la cual declaró la doctrina de Copérnico y de Galileo en contradicción con la Sagrada Escritura (1616). Un cardenal mandó comparecer a Galileo y le prohibió sostener aquella opinión. Galileo prometió someterse. Pero, pocos años más tarde, como su protector hubiera sido nombrado Papa, publicó un Diálogo en que hacía discurrir a tres personajes acerca de la cuestión (1632).

Este libro produjo un escándalo. Se hizo creer al Papa que Galileo había querido burlarse de él. La Inquisición mandó prenderle y le obligó a abjurar de rodillas sus errores. Estaba condenado, además, a prisión. Pero pronto fué puesto en libertad.

Se perfeccionaron luego los anteojos de modo que se hizo el telescopio. Se descubrió entonces un satélite de Saturno (1656). Huygens (1629-1695), un holandés que trabajaba en Inglaterra, inventó un nuevo sistema de reloj por medio del péndulo (fué más tarde llamado por este nombre). Se pudo entonces medir el tiempo de modo mucho más preciso, lo cual era necesario para calcular las distancias exactamente.

El italiano Cassini, llamado por Colbert al Observatorio de París, trabajó ayudado por el francés Picard. Observó las manchas del Sol y calculó el tiempo de rotación del mismo. Logró determinar las longitudes. La Academia de Ciencias hizo medir la longitud de un grado del meridiano de la Tierra (1671). El Observatorio inglés de Greenwich empezó a hacer un nuevo catálogo de estrellas.


Newton (1642-1729) imaginó entonces una teoría que reunió en un sistema completo las observaciones de astronomía (la publicó en 1687). Se había emitido ya la idea de que todos los astros son movidos por una fuerza física que los lleva hacia un centro, la fuerza centrípeta; pero se trataba de averiguar el valor de esa fuerza. Newton partió de una reflexión que había hecho viendo caer una manzana, Se preguntó primeramente si la fuerza de gravedad, que hace caer los cuerpos a tierra, no se extendía hasta la luna. Habiéndose equivocado respecto al espesor de la Tierra, se detuvo en sus trabajos. Pero tenía paciencia. Cuando se le preguntó más tarde cómo había hecho sus descubrimientos, respondió: «Pensando constantemente en ellos». Reanudó el trabajo y llegó a demostrar que los movimientos de los planetas no se explican sino diciendo que los cuerpos se atraen en razón directa de su masa e inversa del cuadrado de la distancia que los separa. A esto se llamó la gravitación universal que ha seguido siendo el fundamento de la mecánica celeste.


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Las Matemáticas

Las Matemáticas



Los matemáticos, en el siglo XVI, habían estudiado los libros de sus colegas griegos que habían inventado la Ciencia de los números en la forma del álgebra. Habían aventajado ya a los griegos por la solución de las ecuaciones de cuarto grado. Un francés, Viète (1540-1605), abogado y magistrado que escribía en latín, creó el Algebra moderna (la llamada arte analítica), utilizando letras para designar los coeficientes y las incógnitas.

El Algebra fué perfeccionada por otro francés, Fermat (1601-1655), que formuló la teoria de los números e inició, con Pascal, el cálculo de probabilidades. Luego el célebre filósofo Descartes dió al Algebra anotaciones de más fácil manejo. Esta ciencia quedó definitivamente constituida antes de mediar el siglo XVII.

La Geometría había partido de la Geometría griega de Euclides. En el siglo XVI fueron estudiados los otros geómetras griegos. Un arquitecto, Desargues, poco conocido en su tiempo, constituyó la ciencia de la perspectiva. Descartes, aplicando su Método (véase esta página), publicó en 1637 una Geometría que renovó enteramente esta Ciencia mediante la aplicación del Algebra. Así se creó la Geometría analítica.

A fines del siglo XVII, el gran filósofo alemán Leibnitz (véase pág. 479) imaginó un método nuevo que se ha llamado más tarde cálculo infinitesimal.

A fines del siglo XVII estaban constituidas todas las ramas de las Matemáticas: la Mecánica celeste, el Algebra, el Cálculo diferencial e integral, el Cálculo infinitesimal.


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La Física

La Física



La Física no estaba aún claramente separada de las Matemáticas, las mismas personas hacían los experimentos de Física y los cálculos matemáticos; los problemas de Física eran, al mismo tiempo, problemas de Astronomía.

Galileo, estando todavía en Pisa, quiso probar si la velocidad de un cuerpo que cae es proporcional al tiempo, como se creía entonces. Hizo un experimento en público desde lo alto de la torre de la catedral, y observó que la velocidad de la caída va acelerándose.

Otro italiano, Torricelli (1608-1647), estudió la salida de los líquidos. Los antiguos creían que el agua sube en las bombas porque la Naturaleza tiene horror al vacío. Pero los fontaneros de Florencia habían observado que, a partir de cierta altura, el agua no subía. Torricelli ideó operar con un líquido mucho más pesado que el agua, el mercurio. Vió que en un tubo colocado encima de una cubeta de mercurio, el mercurio no subía más que a una altura pequeña. Así fué inventado el barómetro.

Un sabio francés, Pascal, por el célebre experimento del Puy de Dôme (1648), vió que, cuanto más se ascendía en la montaña, más disminuía la altura de la columna de mercurio. Se conoció entonces el peso del aire y se tuvo un instrumento para medir la presión de la atmósfera. Torricelli había descubierto la ley del equilibrio de los líquidos. La Física venía a ser Ciencia experimental.

El barómetro había dado la noción del vacío. Un alemán, Oton de Guericke, burgomaestre de Magdeburgo (1602-1686), inventó la máquina neumática (1650), que permitió obtener en un recipiente un vacío casi tan completo como el del barómetro. Esta máquina fué un instrumento de experimentación. Se pudo estudiar la Física de los gases como se había estudiado la de los líquidos. Un francés, Mariotte, descubrió que el volumen de los gases disminuye con la presión. Tal fue la ley de Marriotte. Así se descubrió la parte de la Física que estudia la gravedad y el equilibrio.

