La Hora de todos y la Fortuna con seso: 025

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
XIX. EL LETRADO Y LOS PLEITEANTES
Un letrado bien frondoso de mejillas, de aquellos que, con barba negra y
bigotes de buces, traen la boca con sotana y manteo, estaba en una pieza
atestada de cuerpos tan sin alma como el suyo. Revolvía menos los autores que
las partes. Tan preciado de rica librería, siendo idiota, que se puede decir
que en los libros no sabe lo que se tiene. Había adquirido fama por lo sonoro
de la voz, lo eficaz de los gestos, la inmensa corriente de las palabras en
que anegaba a los otros abogados. No cabían en su estudio los litigantes de
pies, cada uno en su proceso como en su palo, en aquel peralvillo de las
bolsas. Él salpicaba de leyes a todos. NO se le oía otra cosa sino:
-Ya estoy al cabo; bien visto lo tengo; su justicia de vuesa merced no es
dubitable; ley hay en propios términos; no es tan claro el día; éste no es
pleito, es caso juzgado; todo derecho habla en nuestro favor; no tiene muchos
lances; buenos jueces tenemos; no alega el contrario cosa de provecho; lo
actuado está lleno de nulidades; es fuerza que se revoque la sentencia dada;
déjese vuesa merced gobernar.
Y con esto, a unos ordenaba peticiones; a otros, querellas; a otros,
interrogatorios; a otros, protestas; a otros, súplicas, y a otros
requerimientos. Andaban al retortero los Bártulos, los Baldos, los Abades, los
Surdos, los Farinacios, los Tuscos, los Cujacios, los Fabros, los Ancharaons,
el señor presidente Covarrubias, Chasaneo, Oldrado, Mascardo, y tras la ley
del reino, Montalvo y Gregorio López, y otros innumerables, burrajeados de
párrafos, con sus dos corvocas de la ce abreviatura, y de la efe preñada con
grande prole de números, y su ibi a las ancas. La nota de la petición pedía
dineros; el platicante, la pitanza de escribirla; el procurador, la de
presentarla; el escribano de la cámara, la de su oficio; el relator, la de su
relación. En estos dacas, los cogió la hora, cuando los pleiteantes dijeron a
una voz: