Historia de las sociedades secretas, antiguas y modernas en España y especialmente de la Franc- masonería: 8

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Historia de las sociedades secretas, antiguas y modernas
en España y especialmente de la Franc-masonería
Vicente de la Fuente


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donando despues á su marido y huyendo en pos del impostor. Marco usaba tambien de la fantasmagoría y de varias ceremonias alegóricas, como los francmasones. Al tiempo de la iniciacion ponia á los adeptos un yelmo homérico, con el cual pretendia ponerlos á cubierto de las pesquisas de la autoridad y hacerlos invisibles, segun él decía. En otra cosa más importante coincidían los priscilianistas con los modernos francmasones, y era en la obligacion de guardar el secreto más impenetrable acerca de sus reuniones y misterios, aunque para ello fuese necesario incurrir en el perjurio.

Jura, perjura, secretum prodere noli

Sus teorías místicas acerca del orígen del bien y del mal, representados por Osíris y Tifon, el culto de la naturaleza y de la propagacion, representadas por la diosa Isís, la explicacion simbólica y estrafalaria de los fenómenos solares, para expresar algunas vulgaridades acerca del saber y la ilustracion, verdades triviales que se ocurren á cualquiera, y otras varias ideas caprichosas, que los maniqueos tomaron de los persas y los egipcios, y éstos á su vez de la seudo-filosofía indiana, las repite la francmasonería con pueril y grotesco respeto.

La muerte ignominiosa de Prisciliano, de Eucrocia su manceba, Latroniano y otros vários priscilianistas, decapitados en Tréveris por órden del Emperador, no puso fin á la secta; á pesar de que la pena capital se les impuso, no solamente por los errores religiosos, sino aún más por su inmoralidad, sediciones y otros delitos . Los cadáveres de Prisciliano y sus cómplices fueron traídos á España por fanáticos sectarios, que le aclamaban santo, y que, á pesar de su obscenidad y lascivia, juraban por su nombre .

La secta continuó propagándose á pesar de los esfuerzos de sabios y virtuosos Prelados de las autoridades imperiales y de los embates rabiosos de los itacianos, que, llevados de falso y amargo celo, dieron ya entónces un funesto ejemplo de les extremos á que pueden conducir la exageracion y el fanatismo. Aquellos ultra-católicos, tipo de exageración violenta, llevada hasta la efusion de sangre y el odio implacable, fueron anatematizados por los Obispos católicos