La Hora de todos y la Fortuna con seso: 031

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 031 de 108
La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
XXII. HOMBRES OUE PIDEN PRESTADO
Unos hombres, que piden prestado, a imitación del día que pasó para no
volver, discípulos de las arañas en cazar la mosca, se estaban en la cama al
anochecer, por tener las carnes a letra vista. Habían gastado entre todos, en
oblea, tinta y pluma y papel, ocho reales, que habían juntado a escote, y todo
la consumieron en billetes, bacinicas de demanda, con nota rematada y
cláusulas de extrema necesidad, “por ser negocio de honra, en que les iba la
vida”; con el fiador, de que “se volvería con toda brevedad, que sería
echarlos una S y un clavo”. Y por si faltaba el dinero, remataban con la
plegaria, que es las mil y quinientas de la bribia, diciendo que, si no se
hallasen con algún contante, se sirviesen de enviar una prenda, que los
buscarían sobre ella, y se guardaría como los ojos de la cara, con su contera
de que: “Perdone el atrevimiento”, y “que no se avergonzaran a otra persona”.
Habían, pues, flechado cien papeles déstos, rociando de estafa todo el lugar.
Llevábalos un compañero panza al trote, insigne clamista, que, con una barba
de cola de pescado y una capa larga, pintaba en platicante de médico. Quedó el
nido de emprestillones haciendo la cuenta de cuánto dinero traería, y sobre si
serían seiscientos o cuatrocientos reales, armaron una zalagarda del diablo.
Llegaron a reñir y a desmentirse sobre lo que se había de hacer de lo que
pillasen. Y tanto se enfurecieron, que saltaron de las camas, con tal dieta de
camisas las partes bajas, que era más fácil darse de azotes que de sopapos.
Entró en este punto la estafeta de los enredos, con tufo de “no hay, no tengo,
Dios los provea”. Traía las dos manos descubiertas, sin codo manco: señal de
desembarazo. Víanse las dos barajas de billetes. Quedáronse transidos viendo
que su fábrica pintaba en solas respuestas de retorno, y con prosa falida de
voz, dijeron: