La Hora de todos y la Fortuna con seso: 043

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
-Los glotones de provincias siempre han muerto de ahito: no hay peor
repleción que la de dominios. Los romanos, desde el pequeño círculo de un
surco, que no cabía medio celemín de siembra, se engulleron todas sus
vecindades, y, derramando su codicia, pusieron a todo el mundo debajo del yugo
de su primer arado. Y como sea cierto que quien se vierte se desperdicia tanto
como se extiende, luego que tuvieron mucho que perder empezaron a perder
mucho; porque la ambición llega para adquirir más allá de donde alcanza la
fuerza para conservar. En tanto que fueron pobres, conquistaron a los ricos;
los cuales, haciéndolos ricos y quedando pobres con las mismas costumbres de
la pobreza, pegándoles las del oro y las de los deleites, los destruyeron, y
con las riquezas que les dieron tomaron de ellos venganza. Calaveras son que
nos amontestan los asirios, los griegos y los romanos: más nos convienen los
cadáveres de sus monarquías por escarmiento que por imitación. Cuanto más
quisiéremos encaramar nuestro poco peso, y llegarle en la romana del poder a
la gran carga que se quiere contrastar, tanto menos valor tendremos, y cuanto
más le retiráremos en ella, nuestra pequeña porción sola contrastará los
inmensos quintales que equilibra, y si a nuestra última línea los retiráremos,
uno nuestro valdrá mil. Trajano Bocalino apuntó este secreto en el peso de su
Piedra del parangón, verificándose en la monarquía de España, de quien
pretendemos quitar peso, que, juntándole al nuestro, nos le desminuía con el
aumento. Hacernos libres de sujetos fue prodigios; conservar este prodigio es
ocupación para que nos habemos menester todos. Francia y Inglaterra, que nos
han ayudado a limar a España de su señorío la parte con que las era formidable
vecino, por la propia razón no consentirán que nos aumentemos en señorío que
puedan tener. La segur que se añade con todo lo que corta del árbol, nadie la
tendrá por instrumento, sino por estorbo. Consentirnos han en tanto que
tuviéremos necesidad dellos y, en presumiendo de que ellos la tienen de
nosotros, atenderán a nuestra mortificación y ruina. El que al pobre que dio
limosna le ve rico, o cobra dél o le pide. Nada adquirimos de nuevo que no
quieran para sí los príncipes que nos lo ven adquirir, y por vecino, al paso
que desprecian al que pierde, temen al que gana, y nosotros, desparramándonos,
somos estratagema del rey de España contra nosotros, pues cuando él, por
dividirnos y enflaquecernos, dejara perder adrede las tierras que le tomamos,
era treta y no pérdida, y nunca más fácilmente podrá quitarnos lo que tenemos
que cuando más nos hubiere dejado tomar de lo que tiene tan lejos de sí como
de nosotros. Con el Brasil, antes se desangra y despuebla Holanda que se
crece. Ladrones somos: basta no restituir lo hurtado sin hurtar siempre,
ejercicio con que antes se llega a la horca que al trono.