La Hora de todos y la Fortuna con seso: 033

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
-Mucho se nos hacen de rogar los bienes ajenos, y, si aguardamos a que se
nos vengan a casa, pereceremos en la calle. No es buena ganzúa la oratoria, y
la prosa se entra por los oídos y no por las faltriqueras. Dar audiencia al
que pide cuartos es dar al diablo. Más fácil es tomar que pedir. Cuando todos
guardan, no hay que aguardar. Lo que conviene es hurtar de boga arrancada y
con consideración: quiero decir, considerando que se ha de hurtar de suerte
que haya hurto para el que acusa, para el que escribe, para el que prende,
para el que procura, para el que aboga, para el que solicita, para el que
relata y para el que juzga, y que sobre algo; porque donde el hurto se acaba,
el verdugo empieza. Amigos, si nos desterraren es mejor que si nos
enterrasen. Los pregones, por un oído se entran y por otro se salen. Si nos
sacan a la vergüenza, es saca que no escuece, y yo no sé quién tiene la
vergüenza adonde nos han de sacar. Si nos azotaren, a quien dan no escoge, y,
por lo menos, oye un hombre alabar sus carnes, y en apeándose un jubón, cubre
otro. En el tormento no tenemos riesgo los mentirosos, pues toda su tema es
que digan la verdad, y, con hágame sastre, se asegura la persona. Ir a galeras
es servir al rey y volverse lampiños: los galeotes son candiles, que sirven a
falta de velas. Si nos ahorcan, que es el finibus terrae, tal día hizo un año,
y, por lo menos, no hay ahorcado que no honre a sus padres, diciendo los
ignorantes que los deshonran, pues no se oye otra cosa, aunque el ahorcado sea
un pícaro, sino que es muy bien nacido y hijo de buenos padres. Y aunque no
sea sino por morirse uno dejando de la agalla a la botica y al médico, no le
está mal la enfermedad de esparto. Caballeros, no hay sino manos a la obra.
No lo hubo dicho, cuando revolviéndose las sábanas de las camas al cuerpo y
engulléndose el candil en el balsopeto, se descolgaron por una manta a la
calle desde una ventana y partieron como rayos a sofaldar cofres y retozar
pestillos y manosear faltriqueras.