José Mármol (VAI)

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JOSÉ MÁRMOL.


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JOSÉ MÁRMOL
(1818 - 1871)




DON José Mármol será siempre en el Río de la Plata el poeta más simpático á las generaciones del porvenir. Sus versos están estrechamente ligados á uno de los hechos más singulares de nuestra historia, que no se borrará jamás de la memoria de los Argentinos: la larga y ominosa tiranía de Rosas. Mármol fué una de sus víctimas inocentes, por que en él persiguió aquel bárbaro tirano, no al atrevido conspirador que meditaba en secreto el plan de un asesinato, sino al vate que, al reavivar los nobles recuerdos de la Revolución, mantuvo levantado el espíritu nacional y estigmatizó el odioso sistema que mancillaba los colores de Mayo, al mismo tiempo de arrojar al país en la humillación y en el oprobio.


I.

 Don José Mármol nació en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1818 y se educó en sus escuelas públicas y en las de Montevideo. Contaba apenas veinte años de edad, cuando se abrió para él, al mismo tiempo que las puertas de la cárcel, el camino de la expatriación.

 Habiéndose trasladado á Montevideo, continuó allí el cultivo de la poesía, y en 1841 concurrió al certamen poético que tuvo lugar en aquella ciudad. Su composición, que fué la más aplaudida por el público, obtuvo sólo una mención honorífica de la Comisión encargada de apreciar el mérito literario de los diversos trabajos presentados en él. Esos conceptos son tan lisonjeros para Mármol, y sobre todo tan equitativos, que no vacilamos en transcribir aquella parte del informe, teniendo presente, además, que ese mismo juicio puede hacerse extensivo á todas sus obras poéticas:

 « Si la versificación, el estilo, y el uso de la lengua, correspondiesen en esta pieza á la entonación y á las ideas, dice la Comisión, no sería este lugar que ocuparía entre las del certamen.

 « No se comprenderá toda la exactitud de esta clasificación hasta que se oiga la lectura de la pieza misma. La elevación, la moral, el frescor, la abundancia de sus ideas, sorprenden á la primera lectura, y hacen casi olvidar los pecados contra el arte, que la fuerzan á flaquear ante los ojos de la crítica. Frecuente violación de la sintaxis y de la fuerza de la lengua, inexactitud, aun que no tan común, en la rima, quebrantamiento de las condiciones de versificación que el mismo poeta se impone, y una que otra locución sumamente oscura, son los defectos que empañan el terso brillo de las ideas y luchan con el elevado entono de esta pieza. La Comisión reconoce que el molde en que fué vaciada, es sin disputa una cabeza poética.... »

 Mármol ha escrito bellísimas poesías, muchas de ellas consagradas á manifestar las impresiones amorosas de su corazón, y los nobles y elevados sentimientos que atesoraba en su alma. Pero ante todo, Mármol es el cantor de la Libertad.

 Errante y peregrino, las cuerdas de su lira resonaron siempre al compás de sus estrofas llenas de nervio, y rebosando del más acendrado patriotismo. En todas las zonas de la tierra le han acompañado la imagen de su patria; y ha celebrado las bellezas de la naturaleza con aquel acento de verdad que sólo comunica al pensamiento la contemplación de las escenas descriptas por el poeta:


Decid, nubes, decid, ¿quién un tributo
No os rindió alguna vez? En el contento
Ó con el alma en luto
¿Qué mortal no os ha dado un pensamiento?
En las noches serenas
El corazón dolido,
¿Qué madre no ha Llorado con vosotras
El dulce fruto de su amor perdido?
¿Ó amorosa y prolija,
No imaginó entre flores
El porvenir de la inocente hija?
¿Qué desterrado, acaso,
En los velos de nácar y zafiro
Que bajáis al Ocaso
No ha mandado á su patria algún suspiro?
 La tiranía fué la constante preocupación de

su espíritu, y la ha maldecido en todos los períodos de su vida con el estro vigoroso de su privilegiado numen:

 Gloria, nombre, virtud, Patria argentina,
Todo perece dó tu pie se estampa
Todo hacen polvo, en tu ambición de ruina,
Bajo el casco, los potros de tu pampa.

 Y bien, Rosas, ¿después? tal es — atiende —
La pregunta de Dios y de la historia:
Ese después que acusa ó qué defiende
En la ruina de un pueblo, ó en su gloria.

 Ese después fatal á que te reta
Sobre el cadáver de la patria mía,
En mi voz inspirada de poeta,
La voz tremenda del que alumbre el día.


 Mármol supo interpretar admirablemente el más grandioso de los acontecimientos de la edad moderna, y el pensamiento que inspiró el genio de Colón.

 La composición que escribió sirviéndole de título el inmortal Genovés, es una de las piezas de más mérito de su obra poética. Por la elevación de entono y la novedad de los pensamientos, esta poesía será siempre leída con agrado.
Cristóbal Colón.

 Dos hombres han cambiado la existencia
De este mundo en los siglos peregrino:
El labio de Jesús le dió otra esencia,
Y el genio de Colón otro destino.

 Completaron de Dios la mente misma
Á inspiraciones de su amor profundo,
Uno del alma iluminando el prisma,
Otro haciendo de dos un solo mundo.

 Ángel, genio, mortal, que no has logrado
Legar tu nombre al mundo de tu gloria;
Que ni ves en su suelo levantado
Un pobre monumento á tu memoria.

 ¡Ah! bendita la pila do tu frente
Se mojara en el agua del bautismo,
Y el ala de tu genio amaneciente
Se tocara en la unción del cristianismo!

 Ángel, genio mortal, yo te saludo
Desde el seno de América mi madre;
De esta tierna beldad que el mar no pudo
Robarla siempre á su segundo padre.

 La hallaste, y levantándola en tu mano
Radiante con sus gracias virginales,
Empinando en las ondas del Océano
Se la enseñaste ó Dios y á los mortales.

 Después de Cristo, en el terráqueo asiento,
Siglo, generación ni raza alguna
Ha conmovido tanto su cimiento,
Como el golpe inmortal de tu fortuna.

 Á su grandeza un siglo era pequeño;
Y en los futuros siglos difundida,
En el eterno Tiempo el solo dueño
De tu obra inmensa en su grandiosa vida.

 Tú, como Dios al derramar fulgentes
Los mundos todos en la oscura nada,
Al más allá de las futuras gentes
Diste sin fin tu América soñada.

 En cada siglo que á la tierra torna,
La tierra se columpia, y paso á paso,
Su destino la América trastorna,
Y muda el sol su Oriente en el Ocaso.

 Obra es tuya; Colón; la hermosa perla,
Que sacaste del fondo de un océano,
Al través de los siglos puedes verla
Sobre la frente del destino humano.

 El ángel del futuro rompió el lazo
Que á las columnas de Hércules le ataba,
Y saludo en la sien del Chimborazo
Los desiertos que América encerraba.

 No de la Europa quebrará la frente
El rudo potro del sangriente Atila;
Pero ¡ay! el tiempo en su veloz corriente
Mina el cimiento en donde ya vacila!

 El destino del mundo está dormido
Al pie del Andes sin soñar su suerte;
Falta una voz bendita que á su oído
Hable mágico acento y le despierte.

 Un hombre que á esta tímida belleza
Le quite el azahar de sus cabellos,
Y ponga una diadema en su cabeza
Y el manto azul sobre sus hombros bellos.

 Si no te han dado monumento humano,
Si no hay Colombia en tu brillante historia.
¿Qué importa? ¡eh! tu nombre es el Océano,
Y el Andes la columna de tu gloria.

 ¿Qué navegante tocará las olas
Donde se pierde la polar estrella,
Sin divisar en las llanuras solas
Tu navío, tus ojos, y tu huella?

 ¿Sin ver tu sombra, allí do misterioso
El imantado acero se desvía;
Y un rayo de tu genio poderoso
Que va y se quiebra donde muere el día?

 ¿Quién, al pisar la tierra de tu gloria,
No verá en sus montañas colosales
Monumentos de amor á tu memoria,
Como tú grandes, como tú inmortales?

 ¡Salve, genio feliz! mi mente humana
Ante tu idea de ángel se arrodilla,
Y do mi labio la expresión mundana
Ante tu santa inspiración se humilla.

 Por un siglo tus alas todavía
Plegadas ten en los etéreos velos
De donde miras descender el día
Hasta el cristal de los andinos hielos.

 Baja después de la alta Cordillera,
Los ámbitos de América divisa,
Y, como Dios al contemplar la esfera,
Sentirás de placer dulce sonrisa.

 El ángel del futuro á quien sacara
De los pilares de Hércules tu mano,
Te mostrará, Colón, tu virgen cara,
Feliz y dueña del desierto humano.

 Vuelve después á tu mansión de gloria
Á respirar la eternidad de tu alma,
Mientras queda en mundo á tu memoria
Sobre el Andes eterno, eterna palma.


 Mármol ha escrito dos dramas: El Poeta y El Cruzado, y una novela histórica Amalia, que cuenta ya varias ediciones. Desempeñó varias veces el cargo de diputado á las Cámaras de su provincia; fué miembro de la Convención de Buenos Aires en 1860, y algo después (1861) enviado á la corte de Río Janeiro en calidad de agente confidencial de la misma. Su fallecimiento tuvo lugar en la ciudad de su nacimiento el 9 agosto de 1871.


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