Historia X (Versión para imprimir)

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Autor: Charles Seignobos

Alemania a fines del siglo XVI



La paz, establecida en 1555 por la victoria de los príncipes luteranos sobre el emperador (véase capítulo V), duró más de medio siglo. Pero Alemania siguió dividida en dos partidos por la diferencia de religión entre los príncipes alemanes.

Casi todos los príncipes seglares se habían hecho luteranos y habían hecho luteranos los territorios que les pertenecían. Los que habían seguido siendo católicos eran los dominios del duque de Baviera, de los príncipes de Austria y de los príncipes eclesiásticos, arzobispos y obispos, que ocupaban casi un tercio de Alemania.

Los dominios de los príncipes eclesiásticos debían seguir siendo católicos. Si un obispo se hacía luterano, no tenía derecho a establecer el culto luterano en su territorio. Pero en todo el Nordeste de Alemania, donde entera población se había convertido al luteranismo, se elegía obispos a los hijos de los príncipes protestantes y regían el país con el título de administrador. La extensión de los países católicos fué de esta modo disminuyendo.

Por otra parte, los príncipes alemanes del Oeste, vecinos a Francia y los Países Bajos, donde los calvinistas eran numerosos, adoptaron poco a poco las doctrinas calvinistas. Se llamaban reformados. Los príncipes del Este, que habían seguido siendo luteranos, se negaban a comulgar con los reformados, a los que consideraban herejes porque no tenían la misma manera de explicar el sacramento de la comunión. Ahora bien, la paz de 1555 no reconocía derechos más que a los príncipes «afiliados a la confesión de Ausburgo». Los católicos decían que la paz de 1555 no se aplicaba a los principes que se habían hecho reformados, y amenazaban con establecer por la fuerza la religión católica en los países de dicha comunión, contando para ello con la ayuda del rey de España Felipe II.

Los príncipes reformados, para resistir, se entendieron entre sí y con los príncipes protestantes extranjeros, Isabel de Inglaterra, el príncipe de Orange, hasta con Enrique IV. Acabaron por decidir a los príncipes luternos a que entrasen en su alianza.

Todos los príncipes protestantes formaron entonces una Unión. Se comprometieron a contribuir con una cantidad para alistar un ejército que acudiera en auxilio del que fuera atacado (1608). Los príncipes católicos respondieron formando una Santa Liga, cuyo jefe fué el duque de Baviera. Entonces la asamblea de los príncipes (la Dieta) se dividió en dos: los católicos quisieron tomar decisiones por mayoría de votos, los protestantes se retiraron (1612).

El emperador era siempre un príncipe católico de la familia de Austria. Pero no tenía ya fuerza suficiente para mantener la unión. Fernando (que murió en 1564) había dejado tres hijos que se habían repartido las posesiones de la familia y habían fundado tres ramas. Los menores habían obtenido las provincias de los Alpes austriacos. El primogénito, Maximiliano, había conservado el archiducado de Austria y los dos reinos de Bohemia y Hungría.

Después de su muerte (1576), su hijo mayor, Rodolfo, fué emperador durante treinta y seis años. Era un príncipe instruído, que hablaba alemán, francés, español, italiano y latín, y se interesaba por la poesía y las ciencias. Pero tenía accesos de melancolía y crisis de cólera , y creía constantemente que querían matarle. Se encerró en Bohemia, en Praga, en un castillo cuyas ventanas había mandado tapiar, no dejando más que saeteras. No veía a nadie, comía solo, se encerraba para dormir. No se ocupaba del gobierno, pasaba el tiempo en las cuadras, o con astrólogos y hechiceros que pretendían fabricarle oro.

El emperador no era ya respetado por los príncipes de Alemania. Aun en sus propios Estados, no tenía tanta influencia sobre la religión como cada uno de los príncipes alemanes la tenía en su territorio. Casi todos los nobles y burgueses de las provincias austriacas y de Bohemia se habían hecho luteranos. El príncipe, que había seguido siendo católico, estaba casi solo en misa.

Rodolfo intentó restablecer su autoridad por la fuerza. Entonces los señores de Austria, de Hungría y de Bohemia se entendieron, formaron ejércitos y le hicieron la guerra. Su hermano Matías, de acuerdo con los sublevados, le cogió todos sus Estados. Pero se vió obligado a reconocer a los señores el derecho de formar ligas para defender su religión. Cuando llegó a ser emperador, en 1612, no tuvo fuerza para restablecer su autoridad sobre los señores.


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Fernando II

Fernando II



No obstante, los príncipes de Austria conservaban el derecho de ordenar la religión en sus dominios y de obligar a los súbditos a hacerce católicos. Un príncipe joven austriaco de la rama menor, Fernando, que había asumido el gobierno de los dominios de su padre en 1597, comenzó a restablecer la religión católica en Austria.

Fernando, educado por un jesuíta, siguió siendo siempre pre príncipe piadoso y conservó toda su vida los hábitos de devoción adquiridos en la infancia. Al levantarse pasaba una hora en oración, luego oía dos misas, todas las noches hacía examen de conciencia y rezaba media hora. Los domingos asistía a dos sermones. Comulgaba una vez a la semana y acompañaba todas las procesiones. Llevaba cilicio y se disciplinaba. Había leído seis veces la Vida de los Santos y repasaba con preferencia los relatos de misiones. En todos los asuntos que interesaban a la Iglesia, tomaba consejo de su confesor. Conservó durante treinta y ochos años el mismo confesor, un jesuíta, el Padre Lamormain.


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Cuando Fernando empezó a gobernar, no había casi católicos en Gratz, su capital. Juró restablecer la religión católica. Expulsó primeramente a los pastores luteranos de todas las ciudades de su provincia. Luego ordenó a todos los burguses que volvieran a hacerse católicos o emigrasen. La asamblea de los Estados de la provincia le presentó quejas, a las que respondió que el príncipe tenía el derecho de arrglar la religión como quisiera en sus dominios.

Fernando había reunido una tropa de lansquenetes para hacer ejecutar sus órdenes. Nadie se atrevió a resistirle. Sólo los nobles siguieron siendo protestantes, y todavía no pudieron en lo sucesivo celebrar su culto en la provincia. Les era preciso ir a otro país para casarse, o para bautizar a sus hijos.

Los otros príncipes de la familia de Austria, que no tenían herederos, resolvieron todos que su herencia pasase a Fernando. Fué emperador (1618) y reunió todos los Estados de la casa de Austria.


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Sublevación de Bohemia

Sublevación de Bohemia



En el reino de Bohemia, donde la población era checa, los señores protestantes, después de la rebelión de 1608, tenían el derecho de ordenar la religión cada uno en sus tierras. Los habitantes de las ciudades podían edificar iglesias y en ellas celebrar el culto luterano. Los señores, los nobles y los burgueses nombraban veinticuatro defensores que tenían derecho a sacar dinero y tropas para defender su religión.

Pero el rey nombraba lugartenientes para gobernar en su lugar, y nunca elegía más que católicos. Aquellos gobernadores, establecidos en Praga, tenían la facultad de nombrar los miembros de los municipios y elegían con preferencias católicos. De esta suerte la gran mayoría de la población era protestante, pero era gobernada por católicos. Fernando II fué reconocido rey de Bohemia sin resistencia.

Los protestantes estaban ya en desacuerdo con los lugartenientes católicos, y reclamaban iglesias que se habían quitado a los luteranos. El más enérgico de los defensores era un señor alemán, el condé de Thurn, estatablecido desde hacía poco en Bohemia y que conocía mal el checo. Mandó convocar una asamblea y remitir una queja a los diez lugartenientes. El emperador respondió prohibiendo celebrar la asamblea y amenazando con perseguir a los agitadores. La asamblea se reunió en Praga a pesar de la prohibición, y decidió desembarazarse de los lugartenientes, a los que acusaba de haber redactado la respuesta del emperador.

Al día siguiente por la mañana (23 de mayo de 1618), un centenar de nobles armados, seguidos de criados armados también, subieron al castillo de Praga. Allí encontraron a cuatro lugartenientes con un secretario, y los obligaron a decir si habían ayudado a redactar la respuesta del emperador. Los lugartenientes pidieron que se les dejase deliberar acerca de lo que habían de responder. Se les dejó reunirse aparte, junto a una ventana, y hablaron en voz baja. Uno de ellos manifestó a renglón seguido que no podían responder, porque habían prometido al emperador guardar secreto acerca de sus asuntos. Para ganar tiempo, pidieron entrevistarse con sus colegas ausentes. Algunos de los nobles, furiosos, comenzaron a insultarlos, a dos sobre todo, Slawata y Martinitz, los más odiados. Se les decía: «¡Canallas, jesuitas. Desde que ocupáis el cargo, todo anda enredado!» Intentaron replicar. Pero, pasado un momento, alguien preguntó si no debían ser declarados ambos enemigos públicos. Los que allí estaban respondieron con aclamaciones. Se mandó salir a los otros dos, a los que no se quería mal, y se arrastró hacia una ventana a Slawata y a Martinitz, que gritaban y pedían un confesor, y se les arrojó abajo, tras de lo cual el secretario fué también arrojado por la ventana. Cayeron desde muy alto, sobre un montón de basura que amortiguó la caída, y ninguno quedó muerto. Desde arriba les fueron disparado tiros de arcabuz, pero sus criados acudieron y se los llevaron. A esto se llamó «la desfenestración de Praga».

Los protestantes crearon inmediatamente un gobierno de 30 directores, que expulsó a los jesuítas y alistó un ejército. Casi toda Bohemia se sublevó. El emperador no tenía tropas ni dinero, y los sublevados de Bohemia se entendieron con los nobles descontentos de sus otros Estados.

El jefe de los rebeldes, Thurn, llegó bruscamente delante de Viena con una tropa de caballería. En aquel momento, los diputados y los nobles protestantes de Austria penetraban armados en el castillo y pasaban a la cámara de Fernando para demandar el derecho de celebración del culto protestante. Fernando se negó, y fué salvado por la llegada de 400 coraceros (junio de 1618).

El emperador Marías murió (1619) y Fernando II fué emperador. Pero la asamblea de los Estados de Bohemia declaró a Fernando depuesto. Luego eligió rey de Bohemia al jefe de la liga de los príncipes protestantes de Alemania, el Elector Federico, conde palatino del Rin. Federico fué a Praga, y allí le coronaron rey. Se entendió con el príncipe de Transilvania, Betlen Gabor, que era calvinista. Betlen llevó un ejército de jinetes húngaros que llegaron delante de Viena al mismo tiempo que los sublevados de Bohemia. Fernando huyó.


Restauración católica en Bohemia



Había sorprendido al emperador la rebelión de sus súbditos; pero fué sostenido por los otros príncipes católicos. La Liga de los príncipes católicos de Alemania le proporcionó un ejército, su primo el rey de España le envió tropas de Italia.

Por el contrario, el Elector palatino irritó contra él a los luteranos. Había llevado consigo a Bohemia un pastor calvinista que mandó destruir las reliquias de las iglesias de Praga. Daba los mejores puestos a nobles alemanes, sus compañeros de juegos, y gastaba el dinero del país. Los príncipes alemanes luteranos no le apoyaron. El Elector de Sajonia, que había intentado hacerse elegir rey de Bohemia, llegó a aliarse contra él con el emperador.

No quedó para la defensa de Bohemia más que el mal ejército de los sublevados. Entonces los ejércitos de la Liga y del emperador invadieron Bohemia y llegaron a las puertas de Praga. El ejército bohemio estaba apostado delante de la ciudad, en la Montaña Blanca. Al cabo de una hora fué puesto en derrota (1620).

Aquella batalla de una hora decidió la suerte de Bohemia. Los ejércitos católicos ocuparon todo el país. Los jefes de los protestantes fueron condenados a muerte. Veintisiete fueron decapitados a la vez (1621), 12 cabezas se expusieron en la torre del puente de Praga, y allí permanecieron diez años. Fernando abolió la antigua constitución de Bohemia. Acabó a la vez con la nación bohemia y con la religió protestante.

Se confiscaron los bienes de casi todos los señores y nobles del país, que fueron dados o vendidos a bajo precio a los favoritos católicos del emperador, los que se hicieron grandes señores. Se expulsó a los pastores luteranos (1623) contando con que los seglares, privados de sus pastores, se convertirían. Como seguían siendo protestantes, se ordenó a los vecinos de las ciudades y a los aldeanos hacerse católicos. Para decidirlos, se enviaron a sus casas soldados que habían de alojar y alimentar hasta el momento que presentaran una cédula de confesión (1624). Por último, los nobles mismos recibieron la orden de hacerse católicos o de emigrar (1627). La religión protestante fué prohibida en Bohemia.

Casi todos los nobles protestantes huyeron al extranjero, donde vivieron miserablemente, Fueron sustituídos por nobles alemanes o italianos. El alemán vino a ser la lengua de la nobleza, de los burgueses y del gobierno. Sólo los aldeanos conservaron la antigua lengua checa.

Las ciudades perdieron la mayor parte de sus vecinos, el país quedó arruinado y despoblado. Se cree que antes de la guerra la población de Bohemia era de cuatro millones de habitantes, y que no quedó siquiera un millón.


Restauración católica en Austria



El ejército de la Liga católica había invadido las provincias de Austria (1620). Los protestantes no resistieron. Sus soldados entraron al servicio de la Liga o se retiraron.