La Óptica se constituyó después de la invención de los anteojos. Huygens (véase esta página), después de haber inventado los péndulos, descubrió un procedimiento nuevo para construir anteojos de mucha más potencia.

Descartes había estudiado ya el arco iris y descubierto, por las matemáticas, la ley de reflexión de la luz.

Newton, nombrado profesor de la Universidad de Cambridge (1659), descubrió la descomposición de la luz por el prisma. Huygens publicó un Tratado de la luz (1690), que explicaba los fenómenos de la Óptica por las matemáticas.


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La Química

La Química



La Química había comenzado con los alquimistas, que buscaban la piedra filosofal para transformar todos los metales en oro. Un farmacéutico francés, Rey, observó que los metales calcinados al fuego aumentaban de peso. Un belga, van Helmont, comenzó a estudiar los gases. Se les llamaba aires, pero no se sabía aislarlos,

No se conocían aún los cuerpos químicos puros. Se consiguió extraer el fósforo (por el año 1659).

Un francés, profesor de Química, Lefèvre, a quien el rey de Inglaterra había llamado para fundar un laboratorio, publicó el primer tratado de Química. Esta ciencia no pudo constituirse por completo; pero se empezó desde el siglo XVII a observar las reacciones mutuas de los cuerpos, y a aplicar lo que de química se sabía a la farmacia y a la metalurgia.


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Las ciencias Naturales

Las Ciencias Naturales



Ya en el siglo XVI, se habían observado y descrito las plantas y tratado de clasificarlas, pero no se había encontrado un buen principio de clasificación. En el siglo XVII un francés, Tournefort, discípulo de la escuela de Montpellier, después de haber estudiado las plantas de todas las comarcas de Europa, llegó a una clasificación que ha subsistido durante una parte del siglo XVIII. Un italiano, Malpighi, disecó las diversas partes de las plantas y publicó una obra en que describió la estructura de los vegetales. Se empezó en Inglaterra a servirse del microscopio para estudiar las plantas.

En el siglo XVI se había empezado, sobre todo en Italia, a disecar los cadáveres, por lo común los de los ajusticiados. Un italiano, Vesale, establecido en Bélgica, fundó así la Anatomía humana. Otro italiano, Fallope, había estudiado el interior del oído y el del cuerpo humano. Otros estudiaron los huesos. Uno de ellos dió su nombre al conducto que hay entre el oído y el gaznate, la «trompa de Eustaquio». Luego se hizo la anatomía de algunos animales, un hipopótamo, un caballo.

Un inglés, Harvey, descubrió la circulación de la sangre (1628), lo cual trastornó todas las ideas relativas al cuerpo humano. Un italiano, profesor en Pavía, disecando un perro vivo, descubrió los vasos por que circula el quilo.

No se había observado en un principio más que el cuerpo humano, por razones prácticas, porque se quería aplicar las observaciones a la Medicina o a la Cirugía. El italiano Malpighi (1628-1694) estudió la organización de los animales de especies diferentes, para compararlos entre sí con espíritu científico puro, e inició así la Anatomía comparada.

La invención del microscopio cambió las condiciones de la observación. De igual modo que el telescopio permitía ver los fenómenos muy alejados, el microscopio hizo visibles los demasiado pequeños para ser percibidos a simple vista. Un holandés, Swammerdam, estudió las metamorfosis de los insectos, y vió que se desarrollan según las mismas leyes que todos los demás animales. Otro holandés, Leeuwenhoek, hizo él mismo microscopios con los cuales pudo ver los seres llamados más tarde «microscópicos», los infusorios, los glóbulos de la sangre. Estudió las arterias y las venas.

La Medicina obtuvo poco provecho de estas observaciones. Los médicos, organizados en cuerpo, no querían renunciar a las doctrinas de los griegos, y se negaron mucho tiempo a admitir la circulación de la sangre demostrada por Harvey. En Francia explicaban las enfermedades por los humores, y seguían aplicando los antiguos tratamientos de que se burló Molière, la sangría, la lavativa, los purgantes. Se empezó, no obstante, en otros países, a emplear contra la fiebre la quinina, planta venida de América del Sur. Un inglés, Sydenham, preparó el láudano (que lleva todavía su nombre).


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La Filosofía

La Filosofía



Los hombres del Renacimiento habían estudiado a los filósofos antiguos, sobre todo a Platón, pero ninguno había creado un sistema original. El siglo XVII vió aparecer filósofos ilustres, el inglés Bacon, el francés Descartes, el holandés Spinoza, el alemán Leibnitz. Todos, en lugar de hacerse discípulos de los antiguos, trataron de comprender el mundo.

Bacon (1561-1626), barón de Verulam, ministro de Jacobo I, condenado en 1621 por el Parlamento por haber recibido indebidamente dinero, se interesaba por la ciencia. Murió de un enfriamiento que cogió estudiando los efectos del frío en una gallina enterrada en la nieve. Bacon consideraba la ciencia como el medio de hacer al hombre dueño del mundo. «Nuestro poder va tan lejos como nuestro saber», decía. Buscó el método por el cual el hombre pudiera descubrir las leyes de la Naturaleza.

Bacon expuso su sistema en el Novum Organum, título que había elegido para oponerle al antiguo «organum» de Aristóteles. Recomendó no mezclar la ciencia con la religión. Quería constituir «la filosofía de la Naturaleza», partiendo del conocimiento de los hechos para llegar a aplicaciones prácticas, ora en mecánica, ora en política.

Bacon condenaba el método escolástico que procedía por el razonamiento. «El sabio, dice, no debe hacer como la araña, que saca todo de sí misma, ni como la hormiga que reúne, sino como la abeja, que, después de haber reunido, elabora su miel...» Recomendaba, por tanto, emplear la experiencia metódica: observar primero los hechos para atestiguarlos como producto de la experiencia; luego clasificar los hechos observados; por último, razonar pasando de lo particular a lo general, de modo que se descubran las leyes de los fenómenos, es decir, el modo como tienen lugar constantemente. «Es preciso, decía, dejar hablar a la Naturaleza».

Bacon intentó aún aplicar su método. Las experiencias que hizo no dieron gran resultado. Pero fué, como él decía, «la trompeta que llama a la investigación». Estableció el principio de que la ciencia debe constituirse, no por el razonamiento, sino por la observación.

Descartes (1596-1650), hijo de un magistrado de Rennes, fué educado en un colegio de jesuitas. Marchó a París, peleó en la guerra de Bohemia, viajó por Europa y acabó por establecerse en Holanda, donde vivió veinte años en tres ciudades distintas. Tenía fortuna suficiente para vivir sin ejercer una profesión, y prefería habitar en el extranjero, porque sabía que era sospechoso al clero de Francia. Mantenía correspondencia con algunos amigos de Francia, pero evitando que nadie se fijase en él.

Descartes comenzó trabajando en matemáticas, y él creó la Geometría analítica. Había preparado una teoría sobre el sistema del mundo, según las ideas de Copérnico. Quería publicar un Tratado del mundo, cuando supo que Galileo había sido condenado (véase esta página). Destruyó entonces sus manuscritos, pues no quería exponerse a una persecución. Pero, en 1635, publicó el célebre Discurso del Método, en el que expuso la idea fundamental de su filosofía. Le publicó en francés, de modo que fuera comprendido de la generalidad.

La idea esencial es que no se debe creer sino lo que es evidente. Descartes rechazaba toda autoridad fundada en la tradición, la razón era el único guía por él reconocido. «Todas las ciencias, dice, no son otra cosa que la inteligencia humana» . Empezaba por dudar de todo lo que no estaba demostrado. Así fundó todo un sistema del mundo. Le desarrolló en las Meditaciones, escritas en latín.

Descartes tuvo discípulos en toda Europa, los cartesianos, que se opusieron a los teólogos, discípulos de Aristóteles. El más célebre fué Malebranche, oratoriano, amigo de los jansenistas.

Spinoza (1632-1677), nacido en Amsterdam de una familia de judíos procedentes de Portugal, había estudiado en su juventud la teología judía y los filósofos judíos de la Edad Media, luego se había dedicado a las Ciencias Naturales. Sus correligionarios judíos le excomulgaron por «sus errores espantosos». Hasta morir hizo vida muy retirada, con un poco de dinero que le daban sus amigos y otro poco que ganaba pulimentando cristales de anteojos. No aceptó una cátedra en la Universidad de Heidelberg a fin de conservar su libertad. Era persona suave, benévola, muy estimada de cuantos con él tenían trato, y delicado de salud. Murió tísico.

Spinoza había estudiado a Descartes, y escribió en latín algunos tratados muy bien razonados. En el principal, la Ética, exponía su sistema. Reducía todo a una substancia única, que es a la vez Dios y la Naturaleza.

Leibnitz, nacido en Leipzig, hijo de un profesor de Derecho, estudió las Matemáticas y enseñó en una pequeña Universidad alemana. Pero no tenía afición a la enseñanza. Fué a París, donde pasó cuatro años, luego a Londres. Por último entró al servicio del príncipe de Hanover, en calidad de bibliotecario e historiógrafo. Fué a la vez historiador, matemático y filósofo.

Leibnitz creó una nueva ciencia matemática, e hizo grandes trabajos de erudición histórica. Expuso sus ideas filosóficas en cartas y pequeñas memorias de unas cuantas páginas. Como Descartes y Spinoza, inventó un sistema general del mundo. El suyo se basaba en la teoría de la mónada.


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La literatura francesa

La literatura francesa



Las letras


En el siglo XVII, casi todos los escritores célebres fueron franceses. Francia llegó a ser entonces, y siguió siendo hasta fines del siglo XVIII, el país a donde los otros pueblos de Europa acudieron a tomar sus modelos literarios.

El francés se hizo en toda Europa la lengua de moda, que hablaban los cortesanos y las personas ricas. Los que leían se esforzaban en admirar las obras de los escritores franceses. Admitían la superioridad de los franceses sobre los otros pueblos en materia literaria. El gusto francés vino a ser regla en «la buena sociedad» de todos los países.


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El teatro

El teatro



A fines del siglo XVI, se formaron en Francia compañías de cómicos de la legua. Iban de ciudad en ciudad, allí donde una feria, una asamblea, una fiesta, motivaba la reunión de gentes. Vivían con gran trabajo, ganando muy poco, porque no había representaciones en Cuaresma, ni durante los calores fuertes. Representaban donde podían, en un cuarto grande de una posada, en una granja, alumbrados con velas de sebo.

Una compañía de comediantes se instaló en París en un edificio apellidado Hotel de Borgoña (se había hecho en el lugar que ocupara el antiguo palacio de los duques de Borgoña). Seguía haciendo viajes por provincias y no se estableció en París hasta 1628. Entonces obtuvo el título de «compañía real».

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Otra fundó en París, en 1634, en el barrio del Marais, el Teatro del Marais. Los actores se hicieron llamar «comediantes del rey».

En aquellos teatros, la sala era larga y estrecha. En uno de los extremos, encima de un estrado, estaba el escenario. A lo largo de las paredes, dos pisos de galerías formaban los palcos. Todo el resto era el patio, donde los espectadores se mantenían de pie. La sala estaba muy mal alumbrada, con velas de sebo colocadas a los lados. Luego hubo candeleros colgados de cuerdas delante del escenario.

Los actores llevaban los trajes que querían, sin tener en cuenta el país donde la escena tenía lugar. Se juzgaba suficiente ponerse turbante para representar el papel de turco. Los papeles femeninos estaban a cargo de hombres.

El espectáculo empezaba a las dos. El precio de las localidades no era alto. El público se componía, sobre todo, de gentes del pueblo y personas de posición modesta. Gritaban, hacían ruido, como sucede hoy en los teatros de feria, Las señoras no se atrevían aún a ir al teatro.

Para aquel público poco delicado, se representaban obras cuya acción fuera violenta, aparecían en escena asesinatos y combates. Se hacía con frecuencia hablar a los personajes un lenguaje muy grosero.

Apenas se pagaba al autor que escribía aquellas obras. Para vivir, necesitaba incesantemente escribir otras nuevas. Hardy, que trabajaba para el Hotel de Borgoña, escribió más de 700.

Por el año 1630 tuvo lugar un gran cambio. Las personas instruidas, los caballeros y las señoras empezaron a frecuentar el teatro. Se ponían en el escenario asientos que los señores ocupaban detrás de los actores, y el escenario resultaba demasiado lleno. Las señoras asistían al espectáculo en los palcos. El patio seguía abandonado a las gentes de posición modesta y a los jóvenes.

Entonces los autores dejaron de tener en cuenta al público del patio. Quisieron trabajar para las señoras y los caballeros, que llamaban las buenas gentes, y se dedicaron, por tanto, a escribir obras adaptadas al gusto del nuevo público. Las gentes instruidas de aquel tiempo admiraban las obras de los griegos y de los romanos —que, por otra parte, conocían mal—. Quisieron que se aplicasen a las obras dramáticas francesas las reglas establecidas por los antiguos. Creíase entonces que Aristóteles había establecido la regla de que la obra dramática debe representar siempre una sola acción que tiene lugar en un solo día y en un solo sitio. Era la llamada regla de las tres unidades, —«unidades de acción, de tiempo y de lugar»—. La decoración no representó ya más que un sitio, donde todo había de pasar. El autor hubo de arreglárselas para que todo pasase en veinticuatro horas. Así se establecieron en Francia las reglas de la tragedia y de la comedia.

El alumbrado llegó a ser menos malo, poniéndose al borde del escenario, en las candilejas, velas encendidas que había que despabilar. Pero el escenario siguió estando lleno de espectadores, y los actores llevando trajes que no guardaban relación con los personajes de la obra. Representaban a Augusto con peluca, a Aquiles con traje de Corte. Las actrices representaban a Andrómaca con vestidos de señoras de la época.


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La Academia

La Academia



Algunos hombres de letras tenían la costumbre de reunirse en casa de uno de ellos, Conrart, para hablar de literatura. Richelieu les propuso que se constituyeran en corporación regular y eligieran nuevos miembros, y así hubo primero 12, luego 28, por último 40. Su reunión llegó a ser una corporación oficial reconocida por el rey, la Academia Francesa (1636). Richelieu adoptó el título de protector de ella, más tarde Luis XIV lo fué también, y la Academia celebró sus reuniones en el Louvre.

Los académicos no eran todos escritores, hubo siempre entre ellos señores y aficionados que se interesaban por la literatura, sin que escribieran.

Richelieu encargó a la Academia que trabajara a fin de «dar reglas seguras a nuestra lengua», para hacerla «capaz de tratar las ciencias y las artes». La Academia debía hacer un diccionario, una gramática, una retórica. En realidad no trabajó más que en el diccionario, y muy lentamente. La primera edición no apareció hasta 1674.

Pero uno de sus miembros, Vaugelas, encargado de dirigir el trabajo, publicó en 1647 las Observaciones sobre la lengua francesa. Vaugelas no tenía la pretensión de trazar reglas. «No hay, decía, más que un maestro de las lenguas, que es su rey y el tirano, y es el uso». Intentaba solamente «dar a conocer el buen uso de las palabras». Lo que él llamaba buen uso era el «de la parte más sana de la Corte y de los escritores de la época». Su libro sirvió de regla para el uso del francés.


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Los grandes escritores franceses

Los grandes escritores franceses



Voltaire ha apellidado al siglo XVII Siglo de Luis XIV. Creía que este rey había producido los grandes genios de la literatura francesa alentándolos. En realidad, tres de los más grandes escritores franceses aparecieron antes de su reinado, y los otros estaban ya formados antes de que Luis XIV comenzara a regir el Estado, y trabajaron libremente sin tener en cuenta los gustos del rey.


Corneille (1606-1684), hijo de un magistrado de Rouen, se dedicó desde muy joven a escribir obras que se representaban en París, pero siguió viviendo en Rouen hasta 1662. Había escrito todas sus obras principales entre 1635 y 1645. Siguió siendo siempre buen burgués, tímido, incapaz de hablar y ni siquiera de leer bien sus propias obras. Pero cuando escribía, le arrebataba su genio y sabía encontrar escenas sublimes. Después de algunas comedias muy complicadas, hizo representar El Cid, que llamaba tragi-comedia. El Cid tuvo un éxito sin precedente (1635). Era, no obstante, obra que se apartaba de las reglas, en ella se representaban tantas cosas que era imposible hacer que transcurriesen en veinticuatro horas.

Richelieu, envidioso de Corneille, obligó a la Academia a escribir una crítica de El Cid. Corneille discutió esta crítica, pero la tuvo en cuenta. Desde entonces intentó aplicar la regla de las tres unidades. Tomó sobre todo sus asuntos de la Historia romana, porque encontraba en los romanos un «aire de grandeza» que le agradaba. Creía representarlos de una manera exacta, en lo cual se equivocaba.

No cobró nunca más de 2.000 libras por una obra, vivió de los donativos de sus protectores, luego de una pensión de 2.000 libras que Colbert hizo le fuera dada; pero se la retiró y murió miserablemente. «Estoy harto de gloria y hambriento de dinero», decía.

Al mismo tiempo que El Cid daba el primer modelo de la tragedia francesa, aparecía la primera grande obra de Filosofía escrita en francés, el Discurso del Método, de Descartes.

Otro filósofo, que fué también uno de los escritores franceses de más fuerza, Pascal (1623-1662), hijo de un magistrado de Auvernia, era ya célebre a los diecisiete años como matemático. Se dedicó también a la Física. Luego se apasionó por la religión y abandonó la ciencia. Fué amigo de los solitarios de Port-Royal, y trabajó para escribir un tratado que demostrase la verdad de la religión católica. Pero no escribió más que fragmentos, en papeles sueltos. Sus amigos los publicaron después de la muerte de Pascal con el nombre de Pensamientos, pero alterando mucho el texto.

Cuando la Facultad de Teología condenó los escritos de Arnauld, las solitarios de Port-Royal rogaron a Pascal que escribiese para defenderlos. Pascal publicó entonces, con un nombre supuesto, la serie de cartas apellidadas las Provinciales, en que atacaba a los jesuitas (1656-1657). El libro tuvo gran éxito, y pasó por ser un modelo de prosa francesa.

Luis XIV quiso que su reinado lo hicieran ilustre grandes escritores lo mismo que grandes victorias, y tuvo a galardón proteger a aquéllos. Colbert dió pensiones a varios sabios o poetas. La mayor, de 3.000 libras anuales, era para un poeta hoy olvidado, Chapelain. Se daba una pensión de 2.000 libras «al señor Corneille», otra de 1.500 a Racine. Los grandes escritores que ilustraron el reinado de Luis XIV eran ya hombres cuando empezó a reinar; pero supieron agradecerle su protección y hablaron de él con entusiasmo.

No era todavía, en Francia, una profesión la de escritor. El público que compraba los libros era muy escaso, el autor no percibía casi nada por publicar un libro o por hacer representar una obra, y no podía vivir de su pluma. Necesitaba, o tener recursos propios, o hacer que le pensionara un gran señor. Todos los escritores fueron de la clase media acomodada.

A mediados del siglo XVII, era moda en Francia admirar las obras en verso llenas de expresiones afectadas y de galantería a la manera italiana —las odas pastoriles en que las pastores declaraban su amor a las pastoras—, las novelas interminables en que los héroes eran príncipes antiguos que morían de amor. El rey no se ocupaba todavía de literatura, los salones de París establecían la moda.

Por el año 1660, se encontraron cuatro jóvenes autores, Molière, La Fontaine, Boileau y Racine. Trabaron amistad e iniciaron la lucha contra la moda, que llamaban «el mal gusto de la época».


Molière (1622-1673) (su verdadero nombre era Poquelin), hijo de un «tapicero del rey», burgués bastante rico, había hecho sus estudios en el Colegio de los Jesuitas (Louis-le-Grand), luego había empezado a estudiar Derecho. Pero tenía afición al teatro, y a los veintiun años entró a formar parte de una compañía de comediantes que representaba por provincias. Molière anduvo cerca de quince años de un sitio a otro, y aprendió así a conocer las costumbres de las diferentes comarcas de Francia. La compañía regresó al fin a París y representó en presencia de Luis XIV, que la tomó bajo su protección y la instaló en el Palais Royal.

En catorce años, Molière escribió 29 comedias. Representaba él mismo sus obras. Había adoptado la costumbre de la comedia italiana, en que los actores, en la escena, se dan de palos, corren unos tras de otros, hacen cabriolas. No se contentó con que sus personajes hablasen, los obligó a disputar, a darse cachetes o patadas. Presentó muchas veces en escena aldeanos, lacayos, hidalgos provincianos. Pero conocía bien asimismo a los cortesanos, que hizo aparecer en El misántropo. Trataba sobre todo de ser natural, y se burlaba de todos los géneros de afectación, de las mujeres pedantes, de los burgueses vanidosos.


La Fontaine (1621-1695), nacido en Château-Thierry, hijo de un funcionario de Montes, después de haber hecho sus estudios de Derecho, había vuelto a su país y vivía sin trabajar en nada. Era un muchachote robusto, al que gustaba divertirse y andar por el campo, y ya hacía versos. Fué a París, donde trabó conocimiento con Molière. Empezó entonces a escribir sus Fábulas, cuya primera colección apareció en 1668. Creía imitar solamente las fábulas de los antiguos; pero había representado, con figuras de animales, las costumbres y los defectos de los hombres de una manera tan viva, que sus fábulas han llegado a ser una de las obras maestras de la literatura francesa.


Boileau (1636-1711), nacido en París, hijo de un escribano del Parlamento, habíase dedicado a estudiar Derecho y había tomado el título de abogado. Pero la profesión le aburría, y como al morir su padre le hubiera dejado con que subsistir, se dedicó a la literatura, empezando por publicar sátiras contra los abogados y los procuradores. Gran admirador de Horacio, escribió, como él, Sátiras, Epístolas y un Arte poética. Luis XIV le recibió en la Corte, y más tarde le nombró historiógrafo.


El más joven de los cuatro amigos, Juan Racine (1639- 1699), nacido en Champagne, habíase educado con los solitarios de Port-Royal para seguir la carrera eclesiástica, y en Port-Royal se aficionó a los estudios griegos. Pero amaba el teatro y se dedicó a escribir tragedias. En menos de diez años produjo la mayor parte de sus obras maestras, desde Andrómaca (1667), que tuvo gran éxito, hasta Fedra (1677), que fué al principio mal recibida por el público. Racine, irritado, renunció al teatro, y pasó el resto de su vida escribiendo obras piadosas. Pero dos de sus escritos fueron todavía tragedias, Ester y Atalia (1689-1691), que hizo para el colegio de señoritas de Saint-Cyr, que Luis XIV patrocinaba.

