Historia de las sociedades secretas, antiguas y modernas en España y especialmente de la Franc- masonería (Versión para imprimir)

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Historia de las sociedades secretas, antiguas y modernas
en España y especialmente de la Franc-masonería
Vicente de la Fuente


PRÓLOGO.


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Tiempo hacía que deseaba escribir acerca de la francmasonería y demás sociedades secretas en España, y presentar el verdadero orígen de las contínuas sediciones y pronunciamientos con honra y provecho. Con este objeto procuré adquirir las principales obras escritas acerca de la francmasonería en estos últimos años; mas, por desgracia, fué poco lo que en ellas pude encontrar relativamente á España. Bien es verdad que la francmasonería española está muy desacreditada en Europa, segun me dijeron en Bélgica personas que lo sabian bien, y lo acredita la escasez de noticias que acerca de ella suministran las historias de la masonería. Las de Clavel, Krause y otros francmasones son tan escasas en noticias españolas, como las de los católicos Neut, Gyr y Bresciani. En esta obra voy a desmentir várias de las noticias dadas por Clavel, y copiadas candorosamente por todos los demás escritores tirios y troyanos, católicos y francmasones. Por lo que hace á las patrañas del supuesto John Truth, publicadas últimamente, no hay que tomarse tal molestia, pues se refutan por sí mismas.

Pero ¿cuál es la causa de este descrédito de la francmasonería española, y de la poca importancia que se le da en las compilaciones masónicas extranjeras? ¿Será el tráfico político que ha hecho con los destinos públicos, y la perturbacion que ha producido en el país con sus incesantes conspiraciones?-A bien que otras lógias de Europa y América han hecho y están haciendo lo mismo.

¿Será por la instabilidad de las logias españolas, sus fre-


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cuentes riñas, cismas, disensiones, habitual indisciplina y equivocaciones frecuentes en el manejo de los caudales?—Quizá sea esta una de las principales causas, como tambien el que en las lógias españolas, segun dicen los ingleses que han tenido la debilidad de agregarse á ellas, en España son muchos los masones que alargan la mano hácia el tronco para pedir, y muy pocos los que la alargan para dar.

¿Será tambien por el silencio que ha guardado la francmasonería española acerca de su origen y vicisitudes, esperando á recibir del extranjero noticias para su historia, en vez de darlas ella misma?—Tambien esto ha podido influir mucho en su descrédito, y, por si acaso fuese esta alguna de las razones y concausas, ¿qué cosa mejor puede hacerse, ahora que la francmasonería acaba de romper su capullo, que poner á la vista del público sus precedentes, ascendencia, origen, vicisitudes, conspiraciones, asesinatos, trabacuentas con el Tesoro, pronunciamientos mayores y menores, aciagos ó afortunados, y demás beneficios que ha producido para el bien procomunal de España? Quizá con esto algun iniciado en los secretos de sus archivos, si los hay, se decida á corregir las equivocaciones en que pueda hacerme incurrir la falta de LL... (luces masónicas).

Lo que voy á publicar en su mayor parte es del dominio del público: no haré más que reunir lo disperso, y poner á buena luz lo que estaba oscuro. Creo que los mismos francmasones han de consultar este libro. En él no se trata solamente de la francmasonería, sino tambien de otras sociedades secretas, antiguas y modernas, y áun algunas de ellas rivales ó perseguidoras de la francmasonería. A la verdad, los ultras de la derecha se parecen y asimilan en algunas cosas á los ultras de la izquierda, por aquello de que los extremos se tocan. Yo quiero y debo ser imparcial, aunque esto suele costar algunos disgustos.

Por lo que hace al estilo, no debe extrañarse que éste no sea siempre del todo serio: es difícil guardar seriedad en la narración de cosas grotescas ó de truhanadas.


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CAPÍTULO PRIMERO.

SOCIEDADES SECRETAS ANTERIORES Á LA FRANCMASONERÍA EN ESPAÑA.

$ I



Sociedades secretas en su origen.


Destinada esta obra á tratar principalmente del orígen y desarrollo de la francmasonería en España, no es posible hacer caso omiso de otras sociedades ó reuniones análogas que la precedieron, siquiera no encontremos en éstas el origen de aquélla, sino solamente meras afinidades. Pero como las historias particulares de cada sociedad se deben escribir correlativamente á la historia general, por ese motivo no es posible prescindir aquí de ciertas cuestiones enlazadas con el origen de la francmasonería. que se debaten mucho en el extranjero al tratar esta materia. Los arroyos españoles deben aportar al gran mar de la historia general el caudal de sus aguas, ora limpias y cristalinas, ora turbias y cenagosas, bien sea escaso, bien sea abundante. Al tratar de la influencia de las teorías dualistas del Oriente y del Egipto de los albañiles francos, de los templarios y sus ritos místicos, de los israelitas y sus relaciones misteriosas, sus crueldades secretas y su influencia política, la historia debe consignar lo que éstas fueron entre nosotros antes de la introducción de la francmasonería, y si tuvieron o no alguna parte en el origen de la misma. Mengua seria que los extranjeros hubieran de darnos documentos y noticias acerca de estos puntos tan controvertidos; y que necesitásemos interrogarles sobre cosas de nuestra pátria, en que más bien debemos ilustrarlos á ellos.

No es de esperar que lo digan los francmasones españoles: ellos mismos no saben sobre estas materias más que


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nosotros. Quizá saben menos, pues en sus ridículas consejas y grotescos mitos se envuelven ideas absurdas, que les hacen incapaces de un recto criterio. Porque, á la verdad, ¿qué persona de mediano juicio no se rie de esos pobrecitos escritores que aseguran con gran aplomo que Adan fué francmason? ¿Qué juicio formaremos acerca del estado de la masa encefálica de esos venerables, que nos hablan con tanto aplomo del asesinato de Hiram y otros cuentos infantiles y niñerías por el estilo, buenas para entretener á necios, pero indignas de ser publicadas con seriedad? En verdad que ni ellos mismos las creen como cosa real é histórica ; y si las creen, serán acreedores al más alto desprecio por su credulidad y necedad supina.


¿Quién sabe si antes de poco, entre las muchas novelas y descubrimientos hiperbólicos y ultrafantásticos que están abortando los estudios prehistóricos, hoy tan de moda, se nos hablará de algun francmason fósil, descubierto en terreno cuaternario, teniendo en su mano un martillo de silex, (en castellano pedernal) y una escuadra ó algun triángulo? Pero yo no debo perder de vista que tales estudios acerca del estado caótico, prehistórico y embrionario de la masonería no son peculiares de una historia particular como esta,pues la verdad es que en España lodavía no hemos hallado francmasones y carbonarios fósiles ó antediluvianos. Los datos más antiguos acerca de la francmasonería en España no pasan del año 1727, y áun esos no parecen muy exactos, segun luego veremos. Mas esto no impide que estudiemos ciertas sociedades secretas españolas relacionadas con otras de Europa, á las cuales dan importancia los escritores que describen los orígenes de la masonería.


El P. Bresciani halla el principio de esta en Egipto y en el maniqueismo, y aquí tuvimos á los sectarios de esos absurdos, constituidos en sociedad secreta, en los siglos IV y V, y más adelante en los XII y XIII, y áun en otras épocas posteriores. Vióseles en España, como en el extranjero, pasar del error religioso á la Conspiracion política, y comprometer el órden ¿Cómo, pues, podrá escribirse la historia critica de la francmasonería en España, relativamente á la historia general de esta secta y de otras análogas en Europa y otros paises, sin hablar de los priscilianistas españoles y de los albigenses de Cataluña y de Leon? Aunque yo no admita la teoría del P. Bresciani acerca del orígen egipcio y maniqueo de la francmasonería, preciso es hablar de aquellas sectas, como tambien de los templarios españoles y de los constructores francos, á fin de saber si éstos ejercieron influencia en España.


Mas al separarme de la opinion del P. Bresciani, hallo otra secta, á la cual doy más importancia en lo relativo al


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origen de la francmasonería. En efecto : desde el siglo primero de la Iglesia existe una sociedad maldita con la execracion de Dios, semejante á Satanás en su caida, en la privacion de sus antiguas preeminencias, en el destierro perpetuo de su patria, en el deseo de venganza, en el ódio encubierto á todo principio de autoridad legítima, en aborrecer á todos y ser de todos aborrecida. Esa sociedad proscrita en todas partes, y que en todas partes se halla sin patria ; que varias veces ha querido constituir nacionalidad y nunca lo ha logrado; que en tal concepto desprecia las ideas de nacionalidad y de patria, sustituyéndolas con un frio y escéptico cosmopolitismo. esa tiene la clave de la francmasonería. El calendario, los ritos, los mitos, las denominaciones de varios objetos suyos, todos son tomados precisamente do esa sociedad proscrita: el judaísmo.

Pero ¿cómo han de confesar los francmasones que su origen es judaico, y que por espacio de mucho tiempo han sido unos dóciles instrumentos de los judíos, á quienes parecían avasallar? Esto los rebajaba en el concepto público, y la francmasonería es altamente orgullosa. Combatiendo á la aristocracia, al monopolio y al privilegio, la francmasonería aspira á enlazarse con los templarios y hacer prosélitos entre los príncipes y las clases nobles, y pretende monopolizar el gobierno para repartir los destinos entre sus adeptos y crearse así un poder formidable, que degenera en verdadera tiranía contra los profanos.

Ese principio de ódio, de venganza, subversion de todo principio de autoridad legítima, misterio impenetrable, sensualidad encubierta , supersticion, hipocresía, encono rabioso contra el Cristianismo, ritos sanguinarios, apego á vanas fórmulas y ridículas exterioridades, el francmason necesita inventarlos y remedarlos, pero el judío los tiene como ingénitos, los siente desde que nace , y no puede menos de tenerlos en su situacion abyecta, despreciada y de proscripcion. Ala luz de estas verdades innegables se aclara todo lo oscuro y desaparecen los orígenes misteriosos. La francmasonería en su principio es una institucion peculiar de los judíos, hija del estado en que vivian, creada por ellos para reconocerse, apoyarse y entenderse sin ser sorprendidos en sus secretos, buscarse auxiliares poderosos en todos los países, atraer á sí á todos los descontentos políticos, proteger á todos los enemigos del Cristianismo, incorporarse á todos sus renegados, halagar las pasiones de los poderosos para sojuzgarlos por medio de sus mismos vicios, cobijándose luego bajo el manto de estos ilustres afiliados para eludir la ley y la justicia, proporcionándoles para sus vicios dinero que no podían devolverles, y que los aprisionaban á ellos como esclavos, con aquellas cadenas, hijas de sus propios


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extravíos, y hablando de libertad, instrucción y beneficencia para encubrir sus verdaderos fines. Claro está que la masonería ha mudado de carácter de un siglo á esta parte, y prescindido de los israelitas. En su genio altamente revolucionario, las sectas derivadas de aquella, como La Internacional, prescinden de la francmasonería, y aun se burlan de ésta, como ésta desprecia á los israelitas, lo cual no impide que éstos sean en todas partes sus más poderosos auxiliares. Es público que todos los periódicos más revolucionarios é impíos de Europa están comprados por los judíos, ó reciben subvenciones de ellos y de sus poderosos banqueros, los cuales á la vez son francmasones.

Por lo que hace á las logias sucede lo mismo. Cuando han reñido sus adeptos, cuando todos se van cansando de sus farsas y charlatanismo, el judío no se cansa, el judío no consiente que se abatan las columnas, y sigue asistiendo á la casi desierta lógia.-¿Sois muchos en la lógia? preguntaba Napoleón III á sus hermanos los masones de Argel, años pasados, al recibir la comision que pasó á cumplimentarle con fraternal cortesía.—No por cierto, respondieron ellos : ¡solamente hemos quedado los israelitas! Por ese motivo, al hablar de las sociedades secretas en España, estudiaremos el estado de los judíos en la Edad Media , sus intrigas é influencia, así como tambien las antiguas Comunidades y Germanías, que dieron nombre años pasados á sociedades derivadas de la francmasonería española.


§ II

Los priscilianistas.

(370 á 561.)


A mediados del siglo IV, un egipcio, ó, como decian nuestros antepasados, gitano, llamado Marco, abandonando á Menfis y las riberas del Nilo, aportó á Francia, llevando allá los errores del dualismo maniqueo y las supersticiones de aquella secta. De las orillas del Ródano pasó en breve á las del Duero, como en el siglo XII otros errores, casi iguales, pasaron desde las inmediaciones de Alby á las de Leon en España, verificándose ambas veces el contagio del mismo al mismo territorio, con cierta misteriosa coincidencia. Pretenden algunos historiadores francmasones que su secta es en gran parte procedente del Egipto: si esto fuera cierto.


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no les negaríamos á los priscilianistas el honor de ser los aborígenes de nuestros francmasones modernos.

Las noticias acerca de la secta priscilianista las debemos principalmente á dos escritores franceses coetáneos, San Ireneo y Sulpicio Severo: las de este segundo son muy curiosas por lo que hace á nuestro propósito .

Entre los varios iniciados por el gitano Marco, descollaban dos personas notables: un profesor de retórica llamado Helpidio, y una señora noble llamada Agape. Estos dos iniciaron á Prisciliano, que era un caballero de Galicia, ó quizá más bien del reino de Leon, pues la provincia galiciana se extendia entonces mucho más que ahora. A su vez Prisciliano sedujo á otros muchos, y vinculó su nombre á la secta en España. Noble, rico, de elegante y simpática figura, pasaba por hombre de gran virtud y austeridad, fuera que hipócritamente lo fingiese, ó que tuviera verdaderas virtudes antes de su desdichada caída. Pero es lo cierto que, despues de ésta, se hizo obsceno, sensual y glotón. San Ireneo dice expresamente que Marco y Prisciliano vivian sensualmente con las mujeres que habían logrado iniciar . Sulpicio Severo añade que, a pesar de sus apariencias do virtud, era Prisciliano sumamente orgulloso, y que desde su juventud habia sido aficionado al estudio de las ciencias ocultas . En el proceso quo se le formó en Treveris por el prefecto Evodio. hombre íntegro y rígido, á quien los priscilianistas no habían logrado sobornar, como hicieron con Macedonio.Se le probó y convenció de haber propagado doctrinas obscenas y usado de maleficios, que oraba en cueros, y tenia reuniones nocturnas, en que hombres y mujeres bailaban desnudos, y se entregaban luego á todo género de torpezas y liviandades.

Ya San Ireneo habia narrado los estragos que el seductor Marco había hecho en Francia entre las mujeres, á las cuales iniciaba en los misterios egipcios, todas las cuales eran víctimas de sus prestigios, y despues de su sensualidad insaciable. Así habia pagado la hospitalidad que le diera un pobre diácono iluso, cuya mujer, joven y hermosa, al par que honesta y discreta, fué seducida por aquel gitano, aban-


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donando despues á su marido y huyendo en pos del impostor. Marco usaba tambien de la fantasmagoría y de varias ceremonias alegóricas, como los francmasones. Al tiempo de la iniciacion ponia á los adeptos un yelmo homérico, con el cual pretendia ponerlos á cubierto de las pesquisas de la autoridad y hacerlos invisibles, segun él decía. En otra cosa más importante coincidían los priscilianistas con los modernos francmasones, y era en la obligacion de guardar el secreto más impenetrable acerca de sus reuniones y misterios, aunque para ello fuese necesario incurrir en el perjurio.

Jura, perjura, secretum prodere noli

Sus teorías místicas acerca del orígen del bien y del mal, representados por Osíris y Tifon, el culto de la naturaleza y de la propagacion, representadas por la diosa Isís, la explicacion simbólica y estrafalaria de los fenómenos solares, para expresar algunas vulgaridades acerca del saber y la ilustracion, verdades triviales que se ocurren á cualquiera, y otras varias ideas caprichosas, que los maniqueos tomaron de los persas y los egipcios, y éstos á su vez de la seudo-filosofía indiana, las repite la francmasonería con pueril y grotesco respeto.

La muerte ignominiosa de Prisciliano, de Eucrocia su manceba, Latroniano y otros vários priscilianistas, decapitados en Tréveris por órden del Emperador, no puso fin á la secta; á pesar de que la pena capital se les impuso, no solamente por los errores religiosos, sino aún más por su inmoralidad, sediciones y otros delitos . Los cadáveres de Prisciliano y sus cómplices fueron traídos á España por fanáticos sectarios, que le aclamaban santo, y que, á pesar de su obscenidad y lascivia, juraban por su nombre .

La secta continuó propagándose á pesar de los esfuerzos de sabios y virtuosos Prelados de las autoridades imperiales y de los embates rabiosos de los itacianos, que, llevados de falso y amargo celo, dieron ya entónces un funesto ejemplo de les extremos á que pueden conducir la exageracion y el fanatismo. Aquellos ultra-católicos, tipo de exageración violenta, llevada hasta la efusion de sangre y el odio implacable, fueron anatematizados por los Obispos católicos


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verdaderos y caritativos, y llegaron á ser odiados como los priscilianistas á quienes perseguian, pues no pocos, al defender al catolicismo, suelen dejar de ser católicos, cuando la rabia y la político-manía vienen á encubrirse con la máscara de un exagerado celo.

Todavía el año 561 tuvo el Concilio I de Braga que condenar á los priscilianistas y sus cábalas y combinaciones matemáticas , señal de que existian aún sus sectarios por aquellos países, al cabo de doscientos años. Pero causa aun mayor extrañeza que mil años después se vea retoñar aquella herejía en Alemania, y que un Concilio reunido en Praga, entrado ya el siglo XVI, tuviera que condenar á los priscilianistas y sus libros, que hacian estragos por aquellas comarcas .

$ III.

Los Judíos en España, como sociedad secreta, en tiempo de los godos y los musulmanes.

(580-850.)


Desde los priscilianistas, maniqueos en el siglo IV hasta los a albigenses, maniqueos igualmente en el siglo XIII, media un período casi de mil años.

Aunque haya grandes afinidades entre unos y otros, ¿será posible darles el mismo origen? ¿Quién conservó estos secretos y los trasmitió desde fines del siglo IV hasta fines del XII? ¿Cómo no fueron estos sectarios descubiertos, reconocidos, perseguidos y castigados en tan largo tiempo? Hállanse durante ese período grandes conspiraciones, rebeliones, destronamientos y guerras civiles, pero no se echa de ver una liga ó sociedad que tenga un objeto político trascendental y permanente, fuera de la raza judáica.

A fines del siglo VI y durante el VII hallamos una noticia extraña y de particular retroceso, cual es la reaparicion de la idolatría en España y en la parte de Francia unida á la monarquía visigoda. El cánon 16 del Concilio III de Toledo nos comunica tan extraña noticia. El cánon dice que por toda España y por las Galias se va desarrollando el sacrile-


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gio de la idolatría , y manda, con acuerdo del Rey, que el Obispo y el Juez del territorio hagan pesquisas y exterminen este crimen. Mas debieron ser ineficaces las medidas que entonces se adoptaron, puesto que cien años despues los Concilios XII y XVI de Toledo vuelven á condenar las prácticas idolátricas (681-693.Díctanse disposiciones severas contra los que daban culto á los ídolos, veneraban piedras, consultaban los secretos en las fuentes y en los árboles, y tambien contra los agoreros y encantadores.

Chocante es un retroceso de este género, pues los godos, aunque arrianos y supersticiosos , no eran idólatras. ¿Tendrian en esto alguna parte las supercherías de los judíos, siempre inclinados á fomentar supersticiones entre los cristianos? El Concilio de Ilíberis prohibía ya en el siglo III á los cristianos españoles acudir á los judíos para que les bendijeran las mieses. Posible es que fomentáran todavía supersticiones en el siglo VI; pero parece más probable que éstos actos idolátricos fueran resabios del antiguo paganismo, no extinguido completamente, y aun continuado al amparo de la herética tolerancia de los visigodos arrianos. De todas maneras aparece el paganismo en los siglos VI y existiendo secreta y misteriosamente en España, á pesar de los rigores desplegados contra él.

Tampoco aparece conexion entre estos actos idolátricos y los errores de los maniqueos y albigenses, y por tanto nada se hallará por ese lado para el abolengo fantástico de la francmasonería. Mas, por el contrario, hallamos entónces á los judíos organizados en sociedad secreta, siempre conspirando y mordiendo la mano que aparentaban besar. El Concilio IV de Toledo, en el cual estuvo San Isidoro, aunque reprobó la violencia de Sisebuto, que obligó á los judíos á bautizarse, reprendió tambien el que las autoridades civiles y áun eclesiásticas se dejasen sobornar por ellos, y patrocinaran su habitual perfidia . No mejoraron de cónducta los que permanecieron en España , ó regresaron despues, y el Rey Chintila se vio precisado á volverlos á expulsar.

Al sublevarse contra Wamba el Conde Hilderico y los narboneses, encuéntranse al punto los israelitas al lado de los rebeldes, que les favorecen abiertamente, pagando quizá de este modo anteriores y secretos servicios de traicion.


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Procura Egica honrarlos y favorecerlos, equiparándolos á todos los demás ciudadanos siempre que se convirtieran al cristianismo, y que solamente los que permaneciesen obstinados en los errores de su secta pechasen al fisco el tributo acostumbrado . No debieron ser muy lisonjeros para el Monarca los resultados de esta concesión, pues al año siguiente, y en un cánon del Concilio inmediato, se habla de que habian tramado una conspiracion contra el Rey y contra la pátria, faltando deslealmente á todos y burlándose de la credulidad de los mismos que los favorecian. Nada ménos se proponian que alzarse con el país y la corona : ¡tales eran su orgullo y temeraria osadía ! Mas esto no se explica sin una organizacion secreta, misteriosa y prepotente.

Witiza, por contrariar el sentimiento católico y las disposiciones de los anteriores reinados, no se contentó con favorecer á los judíos, sino que los colocó en dignidades y cargos de jurisdiccion. Quiza le suministráran dinero para sus vicios y para satisfacer los caprichos de sus concubinas, segun lo que esa secta ha solido hacer en todos tiempos, fomentando y explotando los vicios de los príncipes y de los magnates. Los resultados no se hicieron esperar largo tiempo. La conspiracion tramada en tiempo de Egica, y áun quizá abortada en tiempo de Chintila, anteriormente, estallo en el reinado de D. Rodrigo. Ingratos á los favores recibidos, tomaron parte en la perfidia traidora del conde D. Julian, juntamente con los judíos de Africa, á fin de vender á los mulsumanes la independencia de España. Esperaban con el triunfo de estos mejorar de condicion y de fortuna. Vióse en efecto á los judíos combatir bajo las banderas de Muza y otros jefes musulmanes, y las ciudades más importantes de España fueron entregadas á los invasores por los judíos que en ellas residian, y principalmente la ciudad de Tóledo , capital de la monarquía . Vióseles tambien poblar al par de los árabes en Córdoba, Sevilla y otros puntos, y aun pretendieron, poco despues, formar una monarquía independiente en la parte del Pirineo, á las órdenes del llamado Melek-Julani .


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Bien es verdad que poco despues muchos de los que habian venido á España con los mulsumanes, y de los que habia anteriormente, tanto aquí como en las Galias, marcharon á Siria, donde se habia sublevado un impostor llamado Zonarias, que se decia el Mesías verdadero y el Rey prometido para la libertad del pueblo israelita.

Su genio conspirador y sombrío llevó bien pronto á los israelistas que habían quedado aquí á tramar conjuraciones secretas contra los muslimes, sus antiguos aliados. Compréndese fácilmente que los muzárabes trataran de sublevarse contra éstos defendiendo así la religion y la independencia de la patria oprimida, por la cual un puñado de guerreros peleaba con buen éxito en las montañas del Norte, perolos judíos, ¿qué podian esperar de su lucha con moros y cristianos?

Várias son las conspiraciones de que dan cuenta las mismas crónicas árabes, siendo notable entre ellas la del año 828 en Toledo, de cuyas resultas los musulmanes trataron de despoblar aquella ciudad, expulsando de ella á los árabes y judíos, ó por lo menos desmantelar sus muros.

Los judíos llegaron á ser más aborrecidos de los musulmanes que de los cristianos mismos. Durante la Edad Media, se los vé, odiadas en toda Europa, fomentando los vicios de los príncipes y de los magnates, dándoles dinero para ellos, arrendando las contribuciones para tener así el derecho de vejar á los pueblos exhaustos, y ganar el 200 por 100, marchando en pós de los ejércitos para comprar al vencedor los despojos del vencido, siquiera éste fuera su propio convecino, y regateando al soldado el precio de un botin que no podia llevar. Así eran en todas partes objeto, aún más que de ódio, de sumo desprecio.

Pero esta situacion precaria y abyecta les obligaba á la vez á tomar exquisitas precauciones, á vivir con recato, misterio y gran desconfianza; á tener signos secretos y contraseñas con que darse á conocer, ó, por mejor decir, reconocerse, apoyarse y congregarse mútuamente, espiar á sus adversarios y opresores, difamarlos sistemáticamente, sembrar entre ellos rencillas y desconfianzas, vengándose así de sus dominadores, y tomando á veces parte en sus intrigas y maldades para abandonarlos cuando ya estuvieran comprometidos.

No teniendo pátria, y viendo su nacion dispersa, preci-


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samente había de surgir en ellos la idea del cosmopolitismo, tan acariciada hoy por la francmasonería, y que viene á matar las dulces aspiraciones del patriotismo, sustituidas por una idea fantástica y de realizacion quimérica.
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§ IV.

Los waldenses y albigenses en. España: Sus maquinaciones religiosas y políticas.

(1174-1250.)

A fines del siglo XII y durante la primera mitad del XIII, reaparece el priscilianismo en España, como en el siglo IV, y viniendo tambien de Francia y de los mismos países que entónces lo abortaron. Aparece tambien, como entónces, con su carácter sectario y fanático, sus milagros fingidos, su hipocresía, su ódio al catolicismo y sus reuniones misteriosas, siquiera en el siglo XIII éstas tuviesen un carácter de crueldad más bien que de sensualidad; aunque en los sectarios, á veces, la crueldad produzca algo de lubricidad, por cierto fenómeno fisiológico, no bien explicado, aunque si reconocido, en los hombres á quienes la inmoralidad llega á saciar hasta el punto de no bastarles placeres comunes, y necesitar de otros más fuertes y extravagantes, que exciten su sensualidad, embotada por el exceso y la saciedad misma.

Ya en el siglo XII (Octubre de 1174) el rey D. Alonso de Aragon , dió un edicto contra los waldenses ó pobres de Leon, que infestaban sus Estados de Francia y Cataluña, y habian sido condenados en el Concilio III de Letran, año de 1179. La condenacion se hizo á excitacion del Arzobispo de Tarragona D. Raimundo de Castelltersol, lo cual indica que aquella secta habia penetrado hasta la parte meridional de Cataluña. A pesar de eso, continuó propagándose por aquellas regiones; y penetró en la parte septentrional de Valencia, de modo que fué preciso que el Papa. Gregorio IX, entrado ya el siglo mandase establecer allí la Inquisicion contra aquellos herejes. Favorecida y fomentada por los perversos condes de Foix y otros señores, seguía aún esta secta en Cataluña hacia el año 1257; pero de sus excesos nos


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quedan escasas noticias (1). En 1220, el arzobispo de Tarragona premiaba á los Cartujos por su celo contra los herejes, y en 1257 (2) el metropolitano de Tarragona, Rocaberti, paso á Berga, donde dió sentencia contra ciento setenta y ocho acusados de herejía. Como la predominante entónces, sobre todo en Francia y en aquel pais, era la de los albigenses y waldenses, puede conjeturarse que pertenecían á esa secta los condenados en tan considerable número.

En cambio tenemos muchas noticias de las infamias de aquellos sectarios en Castilla. Al venir San Fernando á Toledo, el año 1223, dice un cronicon toledano, «enforcó muchos omes é coció muchos en calderas (3).»

¿Habia penetrado ya la herejía hasta el interior de España, y eran aquellos criminales los sediciosos albigenses?

No lo sabemos; pero es lo cierto que ya para entónces hacía estragos en Leon y Castilla la Vieja, la tierra del priscilianismo. Propagó en Leon la herejía de los albigenses un tal Arnaldo, y es de suponer que tuviera en España el carácter hipócrita, feroz y malvado que en Francia tenia aquella herejía (4). Los albigenses eran verdaderos maniqueos ; admitían todos los errores del Egipto, el dualismo y cierta especie de naturalismo. Odiaban la Religion cristiana y se burlaban de ella en sus reuniones secretas, aparentando catolicismo en público. Fingían milagros, y por medio de sus adeptos propalaban toda clase dé calumnias y difamaciones. Vése en ellos el tipo del francmason moderno, y no es extraño que si algunos templarios llegaron á contagiarse en sus castillos con aquellos errores, cometieran toda clase de infamias de que se les acusó despues

Hé aquí la narracion de D. Lúcas de Tuy, testigo presencial del fanatismo y maldades de los albigenses en Leon (5)

(1) Dióseles el nombre de sabatados por la forma particular de sus zapatos (sabal), ó por un signo que llevaban en ellos para reconocerse, segun dicen otros escritores. El Concilio III de Letrán excomulga á los bandidos Aragones, Navarrones, Tricardinos y otros que indican con estos nombres su origen pirenaico.

(2) VILLANUEVA, tomo XIX, apéndice 42, copia una donación á los Cartujos de Escala-Dei, por lo que habian trabajado contra los herejes y para la reforma de costumbres

No deben confundirse los waldenses con los albigenses; pero aquí no hace falta el deslindar sus respectivos errores.

(3) ANALES TOLEDANOS, tomo XXIII de la España Sagrada, pág. 408 de la segunda edicion. Oportunamente nota Florez que este castigo lo usaba ya su padre don Alonso, pues el Tudense dice que castigaba á los malhechores con horribles penas. Altos eattlartis deeoggebal, alits vivos exeoriabat.

(4) La francmasonería moderna y las sociedades secretas más fanáticas no han llegado, ni con mucho, a los horrores que cometían los albigenses En sus reuniones sacrílegas asesinaban á los que decian haber recibido al Espíritu Santo, arrojándose sobre ellos, mordiéndoles y matándolos á golpes. Aquellos fanáticos permanecían de pié llenos de heridas, extáticos y mirando al cielo, lo cual exaltaba más y más el frenesí de aquellos bárbaros.

(5) Hallase ésta en el cap. IX del libro III De altera vita, ficteique controverstis adversas albigensium errores, escrito por el mismo D. Lucas de Tuy, siendo diácono. Pueden verse los fragmentos relativos á este asunto en el tomo XXII de la España Sagrada, apéndice 47.


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«Despues de la muerte del Obispo de esta ciudad, D.Rodrigo, habiendo discordia acerca de la elección, se aprovecharon de esto los herejes y afluyeron de várias partes á la ciudad de Leon, mirada entónces como capital del reino. Principiaron por fingir y propalar que se hacían milagros en un muladar ó basurero, donde hablan sido enterrados un hereje y un asesino, que había matado á un tio suyo. Había cerca de aquel paraje una fuentecilla, donde por la noche arrojaban algunas materias colorantes, de modo que el agua pareciese sangre. Acudian de los pueblos inmediatos á ver los milagros, y á vista de ellos bebían del agua varios malvados que se fingían ciegos, cojos y endemoniados, y que aparentaban quedar curados en el acto, representando una farsa infame, pagada y ensayada por los albigenses. Llegaron éstos al extremo de querer desenterrar los huesos del hereje Arnaldo, diciendo que era un santo abad que habia muerto como mártir de sus opiniones religiosas, y ya habían construido en aquel paraje, y cabe la fuente, una gran capilla en que darle culto.»