Fernando, ya dueño absoluto, declaró rebeldes a los principales señores y confiscó sus bienes. Los aldeanos se sublevaron y fueron deshechos. Se prohibió el culto protestante; todos los habitantes, excepto los nobles, se vieron obligados a hacerse católcos. Los jesuítas y los capuchinos acudieron a fundar conventos, los jesuítas se hicieron dueños de los colegios.

Los nobles conservaron en un principio la libertad de seguir siendo protestantes, pero sin derecho a celebrar su culto. Luego se vieron privados de ella. Entonces, en todos los territorios sometidos a la casa de Austria, la religión católica fué obligatoria.

En Hungría solamente —donde era preciso tratar con miramiento a los nobles a causa de la vecindad de los turcos (véase cap. XVII)— el emperador se vió obligado a conservar las iglesias protestantes. La monarquía austriaca fué un país católico, y lo es todavía.


Comienzo de la guerra de Treinta Años



Después de haber aplastado la rebelión de Bohemia, Fernando quiso vengarse del Elector Palatino que había accedido a ser rey de los rebeldes. Los príncipes católicos quisieron aprovechar la ocasión para destruir el partido protestante. El emperador prometió quitar a Federico su título de Elector para dárselo al jefe de la Liga católica, Maximiliano, duque de Baviera, y confiscar sus territorios.

El ejército de la Liga y el ejército español invadieron los dominios del Palatinado, a orillas del Rin. Así la guerra, comenzada al Este en los Estados del emperador, se trasladó al Oeste de Alemania.

Iba a hacerse sucesivamente en todos los países de Alemania, hasta 1648. Se la ha denominado Guerra de Treinta Años. Había de destrozar y despoblar Alemania, como la guerra de Cien Años había arruinado y despoblado a Francia.


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Los ejércitos

Los ejércitos



Ningún príncipe alemán tenía ejército permanente, ninguno habría contado con dinero bastante para sostenerlo. En el momento que empezaba la guerra, cada príncipe trataba con capitanes que se encargaban de alistar soldados.

Todos los soldados eran voluntarios, se enganchaban al servicio de quien los pagaba, no para cumplir un deber, sino por el gusto de guerrear. Acudían de toda Alemania y de todos los países de Europa: ingleses, escoceses, italianos, belgas (se les llamaba valones), húngaros, croatas, suecos. En el mismo ejército se hablaban varias lenguas, y hasta se practicaban diferentes religiones.

Las armas de fuego eran todavía bastante malas y se combatía poco más o menos lo mismo que antes de la invención de la pólvora. Parte de los jinetes eran todavía hombres de armas revestidos con armadura de hierro, montados en grandes caballos bardados de hierro, y combatían con la lanza. —Otros, llamados coraceros, no tenían más protección que coraza y casco, y combatían sobre todo con la espada y un pistolete de piedra. —Algunos cuerpos tenían un arma de fuego más larga , el arcabuz, y se les llamaba arcabuceros. —Los húsares de Hungría, los croatas, los estradiotas procedentes de los territorios turcos, formaban las tropas de caballería ligera. Montaban caballos veloces y peleaban con la cimitarra, su arma nacional.

Los infantes eran la mayor parte piqueros protegidos con coraza y casco, y armados con larga pica de seis metros, como los suizos del siglo XIV. Se formaban en compañías de trescientos hombres, mandados por un capitán y un teniente, y se alineaban en batalla junto a la bandera de la compañía.


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Empezaba a haber infantes sin armadura defensiva, los mosqueteros. Su arma, llamada mosquete, era muy pesada, y era preciso ponerla encima de una horquilla para disparar. Se prendía fuego al mosquete con una mecha encendida, y lanzaba gruesas balas de plomo. Se necesitaba bastante tiempo para cargar de nuevo. Los mosqueteros, que no tenían nada para defenderse, necesitaban, en campo raso, resguardarse detrás de otras tropas. El mosquete se perfeccionó durante la guerra y se aumentó el número de mosqueteros.


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Los soldados se equipaban ellos mismos y se vestían a su placer. Gustábales llevar vestidos elegantes, hechos con telas de lujo. No había uniformes, y cada partido, para reconocerse en la batalla, adoptaba un distintivo: una banda en el brazo, una rama de árbol en el sombrero.

Los soldados habían de procurarse la comida, no había intendencia que les proporcionase los víveres. Llevaban con ellos criados y mujeres, para que les preparasen ropa con que mudarse y los utensilios, y para guisarles la comida. Seguíanles los comerciantes, para comprar a los soldados el botín que recogieran y venderles víveres y licores. Una compañía llevaba tras de sí treinta o cuarenta carros. El ejército resultaba más que duplicado con las mujeres, los niños, los carreteros, los vendedores de víveres y los mozos de carga. Un ejército de 30.000 combatientes representaba una muchedumbre de 100.000 personas.

El ejército no se dividía en diferentes cuerpos, avanzaba junto y toda aquella gente iba mezclada con los soldados.


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Cuando las tropas se detenían, establecía un campamento. Se armaban las tiendas en que se había de dormir, porque los soldados se alojaban muy pocas veces en los pueblos. Las mujeres y los niños servían para la limpieza y cuidado del campamento, para cavar fosos y hacer faginas, en caso de que hubiera que atrincherarse.


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Los soldados deberían haber vivido con su soldada; pero, como los príncipes no tenían dinero, la pagaban raras veces. Era preciso, pues, dejar que los soldados «vivieran sobre el país», es decir, que cogieran los víveres en las comarcas qeu atravesaban. En cuanto una tropa llegaba a una aldea, los soldados, las mujeres, los criados, entraban en las casas para saquearlas. No se apoderaban solamente de los víveres, se llevaban todo lo que les placía, los utensilios, las camas, los muebles, y los cargaban en sus carretas. Frecuentemente se entretenían en deshacer el mobiliario y las camas, y al marcharse prendían fuego a la aldea.

Se divertían también maltratando a las mujeres. Muchas veces daban tormento a las gentes para hacerlas confesar dónde escondían el dinero; las cogaban encima del fuego, o les quemaban las plantas de los pies, o entre tablas que aplastaban las piernas. Trataban de igual manera a todos los países, sin distinguir entre amigos y enemigos.


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El ejército no entraba en campaña casi más que en el buen tiempo. A fines de otoño se establecía en un campamento para pasar el invierno. A este se llamaba ocupar cuarteles de invierno. Entonces saqueaba los alrededores.


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Las ciudades rodeadas de fortificaciones cerraban sus puertas para no dejar que entrase el ejército; pero si una ciudad no estaba suficientemente fortificada para correr el riesgo de un sitio, el ejército la obligaba a entregar dinero, víveres o mercancías para irse. Cuando una ciudad era tomada pro asalto, los soldados se hacían dueños de ella. Saqueaban todo, pasaban a cuchillo a lso habitantes y quemaban las casas.

Raras veces tenía un ejército más de 30.000 soldados, porque necesitaba encontrar con qué alimentarse. No duraba mucho. Si era vencido, podía quedar deshecho en un sola batalla, porque los soldados se desbandaban para no caer prisioneros, o aun se pasaban al servicio del vencedor. Si triunfaba, iba a sitiar las plazas fuertes, y, una vez que las había tomado, necesitaba poner en ellas una guarnición que disminuía su efectivo. Como no se hacía campaña en invierno, el vencido tenía tiempo de rehacer su ejército, y encontraba siempre bastantes aventureros dispuestos a recorrer el país saqueando so pretexto de guerra.

Las batallas eran sangrientas; pero los soldados se conocían frecuentemente de un ejército a otro. Después de la batalla no hacían daño a los vencidos, los desarmaban y los guardaban prisioneros para que pagasen rescate.


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Guerra en Alemania

Guerra en Alemania



Cuando las tropas de los príncipes católicos invadieron los dominios del Palatino, cerca del Rin, los príncipes protestantes de la Unión no le defendieron y licenciaron su ejército. Pero pequeños príncipes alemanes ofrecieron al Palatino continuar la guerra en su nombre.

Ernesto de Mansfeld, un señor católico, en un principio oficial del emperador, se había pasado al servicio del duque de Saboya, luego de los protestantes de Bohemia. Aun cuando no tuviera dinero para pagar soldados, empezó a alistar un ejército. Reunió más de 20.000 soldados (la mayor parte habían servido en el ejército que la Unión protestante acababa de licenciar), y los llevó a saquear los dominios de los príncipes católicos en las orillas del Rin, luego a Alsacia.

Un joven príncipe protestante, Cristián, administrador del obispado de Brunswick, reunió también un pequeño ejército y saqueó las tierras de los obispos en el Norte del Alemania. Llevaba en el casco un guante de la mujer del Palatino, que era su prima, y manifestaba combatir por ella. Mandó acuñar una medalla con estas palabras: «Amigo de Dios, enemigo de los sacerdotes».

Aquellos ejércitos improvisados no pudieron sostenerse mucho tiempo frente al ejército español, más disciplinado, y frente al ejército de la Liga católica mandado por Tilly, un señor belga, católico austero que vivía como un fraile. El Palatino, descorazonado, despidió a los príncipes que se habían puesto a su servicio. Mansfeld se llevó a Bélgica los soldados que le quedaban, y entró al servicio de los holandeses, en guerra con España. La guerra de Alemania parecía terminada.

El emperador declaró al Palatino depuesto de su dignidad y dió el título de Elector al duque de Baviera. El ejército de la Liga se estableció en Alemania del Norte, saqueó los territorios de los príncipes protestantes y empezó a recogerles las antiguas posesiones de los conventos.

El rey de Inglaterra, Jacobo I, suegro del Palatino, se había negado mucho tiempo a auxiliarlo. Sostenía el derecho divino de los reyes y juezgaba a su yerno justamente castigado por haber tratado de quitar Bohemia a su legítimo rey. Sus súbditos ingleses le decidieron al fin a acudir en auxilio de su yerno (véase cap. XII). Jacobo se puso de acuerdo con los príncipes protestantes de Alemania. Alistaron un ejército y le pusiero a las órdenes del rey de Dinamarca, Cristián, que tenía posesiones en el norte de Alemania (1624). La liga pidió asimismo refuerzos al emperador.


Política del emperador en el Imperio



Habían hecho la guerra hasta entonces el ejército de la Liga y el del rey de España. El emperador no tenía dinero para tomar un ejército a su servicio. Wallenstein se le ofreció para alistar uno.


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Wallenstein

Wallenstein



Wallenstein (o Waldstein) era un noble de Bohemia, huérfano, educado en un principio como protestante, luego en un colegio de jesuítas. Fué bastante tiempo indiferente en religión, pero creía en la astrología. Casado con una viuda rica, había alistado tropas durante la guerra de Bohemia y se había puesto al servicio del emperador. Después de la guerra, se había hecho ceder o había comprado muchas tierras confiscadas. Habíase unido entonces a la hija de un favorito del emperador, habíase hecho gran señor y obtenido el título de duque.

El emperador nombró a Wallenstein «jefe de todas sus tropas en el Sacro Imperio» y le dió derecho a imponer tributos para mantenerlas. El botín había de ser repartido entre el emperador y los soldados. Fernando tenía de esta suerte el ejército que no le costaba nada.

Wallenstein imitada a Mansfeld, pero tuvo un ejército más numeroso, que llegó quizá hasta 100.000 hombres. Alistó gentes de todas las religiones, prometiendo a los príncipes luteranos no molestarles en el ejercicio de su culto. Quería solamente restablecer la autoridad del emperador en el Imperio (1625).

El ejército imperial, mandado pro Wallenstein, maniobró de acuerdo con el de la Liga, que mandaba Tilly, contra el rey de Dinamarca. (Fué este período de la guerra el que se llamó más tarde período danés.) La lucha se decidió en una sola batalla (1626), el ejército de Cristián fué arrojado de Alemania.

Wallenstein había dejado a Tilly combatir solo. No trataba de concluir con los protestantes. Quería conservar su ejército intacto, con intención de sostenerlo a expensas de Alemania hasta quu los príncipes, agotados sus recursos, se sometieran al emperador.

Ningún príncipe protestante se atrevió a ponerse en frente, y avanzó poco a poco hasta el mar Báltico. El emperador dió entonces a Wallenstein el título y los dominios del duque de Mecklemburgo, que confiscó, y le nombró «almirante de toda la armada del emperador, del mar Oceánico y del Báltico» (1628). Wallenstein fué a visitar la ciudad de Stralsund, que tenía puerto en el Báltico.


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El emperador era dueño de Alemania. Promulgó entonces el edicto de restitución, que ordenaba a los príncipes protestantes devolver todas las tierras de la Iglesia de que se habían apoderado desde 1555, 14 obispados y gran número de conventos (1629).

Se conducía como dueño en Alemania. Los príncipes católicos tenían en este país tres ejércitos y parecían haber vencido definitivamente a los protestantes.

Habiendo muerto en Italia el duque de Mantua sin dejar hijos, le heredaba su pariente más próximo, un príncipe francés. Pero el emperador había declarado el ducado de Mantua feudo del Imperio, y, si tener en cuenta a Francia le había dado a un príncipe italiano (1627).

El valle del Adda, conocido con el nombre de la Valtelina, entre Suiza e Italia, era defendido por guarniciones de los grisones, aliados de Francia y de Venecia. Un cuerpo de ejército enviado por Wallenstein fué a arrojar a los grisones y ocupó la Valtelina. Por este valle el rey de España podía enviar tropas españolas del Milanesado a Alemania.

Francia e Inglaterra, ocupadas en hacerse la guerra a propósito de la Rochela, dejaban que la casa de Austria dominase Alemania e Italia. Los príncipes católicos estaban juntos contra adversarios divididos.

Pero después de la victoria, empezaron a desunirse. Los príncipes católicos de Alemania se inquietaron por los actos de Wallenstein. Le reprochaban que los tratase con insolencia y que dejase a sus soldados saquear las tierras mismas de los príncipes católicos. Le acusaban de haber dicho que quería «enseñar a vivir a los Electores», y «que había que transformar a Alemania en una monarquía en que todos los príncipes obedecieran al emperador, como se obedecía al rey en Francia».

El emperador quería tener contentos a los príncipes porque les pedía que eligieran a su joven hijo Rey de romanos. Los príncipes, reunidos en la Dieta de Ratisbona (1630), exigieron al emperador el alejamiento de Wallenstein. Fernando, siguiendo el consejo de su confesor, se decidió a hacerlo así. Wallenstein recibió finamente a los enviados del emperador y, mostrándoles sus instrumentos de astrología, les dijo que aquella decisión no le admiraba, porque había leído en las estrellas qeu el espíritu del emperador obedecía al espíritu del duque de Baviera. Su ejército fué reunido el de la Liga católica; pero sus soldados ya no tenían deseo de batirse.



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Intervención del rey de Suecia

Intervención del rey de Suecia



El rey de Suecia, Gustavo Adolfo era joven y audaz. Se había criado con sencillez, pues no estaba destinado a ocupar el trono, y había conservado el hábito de vivir sin lujo, vestido como un simple hidalgo. Era luterano, practicaba su religión regularmente, y tenía confianza en Dios. Desde que había subido al trono, en 1612, había pasado todo el tiempo guerreando (véase capítulo XVII).

Cuando un ejército imperial llegó al Báltico, Gustavo Adolfo tuvo miedo de sr atacado y prefirió tomar la ofensiva. «Se debe, decía, trasladar el campo de la guerra a otro lugar que no sea Suecia, porque en parte alguna somos más débiles que en nuestro país». La asamblea de los Estados de Suecia manifestó también que era preferible «trasladar la carga de la guerra a un país enemigo».

Gustavo Adolfo no tenía dinero bastante para alistar un ejército. Pero todos los caballeros suecos tenían obligación del servisio de las armas a sus expensas y formaban una caballería. Para tener infantería se pidió a las parroquias que dieran hombres (véase capítulo XVII). Los habitantes dieron a los hombres vestidos, trajes sencillos de aldeano. Se les distribuyeron pieles de carnero, de modo que pudieran hacer campaña en invierno. Los herreros hicieron picas y mosquetes con el hierro proporcionado por las minas del rey.

Gustavo Adolfo partió con 13.000 hombres y acabó por tener 40.000, de ellos 30.000 infantes. Al contrario de lo que ocurría en los ejércitos de aquella época, los mosqueteros eran más numerosos que los piqueros. Para aligerar la carga que llevaban, Gustavo Adolfo les dió un mosquete más corto y un morral de menos peso para que pudieran llevar los cartuchos. Suprimió la horquilla que el mosquetero llevaba al costado y que clavaba en el suelo para apoyar el mosquete. Los infantes suecos no quemaban para saquear, eran honrados campesinos, habituados a una existencia ordenada, que combatían para servir a su rey. No llevaban consigo mujeres ni criados. Asistían regularmente al culto luterano que celebraban sus pastores. Gustavo Adolfo les proporcionaba víveres y les prohibía saquear el país. Aquel ejército, mejor disciplinado y más apto para los movimientos, hacía operaciones más rápidas que los demás y no interrumpía la campaña cuando llegaba el invierno.

El ejército sueco desembarcó en Pomerania. Gustavo Adolfo se hincó de rodillas y recitó una oración. Luego, para dar ejemplo a sus soldados, cogió un pico y empezó a cavar el foso de los atrincheramientos. En Stettin, asistió al oficio luterano en el castillo, vestido con traje gris y sombreso sin pluma, y fué notada su devoción.

El rey de Suecia empezaba la guerra sin aliados. Los príncipes luteranos de Alemania del Norte no se atrevían a unírsele y preferían tratar con el emperador. El Elector de Brandeburgo le mandó a decir que retirase sus tropas. Gustavo Adolfo respondió: «No quiero oir hablar de ninguna clase de neutralidad. Su Grandeza deber ser amigo o enemigo. Aquí combaten Dios y el diablo. Si su Grandeza quiere estar con Dios, póngase a mi lado; si quiere estar con el diablo, es preciso que combata contra mí». Obligó a los príncipes luteranos de Pomerania, de Brandeburgo y de Sajonia a aliarse con él.

Richelieu, que gobernaba en Francia, se inquietaba desde hacía tiempo por los éxitos del emperador y trabajaba para contenerle, apoyando a sus enemigos. —A Italia había enviado tropas en auxilio del nuevo duque de Mantua (1628)— Había hecho que las tropas imperiales fueran arrojadas de la Valtelina. Un enviado francés fué al campamento de Gustavo Adolfo y firmó un tratado de alianza. Francia prometió dar al rey de Suecia 400.000 escudos anuales (enero de 1631).


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Victoria de los suecos

Victorias de los suecos



El ejército del emperador, desorganizado por la partida de Wallenstein, no hizo nada. El sueco avanzó hasta Sajonia. Encontró al fin, cerca de Leipzig, a los imperiales mandados por Tilly, y se dió la batalla de Breitenfeld (1631). Tilly atacó a las tropas de Sajonia, aliadas de los suecos, y las puso en fuga. Pero la infanteria sueca, dando media vuelta tranquilamente, como en un campo de maniobras, fué a ponerse de frente por la parte amenazada. Gustavo Adolfo llegó con las reservas que habían quedado a retaguardia. Luego la caballería sueca, que mientras tanto había dispersado a los jinetes enemigos, volvióse contra la infantería imperial y rompió sus filas. El ejército imperial, medio deshecho, perdida su artillería, no pudo resistir más.

Gustavo Adolfo atravesó toda Alemania sin encontrar resistencia y llegó hasta las proximidades del Rin, a Maguncia. Los pastores le celebraban como enviado de Dios, y fué el héroe del partido protestante. Todos los príncipes de esta religión se aliaron con él.

Tilly se situó en un campamento atrincherado para impedir que el ejército sueco pasase el Lech y entrase en Baviera. Gustavo Adolfo mandó tender un puente sobre el río y forzó el paso. Tilly fué herido mortalmente. Los suecos podían entonces ir sobre Viena.


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Asustado el emperador, se decidió a pedir auxilio a Wallenstein, que ya había intentado entenderse con el rey de Suecia. Wallenstein se comprometió a armar un ejército y pronto le hubo reunido, porque los soldadods se alistaban gustosos bajo su mando. Pero no aceptó éste sin poner sus condiciones: el emperador prometió dejarle dirigir la guerra como le pareciera, sin que interviniese su confesor en los negocios.

