La República/Coloquio Primero

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La República de Platón ó Coloquios sobre la Justicia de Platón
Coloquio Primero


LA REPÚBLICA DE PLATÓN

Ó
COLOQUIOS
SOBRE LA JUSTICIA [1]

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COLOCUTORES
Sócrates.
Cephalo
Polemarco, hijo de Céphalo.
Glaucon hijos de Aristón, y
Adimanto hermanos de Platón.
Clitophón
Thrasimaco, sofista.
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COLOQUIO PRIMERO

Sóc. Baxé ayer al Pireo[2] con Glaucón hijo de Aristón á orar[3] á la Diosa[4], y justamente con deseo de ver como celebrarian los moradores la fiesta, que hacian ahora por primera vez. Hermosa me pareció la procesion[5] de los naturales; y á mi ver no era ménos lúcida la que formaban los de Tracia. Hecha nuestra oracion y vista la ceremonia, nos volviamos á la ciudad. Pero Polemarco hijo de Céphalo, divisando de léxos, que nos encaminabamos á casa mandó al criado que corriendo nos hiciese aguardar; el qual tirándome por detras de la capa me dixo: Polemarco os ruega que le aguardeis. Volvíme yo y le pregunté, dónde estaba su amo: tras mí viene, dixo; esperadle un momento. le esperarémos pues, replicó Glaucon. De allí a poco llegó Polemarco, y Adimanto hermano de Glaucon, y Necerato hijo e Nicias[6], y algunos otros que volvían de la pompa. Ó Sócrates, me dixo Polemarco, paréceme que o encaminais á la ciudad? No te parece mal, le dixe yo. Polem. Por ventura veis quántos somos nosotros? Sóc.Sí. Polem. Ó poder pues mas que estos, ó quedaros aquí. Soc. Todavia hay un medio, que es persuadiros que nos dexeis ir. Polem. Cómo podreis persuadirlo, sino queremos oir vuestras razones? Glauc. De ninguna manera. Polem. Resolveos pues, en el supuesto que no las hemos de oir. Adim. No sabeis que á la tarde se correrán hachas[7] á caballo en honor a la Diosa? Sóc. Á caballo? Esto es nuevo. Cómo? correrán á caballo, llevando en la mano hachas que se las darán unos a otros? Polem. Sí, y ademas celebrarán la fiesta[8] pannychida, que es digna de verse. Por tanto nos levantarémos en cenando, y verémos esta fiesta nocturna, y encontrarémos allí muchos jóvenes con quienes conversar. Quedaos pues, y no os hagais mas de rogar. Glauc. Yo veo que es preciso quedarse. Sóc. Puesto que vos lo queréis, hágase así.

Fuímonos pues á casa de Polemarco, y encontramos allí a sus dos hermanos Lysias (9) y Euthydemo, con Thrasimaco de Calcedonia (10), Charmantides de la tribu Peana, y Clitophón hijo de Aristonymo. Dentro estaba tambien Céphalo, padre de Polemarco, y por no haberle visto despues de largo tiempo, me pareció que se habia envejecido mucho. Sentado estaba en una silla, apoyado sobre un rico almohadon, y con corona en la cabeza, por haber ofrecido en este dia un sacrificio doméstico (11). Nos sentamos pues junto á él en asientos que estaba dispuestos en círculo. Al instante que me vió Céphalo, me saludó, y me dixo: Sócrates, pocas veces baxais al Pireo á visitarnos, en lo que no dariais mucho gusto. Si tuviese yo bastantes fuerzas para subir fácilmente á la ciudad, no tendriais necesidad ninguna de venir aquí, pues nosotros iriamos á veros. Mas ahora me hariais gran favor en venir acá con mas freqüencia; porque bien podeis creerme, que á proporcion que los placeres del cuerpo se disminuyen y me abandonan, encuentro todos los dias nuevos gustos y atractivos en la conversacion. Hacedme pues esta gracia y estrechaos con estos jóvenes, viniendo acá á menudo, como á visitar á vuestros amigos (12) y muy apasionaos. Y yo, ó Céphalo, le dixe, me deleito infinito de tratar con los muy ancianos (13) como vos; porque me parece que conviene informarse de ellos, como que han andado aquel camino, por el qual deberemos nosotros pasar necesariamente algun dia, si es escabroso y difícil, ó llano y expedíto. Y puesto que os hallais al presente en la edad que los poetas llaman el umbral de la vejez (14), me dariais gran gusto en decirme si por ventura mirais este periódo como el mas penoso de la vida. Céph. Asi Dios me ayude, Sócrates, que os diré mi pensamiento, sin ocultaros nada. Me sucede (15) muchas veces, segun el antiguo proverbio, concurrir con algunos de mi misma (16) edad. En la conversacion muchos de ellos se quexan, acordándose de los placeres del amor y regalos de la mesa, y otros de esta naturaleza, que disfrutaban en su juventud, y se indignan de esta pérdida, como si fuese de los mas grandes bienes, diciendo: que la vida que entónces llevaban era felíz; mas que al presente ni aun merecia el nombre de vida. Algunos se lamentan de los ultrages de sus domésticos á que les expone la vejéz, y sobre esto la insultan con repetidos clamores, siendo para ellos causa de tantas penas. Pero á mí me parece, Sócrates que no dan en la verdadera causa de sus males; porque si ésta fuese la vejéz, deberia sin duda causar los mismos efectos en mí, y en todos aquellos que llegaron á esta edad. Pues yo he conocido otros de un carácter muy diferente. Y me acuerdo que encontrándome una vez con el poeta Sophocles (17), llegó uno á preguntarle, si la edad permitia aun tener parte en los placeres del amor. Á lo qual respondió: No lo quiera Dios, ó hombre. Hace ya tiempo que sacudí el yugo de este tirano furioso y brutal. Parecióme entónces que tenia razon para hablar de este modo, y ahora me parece lo mismo. La vejéz en efecto es un estado de reposo y entera libertad de semejantes cosas. Porque despues que la concupiscencia y lascivia dexan de atormentarnos y se amortiguan, se verifica en un todo el dicho de Sophocles, de verse uno libre de inumerables y envejecidos tiranos. En quanto á los disgustos de los viejos, y mal trato que reciben de sus próximos, una es la causa, Sócrates, no la vejéz, sino el carácter de los hombres. Con costumbres dulces y afables se encuentra una vejéz llevadera, con un carácter opuesto; creeme Sócrates, ni la vejéz ni la juventud misma tiene nada de agradable.

Sóc. Encantado quedé de su respuesta y deseando meterle mas y mas en la conversacion, le incitaba y decia: Céphalo, estoy persuadido que quando vos hablais de este modo, la mayor parte no aprueba vuestras razones; y se imaginan que os es tolerable la vejéz, no por vuestro carácter, sino por los muchos bienes que poseeis; los quales, dicen, que proporcionan á los ricos no pocos alivios. Céph. Vos decís verdad; mas ellos no me entienden. Alguna razon tienen en lo que dicen, pero mucho ménos de lo que piensan. Vos sabeis muy bien la respuesta que Themistocles (18) dió á Seriphio, que le echó en cara, que debia su reputacion mas á la ciudad donde habia nacido, que á su mérito: Es cierto, le replicó, que ni yo, siendo Seriphio, seria conocido; ni tú, siendo ateniense. Lo mismo podia responderse á los viejos no muy ricos y regañones, que llevan con impaciencia la vejéz; que ni al sábio mismo seria soportable la vejéz con extremada pobreza; ni al necio se la harian mas dulce sus muchas (19) riquezas. Sóc. Pero estos grandes bienes que poseeis, Céphalo, os han venido de vuestros antepasados, ó habeis adquirido la mayor parte? Céph. Alguna cosa he adquirido, Sócrates. En esto ocupé el medio entre mi abuelo y mi padre; porque mi abuelo, que se llamaba como yo, habiendo heredado un patrimonio casi igual al que en el dia yo poseo, hizo adquisiciones que excedian en mucho los fondos que habia recibido. Mi padre Lysanias, al contrario, me dexó aun menos bienes de los que ahora tengo. Yo me daré por satisfecho si dexase á mis hijos una herencia que no sea menor, sino algo mayor que la que recibí de mi padre. Sóc. Por este motivo os hice la pregunta; porque no me pareciais muy pegado á las riquezas; lo que es muy comun en los que no las adquiriéron por sí mismo. Pero los que deben sus riquezas á su industria, las aman al doble que los otros. Porque desde luego las aman por ser hechura suya, á la manera que los poetas estiman sus versos y los padres á sus hijos; y las aman tambien por la utilidad que de ellas sacan como todos los demas. Por tanto son molestos en su trato, no queriendo alabar otra cosa sino su dinero. Céph. Decís mucha verdad.

Sóc. Muy bien. Mas decidme aun, quál ha sido, á vuestro parecer, el mayor bien que os han procurado las riquezas? Céph. Apénas podria yo persuadir á muchos lo que voy á deciros. Vos sabeis muy bien, Sócrates, que en llegando á consentir alguno que en breve ha de morir, le sobreviene el temor y cuidado de aquellas cosas que ántes no le causaban ninguna pena. Lo que se cuenta de los infiernos, como deben padecer allí suplicios los que aquí fuéron malos, de lo que se reian hasta entónces, empieza á inquietarle el ánimo y á temer que sea verdad lo que habia tenido por fábula. Y él mismo, ahora sea por flaqueza de la edad, ahora tambien por tener ya mas cerca las cosas de allá, las vé con mayor claridad. De aquí el llenarse de sospechas y temores, y recorrer las acciones de su vida, por ver si hizo mal á alguno. Si en el exámen de su conducta, la encuentra llena de injusticias, despertando con freqüencia de sus sueños, tiembla como los niños, y dexa llevarse de la desesperacion. Pero el que no encuentra en sí que reprehenderse, vive acompañado de una dulce esperanza, nodriza excelente de la vejéz, como habla Pindaro (20). Porque has de saber, Sócrates, que Pindaro dice sábiamente, que á los que llevaron vida pura y santa, les acompaña una dulce esperanza que ensancha el corazon, y nutre la vejéz, y gobierna como quiere el ánimo flutuante de los mortales. Cosa muy bien dicha, y admirable hasta lo sumo. Ademas de esto, yo pienso que la posesion de las riquezas es digna de tenerse en mucho, no para todo hombre, sino solamente para el sábio (21). Porque para no engañar á nadie, ni aun involuntariamente, ó no mentir, para salir de este mundo sin temor de no haber cumplido ciertos sacrificios debidos á Dios, ni satisfecho deudas á los hombres, contribuye en gran parte el ser un hombre rico. Tienen aun las riquezas otros muchos provechos; pero todo bien premeditado, estableceria yo, Sócrates, que en un hombre de juicio una mediana fortuna es la mejor para esto. Sóc. No he oido cosa mejor que la que vos, Céphalo acabais de decir.

Mas definiriamos bien la justicia, haciéndola consistir simplemente en decir la verdad, y en restituir á cada uno lo que de él se ha recibido? ó el hacer esto seria mas bien á veces justo, á veces injusto? Por exemplo, si alguno recibiese las armas de un amigo estando cuerdo, y se las volviese á pedir enloquecido, todo el mundo diria que no se le debian volver, ni que seria hombre justo el que lo hiciese, ni al que está en tal estado no disfrazase en nada la verdad. Céph. Decís muy bien. Sóc. Luego no es definicion de la justicia, decír la verdad, y volver á cada qual lo que es suyo. En esto precisamente consiste Sócrates, replicó Polemarco, si hemos de creer á Simonides. Céph. Continuad vosotros la conversacion (22); porque á mí me precisa ya acudir al sacrificio. Sóc. Polemarco pues será el que os suceda? Sí replicó Céphalo sonriéndose, y al mismo tiempo se partió á sacrificar. Decidme vos pues, ó Polemarco, puesto que tomais el lugar de vuestro padre, qué es lo que aprobais de lo que dixo Simonides acerca de la justicia? Polem. Que es lo propio de ella volver á cada uno lo que se debe, y en esto hallo que tiene razon. Sóc. No es fácil contradecir á Simonides (23), varon sábio y divino. Pero tal vez entendereis vos, ó Polemarco, lo que quiso decir con esto; pues por lo que á mi me toca yo lo ignoro. Porque es evidente que él no entiende, segun ántes deciamos, que se deba volver qualquier depósito que sea, al que repite vuelto loco. Pero entre tanto este depósito es una deuda; no es así? Polem. Ciertamente. Sóc. Con todo, de ningun modo debe restituirse quando alguno la repite enloquecido. Polem. Verdad es. Sóc. Otra cosa pues parece quiso decir Simonides, quando dixo que era justo volver á cada uno lo que le era debido. Polem. Á fe mia que sí, porque era de parecer que los amigos debian hacer bien á otros amigos, y ningun mal. Sóc. Ya entiendo que no vuelve lo que es debido el que restituye el dinero que recibió en depósito, si la entrega y el recibo fuesen perjudiciales, y ambos fuesen amigos, el que recibe y el que restituye. No es este el sentido de las palabras de Simonides? Polem. Sí. Sóc. Pero se debe restituir á los enemigos lo que se les debe? Polem. Sin duda, sí, lo que se les debe. Mas pienso que al enemigo le es debido por su enemigo lo que conviene que se deba, esto es algun mal. Sóc. Luego Simonides al parecer (24), se explicó como poeta, y de un modo enigmático sobre la justicia; pues que creía, segun manifiesta, que la justicia consistia en restituir á cada uno lo que le es conveniente, bien que se valió de la expresion de debido. Polem. Pero qué pensais vos? Sóc. Por Dios os ruego que me digais, qué os parece nos habria respondido él si alguno le hubiese preguntado, Simonides, qué facultad es aquella y á quiénes dá lo debido y conveniente, de modo que merezca llamarse medicina? Polem. Claro está que la que prescribe á los cuerpos los medicamentos, la comida y la bebida. Sóc. Mas quál deberia llamarse arte de cocina, porque diese á ciertas cosas lo que les era debido y conveniente? Polem. Lo que dá á cada guisado su sazonamiento. Sóc. Muy bien. Quál pues seria aquel arte, que es lo que dá, y á quienes, de modo que se llamase justicia? Polem. Si hemos de ir consiguientes, ó Sócrates, á lo que dexamos dicho ántes, la que hace bienes á los amigos, y daños á los enemigos. Sóc. Luego Simonides llama justicia, hacer bien á los amigos, y mal a los enemigos? Polem. Á lo ménos, así me parece. Sóc. Pero quién puede en caso de estár enfermos, hacer mas bien á los amigos y mas daño á los enemigos, en órden á la enfermedad, ó á la salud? Polem. El médico. Sóc. Y quién á los navegantes, en órden á los riesgos del mar? Polem. El piloto. Sóc. Y el justo, en qué ocasion, ó en qué cosa puede hacer bien á los amigos y daño á los enemigos? Polem. Á mi parecer, en la guerra defendiendo á unos, y atacando á otros. Sóc. Muy bien. Pero para los que están sanos, mi amado Polemarco, es inútil el médico. Polem. Esto es verdad. Sóc. Y el piloto para los que navegan. Polem. Tambien es cierto. Sóc. Luego por la misma razon es inútil el justo para los que no están en guerra. Polem. No apruebo esto. Sóc. Luego sirve tambien la justicia en tiempo de paz? Polem. Es utilísima. Sóc. Pero la agricultura sirve tambien este tiempo; no es así? Polem. Ciertamente. Sóc. Acáso para la recoleccion de frutos? Polem. En efecto. Sóc. Y el arte de zapatería (25) sirve tambien? Polem. Tambien. Sóc. Vos me direis sin duda, que para tener calzados. Polem. Es así. Sóc. Decidme aun, para qué seria util la justicia en tiempo de paz? Polem. Para el comercio, Sócrates. Sóc. Qué entendeis vos por comercio, los tratos mútuos que los hombres tienen entre sí? ó por ventura otra cosa distinta? Polem. No: eso mismo entiendo. Sóc. Para aprender pues á jugar á las tablas (26), será mejor y mas util tratar al hombre justo, ó al jugador de profesion? Polem. Al jugador de profesion. Sóc. Y para la construccion de una casa valdrá mas consultar al justo, que al arquitecto? Polem. De ninguna manera. Sóc. En qué caso pues me dirigiria yo al justo con preferencia al músico: así como para instruirme en la ciencia de los tonos me dirigiria á éste ántes que á aquel? Polem. Para tener el dinero en compañía, segun á mí me parece. Sóc. Con tal, Polemarco, que no sea preciso usar del dinero; porque si quisiera comprar ó vender un caballo, mas bien haria compañía con un picador. No es así? Polem. Yo pienso lo mismo. Sóc. Y con el piloto o fabricante, si se tratase de un navio. Polem. Así me parece. Sóc. Quándo pues el justo me seria mas útil que los demas, si quisiese emplear en compañia la plata, ó el oro? Polem. Quando se tratase, Sócrates, de ponerle en depósito y tenerle seguro. Sóc. Es decir, quando no quisiera hacer uso ninguno del dinero, sino dexarle ocioso. Polem. Es así á la letra. Sóc. Segun eso, la justicia me será util entónces quando el dinero de nada me sirva? Polem. Hay grande apariencia. Sóc. Y la justicia me servirá tambien quando convenga guardar una podadera; pero si quiero servirme de ella, el arte de viñador seria mas del caso? Polem. Desde luego. Sóc. Vos direis lo mismo, que si quiero guardar un broquel y una lyra, me seria útil la justicia; pero si quiero servirme de ellos, tendria que recurrir á las artes de la esgrima y de la música. Polem. Seria preciso. Sóc. Y en general, respecto de qualquier cosa que ésta sea, quando tenga que servirme de ella, la justicia será inutil; y útil quando no me sirva. Polem. Muy bien puede ser esto. Sóc. Luego la justicia, amado mio, no es de mucha importancia, si ella no nos es útil, sino para las cosas inútiles. Poned aun cuidado en lo que voy á deciros. Aquel que es mas diestro en dar golpes, sea en la guerra, sea en el pugilato, ú otra especie de lucha, no es tambien el mas diestro en guardarse de los que se le dan? Polem. Es muy cierto. Sóc. Y al que es mas hábil en guardarse de una enfermedad y prevenirla, no es al mismo tiempo el mas capáz de darla á otro? Polem. Yo lo creo. Sóc. Segun esto, aquel es buen General de un exército, que sabe hurtar los designios y los consejos y demas proyectos del enemigo. Polem. Sin duda. Sóc. Por consiguiente el que es propio para guardar una cosa, es tambien á propósito para hurtarla. Polem. Así parece. Sóc. Si pues el justo es propio para guardar (27) el dinero, él será á propósito tambien para hurtarle. Polem. Á lo ménos esta es conseqüencia de lo que acabamos de decir. Sóc. Con que el justo es cierto ladron temible, segun parece se ha demostrado; y acaso bebiste esta doctrina en Homero (28), el qual celebra mucho á Autolico, abuelo materno de Ulises, y dice que se aventajó á todos los hombres en el arte de robar y engañar con juramentos. Por consiguiente, segun vos, Homero y Simonides, la justicia parece no es otra cosa que el arte de robar en provecho de los amigos y daño de los enemigos. No es así como vos lo entendeis? Polem. En verdad que no, ni aun supe lo que me decia.

Con todo, me parece siempre que la justicia consiste en obligar (29) á los amigos y hacer daño á los enemigos. Sóc. Pero qué entendeis vos por amigos? Acaso aquellos que nos parecen hombres de bien y útiles, ó los que lo son, aunque no los tengamos por tales? Y lo mismo de los enemigos. Polem. Paréceme natural amar á los que uno tiene por buenos, y aborrecer á los malos. Sóc. Mas por desgracia, no es muy comun en los hombres engañarse en este punto, hasta juzgar que muchos son hombres de bien, no lo siendo, y otros muchos al contrario? Polem. Convengo en ello. Soc. Con que á quienes esto sucede, tienen por enemigos á los hombres de bien, y por amigos á los malos. Polem. Es muy cierto. Sóc. Así, respecto de estos, la justicia consiste en hacer bien á los malos y daño á los buenos. Polem. Así me parece. Sóc. Pero los buenos son justos é incapaces de hacer mal á nadie. Polem. Esto es verdad. Sóc. Luego es justo, segun lo que vos decís, hacer mal á los que no nos hacen ninguno. Polem. De ninguna manera, Sócrates: es una iniquidad pensar de este modo. Sóc. Luego será preciso que digamos, que es justo ofender á los malos y hacer bien á los buenos. Polem. Esto es mas conforme á razon que lo que acababamos de decir. Sóc. Acontecerá pues, ó Polemarco, que respecto de todos los que se engañan en los juicios de los hombres, será justo dañar á sus amigos, porque estos serán los malos; y hacer bien á sus enemigos, porque estos serán los buenos: y por este medio vendremos á decir todo lo contrario de lo que diximos que decia Simonides. Polem. La conseqüencia está bien sacada. Mas mudemos alguna cosa, porque sospecho no es exacta la definicion que hemos dado del amigo y del enemigo. Sóc. Cómo deciamos nosotros, Polemarco? Polem. Nosotros deciamos, que nuestro amigo era aquel que nos parecia hombre de bien. Sóc. Y ahora qué mudanza haremos? Polem. Yo diria que el que nos parece hombre de bien y lo es en efecto, es nuestro amigo; pero el que lo parece sin serlo, no es amigo sino en la apariencia. Y lo mismo debe decirse del enemigo. Sóc. Por esta cuenta parece que el verdadero amigo sea el hombre de bien, y el malo el enemigo verdadero. Polem. Ciertamente. Sóc. Quereis pues que mudemos tambien algo á lo que deciamos antes tocante á la justicia: que ella consistía en hacer bien al amigo y daño al enemigo; y que añadamos que es justo obligar al amigo quando es bueno, y ofender al enemigo quando es malo? Polem. Sí, yo hallo esto muy bien dicho. Sóc. Pero acaso es propio del varon justo ofender á ninguna de los hombres? Polem. Sin duda debe hacerlo á los que son malos y enemigos suyos. Sóc. Los caballos maltratados se hacen mejores ó peores? Polem. Se hacen peores. Sóc. En qué? en órden á la bondad de los perros, ó á la de los caballos? Polem. Á la de los caballos. Sóc. Luego tambien los perros maltratados se empeorarán respecto de su especie, y no respecto de la de los caballos? Polem. Necesariamente. Sóc. No dirémos pues tambien, ó amigo mío, que los hombres á quienes se hace mal llegan á ser peores en orden á la virtud propia del hombre? Polem. Es muy cierto. Sóc. Pues la justicia no es la virtud propia del hombre? Polem. Tambien esto es cierto. Soc. Luego es preciso, mi amado amigo, que los hombres á quienes se hace mal, vengan á ser mas injustos (30). Polem. Así parece. Sóc. Los músicos en virtud de su arte pueden hacer á los hombres ignorantes en la música? Polem. Esto es imposible. Sóc. Pero los picadores por su arte de gineta los harán sin maña para montar un caballo? Polem. En verdad que no. Sóc. Mas por acaso los justos en virtud de su justicia volverán injustos á los hombres? ó en general los buenos con su virtud harán á los otros malos? Polem. Esto no puede ser. Sóc. Porque el refrescar no creo que sea efecto propio de lo caliente, sino de su contrario. Polem. Es así. Sóc. Ni el humedecer de lo seco, sino de su contrario. Polem. Así parece. Sóc. Luego ni el hacer daño es efecto propio del bueno, sino de su contrario. Polem. Sin duda. Sóc. Mas el. hombre justo es bueno? Polem. Seguramente. Sóc. Luego no es accion propia del justo, amado Polemarco, el ofender ni al amigo, ni á otro alguno; sino de su contrario, esto es, del injusto. Polem. Paréceme, Sócrates, que vos teneis mucha razon. Sóc. Si pues alguno dixese que la justicia consiste en dar á cada uno lo que le es debido, y entiende por esto que el hombre justo no debe á sus enemigos sino mal, como bien á sus amigos, no seria sábio hablando de este modo; porque no diria verdad y porque acabamos de ver que jamás es justo dañar á nadie (31). Polem. Estamos de acuerdo. Sóc. Luego nos opondremos á una tú y yo, si alguno se atreviese á proferir que semejante máxima es de Simonides, ó de Blas (32), ó de Pitaco (33), ó de algun otro de los hombres sábios y bienaventurados. Polem. Pronto estoy á sostener con vos la disputa. Sóc. Pero sabeis vos de quién me parece esta máxima, que es justo hacer bien á los amigos y daño á los enemigos? Polem. De quién? Sóc. Yo creeria que ella era de Periandro (34), ó de Perdiccas (35), ó de Xerxes (36), ó de Ismenias (37) el tébano, ó de algun otro hombre rico que hiciese vanidad de ser muy poderoso. Polem. Decís mucha verdad.

Sóc. Enhorabuena. Pero pues que la justicia ni lo justo consiste en esto, desearia yo que alguno me dixese en qué consiste. Durante nuestra disputa intentó interrumpirnos muchas veces Thrasimaco (38); pero los que estaban á su lado se lo impidieron, con el deseo que tenian de oirnos. Mas luego que cesamos de hablar, y de proferir yo lo que llevo dicho, no pudo contenerse mas, y revolviéndose de repente, vino sobre nosotros como una fiera, en ademan de devorarnos. Polemarco y yo penetrados del temor, nos quedamos atónitos. Pero él gritando en medio de los concurrentes, dirigiéndome la palabra, dixo: Sócrates, qué vagatelas os ocupan hace rato? Y qué necios estais ambos á dos, cediéndoos como de acuerdo la victoria el uno al otro? Pues si quereis con sinceridad saber qué cosa sea la justicia, no os limiteis vos á solo preguntar y haceros como una especie de gloria de refutar las respuestas de los demas, sabiendo que es mucho mas fácil el preguntar que el responder. Respondedme pues vos, y decidme: qué cosa es la justicia? Y no me vengais ahora con decir, que es aquello que conviene, aquello que es útil, aquello que es provechoso, aquello que es lucroso, ni aquello que es conducente; sino respondedme clara y terminantemente, porque no soy hombre que pase por buenas respuestas tamañas necedades. Al oir esto me atemorizé y le miraba con espanto, y á no haberle yo mirado primero que él á mí, creo que hubiese enmudecido del todo; pero tuve la fortuna que quando empezaba á enardecerse, eché primero los ojos sobre él y quedé en estado de poderle responder, y aun le dixe temblando todo: no os encolericeis, Thrasimaco, contra nosotros. Porque si en nuestra disputa nos hemos engañado yo y Polemarco, estad persuadido, que ha sido esto contra toda nuestra intencion. Pues si buscasemos oro, no penseis que por gusto nos cederíamos la victoria uno á otro, y nos imposibilitariamos con esto de su descubrimiento. No creais pues, amigo, que en la averiguacion de la verdad, cosa mil veces mas preciosa que el oro, seamos nosotros tan insensatos, que trabajemos para engañarnos mútuamente, en lugar de aplicarnos con ahinco á descubrir su naturaleza. Pero ya lo veo, esta averiguacion es superior á nuestras fuerzas. Por tanto, á vosotros los sábios os corresponde mas bien compadecerse que indignarse de nuestra debilidad. Al oir esto, soltó Thrasimaco la carcaxada con una risa sardónica (39) é insultante, y dixo: ved aquí, ó Dios, la ironía ordinaria de Sócrates. Ya sabia yo muy bien, y habia prevenido á estos, que vos no querriais responder, sino que recurririais á vuestras acostumbradas ficciones, y tentariais todos los medios antes que responder. Sóc. Astuto sois por cierto, Trasimaco. Muy bien conocisteis, que si preguntais á alguno quantas son doce, añadiendo á prevencion, no me digais, amigo, que doce son dos veces seis, ni tres veces quatro, ni seis veces dos, ni quatro veces tres, porque no me contentaré con ninguna de semejantes vulgaridades; bien conocido era, decia yo, que nadie podria responder á una qüestion propuesta de este modo. Pero si él os dixese á su vez: buen Thrasimaco, cómo entendeis la prohibicion que me habeis hecho de no daros por respuesta ninguna de las que acabais de decir? quereis por ventura, hombre insigne, que si la verdadera respuesta se encuentra entre éstas, diga yo otra cosa agena de la verdad? ó de qué modo lo entendeis? Qué tendriais vos que responderle? Thrasim. Sea enhorabuena; mas qué tiene que ver uno con otro? Sóc. Nada se opone á esta semejanza. Pero aun quando la cosa fuese diferente, si el que pregunta juzga que es semejante, creeis vos que el dexaria de responder segun su pensamiento, ahora se lo prohibamos nosotros, ahora no? Thrasim. Es esto lo que vos pretendeis hacer? Vais á darme por respuesta una de las que desde luego os he prohibido? Sóc. No me admiraria que exáminandolo bien todo, tomase este partido. Thrasim. Ahora bien, si os hago ver que hay otra respuesta tocante á la justicia, mejor que todas las ante dichas, á qué pena os condenais? Soc. A qué otra, que la que merece el ignorante: reducida á aprender de aquel que sabe mas, y yo me sujeto voluntariamente á esta pena. Thrasim. Chistoso sois por cierto. Mas sobre la pena de aprender, me dariais aun dinero. Sóc. Sí, quando lo tuviese. Glaucon. Pues aquí le hay. Si ésta sola es la causa, hablad Thrasimaco, que todos nosotros pagaremos por Sócrates. Thrasim. Conozco vuestra intencion. Vosotros quereis que Sócrates guardando su costumbre, en lugar de responder, me pregunte, y me pille en contradiccion. Sóc. Pero buen hombre, quién quereis que os responda? primeramente no sabiéndolo, ni presumiéndolo saber. Ademas habiéndosele prohibido por un hombre que lo sabe todo, dar ninguna de las respuestas que podian ocurrirle. Á vos mas bien os toca decir lo que es la justicia, pues que os lisongeais saberlo. No os hagais pues de rogar, y hacedme la gracia de responder, y no escaseeis á Glaucon y á todos los que aquí estamos la instruccion que esperamos recibir de vos. Luego que hube dicho esto, Glaucon y los demas que presentes estaban, encarecidamente le rogaron que condescendiese. Claramente se le traslucian á Thrasimaco los deseos vehementes que tenia de hablar para grangearse los aplausos, estando persuadido que diria divinidades; con todo disimulaba, instandome á que respondiese; aunque al cabo se convino, y sin detenerse, dixo: Este es el gran saber de Sócrates, él no quiere enseñar nada á los otros, miéntras que de todas partes anda mendigando ciencia, sin agradecerlo á nadie. Sóc. Vos teneis razon, Thrasimaco, en decir que yo aprendo con gusto de los demas; pero os engañais en añadir que no les soy agradecido: manifiestoles mi reconocimiento en quanto puedo: les alabo y aplaudo, que es quanto puedo hacer, no teniendo dinero. Vos vereis de contado con quanta voluntad celebro yo lo que me parece bien dicho, quando hayais respondido; porque estoy convencido que lo hareis perfectamente. Thras. Escuchad pues.

Yo digo que la justicia no es otra cosa que aquello que es ventajoso (40) al mas fuerte. Ahora bien, por qué no aplaudís? Ya sabia yo que no querriais hacerlo. Sóc. Esperad á lo ménos que comprenda yo primero vuestro pensamiento, porque aun no lo entiendo: la justicia es, decís vos, lo que es ventajoso al mas fuerte. Qué entendeis por esto, Thrasimaco? porque no me persuado querais decir, que si Polidamas (41) es mas fuerte athleta que nosotros y le conviene á él para la robustéz corporal comer carnes de buey, sea tambien justo y ventajoso para nosotros, que somos mas débiles, usar de tal vianda. Thrasim. Malísimo hombre sois, Sócrates; y siempre tomais las proposiciones por donde mas se eche á perder quanto digo. Sóc. Nada de eso, buen hombre; sino de gracia os pido, que os expliqueis con mas claridad. Thrasim. No sabeis vos, que de los Estados unos son monárquicos, otros aristocraticos, otros populares? Sóc. Muy bien lo se. Thrasim. En cada Estado, aquel que gobierna no es el mas fuerte?. Soc. Es cierto. Thrasim. Cada uno de ellos no promulga leyes en provecho suyo; el pueblo, leyes populares; el monarca, leyes monárquicas, y así de los demas? Y en estando las leyes establecidas declaran ellos, que la justicia respecto de los vasallos consiste en la observancia de estas leyes, y al que las traspasa le castigan como injusto y transgresor de la ley: ved aquí pues mi pensamiento. En todos los gobiernos la justicia es la ventaja de aquel que tiene la autoridad en la mano, y que es por consiguiente el mas fuerte. De donde se sigue para todo hombre que discurre bien, que en todas partes la justicia y lo que es ventajoso al mas fuerte son una misma cosa. Sóc. Ahora comprehendo lo que queriais decir, si con verdad, ó sin ella, es lo que voy á examinar. Vos definisteis la justicia, ó Thrasimaco, por lo que es ventajoso; aunque me habiais prohibido definirla de este modo. Verdad es que vos añadisteis al mas fuerte. Thrasim. Pequeña añadidura por cierto. Soc. No sé todavia si es muy grande: lo evidente es, que es necesario averiguar si lo que decís es verdad; porque desde luego yo convengo en que la justicia es algo de ventajoso; pero añadís vos que es solamente al mas fuerte: esto es lo que yo ignoro, y lo que hay necesidad de averiguar. Thrasim. Examinadlo pues. Sóc. Al instante Respondedme: no decís vos que la justicia consiste en obedecer á los que mandan? Thrasim. Sí. Sóc. Mas por ventura los que mandan en cada uno de los Estados son infalibles, ó pueden tambien engañarse? Thrasim. Pueden engañarse muy bien. Soc. Luego quando se pongan á establecer leyes, unas serán bien establecidas, y otras mal. Thrasim. Así lo pienso. Sóc. Es decir que serán bien promulgadas aquellas que les son ventajosas, y mal las que les son perjudiciales: no lo entendeis vos de este modo? Thrasim. Sí. Soc. Entretanto los súbditos deben conformarse en su voluntad, y en esto consiste la justicia. Thrasim. No hay duda. Soc. Luego segun vuestro modo de pensar, no solamente es justo hacer lo que es ventajoso, sino aun tambien lo que es perjudicial al mas fuerte. Thrasim. Qué es lo que vos decis? Sóc. En mí sentir, lo mismo que vos. Sin embargo, averiguemoslo mejor. No quedamos convenidos en que los que gobiernan se engañan á veces sobre sus intereses, en las leyes que imponen á los súbditos, y que es justo que los súbditos sin distincion executen quanto les fuese mandado? No es cierto, que nos convenimos en esto? Thrasim. No puedo negarlo. Sóc. Confesad pues tambien, que en diciendo, que es justo que los súbditos hagan todo lo que les es mandado, os habeis convenido en que la justicia consiste en hacer lo que es perjudicial á los que gobiernan, esto es, á los mas fuertes, quando sin quererlo, mandan ellos cosas contrarias á sus intereses. En tal caso pues, sapientísimo Thrasimaco, no es preciso concluir que es justo hacer todo lo contrario de lo que vos decís, por quanto entónces lo que es mandado al mas débil, es perjudicial al mas fuerte? Polem. Par diez, Sócrates, que esto es evidente. Clitoph. Si es que (42) tú lo atestiguas, Polem. Y qué necesidad hay de testigo? pues que el mismo Thrasimaco confiesa, que los que gobiernan mandan á veces cosas contrarias á sus intereses, y que es justo aun en este caso que los súbditos obedezcan. Clitoph. Thrasimaco dixo solamente, amigo Polemarco, que era justo que los súbditos hiciesen lo que les era mandado. Polem. Y ademas añadió, querido Clitophón, que la justicia es lo que es ventajoso al mas fuerte. Establecidos estos dos principios, quedó consiguientemente de acuerdo en que los mas fuertes mandan á veces hacer á los inferiores cosas contrarias á sus intereses. De estas confesiones se sigue, que la justicia es tanto aquello que es ventajoso, como lo que es perjudicial al mas fuerte. Clitoph. Pero por la ventaja del mas fuerte, Trasimaco entendió lo que el mas fuerte creía serle provechoso, y pretendió que esto era lo que debia hacer el mas débil, y que en esto consistia la justicia. Polem. Pues Thrasimaco no se explicó de este modo. Soc. Nada importa eso, Polemarco; si Thrasimaco adopta esta explicacion, nosotros la recibiremos. Decidme pues, Thrasimaco: entendiais vos así la definicion que habiais dado de la justicia? Queriais vos decir, que es aquello que el mas fuerte creía serle ventajoso, ahora lo fuese, ahora no? Diriamos acaso que lo entendiais de este modo? Thrasim. Yo? de ninguna manera. Creiais vos que yo llamo mas poderoso (43) al que se engaña, en quanto que se engaña? Soc. Yo pensaba que esto era lo que deciais, quando confesasteis que los que gobiernan no son infalibles y que se engañan algunas veces. Thrasim. Sois un sycophanta (44), Sócrates, que dais á mis palabras sentido que ellas no tienen; llamais de improviso médico al que se engaña en órden á los enfermos, en aquello mismo que se engaña? ó aritmético al que yerra un calculo, en el hecho mismo de errarle? Verdad es que suele decirse, el médico, el calculador, el gramático se ha engañado; pero creo que ninguno se engaña en quanto él es, lo que de él se dice. Y hablando con exactitud (puesto que tomais con tanto rigor las palabras) ningun artesano se engaña; porque no se engaña sino en quanto su arte le abandona, y en esto no es artesano. Por tanto ningun artesano, ó sábio, ó magistrado se engañaria, en quanto es tal magistrado, sábio, y artesano; aunque todo el mundo dixese el médico erró, el magistrado se ha engañado. En el mismo sentido pues debeis tomar lo que yo os he respondido. Lo qual tomado con rigor se reduce, á que el que gobierna, considerado como tal, no puede engañarse, y no engañandose manda siempre lo que es mas provechoso para él, y esto es lo que debe, hacer aquel que le está sujeto. Así es verdad, como dixe desde luego, que la justicia consiste en hacer lo que es ventajoso al mas fuerte. Sóc. Sea así en buen hora, Thrasimaco; pero os parece que soy yo un calumniador? Thrasim. Sí, vos lo sois. Sóc. Pensais que he procurado poneros lazos por medio de preguntas capciosas? Thrasim. Y muy bien que lo he conocido; pero no adelantareis nada en ello, porque no se me ocultan vuestras malas intenciones, y aun quando se me escapasen, podriais vos concluirme en la disputa? Sóc. Yo me guardaré bien de intentarlo, buen hombre. Mas para que en lo sucesivo no nos suceda cosa semejante, quiero que me digais, si se deben entender, segun el uso ordinario, ó en sumo rigor, estas expresiones, que poco ántes dixiste, el que gobierna, el mas fuerte, cuyo provecho siendo el mas poderoso, será la regla de lo justo para el mas débil. Thrasim. Deben tomarse con el mayor rigor. Poned ahora en obra todas vuestras astucias y artificios para refutarme, si es que podeis; no os pido ningun favor; pero me temo que no lo habeis de conseguir. Sóc. Me creeis tan insensato que me atreva á cortar el pelo á un leon (45), y poner emboscadas á Thrasimaco? Thrasim. Vos lo habeis intentado; pero os ha salido mal.

