Inquietudes sentimentales/VII
VII
Dos senos de una blancura inquietante; dos ojos lúbricamente embriagados y una mano audaz de sensualidad, se han atravesado en mi camino. Una voz indefinible, como el hipo de un sollozo histérico, me ha dicho: Soy el erotismo; ¡Vén!
Y yo iba; iba siguiendo a esa bacante estrambótica, como sigue la hoja de acero al imán.
Iba empujada por el misterio... Mis labios se helaban, y tenía en la garganta una opresión de hierro.
Iba la mirada húmeda, los ojos claros como brillantes en alcohol...
Retorné, y mis labios estaban mustios, y mis ojos no veían, y mis manos enconadas contra éllas mismas, sólo querían destrozarse.
Y en el alma, como una marca de fuego, traía la más horrible decepción.
No estaba ahí; no llevaba esa bacante loca el remedio para mi mal de amor.