Wallenstein no quería correr el riesgo de una batala. Llevó un ejército frente a los suecos, a un campamento que rodeó de trincheras defendidas por 300 cañones, y allí permaneció varios meses. Gustavo Adolfo, que ya no tenía víveres, intentó tomar por asalto el campamento enemigo, fué rechazado y se retiró. Wallenstein fué a poner su ejército en cuarteles de invierno al territorio del Elector de Sajonia.

Gustavo Adolfo llegó en auxilio de su aliado y atacó al ejército imperial en la llanura de Lutzen. Cargó con un regimiento de caballería. Como veía muy poco, se introdujo sin darse cuenta en medio del ejército enemigo y cayó muerto. Los suecos, que habían tenido noticias del suceso, se arrojaron sobre el enemigo y le pusieron en fuga (16 de noviembre de 1632).

Un príncipe luterano, Bernardo de Sajonia-Weimar, tomó el mando de las tropas. Pero no tenía suficiente autoridad para mantener reunidos los contingentes de los otros príncipes. El ejército se dividió y Bernardo se retiró a Alemania del Sur.


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Triunfos del emperador

Triunfos del emperador



Gustavo Adolfo no dejaba más que una hija muy joven, que fué la reina Cristina. El canciller Oxenstiern tomó las riendas del gobiernoy decidió a los suecos a continuar la guerra. Fué a Alemania y convenció a los príncipes alemanes para que formasen una liga contra el emperador (1633). Los generales del ejército sueco reclamaron, diciendo que no habían oído hablar de su sueldo. Manifestaron que habían decidido no ir en lo sucesivo contra el enemigo y guardar para ellos el país conquistado. Para calmarlos se les dieron tierras y títulos en Alemania y entraron en la alianza.

Wallenstein, descontento del emperador, se había retirado a Bohemia con su ejército y trataba en secreto con los príncipes protestantes. Sus enemigos le acusaron de traicionar al emperador. Fernando se decidió a destituirle; pero como sus oficiales le eran adictos, no se atrevió a citarle a juicio, y se entendió en secreto con algunos de sus generales para desembarazarse de él.

Wallenstein se fué a la frontera de Bohemia, a Eger, y pidió a los suecos que le enviasen un cuerpo de caballería. Tres de sus coroneles, un irlandés católico y dos escoceses, se negaron a obedecer, manifestando que habían prestado juramento al emperador. Como temían a Wallenstein, se decidieron a darle muerte. Dragones irlandeses fueron de noche a la casa donde se alojaba, y le mataron (febrero de 1634).

El emperador recibió entonces dinero y tropas del rey de España y del Papa. Su ejército, reorganizado, tomó otra vez la ofensiva en el Danubio y destruyó el ejército sueco en una sola batalla, delante de Nordlingen (1634).

Después de la derrota de los suecos, la alianza de los príncipes protestantes se deshizo. El más poderoso de los príncipes luteranos, el Elector de Sajonia, hizo la paz de Praga. Se alió con el emperador para expulsar a los suecos de Alemania (1635). La mayor parte de los príncipes protestantes entraron en esta Alianza. El emperador parecía de nuevo dueño de Alemania. En aquel momento el rey de Francia se decidió a intervenir.


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Intervención del rey de Francia

Intervención del rey de Francia



Después de la muerte de Gustavo Adolfo, Richelieu había prometido dinero a la Liga protestante (1633). Había hecho que tropas francesas ocupasen el ducado de Lorena, aliado del emperador, y las tierras de los príncipes de la Iglesia de cerca del Rin. Cuando vió a sus aliados retroceder ante la casa de Austria, se decidió a que Francia tomase parte en la guerra. Oxenstiern, que expresamente había ido a Francia, firmó una alianza contra el emperador, en la que Francia y Suecia se comprometieron a no hacer la paz sino de común acuerdo.

Bernando de Sajonia-Weimar, con los restos del ejército sueco, se había retirado a Alsacia. Por un tratado secreto Francia se comprometió a dar 400.000 libras anuales para sostener un ejército de 12.000 infantes y 6.000 jinetes, y prometió darles las tierras de Austria en Alsacia.

Al mismo tiempo, Francia declaró la guerra a España y alistó un ejército que invadió los Países Bajos españoles. Richelieu contaba repartirlos con los holandeses. Orto ejército francés pasó el Rin. Pero aquellas tropas, poco aguerridas y mal aprovisionadas, se vieron pronto obligadas a retroceder (1635).


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Invasión de Francia

Invasión de Francia



El año siguiente, Francia fué invadida por dos lados. Un ejército procedente del Artois (que entonces pertenecía a los españoles) entró en Picardía y se apoderó de Corbie. La caballería se corrió hasta pocas leguas de París, incendiando las aldeas y pasando a cuchillo a los habitantes. París se vió lleno de campesinos y de familias que huían, sus carretas, cargadas con los muebles, obstruían el paso en todas las calles.

Fueron destruídos los puentos del Oise para detener al enemigo. Se ordenó que cada casa de París diera un soldado con armas. La multitud murmuraba contra Richelieu que había querido la guerra, y para tranquilizarla se paseó en carroza y sin escolta por las calles de la capital. Por último se reunió un ejército y fué a recuperar Corbie.

Al mismo tiempo un ejército imperial, venido del Franco Condado que pertenecía al rey de España, invadía la Borgoña y ponía sitio a San Juan de Losne. Pero los habitantes se defendieron tan bien, que dieron tiempo al ejército de Bernardo de Sajonia-Weimar para llegar de Alsacia. Por ambos lados la invasión fué rechazada (1636).


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Conquista de Alsacia

Conquista de Alsacia



Bernardo de Sajonia-Weimar fué rechazado hasta Suiza (1637), los suecos hasta Pomerania. Pero Bernardo aprovechó el invierno, durante el cual estaban suspendidas las operaciones, entró en campaña de improviso, sorprendió al ejército imperial cerca del Rin y le derrotó.

Luego ocupó la Alsacia, de donde quería ser príncipe (1638). Sus soldados vivieron en ella sobre el país, que quedó arruinado y despoblado. Subsistió mucho tiempo el recuerdo de los destrozos producidos por los suecos en Alsacia. Se les llamaba todavía «suecos» porque Bernardo estaba al servicio del soberano de Suecia; pero eran aventureros de todas las naciones, lo mismo que ocurría en los demás ejércitos.

Bernardo murió pronto, dejando a sus soldados dueños de Alsacia. Richelieu compró aquel ejército por cuenta de Francia. Prometió pagar a los soldados y dar tierras a los oficiales. El ejército pasó al servicio del rey de Francia, que fué dueño de Alsacia (1639).

Al mismo tiempo, Francia y Suecia se pusieron de acuerdo para que sus ejércitos maniobraran de concierto. El ejército francés había de pasar el Rin y la Selva Negra para llegar a la llanura de Danubio. El ejército sueco, viniendo del Norte, había de invadir Boheia. Los dos se juntarían en el Danubio para caer sobre Viena (1638).

Fué preciso esperar varios años antes de poder ejecutar este proyecto. Un general sueco, Baner, atravesó en pleno invierno toda Alemania. Contaba pasar el Danubio por encima del hielo, pero se desheló el río de pronto. Baner, que era muy borracho, murió de la bebida, y su ejército se desorganizó (1641).

Otro general sueco, Torstenson, restableció el orden. Aun cuando enfermo y obligado a hacerse conducir en litera, maniobraba tan rápidamente que llegó hasta Moravia. Pero el rey de Dinamarca, envidioso de los éxitos de los suecos, se alió con el emperador, y el ejército sueco se vió obligado a interrumpir la guerra para ir a rechazar al ejército danés (1643).


Éxitos obtenidos por los franceses contra España

Capítulo 10 – Restauración católica en Austria
Éxitos obtenidos por los franceses contra España

de Charles Seignobos



Seguía la guerra entre Francia y España. En 1640 los dos pueblos sometidos al rey de España en la Península ibérica se sublevaron, los portugueses al Oeste, los catalanes al Este. El gobierno español, obligado a emplear su dinero y sus ejércitos en el propio país, no pudo emprender nada contra Francia. Los franceses empezaron a conquistar lso Países Bajos.

Mazarino, que tomó el mando después de la muerte de Luis XIII, continuó la política de Richelieu. España quiso aprovechar este cambio para una tentativa más. Un ejército español, mandado por un viejo general experimentado, intentó invadir Francia pro la Champaña y sitió la ciudad fortificada de Rocroi.

Para contener a los españoles, fué enviado un ejército francés menos numeroso. El general en jefe era un príncipe de veinticinco años, el duque de Enghien (más tarde príncipe de Condé), bien visto en la Corte porque se había casado con una sobrina de Richelieu. Para dirigirle se le había agregado un viejo y ducho general, Gassion, recomendándole que no arriesgase batalla alguna. Tuvieron el atrevimiento de atacar al ejército español, más numeroso que el suyo.

La caballería francesa, colocada en las dos alas, cargó por ambos lados. Gassion en el ala derecha dispersó al enemigo, al ala izquierda francesa fué rechazada, y los españoles llegaron hasta el campamento francés. Pero el ala derecha francesa, victoriosa, se volvió y sorprendió a los españoles, que ya se habían dispersado para el pillaje. La infantería española, que formaba el centro, seguía aún apretada en masa compacta que presentaba el frente erizado de picas. El joven duque, a la cabeza de sus jinetes, cargó contra ella tres veces seguidas sin poder romperta. Fueron llevados cañones. En cuando comenzaron a disparar, los españoles agitaron los sombreros en señal de rendición. Quedaron prisioneros 7.000 hombres, toda la artillería española y los bagajes (1643).

La batalla de Rocroi era la primera victoria de los franceses en aquella guerra. Hizo famoso al duque de Enghien. Se continuó peleando en los Países Bajos, en Alemania y en Italia.


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Victorias de Francia y de Suecia

Victorias de Francia y de Suecia



Todos los partidos estaban cansados de aquella guerra interminable. Por último, Francia y Suecia llegaron a ejecutar el plan combinado desde 1638. Un ejército francés entró por la Selva Negra, llegó hasta Baviera y deshizo en una batalla al ejército del emperador en Nordlingen (1643). El ejército sueco invadió Bohemia, destrozó al del emperador y llegó delante de Viena (1645).

El año siguiente los dos ejércitos, sueco y francés, se unieron al cabo e invadieron los Estados del duque de Baviera, jefe de la Liga católica. Era la única comarca de Alemania que no había padecido, y fué saqueada como el resto (1646). El duque de Baviera pidió la paz (1647).

El emperador, amenazado por ambas partes, se decidió entonces a hacer la paz (1648). El ejército sueco estaba en Bohemia y acababa de apoderarse de un arrabal de Praga, cuando llegó la noticia de la paz. El general sueco Wrangel, furioso, cogió su sombrero, le tiró al suelo y le pisoteó.


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Paz de Westfalia

Paz de Westfalia



Ya en 1641 se habían reunido enviados para preparar las negociaciones de la paz. Como el nuncio del Papa no quería entrevistarse con herejes, se convino la reunión del Congreso en Westfalia, en dos ciudades vecinas, —los protestantes en Osnabruck— los católicos en Munster. El Congreso, anunciado para 1642, no se inauguró hasta 1645. En un principio el emperador había querido tratar sólo en nombre de toda Alemania. No se resignó sino después de las derrotas de 1645 a dejar que fueran al Congreso príncipes alemanes.

Hubo negociaciones durante tres años mientras la guerra continuaba. Todos los Estados en guerra estaban representados: —de una parte, el emperador y sus aliados, todos católicos, el rey de España y los príncipes alemanes de la Liga católica;— de otra, la reina de Suecia, el rey de Francia, las Provincias Unidas (Holanda), y los príncipes protestantes de Alemania.

Cada soberano estaba representado por embajadores. Se discutía en latín, muy lentamente. Se había dividido en tres partes las cuestiones por arreglar:

  1. Los derechos de los príncipes del Imperio (arreglo de los asuntos interiores de Alemania).
  2. La «satisfacción de los coronados» (los territorios que había que dar a los reyes de Francia y de Suecia).
  3. El «contentamiento de la soldadesca» (el sueldo que había que pagar a los ejércitos que ocupaban Alemania).

Los holandeses, los primeros, hicieron la paz con España (enero de 1648) sin el consentimiento de Francia. España no quería tratar con Francia, y sus enviados abandonaron el Congreso.

El emperador, inquieto por la guerra que tomaba mal cariz, se decidió a ceder sus dominios de Alsacia a Francia. Luego se arreglaron los asuntos de Alemania, y más tarde se discutió con el ejército sueco. Los tratados de Westfalia fueron firmados por último en agosto de 1648.

El rey de España reconoció la independencia de las Provincias Unidas, y las cedió las provincias católicas que los holandeses habían conquistado al norte del Escalda (forman hoy el Brabante y el Limburgo holandeses). Suecia obtuvo la mayor parte de la Pomeraniay dos antiguos obispados alemanes, Brema y Verden, transformados en ducados.

El rey de Francia, a más de los Tres obispados que poseía desde 1552, obtuvo todo lo que era del emperador en Alsacia, es decir, la parte sur del país y los derechos sobre las «diez villas imperiales». El Tratado estaba escrito en términos contradictorios: el país era cedido al rey de Francia en completa soberanía, y, no obstante, había de seguir formando parte del Imperio.

Los aliados de Francia y de Suecia obtuvieron como indemnización varios obispados o abadías secularizadas. El Elector de Brandeburgo recibió un trozo de Pomerania y los obispados de Magdeburgo y Halberstadt.


Alemania después de los tratados de Westfalia

Capítulo 10 – Restauración católica en Austria
Alemania después de los tratados de Westfalia

de Charles Seignobos



Los asuntos del Imperio fueron arreglados de suerte que quedaran satisfechos los príncipes protestantes y se quitara todo poder al emperador en el Imperio.

Los príncipes calvinistas debían tener los mismos derechos que los príncipes luteranos. —Las religiones debían permanecer en el mismo estado en que se hallaban en 1624, y los príncipes conservaban los bienes de la Iglesia que ocupaban en dicha fecha.— Aun cuando un príncipe cambiase de religión, no podía cambiar el culto establecido en su territorio en 1624. —El príncipe podía obligar a emigrar a aquellas de sus súbditos que practicaban una religión prohibida en la repetida fecha; pero, si los conservaba, no tenía derecho a perseguirlos por su religión ni a impedirles que practicasen su culto en el interior de su casa.

La religión de cada país quedaba así definitivamente establecida y no ha cambiado desde entonces. Alemania ha permanecido dividida entre protestantes y católicos, como lo estaba en 1648. Los protestantes viven, sobre todo, en el este, y constituyen aproximadamente los dos tercios de la población.

Alemania seguía siendo nominalmente un Imperio, en ella había aún un emperador electivo y una Dieta de los príncipes y de las ciudades libres. Pero cada príncipe tenía el derecho de gobernar su territorio como soberano, de sostener un ejército y aun de aliarse con los príncipes extranjeros. No quedaba al emperador más que un título superior a los demás, pero que no le atribuía casi ningún poder.

Suecia hbía adquirido un pedazo de costa en el Báltico. Francia ocupaba una parte de Alsacia, Suecia y Francia podían de esta suerte hacer entrar fácilmente ejércitos en el Imperio. Alemania quedaba abierta al extranjero.

La guerra de Treinta Años dejaba a Alemania arruinada. Las campiñas estaban saqueadas, las aldeas destruídas, las tierras sin cultivo. Se habían hecho desiertos cuyas huellas han durado hasta el siglo XIX. Las ciudades estaban arruinadas y casi no quedaban en ellas artesanos. En ciertas regiones la población había disminuído en dos tercios. Se cree que Alemania ha tardado dos siglos en volver a tener el mismo número de habitantes y la misma cantidad de ganado que antes de la guerra.


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Guerra entre Espana y Francia

Guerra entre España y Francia



La guerra, terminada en Alemania y en los Países Bajos, continuó diez años entre España y Francia.

Un ejército francés había invadido el sur de los Países Bajos españoles. El príncipe de Condé consiguió una victoria más, Lens (agosto de 1648), el ejército español, casi entero, cayó prisionero.

Pero Mazarino tuvo en seguida que defenderse de la Fronda (veáse capítulo IX). Mandó al ejército aproximarse a París, y los españoles aprovecharon la ocasión. Recuperaron las plazas fuertes que habían perdido en los Países Bajos, y en España sometieron a Cataluña.

Francia fué entonces, como Alemania, saqueada por los ejércitos, sobre todo en los alrededores de París, en Picardía y en la Champaña. No se podía impedir que los soldados se dedicaran al pillaje, porque no se les pagaba su sueldo. Los campesinos, no teniendo ya cosechas para alimentarse, comieron hierba y corteza de árboles, y de hambre murieron a millares. Muchos, para librarse de los soldados, huían a los bosques o se escondían en las cavernas. Los cadáveres, abandonados, infectaban el aire. Las epidemias hacían perecer a una parte de los habitantes.

El príncipe de Condé, incomodado con Mazarino, hacía la guerra al ejército francés y acabó por entrar el srvicio del rey de España (1653). Un ejército francés —poco numeroso porque no se disponía de dinero— maniobró durante cinco años al sur de los Países Bajos, tomando una por una las plazas fuertes durante el estío y dejando de batirse durante el invierno.

Por último, Francia logró la alianza de Inglaterra contra España . Cromwell había organizado un ejército muy fuerte (véase capítulo XII). Se puso de acuerdo con Mazarino para juntos apoderarse de Dunkerque, a condición de que Inglaterra conservaría la plaza. Envió 6.000 infantes ingleses (1657) para ayudar al ejército francés de los Países Bajos. El español, que acudía en auxilio de Dunkerque, fué derrotado en la batalla de las Dunas (1658). La ciudad fué tomada y entregada a los ingleses. El rey de España se decidió a aceptar la paz.


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Paz de los Pirineos

Paz de los Pirineos



Dos primeros ministros gobernaban entonces en nombre de su rey: Mazarino en Francia en nombre de Luis XIV, Luis de Haro en España en nombre de Felipe IV. Ambos quisieron discutir personalmente las condiciones de la paz.

Fueron a instalarse cerca de los Pirineos y allí permanecieron cuatro meses (agosto-noviembre de 1658). Estaban en medio del río Bidasoa, que señala la frontera entre Francia y España, en una islita que ha conservado el nombre de Isla de la Conferencia, en la que se había levantado un edificio.

Se estaba casi de acuerdo acerca de los sacrificios que España debía hacer. Pero la discusión fué larga a causa del príncipe de Condé. Había sido condenado a muerte en Francia, y sus bienes estaban confiscados. El rey de España, que le había tomado a su servicio, ponía su honor en hacerle devolver títulos y tierras. Mazarino no quería aparecer como tratando de igual a igual con un príncipe sublevado contra su rey. Por último, el príncipe de Condé envió a pedir perdón al rey y le mandó a decir que «querría poder rescatar con su sangre las hostilidades en que había tomado parte dentro y fuera del reina». Se le devolvieron entonces sus bienes y sus títulos, y se firmó el tratado de los Pirineos (1658).

El rey de España cedió dos trozos de los Países Bajos, el Artois (el Paso de Calais), el territorio de Montmédy y Thionville en la región del Mosela. —Cedió el Rosellón (Pirineos Orientales), lo cual dió a Francia todos los Pirineos como límites por la parte de España.

Para reconciliar a las dos familias, el rey de Francia había de casarse con la hija del rey de España. Se prometió a esta princesa una dote de 500.000 escudos, mediante la cual renunciaba a todos sus derechos a la herencia paterna. Pero Mazarino sabía que España no tendría dinero para pagar aquella dote.

El emperador había perdido su poder en Alemania, España estaba arruinada. Francia, ensanchada a expensas de la casa de Austria, venía a ser el Estado más poderoso de Europa.