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Inquietudes sentimentales/XXV

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XXV

En la cuna de mis brazos, tibios aún de la vida de Ella, "la chiquita", se cobija ahora la helada forma de la separación.

El surco ardiente que dejó su cabecita en mi hombro, sirve de pozo para mis lágrimas, que tienen inagotable ansia de brotar.

Y esos zapatitos, reliquia tiernísima, que guardan la forma de sus pies de flor, son el cofre de mis besos, y ellos ¡ay! no tienen alma para devolver mis caricias.

Los vestidos que de élla guardo, son piadosos porque cuando los tiendo sobre la cama, me ayudan a evocar su cuerpito adorado.

Y el mechón de sus cabellos, que como un rayo de sol olvidado llevo colgando prisionero a mi cuello, me da la sensación de su tibieza de armiño.

¡Cuántas noches me ha sorprendido el alba estrechando entre mis brazos esos restos de una felicidad perdida!

¡Criatura!... ¡Criaturas! ¿En qué horrible desolación he quedado; en qué frío de páramo vive mi corazón?