La Hora de todos y la Fortuna con seso: 030

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
Estando diciendo esto, los cogió la hora, y el señor, haciendo a uno la
merced, empezó a ensartarlos a todos en futura sucesión de futuras sucesiones
perdurables, que nunca se acaban. Los pobres futurados empezaron a desearse la
muerte, invocar garrotillos, pleurites, pestes, tabardillos, muertes
repentinas, apoplejías, disenterías y puñaladas. Y no habiendo un instante que
lo dijo, les parecía a los futuros sucesores que habían vivido ya sus
antecesores diez Matusalenes en retahíla. Y siendo así que el décimo reculaba
en su futura en quinientos años venideros, todos acetaron la posmuerte de su
antecedente; sólo el treinta y uno, que halló hecha bien la cuenta, que
llegaba su plazo horas con horas con la fin del mundo, allende del Antecristo,
dijo:
-Yo vengo a poseer entre las cañitas y el fuego. ¡Bien haré yo mi oficio
quemado! El día del juicio, ¡quién hará que me paguen mis gajes las calaveras?
Por mí, viva muchos años el treinta futuro, que, cuando a él llegue la tanda,
estará el mundo dando arcadas. El señor los dejó sobreviviéndose y
trasmatándose unos a otros, y se fue podrido de ver que se arrempujaban las
edades hacia el saeculum per ignem y que pretendían emparejar con saecula
saeculorum.
El que pescó el oficio estaba atónito viéndose con tan larga retahíla de
herederos. Fuese tomándose al pulso y propuniendo de no cenar y guardarse de
soles. Los demás se miraban como venenos eslabonados, y, anatematizándose las
vidas, se iban levantando achaques, y añadiéndose años, y amenazándose de
ataúdes, y zahiriéndose la buena disposición, y enfermando de la salud de sus
precedentes y dándose a médicos como a perros.