La Hora de todos y la Fortuna con seso: 018

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
XVI. CUDICIOSOS Y TRAMPOSOS
Los codiciosos, escarmentados, se apartaron de los tramposos, y los
tramposos, por no pagar de balde el embuste, se embistieron unos a otros,
disimulándose en las palabras y dándose un baño exterior de simplicidad.
Decíanse el un embustero al otro:
-Señor mío, escarmentado de tratar con tramposos, que me tienen destruido,
vengo a que, pues sabéis mi puntualidad, me prestéis tres mil reales en
vellón, de que os daré letra acetada a dos meses, que se pagará en plata, en
persona tan. abonada que es como tenerlos en la bolsa, y que no es menester
más de llegar y contar.
Y era éste en quien daba la letra la misma trampa. Mas el tramposo, que oía
al otro tramposo que le abonaba al tercer tramposo, disimulando el conocerlos,
y adargándose del trampantojo, con lamentación ponderada le dijo que él andaba
a buscar cuatro mil reales sobre prenda que valía ocho, y que a ese efecto
había salido de su casa. Andaban chocando los unos con los otros con cadenas
de alquimia, hipócritas del oro, y letras falsas acetadas, y con fiadores
falidos y escrituras falsas, y hipotecas ajenas, y plata que habían pedido
prestada para un banquete, y migajas de pies de tazas de vidrio, y claveques
con apellido de diamantes. Era admirable la prosa que gastaban. Uno decía:
-Yo profeso verdad, y se ha de hallar en mí, si se perdiere. No profeso
sino pan por pan y vino por vino. Antes moriré de hambre, pegada la boca a la
pared, que hacer ruindad. No quiero sino crédito. No hay tal como poder traer
la cara descubierta. Esto me enseñaron mis padres.
Respondía el otro tramposo: