Historia XV (Versión para imprimir)

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Autor: Charles Seignobos

Preponderancia de Francia en Europa



España y Austria, que a principios del siglo XVII eran las dos grandes Potencias de Europa, salieron las dos debilitadas de la guerra de Treinta Años. -España, definitivamente arruinada, no podía siquiera sostener ejércitos suficientes para defender sus posesiones de los Países Bajos y de Italia. —El emperador ya no tenía ningún poder sobre los príncipes de Alemania, y le costaba trabajo defender sus Estados de la invasión de los turcos.

Inglaterra, bajo el mando de Cromwell, había sido un momento gran Potencia militar. Pero los ingleses habían tomado horror al ejército que era autor de la Revolución de 1648, y, desde la Restauración de 1660, no querían oír hablar de ejército permanente.

Francia, gracias a la política de los dos Cardenales, Richelieu y Mazarino, había llegado a ser la mayor Potencia de Europa. El joven rey Luis XIV, que se hiciera cargo del gobierno a la muerte de Mazarino (1661), podía disponer de aquella fuerza para ensanchar su reino y darle fronteras más fáciles de defender.

Francia tenía entonces un territorio más irregular que hoy. No tenía fronteras naturales sino por el lado del mar y en los Pirineos (desde que había adquirido el Rosellón en 1658). —Del lado de los Alpes, se detenía antes de la Saboya, que pertenecía al duque de este nombre, dueño del Piamonte. —Al Este, sólo llegaba a la Borgoña y a la Champaña y no tenía en su frontera sino llanuras abiertas por la parte oriental. (El Franco-Condado y la Lorena —que no la pertenecían— la separaban del trozo de Alsacia que acababa de adquirir en 1648). —Al Norte, no pasaba todavía del Artois (es decir, el Paso de Calais), adquirido en 1658.

Nunca un rey de Francia se había hallado en situación tan ventajosa. Todos los grandes Estados veíanse debilitados o enredados en dificultades interiores. Todo el centro de Europa Alemania e Italia, estaba dividido entre pequeños Estados, demasiado débiles para oponerse a una conquista. Los príncipes alemanes e italianos seguían cada uno su política individual y no se entendían para obrar en común. Por otra parte, casi ninguno tenía ejército.


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Primeros actos de Luis XIV

Primeros actos de Luis XIV



Luis XIV era de todos los soberanos de Europa el más rico y poderoso, el que podía obtener más dinero de sus súbditos y mantener el ejército de más fuerza. Pronto comprendió lo que podía, y fué su placer manifestarlo en varias ocasiones.

El rey de Francia y el de España tenían ambos la pretensión de ser los soberanos de dignidad más elevada después del emperador. Sus embajadores disputaban acerca de quién había de pasar el primero en las ceremonias. Un día que se celebraba uno de estos actos en Londres, el embajador de España reunió gentes de la ciudad, carniceros, cerveceros, barqueros, que acometieron a la escolta del embajador de Francia y mataron a varios de sus criados al grito de ¡viva España! El embajador español se aprovechó del tumulto para hacer pasar su carroza la primera. Luis XIV mandó llamar a su embajador en la Corte de España e hizo se dijera al rey que iba a reanudar la guerra si no le eran presentadas excusas. El rey de España envió un embajador a presentar públicamente excusas y a declarar que en lo sucesivo los embajadores de España no harían competencia a los del rey de Francia (1661-1662).

Los barcos de guerra ingleses tenían la costumbre de obligar a todos los barcos extranjeros que pasaban por la costa de Inglaterra a saludarles arriando su pabellón. Luis XIV ordenó a los barcos franceses cesar en el saludo. Aprovechó la circunstancia de que el nuevo rey de Inglaterra, Carlos II, necesitaba dinero para sus gastos de Corte (véase cap. XIII). Rescató de su poder Dunkerque, que los ingleses acababan de conquistar a los españoles, e hizo casar a Carlos con una hija del rey de Portugal, aliado de Francia (1662).

El embajador de Francia cerca del Papa había irritado a los romanos por su insolencia. Sus soldados esgrimían la espada contra los guardas corsos encargados del orden en Roma. La guardia corsa rodeó su morada y disparó contra la carroza de su mujer. Luis XIV expulsó de Francia al Nuncio papal, y luego obligó al Pontífice a enviar a su sobrino y un cardenal a presentarle excusas, licenciar a todos sus guardias corsos y a levantar una pirámide con una inscripción que recordase aquel suceso (1664).

Como un ejército turco hubiera invadido Austria (véase cap. XVII), Luis XIV, para mostrar su poder, envió 6.000 hombres que atravesaron Alemania y fueron a ayudar a rechazar a los turcos (1664).

Luis XIV, por el tratado de los Pirineos, había prometido al rey de España «no dar ninguna clase de auxilio al rey de Portugal». Envió, no obstante, un pequeño ejército y dinero al rey de Portugal para ayudarle a resistir a los españoles.

Luis XIV hacía se diera dinero a los descontentos de varios Estados para crear dificultades a los Gobiernos. Excitaba a los señores húngaros contra el emperador, Mantenía emisarios en Irlanda para hacer que se sublevaran los católicos. Llegaba a entenderse con los republicanos, enemigos del rey de Inglaterra, su aliado.


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Primera tentativa contra España

Primera tentativa contra España



El rey Felipe IV, que murió en 1664, tuvo por sucesor a Carlos II, su hijo, joven enclenque que se creía había de morir pronto. En realidad, Carlos vivió todavía treinta y seis años, pero, como no tuvo sucesión, se supo que la familia real iba a extinguirse, y los soberanos se ocuparon de resolver a quién correspondería la sucesión de España.

Las dos hijas de Felipe IV se habían casado, una con el rey de Francia Luis XIV, la otra con el emperador Leopoldo. La esposa de Luis XIV era la mayor. Al casarse había renunciado a sus derechos a heredar, a condición de recibir una dote de 500.000 escudos; pero la dote no se había pagado. Luis XIV manifestó que la renuncia no era válida. Felipe IV, irritado con Luis XIV, hizo entonces un testamento que excluía a su hija mayor de la herencia. Ordenó que, caso de morir su hijo Carlos sin tener sucesión, el reino pasaría al segundo hijo de su hija segunda y del emperador.

El rey Carlos II,conocido como "el hechizado", era un niño débil de espíritu y constantemente enfermo, no podía gobernar. Era regente su madre, una princesa austriaca, que dejó gobernar en su lugar a su confesor, un alemán. La política española fué dirigida por Austria.

Luis XIV, viendo que no podía lograr toda la sucesión de España por herencia, se decidió a conquistar parte de ella mediante la guerra. Reclamó dos provincias de los Países Bajos, so pretexto de que, en estos países, las hijas nacidas de un primer matrimonio suceden con preferencia a los hijos habidos en segundas nupcias. Era lo que se llamaba derecho de devolución.

El Gobierno español se negó; pero no tenía para defender los Países Bajos más que 15.000 soldados. Luis XIV reunió dos ejércitos.

El uno, de 50.000 hombres, entró en Flandes y se apoderó de todas las plazas de la frontera por la parte de Francia (1667). El joven rey fué a visitar el ejército de Flandes, llevando consigo en carrozas a la reina y a las damas de la Corte. Los españoles no intentaron librar batalla. No hubo más resistencia que el sitio de Lille, que duró diecisiete días.

El otro ejército, de 20.000 hombres, entró en invierno en el Franco-Condado y le conquistó en menos de un mes. Sólo Dole resistió cuatro días. El Gobierno español, irritado, escribió al gobernador que «el rey de Francia no había tenido necesidad, para tomar posesión del país, más que de enviar a sus lacayos».

Mientras tanto, Luis XIV se ponía secretamente de acuerdo con el principal ministro austriaco, Lobkowitz, y firmaba con el emperador un tratado secreto (enero de 1668). Ambos se repartían de antemano la herencia del rey de España. Leopoldo había de obtener la mayor parte: España y las colonias de América. En tanto, autorizaba a Luis XIV a conservar las plazas que acababa de tomar, ya en los Países Bajos, ya en el Franco-Condado, a su elección.

Pero las victorias fáciles de Luis XIV empezaron a inquietar a las antiguas aliadas de Francia, Suecia y las Provincias Unidas. Los holandeses temieron ver a Luis XIV ocupar toda Bélgica. Preferían tener por vecinos a los españoles y no al rey de Francia.

El embajador del rey de Inglaterra en Holanda aprovechó estos sentimientos para decidir a los holandeses a intervenir. Inglaterra, las Provincias Unidas y Suecia hicieron un tratado, apellidado la Triple Alianza, para imponer la paz a las dos naciones en guerra. Los aliados dieron a Luis XIV la elección para conservar una de sus dos conquistas. Luis prefirió devolver a España el Franco-Condado y conservar las plazas de la frontera de los Países Bajos.

Se obligó luego a España a ceder estas plazas a Francia por el tratado de Aquisgrán (1668). Es la mayor parte del territorio que constituye hoy el departamento del Norte.


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Guerra de Holanda

Guerra de Holanda



Luis XIV no perdonó a los holandeses el haberle detenido en su conquista. Decíase que el embajador holandés había mandado hacer una medalla con estas palabras en latín, «En mi presencia el sol se ha parado». Ahora bien, Luis XIV había adoptado como emblema un sol.

El Gobierno francés había establecido un derecho muy elevado (50 sueldos por tonelada) sobre los barcos holandeses que llevaban mercancías a los puertos de Francia. Los holandeses habían respondido con impuestos sobre los productos franceses, sobre todo los vinos y aguardientes

Luis XIV, irritado, se olvidó de España y se volvió contra Holanda. Trabajó primeramente para aislarla.

El rey de Inglaterra, Carlos II, tenía siempre necesidad de dinero. Luis XIV le envió a su cuñada Enriqueta, hermana de Carlos II, y por el tratado secreto de Doavres (véase cap. XIII) el rey de Francia se comprometió a satisfacer tres millones cada año. Carlos prometió dar cincuenta navíos y un ejército para la guerra con Holanda (1670).

Luis XIV logró la alianza de Suecia prometiéndola un subsidio.

El emperador Leopoldo vacilaba respecto al partido que había de tomar. El embajador francés amenazó a su ministro Lobkowitz con publicar su correspondencia, en la que se habría visto cómo se dejara comprar por Francia, y Lobkowitz decidió al emperador a prometer que no auxiliaría a los Estados atacados por Luis XIV.

El cual, no queriendo tener necesidad de atravesar los Países Bajos españoles para atacar a Holanda, se alió con los príncipes-obispos del Oeste de Alemania, vecinos a las Provincias Unidas. No quedó a Holanda más que un solo aliado, el Elector de Brandeburgo, que tenía un pequeño ejército en Alemania del Norte.

Francia e Inglaterra reunidas atacaron a Holanda sin que para ello hubiera ningún motivo. Un ejército francés de 90.000 hombres, el más numeroso que se hubiera visto hasta entonces, unido a 30.000 aliados alemanes, bajó por el valle del Mosa. Pasó el brazo del Rhin llamado Lech, e invadió Holanda. Luis XIV acompañaba a sus tropas. Todas las ciudades abrieron sus puertas por miedo a ser saqueadas.

El gobierno holandés pidió la paz, pero Luis XIV exigió tales condiciones que los holandeses se indignaron. Los partidarios del príncipe de Orange (véase cap. XI), hicieron entonces una revolución. Degollaron al jefe del gobierno holandés, Juan de Witt, y dieron el poder a Guillermo de Orange. Se abrieron las esclusas de los diques que defendían a Holanda del mar, y todas las partes bajas del país fueron inundadas El ejército francés se vió obligado a retroceder.

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Los dos generales franceses más célebres, Condé y Turena, que habían aprendido a dirigir ejércitos durante la guerra de Treinta Años, aconsejaban a Luis XIV que ocupase rápidamente toda Holanda. Creían que la guerra había de consistir en invadir el país lo más rápidamente posible, para obligar al enemigo a pedir la paz. Pero Luis XIV escuchaba con preferencia a su ministro Louvois (véase cap. XIV) y Louvois no era un general. Había reunido el ejército mayor con que Francia había contado nunca, había trabajado para proveerle de víveres y municiones. Pero no tenía confianza en la infantería francesa y evitaba las batallas en campo abierto. Se interesaba sobre todo por las fortificaciones y quería sitiar las plazas fuertes y tomarlas una a una. Luis XIV también prefería los sitios a las batallas. En lugar de tener su ejército reunido para invadir toda Holanda, puso guarniciones en las plazas que había tomado.

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El ejército francés, muy disminuido por este hecho, no tuvo bastante fuerza para operar en Holanda. Permaneció inactivo en las provincias del Este y empezó a saquear el país. El general en jefe, Luxembourg, escribiendo a Louvois que había mandado incendiar una aldea, añadía: «Nada se ha salvado de lo que había dentro: caballos, vacas, y, según se dice, bastantes aldeanos, mujeres y niños». Louvois le respondía en broma: «Os ruego que no os canséis de ser malo». Ordenaba que se hiciese pagar a los habitantes cuantiosas contribuciones de guerra, Condé le escribió. «El provecho que hemos logrado no valía la aversión cruel que nos hemos atraído».

—Louvois respondió que convenía «hacer gritar en Holanda a todos los particulares que perdían sus bienes». Así se empezó a hacer odiosos a los franceses en Holanda.


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Coalición contra Luis XIV

Coalición contra Luis XIV



Guillermo de Orange había llegado a ponerse a la cabeza del gobierno holandés y siguió así por espacio de treinta años. Era pequeño y enfermizo. Muy mediano como general, resultó casi siempre derrotado, pero no se desanimaba nunca y pasó la vida buscando enemigos a Luis XIV.

Guillermo se dirigió a los antiguos adversarios de Francia, al rey de España y al emperador. -Las tropas españolas de los Países Bajos fueron en auxilio de los holandeses.- Leopoldo vaciló. Primero pareció que iba a enviar un ejército, pero ordenó al general no hacer nada. Un francés del Franco-Condado, el conde de Lisola, fué quien decidió finalmente al emperador a variar de política. Le mostró que, si el rey de Francia llegaba a apoderarse de Holanda, dominaría a los príncipes Electores de las orillas del Rin, que elegían emperador.

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Después de un año de negociaciones se hizo la «alianza de El Haya», que era una coalición entre Holanda, España, el emperador y la mayor parte de los príncipes alemanes (1673).

Los alemanes enviaron entonces su ejército a atacar la Alsacia. Era todavía una posesión aislada, que no tocaba al reino de Francia (véase esta página) Luis XIV, para defender Alsacia, llamó a su ejército de Holanda. La guerra se trasladó a otros países.

Inglaterra se retiró de la guerra (1674), Francia quedó sola contra la coalición. Peleó a la vez en el Norte, en Bélgica, contra el ejército holandés y el ejército español reunidos bajo el mando de Guillermo de Orange, y al Este, en Alsacia, contra los ejércitos del emperador y de los príncipes alemanes.

No había ejército español que defendiera el Franco- Condado, y Luis XIV aprovechó esta circunstancia. Invadió el Franco Condado y le ocupó en seis semanas (1674).

Turena, que mandaba el ejército francés encargado de defender Alsacia, tomó la ofensiva y pasó el Rin. Sus soldados, según costumbre de aquel tiempo, saquearon la comarca. Los campesinos se vengaron sorprendiendo a los soldados que encontraban sueltos. Los quemaban a fuego lento, les sacaban las entrañas o les saltaban los ojos. Turena, por orden de Louvois, mandó prender fuego a las aldeas del Palatinado.

El ejército de los príncipes alemanes (32.000 hombres próximamente), pasó el Rin e invadió Alsacia. Turena retrocedió para defenderla. No tenía casi más que 20.000 hombres. Louvois le ordenó evacuar Alsacia. Turena respondió: «Cuando se tiene un número razonable de tropas, no se abandona el país». Obtuvo permiso para quedarse.

Un segundo ejército alemán llegó, capitaneado por el Elector de Brandeburgo. Esta vez Turena se retiró detrás de los Vosgos, como si abandonase Alsacia. No era costumbre en aquel tiempo hacer operaciones en invierno, y las tropas alemanas se dispusieron para pasar la mala estación. Se creía terminada la campaña.

Pero Turena hizo pasar su ejército de detrás de los Vosgos a la vertiente lorenesa. A pesar de un frío terrible y por caminos deshechos, llegó en veinte días al Sur de Alsacia, a Belfort. Se lanzó sobre los alemanes, que no le esperaban. Antes de que tuvieran tiempo de reunirse, los puso en fuga y libertó toda Alsacia (enero de 1675). Luis XIV hizo ir a Turena a Versalles para darle gracias. Turena, en el camino, fué aclamado por los habitantes de las comarcas francesas que habían temido una invasión.

El vencedor, de vuelta a Alsacia, pasó el Rin e invadió de nuevo el Palatinado. Pero, en el momento de iniciar una batalla, fué muerto por una bala de cañón (1675). Su ejército, desalentado, volvió a pasar el Rin en desorden, y el del emperador invadió otra vez Alsacia. Condé fué enviado para detenerle, y esta fué su última campaña.

Luis XIV, privado de los dos mejores generales franceses, no hizo ya grandes operaciones militares. La guerra duró todavía dos años en los Países Bajos, y en Alemania en el Mosela.

La flota francesa, mandada por Duquesne, destruyó la flota holandesa y española en las costas de Sicilia (1676).

Los adversarios de Luis XIV no eran bastante fuertes para obligarle a hacer la paz. Luis XIV había renunciado a someter a los holandeses, y la guerra no podía llevar a ningún resultado. El rey de Inglaterra no tenía dinero (véase cap. XIII), y el Parlamento acabó por obligarle a declarar la guerra a Luis XIV (1678).


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Paz de Nimega (1678)

Paz de Nimega (1678)



Guillermo de Orange quería seguir guerreando con Luis XIV. Pero los holandeses, libres de todo peligro, querían la paz. Hicieron que se reuniera un Congreso en Nimega, al cual todos los Estados en guerra enviaron un embajador. Por primera vez se discutió, no en latín, sino en francés, y desde entonces el francés ha sido la lengua empleada por los diplomáticos de todos los países europeos.

Luis XIV concedió a los holandeses todo lo que podían. Renunció al derecho de 50 sueldos sobre los barcos. Los holandeses, satisfechos, firmaron la paz, en contra de los deseos de Guillermo de Orange, sin pedir nada para sus aliados. Luis XIV pudo entonces enviar su ejército de los Países Bajos contra los ejércitos alemanes. Los otros Estados se vieron obligados a aceptar las condiciones de Luis XIV. El rey de España pagó los gastos de la guerra. Cedió a Francia el Franco Condado y varias plazas de Bélgica. El emperador no obtuvo nada, ni para él ni para los príncipes alemanes.

El Elector de Brandeburgo había vencido a los suecos aliados de Francia, les había quitado un trozo de la Pomerania que quería conservar. Luis XIV envió un ejército que le obligó a devolver todas sus conquistas, excepto un pedazo de territorio en la orilla derecha del Oder (1679).

Luis XIV, que había resultado vencedor en guerra contra toda una coalición, parecía ser el primer soberano de Europa. El municipio de París le dió entonces el sobrenombre de «Luis el Grande» Pareció tan poderoso que los príncipes alemanes abandonaron la alianza del emperador y se dejaron ganar por los regalos de Luis XIV. El mismo Elector de Brandeburgo hizo un tratado secreto de alianza con Francia, y varias princesas alemanas se casaron con parientes del rey de Francia.


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Adquisiciones de Luis XIV

Adquisiciones de Luis XIV



Luis XIV había adquirido ya a expensas del rey de España —por el tratado de Aquisgrán de 1668, y por el de Nimega de 1678, todo el Franco-Condado, y en los Países Bajos un trozo de Flandes y del Hainaut, que constituye hoy el departamento del Norte. Había adquirido también otras varias plazas de Bélgica, que se vió más tarde obligado a devolver.

Todos los demás Estados habían licenciado sus ejércitos. El mismo emperador, por economía, no conservaba más que 20.000 hombres. Sólo Luis XIV mantenía en pie un gran ejército. Louvois le decidió a continuar sus conquistas en plena paz, lo que nunca se había hecho.

Los tratados de Westfalia y de Nimega habían cedido al rey de Francia ciertos países con sus dependencias. Luis XIV encargó a los tribunales de las tres provincias adquiridas desde 1648 que averiguasen todas las poblaciones que, en una época cualquiera, habían podido depender de estas provincias. —El Parlamento de Besançon actuaba para el Franco-Condado,— el Consejo de Brisach para Alsacia, el Parlamento de Metz para los Tres Obispados. Se había creado también en Metz una «Cámara de reunión» para juzgar qué países debían ser «reunidos» a Francia.

El rey de Francia era de esta suerte juez y parte a la vez. Aquellos tribunales, llamados Cámaras de reunión, invocaron viejos títulos olvidados (algunos se remontaban a la época del rey Dagoberto) y adjudicaron a Luis XIV territorios que desde hacía siglos pertenecían, ya a príncipes alemanes, ya al rey de España. Luis XIV envió en seguida sus tropas a tomar posesión de las poblaciones que se había hecho adjudicar.

En Alsacia, el tratado de Westfalia no había cedido al rey de Francia más que los derechos que pertenecían al emperador. Pero Luis XIV había poco a poco tratado a todas las ciudades y a los señores de Alsacia lo mismo que a sus súbditos del reino de Francia.

Quedaba todavía Estrasburgo, que era ciudad libre, gobernada como república por un Consejo formado de burgueses ricos. Luis XIV envió un cuerpo de ejército que llegó de pronto a las puertas de la ciudad. Los de Estrasburgo querían defenderse, pero el Consejo, no atreviéndose a correr los riesgos de una guerra, no había dado pólvora para los cañones, y la ciudad capituló (1681), Luis XIV fué dueño de toda Alsacia.


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Dominación de Luis XIV en Europa

Dominación de Luis XIV en Europa



El emperador habría querido resistir. Pero el ejército turco llegaba por el valle del Danubio y sitiaba Viena (véase cap. XVII). Luis XIV no se atrevió a atacar en tanto los turcos estuvieran delante de la ciudad.

Después de la derrota de los turcos, envió un ejército a sitiar la plaza fuerte de Luxemburgo, que pertenecía a España. El rey de España y el emperador no tenían medios para sostener una guerra. Firmaron la tregua de Ratisbona (1684), una tregua de veinte años que dejaba al rey de Francia todas las ciudades que había ocupado.

La ciudad de Génova había proporcionado barcos de guerra a España. Luis XIV, para castigarla, envió una flota que por espacio de diez días bombardeó Génova y la incendió (1684), y luego envió un ejército a atacarla por tierra. El Gobierno de Génova se sometió a las condiciones que exigía Luis XIV. Envió al dogo con cuatro senadores a Versalles para presentar sus excusas y mostrar su sentimiento «por haber desagradado a Su Majestad» (1685).

Luis XIV, ya a mal con el Papa con motivo de la declaración de 1682, se indispuso con él a propósito del derecho de asilo. La policía de Roma no tenía derecho a penetrar en el barrio donde moraba un embajador. Los malhechores se refugiaban allí, aquellos barrios hablan llegado a ser madrigueras de bandidos y de contrabandistas. El Papa había logrado que todos los príncipes renunciasen al derecho de asilo, y pidió a Luis XIV que hiciera lo mismo que los demás. Luis XIV respondió: «Dios me ha establecido para dar ejemplo a los demás, no para recibirlo». Envió un embajador que llegó a Roma con una tropa armada y se instaló a pesar del Papa.

Luis XIV, con sus manifestaciones, había irritado a todos los príncipes de Europa. Con la revocación del edicto de Nantes, ofendió vivamente a los príncipes protestantes que habían sido en otro tiempo los aliados de Francia. Muchos nobles protestantes salieron del reino y fueron a ponerse al servicio de Inglaterra, de Holanda y de los príncipes alemanes, sobre todo del Elector de Brandeburgo.

Todos los príncipes alemanes se aproximaron entonces al emperador y se aliaron con él y con el rey de España. Se comprometieron a apoyarse mutuamente contra «cualquiera que atentase a la paz pública». Tal fué la liga de Ausburgo (1686). Pero no era aun más que una alianza defensiva, los holandeses no querían guerra y los demás Estados no se atrevían a atacar a Luis XIV.


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Cambio de política de Inglaterra

Cambio de política de Inglaterra



La Revolución de Inglaterra cambió bruscamente la situación. Jacobo II era católico (véase cap. XIII) y quería restablecer el catolicismo en Inglaterra; pero estaba descontento de Luis XIV, a la sazón indispuesto con el Papa, y prefería permanecer neutral en Europa.

Guillermo de Orange, llamado a Inglaterra por los señores protestantes, se mantenía dispuesto con un pequeño ejército holandés; pero los holandeses no querían dejarle partir, temiendo que Luis XIV enviase un ejército contra ellos.

Luis XIV prefirió emplear sus tropas en Alemania. Había comprado a los ministros de los príncipes eclesiásticos, y contaba con lograr la elección como arzobispo de Colonia de su protegido, el príncipe de Furstemburg. Reclamaba, en nombre de su cuñada la duquesa de Orleans, la sucesión del Palatinado, a orillas del Rin. Envió a Alemania dos ejércitos franceses. El más reducido ocupó los territorios del arzobispo de Colonia, el principal invadió el Palatinado (1688).

Guillermo de Orange, libre de esta suerte, desembarcó en Inglaterra, y Jacobo escapó a Francia. El rey de España y el emperador comenzaron la lucha contra Luis XIV. Guillermo, que había llegado a ser rey de Inglaterra (véase cap. XIII), hizo también que Inglaterra y las Provincias Unidas declarasen la guerra a Francia (1689). Dijo en aquella ocasión: «Este es el primer día de mi reinado».


Segunda coalición contra Luis XIV



Una nueva coalición se hizo entre España, el emperador, las Provincias Unidas, Inglaterra y el duque de Saboya. Luis XIV tuvo en contra a toda Europa.

Los ejércitos franceses ocuparon sin resistencia todos los territorios de la orilla izquierda del Rin. A Louvois le parecieron demasiado vastos para poner guarnición en todas las plazas fuertes, y decidió hacer del Palatinado un desierto en donde el enemigo no encontrara medios de vida. Ordenó a los habitantes salir de sus casas y mandó quemar todas las ciudades y las aldeas. El castillo del Elector Palatino, en Heidelberg, fué incendiado entonces y ha quedado en ruinas (1688-1689). El Incendio del Palatinado inspiró a los alemanes un odio contra los franceses que ha perdurado hasta el siglo XIX.

Los coaligados recuperaron pronto casi todos los países alemanes. Pero fueron detenidos porque necesitaron hacer la guerra en otra parte. —Jacobo II, con un cuerpo de ejército francés, desembarcó en Irlanda. Los irlandeses católicos le proclamaron rey (1689) y durante dos años los ingleses estuvieron ocupados en la guerra de Irlanda.— El sultán reanudó la guerra en el Danubio, lo cual retuvo casi todas las fuerzas del emperador en Hungría.

Luis XIV, libre de Inglaterra y del emperador, se aprovechó en un principio para tomar la ofensiva. Por espacio de tres años ocupó poco a poco los territorios contiguos a Francia. Un ejército conquistó casi todos los estados del duque de Saboya.—Otro tomó una tras otra las plazas de la Bélgica francesa. Ambos lograron varios triunfos que hicieron mucho ruido en su tiempo: en los Países Bajos, Fleurus (1690), Steinkerque (1692), Neerwinden (1693); —en el Piamonte, Staffarde (1690) y La Marsaille (1693).

Luis XIV guerreaba por seis lados a la vez, y reunió más de 200.000 hombres. Jamás Francia había tenido tantos soldados al mismo tiempo sobre las armas. Como ya no se encontraban bastantes voluntarios, Louvois creó las milicias provinciales. Se formaron con jóvenes alistados a la fuerza. Se sorteaba a los que habían de partir, los de la clase media estaban exentos. Los milicianos no debían emplearse sino en guarniciones en las plazas fuertes, a fin de dejar a los soldados disponibles para salir a campaña. Pero cuando ya no hubo soldados suficientes, se hizo ir a la guerra a los milicianos.

Una flota francesa se reunió para preparar un desembarco de Jacobo II en Inglaterra. Atacó a la flota inglesa y holandesa, que tenía más de doble fuerza. Jacobo contaba con los almirantes ingleses descontentos de Guillermo, pues en secreto se entendía con ellos. Después de diez horas de lucha, la flota francesa se retiró. No había perdido ningún barco; pero no sabía dónde ponerse a resguardo, porque aún no existía puerto de guerra en Cherburgo. La mayor parte logró escapar por un paso difícil a lo largo del Contentin, pero 13 barcos fueron lanzados a la rada de la Hougue e incendiados por los ingleses (1692). La marina de guerra francesa no se halló ya en disposición de luchar con la marina inglesa.


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Paz de Ryswick

Paz de Ryswick



A pesar de sus victorias, Luis XIV no deseaba continuar la guerra. Louvois había muerto y Francia no tenía dinero. El ejército francés se había apoderado de tantas fortalezas que una tercera parte de los soldados estaba inmovilizada en las guarniciones.

Luis XIV se resolvió a pedir la paz, primeramente al duque de Saboya, cuyos Estados ocupaba. Le devolvió todo lo que había tomado y aun añadió Piguerol, la última plaza que Francia había conservado en Italia, e hizo el casamiento de la hija del duque con su nieto (1696). Ofreció luego a Inglaterra abandonar a Jacobo II, al cual había sostenido hasta entonces.

Se reunió un Congreso en Holanda, en el castillo de Ryswick, cerca de La Haya, y se hizo la paz. Luis XIV trató como si le hubieran vencido. Devolvió todos los territorios que había ocupado desde la paz de Nimega, excepto Estrasburgo, y reconoció a Guillermo rey de Inglaterra (1697). Por vez primera la coalición le obligaba a retroceder.


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Sucesión de España

Sucesión de España



El rey de España Carlos II, cuya muerte se esperaba desde hacía treinta años, iba a morir por fin. Su herencia comprendía España y las colonias españolas (es decir, Méjico y toda la América del Sur, excepto el Brasil), los Países Bajos españoles, en Italia el reino de Nápoles, Sicilia, Cerdeña y el Milanesado. La herencia enorme era disputada entre el rey de Francia y el emperador, que ambos la reclamaban en nombre de sus esposas.

Los nobles españoles querían que toda la monarquía pasase a un mismo heredero, para que España conservase las posesiones, a las cuales eran enviados en calidad de gobernadores. Decidieron a Carlos II a hacer un testamento en el que legaba todos sus Estados al Elector de Baviera, todavía niño, hijo de una hija del emperador.

Luis XIV, viendo que no tenía ninguna probabilidad de heredar, se resignó a compartir la herencia. Hizo un tratado secreto con Inglaterra y Holanda para distribuir la herencia entre el Elector de Baviera, el emperador y el rey de Francia (1698).

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Pero el príncipe de Baviera murió (1699) y Carlos II pareció dispuesto a dejar por sucesor al segundo hijo del emperador. Luis XIV hizo entonces con Guillermo de Orange un segundo tratado (1700) que habría dado a Francia las posesiones de Italia y las provincias españolas de los Pirineos.

Carlos II se indignó de que se repartiese su herencia sin contar con él, y la ofreció entera al emperador, a la par que le pedía dinero; pero Leopoldo no acertó a decidirse. Los señores españoles, descontentos de los austriacos, resolvieron a Carlos II, para impedir la desmembración de sus Estados, a hacer un testamento que daba toda la herencia a un nieto de Luis XIV, el duque de Anjou, a condición de que dichos Estados no se reunirían jamás a Francia. Pocas semanas más tarde, Carlos murió (1700). La sucesión de España, que desde hacía treinta años parecía haber de corresponder a la casa de Austria, era, en el último instante, legada a la casa de Francia.

Luis XIV reunió en Consejo secreto a su hijo y a tres de sus principales ministros. Tenía que elegir entre dos políticas. —Si se atenía al tratado de reparto, daba a Francia un aumento de territorio y le aseguraba la paz de que tenía necesidad, y éste era el interés de Francia.- Si aceptaba el testamento, aseguraba a su nieto una herencia magnífica, pero comprometía a Francia en una guerra sin provecho directo, porque de la sucesión no era nada para ella. Solamente, un príncipe de la familia de los Borbones iba a fundar una nueva dinastía en España. Luis XIV se decidió por la política de familia: aceptó el testamento y reconoció al duque de Anjou rey de España. Contaba con guiarle y gobernar a la vez las dos monarquías.


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Coalición contra Luis XIV

Coalición contra Luis XIV



El emperador no aceptó el testamento y comenzó la guerra. Pero no fueron al principio sus aliados más que los príncipes alemanes. Por el contrario, Luis XIV no estaba ya solo. Tenía por aliados, no solamente al nuevo rey de España, sino en Italia al duque de Saboya y en Alemania al duque de Baviera y al arzobispo de Colonia. En vez de tener que hacer la guerra en las fronteras de Francia, envió sus ejércitos a los Países Bajos, al Norte de Bélgica, —a Alemania, al Rin y al Danubio—, a Italia hasta la frontera oriental del Milanesado.

Guillermo de Orange habría querido contener a Luis XIV, pero no tenía medios para ello. Ni el Parlamento de Inglaterra, ni los holandeses querían darle dinero para la lucha.

Fué Luis XIV el que por sus actos llevó a los holandeses y a los ingleses a declararse contra él.

1.° Se condujo como si fuera soberano de España. Su nieto, nombrado rey, no hacía nada sin consultarle, y ordenaba a los gobernadores que como a él mismo obedecieran al rey de Francia. Se pidió a Luis XIV que declarase que las dos monarquías no se reunirían jamás. Se negó e hizo registrar al Parlamento de París cartas que conservaban al duque de Anjou sus derechos al reino de Francia.

2.° Los holandeses habían recibido de España el derecho de poner guarniciones en ciertas plazas fuertes de Bélgica, llamadas las ciudades de la barrera, para defenderlas contra los franceses. Luis XIV hizo que una noche entrasen tropas francesas en dichas ciudades, tropas que hicieron prisioneros a los soldados de Holanda y ocuparon su puesto.

3.° Habiendo muerto Jacobo II en Francia, en Saint-Germain, Luis XIV fué a visitar a su hijo y le reconoció rey de Inglaterra, en contra del tratado de Ryswick.

Ingleses y holandeses se decidieron al fin a entrar en una coalición contra Luis XIV. Se concertó en la Haya entre Inglaterra, Holanda, el emperador y sus aliados.

Guillermo murió pronto (marzo de 1702), pero su cuñada Ana, que le sucedió, fué dirigida por el general inglés, el duque de Marlborough, que quería la guerra.


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Guerra de Sucesión de España

Guerra de Sucesión de España



Entonces comenzó una guerra general en Europa, que se ha denominado guerra de Sucesión de España.

España era entonces la aliada de Luis XIV. Pero era un país arruinado que no le daba muchos recursos y que le era preciso defender. Francia misma, agotada por la última guerra, no daba dinero suficiente, y ni siquiera se encontraban bastantes hombres para los ejércitos. No quedaban casi buenos generales. Luis XIV daba el mando de sus ejércitos a cortesanos incapaces, como Villeroi, el preceptor del Delfín, o a viejos generales tímidos que esperaban para operar a recibir órdenes de Versalles.

Cuatro ejércitos franceses operaban separadamente, uno en Bélgica contra los holandeses, otro en Baviera contra el emperador, otro en Lombardía, un cuarto en el Rin. —Al mismo tiempo, el emperador era atacado al Este por los turcos y los señores de Hungría sublevados (véase cap. XVII).

Los ejércitos franceses se aprovecharon para tomar la ofensiva, y los Estados del emperador fueron atacados por tres partes a la vez. El ejército francés de Italia invadió el Tirol y se preparó a reunirse en el Danubio con el ejército francés de Alemania, unido a las tropas bávaras. —Los jinetes bávaros invadieron el Austria alta.— Los húsares húngaros galoparon hasta cerca de Viena.

Inquieto el emperador, se decidió a dejar que dirigiese la guerra su mejor general, el príncipe Eugenio de Saboya. Era un príncipe francés, hijo de un segundón de la familia del duque de Saboya y de Olimpia Mancini, sobrina de Mazarino. Había estado en la Corte de Luis XIV y había pedido un regimiento, pero el rey se había negado con dureza. El príncipe Eugenio le conservó siempre rencor. Entró al servicio del emperador, dirigió varias campañas contra los turcos y logró victorias que le dieron fama de gran capitán.

El príncipe Eugenio reorganizó el ejército austriaco, para lo que se proporcionó dinero vendiendo los tesoros de las iglesias. Luego obtuvo permiso para adoptar un nuevo sistema de guerra. En vez de dispersar sus fuerzas intentando resistir por todos lados, hizo caso omiso de los enemigos menos peligrosos, los húngaros y el ejército francés de Italia. Reunió todas sus fuerzas en el punto más importante, contra el ejército francés y bávaro del Danubio.

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Pero no contaba aun sino con 80.000 hombres contra 120.000. Las operaciones se habían paralizado durante el invierno, según costumbre de la época. Había a la sazón en los Países Bajos, contra el ejército francés de Bélgica, un ejército al servicio de Inglaterra y de Holanda, ejército que mandaba el duque de Marlborough.

El príncipe Eugenio fué al campamento de Marlborough y se puso de acuerdo con éste. Resolvieron reunir sus tropas para acabar con el ejército francés del Danubio. Pero era preciso obtener el permiso del gobierno holandés, y los holandeses querían conservar su ejército cerca de la frontera para defender la patria. Marlborough los engañó haciendo creer que se trataba de una pequeña operación. Aparentó llevar su ejército hacia el Mosela. Luego, bruscamente, pasó el Rin, atravesó Alemania y fué a unirse con el ejército del príncipe Eugenio en Baviera. Con 150.000 hombres atacaron al ejército franco-bávaro, que tenía aproximadamente igual fuerza. Fué la batalla que los franceses llamaron Hochstett, los ingleses Blenheim (13 de agosto de 1704).

El ejército francés, sorprendido, se alineó en orden de batalla, la infantería a la derecha en la aldea de Blenheim, la caballería a la izquierda. El ejército enemigo pasó un arroyo que estaba mal guardado. Eugenio mandaba el ala derecha. Su caballería huyó. La infantería, formada por alemanes, cargó bruscamente y fué dispersada por la caballería francesa. Pero Marlborough, que mandaba el ala izquierda, dirigió todas sus fuerzas, infantería y caballería, contra los jinetes franceses y los hizo retroceder. Replegáronse para formar de nuevo. Marlborough cargó contra ellos tan vigorosamente que los puso en fuga. El general francés que mandaba por aquel lado, y que veía poco, cayó en medio de una tropa enemiga y fué hecho prisionero. Marlborough se dirigió en seguida contra el ala francesa que acababa de rechazar al príncipe Eugenio, cargó contra ella de flanco y la obligó a retirarse. La infantería francesa, que había permanecido en la aldea de Blenheim, se encontró aislada, fué rodeada por todo el ejército enemigo y obligada a rendirse. El ejército franco-bávaro había perdido 12.000 hombres, muertos o heridos, 14.000 hechos prisioneros, su artillería y sus bagajes.

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La batalla de Blenheim decidía la suerte de la guerra. Los franceses evacuaron toda Alemania, abandonando Baviera, que las tropas del emperador ocuparon. Los coaligados tomaron la ofensiva contra Francia.

En España una flota inglesa llegó ante el puerto de Gibraltar, encontró la fortaleza mal guardada y la tomó (1704). Inglaterra fué dueña de Gibraltar y lo sigue siendo.

Se había esta nación aliado con Portugal. El tratado que firmó el enviado inglés Methuen (1704) facilitaba la venta del vino portugués (el Oporto) en Inglaterra.

Una flota inglesa llevó a Lisboa al archiduque Carlos, segundo hijo del emperador, que reclamaba la sucesión de España. Un cuerpo de ejército inglés, desembarcado con el archiduque, comenzó la guerra en Portugal contra las tropas españolas.

En Italia el duque de Saboya, descontento de Luis XIV, le había abandonado y había entrado en la coalición. El ejército francés había desarmado a sus tropas y ocupado la mayor parte de sus tierras (1703). Pero Luis XIV tenía a la sazón en contra al emperador y al duque de Saboya.

El emperador Leopoldo murió en mayo de 1705. Su hijo José I, que le sucedió, más inteligente y activo que él, era amigo del príncipe Eugenio y condujo la guerra con más vigor.

El año 1705, los de la coalición avanzaron por dos lados a la vez. Marlborough, viniendo de los Países Bajos por el Mosela, quería ir sobre París. El príncipe Eugenio, en Italia, atacaba el Milanesado. Pero Luis XIV había formado nuevos ejércitos y contuvieron las dos invasiones.

El año 1706 fué decisivo. Luis XIV tenía ocho ejércitos para defender Francia y España: en Bélgica, en el Rin, en el Mosela, en Lombardía, en el Piamonte, en el Rosellón, en Cataluña, en Portugal.

El ejército francés que defendía Bélgica estaba mandado por Villeroy. Dejó el centro inactivo detrás de las marismas, en Ramillies, en tanto las tropas de Marlborough atacaban su ala derecha. El ejército francés fué dispersado y evacuó casi toda Bélgica, que los de la coalición ocuparon (1706).

El ejército francés de Italia sitiaba al duque de Saboya en Turín. El príncipe Eugenio, llegando a Lombardía, pasó todos los ríos sin que los generales franceses hubieran intentado detenerle. Acabó por reunirse al duque de Saboya y atacó al ejército francés en su campamento, delante de Turín. Los franceses se retiraron abandonando sus cañones (1706).

Los coaligados ocuparon todo el Milanesado. Luego conquistaron entero el reino de Nápoles (1707). Felipe V quedó completamente desposeído en Italia.

Invadieron también la Provenza y llegaron delante de Tolón; pero la ciudad resistió y los contuvo (1707).

