La Eneida (Christian Gómez Salas) IV

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Virgilio, Eneida IV[editar]

Traducción de
Christian Gómez Salas (2018-)
Libro I - Libro II - Libro III - Libro IV - Libro V - Libro VI - Libro VII - Libro VIII - Libro IX - Libro X - Libro XI - Libro XII - Índice de los personajes


=== PÁGINA EN CONSTRUCCIÓN ===

  1. Sin embargo, la reina herida desde hace tiempo por una pesada inquietud
  2. Alimenta en sus venas la herida y se consume en un fuego ciego. /oculto/
  3. El gran valor del hombre y el gran honor de su pueblo
  4. Vuelven una y otra vez a su pensamiento; permanecen grabados en su pecho
  5. Sus palabras y su rostro y la inquietud no da plácido descanso a sus miembros.
  6. La siguiente Aurora iluminaba las tierras con la luz de Febo
  7. Y había disipado del cielo la húmeda sombra,
  8. Cuando la enferma así habla a su muy querida hermana:
  9. “Ana, hermana, ¡Qué ensueños me aterran teniéndome en suspenso!
  10. ¡Qué nuevo huésped éste ha llegado a nuestras moradas!
  11. ¡A quién llevando en su rostro, de qué fuerte pecho y armas!
  12. Creo ciertamente, y no en vano mi creencia, que es linaje de dioses.
  13. El temor demuestra los espíritus cobardes. ¡Ay, por qué hados
  14. Ha sido arrojado! ¡Qué guerras acabadas cantaba!
  15. Si no estuviese asentado en mi ánimo fijo e inconmovible
  16. No quería asociarme a ninguno con vínculo de matrimonio,
  17. Después de que el primer amor me engañó decepcionada por la muerte;
  18. Si no me hubiera hastiado del tálamo y de la tea,
  19. Quizás podría sucumbir a esta única culpa.
  20. Ana, (pues te lo diré) después de los hados de mi mísero esposo
  21. Siqueo y de los penates salpicados por la matanza de hermanos, /fratricidio/
  22. Éste solo doblegó mis sentidos e impulsó mi vacilante ánimo.
  23. Reconozco las huellas de la vieja llama.
  24. Pero para mí antes desee o que la profunda tierra se abra o que el
  25. Padre omnipotente me precipite con el rayo a las sombras
  26. Pálidas sombras del Érebo y noche profunda,
  27. Antes, oh pudor, que te profane o que quebrante tus derechos.
  28. El que primero me unió a sí, se llevó mis amores;
  29. que él los tenga consigo y los preserve en el sepulcro”.
  30. Habiendo hablado así, llenó su seno con las lágrimas derramadas.
  31. Ana responde: “Oh querida para tu hermana más que la luz,
  32. ¿Acaso sola afligiéndote te consumirás en perpetua juventud
  33. Y no conocerás dulces hijos ni los premios de Venus?
  34. ¿Crees que la ceniza o los manes sepultados se preocupan de esto?
  35. Sea: ninguno de los pretendientes doblegó en el pasado a la apenada /enferma/
  36. No en Libia, no antes en Tiro; despreciado Yarbas
  37. Y otros caudillos, a los que alimenta la tierra África
  38. Rica en triunfos: ¿Lucharás también contra un amor que te gusta?
  39. ¿Y no viene a tu mente en qué campos te has asentado?
  40. Por un lado, te rodean las ciudades Gétulas, raza insuperable en la guerra,
  41. Y los Númidas desenfrenados y la inhóspita /inhospitalaria/ Sirte;
  42. Por otro, una región desierta por la sed y los Barceos ampliamente furiosos:
  43. ¿Qué diré [de] las guerras que surgen en Tiro y de las
  44. amenazas de tu hermano?
  45. Creo ciertamente que las naves troyanas han tenido este curso
  46. Por el viento con la protección de los dioses y el favor de Juno.
  47. ¡Qué ciudad ésta, qué reinos tú, hermana, verás levantarse
  48. Con tal matrimonio! ¡Con qué grandes hechos
  49. La gloria Púnica se lanzará acompañado las armas de los Teucros!
  50. Tú sólo pide a los dioses permiso, y celebrados los sacrificios
  51. Abandónate a la hospitalidad e inventa causas para demorarlo,
  52. Mientras se enfurece sobre el mar el invierno y el lluvioso Orión,
  53. Y las naves rotas, mientras el cielo [esté] no tratable”.
  54. Con estas palabras inflamó su ánimo con un encendido amor
  55. Y dio esperanza a su indecisa mente y desató su pudor.
  56. Al principio, se dirigen a los templos y buscan
  57. La paz por los altares; sacrifican ovejas de dos años,
  58. Elegidas según la costumbre, a la legisladora Ceres y a
  59. Febo y al padre Lieo, antes que a todos a Juno, bajo cuya protección los vínculos conyugales.
  60. La misma bellísima Dido, sosteniendo una pátera con su diestra,
  61. La derrama en medio de los cuernos de una vaca blanca o se
  62. Adelanta a los altares cubiertos de grasa ante las estatuas de los dioses
  63. E instaura el día con ofrendas, y, abiertos los pechos de los animales,
  64. Examina anhelante las entrañas palpitantes.
  65. ¡Ay, mentes ignorantes de los adivinos! ¿A qué ayudan los votos a
  66. la enloquecida? ¿A qué los santuarios? La dulce llama devora
  67. Entretanto las entrañas y la herida alienta callada en su pecho.
  68. La infeliz Dido se abrasa y vaga enloquecida por toda la ciudad,
  69. cual cierva herida por una flecha,
  70. a la que descuidada un pastor, persiguiéndola con sus dardos,
  71. atravesó desde lejos entre los bosques de Creta y dejó [clavado] sin saberlo
  72. el volátil hierro: ella recorre en su fuga las selvas y los montes Dicteos;
  73. la mortal saeta permanece clavada en su costado.
  74. Ahora se lleva consigo a Eneas por medio de la ciudad y le muestra las riquezas
  75. didonias y la ciudad dispuesta, comienza a hablar
  76. y se para en mitad de la palabra;
  77. ahora, declinando el día, prepara idénticos banquetes y suplica demente
  78. escuchar de nuevo los trabajos de Ilión
  79. y queda pendiente de nuevo de la boca del narrador.
  80. Después, cuando se separan y la luna oscura esconde a su vez
  81. La luz y declinando los astros aconsejan los sueños,
  82. Se entristece sola en su casa vacía y se recuesta sobre los estrados abandonados.
  83. Ausente oye y ve a aquél ausente, o retiene en seno,
  84. A Ascanio, cautivada por la imagen del padre,
  85. Por si pudiera engañar su amor inconfesable.
  86. Las torres comenzadas no se levantan, la juventud no ejercita
  87. las armas ni preparan los puertos o las defensas seguras en la guerra:
  88. quedan pendientes los trabajos interrumpidos y las moles ingentes
  89. de los muros y el andamiaje alzado hasta el cielo.
  90. En cuanto advirtió la querida esposa de Júpiter
  91. que estaba poseída por tal enfermedad y que la fama no era obstáculo para la furia,
  92. se dirige a la Saturnia Venus con tales palabras:
  93. “Tú y tu hijo (grande y memorable poder), conseguís en verdad egregia gloria
  94. Y óptimos despojos si una sola mujer es vencida
  95. Por el engaño de dos divinidades.
  96. Y no se me escapa que tú temiendo nuestros muros
  97. hayas considerado sospechosas las casas de la alta Cartago.
  98. Pero ¿cuál será el límite o a dónde con una rivalidad tan grande ahora?
  99. ¿Por qué no concertamos mejor una paz eterna y unos pactados himeneos? /casamientos/
  100. Tienes lo que has solicitado con toda tu mente:
  101. Arde la enamorada Dido y ha aspirado el furor por sus huesos.
  102. Gobernemos pues este pueblo común con iguales auspicios;
  103. Sea lícito servir a un marido Frigio y confiar a los Tirios
  104. como dote de tu diestra.”
  105. Venus (sintió pues que había hablado con mente fingida
  106. Para apartar el reino de Italia a las costas de Libia)
  107. Comenzó a hablarle a ella así por el contrario: ¿Quién demente
  108. Rechazaría tales propuestas o preferiría enfrentarse contigo en lucha?
  109. Si es que acompaña la fortuna el hecho que recuerdas.
  110. Pero me encuentro indecisa por los hados, si [es que] Júpiter
  111. /quisiera/ quiere que una sola ciudad haya para los tirios y los que partieron de Troya,
  112. Y aprueba /apruebe/ que se mezclen los pueblos o que se concierten tratados.
  113. Tú la esposa, te está permitido explorar su ánimo suplicando.
  114. Avanza, yo te seguiré.” Entonces la regia Juno así le respondió:
  115. “Conmigo será este trabajo. Ahora te enseñaré (escucha)
  116. Con pocas palabras de qué manera se puede llevar a cabo lo que nos insta.
  117. Eneas y junto a él la muy desdichada Dido
  118. Se preparan para ir al bosque a cazar, tan pronto como el Titán (Sol) de mañana
  119. Muestre los primeros destellos y haya descubierto el orbe con sus rayos.
  120. Yo derramaré sobre estos una negra tormenta mezclada con granizo,
  121. Y estremeceré todo el cielo con el trueno, mientras los jinetes se
  122. Afanan y rodean los desfiladeros con redes.
  123. Huirán los compañeros y serán cubiertos por una oscura noche:
  124. Dido y el jefe troyano llegarán a una misma cueva.
  125. Estaré presente y, si tu voluntad [es] cierta para mí,
  126. [los] uniré en matrimonio estable y se la daré como propia.
  127. Aquí estará Himeneo”. La citerea asintió sin oponerse a la solicitante
  128. Y sonrió por los engaños descubiertos.
  129. Entretanto la Aurora levantándose abandonó el Océano.
  130. Al despuntar el sol, sale por las puertas la escogida juventud;
  131. Redes de ancha malla, trampas, venablos de ancho hierro,
  132. Y jinetes masilos y fuerza olorosa de perros /perros de fino olfato/ salen impetuosamente.
  133. Los primeros de los Púnicos /cartaginenses/ esperan junto a los umbrales
  134. A la reina que se detiene en su aposento y su caballo está
  135. Insigne de púrpura y oro y muerde feroz los frenos espumosos.
  136. Finalmente avanza, acompañándole una gran multitud,
  137. Ceñida con una clámide sidonia con franja bordada;
  138. Para quien una aljaba de oro, los cabellos se anudan en oro,
  139. Una fíbula de oro sujeta su vestido de púrpura.
  140. También la comitiva frigia y el alegre Iulo
  141. Avanzan. El propio Eneas más hermoso que todos los otros,
  142. Se agrega como compañero y junta las comitivas.
  143. Como Apolo, cuando abandona la invernal licia y las corrientes
  144. Del Janto, y visita la materna Delos e instaura
  145. Los coros, y los cretenses y los Dríopes y los
  146. Pintados Agatirsos dan gritos, mezclados en torno a los altares;
  147. Él avanza por las cimas del Cinto y sujeta su ondulante cabellera
  148. Rodeándola con suave ramaje y la anuda con oro,
  149. Las flechas resuenan en sus hombros: Eneas avanzaba,
  150. 150. No menos gallardo que aquél; tanta belleza resplandece en su rostro.
  151. Después de llegar a los altos montes y a intransitables lugares,
  152. He aquí que unas cabras salvajes, lanzadas de lo alto de una roca,
  153. Bajaron corriendo de las cimas; por otra parte unos ciervos
  154. Atraviesan a la carrera las extensas llanuras y acumulan en su huida
  155. Escuadrones polvorientos y abandonan los montes.
  156. Por su parte, el niño Ascanio disfruta con su fogoso caballo
  157. En medio de los valles y se adelanta a la carrera, ya a estos ya a aquellos,
  158. Y desea con sus votos que se le presente un espumoso jabalí
  159. Entre los rebaños mansos o que descienda de la montaña un rubio león.
  160. Entretanto el cielo comienza a mezclarse con gran murmullo,
  161. Sigue la lluvia mezclándose con granizo,
  162. Y por todas partes los acompañantes tirios y la juventud troyana
  163. Y el dardanio nieto de Venus se dirigieron por el miedo a distintos
  164. Refugios a través de los campos; se precipitan ríos desde los montes.
  165. Dido y el caudillo troyano llegan a la misma cueva.
  166. Y la Tierra la primera y la prónuba Juno
  167. Dan la señal; brillaron los fuegos /relámpagos/ y el éter conocedor
  168. de las bodas y las Ninfas lanzaron alaridos en lo más alto de la montaña.
