La Hora de todos y la Fortuna con seso: 047

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
-Vagamundo, pícaro, sollastre, ¿para qué estás dando papilla de oro a ese
buen hombre?
El alquimista, revestido de furias, respondió que mentía, y entre el mentís
y un sopapo que le dio el carbonero, no cupiera un cabello. Armóse una pelaza
entre los dos, de suerte que, a cachetes, el alquimista estaba hecho alambique
de sangre de narices. No los podía despartir el miserable, que del miedo del
tufo y de la tizne no se osaba meter en medio. Andaban tan mezclados, que ya
no se sabía cuál era el carbonero ni quién había pegado la tizne al otro. La
gente que pasaba los despartió. Quedaron tales, que parecían bolas de lámpara
o que venían de visitarse con tijeras de despavilar. Decía el carbonero:
-Oro dice el pringón que hará de la basura y del hierro viejo, ¡y está
vestido de torcidas de candiles y fardado de daca la maza! Yo conozco a éstos,
porque a otro vecino mío engañó otro tragamallas, y en sólo carbón le hizo
gastar en dos meses, en mi casa, mil ducados, diciendo que haría oro, y sólo
hizo humo y ceniza, y, al cabo, le robó cuanto tenía.
-Pero -replicó el alquimista-, yo haré lo que digo, y pues tú haces oro y
plata del carbón y de los cantazos que vendes por tizos, y de la tierra y
basura con que lo polvoreas y de las maulas de la romana, ¿por qué yo con la
Arte magna, con Arnaldo, Géber y Avicena, Morieno, Roger, Hermes, Theofrasto,
Vlstadio, Evónymo, Crollio, Libavio y la Tabla smaragdina de Hermes, no he de
hacer oro?
El carbonero replicó, todo engrifado:
-Porque todos esos autores te hacen a ti loco, y tú, a quien te cree,
pobre. Y yo vendo el carbón, y tú le quemas; por lo cual, yo le hago plata y
oro y tú hollín. Y la piedra filosofal verdadera es comprar barato y vender
caro, y váyanse noramala todos esos Fulanos y Zutanos que nombras, que yo de
major gana gastara mi carbón en quemarte empapelado con sus obras que en ven
derle. Y vuesa merced haga cuenta que hoy ha nacido su dinero, y, si quiere
tener más, el trato es garañón de la moneda, que empreña al doblón y le hace
parir otro cada mes. Y si está enfadado con sus talegos, vácielos en una
necesaria, y, cuando se arrepienta, los sacará con más facilidad y más
limpieza que de los fuelles y hornillos deste maldito, que, siendo mina de
arrapiezos, se hace Indias de hoz y de coz y amaga de Potosí.