La Hora de todos y la Fortuna con seso: 034

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
XXIII. LA IMPERIAL ITALIA
La imperial Italia, a quien sólo quedó lo augusto del nombre, viendo
gastada su monarquía en pedazos, con que añadieron tan diferentes príncipes
sus dominios, y ocupada su jurisdicción en remendar señor-los, poco antes
desarrapados; desengañada de que, si pudo con dicha quitar ella sola a todos
los que poseían, había sido fácil quitarla a ella todos lo que sola les había
quitado; hallándose pobre y sumamente ligera, por haber dejado el peso de
tantas provincias, dio en volatín, y, por falta de suelo, andaba en la maroma,
con admiración de todo el mundo. Fijó los ejes de su cuerda en Roma y en
Saboya. Eran auditorio y aplauso España del un lado y Francia del otro.
Estaban cuidadosos estos dos grandes reyes, aguardando hacia dónde se
inclinaba en las mudanzas y vueltas que hacía, para si por descuido cayese,
recogerla cada una. Italia, advertida de la prevención del auditorio, para
tenerse firme y pasear segura tan estrecha senda. tomó por bastón la señoría
de Venecia en los brazos, y equilibrando sus movimientos. hacía saltos y
vueltas maravillosas, unas veces fingiendo caer hacia España, otras hacia
Francia; teniendo por entretenimiento la ansia con que una y otra extendían
los brazos a recogerla, y siendo fiesta a todos la burla que, restituyéndose
en su firmeza, les hacía. Pues estando entretenidos en esto, cógelos la hura,
y el rey de Francia, desconfiado de su arrebatiña, para que diese zaparrazo a
su lado, empezó a falsear el asiento del eje de la maroma, que estaba afir
mado en Saboya. El monarca de España, que lo entendió, le añadía por puntales
el estado de Milán y el reino de Nápoles y a Sicilia. Italia, que andaba
volando, echó de ver que el bastón de Venecia, que, trayéndole en las manos,
la servía de equilibrio, por otra parte la tenía crucificada, le arrojó, y,
asiéndose a la maroma con las manos, dijo:
-Basta de volatín, que mal podré volar si los que me miran desean que caiga
y quien me bilanza y contrapesa, me crucifica.
Y con sospecha de los puntales de Saboya, se pasó a los de Roma, diciendo:
-Pues todos me quieren prender, Iglesia me llamo, donde, si cayere, habrá
quien me absuelva.
El rey de Francia se fue llegando a Roma con piel de cardenal, por no ser
conocido; empero el rey de España, que penetró la maula de disfrazar el
monsiur en monseñor, haciéndole al pasar cortesía, le obligó a que, quitándose
el capello, descubriese lo calvino de su cabeza.