Este hecho manifiesta hasta qué punto se habia propagado y hecho prepotente aquella malvada secta. Seguíala estúpidamente el vulgo, siempre ávido de novedades, y, lo que era peor, no pocos clérigos necios é indiscretos. Pugnaban contra ellos con gran brío los frailes menores y los predicadores, ya establecidos en aquellos países, acusando como herejes manifiestos á los que tales excesos cometian. Estos, á su vez, luego que tenían ya á sus adeptos completamente ganados, y de modo que no pudiesen retroceder, les descubrian las supercherías de que se valían para fingir aquellos milagros, añadiendo con intencion maligna que así eran todos los demás milagros de la Iglesia. En vano los Obispos circunvecinos excomulgaban á todos los que tomaban parte en tan infame culto, pues eran muchos los ilusos, y el mal habia cundido por toda España.

Noticioso de ello un diácono de aquel país, que á la sazón se hallaba en Roma, regresó á su pátria y principió á predicar con gran brío, echando en cara á sus paisanos que la ciudad de Leon, cabeza que era del reino y donde se administraba justicia y daban leyes, fuese foco de infeccion y de herejía que contaminase á toda España. Amenazóles, cual otro Elías, que no lloveria hasta que fuese arrasado aquel


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templo maldito y dispersados los huesos, objeto de tanto sacrilegio.

Preguntóle el magistrado de la ciudad si se comprometia á cumplir lo que había ofrecido; y con la afirmacion del diácono, llevado de su ardiente fé, se procedió á la destruccion del templo y dispersion de los huesos del supuesto mártir Arnaldo.

Por desgracia, al dia siguiente ocurrió un gran incendio, que devoró una gran porcion de casas en la ciudad. Es muy posible que este fuegos fuese procurado por los herejes mismos, pues ellos trataron de explotar aquella desgracia concitando al pueblo contra el virtuoso diácono, y acusándole de que, en vez de agua, sus palabras sólo producían fuego, y acreditaban lo vano de sus promesas.

Quiso Dios que lloviera con abundancia dentro del plazo de los ocho dias, con lo cual se reanimaron los campos y aseguró la cosecha. Aprovechó el diácono aquella ocasion para volver sus predicaciones contra los herejes, y avergonzados de su derrota, los principales fautores huyeron de Leon.

Mas no por eso dejaron de persistir en sus errores, valiéndose de diferentes supercherías. Era una de ellas esparcir por los montes y los campos algunas cartas muy perfumadas, en que, á vueltas de algunas cosas vulgares y católicas, se intercalaban solapados errores. Recogian los pastores aquellas cartas, entregábanlas á los sacerdotes rurales, y éstos, demasiado candorosos , creyéndolas celestiales avisos, las comunicaban al pueblo, inoculándole así incautamente el virus del error y la herejía. Al modo de los modernos protestantes, facilitaban la salvacion con sólo creer; copiando y propalando aquellas cartas, retraian de la confesion y del ayuno, y negaban las tradiciones de la Iglesia.

Sospechando, con razon , el diácono D. Lúcas acerca de aquella superchería, salió con algunos socios, y por mandado del obispo D. Arnaldo recorrieron aquellos montes, en los que hallaron á un hombre mordido por una culebra, que daba grandes alaridos: era el mismo que desparramaba las cartas, de las cuales llevaba una gran cantidad para esparcirlas. Conducido á presencia del Obispo, y arrepentido de sus maldades, confesó sus culpas y ademas declaró las bellaquerías de sus cómplices y los parajes donde tenian sus guaridas y secretas reuniones.


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$ V

Los templarios en España.


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Los templarios vinieron tarde á España, y su importancia pudo ser muy grande, pues que las guerras con los infieles ofrecian aquí un vasto campo á su actividad, una vez perdida la Palestina.

D. Alfonso el Batallador, monarca muy valeroso, calumniado de impío por sus enemigos, dejó su reino de Aragon á las Ordenes militares de Palestina, en un testamento altamente impolítico, por muy piadoso que fuese. Acudieron las Ordenes militares á reclamar su derecho, y por respetar la voluntad del Monarca en alguna parte, se les dieron territorios donde fundar. De Aragon pasaron á Castilla las Ordenes militares de templarios, hospitalarios de San Juan y canónigos del Santo Sepulcro. Estos últimos en España no llegaron á tener carácter militar: sus casas eran de canónigos regulares de San Agustin.

Por lo que hace á los caballeros del Hospital y del Temple, no los vemos en España desplegar el brío que en Palestina, ni áun emular á los caballeros de Santiago y Calatrava. El origen de la Orden de Calatrava lo acredita asi. La historia sorprende á los templarios españoles en un acto de debilidad. Habiéndoles confiado la defensa de Calatrava, adelantada en frontera, acudieron al rey D. Alonso VII manifestándole que no podian sostenerla. De la cobardía de los templarios surgió la noble y valerosa Orden de Calatrava. Lo que hicieron el abad San Raimundo de Fitero y el viejo Velazquez, soldado convertido en monje, y súbdito de aquél,¿no pudieran haberlo hecho los templarios, que tenían á retaguardia castillos y encomiendas? Poco tuvo que agradecer á éstos la independencia de España. En Castilla se los vé á retaguardia en Leon, Galicia y Castilla la Vieja. Dos veces es acuchillada y aniquilada la Orden de Calatrava sobre el campo de batalla, con gran gloría suya, y se la encuentra siempre en vanguardia. Del Temple no se cuentan ni grandes derrotas ni grandes victorias.

En Aragon se los vé encastillados en Monzon y en la serranía de Cantavieja, pero tampoco se cuenta de ellos ninguna proeza. Llegan tarde los sanjuanistas á la conquista de Mallorca , pero al fin llegan: mas nada se dice de los


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templarios, y no sería muy grande su pujanza en Aragón, cuando á derecha é izquierda de la serranía de Cantavieja prosperaban, la de San Jorge de Alfambra en tierra de Teruel, la de Calatrava en su gran encomienda de Alcañiz, y la de San Juan en Caspe.

Aún fijé menor la importancia de la Orden de San Juan, que en otras partes principió á tenerla grande á la caída los templarios, con los despojos de éstos que se les entregaron en Aragon y Castilla. Reconocido por mí el archivo de Aragon y Priorato de Navarra para copiar los fueros y cartas-pueblas, hallé que casi todo lo que tenía la Orden en ambos paises lo debía á los templarios. Otro tanto puede decirse por lo relativo á Castilla la Vieja. La importancia de la Orden de San Juan, en España, data de fines del siglo XIV: aumentóse en el siglo XVI con la incorporación de casi todos los prioratos de la Orden del Santo Sepulcro.

A la Orden de San Juan no se la acusa de connivencia con los albigenses y los francmasones. Mas no sucede lo mismo con respecto á los templarios, á quienes desde el siglo XIII se sorprende en criminales relaciones con los herejes y los musulmanes, sumidos en oriental molicie, y entregados á execrables vicios.

¿Pueden formularse iguales cargos á los templarios españoles?Tuvieron éstos algo de sociedad secreta, podrá considerárseles como ascendienles en el abolengo de la francmasonería española?—Nuestra historia no suministra datos para tan graves cargos, y, no habiéndolos, la respuesta debe ser negativa. El obispo de Gerona, Ponce de Vilamur, sujeto de reputacion muy equívoca, era enemigo del conde de Foix y de los templarios (1). Estos le acusaron en Roma, donde fué depuesto en 1256.

Excavaciones hechas recientemente en el castillo de Ponferrada han hecho encontrar, segun se dice, vários objetos de armamento y utensilios de los templarios: en ellos se ha creído descubrir signos algun tanto sospechosos, y parecidos á las alegorías masónicas (2). Si esto fuera cierto, y apareciera bien comprobado, podría dar lugar á curiosas investigaciones; mas no me ha sido posible proporcionarme dibujos ni calcos de aquellos objetos, ni áun saber


(1) Terribles son los datos que sobre este Obispo publico el P. Villanueva en el tomo II, pag. 83, de su Viaje literario.

(2) En la preciosa novela de D. Enrique Gil y Carrasco, titulada El Señor de Bembibre, en la cual se describe con mucha erudicion y bizarría la caída de los templarios de Castilla, dice aquél, en el cap. XXI, hablando de esto: «En el Castillo de Ponferrada se conservan todavía entallados encima de la puerta dos cuadrados perfectos, que se intersecan en ángulos absolutamente iguales, y al lado derecho tienen una especie de sol, con una estrella á la izquierda. La existencia de tales figuras, de todo punto desconocidas en la heraldica, basta para probar que la opinión que en su tiempo se tenia de sus prácticas misteriosas y tremendas no carecia absolutamente de fundamento.»


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de cierto si existen. Quizá sean inocentes alegorías o caprichosos adornos, que en otro paraje nada significarían, ni deban tampoco ser siniestramente interpretados. Quizá sean tambien fraudes recientes, ó modernas hablillas propaladas por los mismos francmasones, que siempre se han mostrado codiciosos de hallar en los templarios sus legítimos ascendientes.

Por lo demás, es lo cierto que los Concilios de Tarragona y Salamanca los absolvieron y declararon inocentes. El valor y energía con que los aragoneses, reunidos en Monzon, se defendieron contra el Rey y contra todos, amenazando sucumbir primero que dejarse tratar como herejes, prueba en ellos mucha resolución, y esa energía, hija por lo común de la buena conciencia. Esta conducta contrasta con la bajeza y cobardía de los templarios franceses y alemanes. Los españoles, al fin, aunque no fueran todo lo que debían ser, al ménos tenian alguna actividad en un país que se hallaba en guerra contra infieles, y ellos no eran cobardes.

Es más: los caballeros valencianos y algunos aragoneses, lejos de emigrar, se unieron á los de San Jorge de Alfambra, y dieron origen á la Orden de Montesa.

$VI.



Obreros francmasones en España: piedades y groserías artísticas en los templos: juicio crítico acerca de éstas.



Para justificar el título de albañiles francos (franc-ma-cons) se ha buscado el origen de esta palabra en las cofradías ó reuniones de albañiles y constructores de la Edad Media, que se dedicaban á la edificación dle iglesias, palacios, casas municipales y otras grandes construcciones de aquella época. Tenían éstos su dialecto particular, sus signos peculiares para reconocerse, sus socorros mútuos y una organizacion misteriosa. Reunidos en grandes cuadrillas iban de país en país, en busca de trabajo y de contratas, y estaban en contacto con el clero, la aristocracia, los artistas y la gente de dinero. Los Papas y los Obispos, lejos de sospechar de ellos, los colmaron de beneficios y les dieron privilegios y Bulas, que se han publicado para demostrar su importancia. En las cuentas de obras hechas en algunas iglesias de Cataluña se habla de lombardos : en mi juicio, eran obreros y constructores italianos.

Los historiadores modernos han reunido muchos datos


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curiosos acerca de estos trabajadores, á fin de probar el origen de la francmasonería en ellos, y su alianza con los extinguidos templarios, que, refugiados en Escocia, se valieron de ellos y de su impiedad y vicios para encubrir sus conspiraciones, y propagarse por Europa á la sombra de sus privilegios y del favor que obtenian en calidad de buenos obreros. Quizá haya algo de verdad en esto; pero, á pesar de lo que se ha escrito sobre ello y la gran erudicion acumulada, para confirmar esta tésis, no siempre con buen criterio, no creo que se le pueda conceder la importancia que le dan algunos escritores modernos.

Las observaciones principales acerca de esta materia son:

1.ª El notar que algunas esculturas de la Edad Media están en posturas que representan los signos masónicos tradicionales (1).

2.ª Que otras veces son caricaturas grotescas de clérigos y monjes, sátiras de ellos en piedra y madera, que muestran la aversion de los constructores contra el clero, y la burla que hacían de las cosas y ceremonias de la Iglesia.

3.ª El título mismo de la institucion masónica, alusivo á la congregacion de aquellos obreros, los utensilios y distintivos masónicos, como la escuadra, el martillo, el mandil o delantal de trabajo, y otras cosas á este tenor.

4.ª Que las reuniones de albañiles francos tenian una jerga o dialecto particular para conservar su organización misteriosa y sus tradiciones artísticas.

No extrañaré que los judíos y protestantes, padres verdaderos de la francmasonería, aquéllos en su origen y estos en su desarrollo, buscasen la cooperacion de los albañiles francos, procuraran atraerlos con favores y malearlos para servirse de ellos y explotarlos, de paso que los pervertian: pero estas agrupaciones estaban ya en decadencia, y casi habían desaparecido, cuando la francmasonería verdadera principió á desarrollarse por Europa (2).

Dejando á un lado lo relativo á otros países, veamos si en España se encuentra algo de estas agrupaciones misteriosas de obreros, pues no se trata aquí de la francmasonería en general, sino de su historia relativamente á España.

Las construcciones artísticas irrisorias del clero, impías


(1) Esto puede ser hijo de la casualidad, y no de intencion. En los cuadros de la vida de San Bruno, en el Museo nacional, está un cartujo delante de San Bruno en la actitud del aprendiz delante del maestro. ¡Y quien dirá que el piadoso Carducho fuese francmason, ni supiese nada de ceremonias masónicas.

(5) ¿Que importancia podían tener en el siglo XV esas asociaciones de constructores, cuando en Francia no había un arquitecto ni constructor que supiera cerrar una bóveda, ni se atreviera a intentarlo, segun el escritor Violet le Duc?


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y obscenas, se hallan en España tanto como en cualquiera otro país de Europa, y con todo no creo tengan contacto con la francmasonería, ni que la construccion de éstas fuese de mano de albañiles francos. Más bien hallaré en ellas cierto sabor judáico. Digamos ante todo algo acerca de estas construcciones, fijando hechos y noticias para poder juzgarlos.

Las grandes construcciones de nuestras catedrales se refieren á dos épocas, que son el siglo XIII y el siglo XV al XVI. Las construcciones sospechosas de los siglos XIIy XIII están principalmente en Galicia y Castilla la Vieja, y son irrisorias. Las esculturas sospechosas del siglo XVI se hallan tambien hacia los mismos países, y más bien que irrisorias son obscenas. En la Corona de Aragon y en la parte meridional de España, donde las pasiones sensuales suelen ser más vivas, apenas se hallan vestigios de estas impiedades ni misterios, pues solamente he oido hablar de alguna escultura sospechosa en la parte de Cataluña, próxima á Francia.

En el trascoro de la catedral misma de Toledo se dice que hay una escultura inconveniente; yo no la he visto en las várias veces que he visitado aquel templo. El hospital del Rey en Santiago, construccion de la época de los Reyes Católicos, es precisamente uno de los edificios donde hay más objetos inverecundos. Sobre todo, las gárgolas por donde se vierte el agua son tan caprichosas como obscenas, representando las partes genitales, y hombres y mujeres en actitudes repugnantes.

Del mismo siglo XVI son las esculturas del coro de la catedral de Zamora, las más obscenas, satíricas y picarescas en su género, y que rebosan odio y desprecio contra los frailes y los monjes. En unas, un fraile está leyendo en un libro, y á cada lado tiene un diablo en actitud de ventosearle. En otras, un diablo puesto de espaldas entre dos monjes, dirige sus efluvios á las narices de éstos. Estos grupos forman pre- cisamente la pequeña ménsula que suelen tener las sillas corales para apoyarse ligeramente en ellas los canónigos cuando están en pié (l). La del dean, precisamente, representaba á un fraile y una monja en tal acto y tal postura, que un señor dean se creyó en el caso de romper las figuritas á martillazos. Los artistas lo vituperarán, pero los católicos no. Finalmente, en la barandilla de la subida á la puerta lateral izquierda del coro se ve á un fraile predicando á unas gallinas. En la capilla lleva una que ya se ha dejado coger. La alusion no puede ser más picaresca y maligna. Omito otras várias y peores que podria citar: basta con esta mues-

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(1) Santa Teresa llama comas á estas ménsulas, (Edicion de Rivadeneira, tomo I, pág. 153.


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tra para nuestro propósito y para indicar que ese género masónico, ó lo que sea, no fué desconocido en España.

Añadiré á esto otra observacion curiosa. Los canteros y picapedreros de la provincia de Pontevedra son los más hábiles de Galicia, ó pasan por los mejores. A ellos se encargan generalmente las principales obras de cantería y las grandes construcciones, no solamente en Galicia, sino tambien en Leon y Castilla la Vieja, hasta por Valladolid y Salamanca, disputando esos trabajos á los vizcaínos , sus émulos en estas tareas.

Aquellos constructores son, no solamente diestros, sino tambien ágiles y sueltos, se sostienen fácilmente y con serenidad á gran altura sobre ligeros andamios, y trepan sin vacilacion a las torres y cimborrios de las iglesias, resultando así más económico su trabajo, que no el de los albañiles del país, que exigen más precauciones y más sólidos andamios.

Entre estos constructores gallegos se ha observado que hay cierta especie de masonería. Ellos tienen su dialecto particular, con que se comunican, sin que sepan los otros lo que se están diciendo (1), se apoyan mútuamente y se recomiendan y favorecen de un modo muy marcado.

—¿Pero indica esto que sean verdaderos masones? (2)

En mi juicio, no. Estos dialectos particulares, como el patois que se habla en los puertos, y sobre todo en los de Levante, es un fenómeno comun y sencillo, sin malicia alguna. El trato frecuente entre personas que tienen hábitos comunes y necesidad de entenderse de un modo especial, viene á engendrarlo. Perez Bayer, en su Memorial á Carlos III contra los colegiales mayores de Castilla, acusaba á éstos de tener un dialecto particular y voces de uso peculiar. Pero¿qué tenía esto de extraño? No há mucho tiempo me referia una señorita, educada en un colegio excelente, y á cargo de religiosas, que las colegialas mayorcitas tenian un dialecto particular, formado de voces de uso comun y corriente, á las que daban otro sentido, por cuyo medio se comunicaban entre sí, aun á presencia de las mismas maestras y de las otras colegialitas de menos edad, sin que unas ni otras comprendieran lo que se decian, formando esta conversacion enigmática y misteriosa las delicias de las iniciadas en el secreto, que se burlaban así de las demás personas con quienes vivan. ¿Diremos que era esto cosa de masonería?

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(1) Los canteros del concejo de Rivadesella, erguinos, y los tejeros del de Llanes, tamargos, en Asturias, tienen tambien sus Jergas especiales, con el mismo objeto que los canteros de Pontevedra.

(2) También se han querido mirar como masónicos los signos geométricos de otras figuras que ponian los canteros en las piedras labradas para saber quién las había desbastado. Algunas de ellas, que he visto en iglesias y catedrales antiguas, creo no tengan mas significación.


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No doy importancia alguna á esos misteriosos dialectos, ni aun á los signos particulares entre obreros de un país, resultado del trato y de la necesidad de entenderse con cierto recato.

Algo de analogía tiene con esto el observar que casi todos los marinos, con pocas honrosas excepciones, están afiliados en la francmasonería, y sobre todo los de los puertos de Galicia; pues tanto allí como en Andalucía abundan las lógias, y es opinion comun de ambos países que apenas hay marino militar ó mercante de alguna importancia que no sea mason. El trato con otros iniciados, la inercia en que viven por largas temporadas, las ventajas materiales que les resultan en su trato cuando por medio de los signos masónicos se dan á conocer á personas á las cuales nunca vieron ni trataron, explican el por qué de la francmasonería verdadera entre los marinos (1)

Pero con respecto á la escultura irrisoria é impía en España, creo que debe hacerse una advertencia, que desvirtúa su importancia. Las burlas son por lo comun dirigidas contra los monjes y los frailes, más bien que contra la Religion, y esto facilita la explicacion de aquellas caricaturas. Los monjes hablan decaido mucho en el siglo XII: la reforma Cluniacense, si logró algo, fué muy pasajero, y, apoyada en la córte y en la política, ni duró mucho, ni ella fué bien vista de todos. Los Obispos y los cabildos , al ver los diezmos acaparados por los monjes, y á éstos viviendo con gran soltura, alegando exenciones y privilegios, que los enredaban en continuos pleitos, vinieron á mirarlos, ora con aversion, ora con desprecio. De aquí las caricaturas contra ellos en las catedrales. Sólo así se explica que las tolerasen los Prelados que litigaban con ellos. -Véase la época de la construccion de la iglesia, y regularmente se hallará que el cabildo tenía algun pleito ruidoso con algun monasterio rico y poco austero.

Razon análoga milita en el siglo XVI. Los mendicantes habian decaido mucho: los claustrales eran objeto de escándalo en casi todos los pueblos. Cisneros suprimió unos y reformó otros institutos; pero esta reforma fué poco eficaz, y los frailes llegaron á ser en algunos territorios objeto de aversion para los cabildos. Así pueden tambien explicarse los motivos de esas esculturas satíricas de la catedral de Za-

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(1) Refiere Neut un caso curioso á este propósito. En una de las lógias de Amberes había recepcion masónica, a la cual fueron invitados varios capitanes de buques mercantes que habia en el Escalda. Tres de estos eran norteamericanos. Por casualidad uno de los que iban á ser iniciados era un mulato, capitan de un barco. Negáronse los marinos norteamericanos á reconocerlo por hermano. El venerable, como buen belga, les echó una arenga sobre la fraternidad, igualdad y otros géneros masónicos. Los norteamericanos no se quisieron convencer, y salieron de la logia diciéndole: Al diablo nuestra fraternidad.


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mora, y de otras. En muchas partes se pintaba al diablo tentador vestido de fraile, y quien haya estado en el Escorial no dejará de recordar, que en la tentacion de Cristo en el desierto, pintada en un fresco del claustro, el diablo tentador está vestido de fraile francisco, ensenando las uñas y la cola por debajo del hábito. Aquello se pintaba á los ojos de Felipe II y de una comunidad de monjes jerónimos, sin que eso les escandalizara.

En las Meditaciones sobre el Evangelio, del P. Natal, se ve tambien disfrazado de este modo al espíritu maligno, y esto en una obra de un jesuita virtuoso y coetáneo de San Ignacio. El libro satírico titulado Navis stultifera, obra del siglo XVI, ilustrada con grabados satíricos y caricaturas, abunda no poco en este género.

No podemos, pues, dar una importancia masónica á estas caricaturas impías, grotescas ú obscenas. A veces los artistas, mal retribuidos, defraudados en sus esperanzas ó en sus créditos, en arrebatos de mal humor, se permitian semejantes ligerezas, por no calificarlas con términos más duros, y tambien más propios. Miguel Angel pone en el infierno á un Cardenal á quien tenía ojeriza. Las esculturas son á veces indecentes desde algun paraje por casualidad y contra la mente del escultor.

Finalmente, como las esculturas estaban cubiertas por los andamios, no era posible que los cabildos las advirtieran hasta que éstos quedaban quitados, y entónces el remedio ya era tardío y difícil.

$ VII.

Las hermandades revolucionarias de Castilla y Leon en el siglo XIII.

No hablamos aquí de aquellas piadosas cofradías que, con el título de Hermandades, tenian por objeto defender el órden, custodiar la propiedad y perseguir a los malhechores, como hacian las llamadas guildas ó guildonias, contadas entre las asociaciones piadosas de la Edad Media. En España hubo varias de ellas, y no poco célebres, siendo la más notable la Hermandad vieja de Toledo. Muy al contrario de éstas fueron otras hermandades, que principiaron en Castilla á fines del siglo XIII, con carácter altamente revolucionario y sedicioso.

Fué D. Sancho el Bravo para su padre D. Alfonso el Sabio lo que Fernando VII para Carlos IV. Ni D. Alfonso ni D. Carlos gobernaron bien, pero aun lo hicieron peor sus


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jos; y conspirando contra sus propios padres, mancillaron sus canas. Al lanzarlos del trono, atrajeron sobre sí las maldiciones del cielo, y sobre el pais un diluvio de calamidades públicas.

El desgraciado D. Alfonso el Sabio, legislador de Castilla, se vió en los tres últimos años de su vida atropellado por un hijo á quien la historia apellida Bravo en vez de Pravo, ó malvado, pues en la mala pronunciación de aquel tiempo sustituian la B por la P, cuya pronunciacion se hacia difícil á la gente de sangre mozárabe. El rebelde D. Sancho hubo de atropellar, no solamente á su padre, sino tambien á los legítimos herederos del trono. Los tres descendientes de aquella dinastía intrusa tuvieron tres minorías horriblemente aciagas y tres muertes desastrosas. D. Fernando, el Emplazado, muere de un modo inesperado y misterioso ; Alfonso XI muere herido de la epidemia reinante, y D. Pedro el Cruel muere á manos de un hermano bastardo, que sustituye una dinastía ilegítima á otra ilegítima.

Ésta es la síntesis de la desdichada historia de Castilla desde fines del siglo XIII á fines del XIV, en que el hecho se convierte en derecho, á duras penas, en tiempo de Enrique III, el Doliente, casando el descendiente del asesino. con una descendiente del asesinado, pero sin volver, nótese bien, al principio estricto de la legitimidad verdadera, no representada por ninguno de los descendientes de Sancho el Bravo. ¡Tan árduas han sido en todos tiempos las cuestiones de legitimidad, y tan desastrosas las consecuencias de las conspiraciones de los hijos contra sus padres! ¿Y miradas las cosas de España en el siglo XIX á la fúnebre luz que nos comunica la historia del siglo XIV, en todos conceptos desdichado y de retroceso, extrañaremos que Fernando VII, destronador de su padre, legára á su descendencia el funesto reato que D. Sancho el Bravo dejó á la suya.?

Los modernos biólogos reducen las leyes de la historia de la humanidad terrestre á una especie de fatalismo, al cual pretenden dar proporciones casi matemáticas: los católicos, que preferimos las leyes morales á las físicas, estudiamos la biología en las altísimas de la Providencia divina, que rige á la sociedad por las mismas con que dirige a los individuos, pues su ley en todo es una. Este principio se niega tambien por algunas escuelas modernas, que no quieren convenir en que las leyes de la sociedad son las del individuo. Por mi parte, en esto, como en todo, soy partidario de la unidad.

Para legitimar D. Sancho el Bravo la sublevacion contra su padre D. Alfonso, calumnió á éste, exageró sus defectos, halagó las pasiones bastardas de los magnates y los conatos de la gente levantisca, y al efecto celebró Córtes en Valla-


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dolid, mientras su padre las convocaba en Toledo. Castilla la Vieja, Leon, Galicia y Astúrias concurrieron á Valladolid; Castilla la Nueva y Andalucía seguian á D. Alfonso, aunque con alguna vacilacion, que no suele ser grande el fervor de los adoradores del sol poniente. D. Alfonso se retiró á Sevilla á llorar con sus cantigas dolientes, y pudo vivir tranquilo en la ciudad que no quiso dejarle, y que ha tenido el buen sentido de no querer entregar los huesos del Monarca, para que anduvieran por los suelos del estrafalario almacen arqueológico apellidado Panteon nacional.

Triunfó el hijo pravo y rebelde, pero á su vez triunfaron de él los cómplices de su crimen, le abrumaron con sus exigencias, y más de una vez hubo de sacar la espada para hacerse respetar por la fuerza, ya que no podia por la justicia. No es de este momento la relación de esos pronunciamientos con honra, que describe nuestra historia, aunque no por entero, ni tampoco cumple á nuestro propósito descender á tales pormenores. Baste decir que en las mismas Córtes de Valladolid de 1282 los señores de Leon y Castilla hicieron una hermandad ó alianza ofensiva y defensiva, los Obispos y Prelados eclesiásticos hicieron otra para defenderse contra el Rey, los magnates y los concejos, y á su vez los procuradores de los concejos, se aliaron entre si contra los otros tres poderes.

De la hermandad hecha por los grandes nos habla la historia : la de los Prelados es ménos conocida, pero más curiosa. Firman y sellan el documento los obispos de Astorga, Zamora, Mondoñedo y Badajoz, los abades de Sahagun, Celanova, Osera, San Martín de Santiago, Valparaiso, Sobrado y otros, convocados en Córtes por D. Sancho, y acuerdan darse mútuo auxilio, consejo y favor para mirar por sus libertades y privilegios, y de todos los demás que se les adhiriesen, y al efecto reunirse cada dos años en el domingo tercero despues de Pascua de Resurreccion.

A los concejos hubo de concederles el Monarca rebelde cuanto quisieron pedirle, deshaciendo lo que con gran maestría y alta política habia organizado el sábio monarca San Fernando, quitando abusivos privilegios y vigorizando el poder real. Todos estos actos de San Fernando, continuados por D. Alfonso el Sábio, eran denunciados como agravios y contrafueros,y D. Sancho se veía precisado á renovar aquellas abusivas franquicias, que las necesidades y apuros del

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siglo XII habian arrancado á los Monarcas. A unos ofrecia que no pondria merino que administrase justicia, sino que se ejercitaría ésta por los alcaldes, condenando los pueblos á la tiranía oligárquica y al caciquismo. A otros les renovaba el absurdo privilegio de que se eximiesen de ser pe- cheros los que tuvieran caballo, elevando así á la dignidad de caballeros á los que poseyesen un rocin para silla y arado, no quedando apenas en los pueblos quien contribuyera al levantamiento de las cargas públicas.

Des pues de un breve y desastroso reinado de once años, murió D. Sancho, dejando sus hijos y su desbaratada monarquía en manos de Doña María de Molina, digna de mejor marido. La historia la apellida la Grande: aquella mujer varonil fue lo único que por entónces hubo de grande en Castilla, donde la mayor parte de los grandes eran, no pequeños, sino bajos. Renováronse las hermandades, que don Sancho no habia podido concluir de aniquilar, siguiendo en esto la costumbre de los tiranos y de los arquitectos, que en haciendo el edificio procuran quitar los andamios.

Curiosa es la escritura de hermandad que en 1295, año en que murió D. Sancho, hicieron los concejos do Leon y Galicia (1). Dice así: «En nombre de Dios et de Santa Maria Amen. Sepan cuantos esta carta vieren, como Nos los Conceios de los regnos de Leon e de Galicia que fuimos aiuntados en Valladolit para firmar et poner en orden las cosas que fueren en servicio de Dios e del Rey o guarda de su señorio et ayuda de toda la tierra... Et para guardar o cumplir todos los fechos de esta hermandat faciemos facer un siello de dos tablas, et que esté tal cual en la una tabla fegura de leon, en la otra tabla fegura de Santiago cabalgando en fegura de caballo con una fegura de seña (2) eña mano, e en la otra mano fegura de espada, e las letras dél dicen asi «Seello de la hermandat de los regnos de Leon e de Gallicia» et este siello faciemos porque si por aventura nuestro señor el Rey Don Fernando, ho los otros Reis que vernán despues de el nos pasasen o nos quisiesen pasar en algunas cosas contra nuestros fueros e privilegios e cartas e libertades e franquezas e buenos husos (sic) e buenas costumbres que oviemos en tiempo del emperador ( ) e de los otro Reis aquellos de que Nos nos juzgamos, e que nos el Rey Don Fernando, nuestro Señor, otorgó, lo que fariamos por Dios o por la su mercet, que lo non quisiera facer que nos gelo enviemos rogar e mostrar por la nuestra carta seellada con este nuestro seello, que nos enderece aquello en que percebimos

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(1) Existe en el archivo municipal de Benavente, donde la copié el año 1856.

(2) Bandera: en efecto, se ve en el sello á Santiago con una bandera en la mano izquierda.


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el desafuero, et otro si para seellar las otras cartas que ovieremos menester para fecho de esta hermandat, et este siello mandamos poner en fieldat en el concello de la ciudat de Leon que lo tenga por sí e por Nos...»

Prevenidos en demasía andaban los concejos de Leon y Galicia, entrando con ellos gran parte de Castilla la Vieja. Necesitábase tan poderosa liga para hacer representaciones al Rey, cuando éste era un pobre niño, á merced de malvados y ambiciosos tios.

Por aquel mismo tiempo los tiranos oligárquicos de Aragon arrancaban á los Monarcas funestos privilegios, y grababan un sello en que se veia al monarca sentado en el trono, y á derecha é izquierda á varios nobles de rodillas, pero con la mano en el puño de la espada (1). El sello de los señores de Aragon completa el sentido del sello de los concejos de Leon y Galicia, sólo que los aragoneses, aunque más rebeldes, eran más francos. El pergamino de esta hermandad concluye así: «Esta carta de esta hermandat fue fecha e firmada en Valladolit doce dias de Julio era de mil e trescientos o treinta e tres años (2).

»Estos son los Conceios que son en esta hermandat: Leon, Zamora, Salamanca, Oviedo, Astorga, Ciudad-Rodrigo, Badaiós, Benavente, Mayorga, Mansiella, Avillés, Villalpando, Valencia, Galisteo, Alvá, Rueda, Tineo, La Puebla de Lena, Rivadabia, Colunga, La Puebla de Grado, La Puebla de Canas, Vivero, Rivadesella, Belber, Pravia, Valderas, Castro Novo, La Puebla de Lanes, Bayona, Betanzos, Lugo, La Puebla de Malagon: yo Johan Johanes lo fice escrebir por mandado de la hermandat.»

Se me dirá que en esta hermandad no se vé nada de sociedad secreta.

Es verdad; pero por ahí principian las conspiraciones, las rebeliones y los pronunciamientos con honra y sin honra, y lo que podemos juzgar de los tiempos pasados por lo que sucede en los presentes.

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(1) Véase el sello de la Union de Aragon en la obra de Bancas Commentaríi rereviz Aragonensis.

(2) Corresponde el año de 1295.


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$ VIII.

La Union de Aragon como sociedad Secreta: sus misterios y crueldades en Valencia.

(1347 y 48.)

Las funestas hermandades de Castilla vinieron á tener un triste remedo en la Corona de Aragon. Si en Castilla tenían el carácter de una rebelion permanente y organizada, pero pública. en Aragon, ó por lo ménos en Valencia, tomaban ya la actitud de una sociedad secreta, con sus misterios y sus asesinatos al estilo moderno. Dejónos algunas noticias, aunque escasas, acerca de estos acontecimientos, el mismo D. Pedro el Ceremonioso , contra quien y sus antecesores se hizo aquella Union o hermandad, preludio de las futuras Germanías y de los modernos pronunciamientos; y siquiera su testimonio sea parcial en esta materia, con todo, no he tenido inconveniente en aceptarlo y consignarlo como verídico.

Dió motivo á estos levantamientos la discusion sobre el derecho de suceder en la Corona, funesta cuestion que los aragoneses no tenian bien decidida. El Rey quería que sucediese su hija, pero sus ambiciosos hermanos, influyentes en elgobierno, se oponían á ello. La política astuta del Rey, y los desacuerdos de la real familia desde el anterior reinado, traian tambien los ánimos alterados y levantiscos: Como el año de 1347 cuando el Rey quitó la gobernacion del reino al infante D. Jaime, presunto sucesor al trono. Mandóle retirarse á Balaguer, pero el infante se fue á Zaragoza, contra, la órden terminante del Rey, que se lo prohibia. No hubiera hecho más cualquiera de los ambiciosos modernos.

El infante se declaró en rebelion abierta, reunió á todos los señores descontentos en virtud de un mal fuero arráncado á la debilidad bondadosa de D. Alonso III, apellidado el Liberal, y á quien hoy dia ningun ambicioso quitaría ese dictado. El año 1287, en día de Inocentes (que no pudo buscarse dia más á propósito) capituló el buen D. Alonso III, y otorgó á los revolvedores de Zaragoza (¡siempre lo mismo!) que en adelante no pudiera proceder el Rey contra ninguno.

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sin anuencia del Justicia y de las Córtes. Entrególes en prenda diez y seis castillos, y les facultó para elegir otro Rey si llegaban á considerarse agraviados.

Se vé, pues, cuánta razon tenian los liberales aragoneses para apellidar liberal al pobre Rey, que se rebajaba hasta el punto de firmar tan disparatada y anárquica constitucion, la cual ponia la corona á merced de cualquier ambicioso. No era hombre D. Pedro el del Puñalet de aguantar fácilmente aquellos desmanes, por lo cual se preparó á deshacerse de los revoltosos infantes y de la anárquica constitucion en que se apoyaban. Pero le costó no poco trabajo, astucia, paciencia, valor y riesgos el conseguirlo.

Es cosa muy de notar que aquella constítucion anárquica era muy querida y decantada por la aristocracia; pero la odiaba la verdadera democracia, representada por las comunidades do Calatayud, Daroca y Teruel, y además Huesca, que en esta ocasion estuvieron al lado del Rey y de los leales, contra los infantes, los señores turbulentos y la plebe de Zaragoza, ansiosa siempre de alborotos, con los que medraba sin trabajar.

«Ante todo, dice el mismo Rey, mandaron fabricar un sello parecido al nuestro, nombraron á ciertas personas con el título de conservadores de la Union , las cuales escribían por el país mandando, requiriendo y ejecutando muchos actos de jurisdiccion y superioridad que se atribuian . A pesar de todo esto, nos escribían tambien á Nós suplicándonos y requiriéndonos que fuésemos á convocar Córtes en Zaragoza, y nos hacían saber cómo habían establecido dicha Union, dándonos á entender que su, objeto al establecerla era para mayor honra suya y de nuestra corona.» ¡Lo de siempre!

Valencia se adhirió á la Union, y suerte tuvo el rey de que no se adhiriese Barcelona, aunque no quedó por ruegos y gestiones de los Unidos que Cataluña no se levantase. Afortunadamente para el rey, los catalanes le permanecieron fieles, le ayudaron á derrotar al rey de Mallorca, que desde Francia atacaba su territorio, y terminado esto, vino á pacificar á los aragoneses, poniéndose en manos de los de La Unión, lo cual le costó muy caro, pues le pusieron poco Menos que preso, sin dejarle hablar sino con los sujetos que designaban los sublevados, y eso en público y con testigos.

Abriéronse las Córtes en la iglesia de la Seo, y los de la Union fueron tan tolerantes, que no dejaron á los diputados de las Comunidades sentarse ni áun en el suelo, pues en las

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Cortes de Aragon sin duda escaseaban los bancos, y los diputados de las ciudades y villas no tenian reparo de sentarse en el pavimento a estilo moruno.

No conduce á nuestro propósito narrar todas las, peripecias dé aquellas rebeldes y tumultuosas Cortes, que se trasladaron luego al convento é iglesia de Predicadores, monumento histórico por muchos cencepto necrópolis de personajes célebres, que la revolucion acaba de demoler (1). Los desatinos de los de la Union principiaron á cansar á los hombres de orden, y éstos, saliendo de su apatía, principiaron á adherirse al Rey, el cual en pleno Parlamento, llamó traidor al infante su hermano. Los de la Union comprendieron que el Rey debia contar álgunos coligados, cuando se atrevia á tanto. A la verdad, al llamarle traidor no le decia ninguna mentira.

El Rey logró á duras penas salir de Zaragóza después de ofrecer a los de la Union todo cuanto le pidieron, con ánimo de no cumplirles nada. Pero; por desgracia suya, salió de poder de la Union de Aragón para caer en manos de la Union dé Valencia, que le trató peor: Con un pequeño, ejército, que logró levantar en Cataluña, llegó a Murviedro desde donde procuró hacer entrar en razon a los de Valencia; pero habiéndosele acabado el dinero,se quedó sin gente,y los de Murviedro le pusieron preso y le entregaron á los valencianos. El infante D.Fernando vino allí con cuatrocientos caballos castellanos, y el Rey hubo de sufrir no pocos oprobios.

Al irse á acostar una noche, llegaron cuatrocientos valencianos, acaudillados por un barbero, con grán ruido y algazara, y obligaron al Rey y a la Reina a bailar cantando el barbero Gonzalbó:

Mal haya el que se marchare. ¡Ahora; ahora!

El Rey devoró en silencio aquel insulto, que en su dia castigó atrozmente.

Pedíanle los valencianos el establecimiento de un justicia mayor, como en Aragon. Tratando un día acerca de un arreglo, uno de los Unidos llevó su insolencia hasta el punto de decirle: «Nosotros lo arreglaremos ahora, y de paso os arreglaremos a vos."Cuando a un Rey se le dice eso,falta ya poco para hacerle subir al patíbulo. Por desgracia, la familia real daba un ejemplo funesto, y digno de ser estudiado ahora.

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(1) Pasaban de veinte los sepulcros de personas reales, Justicias de Aragón, Cardenales, Obispos y personas notables allí enterradas , fue demolido en parte en 1837 y del todo en 1868


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La madrastra del Rey, mujer ambiciosa é infame, que durante el reinado anterior habia robado al país y abusado de la debilidad de su marido (1), habia venido á Valencia y azuzaba á sus hijos á ser los Caínes del legítimo Monarca.

Los de la Union de Valencia constituyeron una especie de sociedad secreta, cuyo tenebroso tribunal asesinó á muchos ciudadanos honrados, y llenó de terror aquella hermosa ciudad. «Habian creado un oficial de justicia, dice el mismo Rey cronista, el cual, por mandato de los llamados conservadores, daba muerte á algunos particulares de la ciudad y lo hacía de manera, que, á las primeras horas de la noche, iba á la casa del que habia de morir, y llamando á la puerta, le mandaba que al punto fuese á la sala donde estaban los conservadores. Aturdido el vecino, salia de su casa y seguia al malvado alguacil, quien, en vez de conducirlo á la sala, donde decía que estaban los otros conservadores, lo llevaba al rio, y allí lo ahogaban. Había además en dicha sala una percha con quince o veinte sacos, y por la mañana, cuando acudia allí la gente, viendo que faltaban tres o cuatro sacos, solian decir: «¡Hola! Ejecuciones ha habido aquí esta noche!» (Ordens sic han fetes esta nit.)

Entre los Unidos descollaban Juan Sala, abogado, capitan de la Union, y un drapero o comerciante en paños, llamado Bernardo Redó, gran ejecutor de tales habilidades y fechorías. Gracias á la epidemia que despoblaba á España, y de la que morían diariamente trescientos hombres en Valencia, logró el Rey que le dejáran salir de allí.

Poco despues, los de la Union fueron derrotados por don Lope de Luna, en los campos de Epila, quedando muertos más de mil alborotadores, y preso uno de los ambiciosos infantes. El Rey entró en Zaragoza llevando consigo la gente de las Comunidades, que eran realistas, á pesar de ser sus fueros democráticos y antifeudales. Aquellos no gritaban ¡viva la libertad! porque la practicaban sin chillarla.

Mandó el Rey romper el sello de la Union y quemar los privilegios y procesos formados por ella, lo cual se hizo en la iglesia de Predicadores. Entonces fué cuando al rasgar con su daga el privilegio de la Union, se hirió en la mano, diciendo con gran coraje, al ver correr su sangre: «Privilegio que concede á los súbditos alzarse contra su Rey, con sangre de Rey se ha de quitar.» El Rey hizo prender á trece de los principales revoltosos, los cuales fueron ahorcados. ________________

(1) El secretario Concut habló á D. Alonso con firmeza, á vista de las desmedidas concesiones que hacia a la Reina, en perjuicio del tesoro y la corona. El Rey le dijo: «Huye, secretario, que te perseguirá la Reina.—Señor, replicó el secretario; yo siempre os traté, verdad, y no tengo por qué huir.»

Aquel mismo dia le hizo poner preso aquella mujer malvada: juzgósele por traidor, y le hizo ahorcar.


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previa formacion de causa. Otros huyeron y se les embargaron sus bienes, despues de lo cual se concedió una amnistía o perdon general.

Los de Valencia entre tanto seguian obstinados, haciendo salidas en que robaban á los pueblos. En Murviedro robaron la judería (1). salieron á pelear con la hueste del Rey; pero fueron derrotados aún con más pérdida que los de Zaragoza. Estos salieron mejor librados que los de Valencia, pues el Rey estaba tan rabioso por los malos ratos que le habian dado, que trataba de arrasar la ciudad. Hizo degollar á cuatro nobles y ahorcar á otros vários, entre ellos á cuatro abogados, que se habian comprometido demasiado en política, quizá por falta de pleitos. Tambien hizo ahorcar al barbero Gonzalbo repitiéndole la copla que cantaba cuando bailó Con la Reina:

Mal haya el que se marchare

¡Ahora, ahora!

y añadiéndole el Rey:

¡Y quien no os arrastrare!

Después, después!


Da grima ver á un Rey que narra con cierta fruición esa venganza; pero es aún más horrible lo que añade, como cosa muy sencilla, que hizo beber á vários de los de la Union el metal de la campana que tañian para convocar a sus conservadores y diputados «porqué,fo justa cosa que aquells que l'havien feta fer bequesen de la liquor de aquella comfou fusa."

El rey D. Pedro, al lado de algunas cualidades brillantes, tenía otras que afeaban demasiado su carácter, y que eran bajezas indignas de un particular, cuanto más de un Monarca;peró es lo cierto que la energía que desplegó para déshacer la Union salvó á su país y á su corona, comprometidos por dos monarcas débiles, D. Alonso el Liberal y D. Alonso el Benigno: Concluyó la Union el año 1349.

Cuándo algun tiempo despues; en aquellas mismas tierras de Valencia, D. Pedro el Cruel,no se atrevió á combatir al ejército inferior dé su rival D. Pedro el Ceremónioso, pudo el de Castilla decir á sus capitanes estas doloridas palabras: «Porque el rey de Aragón puede con un pan hartar á todos sus traidores, y yo con un pan hartaré á todo mis leales.»

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(1):Nuestra juderia la llama el Rey. ¡Lo de siempre! Los de Murviedro habian puesto preso, al Rey, y los Unidos de Valencia vineron a robar á los ricos de alli.


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$ IX

Los judíos su el siglo XV como sociedad Secreta: asesinatos y otros delitos cometidos per ellos en varios puntos de España.


Mucho se ha declamado, y no siempre con exactitud ni buen criterio, acerca de las matanzas de judíos ocurridas en varios puntos de España, durante los siglos XIV y XV, culpando de ello al fanatismo religioso, y dando por causa las excitaciones de algunos clérigos y frailes; pero los dectratores del clero y de España no han tenido en cuenta que esto sucedía tambien entre los musulmanes, los cuales no pocas veces hicieron matanzas de judíos. Estas tuvieron tambien lugar en varios países fuera de la Península, y ántes de ser expulsarlos de España los judíos, lo habian sido tambien de Inglaterra, Francia v otras naciones, y de alguna de ellas dos y tres veces. Ni las excitaciones de los fraticellos, ni las predicaciones del Arcediano de Ecija podian alcanzar á tanto, ni explican hechos anteriores y de animadversion general.

Veamos algunos, de los judíos.

Los de Segovia compran una Hostia consagrada para profanarla, y un portento les aterra. El hecho es indudable: conservase todavía la sinagoga convertida en templo; y una fiesta anual antiquísima, y la más solemne en aquel pueblo, recuerda aquel suceso innegable en buena crítica.

El P. Espina,en su obra titulada Fortalitium fidei, refiere otros sucesos de este género, acaecidos en diferentes puntos:de Europa, y la Catedral de Santa Gúdula, en Bruselas, conserva todavía la Hostia de que brotó sangre al picarla los judíos con sus dagas. Las vidrieras de aquella iglesia narran el hecho á los ojos de los espectadores.

Pudieran citarse todavía, otras varias profanaciones y actos de fanatisino cometidos por los judíos con furor sectario, desde mediados del siglo XIV hasta fines del siglo XV, en vários puntos de España, y especialmente los asesinatos de niños, y aun de adultos, en sus reuniones secretas y misteriosas.Un orador moderno, de fácil palabra, pero de criterio escaso, respondía sobre esto en el Congreso, al discutirse la libertad de cultos, que todas las religiones tienen un niño muerto: Pero ni es cierto que todas las religiones tengan semejante tradicion, ni la sana crítica permite negar las ver-


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Procura Egica honrarlos y favorecerlos, equiparándolos á todos los demás ciudadanos siempre que se convirtieran al cristianismo, y que solamente los que permaneciesen obstinados en los errores de su secta pechasen al fisco el tributo acostumbrado . No debieron ser muy lisonjeros para el Monarca los resultados de esta concesión, pues al año siguiente, y en un cánon del Concilio inmediato, se habla de que habian tramado una conspiracion contra el Rey y contra la pátria, faltando deslealmente á todos y burlándose de la credulidad de los mismos que los favorecian. Nada ménos se proponian que alzarse con el país y la corona : ¡tales eran su orgullo y temeraria osadía ! Mas esto no se explica sin una organizacion secreta, misteriosa y prepotente.

Witiza, por contrariar el sentimiento católico y las disposiciones de los anteriores reinados, no se contentó con favorecer á los judíos, sino que los colocó en dignidades y cargos de jurisdiccion. Quiza le suministráran dinero para sus vicios y para satisfacer los caprichos de sus concubinas, segun lo que esa secta ha solido hacer en todos tiempos, fomentando y explotando los vicios de los príncipes y de los magnates. Los resultados no se hicieron esperar largo tiempo. La conspiracion tramada en tiempo de Egica, y áun quizá abortada en tiempo de Chintila, anteriormente, estallo en el reinado de D. Rodrigo. Ingratos á los favores recibidos, tomaron parte en la perfidia traidora del conde D. Julian, juntamente con los judíos de Africa, á fin de vender á los mulsumanes la independencia de España. Esperaban con el triunfo de estos mejorar de condicion y de fortuna. Vióse en efecto á los judíos combatir bajo las banderas de Muza y otros jefes musulmanes, y las ciudades más importantes de España fueron entregadas á los invasores por los judíos que en ellas residian, y principalmente la ciudad de Tóledo , capital de la monarquía . Vióseles tambien poblar al par de los árabes en Córdoba, Sevilla y otros puntos, y aun pretendieron, poco despues, formar una monarquía independiente en la parte del Pirineo, á las órdenes del llamado Melek-Julani .


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daderas porque se aleguen otras falsas, ni se trata aquí de uno sólo, sino de muchos.

En tiempo de D. Jaime el Conquistador, la sinagoga de Zaragoza, dejando su carácter religioso, y convirtiendo éste en fanatismo asesino, se apodera de un niño de coro, acólito en la catedral de la Seo, hijo del notario Sancho Valero, y le crucifica en la pared de la aljama, clavándole con tres clavos y atravesándole can una pica. El judío que le cogió se llamaba Mossé Albayucet. Descubierto prodigiosamente el cadáver del niño Dominguito, que se conserva desde entónces en la catedral de la Seo, el rabino Albayucet (1) confiesa su crimen, y se convierte tambien casi toda la aljama, que más bien que sinagoga era una sociedad secreta y malvada, á juzgar por este hecho, que quizá no sería el único. Este suceso tuvo lugar, en 1250. ' Los judíos fueron expulsados de Francia á principios del siglo siguiente, y pocos años despues de la extincion de los templarios, de quienes algunos les suponen cómplices.

Pero en el siglo xv, la secta judaica tenía un carácter particular de fanatismo, de furor asesino y de sociedad secreta, no solamente en España, sino en otros puntos de Europa, agriado su carácter por las persecuciones en unas partes, envalentonada por el favor de la aristocracia en otras, y por ciertas relaciones misteriosas que la unen en Europa y en las regiones de Levante, no solamente para los intereses, sino tambien por miras políticas.

De los asesinatos cometidos por los judíos en España y fuera de ella, habla largamente el Mtro.Fr. Alonso de la Espina, en su Fortalitium fidei, obra muy curiosa y notable, de la cual los judaizantes y sus asalariados, hablan y hacen hablar siempre con desprecio. Podrá la sana crítica hallar justos reparos contra algunos de los hechos que Fr. Alonso aduce como sucedidos en el extranjero; pero acerca de los de España y ocurridos en Castilla y en su tiempo, no parece que se pueda poner una duda racional y fundada. Los más notables son los siguientes:

En un pueblo del señorío de D. Luis de Almansa, el año 1454 dos judíos mataron á un niño, y lo enterraron despues de extraerle el corazon para hacer con él un maleficio, pues habiéndolo quemado lo pulverizaron y bebieron con vino en una reunion secreta, a que concurrieron varios de ellos.

Desenterrado el cadaver por los perros, y preso uno de los asesinos, confesó el delito, y fué condenado á muerte; pero sus cómplices acudieron á la corte, dónde tenían grandes valedores, y lograron que el asunto pasase á la Chancillería,

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(1 BLANCAS: Coment.rerum Aragon, pág.160.


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donde gozaban tambien de gran favor. El obispo de Lugo D. García Baamonde vio el expediente y la prueba plena del asesinato; pero los judíos y conversos se compusieron de tal manera, que lograron que de los tres oidores, dos fuesen de raza de judíos, y éstos, de acuerdo con los abogados, fueron alargando el negocio con sutilezas y prórogas, hasta hacerlo interminable, dando así lugar á que el hecho se olvidara y el delito quedase impune.

Dos tentativas de asesinatos de niños hubo en Toro el año 1457, cometidas por judíos de aquella ciudad, con grande escándalo de todo el pueblo. En vano se dió cuenta al Consejo, pues se hallaba éste en poder de judíos y conversos, y el descreido monarca D. Enrique IV, el Impotente, no era mejor que ellos en materia de religion y moral.

La historia nos ha conservado también noticias exactas de otro horroroso asesinato ejecutado por los judíos en Sepúlveda, el año 1468. Un rabino de aquella sinagoga, llamado Salomon Pichó, se apoderó de un niño en un paraje retirado, y lo asesinó cruelmente, siendo cómplices suyos otros muchos judíos del mismo pueblo, que no libraron tan bien como los de Toro y otros puntos, pues diez y seis fueron ahorcados por aquel motivo. Coincidió esto con la profanacion de la Hostia consagrada en la sinagoga de Segovia, y la opinion pública, concitada ya en contra de aquella raza por la impunidad de sus crímenes, por su favoritismo en la córte, por su dureza en la exaccion de tributos y por su fanatismo superstícióso, estalló de un modo terrible. Por todas partes se hablaba de niños que habian desaparecido misteriosamente, y á quienes se suponía asesinados por los judíos. Los vecinos de Sepúlveda no se dieron por satisfechos con la ejecución de los diez y seis que hizo ajusticiar el obispo don Juan Arias, sino que atacaron sus casas y dieron muerte á otros muchos. En vários pueblos de Castilla hubo tambien, de resultas de aquellos sucesos, matanzas de judíos. El Catolicismo las reprueba altamente, pero tambien acrimina esos horribles infanticidios, y la perfidia de los magistrados que, por dinero ó proselitismo, los dejaban impunes.

Y no era solamente en España donde esto sucedia. El mismo P. Espina refiere que conoció á un converso italiano que vino á Castilla huyendo de sus padres y correligionarios, el cual le narró el siguiente asesinato, hecho en Saona hacia el año 1452, del que fue testigo presencial. Reunidos siete ú ocho judios de aquel pueblo, y entre ellos el padre de este jóven, se juramentaron mútuamente para no descubrir

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en ningun tiempo, ni por motivo alguno, lo que iban a ejecutar. Trajeron en seguida un niño de dos años, de que se habian apoderado, y puesto sobre una vasija con los brazos extendidos en forma de cruz y sujetos por los cómplices, uno de ellos le metió por varios parajes del cuerpo un largo punzon de hierro, que hacía penetrar hasta las entrañas de aquel angelito. Lleno el jóven de asco y horror, repugnando comer las frutas que aquellos hombres, tan feroces como groseros, empapaban en la sangre humeante, trataba de marcharse; pero su padre mismo le obligó á tomar de aquellos nauseabundos manjares, que le removieron el estómago en términos, que no pudo probar nada en dos dias. Afrentado por los suyos como cobarde, hecho objeto de desconfianza, y temiendo quizá verse forzado á presenciar Otras escenas atroces por aquel estilo, huyó de Saona y vino a parar á España. Este y otros hechos análogos, verificados en vários puntos de Europa, acreditan el fanatismo asesino y supersticioso de que fila sazón estaban poseidos en todas partes los judíos, y el juramento casi masonico que presta ban al ir á cometer esos `espantosos crímenes .

Por enorme y feroz que sea el infanticidio cometido en Saona á mediados del siglo XV y que refirió al P: Espina el fugitivo converso, no es más horrible y salvaje qué el célebre asesinato del niño de la Guardia, ocurrido á fines 'de aquel siglo (31 de Marzo de 1491), comprobado de un modo auténtico é irrecusable (2):

A la puerta llamada del Perdon, por dónde se entra al claustro de la catedral de Toledo, pedia limosna una pobre ciega, cerca de la cual jugeteaba un niño pequeño; hijo suyo y de Alonso Pasamontes, marido de aquélla desgraciada. Con fingidos halagos le atrajo para sí un conconverso de la Guardia, llamado Juan Franco, lo llevó engañado hasta su posada, y sustituyendo las amenazas á las caricias lo metió en un carro y lo llevó a su pueblo. Puestos de acuerdo vários judíos de aquel punto, de Quintanar y Tembleque, lo condujeron una noche a cierta caverna por ellos frecuentada, en donde hicieron con él un simulacro de la Pasion de Jesus, azotándole y crucificándole én un madero. Era el principal de ellos y desempeñó el papel de Pilatos, un converso de Tembleque,llamado Hernando de Rivera, contador del Priorato de la Orden de San Juan.Sé ve que las rentas de la Orden andaban en buenas manos.

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(2) Historia del martirio del Santo Niñode la Guardia, por el Dr. D. Martin Martinez Moreno: un tomo en 8º, segunda edición.


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Concluyeron de asesinar al niño, abriéndole el costado con un cuchillo para sacarle el corazon, que uno de aquellos malvados, llamado Masuras, llevaba á la sinagoga de Zamora para hacer con él un hechizo, cuando la Inquisicíon de Avila le puso preso y recogió, el corazon y una Forma consagrada que tambien llevaba con igual objeto, y que es adorada todavía en Avila, como testimonio tradicional de aquel acontecimiento, acreditado además por un proceso que se formó en averiguacion del delito, y á vista del cual se escribió la historia del martirio que padeció el inocente niño.

Nótase, pues, que los judíos habian perdido su carácter religioso para convertirse en una seda fanática, incrédula, misteriosa y asesina, que apenas tenía creencias religiosas, burlándose de su fé y de la cristiana, animados de rencor profundo, contra los católicos, ideando los medios de vengarse de éstos y hacerles sufrir, volviendo agravio por agravio, y encubriendo sus arteros amaños con profunda hipocresía. Y esto no era solamente en Castilla, sino tambien en Navarra, pues en las Cortes de Tafalla en 1482 aparecen graves recriminaciones contra los judíos y la insolencia que en aquel país iban desplegando.

Tres años despues, hacen asesinar en Zaragoza al inquisidor San Pedro Arbués. Allí se habian apoderado hasta del tribunal del Justicia, y de los principales cargos, pues gran parte de los abogados de aquella ciudad eran judíos en su vida privada, y cristianos sólo en apariencia. Los asesinos pagados por los judíos y abogados de la capital de Aragon, fueron Juan de Esperandeo, cuyo padre estaba preso en la Inquisicion por judaizante; Beltran Darançó, francés; Antonio Grau, valenciano; Bernardo Leofante. de Tolosa,,y Tristan de Leonis, francés. Aun del mismo Esperandeo se duda que fuese originario de Aragon, El gascon Durançó fué él primero que acometió á la víctima, dándole por detrás una estocada en la cerviz, y echó á correr; pero el judío Espe- randeo, atravesó al inquisidor de dos estocadas.

En el asesinato aparecieron complicados algunos abogados y gente de justicia, tales como Juan de la Abadía y el mismo Juan Esperando, que murieron impenitentes; Mosen Luis Santangel, tesorero; Juan Tomás y su hijo Luis, Micer Alonso Sanchez, abogado, y aun el mismo Vicecanciller de Aragon, Mosen Alonso de La-Caballería, todos ellos de sospechosa raza.

Trata con esto el jansenista Llorente de probar, con su habitual mala fé, que la Inquisicion era mal vista por los aragoneses; pero es lo cierto que, al saberse en Zaragoza el martirio del Maestr'-Epila, el pueblo, el verdadero pueblo y los verdaderos aragoneses, iban á matar á todos los judíos y conversos, y tuvo que salir, á caballo y á toda prisa el ar-


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zobispo D. Alonso de Aragon, hijo de D. Fernando el Católico. para apaciguar el tumulto y contener al pueblo, al verdadero pueblo, que odiaba á los judíos y sus descendientes, á pesar de los entronques aristocráticos de los La-Caballerías, y los muchos dineros de los Santangeles.

Resulta, pues, que los judios eran aborrecidos, no solamente en Castilla y Andalucía durante el siglo xv, sino también en Aragon, Navarra, Portugal, y aun entre los musulmanes de Granada. ¿Qué habia en ellos que los hiciese tan altamente odiosos en todas partes, cual no lo fueran en los siglos anteriores? ¿Tendrán derecho los idólatras de la soberanía nacional á clamar contra los Reyes Católicos por haberlos desterrado de España?

En 1460 los grandes de Castilla habian exigido á D. Enrique, el Impotente, que expulsase á los judíos, no sólo de su Consejo, sino de sus Estados. Vémoslos apoderados de los tribunales y de los cargos públicos en Aragon y Castilla, dueños, por tanto, de la administracion de justicia y de la administrador' económica, encubriendo los crímenes de sus correligionarios y aumentando sus fortunas á, expensas del pueblo y del tesoro. Si aquello no era una francmasonería, por lo menos la preludiaba primorosamente.

Todavía siguieron enseñoreados de la Chancillería y del Consejo despues de subir, al trono los Reyes Católicos. D. Fernando, siempre escaso de dimero, se mostraba complaciente con quien lo proporcionaba.Menos sufrida y más católica, doña Isabel no transigía nunca en materias de decoro y de justicia. No solamente echó á vários oidores de la Chancillería de Valladolid, sino que también expurgó el Consejo. El Diario ó Cronicon, poco limpio, pero muy curioso, de don Pedro de Torres, Rector del Colegio viejo de Salamanca, dice:—«1498. In ménse februario echó la Reina del Consejo á cuatro o cinco letrados, ínter quos doctor Talavera, doctor de Huesca, Alonso del Mármol de Madrid, y á Chacon, Contador mayor »

Créese que fueron echados por conversos y fautores de los judíos sus parientes. Sabido es que los Talaveras se vieron perseguidos pocos años despues como judaizantes, alcanzando la persecucion al mismo venerable D. Fr. Hernando de Talavera dignísimo Arzobispo de Granada, sin que sus eminentes virtudes le preservaran a él y á sus hermanas de las iras y venganzas de Lucero, oprobio de la Inquisieron de Córdoba y del cristianismo.

La cita del Rector Colegio de San Bartolome de Salamanca recuerda otro suceso notable contemporáneo. Tambien se hallaba invadido por hijos y descendientes de judíos ese célebre Colegio, que el arzobispo Anaya Maldonado fundára en aquella Universidad, dándole por divisa: In aug-


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mentum fidei. Deslucian el Colegio los de la raza judáica, por su conducta poco decorosa y ménos morigerada. Burlábanse de las prácticas del Colegio y eludían el cumplimiento de las constituciones; insultaban á los otros colegiales, hijos de cristianos viejos, y se apandillaban contra ellos á fin de poblar el Colegio de gente de su raza. Noticiosa de estas intrigas la reina doña Isabel, mandó expulsarlos del Colegio. Negáronse á obedecer, y trataron de eludir el mandato con protestas y reclamaciones; noticiosa de lo cual la Reina, mandó que si al punto no salían por la puerta, los echasen por las ventanas.

Una carta que se dice escrita por los rabinos de Constantinopla sugería á los judíos los medios de vengarse de sus opresores en España. «Si los cristianos os obligan á bautizaros, bautizad los cuerpos y guardad las almas: si os profanan las sinagogas, haced clérigos á vuestros hijos para que profanen sus iglesias: si os matan los hijos, haceos médicos, y matareis los suyos: si os quitan los bienes, haceos tratantes y os cargareis con su hacienda.»

Excusado parecia decir á los judíos que se hicieran tratantes. De la autenticidad de esta carta hay más de un motivo para dudar, pues se dice que fue descubierta á fines del siglo XVI, cuando una recrudescencia de ódio tardío contra los conversos vino á introducir exageraciones de orgullo y difamacion, ajenos al espíritu de humildad y caridad del Catolicismo. Pero de todos modos, creo esta carta hija de la aversion general con que nuestros mayores miraban á los judíos, motivada por el espíritu procaz y vengativo de que llegaron á estar animados en el siglo xv, merced al favor de los Reyes, los señores y los curiales, ocultando su indiferentismo religioso bajo el manto del judaismo, cual hoy se fingen protestantes los que, desertando del Catolicismo, concluyen por no tener religion alguna.

El edicto de expulsion de los judíos por los Reyes Católicos fue un verdadero ¡cúmplase la voluntad nacional!


$ X.

Las Comunidades de Castilla y las Germanías de Valencia y Mallorca.


No entra en nuestro propósito el narrar aquellas guerras civiles, pues ní fueron promovidas por sociedades secretas, ni tienen con ellas un enlace necesario é íntimo. Con todo, nuestros revolucionarios modernos han querido presentar como héroes á los corifeos de aquellas conmociones popula


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res, de los cuales unos eran ilusos, otros tontos, y la mayor parte pícaros y jefes de canalla. Alguna de las sociedades secretas modernas quiso inspirarse en los recuerdos de los comuneros de Castilla, como veremos más adelante; por eso es preciso decir aquí algo acerca de ellos y de sus afines los agermanados de Valencia y de Mallorca.

Cúlpase de aquellos levantamientos á la codicia de los flamencos, consejeros del emperador Cárlos V; pero ya esto no puede sostenerse en buenos principios de crítica. Si criminales eran los flamencos en vender, más lo eran los españoles en comprar y mendigar.

Así que murió D. Fernando el Católico, los españoles principiaron á ir á Bruselas y se vendian ellos á los áulicos del Monarca, que debieron formar una opinion muy baja del valor de los advenedizos. Descollaban entre éstos los cristianos nuevos é hijos de conversos de Aragon y Cataluña, que desacreditaban sistemáticamente todo lo del reinado anterior, y ofrecian montes de oro á los flamencos si suprimian el Santo Oficio; o por lo ménos mandaban que las actuaciones y denuncias fuesen públicas. Cisneros, única figura que, al par de la del Gran Capitan, aparece entónces con cierta nobleza, hubo de sostener una lucha sorda, pero acerba y contínua, contra las exigencias de la aristocracia en España y la venalidad cortesana en el extranjero. Para contener las primeras había ideado armar al pueblo, y, en efecto, dejó á su muerte armados 34.000 labradores y menestrales castellanos. Con ellos imponía tambien á los aragoneses descontentos y á los navarros recien domeñados é incorporados á Castilla (I), Esta gente, que Cisneros habia armado contra la aristocracia castellana , tuvieron medio algunos señores de sublevarla contra el Monarca , aprovechando los desmanes y el descrédito en que habían caído los servidores del Rey por su venalidad é impericia, aparentando deseos de justicia, pero encubriendo todos los comuneros miras sórdidas é interesadas (2).

Dábase el nombre de Comunidades, lo mismo en Aragón que en Castilla, á la agrupacion de varios pueblos , bajo la direccion de una ciudad ó villa principal, que era capital del territorio, y comunmente dueña de él. Esta organizacion geográfica y política databa del siglo XII. Al conquistar los Reyes esas ciudades principales, daban á los pobladores, no

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(1) Véase sobre esto el tomo I de Cartas del Cardenal Cisneros, publicado de órden del gobierno, p D. Pascual Gayangos , y el autor de esta obra.

El tomo II de Cartas del mismo, pero firmadas, no por él, sino por sus secretarios, no se ha publicado todavía, por efecto de las circunstancias. Estas segundas cartas revelan grandes miserias respecto á estas luchas con los cortesanos de Bruselas.

(2) Descríbelas el P. Guevara en una de las cartas sumamente cáusticas y picantes, que dirigió al obispo Acuña y los comuneros.


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solamente la ciudad, sino un vasto territorio adyacente, de seis a diez leguas o más de circunferencia, que el Concejo de aquella iba. poblando segun su fuero; por donde las aldeas que poco á poco se formaban alrededor, eran como unos arrabales dependientes del pueblo, que tenía el señorío de aquel territorio. De aquí la mancomunidad de pastos para los ganados y otros intereses recíprocos entre la capital y las aldeas. Para el arreglo de éstos se reunian periódicamente los representantes de los sexmos o partidos, como se réunen ahora los diputados provinciales. Ademas, una ó dos veces al año concurrían los aldeanos armados para hacer alarde, y que se recontára la gente de armas tomar. Los que se presentaban con caballos y armas buenas dejaban de pechar; pero en las algaradas y casos de guerra tenian que salir en hueste, siguiendo el pendon del Concejo. Eran, pues, las Comunidades unos señoríos concejiles ó especie de feudalismo municipal, pues los vecinos de la ciudad y de las aldeas tenian que marchar á la guerra en pós del pendon de su Concejo, como los vasallos feudales en pós del Conde que alzaba pendon y caldera, segun entonces se decía; el pendon como señal de guía y de mando, en representacion del derecho, la caldera como señal del deber de mantener á sus expensas á los que acaudillaba. De aquí el que las poblaciones feudales no pudieran ser Comunidades, pues allí el Concejo no era libre, como sucedía en Valladolid, donde el señorío era de D. Pedro Ansurez, y en Palencia, que era del Obispo. Mas por regla general, las Comunidades y sus aldeas se consideraban de realengo, Eso no impedia que en las capitales se estableciesen algunos señores, y á veces én considerable número, y que algunas aldeas del territorio fuesen de señorío particular, o de la Iglesia.En esos casos sus pastos eran cerrados y sus ganados, por lo común, no disfrutaban de la mancomunidad que teman los demás.

Las Comunidades eran ya tan prepotentes en el siglo XIII, que inspiraban celos á la aristocracia castellana, y San Fernando, cediendo á malos consejos, las privó de va- rios derechos, y sobre 'todo de pasar revista á la gente de armas de las aldeas, que era lo que más desagradaba á los señores feudales, pues veían en esto una amenaza contínua contra sus desmedidas ambiciones. Pero él mismo reconoció su yerro y lo confesó ingénuamente con humildad cristiana, mandando, dos años antes de su muerte (1250), devolver sus derechos á las Comunidades. Los privilegios que todavía se conservan en los archivos municipales de Segovia y Cuenca, dicen así (1):

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(1) Copié este documento de su original en el archivo de Segovia, y tengo copia del que existe en el de Cuenca. Lo publicó Colmenares en su Historia de Segovia, pág. 204, annque con poca exactitud.


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«Conoscida cosa sea á cuantos esta carta vieren como yo D. Fernando por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo... envié mis cartas á Vos et á los omes buenos de Segovia (1) que enviassedes vuestros omes buenos de vuestro concejo á mi por cosas que avia de veer et de fablar con vusco por buen paramiento de esa villa (2).

....................................................................................................................................

E t yo bien conozco et es verdad, que quando yo era mas niño que aparté las aldeas de las villas en algunos lugares, et la sazon que yo esto fiz era me mas niño et no paré hy tanto mientes. Et porque tenia que era cosa que debia á enmendar ove mio conseio con D. Alfonso mio fijo, et con don Alfonso mio hermano et con D. Diego Lopez et con D. Nuño Gonzalez et con D. Rodrigo Alfonso et con el obispo de Palencia et con el obispo de Segovia, et con el Maestro de Calatrava, et con el Maestro de Hucles (3), et con el Maestro del Templo, et con el Gran Comendador del Hospital et con otros ricos omes et con cavalleros et omes buenos de Castiella et de Leon, et tove por derecho et por razon de tornar las aldeas á las villas, assi como era en dias de mio abuelo el rey D. Alfonso et á su muerte......................................................... »

«Otro si mando que los menestrales non echen suerte en el juzgado por seer jueces, ca el juez deve tener la seeña, et tengo que si afruenta viniese al logar de periglo é orne vil o rahez la toviese que podrie caher el logar en gran onra et en grand verguenza (4) et por ende tengo por bien que qui la oviere á tener que sea cavallero et orne bueno et de verguenza .»

«Et otrosi se que en vuestro concejo se fazen unas confradias et unos ayuntamientos, malos á mengua de mio poder et de mio señorio et á daño de vuestro conceio et del pueblo, et se fazen muchas encubiertas et malos paramientos, et mando so pena de los cuerpos et de cuanto avedes que estas confradias que las desfagades et que daqui adelante non fagades otras fuera en tal manera para soterrar muertos, et para luminarias et para dar á pobres et para confuerzos (5).»

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(1) En el de Cuenca dice Cuenca en vez de Segovia.

(2) En el de Cuenca dice «Extremadura.»

(3) El Maestre de Santiago véase la prelación de las Ordenes militares de España sobre las generales.

(4) Como el juez había de llevar el pendon o seña del Concejo, y éste se organizaba á la suerte o por insaculación; podía suceder que llevase el pendón un zapatero ó no sastre, excelente en su oficio, pero poco valiente para militar.

Así debió suceder con el de Madrid en la batalla de las Navas, pues consta que huia la seña de esta villa con su oso y su madroño, por lo que dijo el conde de Cabra: ¡Cierto,los villanos fuyen!, Por eso despues los corregidores se titulaban Capitanes a guerra

(5) No prohibía el Rey Santo las cofradías religiosas para caridad y culto (luminarias) sino las políticas y secretas que hacían muchas malas encubiertas, cómo allí dice.


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Se ve, pues,que ya San Fernando prohibia las hermanmandades confradias, que tan funestas principiaron á ser medio siglo despues.

Las principales Comunidades de Castilla eran las de Avila, Salamanca, Segovia y Soria. Tenía la de Segovia más de 150 aldeas, y otras tantas Soria, 76 Arévalo, y 200 Avila; pero aún era más pujante la de Salamanca, la más fuerte y democrática de todas, pues todavía en 1804 contaba 105 villas y 408 aldeas. La mayor parte de las villas, lo mismo en Segovia que en Avila y Salamanca, se habían hecho exentas desde el siglo XVII, saliéndose de la Comunidad, y suscitando á esta no pocos conflictos.

Las Comunidades de Aragon eran Calatayud, Daroca y Teruel (1); más adelante Albarracin formó Comunidad con los pueblos de su territorio, que habían sido originariamente del señorío feudal de la casa de Azagra, conquistadora de aquella ciudad (2). Esta organizacion social y económica de gran parte de Aragon y Castilla, por desgracia apenas ha sido estudiada. El vulgo de los escritores y juristas, y áun de los geógrafos y economistas de España, ninguna noticia tiene acerca del orígen y modo de ser de estas Comunidades, y cuando se habla de ellas no sabe pasar más allá de los tiempos de Padilla. Lo mismo les sucedía á los revolvedores, que confeccionaron en 1821 el grotesco Reglamento de los Comuneros españoles, como veremos luego.

Ni los que defendieron al Rey en 1520, ni los que combatían su poder sublevando las Comunidades de Castilla, obraban movidos de fines rectos. Los nobles de Toledo, Salamanca y Segovia creian poderse valer de los menestrales armados para derrocar á sus rivales y volver á las ollas de Egipto, de que les habia despojado la astuta política de D. Fernando el Católico, continuada con más acierto y energía por el regente Cisneros.

No eran de este modo de pensar los villanos y menestrales, y lo hicieron comprender así bien pronto a los nobles que habían promovido la rebelion. El zurrador Villoria se erigió en dictador de Salamanca, y á los Maldonados les pesó bien pronto de lo que habían hecho. Esta es la historia de siempre, y lo que en todos tiempos y en todas partes ha sucedido á la aristocracia, cuando ha sublevado los pueblos contra los Reyes. Muchos nobles habian abandonado ya las banderas de los comuneros cuando Padilla, Bravo y Maldonado fueron vencidos en Villalar. Vencidos iban moral-

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(1) Véase el discurso acerca de las tres Comunidades de Aragon que tuve el honor de leer en mi recepción de académico de número en la de la Historia.

(2) Para indicar que no eran súbditos de ningun Monarca se apellidaban los Azagras, señores de Albarracin y vasallos de Santa Maria.

Como pueblo de señorío, no pudo ser Comunidad basta que cesó aquél.


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mente, abatidos y descorazonados, cuando los alcanzaron las tropas reales, y los derrotaron despues de una ligera y mal sostenida escaramuza, que no debe llamarse batalla. Si los realistas no hubiesen alcanzado á Padilla, quizá le hubieran asesinado sus desmoralizadas tropas, o hubiera tenido que abandonarlas.

Mas si entramos á examinar la conducta de los partidarios del Rey, encontraremos no menos bajas y mezquinas miras. ¡Qué debilidad, qué indecision, qué tardanzas, qué tratos dobles! La mayor parte de ellos no se mueven sino cuando ya tienen comprometidos intereses por la rapacidad de los comuneros, ó se ven asediados y perseguidos por éstos. El Almirante de Castilla, revolucionario en tiempo de Cisneros, y que habia azuzado á los menestrales de Valladolid á que no tomasen las armas, pintándoles esto como una servidumbre que quería imponerles el fraile, se hace despues partidario del órden para quitarles aquellas mismas armas. Los de Chinchon y demás pueblos de aquel condado se sublevaron contra el conde D. Fernando de Cabrera y Bobadilla, y se apoderaron de los castillos de Odon y Chinchón. Ofreciéronse por vasallos de la Comunidad de Segovia, y viendo que ésta vacilaba en aceptarlos, dijeron que se harian vasallos de la Comunidad de Toledo (1). El conde estaba sitiado en el alcázar y catedral de Segovia, cuyas fuerzas no quiso entregar. Quemáronle los comuneros parte de la casa que tenía en Segovia; pero avínole bien, pues exigió por ello cuantiosas indemnizaciones, así como á sus vasallos les hizo pagar 15 cuentos de maravedises por lo que le habian destrozado en los castillos, siendo así que los vasallos alegaban que al allanarlos nada habian encontrado, pues los muebles y alhajas los había sacado él anticipadamente, y los tiros (artillería poco gruesa) so los halían llevado los de Madrid,

Los agermanados de Valencia vinieron á reproducir escenas parecidas á las de la Union, y en Odio de los nobles asesinaban á los moriscos, sus vasallos. Pero ni el virey ni los nobles se portaron con la conveniente lealtad, ni desplegaron gran brío sino para defender sus intereses. Dejaron en el mayor desamparo el importante castillo de Játiva, que cayó en poder de los sublevados, juntamente con loa reos de Estardo que allí estaban presos, sin guarnicion y sin municiones (2).

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(1) Consta asi del curioso expediente contra los comuneros, que se conserva todavia en el archivo municipal de Segovia y pude registrar. Colmenares sacó poco partido de él.

(2) Tengo en mi poder el original del memorial que presento al Rey el al- caide del castillo, Mosen Jorge de Ateca, quejándose del abandono en que le ha- blan dejado el virey y los nobles a pesar de sus reiteradas reclamaciones.

TOMO I. 4


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El Encubierto de Játiva, con su disfraz y su misterioso porte, vino á dar cierto interés dramático á las escenas lúgubres y desoladoras que allí tuvieron lugar.

A la noticia de la sublevacion de Valencia principió á agitarse Mallorca. Algunos que de allí venian decíanles á los mallorquines: «En Valencia han degollado á muchos caballeros en el castillo de Murviedro, y se han repartido el botin: veremos lo que vosotros sabeis hacer (1).»

Púsose al frente del movimiento un tal Juan Crespi, pelaire, á quien el virey había encarcelado al principio de aquellos tumultos; pero le duró poco el mando. El dia 29 de Julio atacaron de improviso los agermanados al castillo de Bellver, donde asesinaron al gobernador y á otros varios sujetos allí refugiados, robando en seguida cuanto encontraron. Aquel dia se vió ya lo que sabían hacer, pues se pusieron al igual de los asesinos de Murviedro.

El dictador de Mallorca, Crespi, ó sea instador, como ellos decían. cayó en desgracia así que trató de poner un poco de órden entre su gente. Pusiéronle preso, y para ahorrar procedimientos apelaron al sencillo expediente bizantino, reproducido con buen éxito en las repúblicas hispano-americanas, en las cuales el sucesor suele tomarse la molestia de matar al antecesor con el cargo de reemplazarle. Un tal Francisco Colom, agermanado, entró en la cárcel, mató á estocadas al pobre pelaire Crespi, y desde aquel dia el asesino y su hermano Juan Colom, bonetero, quedaron por instadores de Mallorca.

Estos dos hermanos asesinos, bribones de baja ralea, dieron muerte y robaron á cuantos se les antojó, hasta que, despues de algunos meses de tardanza, reunidas algunas tropas á duras penas, el virey se apoderó de la capital, y al cabo de ochenta y siete dias de prision pues el virey era hombre de mucha flema, Juan Colom fue ajusticiado. Los revolucionarios modernos le han declarado héroe, y, en efecto, Juan Colom es todo un héroe revolucionario. A tal iglesia, tal santo.

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(4) Juan Colon: Discurso historico hecho a la Asociacion de católicos y vertido del mallorquín al castellano por mi querido amigo y compañero D. José María Cuadrado: Palma, I870.


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$ XI.

La sublevacion de Zaragoza contra Felipe II.

(1591.)

Tampoco de este suceso debiera hablarse aquí, pues no está, al parecer, relacionado con las sociedades secretas; pero se hace mención de él por las mismas razones que han obligado á escribir un breve párrafo acerca de las malhadadas Comunidades de Castilla. Los revolucionarios modernos han hecho un héroe del pobrecillo Lanuza, que en realidad no era más que un pobre diablo, como se dice ahora (I). Ni áun se le puede llamar pobre hombre, pues no habia llegado aún a la edad en que á los hombres se les llama hombres.

El pobre muchacho, consecuente con su novia más que con su gente, abandonó á ésta para irse á Epila, donde estaba aquélla. Un primo suyo, y de su mismo apellido, revolvedor de oficio y pícaro de solemnidad, entró con unos seiscientos hugonotes por tierra de Jaca. Los montañeses, los corrieron como liebres, y ellos no pararon hasta Verse otra vez en su tierra, después de haber saqueado la iglesia de Biescas, qué fué todo lo que hicieron.

Felipe II á su vez, obró tiránicamente en lo que hizo contra Lanuza, á quien asesinó inhumana y anticatolicamente sin oirle, pues no tenía razon ni derecho para aquel brutal atropello, de que le remordía la conciencia poco antes de morir. Además, no se sublevaron los aragoneses, sino solamente los de Zaragoza, donde siempre han abun-, dado holgazanes y revolvedores forasteros, en descrédito de su honradisimo y leal vecindario. Las Comunidades de Calatayud, Daroca y Albarracín permanecieron leales:la de Teruel ayudó algo á Zaragoza, por justos resentimientos contra el Rey.

Lejos de quitar las cortes Felipe II, presidió las de Zaragoza al año siguiente, 1592. Allí se declaró sedicioso el grito de ¡viva la libertad!

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(1) «De Lanuza no se supo que tuviese cabeza hasta que se la cortó Felipe II." Es frase de un compañero mio, académico de la Historia, cuyo nombre no debo decir, por justos respetos. Unos veintiseis años tenia cuando subió al patíbulo. Cual ni fueran sus huesos reliquias de santo, trajeron al panteon nacional una casulla

que,si no es suya, sera probablemente de algún fraile franciscano.


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$ XII.

La pasquinada de Avila. La capilla de Mosén Rubí (1).


El mismo afilo en que fué decapitado Lanuza. y casi por el mismo tiempo, lo fué en Avila D. Diego de Bracamonte. Alegre estaba la ciudad por la consagracion del obispo de Cartagena, D. Sancho Dávila, cuando el dia 21 de Octubre aparecieron en las puertas de la catedral y otros parajes públicos pasquines contra el Rey y su gobierno, excitando á la rebelion.

¡ Oh España, España, decian los cartelones, y qué bien te agradecen tus servicios esmaltándolos con tanta sangre noble y plebeya, pues en pago de ellos intenta el Rey que la nobleza sea repartida como pechera!» Aquí ya se ve una mano aristocrática que quiere, al estilo de los Comuneros, comprometer al pueblo a favor de privilegios que eran en contra de él ; y con todo, añadian: « Vuelve sobre tí y defiende tu libertad..." Es decir, la libertad de que pagasen los tributos los villanos, y no los nobles.

Vino al punto un alcalde de casa y córte, y desde luégo puso presos á un cura, tres nobles, un módico, un escribano y un licenciado, que quizás fuese abogado. Se ve, pues que en la pandilla habia de todo. El cura y el escribano fueron condenados á expatriacion, despues de diez años, de galeras D. Diego Bracamonte fué degollado en público cadalso en la plaza del Mercado chico, á donde le llevaron con gran acompañamiento de frailes , pobres y cofradías. Ni en el transito ni en la plaza se vio á ningún caballero ni hidalgo (2) Hora y media estuvo confesándose en el cadalso: no declaró ningun cómplice, por más instancias que le hicieron, y ántes proclamo allí inocentes á D. Enrique Dávila y al licenciado Daza, que estaban presos. El cadáver de Bracamonte fué llevado d su capilla de Mosen Rubí.

¿Tiene algo de masónico la misteriosa capilla de Mosen Rubí? La masonería antigua de Avila y la actual (por cierto muy prepotente, y por algo apaleadora), han solido fechar sus planchas al oriente de Mosen Rubí. La estructura de la

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(1) Este párrafo no está en la primera edicion: ignoraba entonces las cosas y sucesos que aqui se narran.

(2) Tampoco presenció la ejecución de Lanuza ningun aragonés. Todas las puertas, ventanas y balcones del tránsito estaban cerradas. Felipe II, hombre muy previsor de ciertas menudencias, había hecho que Vargas, ademas de sus 11.000 hombres y cañones. llevase un verdugo á prevencion.


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iglesia es muy caprichosa, y casi irregular, y como si quisieran formarse con ella tres triángulos. En los muros v en las pintadas vidrieras se vé un escudo, con una escuadra y un martillo. Suena al tiempo de entrar en ella, un eco misterioso, que parece la repercusion del ruido en la bóveda del coro, y que dicen se oye á veces desde la iglesia (1). La estátua de Mosen Rubí saca la espada con la mano izquierda: la de su mujer tiene la mano derecha sobre el antebrazo izquierdo, en la actitud masónica de dolor, postura rara y poco comun. La hospedería se destinaba para una obra de beneficencia, más que de caridad. Dicen que algunas cosas raras, que observó la Inquisicion, hicieron que ésta impidiera la conclusión de la obra. Todo este cúmulo de circunstancias no deja de ser chocante. El Sr. D. Juan Martin Carramolino las compendia en estos términos (2): «Más de un extranjero y algún estudioso español han querido hallar alguna significación misteriosa en esta notable fundacion... Los emblemas, dominantes en muchas partes de la obra, y de que se hace repetidísimo alarde en los escudos que ostentan los capiteles de las columnas del patio, y hasta en el magnífico pulpito de mármol blanco, que es un pentágono, y en el que están esculpidos un compás, una escuadra y un mazo ó martillo; el adorno que sirve de corona o remate á la silla presidencial del coro, que es una esfera o globo terrestre, atravesado por un puñal, blandido por una mano; las tres primeras gradas de la escalera de la torre, cortadas en forma triangular; las grandes columnas dobles que dan entrada á la única nave del templo, formada del polígono indicado; el ruido muy perceptible de repetidos golpes que se sienten desde la entrada misma en el templo, y que van apagándose por todo el espacio, sin que se conozca el motivo casual o principio acústico á que este eco obedece,,y algunas otras particularidades que omitimos, pero sin poder pasar en silencio la época de la fundacion, el personaje á quien se invistió del patronato, que residió largo tiempo en Flandes, la órden que los Reyes dictaron para que no continuase la obra, y la exencion canónica (poco canónica, debia decir) de toda Visita eclesiástica y gobierno diocesano,a fin de que siempre se la considerase como una institución lega y civil, son en verdad punntos que excitan á meditaciones profundas en el hombre sesudo y pensador.»

En efecto; para casualidad son demasiadas casualida-

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(1)Yo solamente he podido oírlos á la entrada como repercusión del ruido de los pasos en la bóveda del coro. Por respeto al templo y á la comunidad que estaba en el coro no me atreví á más detenidos experimentos.

(2) Historia de Ávila..., por el Excmo. Sr D. Juan Martin Carramolino, tomo III, pág. 115.


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des. Lo del mazo y la escuadra no tiene malicia, al parecer: se ve lo mismo este emblema en la catedral y en la Basílica de SanVicente sobre las tumbas de varios sujetos, que llevan el apellido de Bracamonte. El ruido misterioso me ha parecido fenómeno sencillo y no muy extendido; las columnas hacen falta donde están, y no parece tengan mucha analogía con las columnas masónicas J y B. El púlpito no está ya en su sitio, y no he podido comprobar si además del mazo y escuadra tenía compás. ¿Pero qué significaban esas herramientas en el escudo de aquella familia? ¿Cómo se explican otros hechos indudablemente masónicos ¿Sería mason el arquitecto? ¿Lo sería Mosen Rubí? El haber estado éste en Flandes aumenta las sospechas. Los hugonotes franceses y los mendigos flamencos no desconocian los misterios masónicos: tiénese por cierto que era francmason el almirante Coligny.¿Vendrian algunos militares españoles contagiados del masonismo flamenco, así como algunos teólogos españoles se contagiaron del protestantismo aleman? ¿Serian los carteles contra Felipe II una excitacion de la lógia de Avila con ramificaciones en Aragon, Bearne, Inglaterra y Holanda? No puedo asegurarlo: hay que esperar más noticias.


$ XIII.

El protestantismo en España como sociedad secreta á mediados del siglo XVI.

Algunos teólogos españoles, que el Emperador llevó á Alemania, quedaron algo contagiados con el trato protestante y á la vez cortesano. Fué notable entre éstos el doctor Agustin Cazalla, que deseaba ser en España lo que Lutero en Alemania, segun sus biógrafos (1). Pero á Cazalla habían precedido en su empresa otros clérigos y seglares de Sevilla por efecto de la gran relajacion del clero en aquella ciudad, emporio entónces de las riquezas de Indias. Muchas riquezas y mucha holgazanería tenían que producir mucha vanidad y mucha lascivia. Estas produjeron en Sevilla el protestantismo, como en Valladolid dieron origen á la secta el orgullo ofendido y la ambicion.

Una mujer de un platero de esta ciudad, llamado Juan

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(1) Francisco Nuñez de Velasco, en sus diálogos de Contención entre la milicia y la ciencia, impresos en Valladolid en 1614, dice que el veneno de la herejia en España se principió a pegar por algunos que comunicaron en esos reinos dañados.

Gonzalo de Illescas dice que Cazalla quiso ser sublimado en España como Lutero en Saxonia.


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García, observó con extrañeza que su marido se levantaba por las noches cautelosamente, y salia de casa. Habiendo seguido sus pasos, impulsada por los celos, vió que entraba sigilosamente en casa de doña Leonor de Vivero, viuda de Pedro Cazalla, y que no era su marido el único que entraba, pues concurrían otras personas de distintos sexos. Las reuniones se celebraban despues en casa de D.Agustín Cazalla, capellan y predicador del Emperador. Las costumbres de Valladolid, donde por lo comun residia entónces la Córte, no eran tan puras, que la platera no tuviese motivos para recelar el que la reunion fuese licenciosa, en vez de ser religiosa, y las tradiciones de la poblacion recordaban algún otro escándalo ruidoso en la familia de cierto platero (1). Habiendo declarado sus sospechas al confesor, éste le manifestó la obligación en que estaba de denunciar al Santo Oficio aquella reunion clandestina. De resultas de la denuncia, los protestantes fueron sorprendidos en casa del Dr. Cazalla, y tanto éste como las demás personas aprehendidas en aquel conciliábulo, conducidos á la cárcel del Santo Oficio.

El dia 21 de Mayo de 1559 fueron quemados públicamente el Dr. D. Agustin Cazalla y sus hermanos Francisco, cura de Hormigos, doña Beatriz Vivero Cazalla y doña Constanza de Vivero, viuda de Hernando Ortiz, contador del Rey. Tambien fueron quemados el maestro Alfonso Perez, don Cristóbal de Ocampo, caballero de la Orden de San Juan, Cristóbal de Padilla, caballero zamorano, el platero Juan García, el Ldo. Perez de Herrera, juez de contrabandos en Logroño, doña Catalina de Hortega, viuda del comendador Loaisa, Catalina Roman é Isabel de Estrada, vecina de Pedrosa, Juana Blazquez, criada de la marquesa de Alcañices y el bachiller Herrezuelo, que murió con gran pertinacia.

Omito los nombres de otros muchos hombres, mujeres y monjas, castigados en aquel auto y los siguientes. De las monjas, dice el historiador Gonzalo de Illescas, testigo presencial del suceso, que eran muy guapas. Ya se dejaría inferir, aunque él no lo dijera, andando de por medio clérigos renegados.

El descubrimiento de los herejes de Valladolid trajo el de otros en Sevilla, y aún en mayor número. Habia sembrado allí las semillas del protestantismo el Dr.Juan Gil, natural de Olvera, que fué en Sevilla lo que Cazalla en Valladolid, si bien, más afortunado que éste, logró engañar á la Inquisicion, abjurando el domingo 21 de Agosto de 1552 pública-


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mente, entre los dos coros de la catedral. Despues de un año de reclusion en el castillo de Triana, salió en libertad, fué á Valladolid, donde trató secretamente con Cazalla y con les protestantes, y vuelto á Sevilla, murió en 1556 tan hereje como habia vivido, aunque más hipócrita y solapado.

Continuó la propaganda en Sevilla su compañero Constantino Ponce de la Fuente, canónigo magistral de aquella iglesia, gran orador, y que tambien había acompañado al Emperador á Alemania, siendo capellan de honor y predicador suyo. Constantino predicaba muy bien; pero era de esos predicadores á quienes se oye como á un músico, pues agradan, mas no enseñan ni mueven, porque su vida y sus costumbres no corresponden á sus palabras y sermones. Era hombre muy sensual y de vida regalada, y aun se dijo por entónces que adolecía de aficion á placeres demasiado sordidos. Díjose tambien que se habia casado con dos mujeres, y con la segunda cuando aún vivia la primera. Illescas, autor coetáneo y respetable, lo afirma; Cipriano de Valera lo niega; pero el testimonio de éste, como de parte interesada, es de poco peso. El afan de todos los curas y frailes renegados era entonces, como ahora, el casarse. Por algo Erasmo decia que la comedia protestante acababa, como todos los sainetes, por casarse los frailes que hablaban de reforma. Desde Lutero y Ochino hasta Talleyrand, y nuestro compatriota White (o Blanco) y los apóstatas de Sevilla y los actuales ex-padres, que cínicamente embadurnan con sus nombres las esquinas de Madrid, la farsa siempre ha sido la misma, cuando se trata de curas y frailes renegados: cuestiones de mozas y pesetas. Extraño hubiera sido, por tanto, que al sensual Constantino le faltase la consabida presbítera

Para desorientar á los inquisidores, aparentó deseos de entrar Jesuita; pero habiéndose hallado casualmente sus papeles en casa de una luterana, llamada Isabel Martinez, se encontró con ellos un depósito de libros protestantes. Los papeles de Constantino eran rabiosamente luteranos, y no podía negarlos, pues estaban escritos de su puño y letra. Del purgatorio decia que era una cabeza de lobo inventada por los frailes para tener que comer. Su vocacion á la Compañía de Jesus se ve que era tan sincera como toda su conducta. Descubierto y preso en el Santo Oficio, se suicidó. Los protestantes propalaron que los inquisidores le habían matado, y otros que habla muerto de resultas de la humedad y fetidez del calabozo.Todo esto de los calabozos del Santo Oficio es pura invencion; pues al ser reconocidos los edificios de la Inquisicion en 1808, se halló que no los tenian, y que los sótanos no se habitaban. Los protestantes refieren hasta las palabras que decía en su calabozo.¿Por dónde las supieron? ¿Se las iban á referir los familiares del Santo Oficio? EI bri-


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bon de Valera acreditó en esto, como en otras cosas, que era tan crédulo para las patrañas como incrédulo para la verdad. ¿Y qué necesidad tenían los inquisidores de matarle en secreto, cuando tenían el medio expedito y más usual de quemarle en público? Se necesita ser muy tonto para inventar esto, y más para creerlo.

Por lo que hace á los libros protestantes, conviene saber los medios astutos con que se introducían en España, y sobre todo en Sevilla. Un doctor de aquella ciudad, llamado Juan Perez de Pineda, director del colegio de niños llamado la Doctrina (¡excelente rector y excelente doctrina!) sé hizo protestante y tuvo que huir en 1555, con otras seis personas, entre hombres y mujeres. Escribió un catecismo titulado Sumario de la doctrina cristiana, que aparece impreso en Venecia en 1557. Cipriano de Valera, que tradujo tambien el Nuevo Testamento por aquel mismo tiempo, dice «El doctor Juan Perez, de pía memoria, año de 1556 imprimió el Testamento Nuevo, y un Julian Hernandez, movido por el celo de hacer bien á su nacion, llevó muy muchos destos Testamentos y los distribuyó en Sevilla, año de 1557.

Hernandez, natural de Villaverde, en tierra de Campos, habiendo ido á Alemania de niño, se hizo protestante. Era chiquitín, por cuyo motivo le llamaban los españoles Julianillo, y los franceses Julian le Petit, y aparentaba ser arriero. Dícese que trajo á Sevilla dos toneles de doble fondo, construidos de modo que el interior venia lleno de libros. No serian muchos por cierto, teniendo en cuenta que los toneles habían de ser porteados á lomo. Los libros que llevó á Sevilla fueron depositados en el convento de San Isidro, cuyos monjes eran casi todos herejes.

Este monasterio fué fundado en 1301 por D. Alonso Perez de Guzman y doña Maria Coronel quelo poblaron de monjes cisterciences;pero éstos se relajaron de tal modo, y se hicieron tan viciosos y sensuales, que ciento treinta años despues hubo que echarlos de allí. Más adelante se pobló de monjes jerónimos; pero á mediados del siglo XVI eran ya, por lo visto, tan relajados y malos como los otros.

Cipriano de Valera dice de ellos: "En 1557 el negocio de la verdadera religion iba tan adelante y tan a la descubierta en el monasterio de San Isidro uno, de los más célebres y de los más ricos de Sevilla, que doce frailes no pudiendo estar más allí en buena conciencia(1), se salieron, unos por una parte, y otros por otra, y corriendo grandes trances y peligros, de que los sacó Dios, se vinieron tambien á Ginebra. Entre ellos se contaba al prior, vicario y procurador de

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(1) Si las luteranas estaban adelantadas en su embarazo, les remordería a los reverendos la conciencia.


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San Isidro, y con ellos asimismo el prior del Valle de Ecija, de la misma Orden... libró Dios otros seis ó siete del mismo monasterio, entonteciendo y haciendo de ningun valor ni efecto todas las estratagemas.» Añade que en los autos siguientes fueron quemados vários de los que quedaron.

No fueron tan secretos los tratos de Julianillo que la Inquisicion no los descubriera, á pesar de su astucia y estratagemas, dando con él en sus cárceles, de donde salió para ser quemado vivo como pertinaz. Cipriano de Valera dice que «el secreto fué vendido por un judas, y, llegado á los inquisidores, ochocientas personas fueron presas.»

Se ve por aquí lo mucho que había cundido el protestantismo secretamente en Andalucía, y aun dentro de los conventos mismos de frailes y de monjas, merced á su poca disciplina y austeridad; y con cuánta razon dijo Gonzalo de Illescas, hablando de los progresos que hizo el protestantismo en España, como secta secreta, aquellas celebres palabras que repiten todos los historiadores de estas cosas: «Eran tantos y tales, que se tuvo creido que, si dos ó tres meses más se tardara en remediar este daño, abrasara toda España y viniéramos á la más áspera desventura que jamás en ella se habia visto.»

Descubrimientos recientes arrojan todavía más luz sobre estos sucesos, pues aparece que los moriscos estaban de acuerdo con los protestantes andaluces, y en disposicion de abrazar los errores de éstos (l).


$ XIV.

Los alumbrados de Extremadura y Sevilla.

En la segunda mitad del siglo XVI, y en la época de la terminación del Concilio de Trento, vemos aparecer otra vez en España el maniqueismo, con el mismo carácter sectario, lúbrico y misterioso que le habían dado Prisciliano y los albigenses en los siglos anteriores; y es cosa notable que sus partidarios se llamasen entónces alumbrados, palabra que adoptó Weissaupt en el siglo XVIII para denominar á sus adeptos (2). Tambien aquel malvado, profesor de Derecho

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(1) Sobre este punto está haciendo curiosas investigaciones mi compañero y amigo D. Eduardo Saavedra.

(2) Véase la obra del abate Barruel sobre el Jacobinismo. Esta obra está traducida al castellano, pero se ha hecho rara.


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canónico de una Universidad de Alemania, despues de haber abusado de una cuñada suya, viuda, víctima del desprecio que le trajo su lascivia, se decidió á vengarse de la sociedad, corrompiéndola á pretexto de mejorarla.

Por lo que hace á los Alumbrados de Extremadura, da noticias de su secta el P. Fr. Alonso Fernandez, en sus Anales de Plasencia, pág. 253 y 254, y á su texto se refieren casi todos los historiadores que hablan acerca de ellos:

«En tiempo del obispo Fr. Martin de Córdoba; se levantó una gente en Extremadura, en la ciudad de Llerena y pueblos comarcanos, que, engañada de las leyes bestiales dela carne y nueva luz que fingian, persuadian á los simples ignorantes ser el verdadero espíritu el errado con que querian alumbrar las almas de sus secuaces. Por esto se llamaron Alumbrados, y venian á parar sus leyesen obedecer al imperio de la carne. Con mortificaciones, ayunos y disciplinas fingidas, comenzaron á sembrar su maldad, que es arte nueva sacar de las virtudes veneno... Fueron los capitanes de este engaño ocho clérigos, que el principal do ellos se llamaba Hernando Alvarez, y el segundo el P. Chamizo. Olvidados de la suerte de su estado, fueron causa de la perdicion de mucha gente moza y ociosa. que aplicó el oido a este desórden. Vinoso á descubrir un dia que, predicando el Mtro. Fr. Alonso do la Fuente, natural de aquella ciudad y calificador del Santo Oficio, dijo que tenía relacion do ciertas gentes, cuyas vidas eran, al parecer, religiosas no lo siendo, pues el verdadero espíritu no permitia las libertades y anchuras que ellos concedían á sus discípulos, autorizando á lo que haída sido causa de la perdicion de Alemania, de la ruina de Flandes, de Francia y de Inglaterra. A éstas añadió otras razones llenas de espíritu, hablando á las almas de los oyentes, y desengañando á los que estuviesen tocados desta yerba.»

«No pudo sufrir una mujer que lo oia, y estaba tocada deste veneno, las razones y consejos que el docto predicador proponia ; y levantándose en medio del auditorio (¡desatino grande!), dixo hablando con el predicador:-Padre, mejor vida es la destos, y más sana doctrina. que la vuestra. Fué presa luego por el Santo Oficio, y examinada, se conoció ser tanto el daño, que si con brevedad no se atajara, no tuviera fácil remedio, por los muchos a quien tocaba. Pasaron los delincuentes de un gran número entre mujeres y hombres. Hizo en los principios la Inquisicion su oficio, y viendo ser el caso gravísimo y que pedia diligencia mayor que la ordinaria, pusieron los ojos el Rey Católico, y el Consejo Supremo de Inquisicion en el obispo de Salamanca, don Francisco de Soto, inquisidor que había sido de las inquisiciones de Córdoba, Sevilla y Toledo.»


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Los Alumbrados eran ya tantos y tan prepotentes, que atentaron contra la vida del Obispo , sobornando al médico que le asistia en el mal de orina de que adolecia aquel Prelado. Así lo dice el citado Fr. Alonso Fernandez, y de él lo copiaron los episcopologios de Salamanca y otros historiadores, que tratan acerca de los Alumbrados. Sea lo que quiera de la muerte del obispo Soto, ora fuese natural o acelerada por su médico, se echa de ver en esa creencia popular el temor que llegaron á inspirar aquellos malvados, y la influencia misteriosa y perversa que se atribuyó á su secta. En mi juicio es indudable que ésta hubiera llegado á ser lo que todas si hubiera tenido tiempo para desarrollarse y no la hubiera aplastado la mano férrea y formidable del Santo oficio. Se la ve pasar de la liviandad individual á la colectiva, del abuso del sagrado ministerio á la supersticion y la herejía, de ésta á la propaganda del error y de la sensualidad en gran escala y con cínico alarde, apariencias hipócritas de virtud, y sensualismo verdadero en la realidad, difamacion y calumnias sistemáticas de todos los buenos, seduccion de viudas ricas para lograr heredarlas, atraccion de gente moza halagando sus pasiones y comprometiéndola en orgías, tenebrosas reuniones y nefandos misterios, pasando luego de la lascivia á la crueldad, que las naturalezas viciadas suelen hallar como medio de placer y lubricidad, por un fenómeno tan cierto como poco explicado por la fisiología, y de esa crueldad lúbrica al asesinato para hacer dinero, fomentar la secta, encubrir los delitos, cohechar cómplices, acallar remordimientos y tener nuevas y más costosas bacanales. Por sus pasos contados hubiera venido á la rebelión abierta y á mano armada cuando ya los crímenes de los sectarios los hicieran odiosos y temibles, encubriendo sus delitos con la máscara de un fanatismo religioso ó político, pidiendo reforma de costumbres para disimular los vicios propios con la difamacion ajena, o gritando libertad para honrar con esta palabra su libertinaje infame: hé ahí el camino que la secta de los Alumbrados habria recorrido si no se le atajáran los pasos cuando avanzaba ya del segundo al tercer grado de la lubricidad colectiva y fanática, á la crueldad por placer sensual. Los priscilianistas y los albigenses, sus ascendientes, lograron recorrer los demás grados hasta la rebelion á mano armada (1).

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(1) Á fines del siglo xv hizo muchas de esas habilidades en tierra de Vizcaya un fraile zamorano, llamado Fr. Alfonso Mella. Descubierta su liviandad y supercherías, fué encausado en Durango, de donde se escapó a Granada; llevándose una porcion de mujerzuelas. El ex-padre. como dicen ahora los frailes renegados, vivió allí de tal manera, que no pudiéndole aguantar ni aun los moritos,muy tolerantes en esa materia, acabaron por ahorcarle. Un alcalde de Durango quemó hacia el año 1828, el proceso que se guardaba en el coro de la iglesia, pues solían burlarse de íos durangueses, preguntándoles por los autos de fray Alfonso.


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No debo intercalar aquí la narracion de las indecencias que se permitian aquellos malvados sacerdotes al abusar de los sacramentos: es demasiado repugnante para darle cabida ni áun en la HISTORIA DE LAS SOCIEDADES SECRETAS. Conviene, empero, consignar parte de lo que dice un papel contemporáneo (1) acerca de las infamias cometidas por el principal corifeo de aquella secta.

"El bachiller Hernando Alvarez, sacerdote predicador, vecino do Villanueva de Barcarrota, de edad de cincuenta años, fue testificado y acusado que habia enseñado predicando muchas veces diversas herejías y errores y sus pretensiones de la secta de los alumbrados, contra lo que tiene y enseña la Santa Iglesia de Roma, especialmente que sentia mal del estado de los casados y de las religiones, y aconsejaba á sus discípulas que fuesen beatas, y les hacía cortar los cabellos y vestir de pardo y tocas gruesas, y les mandaba que cuando sus padres les quisiesen dar otro estado, no lo tomasen ni les obedeciesen; ratificándolas que aquello era la voluntad de Dios, y la que en esto no consentía que ca la tal mujer no halda entrado el Espíritu Santo; y; desacreditando la oracion vocal, decia á sus penitentes que no la hiciesen, sino que contemplasen en las cinco llagas de Cristo en cierta forma que él les enseñaba, dándolos á entender que con sola esta oracion se satisfacia y cumplia con toda la ley de Dios...; y las personas que hacían la tal oracion y contemplacion, como él les ensenaba, sentian un ardor terrible que les quemaba y unos saltos y ahincos en el corazon que las atormentaba (2), y una rábia y molimiento y quebrantamiento en todos sus güesos y miembros que las traia desatinadas y descoyuntadas; de manera que algunas do ellas venían á morir dello, y les causaba una afeccion ciega para con él con gravísimas tentaciones y deseos carnales, que realmente vian várias visiones y sentian extraños ruidos y voces, y otros muchos y extraños sentimientos, y dán-

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(1) Esta narracion la insertó el Sr. D, Vicente Barrantes en su Catálogo bibliográfico de Extremadura. Hay tambien copía en la Biblioteca nacional. Se titula Sentencia de los inquisidores de Llerena contra los teatinos alumbrados que fueron hallados en su distrito.La palabra teatinos (Jesuitas) está borrada y con razón,pues ninguna parte tuvieron en ello los Jesuitas. Pero Melchor Cano y sus discipulos, en su fanatismo contra los Jesuitasculpaban a éstos de todos cuantos errores se vertian en España, desde mediados del siglo XVI.

Al hacer la revision de manuscritos de la Universidad de Salamanca, al bibliotecario Sr. D. Juan Urbína y yo, hallamos en un cajón de una mesa un lio de papeles cuidadosamente empaquetados, como pana llevárselos, y que debía hacer muechos años que estaban allí olvidados. Tratan acerca de los Alumbrados y se anuncia su publicación. Recuerdo que contienen algo de lo que dice esta narracíon.

(2) Quien haya leido las grotescas escenas de los célebres convulsionarios de Paris y otros puntos de Francia en el siglo XVII, no extrañará nada de esto.

Entre los musulmanes hay una secta de fanatices, que despues de hacer oracion en cierta postura se sienten como furiosos y se hacen heridas, de que dicen sienten placer. ¡Buen provecho!


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dole cuenta de todo ello él las decia y enseñaba que aquel era el Espíritu Santo y sus efectos, y dones y grandes misericordias que les hacía Dios en aquello que se les iba descubriendo; amonestándoles que callasen y perseverasen en aquella oracion y manera de vivir, y no dixesen aquellas cosas á malos confessores, porque sólo él y sus compañeros entendían aquellos efectos, y que les aconsejaban en la confession que hurtassen á sus padres para decir misas y dar limosnas, y que fuesse á su cuenta de él y que no se confessassen sino con él y sus cónsules, etc.»

Se ve por esta relacion la afinidad de aquella secta con la de los priscilianistas y albigenses, en la sensualidad, fanatismo, crueldad y supersticion, en las supuestas recepciones del Espíritu Santo, y en la obligacion del sigilo, exigido á todo trance. Algo de espiritismo se trasluce tambien en lo de las convulsiones, voces s ruidos misteriosos y desconocidos. Es chocante que el Diccionario de las herejías. en la palabra Priscilianistas, nos hable de que reaparicieron en Alemania en el siglo XVI. ¿Habria en su reaparición en aquel país algo de masonería?

Omito aquí toda la parte lúbrica, por no decir súcia, de las bellaquerías á que se entregaban aquellos infames sacerdotes, oprobio de la Religion. La Inquisición los trató con blandura respecto de lo que usaba en otros casos menos graves é infames. Así se vió luego en el siglo siguiente reproducida esta herejía en la del sensual Molinos, otro bellaco malvado, que fingía oraciones y elevacion de espíritu con su quietismo para satisfacer sus brutales apetitos y concupiscencia. El Sr. Barrantes no cree que la herejía de los alumbrados proviniera de Sevilla, y la achaca á la despoblación de Extremadura por la conquista de América. Extremadura estaba poco poblada aun antes de aquel descubrimiento; y para aquellos malos clérigos lo mismo hubiera sido que hubiere muchos mozos en aquella tierra, pues quitaban los novios á las que iban á casarse y seducian también á monjas y á viudas, á las cuales poco podia afectar la falta de varones en aquel país. Por otra parte, la despoblacion era general en Castilla, habiendo redundado en beneficio de la Corona de Aragon la ojeriza con que se miraba á los aragoneses y catalanes que pasaban á Indias. Gracias á ello y á sus fueros, aquel país no se despobló tanto. Burgos que, á principios del siglo XVI, contaba más de siete mil vecinos, cien años despues apenas tenía novecientos. Lo mismo sucedia en Soria y otros muchos pueblos principales de las dos Castilla; donde no hubo Alumbrados (1).

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(1) Fr. Angel Manrique, monje bernardo, y catedrático de Salamanca, despues obispo de Badajoz: Socorro que el estado eclesiástico podía hacer al Rey


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No hay, pues, que buscar el origen de los alumbrados en la despoblación, ni en causas políticas, sino en otras morales y fisiológicas bien obvias y sencillas, principalmente en la decadencia del espíritu monástico, que siendo fervoroso en su origen, austero y mortificado, llega con el tiempo á decaer y reducirse á meras exteriorldades, utiliza en beneficio propio las riquezas lentamente acumuladas, y atrae al recinto de los claustros á muchos holgazanes que huyen del trabajo. Es muy difícil ser pobre en medio de una comunidad rica, y si llegan á entrar en ella holgazanes, que no buscan á Dios, sino satisfacer los estímulos de su estomago, aquellos desertores del trabajo contagian en breve al monasterio que los recibe.

Por eso para mí es indudable que los templarios de Francia y Alemania eran perversos, pues tenian las dos cualidades para serlo: eran ricos y eran holgazanes. Que los conventos de España estaban en su mayor parte relajados, lo acredita la comision dada á Cisneros para reformarlos; pero las gestiones de éste fueron poco eficaces, pues sólo suprimió á los claustrales, cuando era preciso suprimir la mitad de los demás, que no estaban mejor que los claustrales (1).

Ni el clero secular estaba mejor, pues en su mayor parte se hallaba trabajado por la simonía y el concubinato, por el nepotismo y la políticomanía. La historia de los arzobispos Fonsecas es muy poco edificante, y como ellos habia otros. La del obispo Acuña y demás Prelados comuneros no era mejor.

En Sevilla, sobre todo, la corrupcion de los conventos y del clero secular era grande, y Cipriano de Valera, en su Tratado de los Papas, describe sarcásticamente los terrores de los clérigos y frailes solicitantes en la confesion. «Por otra parte, era de reir ver á los padres de confesión, clérigos y frailes, andar tristes, mustios y cabecicaidos por la mala conciencia que tenian, esperando cada hora y cada momento cuando el familiar de la Inquisicion les había de echar la mano... Pero todo su temor no fué más que viento, humo que pasó. Porque los inquisidores, viendo con le ex- periencia el gran daño que a toda la Iglesia romana resultaria, pues que los eclesiásticos serian menospreciados y mostrados con el dedo... no quisieron ir más adelante en el negocio.»

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N. S. con provecho mayor suyo y del reino. Salamanca, 1624,» El canónigo Navarrete lamenta esta despoblacion. Con respecto a Soria y su tierra , la describe muy bien Loperraez.

(1) La reforma de loa claustrales era imposible, pues estaban completamente relajados. Las noticias que de ellos nos dan los escritores coetáneos son desastrosas. D. Pedro Torres, en su Cronicón de Salamanca, dice de ellos que fueron echados del convento y "andan por los pueblos revueltos con p... Otro foco de protestantismo, si Cisneros no los hubiera extinguido.


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Poco efecto haria el sospechoso y mal intencionado pasaje de Valera si no lo confirmasen, por desgracia, los hechos ya aducidos de los muchos que en Sevilla se hicieron protestantes, buscando así en la pretendida Reforma la satisfaccion de su desenfrenada sensualidad, y Valera, al pretender afrentar así al Catolicismo, afrentaba su secta, que recogia á toda esa hez del clero secular y regular. Por tanto, no es de extrañar que de Sevilla pasase á Extremadura algo del contagio de los alumbrados.

En 1627 reaparece en Sevilla nuevamente aquella secta, si ,es que había sido extirpada. Ortiz de Zúñiga, en sus Anales, dice á este propósito: «Avíase descubierto por estos tiempos en Sevilla una oculta semilla de engaño, de tal modo arraigada, que pudo brotar especies de herejía más perniciosa: era esta de alumbrados, hombres y mujeres, que con capa de virtud ejercian muchos vicios, de que los sujetos principales fueron el maestro Juan de Villalpando, sacerdote, natural de Garachico, enla isla de Tenerite, y Catalina de Jesus, beata carmelita... A estos y otros muchos compañeros y discípulos prendió el santo Tribunal de la Inquisicion, y fueron penitenciados en auto particular.»

La herejía del clérigo español, Molinos, condenado en Roma por Inocencio XI en 1687, era la reaparición de la secta de los alumbrados, pretendiendo encubrir groseramente los excesos de la sensualidal con una devocion hipócrita. y una mística sublime en la apariencia, y lasciva en la esencia. Era la resurreccion del priscilianismo en su fondo. Todavía se vio algo de esto en la ruidosa causa de un convento de Corella á mediados del siglo XVII.

$ XV.

Secta de los brujos.

No es el siglo XIX el mas a propósito para creer en brujas, siendo como es un siglo de negaciones. Sin embargo,los espiritistas nos van acostumbrando á toda clase de supersticiosos, delirios y ridiculeces en esta materia, con sus evocaciones de muertos y relaciones con el diablo.

Habla de esta secta Llorente, en el tomo III de su Historia crítica de la Inquisicion, cap. XXXVII, art. 2.°,llamándola asimismo secta de los brujos. Por ridícula y fanática que ésta sea, no parece posible negar su existencia. ¿Querrán acaso nuestros descendientes creer que en 1870 había en Madrid personajes públicos diputados, senadores


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periodistas, ex-generales y magistrados, que apenas crean en Dios, que eran francmasones, que habiaban del Catolicismo con el mayor desprecio, y con todo eso preguntaban á una mesa o á un canasto los recónditos misterios que querian averiguar, y se comunicaban con los ángeles blancos y los ángeles negros de Allan-Kardec? Pues eso está pasando en Madrid, y los que se burlan de las brujas de Zugarramurdi se enfadan si uno se rie de las evocaciones espiritistas.

Clavel, en su Historia pintoresca de la francmasonería no puede menos de hablar tambien de esas iniciaciones secretas de los sectarios de Hécate, ó Dame Habonde, como derivaciones del paganismo, siquiera mezcle esto con desatinos acerca del Cristianismo, como buen francmason, y eso refiriéndose á Du Cange. «Las asambleas, dice, se celebraban por la noche en lugares desiertos; los asociados tenian sus signos de reconocimiento, y se comprometian con juramento á guardar el secreto más profundo. El que presidia de entre ellos se revestia con una piel de macho cabrio; su frente estaba armada de cuernos, y su barba adornada con las barbas de este animal.» Esto dice el francmason Clavel con relación á Du Cange y á los misteriosos conventículos nocturnos de Francia y Alemania en la Edad Media. ¿Por qué ha de ser ridículo en España é increible lo que no se halló increíble relativamente á esos países? ¿Se ha de dar menos fé á un proceso de la Inquisicion en el siglo XVII, que á una averiguacion judicial de un tribunal cualquiera en los siglos XII o XIII?

Yo no entraré aquí á dilucidar si las monstruosidades estrafalarias y obscenas que allí se revelan son hijas de imaginaciones extraviadas y meros fenómenos fisiológicos,o realidades; si están en las fuerzas de la naturaleza o había en ellas algo de sobrenatural y teurgico. Pero es lo cierto que hoy dia, vistos los adelantos de la ciencia y de la medicina en cuanto á monomanías extravagantes, los absurdos del espiritismo, dejando á un lado sus supercherías, y los brutales sacrilegios de algunas sectas italianas, estamos en el caso de volver á tratar de las hechicerías y de los misteriosos conventículos de los llamados brujos, y no contentarnos ya con los juicios críticos del P.Feijóo, que, si pudieron satisfacer á los lectores de su tiempo, hoy no pueden contentar ni á los católicos ní á los espiritistas.

Para mi propósito basta probar el hecho de la existencia de esas sociedades tenebrosas, sin descender á las apreciaciones de sus extravagancias, ni menos á la repugnante narracion de sus obscenidades.

La más célebre de estas reuniones de que dan cuenta los fastos del Santo Oficio en España, fué la de Zugarramurdi á principios del siglo XVII. Descubrióla una muchacha fran-

TÓMO I.


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cesa, á quien, sirviendo en un pueblecito español cerca de la raya de Francia, su ama habia iniciado en aquellos misterios, y llevado varias veces al aquelarre, que se celebraba en un prado cerca de Zugarramurdi. De vuelta á su casa, enfermó la francesa y se confesó en Bayona, donde fué absuelta por el Obispo. Recobrada la salud, volvió á Zugarramurdi, donde echó en cara á una tal María Jurreteguía, que era bruja y que ella misma la habia visto en el aquelarre. Supolo el marido, nególo ella, pero careada con la francesa hubo de confesar su crimen y se presentó á la Inquisicion de Logroño, donde reveló la existencia de aquella sociedad de brujos. Estos se vengaron, causándole graves daños en sus intereses y persiguiéndola en su persona, así que vieron que dejaba de asistir á las reuniones. La Inquisicion prendió á veintiocho de aquellos sectarios, entre hombres y mujeres. De los veintinueve (inclusa la Jurreteguía), diez y ocho fueron reconciliados con la Iglesia, y once relajados y quemados, y veintiuno condenados á varias penitencias: pasó esto en Octubre de 1610.

La principal de estas hechiceras se llamaba María de Zuzaya y fué ahorcada y despues quemada, pues se le probaron y confesó ella misma grandes y horrorosos crímenes. Miguel de Goiburu, que era uno de los principales brujos de Zugarramurdi dijo que habia asistido á una reunion de más de quinientos brujos, que hubo en un pueblo de Francia, cerca de la frontera, en union de otra de Zugarramurdi, llamada Estefanía de Tellechea.

Mas no era solamente en Vizcaya donde esto ocurria. Por el mismo tiempo (1618-1620) hubo en Urgel grandes pedriscos, y los labradores se empeñaron en que aquello era cosa del diablo y de las brujas. Formaron procesos el Veguer de Llusanés y el Abad de Ripoll y fueron ahorcadas una porcion de viejas, á quienes á fuerza de los más brutales tormentos se les obligó á confesar que tenían trato con el diablo; y que éste las habia marcado en el hombro con su uña. Horroriza el leer los tormentos con que se arrancaban aquellas confesiones, y no por la Inquisicion. Algunas de las acusadas confesaron liviandades por el estilo de las que cometia el diablo con las vascongadas (1). En el siglo XVII le daba por hacer el galana con las brujas : ahora hace de barba con los espiritistas.

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(1) El expediente origínal lo posee mi amigo D. Ramos Vinader, y de él he formado un largo y curioso extracto.


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CAPITULO II.

LA FRANCMASONERÍA EN ESPAÑA DESDE EL SIGLO XVIII.

§ XVI.

Primeras lógias españolas de que hay noticia.


Llegamos ya al punto principal de nuestra historia, y por tanto á tratar de la francmasonería en España, como síntesis que viene á ser de todas las sociedades secretas, antiguas y modernas y que las resume organiza y sistematiza á todas, lo mismo aquí que en el extranjero. Todas las sociedades secretas anteriores de que se ha tratado, solamente son pobres ensayos y pequeños preludios de ella. Comprendiéndolo así la francmasonería, busca su entronque y origen en algunas de éstas para presentar su alcurnia y nobleza con cierta antigüedad ficticia.

Del origen de la francmasonería en España nada cierto se sabe: los masones mismos lo ignoran, pues sus fábulas relativamente á los templarios son poco creíbles, y al pare- cer, por lo que hace á nuestra patria, completamente infundadas, á ménos que se descubran vestigios y documentos de que al presente carecemos.

Refiere Gyr, en su obra acerca de la francmasonería (1) que en el archivo de la lógia Frederich Vredehajl, en El Haya, se encontró en 1637 un documento curioso, que contiene el acta de una reunion masónica celebrada en Colonia el año de 1535, á la que asistieron los directores de las diez y nueve lógias principales de Europa, suscribiendo entre ellos, en el duodécimo lugar, un tal Ignacio de la Torre, que figu-

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(1) GYR: La Francmasonería en si misma, pág. 241, traducción y edición de Vitoria, 1867. No siendo esto documento peculiar de España, ni verdadero, omito su inserción.


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ra como director de la de Madrid (1). El objeto de semejante documento fué vindicar á la francmasonería de las imputaciones que se le hacían como perturbadora del órden público. Pero en mi juicio es apócrifo y falsificado por los francmasones, para probar entre los crédulos su gran antigüedad,o propalar entre los francmasones ideas de cierta reforma. Le creo tan falso como la supuesta acta de trasmision del Maestre de los templarios, de la cual se sabe ya hasta el nombre del falsificador, que la hizo por divertirse á costa de tontos (2). Los belgas y holandeses dan gran importancia á ese documento, entre cuyos firmantes aparece Coligny; firma no la más á propósito para probar que la francmasonería no era perturbadora y revoltosa, pues Coligny fué un revolvedor, vendido á Inglaterra y traidor á su patria.

Pero ¿quiénes eran en 1535 los que acusaban de sediciosa á la francmasonería? Dónde están los escritores coetáneos que la citen con ese ó con otro nombre? Señalen los defensores de ese documento un pasaje en que los católicos de Alemania, Francia, Flandes ó Suiza acusen á los pretendidos reformados de ser francmasones. Para mí, el supuesto francmason, llamado Ignacio de la Torre, es un ente de razon, que lo mismo pudiera llamarse Juan Fernandez; y la lógia de Madrid en 1535 no pasa de ser lo que llaman los franceses un castillo en España, y nosotros castillos en el aire.

El francmason Clavel, en su Historia pintoresca de la francmasonería, tampoco da importancia á este documento, y aun se deducen de su contexto los motivos que hubo para fingirlo, en obsequio, o por encargo, del príncipe Federico de Nassau, hacia el año 1819 (3).

En un periódico que desde 1865 principió á ser en Madrid el órgano reconocido de la francmasonería y de la propaganda protestante combinadas, se consignaron algunas noticias sobre el origen de aquella en España, reduciéndolo al siglo pasado, pero sin alegar pruebas ni documentos (4). «En España, dice, la primera logia se estableció en 1726 en Gibraltar. Al año siguiente se estableció otra en Madrid, y en 1731 otra en Andalucía. En la Habana se ha establecido una lógia recientemente, durante el mando del general Dulce (5); pero tanto las lógias de España como las de las demás posesiones, siempre han merecido descrédito entre los demás masones de

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(1) Hubo,en efecto, un español de éste apellido, que hubo de emigrar. Teniendo noticia de esto el falsario, le hizo francmason.

(2) CLAVEL, en la Historia pintoresca de la franemasonería, pag. 355, da noticias curiosos sobre esta supercheria.

(3) Clavel, pág 221 y siguientes de la traduccion española.

(4) Numero 15 de La Reforma, correspondiente al 18 Octubre de 1865. El Masonismo, comunicado por el corresponsal de Londres, D.R.S. y F.

(5) De 1727 a 1860 hay un salto mayor que el de Alvarado, y que de Cádiz á la Habana.


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otras partes, por las tendencias y carácter que encubren en con el falso nombre de masonería.»

Que la francmasonería española, durante este siglo, ha sido siempre levantisca, indócil é indisciplinada, refractaria á los reglamentos masónicos y poco dúctil, á pesar de los martillazos orientales, son verdades indudables, y ya las sabíamos por acá, como tambien las buenas mañas del delicioso general Dulce. En cuanto á los orígenes de 1727 y 31 hubiéramos agradecido algunas pruebas y aun más noticias; pero si eran tan ciertas como el suponer que no había masonería en la Habana antes de los tiempos del general Dulce, ha hecho bien al callarlas. A pesar de esta falta de unas y otras, yo me inclino á poner el origen de la francmasonería española hacia la época de 1727.

El supuesto John Truth, en su obra titulada La Francmasonería, que ha dado varias noticias acerca del origen de la de España, aunque apenas se puede sacar una verdad de entre todas ellas, dice á la pág. 28 lo siguiente:

«En 1726 la Gran Lógia de Inglaterra expidió patentes de constitucion á una lógia establecida en Gibraltar, y al año siguiente á otra erigida en Madrid, y cuyo taller estaba en una casa de la calle Ancha de San Bernardo.»

Se vé que el autor de esta noticia la bebió en la misma fuente que el corresponsal de La Reforma en 1865, y que sólo añade lo del taller de la calle Ancha, que aquel omitió. Pero como las obras de donde tomó estos datos, y que el mismo cita en el prólogo, están llenas de dislates y repiten con pueril ignorancia todas las consejas acerca del origen de la francmasonería, parece que tampoco deben inspirar gran confianza respecto á estos datos mas modernos, si no nos dicen de dónde les constan. ¡Quién no se reirá de ver á los piadosos Esenios israelitas convertidos en francmasónes" y á Numa Pompilio echando tambien los cimientos de la francmasonería en Roma el año 751 antes de Jesucristo! Estos pobres historiadores masónicos cuentan demasiado con el candor de sus benévolos lectores.

La obra del supuesto Truth pretende hacer datar la reforma dé la francmasonería de 1703, y que entónces en manos de los ingleses, tomó ésta un carácter puramente filosófico, merced á los esfuerzos que más adelante desplegaron Sayer y Payne (1717-1723). Lo del carácter filosófico lo creerá el que quiera. Lo que hallará en el origen de la francmasonería el que la estudie con algun criterio y desapasionadamente, será un carácter puramente utilitario subjetiva y objetivamente considerado, con cierta especie de cosmopolitismo y no poco de ese indiferentismo religioso, de que adolecen los marineros y comerciantes, precisados, por razon de su oficio, á recorrer varios países y tratar con gentes


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de distintas creencias. De ahí la propension de los judíos á la francmasonería, y por razones análogas se dedicaron á la marina los protestantes para eludir persecuciones, evitar los riesgos y sorprender á los católicos. A esto más que á las escaseces de su suelo debió Holanda su pujanza marítima. A esto se debió tambien que la Rochela fuera por más de un siglo el Gibraltar de Francia, y que los ingleses dominaran en los puertos calvinistas mas que los Reyes de aquel país. El mismo Coligny puso la marina en tal estado, que se le llegó á acusar, y con razon, de traidor á Francia.

En el saqueo de Cádiz por los ingleses, en 1596, se observó que éstos tenian noticias puntuales de todo lo que sucedía dentro de la plaza, y que desde dentro se les avisaba con bocina (trompetilla bastarda) los movimientos y preparativos de los españoles. «Entiéndese y tiene por sin duda, dice un testigo ocular de aquel desastre, que extranjeros tratantes y ladinos en España daban avisos al enemigo, así los de Cádiz como algunos de Jerez (1).»

Conviene mucho tener en cuenta estos antecedentes para calcular por qué la francmasonería cunde tanto en la marina y tiene sus focos principales en los puertos de mar (2). La primera prohibicion de la francmasonería en España da á entender que esta, al parecer, cundía en el ejército y en la marina, segun veremos luego.

Llorente, en su Historia crítica de la Inquisicion de España (3), dice que Felipe V, en 1740, hizo publicar la Bula In Eminenti, de Clemente XII, seguida de una pragmática contra los francmasones, en virtud de la cual un gran número de ellos fueron presos y condenados á galeras. Llorente, tan pródigo de noticias en otros casos, fue muy parco en este y áun en todo lo relativo á la francmasonería, copiando lo que halló en la obra masónica Acta Latomorum.

¿Será cierto lo que dice Llorente de la pragmática y de los castigo? Yo tengo motivos para ponerlo en duda, y creo que los tendrá cualquiera que lea la pragmática de 1551, que copiaremos luégo. En ella ninguna mencion se hace de la pragmática de once años antes. La pena que se impone, lejos de ser reagravatoria, es más ligera, pues se contenta el Rey con privar de su empleo ignominiosamente, lo cual es

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(1) Historia del saqueo de Cádiz por los ingleses en 1596 escrita por Fr. Pedro de Abreu, impresa en Cadiz año 1866. Véase a la pág. 71.

(2) El Sr. D. Cesáreo Fernandez ilustrado marino y archivero del ministerio de Marina, trató de vindicar a la española en está parte. Respetando sus razones, no me di por satisfecho y le contesté con la mesura y urbanidad debidas.El diablo, que no huelga, hizo que por los dias en que se publicaba mi réplica, el fervoroso Sr. Anrich, ministro federal de Marina, y ahora carlista, pusiese la escuadra en manos de los cantonales de Cartagena, con lo cual se supieron casas muy buenas, y muchos incrédulos se pusieron de mi parte.

(8) Tono IV, cap. 1.x1, art. 2.º


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mucho menos que echar á galeras. La expulsion sólo cabia con respecto á los soldados y marinos, pero no con respecto á los que no tuvieran empleo ni cargo público. Por otra parte, el lenguaje de la pragmática de 1751 es tan vago, que se echa de ver á la primera lectura que el legislador apenas tiene idea de lo que es la francmasonería; llámala invención, la califica de sospechosa, le da el título de Congregación, pues los de sociedad y asociacion no eran usuales, y funda la prohibicion en la que acaba de hacer la Santa Sede, reservándose el Rey poder imponer otras penas arbitrarias.

$ XVII.

Decreto de 1751 prohibiendo la francmasonería en España.

Dejando á un lado las noticias poco seguras y no probadas acerca del establecimiento de una logia en Madrid el año 1727, y la supuesta persecucion de 1740, vengamos al primer documento cierto y verdaderamente histórico, que nos acredita la existencia de la francmasonería en España en 1750, de un modo indudable. Pero antes de llegar á consignar la verdad, conviene desembarazar el camino de las sempiternas consejas de los historiadores francmasones, los cuales, aun cuando citan hechos históricos ciertos, los mezclan con mil patrañas inventadas á su sabor. Con esto las personas amantes de la verdad verán lo poco que se debe fiar en ésas relaciones masónicas, áun relativamente a los hechos modernos que se presentan con cierto aparato de erudicion.

La obra titulada Acta Latomorum (1) contiene la noticia siguiente: «2 de Julio de 1751.—Fernando VI, rey de España, da un edicto que prohibe las juntas de los francmasonesnes, bajo pena á los contraventores de ser considerados los jefes como reos de Estado y juzgados como tales. Este edicto fue dado en virtud de acusacion presentada al Consejo Por Joseph Torrubia; revisor del Santo Oficio: El acta de acusación se encuentra traducida del español al aleman en el Journal fur Tzey-m, impreso en Viena en 1784: un volúmen fol. pág. 175, núm224."

El supuesto John Truth inventa ó copia sobre esto la siguiente fábula, en que hay casi tantas mentiras como palabras: «El clero español ultracatólico se mostró, como de cos-

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(1) Tomo 1, pág. 65.


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tumbre, más que ningún otro, enemigo encarnizado de la institucion. Para poder mejor perder á los adeptos, el fraile José Torrubia, censor y revisor del Santo Oficio de la Inquisición en Madrid, fue encargado en 1751 de hacerse iniciar con un seudónimo en una lógia masónica, á fin de penetrar todos sus secretos y conocer a fondo todas sus doctrinas. Con este objeto, recibió del Legado del Papa las dispensas necesarias relativamente á los juramentos que se viera obligado á prestar para ser recibido mason. Despues de haber visitado las lógias de varias comarcas de España, se presentó al Supremo Tribunal de la Inquísicion, y denunció la francmasonería como la institucion más abominable que existia en el mundo, y sus miembros como manchados de todos los vicios y todos los crímenes. Presentó una lista de noventa y siete lógias establecidas en el país, contra las cuales solicitó todo el rigor de la Inquisicion.

»La importancia de las lógias y el gran numero de sus miembros, que pertenecian á las clases ricas é influyentes. hizo reflexionar al Santo Oficio, que juzgó más prudente provocar una prohibicion de la francmasonería por parte del Rey. En efecto: Fernando VI. por un decreto de 2 de Julio de 1751, prohibió el ejercicio da la masonería en toda la extension de su reino, bajo el pretexto de que sus doctrinas eran peligrosas para el Estado y la Religion, y pronunció la pena de muerte contra todo individuo que la profesase:»

La simple lectura del documento oficial, que se insertará luego, basta para probar la falsedad de este relato, pues nada se habla en él de pena de muerte.

No es ménos falso lo relativo al P. Torrubia. Tengo a la vista la obrita que escribió dicho padre, y que se titula así Centinela contra francmasones. Discurso sobre su origen, instituto, secreto y juramento. Descúbrese la cifra con que se escriben,y las acciones, señales y palabras con que se conocen. Impúgnanse con la pastoral del Ilmo. Sr. D. Pedro Maria Justiniani, obispo de Vintimilla, traducida del italiano al español por Fr. Joseph Torrubia, cronista general de la religión de nuestro Padre San Francisco en el Asia, etc. Con licencia: Madrid, imprenta de D. Agustin e Gordejuela y Sierra, calle de Preciadas, año 1.752(1). Tiene esta primera edición una lámina detrás de la portada, que representa la construccion de un templo masónico, que se derrumba, con andamios y arquitectos, heri-

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(1) En la primera adición de esta obra solamente pude dar noticia de la del P. Torrubia por la cuarta edicion, que se reimprimió en 1815, y no tiene mas lámina que la de la cifra. Posteriormente he adquirido un ejemplar de la primera, que describo aquí.


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dos por un rayo del cielo. En primer término un francmasón con su mandil , compás v escuadra, se arranca con rabia los pelos y la redecilla. La otra representa la medalla acuñada por los frailes franciscos con motivo del Capítulo general que celebraron en Roma en 1750. Al describirlo dice, que el rayo que derriba la francmasonería es la Bula de Benedicto XIV, que despues publica. Allí advierte, que en la Gaceta había salido un juicio dogmático-moral sobre cinco proposiciones masónicas, de que no hacia caso, pues sabía que no eran opiniones masónicas. A la pág. 10 trae la cifra de los francmasones descubierta, en una lámina igual á la que algunos años despues publicó el abate Barruel. Trae también el decreto de 1751, entónces reciente. El Padre Torrubia había viajado por Francia é Italia, y cita las obras masónicas publicadas hacia 1745 y 47. Lejos de haberse inscrito como francmasón y denunciado que hubiese en España noventa lógias, se infiere de su narración la falsedad de esto. Oigamos al mismo P. Torrubia: «Oí decir a un francmasón en París que tenian ya trescientas ocho lógias conocidas. Lo cierto es que el año 1735 sólo nos dieron razon de ciento veinte y nueve en una tabla, donde las figuraron magníficamente, con sus antigüedades y blasones, empezando en el núm. 1.° con la de Lugdale Street, y colocando en el ciento veinte y nueve la de Plimouth.» (Pág. 45).

"Cuando estuve en Italia pude conseguir una copia legítima do esta notable pieza (la Pastoral de Mons. Justiniani). Se que muchos españoles, por falta de instruccion sobre este punto, han prevaricado con el comercio preciso que tienen con los francmasones en el giro que hacen por el mundo, así en las colonias extranjeras de la India Oriental, que frecuentan nuestros filipinos, como especialmente en las de la Occidental, Jamáica, Nueva-Orleans... Grandes insidias se preparan en todas estas partes á nuestros españoles pasajeros, estimando los francmasones más agregar así á uno de nuestra nacion, que á cinco de otra,» (Pag. 52 y 53) (1).

Esta narracion sencilla no se aviene con la supuesta iniciacion y las quiméricas noventa logias de España.

Veamos ahora el real decreto de 2 de Julio de 1751 prohibiendo la francmasonería, como cosa ya existente en España (2). Copiárnoslo del impreso que se conserva en la biblioteca de la Real Academia de la Historia, que es el de la edicion oficial.

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(1) Este pasaje está copiado de la cuarta edicion : en la primera dice lo mismo, con algunas pequeñas variantes, y está sin foliar.

(2) La redacción de este documento es bastante desgraciada: se imprime con su propia ortografía. El P. Torrubia le insertó a la pag. 71 de su libro, con alguna ligera variante: en lugar de francmasones escribe france-masones.


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«REAL DECRETO.


Hallándome informado de que la invencion de los que se llaman Franc-Masones es sospechosa á la Religion y al Estado, y que como tal está prohibida por la Santa Sede debaxo de Excomunion, y tambien por las Leyes do estos Reynos que impiden las Congregaciones de muchedumbre no constando sus fines é instituto á su Soberano: He resuelto atajar tan graves inconvenientes son toda mi autoridad, y en su consecuencia prohibo en todos mis Reynos las Congregaciones de los Franc-Masones debaxo de la pena de mi Real indignacion, y de las demas que tubiere por conveniente imponer á los que incurrieren en esta culpa: Y mando al Consejo, que haga publicar esta prohibición por edicto en estos mis Reynos, encargando en su observancia, al zelo de los Intendentes, Corregidores, y Justicias asseguren á los contraventores, dándoseme cuenta de los que fueren, por medio del mismo Consejo, para que sufran las penas que merezca el escarmiento: En inteligencia de que he provenido á los Capitanes generales, á los Gobernadores de plazas, Jefes militares é Intendentes de los Ejércitos y Armada naval, hagan notoria y zelen la citada prohibicion, imponiendo á cualquier Oficial ó individuo de su jurisdicion, mezclado ó que se mezclare en esta Congregación la pena de privarle, y arrojarle de su empleo con ignominia. Tendrase entendido en el Consejo, y dispondrá su cumplimiento en la parte que le toca. En Aranjuez á 2 de Julio do 1751.—Al Obispo Gobernador del Consejo.

Es copia del Real decreto quo original, etc.»

John Truth, ó el inventor de la patraña de que el padre Torrubia se hizo iniciar como francmason y denunció noventa logias en España no podia figurarse que había de llegar un dia en que su fábula fuese careada con la narracion del mismo P. Torrubia. Dudo mucho tambien de la autenticidad de su acusacion, que las Acta Latomorum dicen que se publico en Viena en 1784: me parece todo ello inventado á placer.

Otro dato hay más curioso é importante, que acredita la existencia de la francmasonería en España, y con gran número de afiliados, antes del año 1750 y del edicto de Fernando V. El abate Hervás y Panduro, en el libro titulado Causas morales de la revolucion francesa, dice que el embajador español en Viena avisó á nuestra corte, que el año 1748 se había hallado en una logia alemana allí descubierta un manuscrito intitulado Antorcha resplandeciente, en el cual, entre otras lógias correspondientes, se contaban las de Cádiz, y afiliados en ellas ochocientos masones.

Sé por conducto muy seguro que en Barcelona habia ya logia en 1753. Quizá la denuncia hecha desde Viena contribuyese á la persecucion, que Llorente puso en 1740, equivocando el último número en la fecha, por hallarla así en las Acta Latomarum; pero el tono de la pragmática hace creer que por entónces se averiguó poco.


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$ XVIII.

La francmasonería española en tiempo de Carlos III en Madrid.

Aparece ya como indudable la existencia de la francmasonería en España en el reinado de Fernando VI y en la primera mitad del siglo XVIII; y no solamente en Madrid, sino en Cádiz y probablemente en otros puertos de mar. Las razones utilitarias de cosmopolitismo, indiferencia religiosa por efecto del trato con protestantes y judíos, y de conveniencia para hallar amigos y protectores en países remotos y desconocidos, las indicaba ya el P. Torrubia, y son fáciles de creer, tratándose de lógias en puertos de mar y entre mercaderes y marinos, gente de escasas creencias religiosas, por lo comun, y de costumbres demasiado libres.

Mas al advenimiento de Cárlos III al trono do España, procediendo de Nápoles, donde reinaba la francmasonería, tomó ésta gran incremento, sobre todo en Madrid: se hizo aristocrática y cortesana, y adquirió mucha influencia política; y no porque fuese francmason Carlos III, sino porque lo eran las aristocracias nobiliaria, literaria y militar que le rodeaban.

La francmasonería era más antigua en Nápoles que en España, y la familia real estaba afiliada en ella. Piuede conjeturarse que muchos de los cortesanos que de allí vinieron con Cárlos III estarían inficionados, y quo no dejarian de reforzar las lógias de Madrid. La mayor parte de aquéllos se adhirieron bien pronto á la política del ministro Wall, conocido por su dócil adhesion á las miras del embajador Keene, y a las fementidas maquinaciones de Inglaterra, encaminadas á destruir nuestro comercio y pujante marina, tan fomentados por el católico y piadoso Ensenada.

Yo no me atreveré á decir que los individuos apandillados por Wall y afiliados á la faccion británica perteneciesen todos a la francmasonería; pero las malas ideas religiosas y peores mañas de aquel ministro, la impiedad de una parte, no pequeña de la grandeza y de los literatos y abogados do la corte, el indiferentismo de una porción de generales y oficiales del ejército, y la molicie y cínica inmoralidad en que vivían muchos americanos ricos y opulentos establecidos en Madrid, dan motivo á vehementes sospechas para creer que Wall y su británica pandilla fomentaron la masonería en España.¿Cómo, en medio do la piadosa córte de


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Fernando VI, se había formado este núcleo de impiedad, tan de pronto y con tal pujanza?

Nota oportunamente el protestante Ranke (Leopoldo) que en todas las córtes europeas se formó en el siglo pasado un partido que hostilizaba abiertamente al Papa, á la Iglesia y áun al Estado en su forma monárquica, y otro que los defendia con teson (1). Esto es un hecho histórico ya indudable para los que conozcan las vicisitudes de aquellos tiempos; pero ¿cuál era la causa y, sobre todo, quién reunió y organizó esas huestes de nobles, literatos, abogados, militares, banqueros y marinos que, en medio de sus mútuos ódios y rivalidades, coincidían en insultar al Papa, al clero y á la Iglesia, y obraban como de comun acuerdo? Miéntras se ha negado la existencia de la francmasonería, y se ha ridiculizado, como á gente crédula, á los que hablábamos de ella, ha podido dudarse acerca de este misterioso agente: hoy será ya muy necio el que no vea claro en la materia, pues tan fuera de toda razon es el creer lo que no debe ser creido, como negarse á dar asenso á lo que se debe creer. La calificacion de este partido, hecha por el criterio mismo de la Santa Sede, la oiremos luégo. Que los enemigos del Catolicismo no acepten este criterio, se comprende; pero que los católicos lo desechen, ni se comprende ni se explica.

Aparece casi fuera de duda que Wall y el duque de Alba dirigieron todas las infames y ocultas tramas que tenían por objeto preparar la expulsion de los Jesuitas, de acuerdo con el protestantismo inglés y la francmasonería europea. Ellos, siguiendo las inspiraciones de Keene, falsificaron la correspondencia que suponían remitida á los Jesuitas del Tucuman por su hermano el P. Rávago, confesor del Rey. Ellos fueron tambien los que inventaron la patraña de que los Jesuitas querían sublevar las misiones del Uruguay y del Paraguay (2), á fin de formar allí una monarquía independiente, al frente de la cual habian puesto un coadjutor, con et título de Nicolao I, acuñando moneda con su nombre (31.

Los elogios de Voltaire al conde de Aranda como filósofo y como regenerador de España, comprometen tambien su reputacion en este concepto; y el abate Barruel, en su Historia del Jacobinismo, le considera justamente como uno de los más poderosos agentes de las sociedades secretas en Es-

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(1)Histoíre de la Papauté; tomo IV pág. 486.

(2) L'Espagne sous les Rois de la maison de Bourbon, tom. IV. Véase sobre esto la obra de CRÉTINEAU-JOLY, Clemente XIV y los Jesuitas.

(3) Tengo una moneda de las que se dice acuñaron, y que me regaló como tal, un amigo, Tiene un Rey sentado entre dos Obispos. Pero habiendo hecho notar al que me la enseñaba que aquellas eran las armas de Sevilla, con el célebre ño8do, se convenció de su error, y tuvo la amabilidad de cedérmela, una ves que no tenía la importancia que él le daba.


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paña, como amigo de los enciclopedistas y embriagado con sus aplausos. Con todo ; es preciso convenir en que el conde de Aranda era el ménos malo de todos ellos, pues tenía ciertos principios de probidad y honradez á su modo, de que carecian la mayor parte de los otros.

Hallábanse éstos divididos en dos bandos, que se odiaban y hostilizaban mútuamente en materia de intereses, destinos é influencia, pero que se avenían para combatir á la Iglesia. Llamabase el uno el partido aragonés,o militar, en el cual entraba gran parte de la aristocracia de nacimiento y de los generales y marinos, sin perjuicio de tener sus abogados y literatos, como Roda, Azara y el conde de Fuentes, todos ellos aragoneses. De este partido era jefe el conde de Aranda. El otro, denominado de los golillas, contaba tambien con no pocos nobles y algunos militares, pero en general estaba formado por consejeros y abogados, y á él pertenecian Grimaldi, Floridablanca, Campomanes y otros curiales. Este partido prevaleció sobre el otro, y lo venció, por fin, en tiempo de Carlos III, y definitivamente en el de Carlos IV.


Veamos ahora alguna de las habilidades principales de esta francmasonería.


§ XIX.

La familia real de Nápoles en sus relaciones con la francmasonería durante el siglo pasado.


La Civilta Cattolica (1) publicó hace años unos artículos muy curiosos relativos á la francmasonería, y especialmente á la italiana. Hay en ellos algo que atañe á España; y como por otra parte las familias reales de ambos países han vivido en gran intimidad, de un siglo á esta parte, no sólo por su entronque en la estirpe de Borbon, sino tambien por frecuentes enlaces matrimoniales, conviene saben algo acerca de la francmasonería napolitana.

De los Borbones de Francia, nada hay que decir, pues se sabe que muchos individuos de la familia real, y casi toda la nobleza, eran francmasones. Los Orleans lo han sido siempre. El regente Orleans lo era ya en 1715, y se hizo Gran Maestre de los templarios. El duque de Chartres, despues

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(1) Número 413. correspondiente al 18 de Mayo de 1867.


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duque de Orleans, aceptó la direccion de la francmasonería en 1771, pero era francmasón mucho antes. Dejemos esto por muy sabido, para hablar de la familia real de Nápoles.

Refiere Findel, que el rey Carlos III publicó en 1731 un edicto contra la francmasonería, la cual se hallaba entónces en estado muy floreciente en Nápoles, tanto por el número como por la calidad de los sócios; pero que habiendo sabido en 1751, el Breve en que Benedicto XIV la condenaba, hubo de bastar esto para que el Rey la tomase bajo su proteccion, en odio al Papa.

La Civilta responde á esto que mal podia Cárlos III condenar la francmasonería en 1731, cuando él no era todavía Rey de Nápoles, pues no lo fué hasta tres años despues, y que entónces la francmasonería aún no se había fijado en Italia. Errores y anacronismos de este género son muy comunes en los escritores francmasones, pues en las cosas del siglo pasado no saben ellos más que nosotros los profanos, y no basta que un historiador francmason asegure una cosa para que vaya á creérsele, como si lo dijera un oráculo (1). Por mi parte tampoco creo lo de la proteccion dispensada en 1751, aunque no extrañaria que la condenacion hecha en España en aquel año sonase de distinto modo en Nápoles. Fernando VI y Cárlos III no se profesaban gran cariño.

Añade el mismo Findel que Carlos III llegó á tener tanto afecto á los francmasones, que al venir de Nápoles á España para ocupar nuestro trono, encargó á éstos la educacion de su hijo el jovencito Fernando, dándole á uno de ellos el título de confesor. En esto hay otro error, pues el príncipe de San Nicandro, si bien era francmason y ayo del príncipe, no podía ser su confesor, porque pertenecia al estado laical. El ayo se portó como era de esperar; pues siguiendo las instrucciones de Tanucci, dueño absoluto de aquella monarquía, le enseñó poco, y eso malo, dejándole hebetarse en las diversiones y placeres. Por ese lado no saca mucha honra la francmasonería.

A la sombra de la regencia, y con el favor de Tanucci y de la reina Carolina, la francmasonería arraigó en Nápoles y cundió prodigiosamente, desde 1760 á 1775. Organizóse en 1760, formando lógias regulares con patente de la Gran Lógia de Holanda. Celosos los ingleses de aquella dependencia, dieron una patente de la Gran Lógia de Inglaterra, para que las napolitanas formasen provincia dependiente del Gran Oriente inglés. No les gustaba mucho á los aristócratas napolitanos, afiliados en aquella francmasonería,

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(1) Ya hemos visto que abundan entre ellos los documentos apocrifos y las noticias falsas La misma historia de la francmasoneria por John Truth, publicada en castellano, es un gran almacen de patrañas.


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ni á la gran protectora de ellos la reina Carolina, depender de Inglaterra; y así es que desde 1764 proyectaron una masonería nacional, á fin de sacudir semejante tutela. Anduvieron en estos tratos el príncipe de Caramanico, Gran Maestre y virey de Sicilia, y el príncipe de Caracciolo, venerable francmasón y ministro de Estado ó de Relaciones exteriores, ambos favoritos de la Reina y sus consejeros íntimos. Por fin, el príncipe de Caramanico convirtió la Gran Lógia provincial de Nápoles, dependiente de Inglaterra, en Lógia nacional napolitana independiente, de la cual se declaró Gran Maestre en 1767. Esta fecha es memorable por la expulsion de los Jesuitas, y á la verdad que será bastante corto de vista quien no alcance á divisar en aquella medida la mano de la francmasonería, tanto en Madrid como en Nápoles y otros puntos, y hasta entre los degenerados caballeros de Malta, afiliados muchos de ellos en esa secta.

No le gustó mucho á Tanucci esta trastormacion de la francmasonería napolitana, y por otra parte los francmasones ingleses no se avenian tampoco á mirar á los napolitanos como independientes, pues les tenía más cuenta que dependieran del Gran Oriente de Lóndres. Los diplomáticos ingleses del siglo pasado, y áun los del presente, no solamente eran francmasones y suelen serlo, sino que se prestaban á ser dóciles instrumentos del Gran Oriente de Inglaterra. De ese modo ejercian influencia entre la aristocracia de los países cerca de los cuales estaban acreditados: tenian con ella servidores buenos y baratos, medios de adquirir noticias y propalar rumores calumniosos, y aun de influir en la marcha de los acontecimientos políticos. Así se explica el ascendiente de Keene en Madrid sobre Wall y su pandilla de nobles y golillas contra Ensenada, buen católico, Amigo do Francia y enemigo de Inglaterra, y los medios inicuos con que se abusó de la confianza del Rey, falsificando cartas que se atribuian á los Jesuitas y se suponían interceptadas. ¿Cómo habian, pues, de consentir los diplomáticos ingleses que la francmasonería italiana se les escapara de entre las manos, que la aristocracia se pusiera en desacuerdo con ellos, en vez de servirles dócilmente, y que de ese modo la reina Carolina se emancipara algun tanto ,de su oficiosa tutela? Y por otra parte, Tanucci, ¡el gran Tanucci! tampoco llevaba en paciencia aquellos conatos de la reina Carolina, aspirante por ese medio á mandar absolutamente, cosa desagradable para su ministro y sábio Mentor, que había cogido apego al despotismo ilustrado, durante los largos anos que lo ejercitó en Nápoles. Principiaron, pues, las grandes luchas entre la francmasonería nacional y la inglesa, ó sea los llamados dissidenti.

Por arte del diabló, que á veces sé porta con los franc

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masones como padrastro, más que como padre, ocurrió en una lógia nacional una desgracia, que no era la primera, ni fué la ultima. Al recibir en una lógia á una señora, perteneciente á una familia distinguida, hicieron los masones tan á lo vivo sus fantasmagóricas majaderías, que la pobre mujer, mal preparada, y tomándolo por lo sério, se tragó la muerte, como suele decirse; dióle un accidente, hubo que llevarla á su casa, donde enfermó gravemente, y murió poco despues. Este suceso es indudable (1). Los disidentes y Tanucci se aprovecharon de él para combatir la masonería nacional, no por suprimirla, sino por despique y á fin de abatir la influencia que tenía en palacio. El resultado fué magnífico, pues enfadado Fernando IV, y excitado por Tanucci, reprodujo en 1775 la ley de Carlos III en 1751 prohibiendo la francmasonería. Findel atribuye este golpe á Tanucci (2), y parece indudable que lo preparó y lo explotó, pues se formaron algunas causas criminales; pero, como sucede en esos casos, y entre buenos hermanos, los encausados salieron absueltos, sin más pena que el susto, en castigo de su imprudencia. El mismo Oriente ó Gran Lógia nacional se lamentó de este suceso en circular dada el 6 de Diciembre de 1776, en que decia Lenning, que «esta medida fatal había sido provocada, no por alguno do nuestros hermanos, sino tan sólo por la conducta imprudente y escandalosa de esos infelices cismáticos, que, extraviados por las intrigas del duque de la Rocca y d el príncipe de Otaiano, se empeñan en trabajar obstinadamente segun el estatuto inglés.»

Pero como esto era muy duro de confesar, y no convenia propalar mucho estas riñas domésticas, se inventó un cuento ridículo echando la culpa al fanatismo religioso. Al efecto, no habiéndose licuado á su tiempo la sangre de San Genaro, el dia de su fiesta, salieron una porcion de mujeres pagadas; gritando por la calle que la francmasonería tenía la culpa de que el Santo no hubiese hecho el milagro á tiempo, como en otros años.

Añádese que un tal G. Pallante, profesor de lenguas, francmason vendido á Tanucci, invitó á varios á un convite, que daba un supuesto príncipe polaco, para conocer á los venerables hermanos de Nápoles. A lo mejor de la fiesta los cogió la policía, y los puso presos. Pero la buena reina Carolina, habiendo obtenido para entónces permiso de despedir á Tanucci, dió libertad a los masones presos. Esto le valió á la Reina grandes elogios. ____________

(1) La Civilta Cattolica cita á este propósito la curiosa obra de Thory, titulada Acta Latomorun, tomo I, pág. 117 y el tomo III de L'Encyclopedie. Tambien habla de ello el francmason Clavel, véase la pág. 264 de la traducción española.

(2) Tomo I, pág. 428 de la Historia de la francmasonería. Clavel, pág. 284, explica en el mismo sentido aquellas persecuciones, atribuyéndolas á Tanucci, y refiriendo otras intriguillas en este concepto.


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De resultas de algunos nuevos disgustillos, que dieron los hermanos, prohibió el Rey nuevamente la francmasonería en 1781; pero la Reina volvió á pedir por ella, y se derogó en 1783 el anterior decreto.

Cuando los franceses se apoderaron de Italia, tuvieron buen cuidado de reformar las lógias, echando á pique las influencias británicas y estableciendo lógias dependientes del Oriente francés. Hubieran sido muy necios si dejaran á los ingleses seguir explotando aquel comercio. El pobrecito Murat, que era un santo, al decir de los hermanos, fué hecho Gran Maestre de la francmasonería napolitana en 1809, y en 1812 admitió la gran encomienda del Consejo Supremo del grado 33.

$ XX.

El motín contra Esquilache: expulsion de los Jesuitas.

Mientras se pudo dudar de la existencia de la francmasonería en España durante el siglo XVIII creyendo que la Inquísicion había impedido su establecimiento, y miéntras se acogian con sarcástica y desdeñosa sonrisa las noticias que se daban acerca de ella, considerando á los que las vertían como gente crédula y de criterio escaso, pudo dudarse tambien que la francmasonería tuviese parte en la expulsion de los Jesuitas (1). De hoy en adelante seremos nosotros los que respondamos con sarcástica sonrisa á los que lo niegen, y sabremos á qué atenernos respecto á ellos. Ya la francmasonería española confiesa que la expulsion de los Jesuitas fué obra suya; y no solamente eso, sino que lo proclama como una de sus principales hazañas, segun veremos.

En el tomo VI del Semanario pintoresco publicó el señor Mesonero Romanos un papel inédito, muy curioso, acerca del motin de Esquilache, escrito por un testigo presencial, aunque, al parecer, algo crédulo, ó por lo ménos que astútamente aparentó serlo. Dicho escritor anónimo, fuese crédulo ó fuese bellaco, insertó unas «Constituciones y ordenanzas que se establecieron para un nuevo cuerpo; que en defensa de la pátria ha erigido el amor español, para quitar y sacudir la opresion con que intentan violar estos

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(1) En 1876, con motivo del aniversario de la expulsion de los Jesuitas, publiqué un folleto titulado 1767 y 1867 y al año siguiente una vindicación de aquel, titularla La Corte de Carlos III, probando las infamias cometidas por los cortesanos de aquel Monarca. Véanse allí las pruebas acerca de lo que se dice en este parrafo,si bien alli no se habló de la francmasoneria española.

TOMO I.


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dominios.» Concluyen los estatutos de esta sociedad secreta con cláusula siguiente: «Y así establecidas nuestras ordenanzas lo que hemos de pedir se establezca: que sea la cabeza del marqués de Esquilace, y, si hubiere cooperado, la del marqués de Grimaldi. Y así lo juramos ejecutar, fecha en Madrid, á 12 de Marzo de 1766 (1).»

Por mi parte, no creo se formasen tales estatutos, pues ni les Jesuitas ni los masones eran tan tontos que se pusieran á escribir las muchas sandeces que aquel documento contiene. Creo más bien que alguno de los fautores del motin lo redactó á su placer, para acumularselo á los Jesuitas, si es que no lo inventó el mismo autor de la narracion, que parece muy partidario del motín y poco amigo de éstos.

De mal español acusa al duque de Arcos, porque aconsejó se le permitiera cargar con su escuadrón de Guardias á los pocos y mal armados rebeldes, que comprometian el órden público, á lo cual se opuso el marqués de Sarriá, de quien sospecho algo por ese motivo. La Guardia española que mandaba éste, hizo una accion infame y cobardemente indigna de militares pundonorosos; pues habiéndose refugiado en un puesto suyo uno de los guardias Walonas, que habían hecho fuego, cometió la bajeza de entregarlo á los paisanos, que á su presencia lo mataron á palos y á pedradas. Dice el anónimo que las cuadrillas de amotinados no robaron nada, pero que entraban en las tabernas, aguardenterías, bodegones y panaderías comían y bebian sin pagar, y los dueños tenian que callar y franquearlo; pero no se quedaron sin satisfacer, pues de allí á pocos días andaban diferentes sujetos por dichas casas, con gran silencio y a deshoras, sin saberse quién eran, averiguando lo que habian hecho de gasto, y los daños y perjuicios bajo su conciencia, y luego satisfacían sin dilación su importe.»

Añade luego que á la gente que estuvo acordonada y en actitud hostil contra el Rey hasta que volvió el calesero Bernardo, digno plenipotenciario de aquella turba, «no les faltó que comer, ni que beber en abundancia, sin haberse averiguado quien proveia para ello, por lo que se sospechó que el fundamento del motin fué por sujetos de clase.»

¿Cómo el conde da Aranda, escogido y nombrado por el Rey para pacificador de Madrid, no procuró averiguar quiénes eran esos sujetos de clase, es decir, personas de alta posición social, que pagaban los gastos de aquella función, siendo lo que llaman nuestros modernos revolucionarios la mano oculta?

Pero, antes de entrar en comentarios, oigamos á otro

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(I) Véase el Apéndice mum. 1.


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testigo presencial, más desinteresado que el que se acaba de citar. Había en Madrid por entónces un americano rico y entremetido, al cual, aunque no era clérigo, se le cono- cia en la córte por el apelativo del Abate Hermoso. Este se halló en palacio durante el motín, y salió de Madrid para Aranjuez con el Patriarca de las Indias. Era hombre de ideas volterianas y enemigo de los Jesuitas, pero aun más de la pandilla infamé que urdió aquel motin, y cuyos manejos conocía muy á fondo. Perseguido por ella con gran ensañamiento, se le encerró en un castillo y se le enredó en un expediente inicuo y brutal, que es un oprobio para el gobierno y los magistrados que lo siguieron (I).

Hermoso en sus declaraciones compromete a los consejeros del Monarca y les achaca el haber hecho lo posible por exacerbar los ánimos y engañar al Rey(2). «Que el Viernes de Dolores, tres dias antes del gran tumulto, habían precedido otro casual en la calle de Atocha, á las cuatro de la tarde, que dió bastante cuidado... Que sobre este hecho y otros repetidos casualmente en los mismos días, se echó tierra, no se avisó á la Córte, no se tomaron precauciones, y siguieron los alguaciles su imprudente y violenta persecución.»

Hermoso dice en sus declaraciones que no era afecto a los jesuítas: pedía permiso para escribir y defenderse; pero el Consejo mandó en repetidas providencias que no manifestase sus escritos. Por ese motivo se le cree el verdadero autor de un cuaderno muy curioso, é inédito hasta pocos años há, que en un principio se creyó del P. Ceballos. Titúlado Juicio imparcial sobre el extrañamiento de los Jesuitas, por un ilustrado español. Éste, sea ó no sea el abate Hermoso, culpa abiertamente al duque de Alba como autor del motín y preparador de él, para achacarlo a los Jesuitas y asustar á Carlos III. Dice así:

«Vino ya el momento decisivo en que el duque de Alba volvió á la gracia del Rey y á la mayor intimidad con el Padre confesor, aunque sin amistad; pues dicen, por cierto, que no la tuvo ni con su madre. Este sólo era el hombre capaz de perfeccionar la máquina y de ponerla en movimiento. Tratóse entre los dos, y Campomanes principalmente, y dióse parte á muchos que habían de servir á su tiempo. Pero el duque sólo se hizo cargo de la dirección, dejando al confesor y fiscal como instrumentos, cada uno en su clase que

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(1) Lo publicó en extracto el fiscal D. Francisco Gutierrez de la Huerta, en su dictamen á Fernando VII á favor de los Jesuitas. Véase á la pág. 240 de la edición de este dictamen, impreso en Madrid el año de 1845, la barbarie de aquellos fiscales de Carlos III, que pedian contra Hermoso pena capital y tormento tamquam in cadavere. ¡Y luego se habla de la Inquisicion!

(2) Aunque se copian aqui algunos párrafos que hacen al caso para nuestra historia, pueden verse más por extenso en el folleto titulado La Córte de Carlos III,1767-1867.


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se atasen con otros segun pidiese el tiempo, y unidos todos al principal impulso del duque.»

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«En esta situacion se hallaba la máquina al tiempo de las turbulencias de Madrid, y desde el primer dia, anunciando no se podía menos de ignorar su origen, se dió el primer golpe de movimiento á la máquina, haciendo entender á S. M. que la novedad era más que de pueblo, y que la Compañía, acostumbrada á emprender trastornos, tenia á la nación contaminada, y que no había que fiar en aquella aparente tranquilidad del pueblo.

Logróse el efecto con el tiro, dejando S. M. aquella noche su real palacio de Madrid, retirándose á Aranjuez, donde, por temer mayores resultas que le persuadian (1), consintió prudentemente en que se cortasen las puentes de comunicacion, se acordonase la tropa de casa real, se estableciesen avanzadas y se acercasen tropas y artillería contra Madrid.

»Sabe el mundo que nada resultó, confirmándose con la repentina quietud del pueblo que todo ese alboroto fue humo, que se disipo con la remoción del marques de Esquilace, y que aún la vil ralea del pueblo español (2), que fueron los que gritaron, tienen sublimes pensamientos de amor y fidelidad á sus dichosos Reyes.

»Pero como el timen estaba puesto en la buena mano del duque, y maniobraban bien los de su gremio, no perdieron, y aunque al parecer se dejaban llevar de la corriente, en realidad avanzaban viaje y prometian puerto. Una de las maniobras fue hacer preciso el consejo de Estado, bien que secretamente y sin publicas funciones de ceremonia, compuesto del decano, el duque de Alba, el de Soto-Mayor, marqués Grimaldi y D. Cosme Mazones, y ponerlo en ejercicio privado por la interlocucion del Padre confesor, á la manera de lo que sucede con el Mufti y el gran Divan.

»La segunda maniobra fue el destierro del marqués de la Ensenada, con el pretexto de que algunos picarones, en el día del motin, le pidieron por ministro. Con ella se consiguió deshacerse de este enemigo, y dar una idea á S. M. de que la voz que le pedia por ministro dejaba sospechar alguna cábala de los Jesuitas, como sus apasionados, si no es que esto había sido el objeto de los alborotos: puesta la primera piedra, quedó trazado el edificio.

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(1)En tales térmimos asustaron al Monarca sus pérfidos consejeros, los maquinadores de le expulsion, exagerándole el motín, que al llegar a Aranjuez fué preciso sangranle.

(2) El autor del Juicio imparcial sostiene como testigo de vista que entre los amotinados no habla ni una persona decente, ni artesanos. Por ese motivo llama en ralea y en otro paraje canalla, a los que figuraron en aquel motín.


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»Siguieron desde luego la máxima pública de disimular y confirmar al pueblo en su quietud por medio de un generoso indulto, precedido de las representaciones humildes de la nobleza y gremios de Madrid, y del universal cumplimiento que se le hizo á S. M. en Aranjuez por todos los Prelados, cuerpos y comunidades del reino ; declarándose, a consulta de todo el Consejo Real, que los autores del motín habian sitio pocos, despreciables hombres de la plebe. Pero entre tanto, el minador, aplicado ya al ántes inexpugnable muro de la Compañía, trabajaba secretamente.

»Podía subsistir el temor de una contra-mina, viviendo la Reina: pero era más natural su dolorosa pérdida, que lloramos poco despues, y fue ésta una infausta resulta de la precipitada marcha para Aranjuez, y debió ser un reato atroz contra los autores del consejo (I). Tomó S. M. la resolución de nombrar un presidente de Castilla, que uniese en sí la fuerza militar con la política, pues una y otra era ocasion de desplegarse extraordinariamente, y eligió para tan superior encargo al conde de A randa, hombre á propósito para emprender y ejecutar. Fué esta eleccion un repentino nublado para el de Alba, su rival, y le fue preciso recurrir á los eficaces exorcismos del Padre confesor, y ahogar, por su parte, los ímpetus de la emulacion. Esto le es fácil á su excelencia, por lo mismo que goza un espíritu exterminador (2), y al Confesor fué fácil atar corto al conde para con el Rey, y así se vió que el conde, trasportado de gozo de que le diesen ocasion de ser violento, sólo pensó en serlo, y dirigirlo al mérito con que llegar á un favor despótico (3).

»Siguió el minador sus labores, por lo cual se encargó el Padre confesor de excitar denunciantes, de todas clases y estados, con honrosas recompensas, que á muchos se les anticiparon. Encargóse tambien del penoso trabajo de sembrar espías en Madrid y en las principales ciudades de España, y conferenciar con ellas a horas señaladas. Se avisó á Campomanes y á los demás subalternos que, imitando el celo del duque de Frias, era tiempo de recoger papeles y prevenir materiales para la obra; y como segundaban admirablemente los cuidados del de Alba y confesor, cuando vino a morir la Reina, en el mes de Julio, estaba casi perfecta la industriosa mina.

»Dos habian de ser los ramales de ella, dirigidos á otras dos recámaras, que una se habla de llamar la justicia y otra

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(1) Obsérvese bien lo que esto significa.

(2) Sospecho que haya errata en la copia: quizá el original dijera determinado.

(3) Entre los varios ahorcados por el conde de Aranda,fue uno de ellos un noble murciano llamado Juan Antonio Salazar, que decía que no había de parar hasta acabar con el Rey y su familia.


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la conciencia, y para cargarlas se hicieron dos maniobras excelentes. Por la justicia se aumentó el número de ministros del Consejo en cinco plazas, que se proveyeron con el cuasi-cóntrato de servir al incendio. El Consejo de Castilla fué siempre uno de los tribunales más justos y respetados de la Europa, y lo es tambien hoy; pero en todo gremio, por excelente que sea, siempre hay feble (1), y éste fué el que se extrajo para componer el Consejo extraordinario que habia de declarar y consultar segun las intenciones del Confesor; de manera que este tribunal extraordinario de ministros parciales, ó hechos de propósito, se puede llamar un procedimiento á la inglesa, siempre que esta nacion perdió su libertad, y para simularla con el órgano de las leyes eligió jueces comisarios por extraccion (2).

»Para la recámara de conciencia, aunque había de antemano un par de Obispos, hechos sobre el mérito de antijesuitas, porque no son muchos los obispados, y no se quitan ni vacan tan fácilmente, se logró la coyuntura de dar el de Avila al famoso dean de Coria, conocido por antijesuita, y se mandó detener al arzobispo de Manila, religioso escolapio, más conocido por aprobante del almacen de regalías del Sr. Campomanes.

»El conde de Aranda había de hacer el salchichon, y al propio tiempo había de dar fuego á la mina; porque el peregrino ingenio del de Alba quería ver volar el edificio. y complacerse en sus ruinas, sin ser reputado por el maestro del arte. Fue fácil lo uno y era preciso lo otro: el salchichon se hizo reconociendo por mano del conde algunos papeles manuscritos é impresos, que se atribuyeron á los Jesuitas ó á sus amigos, y averiguando las especies qué denunciaban los delatores de lá confidencia, y, los chismes de espías asalariados á millares. Trabajaban en esto el Conde, la sala de Alcaldes y cuantas justicias tiene el reino. Lo más era inútil, porque las espías comunmente mienten, y semejantes delatores calumnian siempre; pero al cabo se recogió algún material, que, queriéndolo beneficiar con el poder, se podía inflamar.

»¿Cuáles serian las especies de este material? Sólo importa saber por ahora que hubo algun Jesuita, tal como el padre López, que se dice haber echado por segunda voz, la de pedir al marqués de la Ensenada por ministro para la vacante de Esquilace, y que hubo tambien otros dos ó tres que copiaron é hicieron sátiras y otros papeles anónimos despues del motin, y que después las imprimieron en una ofici-

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(1) Débil, flojo; á veces significa falsificación.

(2) Observación curiosa para los que aplauden la expulsión de los Jesuitas á nombre de la libertad. Vean como se opinaba acerca de ella hace cien años.


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na de un colegio de España, contra ciertas personas del gobierno, y particularmente contra el padre Osma, sin duda para desacreditarle y hacerle la guerra del modo que podian, á un poseedor intruso, que le juzgaron, del precioso patrimonio del confesonario del Monarca, en que los padres habían reinado tanto tiempo (1). En alguno de estos papeles se disculpaba al pueblo, como oprimido del poder del marqués de Esquilace, para los tumultos y quejas en que prorumpieron, y declaman los atrasos del Monarca, y los agravios de la Iglesia, originados de su gobierno.

»Dicen tambien que hay testigos de haber visto al padre Lopez, disfrazado entre las gentes del motin, el martes por la noche. Tengo por cierto que los hay ; pero es muy fácil hacer que se jure que vieron un bulto parecido á un Jesuita, en otro hábito, en la oscuridad de la noche y conmocion del pueblo. Lo cierto es que es calumnia, y si el P. Lopez hubiera sido oido en justicia, así lo habria convencido. Le echaron de Madrid; hicieron esta inicua justificacion, recompensando perjurios con beneficios eclesiásticos, y esta es la conviccion de que los Jesuitas hicieron el motin. Veremos lo que hay en adelante sobre lo que estos mismos testigos han depuesto sobre los tres cómplices, que se hallan en otros tantos castillos, y el tiempo desimpresionará á los crédulos (2).

»Esta es la subsistencia y nervio contra dos ó tres indíviduos de la Compañía, con relacion á las públicas turbaciones, y esto lo que pasó en el tribunal del extraordinario; á que agregaron todos los cargos generales que la han hecho en Francia contra su instituto en materia de gobierno, enseñanza, ambicion, mercimonia, probabilismo,privilegios etc., de que trata la consulta de que hablamos; pero sin calificarlos más que en la voz comun, y en vista de los otros libelos y de algunas informaciones notoriamente sospechosas, pasó al extraordinario la resolucion, que se le había enseñado en el delenda Carthago, por una consulta á S. M. de 29 de Enero de 1767, y con esto obró su efecto la mina por el ramal de la justicia.

»pasó de aquí al de la conciencia de los obispos de Manila y de Avila, acompañados del célebre P.Pinillos, de los ermitaños de San Agnstin, de quienes darémos razon en su lugar; y con lo que dijeron los tres eminentes sujetos, incendiándose este otro depósito, voló el formidable baluarte

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(i) Los antiguos Monarcas siempre habian tenido por confesores frailes dominicos, y la familia real hacia alarde de su parentesco con la de Santo Domingo de Guzman.- Los Jesuitas entraron en el confesonario real con la casa de Borbon.

(2) Uno de los presos era el abate Hermoso, el otro el abate Gándara y el otro el abogado Flores. Véanse sus declaraciones en el dictamen del fiscal Gutierrez de la Huerta.


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de la Compañía, con la resolucion del 27 de Febrero, para su general extrañamiento, por arresto personal y confiscación de temporalidades.»

Resulta, pues, que el verdadero autor de la expulsion de los Jesuitas fué el duque de Alba, y que el conde de Aranda solo fué un instrumento. Que el duque de Alba fraguó y dirigió el motín de Esquilache y lo achacó á los Jesuitas, es ya hoy dia cosa corriente y generalmente creida (1). Que los, ministros que engañaron á Cárlos III y le persuadieron aquel acto de tiranía eran enemigos de Dios y de la Iglesia, lo dijo el Papa Clemente XIII (2) y lo repitió Pio VI al cardenal Calini, que los calificó de hombres sin religion. Roda, que precedió al duque en los preparativos contra los Jesuitas, y que era ministro de Gracia y Justicia, encubria su impiedad y ódio al catolicismo bajo la máscara de un regalismo exagerado y casi protestante, y en su correspondencia secreta con el francmason Choisseul, ministro de Luis XV, se proponia nada ménos que matar la Santa Iglesia Romana, es decir, el Catolicismo (3).

Por estas señas fácilmente se vendrá en conocimiento de lo que eran aquellos honrados cortesanos, que prepararon y dirigieron el motin de Esquilache para intimidar al Rey: que impidieron se atacase a los amotinados, á quienes hubiera sido facilísimo dispersar con una sola carga de la caballería española: que culparon á los Jesuitas del motin fraguado y pagado por ellos, y que, mediante esto, lograron la expulsión de siete mil españoles, arrojados de su patria de un modo bárbaro, inicuo, tiránico é inhumano, echando para siempre un borrón feísimo en la historia de la casa de Borbon, que hoy purga ese y otros pecados.

Yo no me atreveré á decir de seguro, y afirmar como cosa cierta, que Wall, el duque de Alba, el conde de Aranda, Roda, Campomanes, Floridablanca, Aura y otros muchos de los que anduvieron en aquellas intrigas fuesen francmasones; pero creo que lo eran, y me guardaré muy bien de combatir á los que lo afirmen.

El supuesto John Trulh, en su obra reciente sobre la francmasonería, afirma y sostiene como cosa corriente, con pruebas de propios y extraños, que la masonería, «casi siempre perseguida y proscrita, sin contar con más recur-

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(1) El protestante Cristóbal Murr, en el tomo IX , pág. 222 de su Diario para la historia de la literatura, asegura que el duque de Alba en 1776, estando para morir, declaró haber sido el autor del motín y de las patrañas contra los Jesuitas: escribía esto en 1780, y apoyaba su narracion en testimonio de personas que vivían a la sazón.

(2) En su tiernisima carta á Carlos III, llamada la Tu quoque, fili mi..!

(7) Carta de Roda á Choisseul en 17 de Setiembre de 1767, publicada por CRAÉTINEAU-JOLY, en vista del original. Escribe esta horrible blasfemia: Hemos muerto. al hijo: ya no nos queda más que hacer otro tanto con la Madre,nuestra Santa Iglesia Romana.


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sos que los ahorros de los asociados, supo minar el poder de los Jesuitas y de la Inquisicion (1).

El testimonio de este escritor significa muy poco : cítasele únicamente como muestra de lo que dice ahora la francmasonería moderna acerca de este punto histórico.

$ XXI

Los machines vascongados: Sociedad vascongada de Amigos del país.

Durante las sangrientas discordias o bandos que regaron de sangre el suelo vascongado, como casi todas las provincias y ciudades principales de España (2), en el desastroso siglo xv, hubo allí unos bandidos aventureros, especie de condottieri, que causaron grandes males. Formaban una especie de confederacion o sociedad malvada, y eran llamados los frailes de Castro, significando la palabra frailes lo mismo que fraires, cofrades, o hermanos, como muestra de su coalicion secreta. Pudiera decirse que aquellos malos fraires eran por el estilo de los actuales carbonarios. El escritor vascongado á quien debemos esta noticia los describe así (3): «Amorabieta, anteiglesia de la merindad de Zornoza, á la izquierda del rio Durango... Aunque han desaparecido muchas casas solares de este pueblo, todavía se conservan algunas... La de Zornoza... era la residencia del Merino, o juez mayor de merindad, y cuyo fundador fué Pedro Garcia Galindez, IV Señor de Ayala, á mediados del siglo XII; fue incendiada en Diciembre de 1.445 por los frailes de Castro, soldados del terror, incendiarios, que se ponían á sueldo de quien los pagaba. En esta época dependían de Pedro de Avendaño, quien sostuvo con algunos parientes mayores de Amorabieta guerras sangrientas, que la dejaron asolada durante algunos años (4).»

A principios del siglo pasado hubo en las Provincias Vascongadas una sublevación de machines ó bandidos, que duró poco tiempo, y que no tiene Apenas relacion con el objeto de esta historia (5).

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(1) Pág. 60.

(2) Apenas había entónces provincia ni pueblo, en que no hubiese tales bandos O partidos de linajes, que eran lo que ahora los partidos políticos.

(3) Henao: Antigüedades de Cantabria.

(4) Despues de la primera edición de esta obra, el pueblo de Amorebieta se ha hecho célebre por el convenio que allí se hizo en 1871, para poner término a la séptima sublevacion carlista, que principió en el año anterior.

(5) Machin en vascongado dicen que significa revolvedor, tronera o cosa tal. Diose este nombre por antonomasia á un célebre marino vascongado, muy notable por su valor y audacia.


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Alguna más tiene la de los machines de Guipúzcoa, en 1766, y hácia la época del motin contra Esquilache. Tambien de esto se quiso sacar partido contra los Jesuitas, suponiéndolos causantes, ó por lo ménos instigadores de todos los motines qué por entónces hubo en España, hijos en su mayor parte de la rapacidad de Esquilache y sus allegados, y de los intendentes puestos por él en casi todas las provincias, que robaban y cohechaban con el mayor cinismo y la más irritante tiranía.

El abate Hermoso, o quien quiera que sea el autor del Juicio imparcial antes citado, vindica tambien á los Jesuitas de este cargo, y dice de aquellos sediciosos lo siguiente:

«Los machines de Guipúzcoa, por hambre y escasez, irritados contra sus mismos paisanos, á quienes consideraban en la abundancia, hicieron este entremés ó farsa, que corre impreso á nombre de la victoriosa villa de Vergara: lo mismo fué este motin que sus carricadanzas, que de todo tienen ménos de danzas. Se emborrachaban á costa de sus paisanos, comian, venian de lugar en lugar, y de caserío en caserío, querian que todos fuesen iguales, que los clérigos no lo comiesen todo, y aquí dió fin el alboroto de Guipúzcoa.»

Las frases en que se encierra el objeto de aquella machinada, de la cual habla el Español ilustrado con su habitual y ruda franqueza; son notables: «Querian que todos fuesen iguales, y que los clérigos no lo comiesen todo.» A la verdad, estás ideas igualitarias y niveladoras no han sido inculpadas á los Jesuitas, que no han tenido entre sus símbolos el nivel y la escuadra, ni han sido desamortizadores. Otras manos muy distintas de las de los Jesuitas se traslucen en la agitacion de los machines.

Sospéchase que la masonería existia ya en las Provincias Vascongadas, y sobre todo en Bilbao y San Sebastian, como en Cádiz, Barcelona, Coruña y demás puertos de mar; y el contagio se extendia del comercio y la marina á los capitalistas, letrados y personas allegadas á aquellas clases, aunque en pequeña escala, pues la francmasonería, con sus apariencias de ilustracion y beneficencia, conservaba cierto carácter aristocrático al estilo volteriáno, si bien se dejaba ya entrever la tendencia política á que la empujaron con mayor violencia la seudofilosofía alemana y la revolucion francesa.

Algo de esto se dejó traslucir en las reuniones habidas en Azcoitia y Vergara, desde 1765 en adelante, de las cuales resultó la creación de la Sociedad vascongada de Amigos del país. No hay pruebas para asegurar que aquella asamblea (así la llamaban) fuese una reunion masónica; pero si bien se examina el lenguaje que allí se usaba, las ideas que


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prevalecian, los elogios que en sus tareas se dispensaron á los enciclopedistas franceses, las relaciones de algunos de aquellos amigos con los revolucionarios de aquel país, la desafeccion que ya algunos de ellos mostraban contra la Iglesia, la actitud recelosa con que fué acogida por el clero, que creyó desde luégo encontrar allí algo oculto y sospechoso, darán lugar para alguna conjetura en este sentido. La misma divisa de las tres manos unidas, que adoptaron, es un signo masónico de los más conocidos.

Con motivo de la invasion francesa en las Provincias Vascongadas á fines del siglo pasado, en medio de las grandes pruebas de lealtad que entónces se vieron, hubo ciertas infidencias y traiciones de mal género por parte de algunos afrancesados, conocidos como tales públicamente, y que sostenian relaciones criminales con los agentes de aquel pais, con sospechas graves de pertenecer á las sociedades secretas. Quien conozca la clave de la mayor parte de las victorias ganadas entónces por los franceses (1) y sepa que estas se debieron á las gestiones de la francmasonería más que al valor de los soldados ni á la pericia de los generales, no dudará mucho acerca de ciertos triunfos, tan rápidos como misteriosos, de los franceses en las Provincias Vascongadas. Afortunamente la actitud patriótica y decidida del clero, sublevando al país, contuvo no poco aquellas misteriosas gestiones. Para levantar en parte el velo que las cubre, léase el siguiente curioso párrafo, escrito por un magistrado español que tuvo que perseguirlas (2).

«Tambien dijo... que había chocado con el directorio ejecutivo francés, en el año 1796... En dicho año se formó causa en la Chancillería de Valladolid contra D. Pablo Carrese, sus hijos, su yerno Aguirre Martin Zuvivuru, D. F. Danglada y otros varios, por haber entregado á Tolosa en Guipúzcoa á los franceses: de estos unos fueron presos y conducidos á Valladolid, y otros se fugaron á Paris. La sala me comisionó para la formación de la causa; los fugados consiguieron tomase cartas en su favor el directorio ejecutivo,

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(1) Gyr, describe estos manejos.

(2) Representaciones que hizo a su Majestad el augusto Congreso nacional D. Antonio A lcala Galiano, sobre la Gaceta de Madrid de 21 de Setiembre del año próximo pasado y un extracto de sus procedimientos en la causa del Conde de Tilly: Madrid, 1812, pag, 32

A este conde francés, pariente del jefe de la francmasonería francesa, se le hizo torpemente individuo de la Junta Central por Sevilla. En Aranjuez estuvieron para matarle por sospechoso, después de la rendición de madrid, y logró escaparse tirando puñados de dinero al populacho. (Memorias españolas, por don Jerónimo Martin de Bernardo. pág. 94.) Luego quiso pasar á Méjico con 5.000 hombres para sublevar aquel país contra España, ofreciendo a los ingleses la plaza de Ceuta en recompensa de los auxilios que le dieran para aquella traicion. Con este motivo so le puso preso, y fué Galiano el encargado de la formacion de causa.


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y cuando me hallaba instruyendo el sumario, tuve carta de nuestro embajador recomendándome el proceso, y ofreciéndome la protección del gobierno francés...Continuó la causa y, sabiendo el curso que se le daba, se repitió la recomendacion con amenazas.»

Refiere que últimamente tomó Godoy cartas en el negocio, y que, habiendo sido condenados los reos, el gobierno se apresuró á indultarlos. El ménos lince podrá adivinar algo en este feo negocio.

$ XXII.

Causa del hebillero frances (1757).

Llorente tuvo la amabilidad de darnos por extenso el expediente del francés M. Tournon, procesado en la Inquisicion de Madrid el año de 1757, como agente de la masonería francesa.

El gobierno habia traido á este á Madrid, pensionado, para establecer una fabrica de hebillas de cobre y enseñar á obreros españoles. De paso que les enseñaba á hacer hebillas, quiso tambien dar á sus aprendices lecciones de francmasonería, pero con mal éxito. Díjoles que el Gran Oriente de París le habla comisionado para admitir hermanos, y que los títulos vendrian de Francia. Para un fabricante extranjero, la francmasonería siempre es un buen negocio; pues los operarios quedan sujetos á su autoridad por misteriosos lazos, le deben un respeto que de otro modo no se le tendria fácilmente, y algunas pesetas vuelven tambien sencillamente al bolsillo del fabricante, de donde salieron (1).Es un negocio en todos conceptos ventajoso, y por tanto no es de extrañar que los fabricantes y operarios extranjeros lo ensayen siempre con cierto afán.

Los aprendices españoles al pronto mordieron el cebo masónico de M. Tournon; pero cuando les habló de las pruebas que haría con ellos para ver si eran serenos y valientes, y del juramento terrible que habían de prestar, y les enseñó los signos astronómicos y cabalísticos de la masonería, llegaron á figurarse que habla allí algo de magia y brujería, de cuyas resultas uno de ellos le delató á la Inquisicion, la cual le prendió en 20 de Mayo de aquel año. Tres de los aprendices declararon unánimes lo que les había dicho el francés. ______________

(1) Para eso los masones tienen su que cepillo, llaman tronco, traduciendo así estúpidamente la palabra francesa tronc. No es esta la única barbaridad o barbarismo de traducción que notaremos.


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Llorente, tan parco y aun poco exacto en sus anteriores noticias, copia por extenso el diálogo entre los inquisidores y el francmason. En el interrogatorio aparece el inquisidor bastante tonto y el procesado bastante ladino. Repite todas las consejas masónicas sobre el objeto benéfico de la francmasonería, y entra á disputar con el francmasón acerca de si los francmasones son o no son indiferentistas, cosa impropia en un juez, que nunca baja de su tribunal y de su elevada posición al palenque de la discusion á medirse con el reo y pelear con él, rebajándose de superior á igual.

M. Tournon dijo que era católico, y bautizado en la parroquia de San Pablo en París. Aseguró que en Madrid no habia ninguna lógia: un francmason no podia decir otra cosa, y el juramento le importaba muy poco. Las respuestas del francés son muy calculadas y astutas, y se ve claramente la intencion del Sr. Llorente en consignarlas con tanta latitud, pues insensiblemente daba una lección de catecismo masónico ad usum recipiendorum, ó sea para catecúmenos francmasones. Sospechábase de él que lo fuese, y luégo le veremos citado en el Diccionario critico-burlesco como uno de tantos, aunque en son de burla; pero sus contemporáneos lo decian de veras. Atendidas sus doctrinas y las de muchos otros compañeros suyos en la Suprema Inquisicion, nada tendria de extraño, pues eran manifiestos jansenistas, y el jansenismo era en muchos clérigos una máscara para encubrir su iniciacion masónica y consiguiente ódio á la Iglesia. El modo favorable á la masonería con que habla acerca de ella, es muy notable en un clérigo. Por mi parte, dudo mucho de la autenticidad del interrogatorio, aunque suponga Llorente haberlo copiado de documentos auténticos que tenía á la vista. Copiaremos un trozo de él para compararlo con la narración de John Truth (1).

«Inquisidor. ¿Sabe el acusado o puede presumir por qué ha sido preso y traido á las prisiones del Santo Oficio?

»El preso. No, pero supongo que será por ser francmason.

»I. ¿Por qué lo supone V.?

»P. Porque he dicho á mis oficiales quo lo era, y temo me hayan delatado...

»I. ¿Asistió V. á las reuniones de los francmasones?

»P. Sí; cuando estaba en París.

»I. ¿Y ha estado en alguna de ellas en España?

»P. No, y aun ignoro que haya en ella logias de francmasones.

»I. Si las hubiera ¿también hubiera estado V.?

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Traducido de la edicion francesa de 1817, que tengo a la vista.


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»P. Sí.

»I. ¿Es V. cristiano católico romano?

»P. Sí; he sido bautizado en la iglesia de San Pablo de París, que era la parroquia de mis padres.

I. ¿Cómo, siendo cristiano, ha asistido á reuniones masónicas, sabiendo ó debiendo saber que son contrarias á la Religion?

»P. Jamás he sabido tal cosa, y aún ignoro que sea así, porque nunca he visto en ellas ni oído nada contra la Religion.

»I. ¿Cómo puede negarlo, sabiendo que la francmasonería profesa la indiferencia en materia de Religion?

»P. No es cierto que los francmasones profesen la indiferencia: lo que hay es que para ser francmason es indiferente que uno sea católico o no lo sea.»

Haremos gracia á nuestros lectores del resto del interrogatorio. Ahora compárese éste con la narracion de John Truth : «El año 1757 (1) se hallaba establecido en Madrid un francés llamado Tournon, que tenía una fábrica de hebillas. Era un mason celoso, y su espíritu de proselitismo atrajo sobre sí las persecuciones del Santo Oficio. Por esta época existían en Madrid algunos masones que se reunían en logias con el más profundo secreto y en épocas irregulares. Tournon, iniciado hacía más de veinte años en París, había sido reconocido por los hermanos de Madrid, quienes le hablan afiliado á su lógia y encomendado el cargo de orador. Deseando aumentar el número de miembros de la lógia, sondeó las disposiciones de vários obreros de su fábrica, en quienes creyó notar cierta aptitud para este objeto. A sus instancias les explicó claramente el objeto de la masonería y les dió noticia de las pruebas á que serian sometidos y de un juramento que les sería preciso prestar; por fin, les enseño el diploma, manifestándoles que otro igual les sería expedido despues de su iniciación. Habia sobre el diploma grabados vários instrumentos simbólicos de la masonería, muchos de los cuales eran desconocidos para los obreros. Creyeron que aquellas figuras debian tener relacion con la magia, y esta idea les llenó de espanto. En consecuencia, convenidos sobre lo que deberían hacer en tales circunstancias, resolvieron que no les era posible excusarse de hacer una denuncia al Santo Oficio. Obraron así, y el tribunal hizo arrestar á Tournon, que pronto fue sometido al primer interrogatorio. Confesó que era mason y había sido iniciado

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(1) Véase á Clavel, Rebold y otros autores:

A quien debia citar es á Llorente, que fue quién á éstos dió la noticia en su Historia. critica de la Inquisición de España, la cuál hizo traducir é imprimir en francés el año 1817.


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en una lógia de París; mas instado á que declarase quiénes eran los masones que habia reconocido en España y en qué lugar tenian sus asambleas, se negó rotundamente á satisfacer á estas preguntas (1).

»Interrogado sobre su religion, contestó que era católico. Entonces se le hizo presente que la Iglesia católica condenaba la francmasonería, á lo cual respondió que jamás había oido en las lógias doctrina alguna contraria á la religion cristiana. Se le dijo que los masones eran indiferentes en materias de religion. Tournon se esforzó, aunque inútilmente, en demostrar que de ningun modo la tolerancia masónica envolvía la indiferencia religiosa; que cada uno era libre para adorar á Dios segun el modo y forma que se le habia enseñado.

»Se le objetó que los masones eran idólatras, puesto que adoraban al sol, la luna y las estrellas. El reo manifestó que no se ponían estas imágenes en las lógias como objeto de culto, sino para hacer más sensible la grande, verdadera y continua luz que las lógias reciben del Gran Arquitecto del Universo, y á fin de que estas representaciones enseñasen constantemente á los hermanos á ser caritativos y misericordiosos.

»Poco satisfecho el tribunal con estas contestaciones, insistió en sus preguntas, conjurando de nuevo á Tournon para que confesase el uso de prácticas supersticiosas y los errores de la idolatría en que habia incurrido; mas no pudiendo conseguir tales declaraciones, se dispuso que fuese encerrado en un calabozo.

»Volvió Tournon á sufrir un nuevo interrogatorio, igual al anterior ; pero se encerró en, sus primeras respuestas, añadiendo que lo más que podía conceder era que habría faltado por ignorancia respecto á los estatutos y prácticas de la francmasonería; pero que jamás habia pensado que en todo cuanto ejecutaba como mason hubiese la más mínima cosa contraria á la Religion pues que en las lógias siempre habia visto y oído practicar y recomendar la beneficencia, sin que hubiese visto nunca suscitarse en ellas ninguna cuestion religiosa.

»Por fin, despues de ocho meses de calabozo y malos tratamientos, fué condenado á un año de encierro en las cárceles de la Inquisicion, y á ser despues arrojado del territorio español. Figuró además en un auto de fé, en las salas del tribunal, en presencia de los empleados del Santo Oficio.

(1) Véase cuántas tergiversaciones hace este escritor respecto de la narracion de Llorente. Tournon no se negó á satisfacer á estas preguntas, sino que negó rotundamente qua hubiera lógias en España, cometiendo en esto un perjurio.

Para encubrir esto el John Truth a su vez falsifica y altera la narracion,


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y otras personas, á quienes el Inquisidor general permitió asistir. El reo, hincado de rodillas y revestido con el traje de costumbre, oyó su sentencia; recibió una reprension, leyó y firmó una abjuracion de sus herejías, hizo una profesion de fe católica apostólica y romana, con la promesa de no acudir en adelante á las asambleas masónicas. El tribunal decia en su sentencia que el reo merecia ser castigado más severamente; pero que no lo era en consideracion á no haber nacido en España y por un efecto de la compasion y benignidad del Santo Oficio.

»Despues de cumplida su condena, el hermano Tournon fué conducido, bajo la custodia de los dependientes del tribunal, hasta la frontera de Francia, donde fue acogido por los masones con las muestras de simpatía que su desgracia inspiraba.

»Estas terribles persecuciones continuaron en España y Portugal durante todo el siglo XVIII, pero siendo impotentes para destruir por completo la masonería, pues hay lógia en alguna ciudad de España que ha continuado hasta nuestros días sin abatir columnas ni un sólo momento, es decir, sin interrumpir jamás sus trabajos, como lo prueban los documentos que conserva en sus archivos.

»En 1776, la lnquisicion portuguesa instruyó otro celebre proceso contra dos nobles francmasones de aquel país, el mayor D'Alincourt y Oyres de Ornelles-Parasao, que fueron tambien sometidos diferentes veces al tormento para obligarles á declarar los secretos de la Sociedad.»

Lo de los malos tratamientos es de la cosecha de John Truth: la narracion de Llorente no lo dice, como otras cosas que añade, y lo de las terribles persecuciones, pues apenas se halla noticia de ninguna causa seguida por este motivo en la Inquisicion.

John Truth dice además que Tournon habia sido reconocido por los hermanos de Madrid. En el interrogatorio publicado por Llorente dice Tournon todo lo contrario. Uno de los dos historiadores miente. ¿Cuál de ellos?

$ XXIII.

Causa de Olavide : su autillo.

D. Pablo Antonio Olavide, natural de Lima, descollaba en la córte de Madrid, á mediados del siglo pasado, por su elegancia y por su volterianismo y desafeccion á la Iglesia. La construccion de un teatro en Lima despues del terremoto, le trajo serios disgustos, y se le mandó venir á Ma-


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dríd. Confinado en Leganés, logró casarse allí con una señora opulenta, viuda de dos capitalistas. No habiendo encontrado el Perú en el Perú, lo halló en Leganés; ¡cosa rara! y gracias al Potosí de la viuda, y á sus buenas relaciones, en breve se terminó la causa, y volvió á la córte.

En ella desplegó extraordinario lujo, puso casa á la francesa, gran biblioteca y teatro casero. Títulos de Castilla, magistrados, generales, diplomáticos y altos funcionarios frecuentaban los salones del jóven americano, y asistian á las zarzuelas y óperas que el mismo traducia, arreglaba, ensayaba y dirigia. Su morada era el templo de la moda en Madrid, y para colmo de orgullo seguía correspondencia con Voltaire, que le elogiaba ¡oh felicidad suprema! llamándole regenerador de España, humo de su ligero incensario.

Nombrósele asistente de Sevilla, y se le encargó la direccion de las nuevas colonias de Sierra-Morena, donde, si bien incurrió en algunos desaciertos y ligerezas, no debo negarse que trabajo con celo y buen exito en general. En Sevilla la francmasonería y el volterianismo le debieron fantos ó más favores que en Madrid, pues el teatrillo y los ensayos eran la pantalla de reuniones algo más intencionadas. El mismo no pudo desconocer que había obrado con demasiada ligereza, y, previendo lo que iba á sucederle, se apresuró á poner en Francia casi toda su fortuna. Mas á pesar de la publicidad de sus alardes de indiferentismo religioso y volterianismo, juntamente con otras cosas misteriosas que se susurraban acerca de sus amistades y reuniones en Madrid y Sevilla, apenas se atrevia nadie á acusarle, y fué preciso que lo hiciera el mismo P. Eleta, confesor de Carlos III y obispo de Osma. Se le acusó nada menos que de sesenta y seis proposiciones heréticas, muchas de las cuales tienen verdadero sabor masónico, y acreditan que quien las profesaba no podia menos de estar afiliado en la francmasonería, atendida la indudable existencia de esta secta en España, desde fines del reinado de Felipe V. Otras proposiciones eran impertinentes ó hijas de la ignorancia de les delatores. Acusábasele de haber defendido el sistema de Copérnico. Pero lo extraño es, que habiendo varias próposiciones heréticas ciertas y que indicaban la negacion de todo culto externo y la profesion de la religión llamada natural, con todo, no se hallará un cargo concreto de masonería. No es extraño que diga Llorente que la Inquisicion no andaba muy lista en esta materia , y que el secreto masónico lograba sobreponerse á la vigilancia inquisitorial (1).

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(l) El articulo sobre la francmasonería en España, publicado en la Biblioteca de religion, y que se insertara más adelante, lo reconoce así.

TOMO I. 7


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Olavide fué preso en Sevilla en 1776, y despues traido á Madrid. El proceso duró dos años, y fueron examinados en él setenta y dos testigos. El inquisidor general, Beltran, mandó que el autillo para su castigo y absolución se celebrase á puerta cerrada, pero en cambio se obligó á que asistieran á el sesenta personas de lo más ilustre de la corte, y aun algunos dignatarios eclesiásticos.

Llorente nos dejo noticia de uno de ellos, que fué D. Felipe de Samaniego, arcediano de Pamplona y caballero de la Orden de Santiago. Este se asustó en tales términos en el autillo de Olavide, que se denunció espontáneamente al Santo Oficio, presentando después una retractacion escrita de su puño y letra, manifestando que se habia empapado en la lectura de Voltaire, Mirabeau, Rousseau, Hobbes, Espinosa, Bayle, d'Alembert y otros enciclopedistas, cuyas obras entregó. Exigiósele que declarase las personas con quienes habia comunicado estas doctrinas y las aceptaban, y el arcediano escribió otra relacion muy extensa, que comprometia a los más principales señores de la córte, y entre ellos al conde de Aranda, al general Ricardos, al conde de Truillas, al general D. Jaime Mazones, de Lima, al conde de Montalbo, al hermano del duque de Sotomayor, al duque de Almodóvar y á los condes de Campomanes, Floridablanca , O'Reilly, Ricla, Lacy y otros vários personajes.

Algunos de ellos ya habian sido denunciados antes al Santo Oficio, y con razón, como enemigos del Catolicismo, impíos y completamente incrédulos. Entre ellos cita el mismo Llorente (1) al duque de Almodóvar, autor de la Historia de los establecimientos de los europeos en Ultramar, traduccion del libro de Raynal, bajo el seudónimo de don Eduardo Malo de Luque (anagrama de su título), Aranda, acusado de incrédulo, como el anterior; Azara, de lo mismo; Jovellanos, Roda y Urquijo, de jansenistas, y Floridablanca como enemigo de la Religion y de la Iglesia.

En la mayor parte de estos procesos fue preciso sobreseer, por no resultar suficientes pruebas, segun dice Llorente; ó quizá más bien porque la Inquisicion no se atrevia ya á proceder, y temia las iras de la córte y del Consejo, si tocaba á personas de las que estaban en candelero. Además, se le habia prohibido á la Inquisicion desde 1768 entender en causas que no fuesen precisamente de herejía y apostasía, sin que las reclamaciones del Santo Oficio para extender su jurisdiccion á otros delitos fuesen atendidas. De aquí el que no alcanzase su accion á la francmasonería, pues

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(1) Véase el cap. XXVI, art. 3.° y último del tomo II de su Historia crítica de la Inquisición.


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los francmasones se decian católicos, y encubrian sus agresiones con el manto de la filosofía, ó a veces hipócritamente bajo el del jansenismo, siendo, por tanto, dificil probarles ni herejía ni apostasía, á ménos de ser tan locuaces é indiscretos como el pobre Olavide. Este sostuvo su papel en el autillo. diciendo que jamás habia perdido la fe interior, aunque fuese poco afecto a las exterioridades. La fé interior para él y sus correligionarios no era otra cosa que la Religion llamada natural, que es á la que los masones dicen atenerse. Al leerle la sentencia, cayo desmayado, diciendo: —«iYo nunca he perdido la fé, aunque lo diga el fiscal!» Este, podía haberle preguntado, como Pilatos á Cristo;----Quid est veritas? ¿Qué entiende V. por fé?

Olavide logró escaparse, y en Francia fué acogido triunfalmente. La Inquisicion reclamó su persona, el gobierno francés acordó la extradicion; pero el obispo de Rhodéz, Ilevado del ódio que todo el clero francés tenía entónces a la Inquisicion de España, le avisó con tiempo, y, cuando llegaron el alguacil y el notario del Sanfo Oficio á prenderle, ya habla escapado siete horas antes. Es de creer que el gobierno francés, casi en su totalidad masónico (1781). y el conde de Aranda, que exigió la extradicion, se burlasen del Santo Oficio, avisando previamente al Obispo para no comprometerse, y que apareciese la fuga como ocasionada por el aviso de un Obispo francés.

Poco despues Olavide regresó á Francia, tomó una parte activa en la revolucion, la Convencion le confirió cargos y honores, y compró gran cantidad de bienes nacionales. Pero no contaba con la guillotina. A vista de aquella carnicería el almibarado peruano, estremecido de horror, marchó de París á Meung; pero la Junta de seguridad de Orleans le prendió en la noche del 16 de Abril de 1794, y le trató mucho peor que el Santo Oficio, pues llegó á temer por su cabeza. En los calabozos de Orleans meditó mucho, y comprendió que los españoles no eran tan tontos como el habia creido, ni los enciclopedistas tan sabios.

Escapado á duras penas de la Inquisicion liberal de Francia, logró volver á España por mediacion del cardenal Lorenzana, en 1798, y murió en un pueblo de Andalucía, en 1803, dejando compuestas várias obritas en defensa del Catolicismo y reparacion de sus errores, entre ellas El Evangelio en triunfo, y los Poemas cristianos, que llegaron á ser populares, y muy leídos hasta el año 1834, en que se hundió toda la literatura del pasado siglo. No hay una prueba cierta de que Olavide fuese francmason en España: pero las conjeturas y los rumores que hasta nuestros días han llegado, son de tanto peso, que no le agraviará quien, por tal le tenga. Tampoco consta que la causa se le siguiera


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como á francmason, ni esto figura entre los cargos que se le hicieron. No hay, pues, motivo para incluirle entre los francmasones perseguidos como tales, y menos entre los muertos por la Inquisicion á consecuencia del edicto de 1751, de que habla John Truth (1).

$ XXIV.

Sociedad secreta de bailarines en 1778: separacion de las lógias españolas en 1779.

Por el mismo fiempo en que Olavide estaba preso en el Santo Oficio, los alcaldes de Casa y Córte prendieron á una pandilla de gente alegre y bulliciosa, que se entretenía bailando con cierto recatado misterio, aún cuando la ocupacion no sea de suyo la más á propósito para el recato y el misterio. Las mujeres eran todas del pueblo: ninguna de ellas se titula Doña. No así los hombres, pues figuran entre ellos dos condes y un pastelero, dos oficiales de la Guardia Española y dos bordadores, un marques y un pintor, un regidor de Toledo y un platero, un cadete de guardias de Corps, un cirujano, y otros varios personajes.

Por desgracia, el que poseía el expediente original lo inutilizó años pasados, y solo conservó una copia de la sentencia, en papel y letra de aquel tiempo. El sujeto se figuraba, y en mi juicio con fundamento, que en aquella misteriosa reunion había algo mas que deseos de bailar; y de fodos modos la mezcolanza secreta de artesanos, artistas y gente del pueblo con personas de la nobleza, en aquella época de los gotivambas, es muy difícil de explicar sin cierto calorcillo sectario, que trasciende á masonería. Sabido es que en Francia los francmasones propendian á estos ejercicios gimnásticos. Clavel, en su Historia pintoresca de la francmasonería, nos da noticia de la Orden de la Alegría, fundada en 1696 en honor de Baco y Cupido, la del Calzón en 1724, la del Cascabel, establecida poco ántes de la revolución, y hasta la de los Cornudos reformados, Orden burlesca de caballería, que parece establecida para parodiar á los francmasones reformados y por reformar, y mofarse de ellos. Es, por tanto, muy posible que aquellos danzantes fueran una cosa por el estilo de las sociedades secretas, y no muy

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(1) Asi dice, este veracísimo escritor a la pag 55 de su libro: En efecto, vários masones sufrieron en los años sucesivos el tormento y la muerde por orden de la Inquisición";¿Podría decir el apócrifo historiador los nombres de esos francmasones

que fueron ajusticiados?


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limpias, del Calzon y del Cascabel, sus coetáneas. y mucho más habiendo de por medio guardias de Corps italianos, que no solian gozar de buena reputacion. Insertaré aquí la copia ó extracto de la sentencia, á fin de que cada uno opine como guste.

«Se destina al Hospicio de San Fernando por cuatro años á María Teresa García Perez. Dominga Casas, Ramona del Rio, Gertrudis Muñoz, Rafaela Guerrero, María Garrido, Lucrecia Donia, Manuela Carrasco, Maria Antonia de Oli, Manuela Cuber, María Teresa de Burgos, Bernarda Haubon, María Dros y Tomasa Aguado y cumplidos se las destierra de la Córte y sitios reales, veinte leguas en contorno con apercibimiento de ser recluidas en la galera por diez anos, por el solo hecho de encontrarlas.

»A José Cos, platero, cuatro años de presidio en el Peñon. »A Domingo Argentier, pastelero, cuatro años al de Ceuta. »A Higinio Perez, bordador, cuatro años al de Oran. »A Francisco Dalmau. bordador, cuatro años al de Melilla. »A Manuel de la Cruz, pintor, cuatro años al Peñon, todos en calidad de gastadores, y, cumplidos, no puedan entrar en la Córte ni sitios reales, pena de ser vueltos á los mismos presidios por diez años. »A D. Estéban de Orellana y D. Pedro de la Torre, cuatro años al castillo y plaza de la Coruña, y cumplido su tiempo no puedan volver á esta Córte ni sitios reales, sin expresa licencia de Su Magestad.

»A D. José Ordoñez, regidor de Toledo, cuatro años á la plaza de Cartagena, cumplido no pueda volver á esta Córte y sitios reales sin expresa licencia de Su Magestad.

»A Polonia Sanz de Mendoza que salga de esta arte y sitios reales dentro de ocho dias al de la notificación y no vuelva, pena de cuatro años de reclusion en el Hospicio de San Fernando.

»Por lo que resulta contra D. Estéban Espino, que alquiló su cuarto en cien reales para uno de los bailes, se le condena en doscientos ducados de vellon, y apercibe que en lo sucesivo se abstenga de contribuir por intereses á semejantes diversiones, pues será seriamente castigado.

»A la posadera de la calle de Silva, que alquiló su habitación por cuarenta reales para las funciones de baile, se la condena con cien ducados de vellon, aplicados estos y los antecedentes á los de la cárcel, y apercibe con cuatro anos de reclusion en el Hospicio de San Fernando, si vuelve á incurrir en semejantes excesos (1).

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(1) ¿Y por qué el bailar era exceso? ¿No bailaban en Palacio? Luego había en aquellos bailes algo mas que baile.


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»A D. Juan Rivera, cirujano, reo ausente, se le condena en cuatro años de presidio del Peñon, apercibido de que no vuelva á esta Córte ni sitios reales, pena de que será vuelto á él por diez.

»Vicenta Ruiz y Pedro de Laus, delatores, salgan de esta Córte y sitios reales dentro de ocho dias al de su notificación, lo que cumplan, apercibidos de cuatro años de presidio. Pedro Laus, y cuatro de reclusion en San Fernando Vicenta Ruiz.

»Al conde de Peralada, cuatro años al castillo de Pamplona, D. Cristóbal Cañaveral y Conde de Clavijo, Maestrante, en otros cuatro años al castillo de Alicante. A D. Andrés Melgarejo, cadete de Guardias Españolas y O. Andrés Nuñez de Haro, teniente de Milicias, en otros cuatro al castillo de la Concepcion. Al marqués de Chatafor (Chateaufort?), oficial de Reales Guardias Españolas, y D. Diego Adorno (1), guardia de Corps, en otros cuatro al castillo de San Sebastian, A D. José Calderon, oficial de reales Guardias Españolas y D. Tadeo Cubels, en otros cuatro al castillo de la plaza de Badajoz, etc.

»Madrid 8 de Marzo de 1778.» Cada uno pensará lo que mejor le parezca acerca de esta Sociedad, en que figuran diez y ocho hombres de todas las clases de la sociedad y quince mujeres, sin contar los duchos de las casas que les alquilaban habitaciones para sus ejercicios gimnásticos. Es muy posible que fuesen preludios de los célebres bailes de la Bella Union, que tanto dieron que hablar en tiempo de Cárlos IV, volviendo á reproducirse el uño 1822, en cierta casa grande de la calle Mayor de Madrid, de los cuales conservan tan gratos recuerdos los francmasones viejos, que alcanzaron aquellos deliciosos tiempos, en que los bailarines vestian solamente ligeras gasas, y los músicos eran ciegos.

La fecha de 1778 nos recuerda un suceso grave y trascendental en los anales de la francmasonería española, cuales su organizacion con carácter de independencia de las extranjeras. «La masonería española, dice John Truth, cruelmente perseguida por las autoridades civiles y eclesiásticas, tardó cincuenta y dos años (¿en qué tardó?), pues la lógia de que ya hemos hecho mención, fundada en Madrid en 1727, no se separó de la lógia madre basta 1779, teniendo ya logias filiales en Barcelona, Cádiz, Valladolid, Murcia y algunas otras ciudades.»

Aunque el escritor que nos da semejantes noticias sea

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(1) Como había un escuadrón de guardias do Corps italianos, y el apellido Adorno es napolitano, puede conjeturarse que este seria algun napolitano perteneciente a dicho escuadrón.


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muy poco seguro, y en no pocas cosas patrañero, parece que puede ser creida su noticia en este punto. Por otra parte, los conatos de establecer en Nápoles una francmasonería nacional, á cuyo frente estaba la Reina, en contraposicion á la masonería regular británica, nos dan la clave de lo que con el mismo objeto se trató quizá de hacer por entonces en España.


§ XXV.

La francmasonería española en tiempo de Carlos IV: Urquijo y el marqués de Caballero: estado de la Inquisicion y de la córte á principios de este siglo.

El ministro Urquijo mereció grandes elogios á Llorente en su Historia de la Inquisicion. El secretario de ésta se guardó muy bien de decir que era conocido por francmasón en la córte de Carlos IV, y que, como tal, fue acusado públicamente y lo incluyo satíricamente tíricamente Gallardo en su Diccionario crítico-burlesco. Y á la verdad, Llorente no debía ignorarlo, pues á él mismo se le denunció como masón, y luégo veremos que en aquella época la masonería y el jansenismo se habian apoderado de la Suprema.

D. Mariano Luis de Urquijo se dió a conocer con la traducción de la tragedia de Voltaire La muerte de César. Sus ideas eran enteramente volterianas, y estaba públicamente reputado por hombre sin religion, y de los muchos que entonces encubrian con el título de filósofos su desafeccion á la Iglesia, y el odio á toda idea cristiana. El mismo Llorente lo viene á indicar, aunque de un modo embozado. La In- quision lo sabia así, cuando fue elevado á oficial del ministerio de Estado en 1792. Habiendo entónces francmasonería en España, no es de extrañar se improvisaran carreras como se improvisan ahora. La masonería siempre ha sido Sociedad de socorros mútuos, para hacer ascender á los adeptos saltando por encima de los profanos.

A la edad de treinta años ya era ministro el Sr. Urquijo. Es costumbre ahora asustarse los que no han estudiado la historia, á vista de las rápidas carreras de algunos jóvenes, y echar la culpa de ello al sistema parlamentario, á la rovolucion y al liberalismo. Pero la historia del absolutismo sin religion presenta y presentará siempre los mismos y aun peores fenómenos que el gobierno representativo; y por lo que hace á la córte Carlos IV, era relajadísima en costumbres, impía, volteriana y escéptica; regalista en religion,


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para supeditar al Catolicismo, realista en política hasta el absolutismo rabioso, y, por fin, hipócrita en todo, á fin de engañar al Rey, cosa no difícil. Así que no es de extrañar que á la muerte del Papa Pio VI se diese el cismático decreto de 5 de Setiembre de 1799, mandando á los Obispos que usasen de la plenitud de sus derechos; decreto abortado por el volterianismo, el jansenismo y la francmasonería, que seguían dominando en la córte y hasta en la Inquisición. Pero aun fué peor que aquel decreto la adhesion que le prestó una gran parte del Episcopado español, horriblemente contaminado por el jansenismo (1). Llorente recopiló todos estos documentos, abiertamente jansenistas, en su llamada Coleccion diplomática.

¡Qué tal estaria entónces la Iglesia de España, cuando la tercera parte del Episcopado español faltó á sus deberes, o bien elogiando y apoyando una real órden, que luego condenó como cismática el Papa Pio VII, ó bien callando con criminal silencio! Pero ¿que habia de suceder, si el arzobispo de Burgos, inquisidor general de España, fué el primero que apoyó aquellas cismáticas y anticatólicas medidas, llevando su adulacion y desfachatez hasta el punto de llamarlas sábias y prudentes reglas? Nécios anduvieron Urquijo y el astuto marqués de Caballero, que lo manejaba á su antojo, en proponer entónces la extincion del Santo Oficio. ¿No era mucho mejor tener al frente de él un jansenista manifiesto (2)?

La inesperada elevacion de Pio VII al Pontificado desconcertó toda aquella artimaña de los pretendidos filósofos y jansenistas, con sus puntas de francmasones. El Papa se quejó á Carlos IV por conducto del Nuncio, al cual lograran desterrar aquéllos. El Rey consultó á Godoy, y éste le descubrió la bellaquería con que le habian engañado. El mismo Godoy lo refiere en sus Memorias, y hace una pintura algo picante de las arterías y malas mañas del salamanquino marqués de Caballero y de la petulancia del jovencito Urquijo, hechura del conde de Aranda (3). Carlos IV, conociendo que habían jugado con él, echó á pique aquel minis-

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(I) Véase sobre esto el art 5.° de la primera parte de los apéndices á mi Historia eclesiastica de España, tomo IV, pag 91 y siguientes. Se me ha echado en cara haber hecho estas tristes revelaciones, sin tener en cuenta que Llorente coleccionó las Pastorales de los Prelados.

(2) Las descripciones que hace el principe de la Paz sus Memorias del ladino Caballero y del petulante Urquijo, son muy causaticas.

(3) Como estos buenos señores pasan por modelos de probidad, ilustracion y liberalismo, no quiero defraudarar a los lectores de estos apuntes de la noticia curiosa acerca de la superchería que hicieron, mutilando todas nuestras antiguas leyes politicas.

El marqués de Caballero ha sido siempre idolatrado por los liberales y la francinasoneria. Por tanto, esas falsificaciones no pueden cargarse en cuenta á los realistas.