La Hora de todos y la Fortuna con seso: 038

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
XXV. EL GRAN DUQUE DE MOSCOVIA Y LOS TRIBUNOS
El gran Duque de Moscovia, fatigado con las guerras y robos de los
tártaros, y con frecuentes invasiones de los turcos, se vio obligado a imponer
nuevos tributos en sus estados y señoríos. Juntó SUS favorecidos y criados,
ministros y consejeros y el pueblo de su Corte, y díjoles:
Ya los constaba de la necesidad extrema en que le tenían los gastos de sus
ejércitos para defenderlos de la invidia de sus vecinos y enemigos, y que no
podían las repúblicas y monarquías mantenerse sin tributos, que siempre eran
justificados los forzosos y suaves, pues se convierten en la defensa de los
que los pagan, redimiendo la paz y la hacienda y las vidas de todos aquella
pequeña y casi insensible porción que da cada uno al repartimiento, bienquisto
por igual y moderado; que él los juntaba para su mesmo negocio; que le
respondiesen como en remedio y comodidad propia.
Hablaron primero los allegados y ministros, diciendo que la propuesta era
tan santa y ajustada, que ella se era respuesta y concesión; que todo era
debido a la necesidad del Príncipe y defensa de la Patria; que así podía
arbitrar conforme a su gusto en imponer todos y cualesquier tributos que fuese
servido a sus vasallos, pues cuanto diesen pagaban a su útil y descanso, y que
cuanto mayores fuesen las cargas, mostraría más la grande satisfacción que
tenía de su lealtad, honrándolos con ella. Oyólos con gusto el Duque, mas no
sin sospecha, y así, mandó que el pueblo le respondiese por sí. El cual, en
tanto que razonaban los magistrados, había susurrádose en conferencia callada.
Eligieron uno que hablase por ellos conforme al sentir de todos. Éste,
saliendo a lugar desembarazado, dijo: