La Hora de todos y la Fortuna con seso: 022

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
-Bergante, (propusiera Satanás el consuelo en los cobradores, siendo ellos
la enfermedad de todos los remedios?
Llamábanse de hidearbitristas, contradiciéndose los arbitrios los unos a
los otros, y cada uno sólo aprobaba el suyo. Pues estando encendidos en esta
brega, entraron de repente muchos criados, dando voces, desatinados que se
abrasaba el palacio por tres partes, y que el aire era grande. Coge la hora en
este susto al señor y a los arbitristas. El humo era grande y crecía por
instantes. No sabía el pobre señor qué hacerse. Los arbitristas le dijeron se
estuviese quedo, que ellos lo remediarían en un instante. Y saliendo del
teatro a borbotones, los unos agarraron de cuanto había en palacio, y,
arrojando por las ventanas los camarines y la recámara, hicieron pedazos
cuantas cosas tenía de precio. Los otros, con picos, derribaron una torre.
Otros, diciendo que el fuego en respirando se moría, deshicieron gran parte de
los tejados, arruinando los techos y asolándolo todo. Y ninguno de los
arbitristas acudió a matar el fuego y todos atendieron a matar la casa y
cuanto había en ella. Salió el señor, viendo el humo casi aplacado, y halló
que los vasallos y gente popular y la justicia habían ya apagado el fuego. Y
vio que los arbitristas daban tras los cimientos y que le habían derribado su
casa y hecho pedazos cuanto tenía, y, desatinado con la maldad y hecho una
sierpe, decía:
-Infames, vosotros sois el fuego. Todos vuestros arbitrios son desta
manera. Más quisiera, y me fuera más barato, haberme quemado, que haberos
creído. Todos vuestros remedios son desta suerte: derribar toda una casa,
porque no se caiga un rincón. Llamáis defender la hacienda echarla en la calle
y socorrer el rematar. Dais a comer a los príncipes sus pies, y sus manos y
sus miembros, y decís que le sustentáis, cuando le hacéis que se coma a
bocados a sí propio. Si la cabeza se come todo su cuerpo, quedará cáncer de sí
misma, y no persona. Perros: el fuego venía con harta razón a quemarme a mí
porque os junté y os consiento. Y como me vio en poder de arbitristas, cesó y
me dio por quemado. El más piadoso arbitrista es el fuego: él se ataja con el
agua; vosotros crecéis con ella y con todos los elementos y contra todos. El
Anticristo ha de ser arbitrista. A todos os he de quemar vivos y guardar
vuestra ceniza para hacer della cernada y colar las manchas de todas las
repúblicas. Los príncipes pueden ser pobres; mas, en tratando con arbitristas
para dejar de ser pobres, dejan de ser príncipes.