La Hora de todos y la Fortuna con seso: 027

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
XX. LOS TABERNEROS
Los taberneros, de quien, cuando más encarecen el vino, no se puede decir
que lo suben a las nubes, antes que bajan las nubes al vino, según le llueven,
gente más pedigüeña del agua que los labradores, aguadores de cuero, que
desmienten con el piezgo los cántaros, estaban con un grande auditorio de
lacayos, esportilleros y mozos de sillas y algunos escuderos, bebiendo de
rebozo seis o siete dellos en maridaje de mozas gallegas, haciendo sed
bailando, para bailar bebiendo. Dábanse de rato en rato grandes cimbronazos de
vino. Andaba la taza de mano en mano, sobre los dos dedos, en figura de
gavilán. Uno de ellos, que reconoció el pantano mezclado, dijo: “ ¡Rico vino!”
a un picarazo a quien brindó. El otro, que, por lo aguanoso, esperaba antes
pescar en la copa ranas que soplar mosquitos, dijo:
-Este es, verdaderamente, rico vino, y no otros vinos pobretones, que no
llueve Dios sobre cosa suya.
El tabernero, sentido de los remoquetes, dijo:
-Beban y callen los borrachos.
-Beban y naden, ha de decir -replicó un escudero.
Pues cógelos a todos la hora, y, amotinados, tirándole las tazas y jarros,
le decían:
-Diluvio de la sed, ¿por qué llamas borrachos a los anegados? {Vendes por
azumbres lo que llueves a cántaros y llamas zorras a los que haces patos?. Más
son menester fieltros y botas de baqueta para beber en tu casa que para
caminar en invierno, infame falsificador de las viñas.
El tabernero, convencido de Neptuno, diciendo: ” ¡Agua, Dios, agua! “, con
el pellejo en brazos, se subió a una ventana y empezó a gritar, derramando el
vino:
-Agua va, que vacío.
-Y los que iban por la calle, respondían:
-Aguarda, fregona de las uvas.