Historia de las sociedades secretas, antiguas y modernas en España y especialmente de la Franc- masonería: 7

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Historia de las sociedades secretas, antiguas y modernas
en España y especialmente de la Franc-masonería
Vicente de la Fuente


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no les negaríamos á los priscilianistas el honor de ser los aborígenes de nuestros francmasones modernos.

Las noticias acerca de la secta priscilianista las debemos principalmente á dos escritores franceses coetáneos, San Ireneo y Sulpicio Severo: las de este segundo son muy curiosas por lo que hace á nuestro propósito .

Entre los varios iniciados por el gitano Marco, descollaban dos personas notables: un profesor de retórica llamado Helpidio, y una señora noble llamada Agape. Estos dos iniciaron á Prisciliano, que era un caballero de Galicia, ó quizá más bien del reino de Leon, pues la provincia galiciana se extendia entonces mucho más que ahora. A su vez Prisciliano sedujo á otros muchos, y vinculó su nombre á la secta en España. Noble, rico, de elegante y simpática figura, pasaba por hombre de gran virtud y austeridad, fuera que hipócritamente lo fingiese, ó que tuviera verdaderas virtudes antes de su desdichada caída. Pero es lo cierto que, despues de ésta, se hizo obsceno, sensual y glotón. San Ireneo dice expresamente que Marco y Prisciliano vivian sensualmente con las mujeres que habían logrado iniciar . Sulpicio Severo añade que, a pesar de sus apariencias do virtud, era Prisciliano sumamente orgulloso, y que desde su juventud habia sido aficionado al estudio de las ciencias ocultas . En el proceso quo se le formó en Treveris por el prefecto Evodio. hombre íntegro y rígido, á quien los priscilianistas no habían logrado sobornar, como hicieron con Macedonio.Se le probó y convenció de haber propagado doctrinas obscenas y usado de maleficios, que oraba en cueros, y tenia reuniones nocturnas, en que hombres y mujeres bailaban desnudos, y se entregaban luego á todo género de torpezas y liviandades.

Ya San Ireneo habia narrado los estragos que el seductor Marco había hecho en Francia entre las mujeres, á las cuales iniciaba en los misterios egipcios, todas las cuales eran víctimas de sus prestigios, y despues de su sensualidad insaciable. Así habia pagado la hospitalidad que le diera un pobre diácono iluso, cuya mujer, joven y hermosa, al par que honesta y discreta, fué seducida por aquel gitano, aban-