Sóc. Cortemos la conversacion sobre esto, y servios de responderme. El médico tomado rigorosamente, como vos le acabais de definir, es mercenario, ó no tiene acaso otro objeto que curar los enfermos? Thrasim. No tiene otro objeto que éste. Sóc. Y el piloto, yo entiendo el verdadero piloto, es marinero, ó gefe de los marineros? Thrasim. Gefe de los marineros. Sóc. Poco importa que navegue como ellos sobre la misma nave, ni por esto se ha de llamar marinero, que no por navegar es piloto, sino por su arte y por la autoridad que tiene sobre los marineros. Thrasim. Esta es mucha verdad. Sóc. Pues acaso no tienen uno y otro un interés que les es propio? Thrasim. No tiene duda. Sóc. Y el objeto de su arte, no es el de buscar y procurar á cada uno de ellos este interés? Thrasim. Es así. Sóc. Pero el arte que ellos profesan tiene otro interés que su propia perfeccion? Thrasim. Cómo decís vos? Soc. Como si vos me preguntárais, si le basta al cuerpo ser cuerpo, ó si le falta aun alguna cosa; yo os responderia absolutamente que sí, y que por esto se habia inventado ahora la medicina (46), porque el cuerpo está á veces enfermo, y no le conviene este estado. Para procurar pues al cuerpo lo que le es ventajoso, ha sido inventada la medicina. Te parece que tengo razon en lo que digo, ó no? Thrasim. Teneis mucha razon. Sóc. Os ruego me digais ahora: si la medicina ó qualquiera otra arte que sea, está sujeta en sí á alguna imperfeccion, y si necesita de otra facultad, como los ojos de la facultad de ver, y los oidos de oír? Y si así como estas partes del cuerpo tienen necesidad de un arte que busque y las provea de lo que les es útil; cada arte está tambien sujeto á algun defecto, y necesita de otro arte que procure su interés, éste de otro, y así hasta el infinito? ó si por ventura cada arte se provee á sí mismo de lo que le conviene, ó por fortuna no tiene necesidad para esto ni de sí mismo, ni del socorro de ningun otro, siendo de su naturaleza exénto de todo defecto y de toda imperfeccion? De suerte que el arte no tenga otro objeto, que buscar la ventaja de aquello á lo qual se ha aplicado, mientras que él mismo permanece siempre entero, sano y perfecto, en quanto conserva su esencia. Examinad con todo rigor si esto es así, ó no. Thrasim. Me parece que es así. Sóc. Luego la medicina no piensa en su provecho, sino en el del cuerpo. Thrasim. Ciertamente. Sóc. Ni el arte eqüestre atiende á su utilidad, sino á la de los caballos, y lo mismo sucede en las otras artes (47), las quales no necesitando nada para sí mismas, se ocupan únicamente en la ventaja de aquello sobre que se exercitan. Thrasim. Así me parece. Soc. Pero, Thrasimaco, las artes dominan y mandan á aquello de que son artes. Aunque con mucha dificultad me concedió este punto. No hay pues ningun arte ni ciencia que se proponga y ordene lo que es ventajoso al mas fuerte, sino al mas débil y subordinado á ella misma. Al pronto quiso embrollar el asunto, pero al fin se conformó. Luego que hubo concedido, le dixe yo: de este modo, ningun médico en quanto médico, se propone ni ordena lo que es en provecho suyo, sino en utilidad del enfermo; porque hemos convenido en que el médico tomado con toda exactitud, gobierna los cuerpos, y no es mercenario. No es esto verdad? Convino en ello. Y el verdadero piloto no es marinero, sino gefe de los marineros. Tambien lo concedió. Semejante piloto pues, no tendra en vista, ni dispondrá lo que es ventajoso á él, sino al súbdito y al marinero. Lo confesó aun, pero con grandísima pena. Por consiguiente, ó Thrasimaco, todo el que gobierna, considerado como tal, de qualquier naturaleza que sea su autoridad, jamas se propone en lo que manda su interés personal sino el del súbdito, y de aquello que está confiado á su cuidado. Y teniendo siempre en vista este objeto, y para procurarle lo que le es conveniente y ventajoso, dice todo quanto dice, y hace todo quanto hace. En esto estabamos, y todos los asistentes veian claramente que la definicion de la justicia era directamente opuesta á la de Thrasimaco, quando éste en lugar de responder, me preguntó, si yo tenia ama (48) de leche. Á qué viene esto? mas os valia responder, le dixe yo, que hacer tales preguntas. Thrasim. Dígolo, porque hace muy mal en dexaros las narices atestadas sin quitaros los mocos, teniendo harta necesidad de ello; vos que ni aun siquiera sabeis lo que son rebaños, ni lo que son, pastores.

Soc. Por qué razon, si os parece? Thrasim. Porque vos creéis que los ovejeros y bueyeros se ocupan del bien de sus ovejas y de sus bueyes, y que los engordan y cuidan con otras miras, que las de su propio interés y el de sus amos. Vos, os imaginais tambien, que los que gobiernan los Estados (yo entiendo siempre loa que verdaderamente gobiernan) tienen otros sentimemos en orden á sus subditos, que los pastores respecto de sus rebaños, y que dia y noche se ocupan, ellos en otra cosa que en pensar en lo que será mas útil á sus personas. Y estais tan ciegos de conocer la naturaleza de lo justo y de la justicia, y de lo injusto é injusticia, que ignorais aún que la justicia y lo justo son un bien para todos, menos para el justo, y que ella es mas útil al mas fuerte que manda, y por esencia nociva al súbdito que obedece; que la injusticia al contrario exerce su imperio sobre los bien morigerados y justos, que por sencilléz ceden en todo al interés del mas fuerte, y por obsequiarle no se ocupan sino en procurar su felicidad, sin pensar en la suya propia. Ved pues, simplísimo Sócrates, cómo debe tomarse la cosa: el hombre justo en todas partes tiene el último lugar en concurrencia con el injusto. Por de contado en los mutuos contratos y comercio de la vida, quando se junta éste con aquel, jamás encontrareis que al separarse la compañia saque mas utilidades el justo que el injusto, sino muchas ménos. En los negocios públicos, quando las urgencias del Estado exigen alguna contribucion, el justo con bienes iguales contribuirá mas, el injusto ménos; pero si ha de recibir, el justo nada, el injusto se lleva todos los provechos. Suceda pues que uno y otro regenten algun empleo publico, aquel por lo mismo que es justo, en lugar de enriquecerse á costa del Estado, dexara aun perder las cosas de su casa, por el poco cuidado que se tomará de ellas, y aún sera mucho para él, sino le sucede otra cosa peor. Ademas se hara odioso á los amigos y parientes, porque no querrá hacer nada por ellos fuera de lo justo. Suerte enteramente contraria experimentará el injusto; porque yo le supongo, como ya he dicho, con poder bastante para vencer á los otros. Sobre un hombre pues de este carácter debéis echar los ojos si quereis comprehender quánto mas le valga á cada qual en particular el ser injusto, que justo. Vos lo comprendereis mucho mejor, si considerais llevada á colmo la injusticia, cuyo efecto es hacer felicísimos á los que la cometen, y desgraciados por extremo á los que son víctimas y no quieren rechazar la injusticia con la injusticia. Hablo de la tiranía, la qual con fraude y violencia se ampara de lo ageno, no poco á poco, sino de un solo golpe, metiéndose por lo santo y sagrado, sin perdonar los bienes así particulares como públicos. Pero si algun ladron particular fuese sorprehendido en el hecho, se le castiga con el mayor rigor, llenandole de grandes oprobios. Segun la especie de latrocinio que exercen, se les trata de sacrílegos, raptores, rateros, tramposos, salteadores; pero un tirano que sobre ocupar los bienes, reduce á esclavitud las personas de sus conciudadanos, en lugar de estos nombres detestables, es colmado de elogios y tenido por hombre feliz y dichoso, no solo por estos mismos que él reduxo á esclavitud, sino por todos quantos tienen conocimiento de su consumada maldad. Porque si algunos vituperan la injusticia, no es por temor de cometerla, sino porque temen sufrirla. Tan cierto es, ó Sócrates, que la injusticia llevada á cierto punto, es mas fuerte, mas libre, mas poderosa que la justicia, y que, como desde luego decia, la justicia trabaja por el interes del mas fuerte, y la injusticia por su propio interés. Soc. En diciendo esto Thrasimaco meditaba marcharse, despues de habernos roto los oidos como guardabaño con tan largo y tan estrepitoso discurso; pero no le dexaron los concurrentes, ántes le precisaron á quedarse y dar razon de quanto habia adelantado. Yo mismo le rogue con grande instancia, y le dixe: divino Thrasimaco, cómo pensais vos en salir de aquí, habiendo traido la conversacion á una materia tan interesante, ántes que de todo punto nos enseñeis, ó aprendais vos mismo si la cosa es en efecto, ó no, como vos decís? Creeis á dicha que el punto que tenemos que decidir es de pequeña conseqüencia? No se trata quando ménos de definir qué regla de conducta debe guardar cada uno de nosotros, para disfrutar miéntras viva la mas perfecta felicidad? Thrasim. Quién os ha dicho que piense yo de otro modo? Soc. Me parecia que no os tomabais mucha pena por nosotros, y que os importaba poco que viviesemos felices ó infelices, ignorando lo que vos pretendeis saber; por tanto, buen varon, instruidnos de buena voluntad, y estad seguro que ninguno de nosotros, siendo tantos, os será ingrato al beneficio que nos hiciereis. Por lo que á mí toca, yo os declaro, que no pienso como vos, y que jamás se me persuadirá que la injusticia sea mas provechosa que la justicia, por mas que tenga el poder de hacerlo todo impunemente. Sí, sea en buen hora, ó buen Thrasimaco, que el malo haya adquirido, ora por fuerza, ora por astucia, el poder de hacer mal, sin tener que temer nada; sin embargo á mí no me persuadiriais (49) que su estado sea preferible al del hombre justo, de cuyo parecer creo no ser yo solo, y acaso alguno de los circunstantes pensará lo mismo. Probadnos pues, dichosísimo hombre, que nosotros andamos errados en preferir, la justicia á la injusticia. Thrasim. Y cómo quereis que os persuada? Si con las cosas que os he dicho no os he convencido, qué mas puedo hacer por vosotros? Es cosa de meteros por fuerza mis razones en vuestro ánimo? Soc. Por Dios que, nada de eso; pero por de contado querria que estuvieseis firme en lo que una vez decís, ó si mudais alguna cosa, hacedlo abiertamente y no nos engañeis. Porque para volver de nuevo á lo que antes deciamos; vos veis, ó Thrasimaco, que despues de haber definido al médico y al pastor, segun su verdadera nocion, habeis en seguida abandonado esta definicion, en órden á este último, haciendonoslo mirar, no como verdadero pastor, que toma cuidado del rebaño por el rebaño mismo, sino, como fondista que le engorda para un banquete, ó como negociante avaro para venderlo; lo qual es contrario á la profesion (50) del pastor, cuyo único objeto es procurar el bien del rebaño que le está confiado. Porque por lo que mira al arte pastoril, miéntras que conserva su esencia es perfecto en su género, hasta no faltarle nada de lo que necesita para esto. Por la misma razon yo creía que estabamos forzados á convenir en que toda administracion ó empleo, sea público, sea particular, se ocupaba únicamente del bien de aquello que le está subordinado y puesto á su cuidado. Pensais vos en efecto que los que gobiernan los Estados, entiendo los que merecen en realidad este título y cumplen con su obligacion, sean muy gustosos de mandar (51)? Thrasim. Á fé mia, que no solo lo pienso, sino que lo sé de cierto. Soc. No habeis advertido, Thrasimaco, en órden á los demas empleos, que nadie quiere exercerlos graciosamente, sino que exige un salario; porque está persuadido que del tal mando no se le ha de seguir á él ningun provecho, sino á los súbditos? Ruegoos aún que me digais: las artes no se distinguen unas de otras por sus diferentes efectos? Si quereis; buen hombre, que convengamos en algo, respondedme segun vuestro modo de pensar. Thrasim. Así es, que se distinguen por sus diferentes efectos. Soc. Luego cada una de las artes no procura una utilidad que le es propia, y no comun á otra? Por exemplo, la medicina, la salud, el pilotage, la seguridad de la navegacion, y asi de las demas. Thrasim. No tiene duda. Soc. Y la utilidad del arte mercenario, no es el salario? porque esto es su efecto propio. Confundís vos una con otro, la medicina y el pilotage? ó sí quereis continuar hablando con exactitud, como dixisteis desde luego, direis que el pilotage y la medicina son una misma cosa, si acontece que un piloto recobre la salud ejerciendo su arte, porque le es saludable ir por el mar? Thrasim. Ciertamente que no. Soc. Tampoco pienso que direis, que el arte del mercenario y el del médico es uno mismo, porque el mercenario se halla bueno exerciendo su oficio. Thrasim. En efecto que no. Soc. Ni que la profesion del médico sea la misma que la del mercenario, porque el médico exija alguna recompensa por la curacion de los enfermos? Thrasim. Tampoco. Soc. Nosotros pues, no hemos confesado que cada arte tenia su utilidad propia? Thrasim. Sea en buen hora. Soc. Luego si hay un provecho comun á todos los artesanos, es evidente que no puede venirles sino de un arte que todos añaden á aquel que ellos exercen. Thrasim. Así parece. Soc. Deciamos tambien, que el salario que reciben en comun los artesanos les proviene en calidad de mercenarios. Thrasim. Pase en buen hora. Soc. Luego no de su arte le viene á cada qual este provecho, esto es, el recibo del salario; sino, hablando con rigor, debe decirse que el objeto de la medicina es restituir la salud; el del arte mercenaria, el salario; el de la arquitectura, edificar una casa; y que si resulta un salario al médico y al arquitecto, es que entrambos á dos son mercenarios, y lo mismo de las otras artes. Cada una de ellas produce su efecto propio, siempre con ventaja del sugeto al qual esta destinada. Pero qué provecho sacaria en efecto de su arte un artesano, si le exerciese gratuitamente? Thrasim. Ninguno. Soc. Entónces pues su arte dexaria de serle útil? Thrasim. Así lo pienso. Soc. Luego es evidente, vuelvo á decir, ó Thrasimaco, que ningun arte, ningun empleo procura su propio interés, sino, como hemos ya dicho, el interés de su súbdito; es decir, que procura y ordena lo provechoso al mas débil y no al mas fuerte. Á causa de esto decia yo poco ha, amigo Thrasimaco, que nadie se entrometia á gobernar y enderezar males agenos de gracia, sino que exigia alguna recompensa; porque el que quisiese exercer su arte como debe, nada sacaria de bueno para sí; segun los preceptos del arte, sino meramente para el súbdito. Para obligar pues á los hombres á que tomasen los empleos, parece que fué preciso proponerles alguna recompensa, como dinero, honores, ó algun castigo si rehusaban aceptarlos.

Glauc. Cómo entendeis vos esto, Sócrates? Porque yo bien conozco las dos primeras especies de recompensa; pero no alcanzo qué cosa sea este castigo que vos proponeis como una tercera especie de recompensa. Sóc. Luego no conoceis vos la recompensa de los sábios, movidos de la qual se determinan á tomar parte en los negocios? ó acaso ignorais que el ser ambicioso é interesado es cosa vergonzosa, y tenida por tal? Glauc. Yo lo sé muy bien. Soc. Por esto pues no quieren los hombres de bien entrar en los empleos públicos movidos de las riquezas y del honor, porque temerian ser mirados como mercenarios, si abiertamente exigian, algun salario por el mando; ó como ladrones, si convertian con disimulo, en provecho suyo las rentas públicas; ó como ambiciosos, si tenian en vista los honores. Luego es menester que sean compelido á tomar parte en el gobierno por algun motivo poderoso, qual seria el temor de algun castigo. De donde acaso vendria el mirarse como cosa torpe encargarse de la administracion pública de su grado, sin ser compelido por fuerza. El mayor castigo pues para el hombre (52) de bien, quando rehusa gobernar á los demas, es sufrir el mando de uno peor que él, y este temor es el que me parece obliga á los sábios á encargarse del gobierno, si alguna vez lo hacen, y entónces aceptan los empleos, no por interés ni por recreo, sino, por la necesidad y por la falta de sugetos tanto ó mas dignos que ellos de gobernar. De manera que si se encontrase un Estado compuesto únicamente de hombres de bien, se disputaria la condicion del particular como se intrigan en el dia los empleos, y se reconoceria claramente en semejante República, que el verdadero Magistrado no tiene en vista su propio interés, sino el del súbdito. Y así cada ciudadano persuadido de esta verdad estimaria en mas ser feliz por los cuidados de otro, que trabajar en provecho de los demas. De ningun modo pues concedo yo á Thrasimaco, que la Justicia sea el interés del mas fuerte; bien que en otra ocasion examinarémos aún este punto. De mayor conseqüencia me parece aún lo que ahora añade Thrasimaco, diciendo, que la vida del malo es mas feliz que la del hombre justo. Sois por ventura, ó Glaucon, del mismo sentir? y entre estos dos partidos, quál escogeriais por mas cierto? Glauc. La vida del hombre justo, por ser la mas provechosa.

Soc. Habeis oido vos la enumeracion que acaba de hacer Thrasimaco de los bienes afectos u la condicion del malo? Glauc. Oíla; pero yo no creo nada. Soc. Quereis vos que busquemos algun medio, si por dicha podemos encontrarle, de convencerle que él se engaña? Glauc. Por qué no he de quererlo? Soc. Si nosotros oponemos al largo discurso que acaba de hacer, otro discurso tan largo en favor del hombre justo, y él en seguida otro, y otro nosotros, nos será preciso numerar y pesar las ventajas de una y otra parte; y ademas necesitarémos jueces que pronuncien la sentencia: en lugar que conviniendo amistosamente de lo que nos parecerá verdadero ó falso, como poco ha haciamos, nosotros seremos á un tiempo los jueces y abogados. Glauc. Esto es muy cierto. Soc. Quál de estos dos métodos, os agrada mas? Glauc. El segundo. Soc. Ea pues, Thrasimaco, respondednos á lo primero: pretendeis que la injusticia consumada es mas ventajosa que la justicia perfecta? Thrasim. Sí, y he dado las razones. Soc. Permitidme aún que os pregunte, qué pensáis de estas dos cosas, no dais á la una el nombre de virtud, y á la otra el nombre de vicio? Thrasim. Por qué no? Soc. Y probablemente vos dareis el nombre de virtud á la justicia, y el de vicio á la injusticia? Thrasim. Buena traza tiene, precioso; puesto que pretendo yo que la injusticia es útil, y la justicia no lo es. Soc. Pues qué es lo que vos decís? Thrasim. Todo lo contrario. Soc. Qué? la justicia es un vicio? Thrastm. No por cierto; pero es una solemne fatuidad. Soc. Luego llamais malignidad (53) á la injusticia? Thrasim. No, sino sagacidad. Soc. Acaso pues, ó Thrasimaco, para vos los injustos son hombres prudentes y buenos? Thrasim. Sí, aquellos que son injustos en supremo grado; qué son bastante poderosos para sujetar ciudades y reynos. Vos creeriais tal vez que yo queria hablar de los corta bolsas. No es que este oficio no tenga tambien sus utilidades, miéntras se exercita impunemente; pero estas ventajas nada son comparadas con las que acabo de referir. Soc. Conozco muy bien lo que vos quereis decir; pero lo que me sorprende es, que coloqueis la injusticia al lado de la virtud y de la sabiduría, y la justicia en la parte contraria. Thrasim. Esto es no obstante lo que yo pretendo.

Soc. Esto es ya muy duro, amigo, y no sé qué medio tomar para refutaros. Si vos dixeseis siquiera, como algunos otros, que la injusticia aunque útil, es una cosa en sí vengonzosa y mala, se os podria responder lo que se responde vulgarmente (54). Pero pues que vos os adelantais hasta llamarla virtud y sabiduría, claro está que no balanzeareis en atribuirle la hermosura, la fuerza, y todos los demas títulos que comunmente se dan á la justicia. Thrasim. Vaticinais con mucho acierto. Soc. Con todo yo no me he de acobardar en este exámen, miéntras comprenda que vos hablais seriamente; porque me parece, Thrasimaco, que al presente no os burlais, sino que referís por verdaderas las cosas que os parecen tales. Thrasim. Qué os importa que yo piense, ó no, como hablo, miéntras no refuteis mis razones? Soc. Por cierto nada; pero dignaos responderme aún á esto: el hombre justo querria tener en alguna cosa la ventaja sobre otro justo? Thrasim. Verdaderamente que no; porque de otro modo ni seria tan complacedor, ni tan simple, como le supongo. Soc. Qué! ni aún en lo que mira á una accion (54) justa? Thrasim. Ni aún en esto. Soc. Pero á lo ménos querria aventajarse al injusto, y creeria poderlo hacer justamente? Thrasim. Creeria poderlo hacer, y aún lo querria; pero serian inútiles sus esfuerzos. Soc. No es esto lo que yo quiero saber, una sola cosa os pregunto: si el justo no tendria ni pretension, ni voluntad de aventajarse á otro justo, sino meramente al injusto? Thrasim. Es así verdad. Soc. Y qué diriamos del injusto? querria por dicha aventajarse al justo, aún en órden á las acciones justas? Thrasim. Sin duda que sí; pues que él quiere aventajarse á todo el mundo. Soc. Querria pues tambien tener ventaja sobre el injusto, aún en tas acciones injustas, y se esforzará á tomar la superioridad sobre todos? Thrasim. Así es. Soc. En conclusion pues decimos: que el justo no quiere aventajarse sobre su semejante, sino sobre su contrario; en lugar que el injusto quiere aventajarse sobre uno y sobre otro. Thrasim. Muy bien lo has dicho. Soc. Pero el injusto es sábio y bueno, y el justo ni es uno ni otro. Thrasim. Tambien está bien dicho. Soc. Luego el injusto se asemeja á los buenos y á los sabios, y el justo no se les parece en nada. Thrasim. Sin duda, aquel que es tal, se parece á los que son lo que él es, y aquel que no es tal, no se les parece. Soc. Muy bien: tal es pues cada uno de ellos, qual de aquellos á quienes se asemeja. Thrasim. Pero qué tenemos con eso? Soc, Sea así, Thrasimaco: mas decís vos de un hombre que es músico, y de otro decis que no lo es. Thrasim. Sí. Soc. Quál de los dos es sábio, y qual no lo es? Thrasim. El músico es sabio (55), el otro no lo es. Soc. Pues lo que es sábio es bueno, y lo otro es malo por la razon contraria. Thrasim. Ciertamente. Soc. No es esto lo mismo respecto del médico? Thrasim. Sí. Soc. Creeriais vos, buen hombre, que el músico que templa su lyra, quisiese apretar ó aflojar las cuerdas de su instrumento, mas de lo que debe hacer un músico? Thrasim. Me parece que no. Soc. Pero mas de lo que haria un ignorante en la música? Thrasim. Es como preciso. Soc. Y qué diriais del médico? querría en órden á la comida y bebida aventajarse sobre otro médico, ó sobre el arte mismo que profesa? Thrasim. De ninguna manera. Soc. Y sobre aquel que no es médico? Thrasim. Sin duda. Soc. Ved pues si respecto de qualquier ciencia que sea, os parece que el instruido quiera tener la ventaja en lo que dice y en lo que hace, sobre otro versado en la misma ciencia, ó si él no aspirará á mas que á parecerse á su semejante en iguales circunstancias? Thrasim. Acaso es preciso que sea así. Soc. Mas el ignorante al contrario, no quiere aventajarse tanto sobre el instruido, como sobre el ignorante? Thrasim. Esto pueda ser. Soc. Pero el instruido es sábio? Thrasim. Concedo. Soc. El sábio es bueno? Thrasim. Tambien. Soc. Luego el sábio y bueno no quiere aventajarse sobre su semejante, sino sobre su desemejante y contrario. Thrasim. Apariencia hay que así sea. Soc. En lugar que el malo é ignorante quiere sobrepujar al uno y al otro. Thrasim. Así parece. Soc. No habéis confesado vos, ó Thrasimaco, que el injusto quiere aventajarse sobre su semejante, y sobre su contrario? Thrasim. Confesadolo he. Soc. Y que el justo no quiere sacar ventaja sobre su semejante, sino sobre su contrario? Thrasim. En efecto. Soc. Pareceme pues que el justo se asemeja al bueno y al sábio, y el injusto al malo é ignorante. Thrasim. Su peligro corre. Soc. Pero nosotros hemos convenido, que ellos eran uno y otro tales como aquellos á quienes se asemejaban. Thrasim. En verdad convenimos. Soc. Es pues evidente que el justo es bueno y sábio, y el injusto malo é ignorante. Thrasimaco convino en todo esto, pero no con tanta facilidad como yo ahora lo cuento, sino arrastrado y á duras penas, sudando á mares, por estar en lo caloroso del estío. Entónces vi por primera vez, ántes jamás, avergonzado á Thrasimaco. Despues que hubimos convenido en que la justicia era sabiduria y virtud, y la injusticia vicio é ignorancia; mirémos, le dixe yo, este punto como cosa decidida. Nosotros hemos dicho ademas que la injusticia tenia la fuerza por herencia. No os acordais de esto Thrasimaco? Thrasim. Sí me acuerdo; pero yo no estoy satisfecho de lo que vos acabais de decir, y tengo que responderos; aunque sé muy bien que si solo abro la boca, direis que hago una arenga. Dexadme pues la libertad de hablar quanto quiera, ó si quereis preguntar, hacedlo; que yo diré amen á todo, y concederé y negaré con movimientos de cabeza, como hacen los niños con las viejas que les relatan cuentos. Soc. Lo que encarecidamente os ruego es, que nada digais contra vuestra opinion y modo de pensar. Thrasim. Pues que no me dexais decir lo que me parezca, yo hablaré á gusto de vuestro paladar: deseais aún por dicha otra cosa? Soc. Por cierto, nada, con tal que cumplais esto, que sí lo hareis. Voy pues á preguntaros. Thrasim. Preguntad.

Soc. Pregunto pues ahora lo que poco ántes (para llevar seguido el discurso); en qué estado se halla la justicia comparada con la injusticia? vos habeis dicho, me parece, que era mas fuerte y mas poderosa la injusticia que la justicia. Thrasim. Y lo digo aún. Soc. Si la justicia es sabiduría y virtud, creo me seria muy fácil manifestar que ella es mas fuerte que la injusticia; puesto que la injusticia es ignorancia, y nadie hay que ignore esto. Pero no quiero, Thrasimaco, detenerme en esta sencilla prueba, sino convenceros con esta otra. Diriais por ventura que hay algun estado tan injusto, que intente sujetar y dominar injustamente otros estados, y aún tener á muchos en esclavitud? Thrasim. Por qué no? sin duda que lo hay. Y esto debe suceder á proporcion que el gobierno será mas excelente, y habrá llegado en él la injusticia á mayor altura. Soc. Yo sé que este es vuestro modo de pensar. Lo que yo queria saber, es si un estado que se hace dueño de otro estado, puede tener este dominio, sin tener de su parte la justicia, ó si estará precisado á servirse de ella. Thrasim. Si la justicia es sabiduria, como vos hace poco deciais, será preciso que este estado recurra á ella; pero si es como yo digo, él echará mano de la injusticia. Soc. Mucho os agradezco, Thrasimaco, que no solamente digais sí, y no con movimiento de cabeza, sino que respondais tan á propósito. Thrasim. Hágolo por obligaros. Soc. Os estoy reconocido. Pero hacedme aún la gracia de decirme, si os parece que una ciudad, un exército, una compañía de bandidos ó de ladrones, ó qualquiera otra sociedad de esta naturaleza podria salir bien en, sus empresas injustas, si los miembros que la componen violasen unos respecto de otros, todas las reglas de la justicia? Thrasim. Ciertamente que no. Soc. Y qué si las observasen? no saldrian mejor en sus injustas empresas? Thrasim. Sin duda. Soc. Y esto es; ó buen Thrasimaco, porque la injusticia levantaria entre ellos sediciones, enemistades, contiendas, en vez que la justicia mantendria allí la paz y la concordia. No es así? Thrasim. Sea, por no tener disputa con vos. Soc. Vos haceis muy bien, amigo. Pero os ruego que si me contesteis á esto; si es propio de la injusticia engendrar ódios y disensiones, donde quiera que se halle, producirá sin duda los mismos efectos de ódio y sedicion, metida entre hombres, ora sean libres, ora esclavos, y los pondrá en disposicion de no poder emprender nada de comun acuerdo? Thrasim. Ciertamente es así. Soc. Y si se encuentra en solos dos hombres, no estarán siempre en discusion y en guerra, y se aborrecerán y serán enemigos uno de otro, como aborrecen á los justos? Thrasim. En efecto será así. Soc. Pero porque no se encuentre sino en uno solo, buen hombre, perdera por suerte la injusticia su propiedad? ó bien la conservará? Thrasim. Á fé mia que la conserve. Soc. Tal parece pues la naturaleza de la injusticia, que en donde quiera que se encuentre, ahora sea en un estado, ahora en una nacion, ahora en un exército, ó en qualquiera otra sociedad, la constituya primeramente en una imposibilidad absoluta de emprender cosa alguna, por las sediciones y querellas que en ella excitaria; en segundo lugar, que la haga enemiga de sí misma, de todos sus contrarios, y de los hombres de bien. No es esto Verdad? Thrasim. Verdad es. Soc. Encuentrese pues en un solo hombre, yo pienso que producirá los mismos efectos naturales (57). Lo primero, le constituirá en la imposibilidad de obrar, por los alborotos que levantará en su alma, y por la oposicion continua en que le tendrá consigo mismo; haciéndole ademas enemigo de sí propio, y de todos los justos. No es así? Thrasim. Es muy cierto. Soc. Pero amigo, son justos tambien los dioses? Thrasim. Seanlo enhorabuena. Soc. Luego el injusto, ó Thrasimaco, será enemigo de los dioses, y el justo será su amigo. Thrasim. Sacad con confianza hasta saciaros las conseqüencias que os dé la gana; porque yo no me opondré, por no enemistarme con los que me escuchan.

Soc. Llevad pues al cabo la complacencia del banquete, respondiéndome como hasta ahora. Acabamos de ver que los justos son mejores, mas sábios y mas fuertes que los malos: que estos nada pueden emprender, ni solos, ni en compañía de otros; y quando hemos supuesto confiadamente que la injusticia á veces no les impedia executar en comun algun designio, esta suposicion no era del todo cierta; porque si fuesen completamente injustos, convertirian contra sí mismos su injusticia. Por el contrario es evidente que ellos guardan entre sí cierta especie de justicia, que es la que les impide ofenderse recíprocamente á sí mismos y á los que con ellos viven, y por la qual logran el fin de sus designios. Á la verdad la injusticia es la que les hace formar empresas criminales, siendo malos á medias; porque los que de todo punto son malos é injustos, se hallan tambien en una imposibilidad absoluta de obrar. Yo concibo que la cosa debe ser así, y no como vos supusisteis al principio. Restanos examinar si la condicion del justo es mejor y mas feliz que la del injusto, que es lo que propusimos averiguar á la postre. Yo me inclino á creer que es así, por lo que dexamos dicho. Pero tratemos el asunto mas á fondo, tanto mas que no es qüestion de bagatela, sino de lo que debe ser la regla de nuestra vida. Thrasim. Examinad pues. Soc. Esto es lo que voy á hacer, respondedme: el caballo no tiene una funcion que le es propia? Thasim. Sí. Soc. No llamais vos funcion de un caballo, ó de qualquier otro animal, lo que no puede hacerse, ó por lo ménos hacerse bien, sino por su medio? Thrasim. No lo entiendo Soc. Tomemoslo de otro modo. Podeis ver de otra manera que por los ojos? Thrasim. En verdad que no. Soc. Y oir de otra manera que por los oídos? Thrasim. Tampoco. Soc. Con razon pues podemos decir, que ésta es su funcion. Thrasim. Ciertamente. Soc. No podria cortarse el sarmiento de la vid con un cuchillo, con un tranchet , ó algun otro instrumento? Thrasim. Sin duda. Soc. Pero cómo con ningún otro se hace tan cómodamente como con la podadera, hecha expresamente para esto, diriamos que ésta es su funcion? Thrasim. En efecto que sí. Soc. Ahora pienso que comprehendereis mejor lo que ántes preguntaba, si acaso la funcion de una cosa era aquello que sola ella lo puede hacer, ó que lo hace mejor que ninguna otra. Thrasim. Lo comprendo, y lo que vos decís me parece cierto Soc. Muy bien. Mas todo lo que tiene una funcion particular, no tiene tambien una virtud que le es propia? Y por volver á los exemplos de que ya me he servido, los ojos, no deciamos que tienen su funcion? Thrasim. Sí. Soc. Luego tambien tienen ellos una virtud que les es propia? Thrasim. Tambien. Soc. Y los oídos tienen su funcion? Thrasim. Sí. Soc. Luego tambien su virtud. Thrasim. Así es. Soc. Y no diriamos lo mismo de qualquier otra cosa? Thrasim. Lo mismo. Soc. Aguardaos un poco: podrian acaso los ojos desempeñar bien su funcion, sino tuviesen la virtud que les es propia, ó si en lugar de esta virtud tuviesen el vicio contrario? Thrasim. Cómo podrian hacerlo? porque vos hablais sin duda de la ceguera substituida á la facultad de ver. Soc. Qualquiera que sea la virtud de los ojos, poco importa: no es esto lo que ahora quiero saber, pregunto solamente en general, si cada cosa desempeña bien la funcion que le es propia, por la virtud que es propia suya, y mal, por el vicio contrario? Thrasim. Esto es así verdad como vos lo decis. Soc. Por tanto los oidos privados de su propia virtud, desempeñarán mal su funcion? Thrasim. Ciertamente. Soc. No podemos decir lo mismo de qualquier otra cosa? Thrasim. Yo así lo pienso.

Soc. Ea pues, examinemos ahora esto: el alma no tiene su funcion propia, que ninguna otra cosa criada salvo ella, podria cumplir? como por exemplo, el cuidar, el gobernar, el deliberar, y así de lo demas. Podriamos por ventura atribuir con razon estas funciones á otra cosa que al alma, y no tendriamos derecho de decir que ellas le son propias? Thrasim. Por cierto á ninguna otra. Soc. La accion de vivir no diriamos aun que es una de las funciones del alma? Thrasim. Y la mas principal. Soc. Con que tambien decimos que el alma tiene su virtud particular? Thrasim. Es cierto. Soc. Podria pues por suerte, ó Thrasimaco, desempeñar bien jamas el alma sus funciones, privada de esta virtud que le es propia? ó le seria imposible? Thrasim. Imposible le seria. Soc. Luego es preciso que el alma mala, gobierne mal, administre mal: la buena, al contrario, que lo haga bien todo esto. Thrasim. Es muy preciso. Soc. Pues no hemos quedado de acuerdo en que la justicia era la virtud, y la injusticia el vicio del alma? Thrasim. Acordadolo hemos. Soc. Seguirase pues que el alma justa y el hombre justo, vivirán bien; y el hombre injusto vivirá mal. Thrasim. Así debe de ser segun lo que vos decís. Soc. Mas aquel que vive bien es dichoso y feliz; y el que mal, desdichado? Thrasim. Quién lo duda? Soc. Luego el justo es feliz, y el injusto malaventurado. Thrasim. Sean en buen hora. Soc. Pues el ser desdichado no es nada provechoso; pero sí el ser feliz. Thrasim. Quién os dice lo contrario. Soc. Luego es falso, divino Thrasimaco, que la injusticia sea mas provechosa que la justicia. Thrasim. Regalaos, ó Sócrates, con estos bellos discursos en la fiesta de Diana (58). Soc. Á vos, ó Thrasimaco, os soy deudor, despues que os suavizasteis y dexasteis el mal humor que teniais conmigo. Con todo no me he regalado como hubiera querido: mia ha sido la culpa y no vuestra. Sucedióme lo que á los glotones, que andan salpicando todos los manjares sin saciarse de ninguno. Antes de resolver la primera qüestion que fué propuesta sobre la naturaleza de la justicia, dexandola indecisa me fui á buscar, sí ella era vicio ó virtud, sabiduría ó ignorancia. Cayendo despues la conversacion en si la injusticia es mas ventajosa que la justicia, no pude ménos de dexar la primera para pasar á esta otra. De suerte que de toda esta conversacion nada he aprendido; porque ignorando qué cosa sea la justicia, con dificultad podré saber si es una virtud, ó no, y si aquel que la posee es feliz ó desgraciado.

  1. (I) Justicia. Se ha de entender por este nombre en quanto es objeto del presente diálogo, lo que en comun llamamos virtud, y de otro modo hombría de bien, ó concierto y armonía universal de las acciones: es decir, aquel hábito de vivir en un todo conforme al dictámen de la recta razon, y constituye al que le posee en la clase de hombre justo. Tomada la justicia en este senti- do generalísimo, se identifica con la república concer- tada y estrechamente unida, de forma que parezca no mas de una sola alma; y la verdadera república equi- vale á la justicia de todos los ciadadanos; por la qual cada uno desempeña su cargo ú oficio como es debido. En algo no obstante pueden distinguirse,en quando la república es como el argumento y materia de que se vale; y la justicia es como el fin y término: de modo que Platón toma por objeto una república, con el fin de manifestar en grande en términos que a nadiese le ocul- te la naturaleza de la justicia.
  2. (2) Pireo. Célebre puerto de Aténas distante de esta ciudad cosa de cinco mil pasos. Fué edificado pot The- mistocles, en vista de la poca capacidad de puerto Fa- lero. Dice Plinio que era capaz de abrigar mil naves; pero Estrabón, que es mas exacto en esto, no le dá mas ámbito que para quatrocientas. De los bellos pórticos que refiere Pausanias y de los hermosos edificios de la poblacion antigua, solo subsiste el que sirve de aduana y almacen, y de las largas murallas que se extendian desde el puerto á la ciudad y fueron destruidas por Syla, apénas se descubren los cimientos.
  3. (3) A orar. Cinco puntos insinúa Platón en la introduccion de este diálogo, que son como otras tantas piedras fundamentales sobre que se sustenta una república; a saber, las solemnidades sagradas, la amistad, la prudencia y consejo de los ancianos, el afecto moderado de las riquezas y la utilidad de ellas para sostener los derechos de la verdad, compañera inseparable de la justicia. En este primer punto, con la oracion y la adoracion, sacrificios y votos de los asistentes a las solemnidades sagradas, se indican la piedad y religion, dos firmes fundamentos del estado y de la justicia y demas virtudes necesarias a la sociedad; añadiendose a estos como tercero la esperanza de los premios y temor de las penas, que acaso es el mas poderoso de los tres para contener la multitud.
  4. (4) Diosa. Creese comunmente que se trata aquí de Minerva, llamada en Atenas por antonomasia la diosa: pero mas bien se puede creer con Orígenes que habla aquí Platón de Diana, en cuyo honor se celebraba la fiesta que dio motivo a Sócrates y a una multitud de atenienses para bajar al Pireo. A causa de esto en la pompa, ó procesion se hace mencion de los traces que estaban a sueldo de los atenienses para custodiar el puerto, y que honraban a Diana con el nombre de Bendis; de donde esta fiesta es llamada por Thrasimaco al fin de este coloquio, Bendideia. Muy parecida era a la de los Bacanales, y segun Proclo, se celebraba el diez y neve del mes Targelion, que corresponde a parte de nuestros meses Mayo y Junio. Su institución declaraba, que se aplicaria por los dioses presidentes de la fiesta, la aversion exterior que manifestaban los griegos a todo descendiente de raza de bárbaros. Sin duda la introdujeron allí los traces conforme al uso y costumbre de su país, y adoptaronla en tiempo de Platón los atenienses por extremo celosos de todo lo extrangero, hasta de los dioses de los bárbaros; de modo que por temor que alguno de ellos se quejase de que le despreciaban, levantaron tambien ara al Dios desconocido.
  5. (5) Procesion. En griego pompe. Ceremonia pagana en la qual se llevaban procesionalmente las estatuas de los dioses, y como estas ceremonias se hiciesen, con magnificencia y grande aparato, se usó posteriormente de dicha palabra en este último sentido.
  6. (6) Nicias. Este es el famoso Nicias que pereció en el sitio de Siracusa, durante la guerra del Peloponeso.
  7. (7) Hachas á caballo. Certamen equestre lampadario que se celebraba en Atenas en las fiestas de Minerva: de Prometheo y de Vulcano. Pausanias en su attico refiere que en la academia habia un altar dedicado á Prometheo, desde el cual acia la ciudad corrian los comperidotes llevando en su mano una hacha encendida. Aquel que la conservaba así hasta llegar al término de su carrera, ganaba la victoria: pero si se apagaba en manos del que corría primero, perdia ya toda esperanza de vencer. Un segundo ocupaba su lugar y luego un tercero, y si por desgracia se apagaba el hacha en mano de todos los concurrentes á nadie se adjudicaba el premio. Á este certamen hace alusión Lucrecio, quando en el libro 2. dice, hablando de las generaciones que se suceden unas á otras: et quasi cursores vitai lampada tradnnt, y como corredores se entregan unos á otros la antorcha de la vida. Paréceme con Simplicio que los atenienses en obsequio de la diosa Diana resolvieron ofrecer al público este espectáculo en su solemnidad. Juan Meursio era de sentir que el certamen de que habla Platón en este lugar, fue el que dio principio a las Panateneas menores, que se celebraban todos los años, a diferencia de las mayores que eran cada cinco. Pudieron muy bien celebrarse en seguida de la fiesta Bendideia el 20 del mes targelion, como insinúa Proclo en el comentario primero al Timeo de Platón; pero del texto de este fi1osofo no puede inferir Meursio lo que pretende, siendo cierto que el certamen lampadario, y la fiesta charisia ó pannychida, se refieren allí como partes continuadas de las fiestas Bendideias.
  8. (8) La fiesta. Llamada en griego nαγγυχις, porque la celebraban, pasando toda la noche en vela, divirtiendose con bayles y danzas en obsequio de las Gracias, á cuya causa fué llamada tambien esta fiesta ebãrisia. Al vencedor, que era el que mas sufrimiento tenia para resistir el sueño y cansancio, se le asignaba por premio una torta. La pieza intitulada pervigilium veneris, ó vigilia de las fiestas de Venus, debió componerse en ocasion muy semejante á ésta: no pudiendose dudar que los latinos hubiesen tomado el modélo de los griegos.