La Hora de todos y la Fortuna con seso: 048

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La Hora de todos y la Fortuna con seso Francisco de Quevedo y Villegas


 
XXXI. LOS TRES FRANCESES Y EL ESPAÑOL
Venían tres franceses por las montañas de Vizcaya a España: el uno con un
carretoncillo de amolar tijeras y cuchillos por babador; el otro, con dos
corcovas de fuelles y ratoneras, y el tercero, con un cajón de peines y
alfileres. Topólos en lo más agrio de una cuesta descansando un español que
pasaba a Francia a pie, con su capa al hombro. Sentáronse a descansar a la
sombra de unos árboles. Trabaron conversación. Oíanse tejidos el hui monsiur
con el pesia tal y el per ma fue con el voto a Cristo. Preguntando por ellos
el español dónde iba, respondió que a Francia, huyendo, por no dar en manos de
la justicia, que le perseguía por algunas travesuras; que de allí pasaría a
Flandes a desenojar los jueces y desquitar su opinión, sirviendo a su rey;
porque los españoles no sabían servir a otra persona en saliendo de su tierra.
Preguntando cómo no llevaba oficio ni ejercicio para sustentarse en camino tan
largo, dijo que el oficio de los españoles era la guerra, y que los hombres de
bien, pobres, pedían prestado o limosna para caminar, y los ruines lo
hurtaban, como los que lo son en todas las naciones, y añadió que se admiraba
del trabajo con que ellos caminaban desde Francia por tierras extrañas y
partes tan ásperas y montuosas, con mercancía, a riesgo de dar en manos de
salteadores. Pidióles refiriesen qué ocasión los echaba de su tierra y qué
ganancia se podían prometer de aquellos trastos con que venían brumados,
espantando con la visión mulas y rocines y dando qué pensar a los caminantes
desde lejos. El amolador, que hablaba el castellano menos zabucado de gabacho,
dijo: