Informe resumen sobre las violaciones a los derechos humanos durante los gobiernos de Víctor Paz Estenssoro y Hernán Siles Zuazo; junio 2001. Parte III

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Capitulo IV[editar]

ATAQUES CONTRA SANTA CRUZ[editar]

El departamento de Santa Cruz sufrió frecuentes agresiones por parte de los gobiernos del MNR, quienes tergiversaron ante la opinión pública el sentido de las demandas de reivindicación cívica, acusando a sus habitantes con el falso argumento de “separatistas”.

Santa Cruz vivió en permanente terror, con atropellos y atracos en vía pública, por elementos del MNR contra ciudadanos comunes y asaltos a propiedades en la campiña cruceña.

La censura de prensa, impuesta por el gobierno, trató de impedir que la ocupación punitiva de Santa Cruz fuese conocida en el resto del país. Sin embargo, publicaciones de prensa del periodista Alberto Lanza Quezada, el 27 de mayo de 1959 en el matutino “EL DIARIO”, bajo el título “Santa Cruz llora su dolor y su tragedia” y del jefe de informaciones de radio “FIDES”, Raúl Ortiz Goering, en el periódico “PRESENCIA”, los días 31 de enero y 2 de febrero de 1959, intitulado “La verdad sobre Santa Cruz”, dieron cuenta de lo que realmente acontecía.

Una comisión investigadora, enviada por la Federación de Estudiantes de Chuquisaca, conformada por los universitarios Pablo Rivero de Santa Cruz, con Félix Cerrudo y Luis Rivera Cortez de Sucre, quienes, llegados en los primeros días de julio de 1958, presentaron un informe sobre los descuartizamientos de Terebinto, que fue policopiado y difundido por el país.

Los más notables ejemplos de las agresiones contra Santa Cruz, los encontramos en:

-Incursiones punitivas contra la ciudad de Santa Cruz.

-Instalación del centro de represión “Ñanderoga.

-Matanzas de Terebinto y poza de las liras.

-Represión contra dirigentes del Comité Cívico Pro Santa Cruz y Unión Juvenil Cruceñista.

Primera invasión de Santa Cruz.

Una revolución fallida de Falange Socialista Boliviana, el 14 de mayo de 1958, causa que el gobierno envíe fuerzas de ocupación a Santa Cruz. Los revolucionarios huyen de esta ciudad, dejándola en calma.

Pese a quedar todo en calma en la capital oriental, el 16 de mayo, Hernán Siles Zuazo, como Presidente del país, ordenó la invasión de la ciudad de Santa Cruz, enviando más de diez mil milicianos campesinos de Ucureña, Cochabamba, mediante su ministro de gobierno José Cuadros Quiroga y al mando de José Rojas Guevara y Walter Revuelta.

Además el ejército envía tres mil soldados comandados por los coroneles Ronant Monje Roca y Pablo Acebey.

Sin que existiesen opositores, estas fuerzas desatan intenso tiroteo por las calles, atemorizando a la población. Como delegado del Supremo Gobierno y con poderes absolutos, se presentó en Santa Cruz Rubén Julio Castro, colaborado por Jorge Antelo, a quien se instala como Prefecto; Álvaro Pérez del Castillo y Walter Pereyra como Alcalde Municipal.

Después de asaltar la propiedad rural “montenegrina”, en las afueras de la ciudad, la usan como base de operaciones para repetidas incursiones diurnas y nocturnas contra Santa Cruz. Los milicianos campesinos son sustentados con dinero, comida y alcohol, por parte del Prefecto.

Matanza de Terebinto y poza de las liras.

La matanza de Terebinto ocurre como consecuencia de la primera ocupación militar de la ciudad de Santa Cruz. A los pocos días de la invasión, se envían milicianos desde la hacienda “montenegrina” hacia la región campestre conocida como Terebinto.

Anoticiado el Alto Mando de la ocupación, respecto a la presencia de refugiados falangistas en la propiedad “potrero del naranjal”, por la localidad de Ayacucho, a cinco kilómetros del pueblo de Terebinto, envía a 150 milicianos de Ucureña, comandados por el dirigente campesino Jorge Solís. En conferencia reservada, Jorge Antelo y Álvaro Pérez del Castillo instruyen a Solís con la orden de no traer un solo prisionero. Estos milicianos fueron previamente alcoholizados en el Comando del MNR en Ayacucho.

A su paso, los milicianos saquean las casas de los campesinos de la región, matando ganado y destruyendo corrales.

El 19 de mayo de 1958, a las 7:00 A.M., los milicianos rodean el inmueble, atacando a culatazos a don Ángel Mercado, dueño del mismo, y acribillando a tiros a su hijo Rómer en el patio. Luego proceden a asesinar a los refugiados, que se encontraban desarmados, con disparos de fusil y golpes de machete, se encargan de descuartizarlos, jugar con los restos y con las entrañas de Felipe Castro Parada y José Cuellar Achaval. Se dedican al robo de alimentos, dinero y joyas de los ahorros de los propietarios. Intento fallido de incendiar el lugar. Miguel Callaú, aunque herido por los disparos y los golpes de machete en una pierna y pié, logra escapar de los asesinos.

En medio de torturas, los criminales llevan a Gabriel Candia con las manos atadas y lo mutilan a orillas de una pequeña laguna conocida como “poza de las liras”. Alberto Mercado, hijo de don Ángel Mercado y Justo Jiménez, que también fueran arrastrados hacia la laguna, logran escapar aprovechando la confusión debida al reparto del botín, que causa una discusión entre sus captores.