  169. Aquel día fue el primero de la ruina y [día] primero causa de las desgracias;
  170. Pues no se conmueve por la apariencia ni por la fama
  171. Ni Dido medita ya un amor furtivo:
  172. Lo llama matrimonio, con este nombre encubrió su culpa.
  173. Al momento la Fama corre por las grandes ciudades de Libia,
  174. La Fama, más veloz que la cual ningún otro mal:
  175. Adquiere vigor con la movilidad y cobra fuerzas andando, /yendo/
  176. Pequeña al principio por el miedo, pronto se alza hacia los vientos
  177. Y camina por el suelo y esconde la cabeza entre las nubes.
  178. La tierra que nos pare, según cuentan, irritada por la cólera de los dioses
  179. Dio a luz a ella, última hermana de Ceo y Encélado
  180. Rápida de pies y de ágiles alas,
  181. Monstruo horrendo, gigantesco, para quien cuantas plumas hay en su cuerpo,
  182. Tantos vigilantes ojos tienes bajo ellas (admirable de decir),
  183. Tantas lenguas, otras tantas bocas hablan, aguza otras tantas orejas.
  184. Vuela de noche a través de la sombra por medio del cielo y la tierra
  185. Rechinando, y no cierra los ojos al dulce sueño;
  186. Con la luz se sienta vigilante o en la cumbre de un tejado
  187. O en las altas torres, y aterroriza las grandes ciudades,
  188. Mensajera tenaz tanto de lo fingido y malvado como de lo verdadero.
  189. Ésta alegrándose llenaba entonces los pueblos con múltiple rumor,
  190. Y pregonaban igualmente lo hecho y lo no hecho:
  191. Que había llegado Eneas crecido de sangre troyana,
  192. A cuyo varón la hermosa Dido se dignaba unirse;
  193. Que ahora gozaban entre ellos con el desenfreno, durante el invierno, cuan largo [fuese],
  194. Olvidados de sus reinos y cautivos de una torpe pasión.
  195. La malvada diosa esparce por todas partes estas [noticias]
  196. En las bocas de los hombres. Al punto desvía sus pasos hacia el rey Yarbas
  197. E inflama su ánimo con sus dichos y acumula sus iras.
  198. Éste, hijo de Hamón y de una ninfa Garamante raptada
  199. Erigió para Júpiter en sus dilatados reinos,
  200. Cien grandiosos templos, cien altares y le había consagrado fuego vigilante,
  201. Guardianes eternos de los dioses, y el suelo regado con la sangre
  202. De las víctimas y los umbrales florecientes con variadas guirnaldas.
  203. Y se dice que éste enloquecido de ánimo y encendido por el amargo
  204. Rumor oró suplicante muchas cosas a Júpiter ante sus altares
  205. En medio de los númenes de los dioses con las manos levantadas:
  206. “Oh Júpiter omnipotente, en cuyo honor el pueblo Mauritano
  207. Habiendo banqueteado en lechos pintados liba ahora en honor de Baco,
  208. ¿Ves esto? ¿acaso, oh padre, te tenemos en vano cuando lanzas
  209. Tus rayos y los ciegos fuegos en las nubes
  210. Aterrorizan nuestros ánimos y mezclan vanos murmullos?
  211. Una mujer, que errante en nuestros territorios fundó una ciudad pequeña
  212. Con dinero a quien concedimos costa para cultivar
  213. Y las leyes del lugar, rechazó nuestro matrimonio
  214. Y recibió como señor a Eneas en su reino.
  215. Y ahora ese Paris con un cortejo semihombre, /afeminado/
  216. Ceñido el mentón y la cabellera perfumada con mitra meonia,
  217. Goza de lo robado: nosotros, claro, llevamos dones a tus templos
  218. Y alimentamos una fama inútil”.
  219. El Omnipotente oyó al que oraba con tales palabras
  220. Y abrazando los altares, y volvió sus ojos a las murallas
  221. Reales y a los amantes olvidados de mejor fama.
  222. Entonces habla así a Mercurio y ordena tales cosas:
  223. “Ea, vete, hijo, llama a los Céfiros y deslízate sobre las alas
  224. Y habla al caudillo Dardanio, que espera ahora en la Tiria Cartago
  225. Y no mira con atención las ciudades concedidas por los hados,
  226. Y llévale mis palabras a través de los rápidos vientos.
  227. Su hermosísima madre no nos lo prometió tal ni
  228. Por esto le libra dos veces de las armas de los Griegos;
  229. Sino que iba a ser quien rigiese Italia preñada de imperios
  230. Y furiosa por la guerra, que propagaría la raza de la noble sangre de Teucro
  231. Y sometería todo el orbe a sus leyes.
  232. Si ninguna ambición de tan grandes gestas [le] enciende
  233. Ni él mismo emprende trabajo por su gloria,
  234. ¿acaso como padre va a quitar a Ascanio las romanas ciudadelas?
  235. ¿Qué piensa? O ¿con qué esperanza se demora entre gente
  236. Enemiga y no se fija en la prole Ausonia y en los campos Lavinios?
  237. ¡Que navegue! Esto es todo; sé tú ahora nuestro mensajero.”
  238. Había dicho. Él se preparaba a obedecer el mandato de su padre poderoso:
  239. Y ante todo calza en sus pies los talares de oro,
  240. Que le llevan elevado con las alas ya sobre los mares
  241. O la tierra igualmente con el rápido viento.
  242. Entonces coge la vara: con ella evoca las pálidas almas del Orco,
  243. Envía a otras al triste Tártaro,
  244. Da y quita los sueños, y abre de nuevo las luces /los ojos/ cerrados por la muerte.
  245. Apoyado en ella agita los vientos y atraviesa las turbias
  246. Nubes. Y volando divisa ya la cumbre y los arduos costados del
  247. Duro Atlante, cuya cabeza cubierta de pinos y ceñida frecuentemente de negras nubes
  248. Es golpeada por el viento y por la lluvia,
  249. La nieve descendiendo cubre sus hombros y entonces desde el mentón
  250. Del anciano se precipitan los ríos, y su horrible barba está rígida por el hielo.
  251. El Cilenio apoyándose en sus dos alas se detuvo aquí
  252. Primero; desde aquí cayendo de cabeza se lanzó con todo su cuerpo
  253. A las olas, semejante a un ave, que vuela lenta junto a las aguas,
  254. En torno a las riberas, en torno a los peñascos con abundantes peces.
  255. No volaba de otro modo entre las tierras y el cielo
  256. Hacia la arenosa playa de Libia, y cortaba los vientos
  257. El hijo de Cilene, llegando desde su abuelo materno.
  258. Tan pronto como tocó las cabañas con sus aladas plantas,
  259. Ve a Eneas levantando ciudadelas y construyendo nuevas casas.
  260. Y una espada centelleante de rojo jaspe tenía
  261. Y un manto que pendía de sus hombros resplandecía con púrpura tiria,
  262. Regalo que la opulenta Dido le había hecho,
  263. Y había bordado las telas con fino oro.
  264. Al instante le increpa: “¿Tú colocas ahora los cimientos de la alta
  265. Cartago y levantas, complaciente con tu esposa, una hermosa ciudad?
  266. ¡Ay, olvidado de tu reino y de tus cosas!
  267. El propio rey de los dioses, que gobierna el cielo y las tierras
  268. Con su numen, me envía a ti desde el claro Olimpo,
  269. Él mismo me ordena llevarte estas órdenes a través de las rápidas brisas:
  270. ¿Qué piensas? O ¿con qué esperanza pasas el tiempo en las tierras líbicas?
  271. Si la gloria de cosas tan grandes [no] te mueve,
  272. [ni tú mismo emprendes trabajo por tu gloria,]
  273. Mira a Ascanio que va creciendo y las esperanzas del heredero Iulo,
  274. A quien se debe el reino de Italia y la romana tierra.”
  275. Habiendo hablado el Cilenio con tales palabras,
  276. Abandonó las mortales apariencias en medio del discurso
  277. Y desapareció de los ojos lejos hacia su tenue aura.
  278. Sin embargo, Eneas enmudeció fuera de sí con la visión,
  279. Y sus cabellos erizados de horror y la voz se pegó a la garganta.
  280. Atónito con tan severa amonestación y el mandato de los dioses,
  281. Arde en deseos de huir y abandonar las dulces y tierras.
  282. ¡Ay! ¿Qué hará? ¿Con qué discurso se atreverá ahora a abordar
  283. A la reina enfurecida? ¿Qué primeras palabras asumirá?
  284. Y divide su veloz ánimo ahora aquí, ahora allí, y lo lleva a
  285. Diversas partes y da vueltas por todas las cosas.
  286. Esta decisión pareció la mejor al que vacilaba:
  287. Llama a Mnesteo y a Sergesto y al fuerte Seresto,
  288. Que preparen callados la flota y reúnan a los compañeros en la costa;
  289. Que preparen las armas y disimulen cuál es la causa de aquellos cambios;
  290. Él entretanto, puesto que la óptima Dido nada sabe
  291. Y no espera que unos amores tan grandes se rompan,
  292. Intentará el acceso y los momentos, los más propicios, de hablar,
  293. Qué modo oportuno para este asunto. Rápidamente todos
  294. Obedecen alegres al mandato y ejecutan las órdenes.
  295. Sin embargo, la reina presintió los engaños (¿Quién podría engañar a un amante?),
  296. Y advirtió la primera los futuros movimientos temiendo por
  297. Todas las cosas seguras. La misma impía Fama avisó a la enfurecida
  298. Que la flota se estaba armando y la partida se estaba preparando.
  299. Se encoleriza desprovista de ánimo y va como una bacante enardecida
  300. Por toda la ciudad, como una Tíade excitada al moverse los signos
  301. Sagrados, cuando la estimulan las orgías trienales una vez oído el
  302. Nombre de Baco y el nocturno Citerón la llama con su clamor.
  303. Al fin increpa adelantándose a Eneas con estas palabras:
  304. “Traidor, esperaste que podías incluso disimular tan gran
  305. Maldad y marcharte callado de mi tierra?
  306. ¿Y no te retiene nuestro amor, ni mi diestra entregada en otro tiempo
  307. Te retiene, ni Dido que va a morir con una cruel muerte?
  308. Es más, ¿incluso preparas la flota con la estrella invernal
  309. Y te apresuras a ir por alta mar en medio de los Aquilones,
  310. Cruel? Qué [harías], si no buscaras campos ajenos
  311. Y moradas desconocidas, y la antigua Troya permaneciera en pie,
  312. ¿Troya sería buscada por tus naves a través del mar agitado?
  313. ¿Acaso huyes de mí? Yo te suplico por estas lágrimas y por tu diestra
  314. (puesto que yo misma ninguna otra cosa ya dejé para mí, desgraciada),
  315. Por nuestro matrimonio, por los recién comenzados himeneos,
  316. Si algo merecí bien de ti, o algo mío te fue agradable,
  317. Compadécete de mi casa que se arruina y, si algún lugar
  318. [hay] todavía a las súplicas, despoja esta intención.
  319. Los pueblos líbicos y los tiranos de los Númidas
  320. Los enemigos tirios me odian por tu causa; mi
  321. Pudor se extinguió por tu causa igualmente, y mi anterior fama con
  322. La que me alzaba sola hasta las estrellas. Huésped, (puesto que
  323. Este solo nombre queda del esposo) ¿a quién me abandonas
  324. A mí que voy a morir? ¿Qué aguardo? ¿Acaso hasta que mi hermano
  325. Pigmalión destruya mis murallas o el Gétulo Yarbas me lleve cautiva?
  326. Si al menos alguna descendencia hubiese para mí recibida de ti
  327. Antes de tu huida; si un pequeño Eneas, que por lo menos
  328. Te recordase en el rostro, jugase en mi palacio, no me vería
  329. En verdad del todo traicionada y abandonada”.
  330. Había dicho. Él tenía las luces inmóviles por las amonestaciones de Júpiter
  331. Y esforzándose oprimía su inquietud en el corazón.
  332. Al fin responde pocas [palabras]: “Oh reina, yo nunca negaré que
  333. Tú has merecido muchas cosas que puedes enumerar hablando;
  334. Ni me avergonzará acordarme de Elisa, mientras yo mismo
  335. Me acuerde de mí mientras mi espíritu rija estos miembros.
  336. Hablaré pocas cosas sobre el asunto. Ni yo esperé (no lo imagines),
  337. Esconder esta huida furtivamente; ni jamás pretendí las
  338. Antorchas de esposo, ni vive para estas alianzas.
  339. Si los hados toleraran que yo condujese mi vida
  340. Con mis auspicios y arreglar mis afanes según mi voluntad,
  341. Antes que nada honraría la ciudad troyana y las dulces reliquias
  342. De los míos; estarían en pie los altos palacios de Príamo,
  343. Y habría levantado con mi mano una Pérgamo renacida para los vencidos.
  344. Pero ahora Apolo Grineo a la gran Italia,
  345. Los oráculos licios me ordenaron dirigirme a Italia;
  346. Éste [es] mi amor, ésta es mi patria. Si las fortalezas de Cartago
  347. Y la visión de la ciudad líbica retiene a la fenicia,
  348. ¿Qué envidia hay de que los teucros se asienten finalmente
  349. En la tierra Ausonia? Y es lícito que nosotros busquemos unos reinos extranjeros.
  350. La imagen confusa de mi padre Anquises, cuantas veces la noche cubre
  351. Las tierras con sus sombras húmedas, cuantas veces los ardientes
  352. Astros se levantan, me amonesta en sueños y me llena de terror;
  353. El niño Ascanio y la injuria a su querida cabeza,
  354. A quien estoy privando del reino de Hesperia y de los campos señalados por los hados.
  355. Ahora también el mensajero de los dioses, enviado por el propio Júpiter,
  356. (pongo por testigos nuestras dos cabezas) me envió unos mandatos a través de las veloces auras;
  357. Yo mismo vi al dios entrando en las murallas en medio de una luz esplendorosa
  358. Y escuché su voz con estos mis oídos.
  359. Deja de incendiarme a mí y a ti con tus quejas;
  360. Me dirijo a Italia no por mi voluntad.”
  361. [Ella] mira vuelta de espaldas desde hace tiempo al que decía tales cosas,
  362. Volviendo los ojos aquí y allá, lo recorre todo con sus
  363. Luces calladas y encendida empieza a hablar así:
  364. “Pérfido, ni una diosa es tu madre ni Dárdano es el fundador de tu raza;
  365. Sino el horrendo Cáucaso de duras rocas te engendró
  366. Y las tigresas de Hircania te acercaron sus ubres.
  367. Pues ¿por qué disimulo o a qué cosas mayores me reservo?
  368. ¿Acaso ha gemido con mi llanto? ¿Acaso ha vuelto sus luces?
  369. ¿Acaso vencido ha derramado lágrimas o se ha compadecido de su amante?
  370. ¿Qué cosas puedo anteponer a éstas? Ya, ya ni la máxima Juno
  371. Ni el padre Saturno miran estas cosas con ojos propicios.
  372. En ninguna parte [es] segura la lealtad. Yo lo acogí, arrojado en la costa,
  373. Indigente, y necia le coloqué en una parte de mi reino;
  374. Recuperé su flota perdida, a sus compañeros de la muerte.
  375. (¡Ay! ¡Me siento arrebatada abrasada por las furias!): ahora el augur Apolo,
  376. Ahora las suertes de Licia, ahora también el mensajero de los dioses
  377. Enviado por el mismo Júpiter trae horribles mandatos a través de las auras.
  378. Éste es naturalmente el trabajo para los dioses, esta preocupación
  379. Turba a los que están tranquilos. Ni te tengo a ti ni refuto tus dichos:
  380. Ve, dirígete a Italia y con los vientos, busca los reinos a través de las olas.
  381. Espero en verdad, si algo pueden los piadosos númenes, que sufrirás castigos
  382. En medio de los escollos, e invocarás a menudo a Dido
  383. Por su nombre. Te seguiré ausente con negras teas;
  384. Y, cuando la fría muerte haya separado el cuerpo del alma,
  385. Estaré presente como una sombra en todas partes. Malvado, pagarás tus delitos.
  386. Yo lo oiré y esta noticia me llegará a los profundos Manes.”
  387. Dicho esto interrumpe el discurso por la mitad y enferma huye de la
  388. Luz del día y se aparta y se quita de sus ojos,
  389. Dejándolo indeciso en muchas cosas por el miedo y disponiéndose
  390. A decirle muchas cosas. Las doncellas la toman y colocan sus miembros desfallecidos
  391. En el tálamo de mármol y la tienden sobre el lecho.
  392. Por su parte el piadoso Eneas, aunque desea aliviar a la que sufre
  393. Consolándola y apartar las preocupaciones con sus palabras,
  394. Gimiendo hondamente y herido en su ánimo por el gran amor,
  395. Ejecuta sin embargo las órdenes de los dioses y vuelve a ver la flota.
  396. Entonces en verdad los teucros se afanan y sacan de toda la playa
  397. Las altas naves. Flota la untada quilla,
  398. Y traen de los bosques remos cubiertos de hojas
  399. y troncos sin devastar con el afán de la huida.
  400. Podrías ver a los que partían precipitándose de toda la ciudad:
  401. Y lo mismo que cuando las hormigas memoriosas del invierno
  402. Saquean un enorme montón de trigo y lo guardan en su escondrijo,
  403. El negro escuadrón va por los campos y arrastran el botín por las
  404. Hierbas por un angosto camino; una parte de ellos acarrean
  405. Esforzándose en sus hombros los enormes gramos, por otra parte agrupan los escuadrones
  406. Y castigan las demoras, todo el sendero hierve de trabajo.
  407. Dido, ¿qué sentimiento entonces [había] en ti al contemplar tales cosas?
  408. O ¡qué gemidos dabas cuando contemplabas desde lo alto del palacio
  409. La costa a lo lejos hervir, y mirabas todo el mar
  410. Mezclarse ante tus ojos con tan grandes clamores!
  411. Ímprobo Amor, ¡a qué no obligas a los mortales corazones!
  412. Se ve obligada de nuevo a recurrir a las lágrimas, intentar rogando
  413. Y someter suplicante sus ánimos al amor, para no dejar la que va a morir,
  414. En vano algo no probado.
  415. “Ana, ves que hay apresuramiento alrededor por toda la playa:
  416. De todas partes se han congregado; ya la vela llama a los vientos,
  417. Y los gozosos marineros colocaron guirnaldas en las popas.
  418. Hermana, si yo he podido esperar este tan gran dolor,
  419. También lo podré sobrellevar. Ana, consígueme con todo esto solo para mí desgraciada;
  420. Pues aquel pérfido te respetaba a ti sola, a ti
  421. También confiaba sus ocultos sentimientos;
  422. Tú sola conocías las ocasiones de abordarle agradables y los momentos oportunos de este hombre.
  423. Ve, hermana, y háblale suplicante al soberbio enemigo:
  424. Yo no juré en Aulide con los dánaos destruir el pueblo troyano
  425. Ni envié mi flota a Pérgamo; ni aventé las cenizas
  426. Ni los manes de su padre Anquises:
  427. ¿Por qué se niega a recibir mis palabras en sus duros oídos?
  428. ¿A dónde se precipita? Este último favor conceda a la desgraciada amante:
  429. Aguarde una fácil huida y los vientos que le lleven.
  430. No pido ya el antiguo matrimonio, que traicionó,
  431. Ni que se prive del hermoso Lacio y abandone el reino:
  432. Pido un tiempo vacío, descanso y espacio para mi locura,
  433. Hasta que mi suerte me enseñe, vencida, a sufrir.
  434. Ruego este supremo favor (compadécete de tu hermana),
  435. El cual si me lo concediera, se lo devolveré colmado en mi muerte.”
  436. Suplicaba con tales palabras, y la hermana muy desgraciada
  437. Lleva y vuelve a llevar tales lamentos. Pero él no se conmueve
  438. Por ningún llanto ni escucha razonable palabras algunas;
  439. Los hados se interponen y un dios cierra los plácidos oídos del hombre.
  440. Y como cuando los Bóreas Alpinos luchan entre sí
  441. Con los vientos ahora de un lado ahora de otro
  442. Por arrancar una robusta encina de tronco añoso; llega el estruendo y las altas
  443. Ramas cubren la tierra una vez sacudido el tronco;
  444. Ella se adhiere a las escollos y, cuanto se eleva a las etéreas auras
  445. Con su cima, tanto hacia el Tártaro con su raíz:
  446. No de otro modo es sacudido el héroe de un lado y de otro con asiduas
  447. Voces, y siente mucho en su gran corazón las cuitas;
  448. Su mente permanece inconmovible, las lágrimas se vuelven estériles.
  449. Entonces en verdad la desgraciada Dido aterrada por los hados
  450. Implora la muerte, le causa hastío mirar la bóveda del cielo.
  451. Para llevar a cabo con más razón lo comenzado y abandonar la luz,
  452. Vio, cuando colocaba las ofrendas en los altares donde se quema el incienso,
  453. (cosa horrenda de decir) que las sagradas aguas se ennegrecían
  454. Y que los vinos derramados se convertían en corrompida sangre;
  455. A nadie le contó esta visión, ni a su misma hermana.
  456. Además, hubo en sus techos un templo de mármol
  457. De su antiguo esposo, que honraba con admirable honor,
  458. Adornado con blancos vellones y festivos ramaje:
  459. De aquí le pareció oír voces y palabras de su esposo llamándola,
  460. Cuando la noche oscura cubría las tierras y un búho solitario
  461. Lanzaba sus quejidos a menudo en los tejados con un canto fúnebre
  462. Y prolongaba sus largos quejidos en llantos;
  463. Y además la aterran muchas predicciones de vates
  464. Con su horrible pronóstico. El propio cruel Eneas acosa
  465. A la enloquecida en sueños, y le parece estar siempre
  466. Sola, siempre sin compañía avanzar por un largo
  467. Camino y buscar a los tirios en una tierra desierta,
  468. Igual que Penteo fuera de sí ve las tropas de las Euménides
  469. Y se le muestran dos soles y dos Tebas,
  470. O como Orestes, hijo de Agamenón, perseguido en escena,
  471. Cuando huye de su madre armada con antorchas y negras serpientes
  472. Y las vengadoras Furias están sentadas en el umbral.
  473. Así pues cuando vencida por el dolor concibió las furias
  474. Y decidió morir, ella medita consigo misma el tiempo y el modo,
  475. Y abordando con palabras a su afligida hermana
  476. Oculta la determinación en su rostro y muestra en su frente la esperanza:
  477. “Hermana, encontré el camino (felicita a tu hermana),
  478. Que me lo devuelva o me libere de él a mí su amante.
  479. Cerca del confín del Océano y de donde el sol se pone
  480. Está la más remota región de los Etíopes, donde el máximo Atlas
  481. Hace girar sobre su hombro el eje del cielo tachonado de ardientes estrellas:
  482. De allí se me ha presentado una sacerdotisa de raza, Masila,
  483. Guardiana del templo de las Hespérides,
  484. Que daba alimentos al dragón y guardaba los sagrados ramos en el árbol,
  485. Derramando líquidas mieles y la soporífera adormidera.
  486. Ésta promete que ella libera las mentes que quiere con sus
  487. Cantos, y, más aún, infundir duras inquietudes en otras;
  488. Parar el agua a los ríos y hacer volver atrás las estrellas;
  489. Evoca a los Manes nocturnos: verás mugir
  490. La tierra bajo sus pies y bajar los olmos de las montañas.
  491. Pongo por testigos a los dioses, querida, y a ti, hermana, y a tu
  492. Dulce cabeza, que contra mi voluntad recurro a las artes mágicas.
  493. Tú, en secreto, levanta una pira en el interior del palacio al aire libre
  494. Y colocarás encima las armas del hombre, que el impío dejó
  495. Colgadas en el tálamo y todos los despojos y el lecho conyugal,
  496. En el que perecí: la sacerdotisa ordena e indica destruir todos
  497. Los recuerdos del hombre maldito.”
  498. Habiendo dicho esto, se queda en silencio, al mismo tiempo la palidez invade su rostro.
  499. 500. Sin embargo, Ana no cree que su hermana encubra muertes con nuevos sacrificios,
  500. Ni concibe en su mente tan grandes locuras,
  501. Ni teme cosas más graves que la muerte de Siqueo.
  502. Así pues, prepara lo ordenado.
  503. Sin embargo la reina, levantada la gran pira en el interior del
  504. Palacio al aire libre con ramas de pino y troncos de encina,
  505. Adorna el lugar con guirnaldas y lo corona con fúnebre ramaje;
  506. Coloca encima, sobre el lecho, los despojos y la espada abandonada
  507. Y la imagen [de Eneas] no ignorante del futuro /lo que va a suceder.
  508. Alrededor están levantados los altares y la sacerdotisa, sueltos los cabellos,
  509. Invoca con voz de trueno a sus trescientos dioses, a Erebo y a Caos
  510. Y a la triple Hécate, a los tres rostros de la virgen Diana.
  511. Había esparcido también agua simbólica de la fuente del Averno,
  512. Se buscan vellosas hierbas con leche de negro veneno
  513. Cortadas a la luz de la luna con hoces de bronce;
  514. Se busca también el amor arrancado de la frente de un caballo
  515. Recién nacido y arrebatado a su madre.
  516. Y ella misma, que va a morir, con la mola en sus piadosas manos,
  517. Junto a los altares, despojado de las sandalias, un pie;
  518. Con el vestido suelto, pone por testigos a los dioses y a los astros
  519. Conocedores de su hado; entonces, ruega si algún numen justo y memorioso
  520. Tiene a su cuidado a los amantes de injusto pacto (no correspondidos).
  521. Era la noche y los fatigados cuerpos tomaban el agradable descanso
  522. Por las tierras, y los bosques y los terribles mares descansaban,
  523. Cuando los astros se vuelven en la mitad de su carrera,
  524. Cuando todo el campo está en silencio, los ganados y las pintadas aves,
  525. Y cuantos habitan los extensos líquidos lagos y los que [habitan]
  526. Los campos erizados de espinos, sumidos en el sueño bajo la silenciosa noche.
  527. [aliviaban sus preocupaciones y los corazones olvidados de las fatigas.]
  528. Sin embargo, no la Fenicia de infeliz corazón, en ningún momento
  529. Se abandona a los sueños ni acoge a la noche en sus ojos ni en su pecho:
  530. Las inquietudes se duplican y el amor resurgiendo de nuevo
  531. Se embravece y fluctúa en un gran hervor de iras.
  532. Así, a tal extremo insiste y revuelve consigo en su corazón de tal forma:
  533. “¡Ay, ¿qué hago? ¿De nuevo hecha objeto de burla buscaré los
  534. Antiguos amantes y pediré suplicante bodas de los Nómados,
  535. A los que yo tantas veces ya he desdeñado como maridos?
  536. ¿Seguiré pues las troyanas naves y los ínfimos mandatos de los
  537. Teucros? ¿Acaso porque me ayuda que hayan sido ayudados
  538. Antes con mi auxilio y el agradecimiento del antiguo hecho permanece bien entre los que lo recuerdan?
  539. ¿Quién, por otra parte, me dejará, caso que yo quiera, o recibirá a la
  540. Odiosa en sus soberbias naves? ¿No conoces, ¡ay!, desgraciada, ni
  541. Adviertes los perjurios de la raza de Laomedonte?
  542. ¿Qué entonces? ¿Sola acompañaré en su fuga a los victoriosos navegantes?
  543. ¿O los perseguiré acompañada de los tirios y de toda la
  544. Tropa de los míos y, a los que a duras penas arranqué de la ciudad de Sidón,
  545. Los llevaré de nuevo al mar y ordenaré dar velas a los vientos?
  546. Mas bien, muere como lo has merecido, y aleja el dolor con el hierro.
  547. Tú, hermana, vencida por mis lágrimas, tú la primera cargas a
  548. La enloquecida con estos males y me entregas al enemigo.
  549. No me fue permitido, privada del tálamo, llevar una vida sin crimen
  550. A modo de fiera, y no probar tales cuidados;
  551. No guardé la fidelidad prometida a las cenizas de Siqueo:”
  552. Ella rompía en su corazón tan grandes lamentos:
  553. Eneas, ya seguro de partir, dormía en la alta popa,
  554. Hechos ya debidamente los preparativos.
  555. Se le presentó en sueños la imagen del dios que regresaba con el mismo rostro,
  556. Semejante en todo a Mercurio, y en la voz y en el color
  557. Y en los rubios cabellos y los miembros llenos de
  558. Juventud y le pareció que de nuevo así le amonestaba:
  559. “Hijo de diosa, ¿puedes conciliar el sueño en esta situación,
  560. Y no ves qué peligros se levantan luego a tu alrededor?
  561. Insensato, ¿y no oyes a los Céfiros soplar favorables?
  562. Aquélla, segura de morir, maquina en su pecho engaños y un horrendo delito,
  563. Y levanta diversas tempestades de iras.
  564. ¿No huyes precipitado de darte prisa? Verás el mar agitarse ya
  565. Con las naves y las crueles antorchas brillar,
  566. Las riberas arder ya con las llamas, si la Aurora te encontrara
  567. Demorándote en estas tierras.
  568. Ea, vamos, rompe la demora. La mujer siempre [es] algo vario
  569. Y mudable”. Habiendo hablado así, se mezcló a la negra noche.
  570. Entonces en verdad Eneas, aterrorizado por las súbitas sombras
  571. Arranca su cuerpo del sueño y hostiga a sus compañeros
  572. A que se den prisa: “Despertad, hombres y sentaos en los bancos;
  573. Soltad rápidos las velas. He aquí que el dios enviado de nuevo
  574. Desde el alto cielo nos estimula a apresurar la huida y a cortar las
  575. Retorcidas amarras. ¡Oh santo entre los dioses!, quienquiera que seas,
  576. Te seguimos y de nuevo obedecemos gozosos tu mandato.
  577. ¡Oh, asístenos! Y ayúdanos benévolo y danos favorables
  578. Astros en el cielo”. Dijo y saca la espada reluciente de la vaina
  579. Y corta las amarras con el tajante hierro.
  580. El mismo ardor se apodera al instante de todos, toman rápidamente las cosas y se lanzan;
  581. Abandonan las costas, el agua desaparece bajo las naves,
  582. Esforzándose voltean las espumas y barren las aguas azuladas.
  583. Y ya la naciente /primera/Aurora inundaba las tierras
  584. Con la nueva luz abandonando el azafranado lechón de Titón.
  585. Cuando la reina vio desde su atalaya la primera luz blanquear
  586. Y la flota avanzar con las velas igualadas,
  587. Y advirtió que las costas y los puertos [estaban] vacíos de remeros,
  588. Golpeando con su mano tres y cuatro veces su hermoso pecho
  589. Y mesándose sus rubios cabellos, dice: “¡Por Júpiter! ¿se marchará éste
  590. Y un extraño se habrá burlado en nuestros reinos?
  591. ¿No sacarán las armas y le perseguirán desde toda la ciudad y
  592. Otros arrancarán las naves de los arsenales? ¡Id,
  593. Llevad rápidos fuegos, disparad los dardos, empujad los remos!
  594. ¿Qué digo? O ¿dónde estoy? ¿qué locura cambia mi mente?
