La Hora de todos y la Fortuna con seso: 004

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 004 de 108
La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
-Pesia tu hígado, oh grande Coime, que pisas el alto claro, abre esa boca y
garla: que parece que sornas.
Júpiter, que se vio salpicar de jacarandinas los oídos y estaba, siendo
verano y asándose el mundo, con su rayo en la mano haciéndose chispas, cuando
fuera mejor hacerse aire con un abanico, con voz muy corpulenta, dijo:
-Vusted envaine y llámeme a Mercurio.
El cual, con su varita de jugador de manos y sus zancajos pajaritos y su
sombrerillo hecho en horma de hongo, en un santiamén y en volandas se le puso
delante. Júpiter le dijo:
-Dios virote, dispárate al mundo y tráeme aquí, en un cerrar y abrir de
ojos, a la Fortuna asida de los arrapiezos.
Luego, el chisme del Olimpo, calzándose dos cernícalos por acicates, se
desapareció, que ni fue oído ni visto, con tal velocidad, que verle partir y
volver fue una misma acción de la vista. Volvió hecho mozo de ciego y
lazarillo, adestrando a la Fortuna, que con un bordón en la una mano venía
tentado y de la otra tiraba de la cuerda que servía de freno a un perrillo.
Traía por chapines una bola, sobre que venía de puntillas, y hecha pepita
de una rueda, que la cercaba como a centro, encordelada de hilos y trenzas, y
cintas, y cordeles y sogas, que con sus vueltas se tejían y destejían. Detrás
venía, como fregona, la Ocasión, gallega de coramvubis, muy gótica de
facciones, cabeza de rontramoño, cholla bañada de calva de espejuelo y en la
cumbre de la frente un solo mechón, en que apenas había pelo para un bigote.
Era éste más resbaladizo que anguilla, culebreaba deslizándose al resuello de
las palabras. Echábasele a ver en las manos que vivía de fregar y barrer y de
fregar los arcaduces y de vaciar los que la Fortuna llevaba.