Los cuatro amigos, sostenidos por el rey, consiguieron cambiar el gusto del público. Sus obras, admiradas en la Corte, fueron muy pronto consideradas en todas partes como modelos. Se convino en que los autores debían conformarse a las reglas formuladas por Boileau en su Arte poética. Es lo que se ha llamado gusto clásico.

No había habido lugar en Francia, hasta entonces, para la elocuencia, porque no había asamblea pública en que libremente se pudiera hablar a una multitud. Pero las damas y los señores se habían aficionado a los sermones. Los elegantes iban a oír a los predicadores durante la Cuaresma y la Pascua, y hacían que sus lacayos ocuparan con anticipación los sitios. Se había tomado también la costumbre de pronunciar, en el entierro de los grandes personajes, una «oración fúnebre».

Fué la época de los grandes predicadores franceses: Fléchier (1632-1710), conocido por sus oraciones fúnebres; Mascaron, oratoriano que llegó a ser obispo; Bourdaloue, jesuita.

El más célebre de todos, Bossuet (1627-1704), era hijo de un magistrado de Dijon. Llegado a París en 1659, predicó sermones en presencia de la Corte y agradó al rey, que le nombró preceptor de su hijo (1670), más tarde obispo. Escribió para su discípulo tratados de Historia y de Filosofía. Pero hicieron ilustre a Bossuet sus Sermones y sus Oraciones fúnebres.


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Las letras en Europa

Las letras en Europa



Alemania e Italia no produjeron en el siglo XVII ninguna grande obra. Pero la primera mitad del siglo fué el período más brillante de la literatura española. —La segunda mitad produjo algunas de las obras más célebres de la literatura inglesa.

Había aparecido ya en el siglo XVI, en España, un género nuevo, la novela picaresca, que refería las aventuras de los mendigos, de los ladrones y de las gentes sin medios de vida, que abundaban mucho en España. A principios del siglo, desde 1605 a 1616 apareció la obra maestra de la literatura española, el Don Quijote. El autor, Miguel de Cervantes, nacido en 1547, después de una vida de aventuras y privaciones, había ridiculizado en una novela satírica las novelas caballerescas de moda a la sazón, y representado vivamente y con verdad la sociedad española de su tiempo.

El pueblo español se había hecho apasionado del teatro. Se habían formado, aun en las pequeñas poblaciones, compañías de aficionados, que representaban misterios religiosos el día del Corpus o en Navidad. Compañías ambulantes representaban también dramas inspirados en la vida del tiempo. Eran llamados comedias de capa y espada, porque los actores vestían como se hacía entonces. En tiempo del rey Felipe IV, el teatro se puso de moda en la Corte.

Se ha calculado en 30.000 el número de obras dramáticas españolas escritas en el siglo XVII. Los autores escribían muy de prisa y entremezclaban sus obras con entremeses y danzas. El más célebre, Lope de Vega (1562- 1635), escribió aproximadamente 1.500 obras teatrales, aparte los poemas líricos. El otro gran autor español, Calderón de la Barca (1600-1681), que escribía con menos rapidez, dejó no obstante 73 obras religiosas de teatro y más de 110 de asunto profano, terriblemente trágicas.

En Inglaterra, la producción de las obras dramáticas fué suspendida por la Revolución de 1648. Luego el rey Carlos II favoreció el teatro, y de nuevo se escribieron obras a la manera francesa.

Pero las de mayor importancia de aquella época fueron las de los puritanos, que se habían formado durante la Revolución. Milton (1608-1674), que en los tiempos revolucionarios había escrito libelos republicanos, pobre y ciego más tarde, escribió después de la Restauración un poema religioso, el Paraíso perdido (1667), que es considerado como una de las más grandes obras poéticas de la literatura inglesa.


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Pintura francesa

Pintura francesa



Las Artes


Los primeros artistas franceses del siglo XVII fueron un belga procedente de Bruselas, Felipe de Champaigne, autor de retratos y de cuadros de santidad, y un lorenés de Nancy, el dibujante Callot, que representó escenas de la guerra de Treinta Años, y mendigos de un realismo terrible.

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Púsose de moda en Francia la pintura correcta, solemne y fría, que se juzgaba más «noble». Vouet (1590-1649), nombrado pintor del rey en 1627, tuvo por discípulos a los pintores de más fama en tiempo do Luis XIV: —Lebrun, profesor, más tarde director de la Academia de Pintura, que pintó grandes cuadros de Historia; —Lesueur, imitador de Rafael, cuya obra principal es una «Vida de San Bruno», en 22 cuadros; —Mignard, que fué el pintor de retratos de moda en tiempo de Luis XIV.— Todos estos pintores parecen hoy fríos, forzados o amanerados.

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Se admira más a Nicolás Poussin (1594-1665), que pasó casi toda su vida en Italia, estudiando las estatuas antiguas. Sus cuadros representan sobre todo escenas de la Historia Sagrada o alegorías. Tienen un color oscuro que se ha ennegrecido, hasta el punto de que casi no puede apreciarse la composición y el dibujo.

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Un contemporáneo y amigo de Poussin, Claude Gellée, apellidado Lorrain que vivió en Italia, pintó paisajes italianos cuya belleza consiste en el cielo y la luz.


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Pintura española

Pintura española



Los pintores españoles imitaron primeramente a los italianos. Un pintor de Valencia, Ribera (1588-1652), que fué joven a Italia, se estableció en Nápoles. Elegía con preferencia asuntos siniestros, martirios, suplicios, y los pintaba con colores oscuros.

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Formóse luego en Sevilla una escuela, a la cual pertenecieron todos los grandes pintores españoles, primeramente Herrera y su discípulo Zurbarán, célebre por sus pinturas de frailes, por último las dos grandes figuras de la pintura española, Velázquez y Murillo.

