La Celestina:15

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La Celestina - Aucto trezeno​ de Fernando de Rojas


ARGUMENTO DEL TREZENO AUTO: Despertando Calisto de dormir está hablando consigo mismo. Dende vn poco está llamando a Tristán e a otros sus criados. Torna a dormir Calisto. Pónese Tristán a la puerta. Viene Sosia llorando. Preguntado de Tristán, Sosia cuéntale la muerte de Sempronio e Pármeno. Van a dezir las nueuas a Calisto, el qual sabiendo la verdad faze grande lamentación.


CALISTO, TRISTÁN, SOSIA.


CALISTO.- ¡O cómo he dormido tan a mi plazer, después de aquel açucarado rato, después de aquel angélico razonamiento! Gran reposo he tenido. El sossiego e descanso ¿proceden de mi alegría o causó el trabajo corporal mi mucho dormir o la gloria e plazer del ánimo? E no me marauillo que lo vno e lo otro se juntassen a cerrar los candados de mis ojos, pues trabajé con el cuerpo e persona e holgué con el espíritu e sentido la passada noche. Muy cierto es que la tristeza acarrea pensamiento e el mucho pensar impide el sueño, como a mí estos días es acaescido con la desconfiança, que tenía, de la mayor gloria, que ya poseo. ¡O señora e amor mío, Melibea! ¿Qué piensas agora? ¿Si duermes o estás despierta? ¿Si piensas en mí o en otro? ¿Si estás leuantada o acostada? ¡O dichoso e bienandante Calisto, si verdad es que no ha sido sueño lo pasado! ¿Soñelo o no? ¿Fue fantaseado o passó en verdad? Pues no estuue solo; mis criados me acompañaron. Dos eran. Si ellos dizen que passó en verdad, creerlo he segund derecho. Quiero mandarlos llamar para más firmar mi gozo. ¡Tristanico!, ¡moços!, ¡Tristanico! Leuantate de ay.

TRISTÁN.- Señor, leuantado estoy.

CALISTO.- Corre, llámame a Sempronio e a Pármeno.

TRISTÁN.- Ya voy, señor.

CALISTO
Duerme e descansa, penado,
desde agora:
pues te ama tu señora
de tu grado.

Vençe plazer al cuydado
e no le vea,
pueste ha fecho su priuado
Melibea.


TRISTÁN.- Señor, no ay ningún moço en casa.

CALISTO.- Pues abre essas ventanas, verás qué hora es.

TRISTÁN.- Señor, bien de día.

CALISTO.- Pues tórnalas a cerrar e déxame dormir hasta que sea hora de comer.

TRISTÁN.- Quiero baxarme a la puerta, porque duerma mi amo sin que ninguno le inpida e a quantos le buscaren se le negaré. ¡O qué grita suena en el mercado! ¿Qué es esto? Alguna justicia se haze o madrugaron a correr toros. No sé qué me diga de tan grandes vozes como se dan. De allá viene Sosia, el moço d' espuelas. Él me dirá qué es esto. Desgreñado viene el vellaco. En alguna tauerna se deue hauer rebolcado. E si mi amo le cae en el rastro, mandarle ha dar dos mil palos. Que, aynque es algo loco, la pena le hará cuerdo. Parece que viene llorando. ¿Qué es esto, Sosia? ¿Por qué lloras? ¿De dó vienes?

SOSIA.- ¡O malauenturado yo e qué pérdida tan grande! ¡O desonrra de la casa de mi amo! ¡O qué mal día amanesció éste! ¡O desdichados mancebos!

TRISTÁN.- ¿Qué es? ¿Qué has? ¿Por qué te matas? ¿Qué mal es éste?

SOSIA.- Sempronio e Pármeno...

TRISTÁN.- ¿Qué dizes, Sempronio e Pármeno? ¿Qué es esto, loco? Aclárate más, que me turbas.

SOSIA.- Nuestros compañeros, nuestros hermanos...

TRISTÁN.- O tú estás borracho o has perdido el seso o traes alguna mala nueua. ¿No me dirás qué es esto, que dizes, destos moços?

SOSIA.- Que quedan degollados en la plaça.

TRISTÁN.- ¡O mala fortuna la nuestra, si es verdad! ¿Vístelos cierto o habláronte?

SOSIA.- Ya sin sentido yuan; pero el uno con harta difficultad, como me sintió que con lloro le miraua, hincó los ojos en mí, alçando las manos al cielo, quasi dando gracias a Dios e como preguntándome qué sentía de su morir. Y en señal de triste despedida abaxó su cabeça con lágrimas en los ojos, dando bien a entender que no me auía de ver más hasta el día del gran juyzio.

TRISTÁN.- No sentiste bien; que sería preguntarte si estaua presente Calisto. E pues tan claras señas traes deste cruel dolor, vamos presto con las tristes nueuas a nuestro amo.

SOSIA.- ¡Señor!, ¡señor!

CALISTO.- ¿Qué es esso, locos? ¿No os mandé que no me recordásedes?

SOSIA.- Recuerda e leuanta, que si tú no buelues por los tuyos, de cayda vamos. Sempronio e Pármeno quedan descabeçados en la plaça, como públicos malhechores, con pregones que manifestauan su delito.

