Historia general del Reyno de Chile/Libro I/XIX

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Nota: Se respeta la ortografía original de la época

CAPITULO XIX.


Prosigue la misma materia del valor de los indios de Chile, de sus marchas, armas y modo de pelear.
La altivez y sobervia de los indios de Chile, y como se nombran en qualquier hecho azañoso.—Quan bien se manejan a caballo, y quan ligeros son y desembarazados.—Comen cosas ligeras, como harina sola, sin pan ni carne, para criarse ligeros.—Saxan a los niños, y sáxanse para estar mas ligeros las rodillas y las piernas los que van a la guerra.—Las armas de que usan los indios.—De las flechas venenosas, y que el contraveneno es el soliman.—De las macanas.—De las porras.—De los Toquis.—Armas arrojadizas de que usan.—Aunque no tienen yerro hazen de madera sillas, frenos, espuelas y lanzas.—Hazen armas defensivas de pellexo de toro, petos, adargas y morriones.—Su marcha en la guerra.—Sus acometimientos.—Procuran revolverse con el enemigo para jugar sus armas.—Valentia con que acometen y pelean.


El espirítu bélico de los Indios de Chile nace, como de su principio y raiz, de su fogoso natural, porque son colericos, ardientes, furiosos, arrogantes, altivos, impacientes, mal sufridos, vanos y presumidos de valientes. Y assi en dando una buena lanzada a otro quando pelean i en matando a otro en la guerra, da dos saltos el indio matador y publica en voz alta su azaña para que todos sepan como es valiente, y dice Inche, nombrándose y dándose a conocer a todos, asi amigos como enemigos, para que llegue a noticia de todos como el hizo aquella hazaña y para que los enemigos sepan que no pelea a rostro escondido, sino descubierto. Y principalmente los generales de los exercitos, quando pelean, dizen a vozes: Yo soy fulano! para que sepa el enemigo quien gobierna el exercito y quien trahe la Junta, que a vezes el nombre solo de el general, quando es afamado, suele causar miedo y cuidado al contraríi.

Son ferozes y crueles notablemente en sus venganzas, despedazando inhumanamente al enemigo quando le han a las manos, levantándole en las picas, haziéndole pedazos, sacándole el corazon y relamiéndose en su sangre, como despues se dirá. Son por lo general de cuerpos robustos, bien formados, fornidos, de grande espalda y pecho levantados; de recios miembros y gruessos moeles, agiles, desembueltos, alentados, nerbudos, animosos, atrevidos, duros en el trabaxo i sufridos en los rigores de los tiempos, sin hazer caso de los frios y aguaceros, y quando... [1] mas contentos y suelen dezir que el agua no haze mal al hombre porque no es sal que se ha de deshazer con el agua, y assi no buscan reparos ni se cubren la cabeza, por mas que llueva, sino que el agua corre por todas partes. Y es su comun proverbio el dezir: "el soldado no siente frio, ambre, cansancio, ni llubias," aunque lo sientan lo disimulan con esfuerzo despreciando con valor las comodidades, y lo que mas es, lo proprio, arresgando, cuando es necesario, por la libertad y por la patria, sin desistir en lo comenzado con una constancia increible.

Son grandes hombres de a caballo, dándole mil vueltas manijando la lanza juntamente con gran destreza, y en llegando a lo estrecho de la batalla cogen la rienda en la voca y con ella gobiernan al caballo y le revuelven de una parte a otra, i con las dos manos tiran furiosas lanzadas, levantándose sobre los estribos y haziendo fuerza con todo el cuerpo, y sus lanzas son de a veinte y cinco palmos y mas; y con la fuerza que dan el vote derriban al mas fuerte hombre de a caballo o le descomponen de suerte que si le asegundan otro le derriban. Sus sillas son un mal fustecillo y a vezes unos lomillos de paja o en pelo, y assi escaramusean y corren por una cuchilla abaxo de una empinada sierra tan firmes i seguros como otros por un llano, y tan fixos en el caballo que parece que van cocidos con el, sin que les embaraze cosa alguna, porque aunque lleban consigo el matalotage, la cocina, la cama y los víveres, todo es tan poco i tan ligero, como he dicho, que no les embaraza, porque las camisetas que lleban puestas les sirven de mantas para dormir, el sudadero de el caballo, que es un pellexo de carnero, les sirve de colchon, la talega de harina de matalotage, y un vaso de madera de vagilla, y esta es toda su repostería y sus viveres.

