La Hora de todos y la Fortuna con seso: 013

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
XI. EL CRIADO FAVORECIDO Y EL AMO
Era muy favorecido de un señor un criado suyo. Éste le engañaba hasta el
sueño, y a éste, un criado que tenía, y a este criado, un mozo suyo, y a este
mozo, un amigo, y a este amigo, su amiga, y a ésta, el diablo. Pues cógelos la
hura, y el diablo, que estaba, al parecer, tan lejos del señor, revístese en
la puta; la puta, en su amigo; el amigo, en el mozo; el mozo, en el criado; el
criado, en el amo; el amo, en el señor. Y como el demonio llegó a él destilado
por puta y rufián, y mozo de mozo de criado de señor, endemoniado por pasadizo
y hecho un infierno, embistió con su siervo; éste, con su criado; el criado,
con su mozo; el mozo, con su amigo; el amigo, con su amiga; ésta, con todos, y
chocando los arcaduces del diablo unos con otros, se hicieron pedazos, se
deshizo la sarta de embustes, y Satanás, que enflautado en la cotorrera se
paseaba sin ser sentido, rezumándose de mano en mano, los cobró a todos de
contado.
XII. LA CASADA QUE SE AFEITA
Estábase afeitando una mujer casada y rica. Cubría con hopalandas de
solimán unas arrugas jaspeadas de pecas. Jalbegaba, como puerta de alojería,
lo rancio de la tez. Estábase guisando las cejas con humo, como chorizos.
Acompañaba lo mortecino de sus labios con munición de lanternas a poder de
cerillas. Iluminábase de vergüenza postiza con dedadas de salserilla de color.
Asistíala como asesor de cachivaches una dueña, calavera confitada en untos.
Estaba de rodillas sobre sus chapines, con un moñazo imperial en las dos
manos, y a su lado una doncellita, platicanta de botes, con unas costillas de
borrenas, para que su ama lanaplenase las concavidades que le resultaban de un
par de jibas que la trompicaban el talle. Estándose, pues, la tal señora dando
pesadumbre y asco a su espejo, cogida de la hora, se confundió en manotadas,
y, dándose con el solimán en los cabellos, y con el humo en los dientes, y con
la cerilla en las cejas, y con la color en todas las mejillas, y encajándose
el moño en las quijadas, y atacándose las borrenas al revés, quedó cana y
cisco y Antón Pintado y Antón Colorado, y barbada de rizos, y hecha abrojo,
con cuatro corcovas, vuelta visión y cochino de San Antón. La dueña,
entendiendo que se había vuelto loca, echó a correr con los andularios de
requiem en las manos. La muchacha se desmayó, como si viera al diablo. Ella
salió tras la dueña, hecha un infierno, chorreando pantasmas. Al ruido salió
el marido, y viéndola, creyó. que eran espíritus que se le habían revestido, y
partió de carrera a llamar quien la conjurase.