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Velázquez (1579-1660), después de haber pasado dos años en Italia, vino a ser pintor de Corte y vivió en Madrid (donde han quedado casi todas sus obras). Hizo los retratos de los reyes, de los príncipes, de las princesas, de los señores de la Corte, pero representó también a las gentes del pueblo. Pintaba con habilidad técnica y un vigor que nadie ha sobrepujado jamás. Con colores muy sencillos producía armonías muy variadas y daba la impresión perfecta del cielo y de la luz.


Murillo (1618-1682), que al principio fué de Sevilla a Madrid, volvió a establecerse en Sevilla y fundó una escuela. Pintó sobre todo cuadros de santidad en las paredes de los conventos y en los altares de las iglesias. Dejó un número muy grande de Vírgenes pintadas con una luz suave que rodea las caras como un nimbo. Pero representó también escenas populares, sobre todo niños callejeros, que rodea una luz dorada.

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Pintura flamenca

Pintura flamenca



En el siglo XVI, los pintores flamencos se habían dedicado a imitar a los italianos. No produjeron ya ninguna grande obra original; pero aprendieron, como los italianos, a hacer cuadros mitológicos.

En el siglo XVII apareció el gran pintor flamenco Rubens (1577-1640). Había nacido en Alemania en una posada, su padre estaba peso, y su madre, viuda pronto, vivió en la miseria. Rubens encontró protectores, hizo estudios con los jesuitas, llegó a ser paje de la Corte de Bruselas, luego viajó por Italia. De vuelta a Amberes (1608) estableció un taller y adquirió en seguida celebridad. Tuvo más discípulos de los que podía enseñar y fué nombrado pintor de la Corte de Bruselas. Se hizo entonces edificar una linda casa en la que vivió, y recibió gran número de encargos de las iglesias, de los principos y de los nobles, Hacía que le ayudasen sus discípulos, pero él trabajaba mucho, con gran habilidad. Se ha intentado hacer el catálogo de sus cuadros, y se han encontrado más de 2.000. Rubens tenía aún tiempo para leer, montar a caballo y escribir a sus amigos. Fué enviado como embajador a Inglaterra. Habiendo perdido a su primera mujer, se casó a los cincuenta y tres años con su sobrina, que contaba dieciséis. La ha representado en casi todos su cuadros.

Débense a Rubens numerosas composiciones. Representó escenas muy variadas, cuadros de santidad, escenas mitológicas, alegorías, incluso escenas populares, como la Kermesse del Louvre. Hizo para María de Médicis, en un año, 24 grandes cuadros (hoy en el Louvre), en que las aventuras de la reina aparecen representadas con una mezcla mitológica de Ninfas, Gracias y Tritones.

Rubens fué gran 'colorista, sus cuadros son de un color franco y vigoroso, que no se ha alterado.

El más conocido de los pintores flamencos, después de Rubens, es su discípulo Van Dick' (1599-1641), que vivió sobre todo en Italia y en Inglaterra, ocupado en hacer los retratos de los príncipes y de las grandes damas. Dejó cerca de 1.500 cuadros.

Otro flamenco imitador de Rubens, Teniers (1610-1685), se ha hecho célebre por sus cuadros de costumbres. Representó sobre todo escenas populares, tabernas o verbenas.



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Pintura holandesa

Pintura holandesa



En el siglo XVII apareció en Holanda un número extraordinario de grandes pintores. No trabajaban para las iglesias, los holandeses eran calvinistas. No trabajaban para los señores, en Holanda no había casi nobles. Pero los burgueses ricos querían tener cuadros en sus casas y preferían escenas de la vida diaria. Los miembros de los cuerpos de regidores, guardas burgueses, Consejos administrativos, gustaban mandar hacer sus retratos en grupos.

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Los pintores holandeses hicieron pocos cuadros religiosos o históricos, pintaron sobre todo retratos, «cuadros de corporaciones», paisajes, escenas de la vida de la época. Representaban un bosque, una plaza, un rincón de la ciudad, un jardín, o bien una taberna, un concierto, la habitación de un enfermo. En sus obras, el asunto es insignificante, no intentan hacer una escena, tratan de reproducir el natural. No se dedican a tomar modelos lindos, pintan las gentes tal como las ven, con su fisonomía natural. Pero hacen encantadoras estas cosas comunes a fuerza de darlas vida.

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Aplicáronse concienzudamente a la técnica de la pintura, y consiguieron representar efectos muy variados de luz. La atmósfera siempre húmeda de Holanda da a la luz matices cambiantes, la belleza del arte holandés está sobre todo en el color y en la luz.

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Es imposible dar idea de todos los grandes pintores holandeses, tan numerosos son. El retratista más importante fué Franz Hals (1584-1666), establecido en Harlem, y que pintó grandes cuadros de corporaciones.

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El paisajista más célebre fué Jacobo Ruysdael. Supo mejor que nadie pintar el agua en sus diferentes aspectos, el mar, los pantanos, el arroyo, la cascada. —El más vigoroso de los pintores de animales, Potter, muerto en 1664, antes de los treinta años, ha dejado una de las obras maestras de la pintura de animales, el Toro del Museo de La Haya. —El más vivo de todos los pintores de hogares de gente pobre es Juan Steen. Terburg y Metzu han representado sobre todo las habitaciones de la burguesía rica.

De todos los pintores holandeses, el más célebre es Rembrandt (1606—1669), de una familia judía establecida en Amsterdam. No había querido ir a Italia, diciendo que «encontraba en su patria tantas bellezas que su vida sería demasiado corta para representarlas». Tuvo al principio gran éxito y recibió muchos encargos de retratos. Hizo entonces una de sus obras más célebres, la Lección de anatomía, que representa a un profesor de Medicina con sus discípulos.

Rembrandt tenía su taller lleno de ricas telas, de pieles, de terciopelos, de oro y de armas de lujo. Trabajaba mucho, ha dejado más de 600 cuadros y de 300 grabados. Luego perdió a su mujer, a la que quería mucho, y le arruinaron sus colecciones. Perdió la clientela, quebró y le costó trabajo sostenerse los últimos años de su vida. Se dedicó entonces a pintar paisajes y asuntos bíblicos, pero copiaba los personajes de la realidad. Constituye sobre todo la originalidad de Rembrandt su luz dorada, que pasa insensiblemente del resplandor intenso del sol hasta la sombra profunda.


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Arquitectura del siglo XVII

Arquitectura del siglo XVII



Se siguió en el siglo XVII edificando iglesias y castillos (que eran ya llamados palacios). Pero no fueron más que iglesias y palacios a la italiana, se despreciaba la arquitectura francesa (gótica). La última obra en el gusto francés fué la Plaza Real (de París), comenzada en tiempo de Enrique IV. Es una gran plaza rectangular, rodeada de 35 pabellones de ladrillo, con piedras en los ángulos y altos tejados de pizarra.

En tiempo de Luis XIII, María de Médicis mandó construir el palacio del Luxemburgo (París), imitación de un palacio italiano de Florencia, con un gran jardín de paseos rectos en el género italiano. —Richelieu mandó edificar el palacio Cardenal (hoy Palais-Royal,). Estos palacios tienen un piso principal que se ha tratado de hacer todo lo alto posible, y un segundo piso mucho más bajo. Se han suprimido los adornos para no tener más que líneas rectas. La fachada es casi plana, con grandes ventanas sin salientes.

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Las iglesias, lo mismo que las de Italia, están imitadas de los monumentos romanos. Son una masa pesada, sin abertura a los lados, adornada con una fachada que forman columnas, y coronada por una cúpula enorme, como la de San Pedro de Roma. De este género son la iglesia de la Sorbona, construída por orden de Richelieu, —la de Val-de-Grâce, edificada para la reina Ana de Austria, —la del Colegio de las Cuatro Naciones (hoy Instituto de Francia), encargada por Mazarino.

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Luis XIV quiso tener hermosos monumentos, como tenía grandes escritores. Colbert le decía: «Nada indica más la grandeza y el espíritu de los príncipes que los edificios». Se resolvió acabar el palacio del Louvre, haciéndole una entrada monumental. Se mandó llamar al más célebre arquitecto italiano, el Bernino, que estaba al servicio del Papa. Trajo artífices de Roma para enseñar a los franceses los procedimientos italianos; pero aquellos obreros no se entendieron con los de Francia.

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Se acabó por confiar la dirección a un médico francés, Perrault, que trabajó de acuerdo con el primer arquitecto del rey. Construyó la columnata del Louvre, una fila de columnas sujetas a lo largo del monumento con grapas de hierro. Luis XIV mandó edificar el Hotel de Inválidos, con una iglesia al estilo italiano coronada por una cúpula dorada.

El edificio principal del reinado fué el palacio de Versalles, edificado en una meseta desierta y sin agua. Luis XIII había mandado hacer allí un castillo. Luis XIV le conservó, pero mandó añadir sucesivamente tres series de edificios que rodean cada una un patio. La fachada principal, de 450 metros de extensión, está formada por un alto piso de columnas, que tiene encima otro bajito. Como en los palacios italianos, se ha sustituido el tejado por una terraza. Saint-Simon decía que parecía un palacio que hubiera sufrido un incendio, y del que no se hubiera reedificado el último piso y el tejado.

Delante del palacio, se mandó hacer un parque inmenso, en el género italiano, con amplios paseos rectos, filas de tejos cortados de modo que forman muros, o que también figuran pirámides o vasos. El jardín está adornado con estatuas de mármol representando divinidades mitológicas. Los paseos conducen a grandes fuentes adornadas con estatuas que representan a Neptuno rodeado de caballos marinos. El agua, llevada de lejos, brota en surtidores.


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La música

La música



La música había sido perfeccionada en la Edad Media para las iglesias, sobre todo en los Países Bajos. Se había inventado el canto por partes y el contrapunto, y también el arte de anotar la música. Pero los músicos, que trabajaban para un público poco numeroso, habían hecho la música tan complicada que no interesaba a nadie.

Lutero, sin ser músico de profesión, era muy aficionado a este arte, y quiso utilizarla para interesar al pueblo en la religión. Necesitaba una música muy sencilla. Recogió viejos cantos religiosos y canciones populares, compuso él mismo melodías nuevas y con todo hizo una colección de trozos fáciles para entonar en coro. El coral adquirió popularidad y renovó la música en Alemania.

Los calvinistas franceses adoptaron los Salmos puestos en música por uno de los grandes maestros del siglo XVI, Goudimel.

Los católicos los imitaron, un músico de la capilla del Papa, Palestrina, compuso la célebre Misa del Papa Marcelo, que se tocó en 1555 y vino a ser el modelo de la música de iglesia.

A principios del siglo XVII, se concibió la idea de emplear esta nueva forma de melodías en representaciones. El mismo año 1600 los italianos inventaron el oratorio y la ópera.

El oratorio, así llamado porque se ejecutó primeramente en la capilla de la Congregación del Oratorio, era una composición religiosa formada por una serie de escenas que entonaban cantores con acompañamiento de orquesta.

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La ópera era una obra profana en que cada personaje cantaba su papel. La primera ópera, Orfeo y Euridice, se cantó en Florencia. El primer gran compositor de óperas fué Monteverde, que hizo representar en 1607 un Orfeo. —La ópera se puso inmediatamente de moda en Italia, los cantores empezaron a hacerse célebres.

Mazarino mandó llamar a italianos, que introdujeron en Francia la ópera, con decoraciones que parecían magnificas en aquel tiempo (1647). —Más tarde se escribieron óperas con letra francesa (la primera en 1671). Fué también un italiano, Lulli, de Florencia, quien escribió el primero verdaderas óperas francesas. La ópera francesa fué la tragedia puesta en música.


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DEL TOMO IV DE HISTORIA Y ARTE