Desde niños se crian en el trabaxo y se exercitan en luchar, saltar, correr y hazer pruebas de fuerzas, y lo principal, en jugar la lanza y disparar flechas, y sus juegos son para ese exercicio, como el de la chueca, que todo es correr tras una vola que lleban de unas partes a otras a porfia con unos como mazos. Y el de la pelota, que no la juegan como los Españoles, sino desnudos de medio cuerpo arriba y dándose con ella unos a otros, saltando y doblegándose para huir el golpe, en que está la ganancia, para aprender a jugar la lanza y a huir el cuerpo al golpe y a tirarle con destreza. No les consienten sus padres a los muchachos que coman sal, para que se crien duros y ligeros, porque dizen que la sal los haze pesados y molles. Ni tampoco les consienten comer carne ni pescado por ser comidas pesadas, sino harina de cebada para que se crien ligeros y no pesados. Pan no le comen nunca porque no le tienen: con que sus comidas son ligeras, y están tan bien hechos a ellas que no trocara un muchacho un plato de harina de cebada por el plato mas regalado de los Españolee. Y a los muchachos para que sean ligeros y vayan con presteza a los mandados los saxan las piernas y los pies, y los mismos Indios quando an de ir a la guerra se saxan las piernas y las rodillas con lancetas de pedernal, porque dizen que la sangre les haze pessados i que la sal que han comido se les ha baxado a las rodillas i a las piernas.

Las armas que usan son picas, lanzas, saetas, arboladas con un fortissimo veneno que llaman Coliguai y le sacan de unas matas de ese nombre de la leche de la raiz, y si los caballos comen de esas matas los mata luego su veneno. Han hallado los españoles la contra de este veneno, y es otro mas fuerte, que es el soliman. Y assi en hiríiendo a alguno con esas flechas envenenadas de el coliguai (que de suyo es mortífero y incha al herido y en breve le quita la vida) le echan en la herida un grano de soliman crudo y luego sana. Otros indios usan en la guerra de macanas, que es un palo largo retorcido a la punta, el qual juegan a dos manos, y en dando a uno un golpe, como son tan forzudos, si dan en la cabeza le aturden y con el garabato le derriban. Y en qualquiera parte que den, hazen grande impresion, y con lo retorcido de la macana derriban al herido. Otros usan de unas porras claveteadas con unos clavos de herrar que solo muestran las cabezas y donde dan con ellas hazen terrible bateria i muchas heridas de un golpe: llaman a este instrumento lonco-quilquil. Otros usan de los toquis y achas de pedernal enastadas en un palo y cortan con ellas como con una acha de yerro, y como estos indios no tenian yerro antes que los Españoles viniessen a sus tierras, de estos toquis de pedernal aguzados se aprovechaban para cortar lo que ahora cortan con las achas de yerro, y a falta de cuchillos les servian las conchas de el mar para cortar qualquier cosa.

Sin esto lleban a la guerra pedreros que van de vanguardia, i unos que lleban algunos garrotillos arroxadisos, que unos i otros sirven de desvaratar la caballeria. Otros usan de unas volas de piedra atadas con nervios, que tirándolas traban un caballo o un hombre, que no se puede menear. Y destas se aprovechan mucho los puelches para la caza de los animales, y con ellas los atan de pies y manos y luego llegan i los cogen en el lazo. Usan tambien del arco y flecha con un agudo pedernal en la punta. Como no tenian yerro, para las lanzas ni para los frenos, espuelas y otros instrumentos de guerra antes que viniessen los Españoles, los hazian todos de palo i oy tambien hazen lo mismo quando no hallan yerro. Porque de una madera muy dura, que llaman luma, tostada, hazen yerros de lanzas y otros instrumentos fortissimos, y sin esta tienen otras maderas muy duras como el Guayacan, el espino y el voldu, que son maderas que suplen en muchos casos la falta de el yerro. Y assi de estas maderas hazen las sillas, los yerros de lanza, los frenos, las espuelas, los estrivos, los arcos y las flechas: con que no necesitan de herreros i no les faltan armas offensivas. Las deffensivas, como los coseletes, faldones y morriones, las hazen de pellexo de toro crudio, de que hazen adargas, petos y morriones, y les defienden como si fueran armas de acero, y algunas ay tan fuertes que son a prueba de vala de arcabuz.

Su marcha no es en ileras, sino atropados con sus reconocedores por delante, y su principal cuidado es echar emboscadas i lograr algun descuido de el enemigo. Reusan cuanto pueden el dar batallas de poder a poder, y quando las dan es facil el vencerlos por no hazer cuerpo de exercito. Mas, quando la necesidad les fuerza, por encontrarse los dos exercitos enemigos, forman sus escuadrones, cada ilera de cincuenta soldados mas o menos, conforme la ocasion y la gente, entre pica i pica, flecheros i macaneros, ombro con ombro; y assi se van succediendo los unos a los otros, acometiendo con tanta algazara i voceria que...[2] terror a la gente cobarde, diziendo a grandes vozes: Lape! lape! que quiere dezir: mueran, mueran. Acometen haziendo mil monerias, dando saltos, tendiéndose en el suelo, levantándose con gran ligereza, quebrando el cuerpo i haziendo acometidas i retiradas, y tan sin temor a la muerte, como barbaros, y con tan gran violencia que es menester mucho esfuerzo para resistir al Ímpetu de sus primeros acometimientos. Y lo principal que procuran es cortar al enemigo y revolverse con el para jugar de sus porras, macanas i toquis, con que quebran al enemigo lanzas, brazos y cabezas, con grande impetu i valentia, nombrándose a cada golpe, y a cada uno que derriban, con grandes voces i brincos, succédense las ileras de el escuadron una a otras como olas de el mar cargando sobre el enemigo para mezclarse con el, y la caballeria sale por los costados con grande impetu amparando la infanteria, entrándose por las picas y por las vozes de fuego de los Españoles, sin hazer caso de las valas, que como barbaros no temen el morir, y como esforzados desprecian los peligros, sin temor a la bateria que haze una vala. Y en revolviéndose con la caballería española, lanza por lanza, pueden apostarlas a qualquiera, y alcanza mas la suya por ser mas larga y haze mayor bateria porque tira el bote a dos manos y con todo el cuerpo levantado sobre los estribos. Pero el español diestro no haze caso de su furor ni de las ventajas de la lanza, que antes halla en eso ventaxa, porque la revate con arte y se le mete de modo que no se la dexa jugar, que lo que le aprovecha para dar el golpe y alcanzar mas por mas larga, le daña para retirarla y volverla a jugar. Los que se precian de... [3] otros a pelear cuerpo a cuerpo, con grande arrogancia retan a los Españoles, a los Maestros de campo i capitanes. Y dizen en voz alta al enemigo: "hartaos de ver el sol, que ya no le vereis mas, que aqui aveis de quedar muertos todos para que se harten de vuestras carnes los perros que están hambrientos, y las aves que al olor de vuestras carnes vienen ya volando a hartarse y cebarse en ellas." Y en las ocasiones que los Españoles, Maestros de campo i capitanes han salido con algunos indios arrogantes a pelear cuerpo a cuerpo, les han bastantemente humillado y desecho la rueda de su sobervia derribándolos muertos en tierra, como se verá en el discurso de la historia, que siempre han salido triunfantes y victoriosos [4].


  1. Inintelijible.
  2. Inintelijible.
  3. Inintelijible.
  4. El lector comenzará a comprender, desde el presente capitulo, la irresutible parcialidad del autor por los araucanos, cuyas costumbres se esfuerza en pintar con tanta maestría como agrado. Ya vimos que declara la Araucana una historia verdadera con relacion a las hazañas de los indios, i a este tenor se irá descubriendo en el misionero jesuita una aficion no disimulada por aquellos valerosos, pero pérfidos i crueles bárbaros.

    Esplícase esta predileccion en gran manera por la circunstancia de haber pasado el padre ROsales la mayor parte de su vida entre los indios, en cuyas tribus tenia indudablemente mucha influencia personal. Pero mucho tememos, como lo piensa Salvá, que ese entusiasta celo por la causa de los araucanos, en oposicion a sus propios compatriotas, segun observaremos mas adelante, fué el motivo que impidió la publicacion de su historia hasta los presentes dias.

    Por lo demas, no conocemos ningun escritor antiguo ni moderno que haya descrito con mayor suma de vivos i naturales detalles las costumbres militares de loe araucanos que el misionero-historiador, siendo digno de notar respecto de su veracidad, que, con corta diferencia, son las mismas que hasta hoi conservan.