Ir al contenido

Intraducibilidad del Quijote/Capítulo IV/Sección II

De Wikisource, la biblioteca libre.
§ I
Intraducibilidad del Quijote: ¨Pasatiempo literario o Apuntes para un libro grueso y en folio (1874)
de José María Sbarbi y Osuna
§ II
§ III
Nota: Se respeta la ortografía original de la época

§ II.

FRASES BURLESCAS, DICHOS FESTIVOS Y VOCES GRACIOSAS.

Bien sea que Cervantes hubiera recibido del cielo el dón de la gracia y de la jovialidad, ó ya que la adquiriera durante su larga estancia en la ciudad del Bétis y la Giralda, lo cierto es que de vez en cuando brillan de un modo tan particular ciertos pasajes del Quijote en atencion á las frases burlescas, dichos festivos y voces graciosas diseminadas por sus páginas, que, sazonando por un nuevo aspecto su lectuvienen en cierta manera á imposibilitar nuevamente su traduccion, dado que la generalidad de dichas locuciones y palabras no son más ni ménos que «aquellas plantas frondosas y lozanas en el sitio donde han venido, mas que se marchitan y mueren así que las mudan de la tierra donde nacieron[1].» Vamos á aspirar ahora el aroma de algunas de esas flores embalsamadoras, cogidas al acaso en los cuadros de tan precioso como variado pensilra,


«La culpa por que le dieron esta pena, es por haber sido corredor de oreja, y áun de todo el cuerpo.» (I. 22.)


«El duro, estrecho, apocado y fementido lecho de Don Quijote estaba primero en mitad de aquel estrellado establo. » (I. 16.) Apocado por corto, y fementido por falso, aplicado á cosas, sólo á Cervantes podía ocurrirsele. Pues no digo nada del estrellado establo, para denotar una techumbre llena de agujeros, por los cuales no sería difícil ver las estrellas, dado caso de que no estuvieran éstas escondidas por lo denso de la atmósfera.

«Sancho..... comenzó á dar puñadas á una y otra parte, y entre otras alcanzó con no sé cuántas á Maritórnes, la cual, sentida del dolor, echando á rodar la honestidad, dió el retorno á Sancho.» (I. 16.) «Vos sois el gato, y el rato y el bellaco.» (I. 22.) Acababa de pedir D. Quijote, eso sí, con mansedumbre y sosiego, al Comisario que acompañaba á los galeotes, que diera suelta á éstos; y habiéndole dicho aquél: «Váyase vuestra merced, señor, norabuena su camino adelante, y enderécese ese bacin que trae en la cabeza, y no ande buscando tres piés al gato,» le respondió el Héroe manchego con los mismos consonantes de a—o verificados en rato y bellaco: pintura bastante expresiva de aquél á quien mortifica el retintin de alguna palabra, y contesta hiriendo por los mismos filos.si hay viento próspero, mar tranquilo y sin borrasca, en poco menos de nueve años se podrá estar á vista de la gran laguna Meona, digo Meótides, que está poco más de cien jornadas más acá del reino de vuestra grandeza.»» (I. 29.) « A este agujero se pusieron las dos semidoncellas.» (I. 43.) Doncellas medias ó por mitad; pues si bien no lo eran de su cuerpo, pensando piadosamente, lo eran en cuanto á su profesion de servir en la venta á los pasajeros.

"..... si no fuera por este baciyelmo, no lo pasára entónces muy bien.»» Tan albarda es como mi padre. » (I. 44.) (I. 45.) Esto es el objeto que está aqui delante es una albarda, lo mismo que mi padre es mi padre.

« Esta señora, que se dice ser reina del gran reino Micomicon, no lo es más que mi madre.»» Es decir: Así como mi madre no es reina del gran reino Micomicon, tampoco lo es esta señora que se dice serlo.

(i. 46.) «Paréceme que los veo andar por el Toboso hechos unos bausanes, buscando á mi señora Dulcinea, y aunque la encuentren en mitad de la calle no la conocerán más que á mi padre. » Más claro: No la conocerán, asi como tampoco conocen á mi padre.

(II. 11.) «Desearon saber todos qué era aquello de la manta, y el ventero les contó punto por punto la volateria de Sancho Panza, de que no poco se rieron tódos.» (I. 46.) « Por cierto que sería gentil cosa casar á nuestra María con un condazo ó con un caballerote, que cuando se le antojase la pusiese como nueva, llamándola de villana, hija del destripaterrones y de la pelaruecas." (II. 5.) «Cuando la vió Carrasco con muestras tan doloridas y sobresaltadas, le dijo: ¿qué es esto, señora Ama? ¿qué le ha acontecido, que parece que se le quiere arrancar el alma? No es nada, señor Sanson mio, sino que mi amo se sale, sálese sin duda. Y por dónde se sale, señora? preguntó Sanson; ¿hásele roto alguna parte de su cuerpo? No se sale, respondió ella, sino por la puerta de su locura: quiero decir, señor Bachiller de mi ánima, que quiere salir otra vez, que con ésta será la tercera, á buscar por ese mundo lo que él llama venturas, que yo no puedo entender cómo les da este nombre. La vez primera nos le volvieron atravesado sobre un jumento, molido á palos; la segunda vino en un carro de bueyes metido y encerrado en una jaula, adonde él se daba á entender que estaba encantado; y venía tal el triste, que no le conociera la madre que le parió, flaco, amarillo, los ojos hundidos en los últimos camaranchones del celebro, que para haberle de volver algun tanto en si gasté más de seiscientos huevos como lo sabe Dios y todo el mundo, y mis gallinas, que no me dejarán mentir. Eso creo yo muy bien, respondió el Bachiller, que ellas son tan buenas, tan gordas y tan bien criadas, que no dirán una cosa por ótra si reventasen. En efecto, señora Ama, ¿no hay otra cosa, ni ha sucedido otro desman alguno, sino el que se teme que quiere hacer el señor D. Quijote? No señor, respondió ella. Pues no tenga pena, respondió el Bachiller, sino váyase en hora buena á su casa, y téngame aderezado de almorzar alguna cosa caliente, y de camino vaya rezando la oracion de santa Apolonia, si es que la sabe, que yo iré luego allá, y verá maravillas. ¡Cuitada de mí! replicó el Ama: la oracion de santa Apolonia dice vuesa merced que rece? eso fuera si mi amo lo hubiera de las muelas, pero no lo ha sino de los cascos. Yo sé lo que digo, señora Ama: váyase, y no se ponga á disputar conmigo, pues sabe que soy bachiller por Salamanca, que no hay más que bachillear.» (II. 7.) ¡Buen plato de magras para cualquier traductor de cualquier lengua, y á cualquier hora del dia ó de la noche!

« Plega á Dios todopoderoso, donde más largamente se contiene, que la persona ó personas que pusieren impedimento y estorbaren tu tercera salida, que no la hallen en el laberinto de sus deseos, ni jamás se les cumpla lo que mal desearen.» (II. 7.) Prescindiendo de la fórmula forense y como proverbial donde más largamente se contiene, chistosamente empleada más de una vez en el Quijote, me apresuro á consignar aquí como no ha faltado quien propusiera sustituir la frase ni jamás se les cumpla lo que Más desearen á la que apunta arriba el texto, creyendo ver en el cambio de más por mal la restitucion de aquél á su verdadero sentido. No creo yo tal: ántes opino que de hacerlo así se haría decir á Cervántes en este pasaje lo que probablemente no soñó jamás, pues lo que pretendió significar con aquella imprecacion fué seguramente que nunca se cumpliese el mal deseo de aquellos que pudiesen poner obice alguno á que se verificase la tercera salida del Héroe manchego.

«Don Quijote y Sancho volvieron á proseguir su camino de Zaragoza, donde los deja la historia, por dar cuenta de quién era el Caballero de los Espejos y su narigante escudero.»» (II. 14.) Al terminar Viardot la traduccion del capítulo cuyo último período lo constituye el pasaje recien copiado, no puede por menos de acotarlo con las siguientes palabras: « Dans cette aventure, si bien calquée sur toutes celles de la chevalerie errante, Cervantés use des richesses et des libertés de sa langue, qui, tout en fournissant beaucoup de mots pour une mme chose, permet encore d' en inventer. Pour dire l' écuyer au grand nez, il a narigudo, narigante, narizado; et quand le nez est tombé, il l'appelle desnarigado. A tous ces termes comiques, nous ne saurions opposer aucune expression analogue.» Bueno es oir semejante confesion de boca de una autoridad como Viardot, pues al tratarse de la descripcion de una borrasca en alta mar, siempre me merecieron más crédito los marinos de agua salada, que los de agua dulce.

—Sin duda este maese Pedro su amo debe de tener hecho pacto tácito ó expreso con el demonio. Si el patio es espeso y del demonio, dijo Sancho, sin duda debe de ser muy sucio patio.

(II. 25.) La anterior torcida interpretacion me recuerda ahora oiro quiproquo de nuestro pueblo, cuya personificacion más exacta es ancho, al decir Pagar el pato en vez de Pagar el pacto. Óigase lo que con tal motivo dice Casiodoro de Reyna en la Admonestacion al lector que puso al frente de su traduccion castellana de La Biblia, hecha en el siglo décimosexto: ... como los vocablos Tora y Pacto usados de los judíos españoles, el primero por la Ley, y el segundo por el Concierto de Dios, por los cuales nuestros españoles les levantaban que tenían una tora ó becerra pintada en su sinagoga, que adoraban, y del Pacto sacaron por refran, Aqui pagaréis el pato.

De esta manera ha sido causa la ignorancia del verdadero cristianismo que se burlasen los cristianos de los judíos de aquello en que los habían ántes de imitar, ó, por mejor decir, habían de recibir dellos. » «Bueno sería por cierto que todos estos insignes pueblos se corriesen y vengasen, y anduviesen contino hechas las espadas sacabuches á cualquier pendencia por pequeña que fuese.»» (II. 27.) Juega aquí Cervantes del vocablo al usar sacabuche, por sacar el buche, ó, mejor dicho, los intestinos á aquél á quien se manda de viaje una estocada á la region hipogástrica, juntamente con andar sacando la espada de la vaina á cada triquitraque, aludiendo al antiguo instrumento músico llamado sacabuche, cuya diferencia de sonidos, por cierto bastante desapacibles, es producida mediante un tubo que, encajado en ótro, alarga ó acorta el ejecutante. Dicho instrumento ha sido conocido despues con el nombre de trombon de varas, siendo lo más probable que su denominacion primitiva en español reconozca por origen la francesa saquebute.

«Don Quijote se acomodó al pie de un olmo, y Sancho al de una haya, que estos tales árboles y otros sus semejantes siempre tienen piés y nó manos.

(II. 28.) «Y dad gracias á Dios, Sancho, que ya que os santiguaron con un palo, no os hicieron el per signum crucis con un alfanje.» (II. 28.) « Por sus pasos contados y por contar, dos dias despues que salieron de la alameda llegaron D. Quijote y Sancho al rio Ebro. » (II. 29.) « No, si nó, ándense á cada triquete conmigo á díme y diréte, Sancho lo dijo, Sancho lo hizo, Sancho tcrnó, y Sancho volvió, como si Sancho fuese algun quienquiera, y no fuese el mismo Sancho Panza que anda ya en libros por ese mundo adelante, segun me dijo Sanson Carrasco, que por lo menos es persona bachillerada por Salamanca, y los tales no pueden mentir si no es cuando se les antoja ó les viene muy á cuento: así que no hay para que nadie se tome conmigo; y pues que tengo buena fama, y segun oí decir á mi señor, más vale el buen nombre que las muchas riquezas, encájenme ese gobierno, y verán maravillas, que quien ha sido buen escudero, será buen gobernador. » (II. 33.) Pasaje lleno de chistes y de primores propios de la lengua castellana; y más, manejada por todo un Cervantes.

«Los buenos tendrán conmigo mano y concavidad; y los malos, ni pié ni entrada. » (II. 33.) Concavidad, donaire por cabida. Tener mano juega del vocablo con tener pié.

« De que sea mi bondad, señora mia, tan larga y grande como la barba de vuestro escudero, á mí me hace muy poco al caso: barbada y con bigotes tenga yo mi alma cuando desta vida vaya, que es lo que importa; que de las barbas de acá, poco ó nada me curo. » (II. 37.) « Pues digamos ahora que la discrecion era mocosa.» (II. 38.) Vengo pues, y tomo, y qué hago.» (II. 41.) Aunque tonto, eres hombre veridico.—No soy verde, sino moreno, dijo Sancho; pero, aunque fuera de mezcla, cumpliera mi palabra.» (II. 41.) « Cerró tras sí la puerta, y, á la luz de dos velas de cera, se desnudó; y al descalzarse ¡oh desgracia indigna de tal persona! se le soltaron, nó suspiros ni otra cosa que desacreditase la limpieza de su policia, sino hasta dos docenas de puntos de una media, que quedó hecha celosía.» (II. 44.) «Deja, lector amable, ir en paz y en hora buena al buen Sancho, y espera dos fanegas de risa que te ha de causar el saber cómo se portó en su cargo.» (II. 44.) a Yo, señor Gobernador, me llamo el Doctor Pedro Recio de Agüero, y soy natural de un lugar llamado Tirteafuera..... A lo que respondió Sancho todo encendido en cólera: Pues, señor Doctor Pedro Recio de mal agüero..... Alborotóse el Doctor viendo tan colérico al Gobernador, y quiso hacer tirteafuera de la sala.» (II. 47.)no es posible que una dueña toquiblanca, larga y antojuna pueda mover ni levantar pensamiento lascivo. » (II. 48.) No se le olvide á Vuestra Pomposidad de escribirme, que yo tendré cuidado de la respuesta.»» (II. 52.) a Vistióse en fin y poco a poco, porque estaba molido y no podía ir mucho á mucho.» (II. 53.) «¡Ah de arriba! ¿hay algun cristiano que me escuche? ó algun caballero caritativo que se duela de un pecador enterrado en vida? de un desdichado desgobernado gobernador?» (II. 55.) "..... más traes semejanza de desgobernado que de gobernador.» (II. 73.) "..... siempre oigamos buenas nuevas de vuestras fechurias.» (II. 57.) Fechurias, hazañas y desaguisados.

«Temía si quedaría ó nó contrecho Rocinante, ó deslocado su amo: que no fuera poca ventura si deslocado quedára.» (II. 65.) Deslocado, dislocado y sano de la locura.

« « Y así es mi parecer, que el gordo desafiador se escamonde, monde, entresaque, pula y atilde, y saque seis arrobas de sus carnes, de aquí ó de allí de su cuerpo, como mejor le pareciere y estuviere.» (II. 66.) «Pardiez, dijo Sancho, que me ha cuadrado y áun esquinado tal género de vida.» (II. 67.) «Así es verdad, dijo el Cura; pero nosotros busVI.

carémos por ahí pastoras mañeruelas que, si no nos cuadraren, nos esquinen.» (II. 73.) «Caminad, trogloditas; callad, bárbaros; pagad, antropófagos; no os quejeis, escitas; ni abrais los ojos, Polifemos matadores, leones carniceros, y otros nombres semejantes á éstos con que atormentaban los oídos de los miserables amo y mozo. Sancho iba diciendo entre sí: ¿nosotros tortolitas, nosotros barberos ni estropajos, nosotros perritas, á quien dicen cita?» cita, (II. 68.) Sería el cuento de nunca acabar, pretender apurar aquí todos los casos diseminados por el Quijote alusivos á la intraducibilidad de tanta frase burlesca, de tanto dicho festivo, y de tanta voz graciosa como á cada paso nos sale al encuentro. Pero si todavía no estuviese satisfecho el lector, por lo que atañe á esta serie, pruebe á traducir el lenguaje del Vizcaíno; el cuento de Grisóstomo y Marcela referido por el Cabrero; la historia que de su vida y milagros relata la Dueña Dolorida, etc., etc., etc., y ya lleva que lamer para un poco de tiempo.


  1. MARCHENA, cuyas palabras entrecomadas citamos anteriormente, pág. 51.