  595. Infeliz Dido, ¿ahora te hieren sus impíos hechos?
  596. Entonces debió, cuando le dabas tus cetros. ¡He aquí la diestra y la fidelidad
  597. A quien dicen que lleva consigo los patrios penates,
  598. Que llevó en sus hombros a su padre consumido por la edad!
  599. ¿Mo pude arrebatar su cuerpo destrozado y esparcirlo en las
  600. Olas? ¿No [pude también] a los socios, no tomar al mismo Ascanio
  601. Y poner en las mesas paternas para ser comido?
  602. Pero la suerte de la lucha hubiera sido dudosa. Lo hubiera sido:
  603. ¿A quién temí temiendo morir? Hubiera llevado teas al campamento
  604. Y hubiera llenado los puentes de sus navíos de llamas y hubiese exterminado
  605. Al hijo y al padre con su raza, y yo misma me hubiera arrojado encima.
  606. Oh sol, que alumbras con tus llamas todas las obras de las tierras,
  607. Y tú, Juno, intérprete y conocedora de estas amarguras,
  608. Y Hécate invocada con alaridos por las ciudades en las encrucijadas nocturnas /de noche/
  609. Y Furias vengadoras y dioses de la moribunda Elisa,
  610. Recibid estas palabras, y volved el numen merecido a los malos
  611. Y escuchad nuestras súplicas. Si es necesario que esa persona /cabeza/ infame
  612. Toque los puertos y se acerque a las tierras y
  613. Así lo exigen los hados de Júpiter, este desenlace es fijo,
  614. Sin embargo, acosado por la guerra y por las armas de un pueblo audaz,
  615. Expulsado de sus fronteras, arrancado del abrazo de Julo
  616. Implore ayuda y vea las indignas muertes de los suyos;
  617. Y cuando se entregue a las leyes de una injusta paz,
  618. Que no disfrute del reino o de la deseada luz,
  619. Sino que caiga antes de su día y yazga insepulto en medio de la arena.
  620. Esto ruego, derramo con mi sangre esta última voz.
  621. Entonces vosotros, oh tirios, perseguid con vuestro odio la estirpe y toda la
  622. Raza futura, y enviad estos dones a nuestras cenizas.
  623. Ningún amor ni alianzas haya entre nuestros pueblos.
  624. Que de nuestros huesos se levante algún vengador que
  625. Persiga con fuego y con hierro a los colonos dardanios,
  626. Ahora, en otro tiempo, en cualquier tiempo se darán fuerzas.
  627. Ruego costas contra costas, olas contra olas, armas
  628. Contra armas: luchen ellos mismos y sus nietos.”
  629. Estas cosas dice, y volvían su ánimo a todas las partes,
  630. Buscando interrumpir cuanto antes la odiosa luz.
  631. Entonces habló brevemente a la nodriza de Siqueo,
  632. Puesto que la negra ceniza tenía a la suya en su antigua patria:
  633. “Mi querida nodriza, trae aquí a mi hermana Ana: dile que se
  634. Apresure a purificar su cuerpo con agua fluvial,
  635. Y que traiga consigo las víctimas y ofrendas expiatorias señaladas.
  636. Así venga, y tú misma cubre tus sienes con la sagrada venda.
  637. Es mi propósito terminar los sacrificios a Júpiter Infernal, que preparé
  638. Iniciados ritualmente, y poner fin a mis cuitas y entregar al fuego
  639. La pira del Dardanio.”
  640. Así habla. Ella apresuraba con afán su paso de anciana.
  641. Sin embargo, Dido trepidante y feroz por sus planes inhumanos
  642. Revolviendo su mirada sangrienta, teniendo sembradas las mejillas temblorosas
  643. De manchas y pálida por su futura muerte, se
  644. Precipita en los umbrales interiores del palacio y sube furiosa
  645. A lo alto de la pira y desenvaina la espada del Dardanio,
  646. Obsequio no buscado para estos usos.
  647. Aquí, después de que contempló los vestidos troyanos y el conocido tálamo,
  648. Deteniéndose un momento en las lágrimas y en la reflexión,
  649. se tendió sobre el lecho y dijo estas últimas palabras:
  650. “Dulces prendas, mientras los hados y el dios lo permitían,
  651. Acoged esta alma y liberadme de estos cuidados.
  652. He vivido y he realizado el camino que la Fortuna me había concedido
  653. Y ahora la gran sombra mía irá bajo tierra.
  654. Fundé una gloriosa ciudad, he visto mis murallas,
  655. He vengado a mi esposo, he castigado al hermano enemigo,
  656. Feliz, ¡ay!, demasiado feliz, si tan sólo las dardanias
  657. Naves nunca hubieran tocado nuestras costas.”
  658. Dijo, e imprimiendo su boca en el lecho exclama: Moriremos sin ser
  659. Vengadas, pero muramos. Así, así me ayuda bajar a las sombras.
  660. Que el cruel Dardanio capte con sus ojos este fuego desde alta mar,
  661. Y se lleve consigo los presagios de nuestra muerte.”
  662. Había dicho, y las acompañantes la ven desplomarse sobre el hierro
  663. En medio de tales palabras, y la espada espumante de sangre
  664. Y bañadas en sangre sus manos. Un grito sube a los altos
  665. atrios: la Fama, cual bacante, va por la ciudad consternada.
  666. Las casas se estremecen con lamentos y gemidos y el mujeril griterío,
  667. El aire resuena con grandes lamentaciones,
  668. No de otro modo que si habiendo entrado los enemigos
  669. Toda Cartago o la antigua Tiro se desplomase y las llamas enfurecidas
  670. Se revolviesen por las casas de los hombres y de los dioses.
  671. La hermana oyó exánime y aterrorizada en veloz carrera
  672. Afeando su rostro con las uñas y el pecho con los puños
  673. Se precipita por medio de todos, y llama a la moribunda por su nombre:
  674. “Hermana, ¿esto fue aquello [que] me pedías con engaño?
  675. ¿Esta pira, los fuegos y las aras me preparaban esto a mí?
  676. ¿De qué cosa primeramente me quejaré abandonada? ¿Has menospreciado al
  677. Morir a tu hermana como compañera? Me hubieras llamado a los mismos destinos,
  678. Un mismo dolor y una misma hora nos hubiera llevado a las dos con el hierro.
  679. ¿Levanté además con estas manos [la pira] e invoqué con mi voz a los
  680. Dioses patrios, de modo que, estando tú colocada, cruel, estuviera yo ausente?
  681. Hermana, te has dado la muerte a ti y a mí y a todo el pueblo y a los padres
  682. Sidonios y a tu ciudad. Dadme, [agua] lavaré las heridas con agua
  683. Y, si algún aliento flota sobre ella, lo recogeré con mi boca.”
  684. Habiendo hablado así, había subido los altos peldaños,
  685. Y daba calor a su hermana moribunda abrazándola en su seno con gemidos
  686. Y secaba con su vestido las negras sangres.
  687. Ella (Dido) esforzándose por levantar sus pesados ojos de nuevo
  688. Se desvanece; la herida clavada silba en su pecho.
  689. Elevándose tres veces a sí misma y apoyándose en el codo se levantó,
  690. Tres veces volvió a caer sobre el lecho y buscó con sus ojos errantes
  691. La luz en el alto cielo y, habiéndola encontrado, gimió.
  692. Entonces Juno omnipotente compadecida del largo dolor
  693. Y de la difícil muerte, envió del Olimpo a Iris
  694. Para que desatara el alma que luchaba y los entrelazados miembros.
  695. Pues ta que ni perecía por el destino ni con una merecida muerte,
  696. Sino desgraciada antes de su día y encendida en un repentino furor,
  697. Todavía no le había quitado Proserpina la rubia cabellera
  698. Por su vértice ni había condenado la cabeza al Orco Estigio.
  699. Así pues, Iris desciende volando cubierta de rocío, con las alas de color
  700. De azafrán a través del cielo, arrastrando mil diversos colores con el sol de frente
  701. Y se detuvo sobre su cabeza. “Yo, mandada [por Juno], entrego
  702. Esta ofrenda sagrada a Plutón y te libero de este cuerpo”:
  703. Así dice y con su diestra corta la cabellera, y todo el calor
  704. al mismo tiempo se disipó y su vida se desvaneció en los vientos.

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