Al regresar los delincuentes a su base de operaciones en “montenegrina”, estos informan a sus jefes, quienes les hacen formar militarmente. Rubén Julio Castro y los demás dirigentes políticos y militares los felicitan a nombre del Supremo Gobierno y se procede a celebrarlo con un festejo.

Un año después, se produciría inclusive, una segunda incursión de ocupación de la ciudad de Santa Cruz, que fue ejecutada por orden del Presidente de la República Hernán Siles Zuazo y su Ministro de gobierno Walter Guevara Arce, el 26 de junio de 1959.


Capitulo V[editar]

MATANZA DE CUARTEL “SUCRE” Y ASESINATO DE OSCAR UNZAGA[editar]

Cuartel “Sucre”.

Bajo la presidencia de Hernán Siles Zuazo, con Walter Guevara Arce como ministro de Gobierno, estalla una insurrección revolucionaria preparada por Falange Socialista Boliviana, en la ciudad de La Paz, el 19 de abril de 1959. La misma fracasa a las pocas horas.

En esta revolución participaron estudiantes, universitarios y obreros, quienes combatieron en distintos lugares de la ciudad, con un saldo de muertos aún no determinado.

En ese día, un comando falangista ataca las instalaciones del regimiento escolta “Waldo Ballivián”, ubicado en la calle Sucre, esquina Junín, cuya toma fracasa y los insurrectos son intimados a rendirse. Después de la rendición, por órdenes del Coronel Gustavo Larrea, catorce revolucionarios son desarmados y puestos con las manos en alto contra la pared, momento en que los soldados disparan contra los prisioneros, para luego rematar a tiros a los caídos, ensañándose brutalmente con sus cuerpos, golpeándolos con las culatas de los fusiles y con bayonetas. Este suceso es conocido como la masacre del Cuartel “Sucre”.

Los cuerpos de los caídos en las calles y el Cuartel “Sucre” fueron ultrajados por las milicias paramilitares, presentando evidencias de mutilaciones de sus cuerpos. Hubo varios casos en que los cadáveres de los falangistas fueron utilizados por el Gobierno como si se tratase de movimientistas caídos en el día de la revolución. Los familiares de las víctimas pasaron por muchas vicisitudes para rescatar sus cuerpos. Catorce días después de los sucesos del 19 de abril, y a veces en mayor tiempo, fueron entregados en el Cementerio General los cadáveres a sus parientes, quienes además del dolor por la muerte de su ser querido, soportaron en el lugar insultos y amedrentamiento por parte de los milicianos.

Asesinato de Oscar Unzaga de la Vega.

El mismo día del 19 de abril de 1959, es asesinado en la calle Larecaja N° 1866, de la ciudad de La Paz, el Jefe y fundador de Falange Socialista Boliviana, don Oscar Unzaga de la Vega.

Oscar Unzaga y su colaborador René Gallardo Gallardo, son hallados muertos con disparos de bala en la cabeza, en el cuarto de baño del domicilio particular donde se encontraban escondidos, a causa de un allanamiento efectuado minutos antes por un grupo de milicianos, quienes luego de buscar a Unzaga, debido a una denuncia, se retiraron sin encontrarlo. El Jefe de FSB se encontraba refugiado en esa casa, en compañía de otros colaboradores, esperando tener noticias sobre los progresos de la revolución; pues desconocía que esta había fallado.

Horas más tarde, después de ser retirados del lugar los dos cadáveres, el gobierno instruyó a un grupo de médicos, dirigidos por el Dr. Nicanor Machicao, la realización de la autopsia en la Asistencia Pública, ubicada en la avenida Camacho, bajo la vigilancia de los jefes de represión Claudio san Román y Luis Gayán Contador. El resultado de la autopsia dio como evidencia que Unzaga fue asesinado con sendos disparos en las sienes izquierda y derecha; mientras René Gallardo falleció a causa de un disparo en la sien derecha. Este informe está consignado en un documento presentado por el Dr. Hernán Messuti Ribera, quien participó en la autopsia y descubrió que el Gobierno intentaba manipular las pruebas para aparentar los supuestos suicidios de Unzaga y Gallardo. El gobierno de Siles pretendió crear un ambiente de confusión en torno a las dos muertes, para sostener la tesis del suicidio.


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El MNR controló el país durante doce años, desatando una increíble persecución contra toda una población y contra cualquiera que denunciase los delitos del régimen. Este régimen policiaco sucumbió debido a la corrupción institucionalizada y sus contradicciones internas; las cuales ponían en evidencia el fracaso de una falsa revolución financiada por los Estados Unidos de América.

Una insurrección popular que estalló el 4 de noviembre de 1964, logró derribar al Gobierno movimientista. Sin embargo, después de esta fecha, la revolución popular también fue frustrada por los gobiernos que continuaron con la corrupción, los crímenes, el entreguismo y el aumento de la deuda externa que nos heredara el movimientismo.

Los elementos del MNR no fueron sancionados por la justicia, debido a sus múltiples delitos. Por el contrario, logrando adquirir poder económico en el período de su tiranía, entre 1952 a 1964; más tarde fueron capaces de acomodarse en puestos estratégicos de la jerarquía política, cualquiera fuera el Gobierno, en los estamentos sociales, en la compra de influencias, y lograr pagar publicidad, para tratar de encubrir ante la historia su responsabilidad como destructores de la Nación y el verdadero origen de su poder actual, aparentando un inmerecido prestigio, que esconde lo que verdaderamente son; es decir, los servidores de un imperialismo que les ha llevado a terminar hipotecando a Bolivia con la implantación del sistema económico llamado “neoliberal”.


La Paz, junio de 2001


Sergio Portugal Joffre