En España, una flota inglesa llevó al archiduque Carlos a la costa de Cataluña. Los catalanes no querían obedecer a Felipe V, que dejaba que España fuera gobernada por castellanos. Reconocieron por rey al archiduque, y lo mismo hicieron los reinos de Valencia y Aragón. Todo el antiguo reino de Aragón reconoció al rey Carlos III (1706).

Entonces empezó una guerra en España que duró ocho años. Un ejército inglés obligó a Felipe V a dejar Madrid, entró en la capital y proclamó rey a Carlos III. Pero los castellanos se declararon contra el rey, a quien apoyaban los ingleses, y obligaron a Carlos a retirarse. Luego el ejército francés de España reconquistó los reinos de Aragón y Valencia (1707). No quedó al archiduque más que Cataluña.

Los coaligados vencedores se habían dividido. Dejaron que Luis XIV tomase de nuevo la ofensiva y contuviera la invasión en 1707. En 1708, intentó recobrar Bélgica. Envió un ejército de más de 100.000 hombres, mandado por su nieto el duque de Borgoña y por su primo el duque de Vendôme. Marlborough y el príncipe Eugenio fueron a detenerle. Se peleó todo un día desordenadamente. Tal fué la batalla de Oudenarde. El ejército francés resistió. Al día siguiente, Vendôme quería reanudar la batalla, y el duque de Borgoña se negó, ordenando la retirada. Al retirarse, su ejército se desbandó. El enemigo le persiguió y le cogió 9.000 hombres. Luego invadió Francia y se apoderó de Lille. Los jinetes enemigos llegaron hasta el puente de Sèvres, cerca de París (1708).

Francia ya no tenía dinero para seguir la guerra. La miseria era general. En el mismo París se comía pan negro. Luis XIV envió entonces a pedir la paz a los holandeses. Ofreció renunciar a la sucesión de España para su nieto. Pero Marlborough y el príncipe Eugenio querían aprovechar la ocasión para arrebatar a Luis XIV sus antiguas conquistas, y no le fué ofrecida más que una tregua de dos meses. Luis XIV prefirió seguir la guerra.

Francia combatía entonces, no ya por la preponderancia, sino por su defensa. Se reunió un último ejército de 90.000 hombres, mal equipados y mal provistos de víveres. Villars, que le mandaba, fué a situarse cerca de Mons, en la llanura de Malplaquet, con intento de detener al enemigo. Cuando la batalla de Malplaquet empezó, los soldados franceses, que llevaban un día entero sin probar bocado, acababan de recibir el pan, y le tiraron para correr al combate, Duró la pelea más de seis horas.

Los franceses retrocedieron, pero habían perdido menos hombres que el enemigo y se retiraron en orden (1709).

Luis XIV volvió a pedir la paz. Su enviado discutió en Holanda con Gertruydenberg. Accedía esta vez, no solamente a abandonar a su nieto, sino a pagar las tropas que fueran a combatirle, porque Felipe V manifestaba no querer salir de España. Los coaligados exigieron que Luis XIV combatiera personalmente contra su nieto. «Puesto que es necesario hacer la guerra, respondió Luis XIV, preferible es hacerla a mis enemigos y no a mis hijos» (1710).

El ejército enemigo, viniendo de Bélgica, avanzó hasta Francia. En España, el archiduque Carlos entró de nuevo en Madrid (1710). Luis XIV no sabía dónde encontrar dinero. Salvóle un cambio de política de Inglaterra.


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Tratados de Utrecht

Tratados de Utrecht



La reina Ana se había indispuesto con su amiga Sara, duquesa de Marlborough, y había nombrado ministros que deseaban hacer la paz.

Un día (enero de 1711), Torcy, ministro de Estado de Francia, vió llegar a un abate francés establecido en Inglaterra, que le dijo: «Os traigo el medio de encontrar la paz sin los holandeses» .—Torcy aceptó con afán.

Se empezó a tratar en secreto con el Gobierno inglés, y pronto se decidió hacer la paz a pesar de los holandeses y del príncipe Eugenio. El emperador José I acababa de morir (abril de 1711), y le heredaba su hermano, el archiduque Carlos. Los ingleses habían combatido últimamente para impedir que se reunieran las monarquías española y francesa, y no querían que se reunieran los españoles y los austriacos. Cesó, por tanto, la guerra entre Francia e Inglaterra (1711).

Se reunió un Congreso en Utrecht, en las Provincias Unidas (enero de 1712), para discutir las condiciones de la paz. El príncipe Eugenio, con 120.000 hombres, siguió avanzando en Francia. Quería ir a Paris por el valle del Oise. Villars fué a detenerle con un ejército menos numeroso. Atacó su campo atrincherado en Denain y le obligó a retirarse.

La victoria de Denain (1712) decidió a los holandeses a negociar. Se hizo la paz entre Francia y todos sus adversarios, excepto el emperador.

Para resolver al emperador a seguir el mismo camino, hubo que emprender otra campaña en el Rin (1713). Tras de lo cual el emperador firmó el tratado de Rastatt con Francia. Pero no quiso tratar con Felipe V, a quien se negaba a reconocer rey de España.

Los tratados de Utrecht arreglaron definitivamente la sucesión de España. Los dos competidores se repartieron la herencia.

Felipe V conservó España y las colonias, y renunció a todos sus derechos a la corona de Francia. Los reinos de España y de Francia no habían de reunirse nunca.

Carlos, nombrado emperador, obtuvo todo el resto de la herencia, los Países Bajos, el Milanesado, el reino de Nápoles y Cerdeña.

Sicilia fué separada y se dió al duque de Saboya, que tomó el título de rey. Pronto había de cambiarla por Cerdeña.

Inglaterra, que había concedido la paz, tuvo todo lo que pidió. —España le cedió Gibraltar y la isla de Menorca.— Francia le cedió en América la Acadia y Terranova. Prometió expulsar al pretendiente hijo de Jacobo II. Se comprometió a demoler las fortificaciones y a destruir el puerto de Dunkerque.

Francia conservaba todas sus conquistas, pero salía agotada de la guerra y había dejado de ser la Potencia dominante en Europa. —Inglaterra venía a ser una gran Potencia militar y marítima.— Austria se ensanchaba con la Hungría reconquistada a los turcos y posesiones tomadas a España. Venía a hacerse una gran Potencia. Ambas equilibraban entonces a Francia.