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Inquietudes sentimentales/XLVI

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XLVI

Grieg ha resucitado bajo la caricia de unos dedos afilados.

El piano ha libertado de su caja una bandada de pájaros medrosos, que han ido a estrellarse en los cuadrados de las ventanas.

La alfombra se ha cubierto de flores enfermas, sembradas por una mano moribunda de venas muy azules; y alguien, que presiento y que no veo, va despidiéndose lentamente de la vida.

Se han esfumado en los espejos todas las almas que vivieron de amor, y en el atardecer reza llorando una mujer.

Sus lágrimas de trizan, una a una, cayendo en una copa de cristal.

Tañe la campana del Angelus desparramando por el mundo intenciones buenas; y el fantasma de los abismos celestes delira de éxtasis.