CALISTO.- ¡O válasme Dios! ¿E qué es esto que me dizes? No sé si te crea tan acelerada e triste nueua. ¿Vístelos tú?

SOSIA.- Yo los vi.

CALISTO.- Cata, mira qué dizes, que esta noche han estado comigo.

SOSIA.- Pues madrugaron a morir.

CALISTO.- ¡O mis leales criados! ¡O mis grandes seruidores! ¡O mis fieles secretarios e consejeros! ¿Puede ser tal cosa verdad? ¡O amenguado Calisto! Desonrrado quedas para toda tu vida. ¿Qué será de ti, muertos tal par de criados? Dime, por Dios, Sosia, ¿qué fue la causa? ¿Qué dezía el pregón? ¿Donde los tomaron? ¿Qué justicia lo hizo?

SOSIA.- Señor, la causa de su muerte publicaua el cruel verdugo a vozes, diziendo: Manda la justicia que mueran los violentos matadores.

CALISTO.- ¿A quién mataron tan presto? ¿Qué puede ser esto? No ha quatro horas que de mí se despidieron. ¿Cómo se llamaua el muerto?

SOSIA.- Señor, vna muger, que se llamaua Celestina.

CALISTO.- ¿Qué me dizes?

SOSIA.- Esto que oyes.

CALISTO.- Pues si esso es verdad, mátame tú a mí, yo te perdono: que más mal ay, que viste ni puedes pensar, si Celestina, la de la cuchillada, es la muerta.

SOSIA.- Ella mesma es. De más de treynta estocadas la vi llagada, tendida en su casa, llorándola vna su criada.

CALISTO.- ¡O tristes moços! ¿Cómo yuan? ¿Viéronte? ¿Habláronte?

SOSIA.- ¡O señor!, que, si los vieras, quebraras el coraçón de dolor. El vno lleuaua todos los sesos de la cabeça de fuera, sin ningún sentido; el otro quebrados entramos braços e la cara magullada. Todos llenos de sangre. Que saltaron de vnas ventanas muy altas por huyr del aguazil. E assí casi muertos les cortaron las cabeças, que creo que ya no sintieron nada.

CALISTO.- Pues yo bien siento mi honrra. Pluguiera a Dios que fuera yo ellos e perdiera la vida e no la honrra, e no la esperança de conseguir mi començado propósito, que es lo que más en este caso desastrado siento. ¡O mi triste nombre e fama, cómo andas al tablero de boca en boca! ¡O mis secretos más secretos, quán públicos andarés por las plaças e mercados! ¿Qué será de mí? ¿Adonde yré? ¿Que salga allá?: a los muertos no puedo ya remediar. ¿Que me esté aquí?: parescerá couardía. ¿Qué consejo tomaré? Dime, Sosia, ¿qué era la causa porque la mataron?

SOSIA.- Señor, aquella su criada, dando vozes, llorando su muerte, la publicaua a quantos la querían oyr, diziendo que porque no quiso partir con ellos vna cadena de oro, que tú le diste.

CALISTO.- ¡O día de congoxa! ¡O fuerte tribulación! ¡E en qué anda mi hazienda de mano en mano e mi nombre de lengua en lengua! Todo será público quanto con ella e con ellos hablaua, quanto de mí sabían, el negocio en que andauan. No osaré salir ante gentes. ¡O pecadores de mancebos, padecer por tan súpito desastre! ¡O mi gozo, cómo te vas diminuiendo! Prouerbio es antigo, que de muy alto grandes caydas se dan. Mucho hauía anoche alcançado; mucho tengo oy perdido. Rara es la bonança en el piélago. Yo estaua en título de alegre, si mi ventura quisiera tener quedos los ondosos vientos de mi perdición. ¡O fortuna, quánto e por quántas partes me has combatido! Pues, por más que sigas mi morada e seas contraria a mi persona, las aduersidades con ygual ánimo se han de sofrir e en ellas se prueua el coraçón rezio o flaco. No ay mejor toque para conoscer qué quilates de virtud o esfuerço tiene el hombre. Pues por más mal e daño que me venga, no dexaré de complir el mandado de aquella por quien todo esto se ha causado. Que más me va en conseguir la ganancia de la gloria que espero, que en la pérdida de morir los que murieron. Ellos eran sobrados e esforzados: agora o en otro tiempo de pagar hauían. La vieja era mala e falsa, según parece que hazía trato con ellos e assí que riñieron sobre la capa del justo. Permissión fue diuina que assí acabasse en pago de muchos adulterios, que por su intercessión o causa son cometidos. Quiero hazer adereçar a Sosia e a Tristanico. Yrán comigo este tan esperado camino. Lleuarán escalas, que son muy altas las paredes. Mañana haré que vengo de fuera, si pudiere vengar estas muertes; si no, pagaré mi inocencia con mi fingida absencia o me fingiré loco, por mejor gozar deste sabroso deleyte de mis amores, como hizo aquel gran capitán Ulixes por euitar la batalla troyana e holgar con Penélope su muger.